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lunes, 19 de septiembre de 2016

HÉROES SOBRE RUEDAS



Honrando el baloncesto



El inolvidable verano olímpico del baloncesto español recibe la guinda de una nueva medalla gracias a la plata obtenida por la selección de silla de ruedas en los Paralímpicos de Río. Histórico. Jugando por primera vez en nuestra historia una final después de un torneo excelente en el que han cosechado cinco victorias por tan sólo dos derrotas, una ante Turquía en fase de grupos en el último minuto, y la segunda en la gran final ante una intratable Estados Unidos. Por el camino victorias tan imponentes como la paliza por 34 puntos a Canadá (campeones en Londres 2012) en el primer partido o la remontada ante los actuales campeones del mundo, Australia, en una fase de grupos que cerraban arrollando a Holanda para pasar a los cruces como líderes de grupo. En cuartos de final esperaba Alemania, que llegaba a mandar por 11 puntos de diferencia pero sucumbía ante la calidad y la épica hispana. Volvíamos a jugar unas semifinales olímpicas después de 20 años, cuando en Atlanta 96 acabamos cuartos en la clasificación final, nuestro puesto más alto hasta la fecha. Pero en esta ocasión no nos íbamos a conformar con llegar a estar entre los cuatro mejores. Gran Bretaña mordía el polvo y accedíamos a la final, donde aun teniendo opciones Estados Unidos fue superior y mando prácticamente durante todo el partido.



En definitiva un torneo histórico para una selección liderada por un monumental Asier García, auténtico todoterreno de este equipo (desacertado en el tiro en la final, pero repartiendo 16 asistencias, o inconmensurable con su triple-doble de 19 puntos, 13 rebotes y 13 asistencias en semifinales ante Gran Bretaña) y los gemelos Zarzuela (con su enorme parecido con el astro argentino Ginobili) Lógicamente en este blog no podemos ser objetivos con el baloncesto. Nos parece el deporte más bello y espectacular del mundo, y en silla de ruedas tal goce estético y espectacularidad también se produce. Pese a las limitaciones de los deportistas y la ausencia de un aspecto físico tan fundamental en este juego como es el salto, ver a estos guerreros envueltos en un fragor de ruedas y metal pone la piel de gallina. El baloncesto en silla de ruedas comparte con el profesional el tratarse de un deporte de muchísimo contacto, y por tanto la importancia de saber aprovechar los espacios y la inteligencia táctica de saber leer el juego. Un deporte que encuentra sus orígenes a mediados de la década de los 40 gracias al trabajo incansable del neurólogo Ludwig Guttman, un médico de origen polaco que huyo de la Alemania nazi para instalarse en Gran Bretaña, donde se puso al frente del Hospital de Stoke Mandeville, centro pionero en la rehabilitación de pacientes con lesiones medulares. Este buen doctor tuvo claro que el deporte iba a ser un factor fundamental como terapia para dicha rehabilitación, incluyendo, entre otros, el baloncesto. Guttman comenzaría a organizar competiciones deportivas con pacientes de su hospital y de otros centros invitados, hasta que finalmente consiguió crear unos Juegos Paralímpicos paralelos al olimpismo, por lo que se le considera el fundador de los Juegos Paralímpicos tal y como los conocemos. El otro gran país imprescindible para el desarrollo del baloncesto en silla de ruedas fue, como no, Estados Unidos, donde comenzó a practicarse casi al mismo tiempo que Inglaterra por veteranos de la II Guerra Mundial cuyas heridas y lesiones les habían confinado a vivir en silla de ruedas. 
  


Asier García contra Estados Unidos. Tras él Alejandro Zarzuela.




Realmente es una gran historia por tanto la que rodea al baloncesto en silla de ruedas, un deporte que no hace sino engrandecer y magnificar esto que para muchos de nosotros es absoluta religión: el baloncesto. Y que en España sigue batiendo todo tipo de registros, marcas y proezas. Que siga el sueño.  






Algunos hombres buenos. Ludwig Guttman, padre del paralímpismo.



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