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martes, 25 de marzo de 2014

LA DERROTA MÁS DIGNA



La imagen de la jornada.

La vigesimocuarta jornada de la liga ACB vuelve a dejarnos buen juego, espectáculo y muchos partidos interesantes, pero ciertamente todo queda eclipsado por lo vivido en Miribilla, con uno de esos gestos que engrandecen este deporte, aunque desgraciadamente venga precedido de todo lo contrario, de las penurias económicas y la mala gestión de un club que lleva nada menos que 18 meses sin pagar a jugadores y empleados, los cuales tras año y medio de despropósitos han dicho "basta" utilizando la legítima herramienta para cualquier trabajador que es la huelga. Y lo hacen tras pelearle la victoria a un gran Real Madrid que sigue líder invicto y que una vez concluido el choque tuvo el hermoso detalle de hacer pasillo a "los hombres de negro". Después de 40 minutos de lucha, intensidad, e incluso conatos de pelea, los jugadores de ambos equipos se fundieron en un abrazo, la afición homenajeó a los suyos más incluso que si hubieran ganado el partido, y el capitán madridista Felipe Reyes ordenó a su equipo hacer el mencionado pasillo a unos jugadores locales que emocionados no podían contener las lágrimas con las cámaras de televisión española retransmitiendo para toda España. Enorme el detalle de los blancos. Es curioso que un club como el madridista, que ha vivido envuelto en tanto ruido innecesario, haya padecido tanta guerra civil interna y tanto desprecio a sus propios símbolos y jugadores más carismáticos. Algunos madridistas de nuevo cuño, los autoproclamados "verdaderos", los que atizaban a Felipe Reyes en la época de Messina, igual que lo hacen ahora con Iker Casillas en fútbol, se reían cada vez que oían hablar de los "valores". No entendían nada, ni lo entenderán nunca, pero si quieren tener alguna idea de lo que significa el viejo madridismo de verdad pueden mirar a Felipe Reyes y a lo vivido en Bilbao la mañana del pasado domingo. ¿El partido?, pues lo dicho, partido duro, bronco, trabado, y en ese escenario farragoso dos jugadores aparecieron por encima del resto para mantener la imbatibilidad blanca: Sergio Rodríguez, de nuevo letal ante canasta con su ya clásico tiro tras bote además de volver a repartir juego especialmente a los hombres altos (y de paso darle un impagable clinic al joven Alberto Díaz, canterano del Unicaja que en Bilbao tiene la difícil papeleta de suplir a Raúl López), y Felipe Reyes, quien alcanzaba sus 400 victorias ligueras poniéndose de nuevo el traje de gladiador. El equipo de Rafa Pueyo luchó lo indecible a pesar de la temprana lesión de Axel Hervelle, pero sucumbió ante el empuje del banquillo madridista. Los de Laso siguen con su impoluta campaña en primera posición, mientras que el Bilbao es duodécimo con balance 9-15. Pero sinceramente esto es lo de menos, cuando a ciencia cierta no se puede asegurar que el próximo fin de semana los de negro salten a la cancha. Papelón para la ACB.

Buena imagen del Valladolid ante el Valencia, por momentos jugando como nunca… para perder como siempre. Lo del club pucelano es una lenta agonía hacía el descenso, unida a tantos problemas económicos y deudas o más que las comentadas en el caso del Bilbao Basket. Si ya la pasada temporada había serios rumores de desaparición de una entidad que llegó a ser histórica en los tiempos del patrocinio de Forum Filatélico, este curso puede ser la puntilla. No obstante se agradece que al menos ofrezcan competitividad y batalla pese a su condición de colistas y su hiriente marca de 2-22. Frente al segundo clasificado (balance 21-3) un buen Omari Johnson (19 puntos y 8 rebotes) comandó a los suyos para ser capaces de mandar durante los tres primeros cuartos (65-59 al comienzo del cuarto), pero un último cuarto demoledor de los taronja, con parcial de 0-14 incluido, fue demasiado para los de Casas. Doellman y Dubljevic, de nuevo decisivos (29 puntos y 15 rebotes entre ambos) para los de Perasovic. 

Relativa sorpresa en Santiago de Compostela, con la tercera derrota consecutiva del Río Natura Monbus que tan bien hacía comenzado la segunda vuelta. Se confirma la reacción del Fuenlabrada de la mano de Luís Casimiro. Partido igualadísimo (una tónica durante toda esta jornada 24) en el que decidió una canasta final de Carlos Cabezas, rubricando así una excelente actuación por parte de nuestro base campeón del mundo (15 puntos, 4 rebotes y 3 asistencias) También destacó un James Feldeine que sigue en un gran momento de forma (16 puntos, 5 rebotes, 3 asistencias y nada menos que 7 recuperaciones), manteniendo un intenso duelo con Alberto Corbacho que volvió a ametrallar desde el 6.75 (25 puntos con 7 de 16 en triples) Buen partido también de Travis Peterson, el jugador llegado para suplir a Mike Muscala, con 20 puntos y 3 rebotes. Los gallegos son décimos con balance 10-14, a dos victorias de puestos de play offs. El Fuenlabrada decimocuarto con una victoria menos (9-15)  

El Barcelona sigue imparable. Con seis victorias ACB consecutivas y su pleno de triunfos en el Top 16 de Euroliga (11-0) parece el equipo español más en forma en este momento. Xavi Pascual sigue preparando al equipo para las citas decisivas y rotando de manera sabia sus jugadores. Ahora ha tocado recuperar al criticado Maciej Lampe, que se marcó un partidazo en San Sebastián con 23 puntos (10 de 12 en tiros de campo) y 9 rebotes. Ojo a la confianza que va cogiendo el joven Mario Hezonja, proyecto de crack que ya comienza a ser una realidad en ACB y dispuso de 20 minutos para rozar el doble-doble (8 puntos y 9 rebotes) El equipo de Sito Alonso dio la cara con un descomunal Jason Robinson, tremenda exhibición anotadora con 34 puntos (5 de 5 en triples), MVP de la jornada incapaz de hacer sumar una victoria más en el casillero de su equipo, en decimotercera posición y balance 9-15. El Barça se hace fuerte en la tercera plaza con 18-6.    

Comentábamos respecto al partido de Santiago de Compostela que ha sido una jornada con partidos muy igualados y marcadores apretados. Otro ejemplo se vivió en Manresa, donde el Cai Zaragoza (que llegó al partido con el tiempo justo para prácticamente hacer la rueda de calentamiento y saltar al partido, debido a que les pilló una prueba de duatlón en la ciudad manresana que impidió a su autobús llegar con el tiempo previsto al Nou Congost)  sufrió de manera muy considerable frente a un batallador conjunto local, pese a la exultante salida inicial de los maños (5-13 en los seis primeros minutos) Los de Borja Comenge aguantaron el chaparrón, llegando incluso a ponerse por delante en los primeros compases del segundo cuarto. A partir de ahí igualdad absoluta y diferencias que no iban más allá de los 6 puntos, como la que obtenía el cuadro de Abós a falta de 2 minutos (67-73), con lo que el partido parecía bastante encarrilado pero un último arreón local les mantuvo con opciones hasta el 71-74 final. Michael Roll fue el mejor de un equipo zaragozano que se vuelve de Manresa con una victoria y la sexta posición en la tabla (15-9) pero con la baja del pívot Joseph Jones, fuera de las canchas al menos durante un mes. Los locales caen en puestos de descenso, penúltimos y con el peor average de los tres equipos que tienen actualmente siete victorias.    

Y los otros dos conjuntos que, al igual que el Bruixa d’Or manresano presenta un balance de 7-17 son el UCAM Murcia y Tuenti Estudiantes, enfrentados entre sí esta jornada en un choque vital y dramático para las aspiraciones de ambos clubes. Habíamos comentado en anteriores semanas que el conjunto colegial en poco se parece al de comienzo de temporada y como con las nuevas incorporaciones ofrece una cara mucho más competitiva. Y esa cara la volvieron a mostrar durante gran parte de su encuentro en Murcia, donde llegaron a mandar hasta de 20 puntos (41-61, minuto 27), en lo que parecía iba a ser una plácida victoria para los hombres de Vidorreta.  No fue así, y el equipo de Nicola, apoyado en el acierto de sus exteriores Thomas Kelati, Scott Wood y el veterano Berni Rodríguez fue capaz de darle la vuelta al marcador y poner el partido de cara para los locales en el último cuarto (78-72) Contestó el Estudiantes con un parcial de 2-11 para poner el 80-83 en el marcador, parcial que cortó Rodrigo San Miguel con un triple que empataba el luminoso a falta de tan sólo 12 segundos para el final. El drama se palpaba con la última posesión estudiantil en la que Fede Van Lacke fue a la línea de tiros libres con 5 segundos por disputarse, anotando uno de sus dos lanzamientos. La última bola por tanto era para el Murcia que tiró de la experiencia de Berni, sacando falta precisamente a  Van Lacke y sentenciando desde la línea de personal uno de los partidos más locos de la jornada. Buen duelo en la pintura entre Augusto Lima (16 puntos y 9 rebotes) y Uros Slokar (19 y 8), aunque la clave estuvo en el acierto exterior de los locales, con un buen 14 de 18 en triples que propició una de las grandes remontadas de la jornada, sacando a los de Nicola de plazas de descenso, ahora decimosextos un puesto por debajo del equipo madrileño, ambos con el ya citado balance de 7-17.     



Dos campeones del mundo que deciden partidos para sus actuales equipos.


Hemos advertido que el UCAM protagonizó una de las grandes remontadas del fin de semana.  Otra corrió a cargo de un sorprendente Fiatc Joventut asaltando el Martín Carpena de un Unicaja en horas bajas. El equipo de Joan Plaza comienza a parecerse a la primavera, tremendamente inestable. Los locales mandaban al descanso por un claro 34-18 en un partido que no iba a pasar precisamente a los anales de la historia por la calidad de su juego, para vivir un tercer cuarto absolutamente desastroso plasmado en un parcial de 10-28 para los verdinegros, quienes siguieron mandando en el último acto (48-56 a falta de 4 minutos) Pero en esta jornada tan frenética no podía faltar otro parcial, ahora para los locales, de 12-2 para poner la igualada en el marcador, que deshizo finalmente un viejo conocido de Plaza como Tariq Kirksay (su primera aventura en la ACB vino de la mano del técnico catalán en el Cajasol) con la canasta decisiva a falta de dos segundos que hacía volar la victoria a Badalona. El alero del Bronx no sólo se convirtió en el héroe gracias a la sentencia final, si no que fue el mejor hombre del partido con otra completísima actuación como ya nos tiene acostumbrados (14 puntos, 6 rebotes, 6 asistencias y 3 robos) Dos derrotas consecutivas para un Unicaja que sigue quinto, pero empatando balance con el sexto clasificado Cai Zaragoza, ambos con 15-9, y la Penya que asalta puestos de play offs alcanzando la octava plaza con un registro de 12-12. 

El gran damnificado de la jornada ha sido el Cajasol de Aíto García Reneses, que ve perder esa octava plaza ahora verdinegra tras la victoria a domicilio del Joventut y su propio descalabro en la visita a Vitoria. 36 puntos de diferencia, y 101 puntos encajados para un equipo que hacía de la defensa su principal virtud para seguir en post-temporada. Es la tercera victoria consecutiva de los de Scariolo, y en dos de ellas han alcanzado el centenar de puntos. El Baskonia ya empieza a parecerse a lo que desean sus aficionados. Pleiss (12 puntos, 13 rebotes y 3 tapones) y San Emeterio (21 puntos, 5 rebotes y 3 asistencias) lideraron la fiesta y comandaron el banquete, mientras que dentro de la debacle sevillana hay que salvar de la cama al joven pívot Hernangómez, que se fogueó con 13 puntos y 5 rebotes en 19 minutos de juego. Séptima posición para un Laboral Kutxa cada vez más sólido (13-11) mientras que el Cajasol baja un puesto, novena plaza y fuera de play offs momentáneamente por average (12-12) 

Y para el final, el derbi de las islas, con otra de las relativas sorpresas de la jornada. El Iberostar Tenerife detiene por fin una dolorosa racha de nada menos que nueve derrotas consecutivas, y lo hace frente a uno de los mejores equipos del campeonato, cuarto clasificado (16-8) y que incluso parece amenazar la tercera plaza del Barcelona. Otro partido con sus buenas dosis de igualdad, parciales abruptos, y una gran remontada a cargo de los jugadores de Alejandro Martínez., quienes llegaron a verse 17 abajo (39-56 en el minuto 24) pero supieron reaccionar a tiempo y meterse en el partido para llegar a un final apretado en el que Nicolás Richotti apuntilló a los visitantes con los cinco últimos puntos del partido, pasando del 67-68 al 72-68 final de la mano del argentino. Partidazo del clon tinerfeño de Jaycee Carroll echándose el equipo a la espalda con 23 puntos en ausencia de Saúl Blanco, y buen trabajo en la pintura de Luke Sikma (14 puntos y 11 rebotes) Por los canariones destacó Javier Beirán con 14 puntos y 10 rebotes. El partido deja al Iberostar undécimo con balance 10-14 (¿a tiempo de soñar con play offs?), y al Herbalife Gran Canaria en su privilegiada cuarta posición con un lustroso 16-8. 

Gran jornada, con mucha emoción, remontadas y finales apretados, y por supuesto el gesto de Miribilla, el cual nos hace preguntarnos si el próximo fin de semana podremos disfrutar nuevamente de los nueve partidos previstos en Liga Endesa.   



Doellman y Mirotic son los dos jugadores más valorados de nuestra liga.


EL QUINTETO DE LA JORNADA:
Sergio Rodríguez (2) (Real Madrid) 17 puntos, 6 asistencias y 2 robos. 24 valoración.
Fernando San Emeterio (Laboral Kutxa) 21 puntos, 5 rebotes y 3 asistencias. 26 valoración.
Jason Robinson (3) (Gipuzkoa Basket) 34 puntos (13 de 17 en TC, 5 de 5 en T3) y 2 robos. 34 valo.
Maciej Lampe (Barcelona) 23 puntos (10 de 12 en TC) y 9 rebotes. 28 valoración. 
Tibor Pleiss (6) (Laboral Kutxa) 12 puntos, 13 rebotes y 3 tapones. 27 valoración. 

ENTRENADOR:
Alejandro Martínez (2) (Iberostar Tenerife) 

EL QUINTETO DE LA TEMPORADA: 
Tomas Satoransky (16) (Cajasol) 12.7 ptos, 3.6 rebotes y 4.3 asists. 15.8 valoración.
Rudy Fernández (8) (Real Madrid) 13.2 ptos, 3.3 rebs, 2.6 asists y 2 robs. 16.7 valor.
Nikola Mirotic (18) (Real Madrid) 13.4 ptos, 6.1 rebs y 1.4 asists. 18 valoración.
Justin Doellman (19) (Valencia Basket) 15.2 ptos, 4.7 rebs y 2.5 asists. 18 valoración.
Tibor Pleiss (Laboral Kutxa) 13.5 ptos, 6.3 rebs y 1.1 tapones. 17.3 valoración.

ENTRENADOR: 

Pablo Laso (17) (Real Madrid) 




















martes, 25 de junio de 2013

AJUSTE DE CUENTAS

No soy dado a hacer acotaciones o aclaraciones sobre mis propios textos. Tampoco me veo en la obligación de dar explicaciones a nadie sobre mi manera de pensar, la cual se traduce a menudo en mi manera de escribir. Pero soy consciente de que tras escribir un artículo "caliente" como el que acabo de parir puede haber gente que se sienta ofendida por alguna frase, comentario o pensamiento. No era mi intención. He intentado reflejar lo que han sido, a mi juicio, errores y males del reciente Real Madrid. Errores creo que afortunadamente ya superados, y he tratado de dotar al texto de cierto sentido del humor. Insisto en que no es mi intención la ofensa, pero sé que en terrenos de escritura irónica la delgada línea que separa el humor de la referida ofensa es muy tenue, pero también sé que depende más del lector y su recepción a lo escrito que del escribano, por lo que lo único que puedo hacer es reiterar que no busco ofensas ni polémicas ni atacar a nadie. En todo caso el objeto de esta entrada es una defensa a ultranza a quien considero uno de los mayores y mejores profesionales que ha tenido el Real Madrid de baloncesto en los últimos tiempos, y en efecto, más allá de eso, un símbolo. Y eso es que lo realmente me mueve, la defensa, y no el ataque. Y pocos personajes de nuestro baloncesto se lo merecen más que Felipe Reyes (que diferencia cuando pienso en el trato que ha recibido durante toda su carrera el capitán barcelonista Juan Carlos Navarro)  



"Hubo quien dijo que no iba a llegar, ahora les miro desde aquí, no pido ya más..."




Vaya por delante que esta entrada sé que no gustará a mucha gente (en el caso improbable de que la lean) Sería un texto posiblemente polémico de ser el autor algún reconocido analista o mejor/peor, un reputado periodista deportivo, gremio al que desde algunos sectores se acusa de ser el auténtico responsable de los males del equipo de los amores de los interfectos en cuestión (vamos, que el 4-0 del Borussia Dortmund al Madrid de Mourinho no fue perpetrado por ese animal del área llamado Lewandoski, si no que fueron obra de Santiago Segurola, Alfredo Relaño, Manolo Lama y Enrique Ortego, por citar cuatro jinetes de un Apocalipsis del que sólo salvarían a elementos de dudosa catadura del estilo de Josep Pedrerol, Siro López, Eduardo Inda o Julián Ruiz), pero al tratarse de un simple blogero juntaletras no debería tener la cosa mayor recorrido, sobre todo cuando nuestro punto de partida es un deporte, de momento (y que siga así), poco intoxicado por los talibanismos furibundos. En efecto, los seguidores del baloncesto posiblemente estemos cerca de eso que los proclamados “madridistas verdaderos” llaman “piperos”. Nos gusta el deporte, no la guerra. Disfrutamos de las victorias sin restregárselas por la cara al rival, y no tenemos ningún reparo en darle la mano en la derrota. Un símbolo de nuestro baloncesto como Juan Carlos Navarro únicamente será un enemigo circunstancial durante los 40 minutos de un partido. Nunca más allá de eso. Y esto, como digo, sé que no gusta. Pero a mí tampoco me gustan muchas cosas que escucho, leo y veo. Eso es libertad de pensamiento, y espero que nadie busque cuestiones personales en lo que no dejan de ser discrepancias sobre la manera de entender el deporte. La mía, desde luego, procuro llevarla a rajatabla y con la mayor coherencia posible (es decir, no podemos estar poniendo a parir a LeBron James con 25 años, y ahora que empiezan a llegar los títulos subirnos al carro de que es el jefe del cotarro) 

No me gustan los hooliganismos, ni en la vida ni en el deporte. A veces, entre amigos, bromeamos de lo ridículo que resulta ver gente de 30 o 40 años que de la noche a la mañana se envuelven en estéticas y círculos como la escena mod, punk, rocker, etc… cuando a los 20 estaban a tope con el indie, el noise, el techno, o la que fuera la moda “alternativa” del momento. Lo mismo me sucede cuando veo a gentes de esas edades volverse radicales y ultras deportivos. Quizás es que con 15 años no conocieron lo que era estar dentro de un “tifo” y ver los partidos del equipo de tu tierra desde el fondo (norte o sur) correspondiente, y ahora buscan sentirse vivos y recuperar una juventud no disfrutada volviéndose más talibanes que el Ochaíta de turno (hablo estrictamente de lo futbolístico, que nadie me entienda mal, aunque sé que quien quiera entender mal, lo hará) De modo que llevo años soportando de una manera estoica a ese autoproclamado madridismo verdadero repartiendo carnets de autenticidad y despreciando a los que no seguimos el dedo que al parecer señalaba el camino, lejos de eso, lo repudiamos, como un apéndice digital que jamás de los jamases podrá representarnos a quienes hemos elegido otra opción de entender el deporte y el madridismo.    


¡Placa placa!


Y finalicemos esta ajardinada introducción, que ya bastantes disgustos he tenido últimamente como para darle mayor alimento a la cólera., y centrémonos en el protagonista de nuestra historia. Sólo así comprenderán el porque de esta extraña digresión ejercida por su humilde amigo y servidor El Tirador.   

Remontémonos unos años atrás. En Junio de 2009 se producía sobre el Paseo de La Castellana la Segunda Venida de Nuestro Señor Florentino, especialista en asuntos mesiánicos y máximo apóstol de la cultura del talonario. Conocido también como Ser Superior, o para quienes tienen más confianza como Tito Floren (“Tito Floren, fíchame a éste”) Florentino, padre del madridismo verdadero nunca ha tenido problemas para complacer a sus hijos comprándoles los juguetes más caros y lujosos. Todo el dinero es poco para satisfacer al madridismo verdadero, ese al que se llena la boca hablando de “proyectos” pero está constantemente pidiendo la cabeza de sus jugadores, preferiblemente si son españoles, canteranos, y muestran un fuerte grado de compromiso con el escudo. Este tipo de profesionales son en realidad para el madridismo verdadero una estirpe de traidores acomodados que si llevan tantos años defendiendo la camiseta blanca es por amistad con los periodistas (recuerden, los auténticos enemigos del club), nunca jamás por sus méritos deportivos. Con el nuevo advenimiento del mesías merengue se abría una vez más un periodo de prosperidad y gloria coleccionado balones de oro (ganados en otros clubes) y dejando salir a esos sospechosos bultos con patas de nuestra cantera a los que si se les tuvo en las categorías inferiores era prácticamente por lástima. Nuestro Señor Florentino venía esta vez con ganas, a tope de madridismo verdadero. No íbamos a ser sólo los más grandes en fútbol, si no que también en el tantas veces denostado y maltratado dentro del propio club baloncesto blanco. Había que poner la nave en manos de los mejores, es decir, en las de los de mejor palmarés, los más famosos, aunque no tuvieran ni repajolera idea de lo que sigfinica el Real Madrid y viniesen de otras ligas, otros países, otras culturas. El florentinismo se basa en un sagrado precepto: “el que gana, es que es bueno”. Extrañamente en el deporte que se juega con los pies el sibilino Jorge Valdano logró colocar una apuesta personal: un técnico chileno con cierto aire a Menotti muy exitoso en América (campeón en Ecuador  y batiendo records en Argentina con San Lorenzo de Almagro) pero que no había ganado nada en Europa. Aún así era autor de la proeza de clasificar segundo en la siempre bipolar liga española al Villarreal y llevarlo a los cuartos de final de la Liga de Campeones de Europa, todo ello con un fútbol muy, ya saben, “pipero”, del gusto de los Segurola y compañía… es decir, alejado del autoproclamado madridismo verdadero, que por aquel entonces ni existía ni era consciente de si mismo… pero estaría al caer un año más tarde con la salida, orquestada por el periodista Eduardo Inda (un héroe para el madridismo verdadero próximo a nacer), del estoico técnico chileno rumbo a un Málaga donde siguió tejiendo fútbol de muchísimos buenos quilates para los “piperos” que nos sentamos a disfrutar de un buen espectáculo. 

Donde sí quiso dejar claro Nuestro Señor Florentino su capacidad para construir gloriosos proyectos fue en el ámbito de la canasta, fichando a un laureado técnico acostumbrado a liderar (no se crean, también tenía buenos jugadores) proyectos ganadores, a pesar de que su baloncesto era, siendo generosos, un poco aburrido, y que de hecho la mayoría de los aficionados españoles que salivaban cada vez que pronunciaban su nombre somos conscientes de que únicamente veían un par de partidos dirigidos por él al año (los dos de la Final Four, pero eso les bastaba para decidir que era el mejor entrenador de Europa) Ettore Messina, el hombre llamado a traer al baloncesto blanco la “Gloria in excelsis Florentino”, llegó acompañado además de otro personaje de esos que dicen de “perfil alto”, es decir, de los que tanto le gustan a Nuestro Señor Florentino, patrón de los desamparados. Nos referimos a Antonio Maceiras, director deportivo con experiencia NBA y en España en clubes como el Girona y… el Barcelona (y no queremos ser mal pensados, pero visto lo visto después, cualquiera podría pensar que venía entonando un “hoy, mañana y siempre, con el Barça en el corazón”) Nuestro Señor Florentino ya tenía su pareja ganadora, esa que nos guiaría en el camino a la tierra prometida y haría olvidar el honrado trabajo de ese desconocido y accidental técnico llamado Joan Plaza (sobre quien ya no hay dudas sobre su sobrada calidad como “coach” de este deporte) La ecuación no podía fallar. Messina = títulos. Así de fácil.     


"¡Qué felices seremos los dos!"


Felipe Reyes, por aquel entonces con 29 años, venía de protagonizar una de las mejores temporadas de su carrera, evidenciando ese crecimiento sólo reservado a los más grandes. A los que año tras año son mejores y añaden nuevas facetas a su juego. Los números no ofrecían dudas. Sus 16.3 puntos y 9.4 rebotes por partido se traducían en una valoración media de 22.7 que le había llevado a obtener el MVP de la liga regular. Hasta en diez ocasiones había superado los 30 puntos de valoración en aquella temporada. Se encontraba en el mejor momento de su carrera, y era el indiscutible líder del Real Madrid de Joan Plaza cuya guardia pretoriana comprendía además de nombres como los de Raúl López, Sergio Llull, Alex Mumbrú, Louis Bullock o Axel Hervelle. Poco podía imaginar que aquel mejor momento de su trayectoria deportiva, al menos en lo individual, iba a sufrir un frenazo con la llegada de Nuestro Señor Florentino y sus nuevos planes para el baloncesto blanco. 

Habíamos dejado a Nuestro Señor Florentino encerrado en su despacho pergeñando sobre una servilleta la ecuación a todas luces ganadora. Messina = títulos. Tras gritar un “¡Eureka!” que hizo peligrar los cimientos de todas las construcciones de ACS el Ser Superior salió alborozado de su habitáculo. ¡Tenía la fórmula secreta para ganar títulos! Ahora sólo se trataba de darle un cheque en blanco a Messina así como a su compinche Maceiras y otorgarles, por vez primera en la sección, poder absoluto (el que no tuvo Plaza, el que no tiene Laso) para despedir a todo jugador que quisiesen y hacer lo propio con las contrataciones. Dicho y hecho, el Madrid de Plaza pasó a la historia. Veteranos de dudosa condición física comenzaron a estampar su firma como jugadores blancos mientras el núcleo duro del último equipo madridista campeón se deshacía. El madridismo verdadero, aún no existente como tal, lo celebraba. Poco importaba que aquellos jugadores hubiesen ganado dos títulos dos años antes y realizado soberbias ligas regulares, además de practicar un baloncesto bastante atractivo y con el que muchos aficionados (“piperos”, seguro) se sentían identificados, no sólo por la calidad del juego si no por la garra e intensidad expuesta sobre la cancha (terrenos esos, los de la garra e intensidad, donde Felipe Reyes marcaba un punto y aparte) El embrionario madridismo verdadero celebraba jubiloso la enésima limpia de vestuario. Fuera con todos. Que vengan caras nuevas. Pero aún con todo el poder absoluto conferido a Messina y Maceiras, nuestro particular dúo del desastre no logró acabar completamente con el Madrid anterior. Hervelle luchó como un jabato para intentar demostrar a un injusto Messina que tenía sitio en el equipo blanco, hasta que cansado de luchar contra quien no atendía a razones emprendió el mismo camino que Mumbrú meses antes partiendo hacia Bilbao donde se gestaba un ambicioso proyecto (un año más tarde eliminarían en semifinales por el título ACB al Real Madrid de Lele Molin, el discípulo de Messina que quedó al mando del navío tras la estampada del siciliano en unos play offs sonrojantes con el equipo blanco realizando partidos de 50 puntos) Bullock y Reyes, por otro lado, permanecieron en el equipo como sombras molestas de un pasado en el que el entrenador italiano no creía. Sus presencias le incordiaban. Fueron señalados desde el principio por el dedo acusador del de Catania como máximos responsables del no crecimiento y de la no evolución del equipo. Más sangrante en el caso del capitán, que vio como parte de la afición (ese madridismo verdadero que daba sus primeros pasitos y se preparaba para la llegada del Salvador de Setúbal) se unía al linchamiento. En un equipo plagado de jugadores recién llegados con altísimos contratos y un estado de forma deplorable, el MVP de la pasada temporada se convertía en el mayor blanco de las críticas. Para mear y no echar gota, que diría alguno. La rumorología y la infamia (o siendo más prosaicos, “la máquina de echar mierda”) no demoraron en ponerse en marcha. Felipe era un cáncer enquistado que debía salir cuanto antes y si seguía en el equipo era simplemente por su amistad con la prensa (recuerden, el Gran Satán) que le bailaba el agua únicamente por ser español, internacional con nuestra selección, y un tipo majo, atento y normal. ¿A qué les suena la historia respecto a un guardameta balompédico también de brillante trayectoria internacional y poseedor de la capitanía en la otra sección deportiva de este club? Y así, mientras las placentas de los futuros madridistas verdaderos escupían sobre la profesionalidad de Felipe Reyes, los “piperos”, pseudomadridistas, madridistas disfrazados, o como rayos quieran llamarnos, observábamos atónitos la irrupción en la zona blanca de extraños elementos no exentos de calidad pero con una preocupante falta de sangre en sus venas, ese líquido vital del que es rebosante el corajudo ala-pívot cordobés. Nombres como Novica Velickovic, Darjus Lavrinovic o posteriormente el fichaje de invierno Ante Tomic, el llamado “Gasol del Este” (el daño que pueden llegar a hacer algunas comparaciones), relegando todos ellos a Felipe como última opción interior pese a la exasperación que producía ver la fragilidad de carácter y la poca capacidad de lucha y sacrificio ofrecida por estos (por otro lado brillantes) jugadores. No debieron ir a clase el día que se explicó que el principal factor para atrapar un rebote es el deseo.   


Novica "I'm a lover not a fighter" Velickovic


Y las cosas empeoraron al curso siguiente. Con la consolidación en el roster madridista del genial canterano (por fin) Nikola Mirotic a Felipe se le acusó de “tapón” para el crecimiento del hispano-montenegrino. El madridismo verdadero (que ya era una realidad en 2010) lejos de celebrar que posiblemente contásemos con la mejor pareja de “cuatros” de la ACB, y quizás de Europa, seguía pidiendo la cabeza del capitán. El tiempo ha demostrado (las pasadas finales de Liga Endesa sin ir más lejos) que ambos jugadores son complementarios y absolutamente necesarios para este equipo. A Niko las grandes citas le siguen quedando un poco grandes. Felipe lleva el deseo de victoria cosido en su ADN. Llegó la huída de Messina, dejando detrás de si en menos de dos años al frente de la nave blanca y con el poder absoluto otorgado en su momento por Nuestro Señor Florentino un bagaje de 18 fichajes, 58 millones dilapidados, 0 títulos, y las gradas cada vez más vacías con un baloncesto que aburría hasta al “speaker”. Y Felipe se quedó. Y pasó lo que tenía que pasar. Que el Real Madrid siguió existiendo, que el Real Madrid siguió ganando, y que Nuestro Señor Florentino se tragó con una botella de agua mineral y un frasco de bicarbonato aquella servilleta en la que había escrito “Messina = títulos” mientras corría, sin el mínimo pudor, a abrazarse empapado en champán con un Pablo Laso en el que en ningún momento creyó y que ha vuelto a poblarle las cristaleras de títulos. Messina, para dejar las cosas claras, en cuanto volvió a Italia rajó de España, del Madrid, y de la prensa, a la que acusó de ser el auténtico enemigo del baloncesto blanco (repito, ¿les suena la historia?), y acuso en ese complot periodístico, como no, a Felipe Reyes. El hombre que con 18 fichajes y 58 millones no había sido capaz ni de llegar a unas finales ACB (Laso ya lleva dos, una por temporada) lo tenía claro: la culpa era de los que escriben, y de esos jugadores con los que compadrean. Y así sucedió lo que los “piperos” intuíamos. Que Felipe Reyes seguiría siendo muchísimo más importante para el Real Madrid que Ettore Messina. El italiano ya es sólo un mal recuerdo y desde entonces a Felipe le hemos visto levantar tres títulos y jugar incontables finales (siendo MVP de las últimas) El tiempo, ese juez insobornable, que se dice. 

Y así enlazamos con el comienzo de nuestra historia de hoy, encontrando evidentes paralelismos entre el maltrato sufrido por nuestro capitán de baloncesto y nuestro capitán de fútbol por parte de los madridistas verdaderos. Pero créanme, cuando Felipe atrapa un rebote o Casillas hace una parada, los “piperos” sonreímos y los madridistas verdaderos lloran. Y créanme también esto. A ambos les quedan aún muchos rebotes y muchas paradas que hacer en el nombre del escudo al que honran. 

Lo dijo Felipe al recibir el trofeo de MVP en las pasadas finales de la Liga Endesa: “Ha habido gente que me ha criticado mucho, y va especialmente para ellos. Este éxito me sabe especialmente bien por ellos”… y yo, mientras sigo comiendo pipas y disfrutando del espectáculo y la épica que me transmite este inmenso deporte, veo en Felipe la viva imagen de aquel al que llevan años intentando asesinar y no para de contemplar los cadáveres de sus enemigos pasando por delante de sus ojos. Lo llaman ajuste de cuentas. ¿No decían los madridistas verdaderos que renegaban del “buen rollo”? Pues traguen.      


Sospechosos habituales

martes, 3 de julio de 2012

FÚTBOL NO ES FÚTBOL

El nuevo Maestro Zen



Imagino que puede haberle entrado algún pequeño escalofrío al lector ante el título de esta entrada a priori tan alejada de las canchas de 28x15 que concentran nuestra atención y donde se cuece nuestra mayor felicidad a plena ebullición. No se preocupen, desde aquí mismo admitimos también que en el fútbol moderno se encuentran muchas de las cosas que más detestamos del deporte y que se alejan completamente del concepto de la esencia misma del citado deporte, esa que nace cuando un par de griegos se ponen a echar una carrera por la colina de Cronos sólo por el placer de competir y el orgullo de ver quien tiene las piernas más rápidas, y no por discernir quien es más guapo, más famoso, o luce el peinado más horrible. 

No obstante es en el fútbol de selecciones nacionales donde si sigue latiendo cierto espíritu honorable, y donde el misticismo de un deporte tan grande como el del balompié permanece inquebrantable gracias al arrojo de unos tipos que se juntan todos los veranos (fases de clasificación aparte) bajo una misma bandera y escudo, y realmente es muy difícil de sustraerse de la emoción y épica de un torneo como una Eurocopa o un Mundial, que nos traen tantísimos recuerdos a los de mi generación, quienes crecimos con las hazañas de hombre y nombres ya inmortales y que nos retrotraen a felices jornadas de nocilla y televisión. Sócrates, Zico, Platini, Rossi, Zoff y un largo etcétera a los que emular la tarde siguiente en cualquier campo cercano, sin importar que fuera de hierba o de cemento o de que nos dejásemos en ello nuestras benditas y prepúberes espinillas. Y por supuesto, los nuestros, esos ídolos vestidos de rojo que por alguna u otra razón se la acababan pegando cuando más feliz pintaba el final de la película. Un balón que se le escapaba a nuestro guardameta por debajo del cuerpo, algún penalti mandado al limbo, o la permisividad del árbitro de turno con unos rivales que siempre habían ganado algo más que nosotros y se merecían más respeto por parte de los estamentos que el que nuestra camiseta pudiera imponer.  

Sócrates y Zico, el "xogo bonito" del 86.


Hasta que un buen día y de golpe y porrazo (o mejor dicho, tres porrazos consecutivos) hemos visto como todos esos fantasmas del pasado se quedan en un mal recuerdo. Dentro de esta “edad dorada” del deporte español, el fútbol, el mayor espectáculo de masas europeo, también ha conseguido darnos una serie de deportistas excepcionales que se unen a la fabulosa camada surgida de entre algunos de nuestros compatriotas más ilustres nacidos en los primeros años 80. Xavi Hernandez (1980) e Iker Casillas (1981) son la punta de lanza de esta generación, y los equivalentes a nivel baloncestístico de lo que serían Navarro o Pau Gasol (ambos nacidos en 1980), y dos jugadores que al igual que nuestros genios baloncestísticos se conocen desde las selecciones de formación, donde ya forjaron su amistad y respeto mutuo.

Una década haciéndonos felices.


Y aquí es donde queríamos llegar, claro, para darle sentido a esta entrada, llevar el ascua a nuestra sardina y zampárnosla sin ningún miramiento y dejar que atruenen ahí fuera sobre falsos nueves, dobles pivotes y demás debates estériles que deberían quedar enterrados en cuanto hemos hecho historia de una manera abrumadora logrando lo que jamás nunca se había conseguido con tres grandes torneos de selecciones conquistados de manera consecutiva. 

De modo que vamos a llevar esto a nuestro terreno. Verano de 2006, Saitama, Japón. Ahí comenzó la leyenda de un grupo de campeones que han llevado el baloncesto español a las cotas más altas jamás soñadas. El oro mundial que se cuelgan los muchachos de Pepu Hernández, quien queda señalado desde aquel momento como un brillante gestor de recursos humanos, viene acompañado posteriormente de una extraordinaria cosecha de nada menos que dos oros europeos, una plata olímpica y otra plata europea. Esa selección se convirtió en un magnífico ejemplo en el que poder mirarse como paradigma de ciertos valores imprescindibles a la hora de hablar de un grupo consecuente con el éxito, tales como el compromiso, el esfuerzo y la solidaridad entre los compañeros. De modo que en cierta manera el éxito y el estilo de aquellos chicos y aquel entrenador tranquilo y poco mediático que gustaba vivir alejado de las trincheras y los fuegos de artificio sin dar una palabra más alta que otra fue un pequeño empujón para nuestro fútbol.   

Saitama marcó el camino.


La hazaña de Saitama, que inició como decimos nuestra mejor época de la historia del deporte de la canasta, comenzó sin embargo a gestarse varios años antes, cuando asistimos a la feliz casualidad de que se juntaron en la misma época un grupo de chavales con calidad y ambición a partes iguales y capaces de navegar por la vida sin miedo al fracaso. Pero aparte de calidad y ambición también iban provistos de humildad, capacidad de esfuerzo, y respeto por rivales y compañeros, y por supuesto repeto por unos magníficos entrenadores de formación (ahí brilla con luz propia el nombre de Charly Sainz de Aja), en definitiva el huir del éxito fácil y vivir el deporte, su deporte, ese para el que han sido elegidos por los dioses (y por lo que deben sentirse unos privilegiados felices con la vida y no unos niñatos malencarados con falsa pose de rebelde de baratija), con profesionalidad y compromiso. 

La imagen de aquel líder impecable que ha sido siempre Pau Gasol lesionándose a dos minutos del final de aquella semifinal que cambió para siempre nuestra historia (algo así como la tanda de penalties que las manos de Iker Casillas inclinaron para nuestro lado en los cuartos de final de la Eurocopa 2008 contra Italia, marcando el punto de inflexión entre una suerte antaño esquiva y la gloria inminentemente venidera), saliendo a hombros de su hermano Marc y un enorme Garbajosa, para al día siguiente estar a pie de pista espoleando a un equipo que ante su ausencia reaccionó como un solo hombre para firmar una final de escándalo ante Grecia a la que borraron de la pista desde el minuto 1 (y otra vez, excelso Jorge Garbajosa, ahora que acaba de retirarse y la memoria reciente no le hace justicia, hay que recordar el jugador que era antes de su grave lesión en Toronto), o el gesto de Pepu Hernández conociendo en víspera de la final la noticia de la perdida de nada menos que su padre, suceso que guardó en el más absoluto de los silencios y que sólo conocimos, al igual que los jugadores, cuando el cetro mundial era nuestro… aquel campeonato dejó inolvidables detalles y muestras, pistas para conducirse al éxito desde el mejor de los estados anímicos. Pero sobre todo dejó un mensaje bien claro: podíamos ser campeones sin necesidad de hacer ruido ni de disparar cañones. Podíamos ganar siendo fluidos como el agua, y no duros como una piedra. En definitiva, éramos unos campeones zen.     

Un líder tranquilo.


El “maestro zen” como bien sabrán los aficionados es como se conoce al gran Phil Jackson, un tipo que ha sido capaz de conseguir nada menos que trece anillos de campeón de la NBA (ya que a sus once como entrenador, hay que añadir dos como jugador, aunque su ascendencia sobre el equipo no fuera la misma que como técnico) con la enorme tranquilidad de quien confía en sus posibilidades ajeno a las críticas externas y fiel a su propio estilo sin apartarse de su camino. Me resulta imposible que haya un solo aficionado al deporte del baloncesto que considere que los éxitos de Jackson se hayan debido tan solo a la suerte, al haber tenido la fortuna de contar con los jugadores más dominantes del globo en cada momento (Jordan, Pippen, Rodman, Kobe, Shaquille, Pau Gasol…), más bien al contrario, el seguidor de este juego considerará al entrenador de Montana como la pieza clave en encauzar las carreras ganadoras de sus pupilos, como el inteligente gestor que ha sabido tocar la tecla adecuada en cada momento, sea la emocional, la técnica, la táctica o la física. Comprenderán por tanto que me resulta más agradable moverme en las amables coordenadas de un deporte que hace justicia a quien en justicia triunfa, que en otro en el cual a quien acaba de erigirse en el mejor entrenador de todos los tiempos, siendo el único en haberse proclamado campeón del mundo y del continente tanto en selecciones internacionales como en clubes, no se le trata con el mismo respeto y debida admiración por el trabajo bien hecho. 

Quizá sea, y contradiciendo a Vujadin Boskov, porque en el fondo “fútbol no es fútbol”.    

¿Dudar de Jackson?, ¡hay que tener bigotes!