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sábado, 6 de enero de 2018

LOS MEJORES DE 2017: NACIONALES




San Emeterio y Llull rindieron a un gran nivel en play offs.



Como ya explicamos en nuestra anterior entrada, cada vez tenemos menos tiempo para dedicarle a este blog, pero eso no quiere decir que no mantengamos algunas de nuestras tradiciones, como por ejemplo repasar el año finalizado y homenajear a quienes a nuestro juicio han sido protagonistas más destacados, tanto a nivel nacional como internacional y tanto en la cancha como en los banquillos. A diferencia de otros años y dado el escaso ritmo con el que estamos actualizando en los últimos tiempos, vamos a condensar todo ello en una dos entradas y no en cuatro, distinguiendo sólo entre nacionales e internacionales.


Empecemos por jugadores nacionales. El primer lugar del podio lo encabezaría a nuestro juicio Fernando San Emeterio, liderando a un Valencia campeón ACB y subcampeón de Eurocup y Copa del Rey, además de colgarse al cuello un meritorio bronce continental en el último Eurobasket. Hay un dato revelador sobre el carácter diferencial del cántabro, y es que se trata del único jugador en activo que puede decir que ha ganado dos ligas en dos equipos diferentes sin que ninguno de esos dos equipos sea Real Madrid o Barcelona. Muy meritorio. Y pese a que Bojan Dubljevic se llevó un merecido MVP de las Finales ACB, lo cierto es que San Eme fue el hombre clave de los taronja en todas las eliminatorias por el título. Finalizó los play offs con un tremendo 17 de 35 en triples (49%), comenzando su exhibición con los 3 de 5 que le endosó al Barcelona en el partido que daba pase a semifinales. Ahí esperaba su ex –equipo, el Baskonia, al que destrozó con 54 puntos en los 4 partidos de la serie, alcanzando la perfección en el cuarto encuentro que supuso el pase a la final (19 puntos sin fallo en el tiro) Con la selección de Scariolo volvió a vivir un rol más secundario, pero jugando unos nada desdeñables 19.8 minutos por partido (de hecho es el quinto jugador más utilizado por Scariolo tras los hermanos Gasol, Ricky Rubio y Sergio Rodríguez) A sus 33 años (en realidad acaba de cumplir 34 el 1 de Enero) y en plena madurez, hay que reconocer que ha vivido un 2017 que no podrá olvidar.


No podemos olvidarnos de Sergio Llull, al que también metemos en el podio de los tres protagonistas nacionales del año, con el mérito añadido de que no hemos podido disfrutar de su juego durante prácticamente los últimos cinco meses de 2017 (se lesiona el 9 de Agosto en el amistoso de preparación para el Eurobasket ante Bélgica) tras su rotura de ligamentos cuando su baloncesto estaba alcanzando cotas mayestáticas. Y es que hablamos del MVP de la Copa 2017, quien destrozó al Andorra (la noche del famoso campo atrás que, seamos sinceros, nadie pudo reconocer en directo) con 22 puntos, 11 asistencias y 7 rebotes, al Baskonia con 23 puntos y 4 asistencias y en la gran final al Valencia con 22 puntos y 4 pases de canasta. Demoledor. Y pese a la decepción de perder las Finales ACB ante los de Pedro Martínez, fue el gran dominador de los play offs por el título siendo el máximo anotador (17,4 puntos por partido) y el más valorado (18,1 de media) Pero sus exhibiciones no se limitaron al ámbito doméstico, ya que en Mayo se coronaba como MVP de la liga regular continental después de dominar la fase de grupos llevando al Real Madrid a la primera plaza con sus 16.4 puntos y 5.9 asistencias por partido. De no haber sufrido esa maldita y grave lesión no cabe ninguna duda de que hablaríamos del jugador español del año.


Pau Gasol lleva años siendo un clásico en cualquier resumen que se haga sobre el baloncesto español, y 2017 no es una excepción. Con 37 años se ha vuelto a echar a la selección nacional sobre los hombros para darnos otra medalla, en un Eurobasket en el que fue el único jugador interior incluido en el Quinteto Ideal (le acompañaron Alexey Shved, Luka Doncic, Bogdan Bogdanovic y el MVP Goran Dragic), y es que las cifras de 17.4 puntos, 7.8 rebotes y 2.6 asistencias hablan por sí solas. Sin llegar a los apoteósicos niveles de 2015, nos dejó exhibiciones como sus 26 puntos, 10 rebotes, 3 asistencias y 3 tapones ante Rusia en el partido que nos daba el bronce. En la NBA, sin ser la perfecta máquina de hacer “dobles-dobles” de antaño ha encontrado acomodo al amparo de Gregg Popovich en unos San Antonio Spurs con los que sigue aspirando a su tercer anillo de campeón, y respondiendo en un arranque de temporada complicado con la ausencia de Kawhi Leonard. Sin ir más lejos hace unos días ante Sacramento le veíamos conseguir el décimo triple-doble de su dilatada carrera en la mejor liga de baloncesto del mundo. Eterno Pau.



SOY LEYENDA



Estos son a nuestro juicio los tres grandes nombres del basket español en la cancha en 2017. También han sido protagonistas jugadores como Ricky Rubio y Sergio Rodríguez, ambos liderando a la selección en el puesto de base y cambiando de camiseta finalizado el verano, con Ricky llegando a Utah y el Chacho volviendo a Europa, con un CSKA líder de Euroliga, o Pierre Oriola y Joan Sastre y sus saltos de calidad, debut con la selección absoluta incluido, o un Felipe Reyes que sigue batiendo records y cuya fecha de caducidad aún no se intuye.


Y vamos con los banquillos. Empezamos con un auténtico clásico en esta sección. Lucas Mondelo lo ha vuelto a hacer. Nos ha vuelto a hacer campeonas de Europa y nos ha erizado el vello sobre nuestra piel. Con una selección que se permitió el “lujo” de perder ante la anfitriona Chequía el último partido de la primera fase, y que después fue una apisonadora que destrozó respectivamente a Letonia, Bélgica y la gran favorita Francia en la final. Este verano no hizo falta recurrir a la épica o a canastas milagrosas. La fórmula Mondelo ya está a otro nivel. Y a nivel de clubes suma y sigue, campeón de Europa con el Dynamo Kursk con una de sus guerreras favoritas, Anna Cruz, y con un escalofriante balance de 18 partidos jugados saldados con 18 victorias. Ahí queda eso.




El Galactus del baloncesto femenino.



Pedro Martínez inscribe por fin su nombre en letras de oro en los banquillos españoles tras proclamarse campeón ACB con el Valencia. El mayor logro de su carrera, superior a la Korac ganada con el Joventut en 1990 frente al Scavolini de un joven Sergio Scariolo, cuando se hizo cargo del club verdinegro tras la salida de Herb Brown. Una ACB conquistada tras dos finales perdidas en 2017, en Copa ante Real Madrid y Eurocup frente a Unicaja. Tres finales y un título. Un gran año, que finaliza para Martínez tomando las riendas de otro habitual “outsider” del basket español como es el Baskonia, que endereza el rumbo de la mano del entrenador catalán.


Y un año más vuelve a colarse en el podio nuestro querido Pablo Laso. Esta vez nos ha costado, y es que con “sólo” la Copa del Rey en el zurrón de títulos parece que el año no ha sido demasiado brillante para el “coach” blanco, superado claramente por Obradovic en la Final Four de Euroliga y por Pedro Martínez en las Finales ACB, pero siendo justos, si recordamos quien es el entrenador que durante todo el 2017 más nos ha hecho disfrutar con su propuesta, ahí gana Laso con diferencia. Propuesta que siguió dando sus frutos con el liderazgo en temporada regular tanto en Euroliga como en ACB, y que se sigue plasmando en el comienzo del nuevo curso en el que lidiando contra adversidades de todo tipo y lesiones de sus hombres más importantes, tiene a su equipo vivo en Europa (cuarta posición, cuando escribimos estas líneas) y pasando el rodillo en Liga Endesa (balance 13-1)



Tampoco podemos olvidar el año de Joan Plaza, quien por fin le ha dado un título al Unicaja (Eurocup), los malagueños llevaban once años sin llevarse un trofeo a sus vitrinas (desde la liga de 2006), o sea que no es cuestión baladí. Otro triunfador ha sido Txus Vidorreta, ganador de la primera edición de la Basketball Champions League con el Tenerife, primer gran título para el cuadro insular, por otro lado.    



Pablo vs. Pedro, un duelo ya clásico en nuestro basket.




viernes, 12 de mayo de 2017

LA DÉCADA PRODIGIOSA





Desde Manresa, primer escaparate...



El pasado miércoles 10 de Mayo de 2017 se cumplían diez años de la llegada de Sergio Llull al Real Madrid procedente del Baloncesto Manresa. Una efeméride que el propio jugador ha recordado feliz y orgulloso en redes sociales, ganándose todavía más a una afición madridista que le idolatra. No es para menos. Sólo el fichaje de Felipe Reyes en 2004 procedente del Estudiantes puede entrar en el debate sobre el mejor movimiento del club blanco en todo el siglo XXI respecto a contratación de jugadores. En entrenadores no puede haber tal debate, cuando Pablo Laso ha sido capaz de llevar al equipo madridista a una dimensión que no conocía desde hacía 30 años, destrozando lo conseguido por todos sus predecesores posteriores a Lolo Sainz. Es precisamente Laso una figura clave en los éxitos de Llull, apostando por él como base y dándole unos galones no tan fácil de asumir en un equipo plagado de jugadores estelares. 


Pero deberían pasar unos años hasta que el feliz encuentro entre Laso y Llull se produjese, ya que la llegada del menorquín tiene lugar a punto de comenzar los play offs por el título ACB durante el primer curso de Joan Plaza como técnico blanco. Contaba con 19 años y la vitola de campeón de Europa junior, siendo base suplente de un Sergio Rodríguez un año mayor que él. Su presencia es meramente testimonial. Cinco minutos en tres partidos de cuartos de final ante Pamesa Valencia, en la dura semifinal ante el Joventut apenas seis minutos en tres de los cinco partidos disputados, y unos segundos en el cuarto y definitivo partido de las finales ante el Barcelona. Sólo anotó un punto, un tiro libre ante el Joventut, pero celebró su primer título con la elástica blanca con la misma intensidad que el mismísimo Felipe Reyes, MVP de aquellas finales y guía espiritual del baloncesto madridista (rango que diez años después sigue ostentando)


Los dos cursos siguientes su crecimiento es lento pero seguro, alternando las posiciones de base y de escolta. Con la marcha de Kerem Tunceri el tercer año de Plaza y la rescisión de contrato de Pepe Sánchez, sólo Raúl López queda como director de juego puro, con lo que Llull araña muchos minutos en su posición favorita. Ese tercer y último año de Plaza ya es uno de los jugadores importantes de la plantilla. De hecho en el último partido de aquella temporada, a la postre último partido de Plaza, una derrota en semifinales por el título ACB en el Buesa Arena, es el mejor del equipo con 15 puntos, 4 rebotes y 4 asistencias para 20 de valoración. Era el segundo año sin títulos, pero el madridismo asistía esperanzado a la progresión de un jugador que se convertía en internacional absoluto aquel verano de 2009 disputando el Eurobasket de Polonia, donde se colgaría su primer oro senior con nuestro país, y sería noticia por aquella famosa última jugada contra Turquía, en la que ya demostraba su arrojo en los momentos calientes del partido (y gracias a un Sergio Scariolo que confió en él) Su trabajo con la selección, por cierto, es otra muestra de la capacidad de adaptación del jugador, siendo capaz hasta de jugar de tres con el combinado nacional.


Pero si los dos últimos años con Plaza, pese a un buen juego general y al reconocimiento del aficionado, no tuvo el premio de los títulos, peor sería la era Messina, que acabó siendo la era Molin (su segundo), con sólo el consuelo de haber vuelto a ver al equipo blanco en una Final Four de Euroliga 16 años después con una base de jugadores jóvenes que encontrarían en Laso a su mejor aliado para desarrollar su baloncesto. No fueron fáciles aquellas dos temporadas para Llull, quien veía como Messina le prefería como escolta (Prigioni y Jaric el primer año, y el argentino junto a Sergio Rodríguez el segundo acaparaban prácticamente todos los minutos como bases), además de tener que adaptarse a un estilo de juego lento y plomizo que no dejaba explotar todas las virtudes del jugador. Aun así finaliza el segundo año de Messina como máximo anotador ACB del equipo y segundo jugador más valorado en liga regular tras Carlos Suárez, además del más valorado en play offs (creciendo en los momentos importantes) En Euroliga más de lo mismo, máximo anotador y jugador más valorado de los blancos. Ya era una estrella a nivel continental, pero le faltaba algo… 


Nunca seremos del todo conscientes de lo que supuso la llegada de Pablo Laso al Real Madrid en verano de 2011. Una de sus primeras (y controvertidas) decisiones fue devolverle a Llull la batuta del juego, ante las críticas furibundas de una parte de la afición que había olvidado los orígenes del menorquín como base, que por otro lado seguía anclada en el desfasado baloncesto que en los años anteriores se había basado en agotar el reloj de posesión y renunciar al contraataque, y que en tercer lugar mantenía que Llull era un jugador limitado que basaba su juego únicamente en la explosividad de su físico pero su cabeza y lectura del juego era pésima (en su desfachatez aún queda alguno que lo mantiene) El resto es historia. Los títulos y las exhibiciones individuales no han parado de llover desde entonces sobre el Palacio de Los Deportes, comenzando por su inolvidable partido en la final de Copa en el Sant Jordi que supuso el primer título de la era Laso y venía a inaugurar una nueva era de dominio madridista. Tres ligas, cinco copas, tres supercopas, una euroliga y una intercontinental (a las que hay que sumar la liga ganada con Plaza) Seis veces MVP (dos de las finales por el título, dos de la copa, una de la supercopa y otra de la intercontinental) Diversas inclusiones en los mejores quintetos de cada temporada y mvps semanales o mensuales. Jugadas para el recuerdo y canastas ganadoras en una evolución imparable hasta convertirse en el jugador más decisivo de Europa (ahí entraría en debate con Nando De Colo) y el sucesor de los Navarro o Spanoulis como ese tipo de baloncestista competitivo y ganador, por no recordar que sigue siendo el europeo fuera de la NBA más deseado por la liga profesional estadounidense (¿alguien duda que no encajaría como un guante en los actuales Houston Rockets de Mike D’Antoni?)  


A sus 29 años ya nadie duda que Llull es uno de los jugadores históricos del baloncesto madridista, español y europeo. Una página legendaria de nuestro deporte que todavía no ha escrito sus últimas líneas.   




...a devorar títulos con el Real Madrid.




Finalizamos con una estadística evolutiva de las diez temporadas de Llull como madridista en las distintas competiciones, observando los que consideramos datos más relevantes para un jugador de su perfil. Esto es, puntos, porcentajes de tiro, y asistencias.  




LIGA ACB EUROLIGA COPA SUPERCOPA INTERCONTINTENTAL
2006-07 0,1 pts/0,4 as  0% TC 50% TL
2007-08 2,7 pts/1,4 as  42% TC 71% TL 2,3pts/0,9 as 37% TC 78,9% TL 2 pts/1 as. 0% TC 100% TL 4 pts/1 as 50% TC
2008-09 8,6 pts/2,6 as  43,6% TC 82% TL 6,9 pts/2,2 as 46,8% TC 92,6% TL 6 pts/3 as. 12.5% TC 75% TL
2009-10 11,1pts/2 as 49% TC 82% TL 9,5 pts/ 2 as 52,1% TC 72,4% TL 15,6 pts/1,6 as. 48,2% TC 85%TL 6,5 pts/3 as 28,5% TC 90% TL
2010-11 12,3 pts/2,8 as 42,6% TC 81% TL 11,9 pts/3 as 40,6% TC 84,1% TL 7 pts/2 as. 38,8% TC 100% TL 4 pts/2 as 11,1% TC 50% TL
2011-12 10,3 pts/3,8 as 41,9 %TC 69% TL 7,4 pts/3,2 as 42,7% TC 71,9% TL 16 pts/5 as 52,9% TC 80% TL 12 pts/4 as 28,5% TC 67% TL
2012-13 11,6 pts/2,8 as 47,3% TC 71% TL 10,4 pts/3,2 as 40% TC 78,1% TL 23 pts/4 as 33,3% TC 75% TL 13,5 pts/1,5 as 62,5% TC 83% TL
2013-14 13,8 pts/3,7 as 47,8% TC 86% TL 11,4 pts/ 4,1 as 46,6% TC 79,6% TL 9 pts/3,3 as 44% TC 100% TL 8,5 pts/3,5 as 60% TC 
2014-15 12,3 pts/3,4 as 45,5% TC 86% TL 10,4 pts/5,8 as 43,8% TC 82,1% TL 10 pts/4,3 as 42,8% TC 100% TL 18,5 pts/4 as 77,7% TC 50% TL 19,5 p/6 a 44,8% TC 85,7%TL
2015-16 12 pts/4,8 as 45% TC 81% TL 12,8 pts/4,6 as 37,8 %TC 80,7% TL 9,3 pts/5 as 40% TC 100% 8 pts/3 as 30% TC 50% TL
2016-17 16,1 pts/5,3 as 44,3% TC 79% TL 16,4 pts/5,9 as 41,5% TC 85,2% TL 22,3 pts/6,3 as 41% TC 100%TL 27 pts/2 as 55,5% TC 100% TL

jueves, 6 de abril de 2017

LA IGUANA QUE VENCIÓ A LAS SERPIENTES







Once años han tenido que pasar para poder ver de nuevo al Club Baloncesto Málaga, el Unicaja, levantar un título. En la primavera de 2006 Sergio Scariolo llevaba a los malagueños a ganar su primera (y hasta el momento única) liga ACB. Eran los mejores momentos del baloncesto de la capital de la Costa del Sol, con un equipazo comandado por Carlos Cabezas, Walter Herrmann y Jorge Garbajosa. El año anterior se había conseguido la Copa del Rey, y cinco años antes la extinta Copa Korac. El Unicaja se instalaba entre los grandes del baloncesto nacional y casi europeo, y creaba unas expectativas para el futuro y rodeaba al club de un nivel de exigencia que en muchas ocasiones ha propiciado que el nivel de análisis con el trabajo realizado no haya sido justo. Recordemos que hablamos de una grada, la del Martín Carpena, que llegó a abuchear a Aíto García Reneses cuando fue entrenador de los malagueños.


Joan Plaza no lo ha tenido fácil. Criticado por el sector más futbolero de la prensa deportiva (encabezado por grandes “entendidos” en baloncesto como Antonio Merchán, ejemplo de aficionado metido a periodista que vive en una constante insatisfacción atizando a diestro y siniestro a cualquier entrenador que se siente en el banquillo de La Rosaleda o el Carpena, como si los títulos los regalasen en los kioskos y fuese obligación del club andaluz llenar las vitrinas de ellos año tras años), ha mantenido al Unicaja en un digno segundo peldaño del escalafón ACB, siempre detrás de Madrid y Barcelona, pero peleando con Baskonia y Valencia. En sus cuatro temporadas como entrenador malagueño ha metido tres veces al equipo en la fase final de la Copa y en otros tantos play offs por el título (este año parece casi seguro que irán por el cuarto), siendo semifinalistas en dos ocasiones y a punto de dar la campanada y eliminar al Barcelona en 2015 (aquel triple decisivo de Navarro en el quinto partido) En Euroliga estuvieron a un partido de meterse en cuartos de final en la primera temporada de Plaza, y aún es reciente el recuerdo de la increíble primera vuelta en la segunda, y el record de imbatibilidad como local. Pero todo eso no bastaba (ya saben, los de la Play Station) y Plaza siempre ha sido mirado con lupa por gran parte del entorno malagueño. 


Es cierto que manejando buenas plantillas en ocasiones ha faltado regularidad en el trabajo malagueño. Una regularidad que parece haber llegado en esta temporada en la que bajan un peldaño en competición continental, evidenciando la dificultad de jugar Euroliga y ACB a la vez. La Eurocup ha sido más llevadera, hasta el punto de haberla competido (y conquistado) sin perder de vista las primeras posiciones ligueras.


El título ganado ayer tiene aroma épico. Sin Dejan Musli, lesionado y ausente durante la serie final, con factor cancha en contra, entrando once abajo en el último cuarto, y con Alen Omic expulsado por técnica descalificante al mediar en una trifulca entre Nedovic y Rafa Martínez (señal inequívoca de la tensión que se respiraba en el encuentro) Omic, por cierto, había sido aplaudido por la afición de La Fonteta minutos antes cuando en un gesto inaudito de “fair play” corrigió al árbitro en un saque de fondo. El pívot esloveno había sido el último en tocar un balón pero el colegiado no lo advirtió, y el propio jugador le señaló su error. Ganar, sí, pero no de cualquier manera. 


Fuera quien fuera el vencedor anoche sabíamos que la Eurocup se vendría para España. Bien la merecía, tanto como el Unicaja, un Valencia que lleva años haciendo las cosas muy bien y le falta, al igual que los malagueños hasta anoche, dar ese pasito de conquistar un título. Con un entrenador “pata negra” como Pedro Martínez, y un buen núcleo de nacionales (Vives, Martínez, San Emeterio, Oriola), más la experiencia de Van Rossom o Sato, la madurez de Diot (finalmente anoche tampoco pudo jugar), la inteligencia de Sikma, y sobre todo el excelso momento de forma de Dubljevic, el equipo taronja es una de las grandes alternativas al poder establecido practicando un gran baloncesto. Pero es cierto también que nos produce una gran alegría el triunfo de Joan Plaza. Es uno de nuestros entrenadores favoritos y quien sea seguidor de este blog desde sus inicios puede corroborarlo. Estos días he podido comprobar con agrado como Plaza ha dejado huella en el madridismo. La mayoría de aficionados blancos iban con quien fuera entrenador del Real Madrid las tres temporadas anteriores a la llegada de Ettore Messina. Plaza ganó dos títulos para el club de Concha Espina, la ULEB (lo que precisamente ahora es Eurocup) y la liga ACB, ambos en su primer año. Dos títulos en tres temporadas no es un bagaje especialmente exitoso para un club como el Madrid, pero por encima de los resultados el aficionado madridista recuerda con agrado aquel equipo dirigido por Plaza y con jugadores como Raúl López, Bullock, Mumbrú, Hervelle, Felipe Reyes y un joven Llull llegado precisamente a finales de la primera temporada de Joan en el club. Un equipo con el que era fácil identificarse dentro de un baloncesto globalizado en el que hay clubes que cambian más de medio roster de un año para otro. Plaza devolvió la ilusión al aficionado tras varios años de ignominia, y el cariño con el que le recuerdan los buenos aficionados debería incluso engrandecer más la figura del actual técnico, Pablo Laso, con un palmarés que ha demolido todos los registros anteriores hasta su llegada. El madridismo debe cuidar a Laso, igual que el Unicaja debe hacer lo propio con Plaza.



Joan Plaza, un técnico que creció y aprendió al lado de los grandes (especialmente Aíto y Maljkovic) y ahora les puede mirar a la cara. Una lección de fe realizada desde antes que comenzara el partido, cuando el entrenador catalán mostraba a sus jugadores un vídeo documental en el que una iguana sobrevivía al ataque de unas serpientes que estaban a punto de devorarla. Era una metáfora sobre un Valencia favorito y un Unicaja que tendría que luchar al 200%, pero también una metáfora sobre la propia carrera de Plaza, tantas veces discutido pero tantas veces saliendo a flote. 


jueves, 16 de febrero de 2017

EL MELÓN DE BARTZOKAS




¿Qué he hecho yo para merecer esto?



Hay una expresión horticultural muy conocida para referirse al equipo o deportista que llega a una determinada competición siendo incógnita, incapaz el analista de turno de discernir si se trata de un favorito al título o de casi una comparsa, el del “melón por abrir”. No es exactamente el caso del Barcelona de Georgios Bartzokas, quien ya abrió su nuevo melón hace meses, pero sigue sin encontrar donde está el trozo bueno. No ayudan las circunstancias, desde luego, y es que ni en la peor de sus pesadillas el griego podría imaginar una temporada tan negra físicamente para su plantilla. Baste decir que únicamente Ante Tomic, Marcus Eriksson y Alexandar Vezenkov, de la plantilla inicial azulgrana para este curso, no han sufrido alguna lesión durante la campaña, llevándose la peor parte Pau Ribas y Shane Lawal con sus bajas de larga duración. La última calamidad ha recaído en Juan Carlos Navarro, precisamente un jugador con molestias crónicas (la ya famosa fascitis plantar), pero que llegaba a este torneo quizás en el mejor momento de sus dos últimas temporadas, hasta que una inoportuna apendicitis ha venido a dejarle en el dique seco. Una mala noticia para el barcelonismo, pero también para todo amante del baloncesto, ya que hablamos de una leyenda que iba a disputar nada menos que su vigésima edición de la Copa del Rey. Desde los despachos azulgranas han tratado de enderezar el rumbo sobre la marcha, con las llegadas de Faverani, Diagné y Alex Renfroe, pero el base con pasaporte bosnio no ha tardado en visitar la enfermería del club barcelonés, por lo que han echado mano de otro fichaje de última hora, Xavier Munford. Parches para una máquina que en ningún momento ha podido funcionar a pleno rendimiento, condición que en cierta manera puede hacer más peligrosos a los azulgranas, llegando como tapados a una cita en la que con Xavi Pascual eran especialistas en competirla hasta el final independientemente del nivel que estuviesen demostrando hasta ese momento. Un espíritu competitivo evidenciado más que nunca en la edición de 2013, curiosamente también disputada en Vitoria, cuando el equipo liderado por Pete Mickeal (MVP de aquel torneo) hizo morder el polvo al Real Madrid de Laso (único partido perdido por el vitoriano como entrenador madridista en Copa) en un monumental encuentro resuelto tras dos prórrogas. Después de aquello dos exhibiciones ante Caja Laboral (actual Baskonia) y Valencia les consagraron como campeones. Nadie lo hubiera podido imaginar con un equipo que llegaba cuarto clasificado en la liga con un pobre balance de 12-8, 7 derrotas más que el Real Madrid. Eran otros tiempos y en el banquillo mandaba un hombre de la casa que sabía gestionar perfectamente las crisis de su equipo, un Xavi Pascual quien a pesar de las críticas siempre llevaba algún título a las vitrinas blaugranas. Críticas que se acrecentaron cuando la llegada de Pablo Laso al banquillo del eterno rival dejó al descubierto que con otros estilo de juego, más generoso con el espectáculo, los títulos podían llegar. Finalmente el exiguo bagaje de una Supercopa en dos temporadas significó la salida de Pascual y el comienzo del nuevo y hasta el momento accidentado proyecto de Bartzokas. Por tanto el griego se encuentra realmente manejando un equipo que es incógnita, ya que parece difícil ver a los azulgrana ganar tres partidos exigentes seguidos, y más con las últimas lesiones de Navarro, Doellman y Oleson (estos dos últimos duda hasta el comienzo del torneo), pero nadie debe dudar de la capacidad competitiva y el espíritu ganador de los culés, y que precisamente están ante su gran oportunidad de reivindicarse. De mirarse a los ojos en el vestuario y conjurarse para ganar tres partidos consecutivos que salvarían su temporada. Su primera piedra de toque no es fácil, ya que el siempre irregular Unicaja parece haber alcanzado justo ahora su mejor momento de forma. Joan Plaza ha conseguido ser respetado en una plaza exigente como la de Málaga, que asume ya que sus días de pelear por títulos ya han pasado. No obstante los malagueños necesitan una alegría en un torneo que no se les da nada bien en los últimos años y en el que particularmente Plaza no ha encontrado tino (ha dirigido doce partidos entre sus temporadas en Madrid, Sevilla y Málaga, y sólo ha salido vencedor en cinco de ellos) Dicho de manera más clara, el Unicaja siempre decepciona cuando llega la Copa. Veremos si este curso son capaces de doblegar a un rival con muchas ausencias gracias a la mejor versión de jugadores como Kyle Fogg, Carlos Suárez, Dejan Musli, Dani Díez, el emergente Alberto Díaz, o sobre todo un Nemanja Nedovic de dulce (16.4 puntos y 5 asistencias por partido en sus últimos cinco choques ACB), argumentos todos estos que por sí solos hablan de un equipo que podría incluso levantar el título sin que ello debiera suponer una gran sorpresa. Al Barcelona ya le ganaron en el Carpena, 95-89, y sin Nedovic, pero con un monumental Kyle Fogg, autor de 29 puntos en aquel partido. 




Pero antes de este partido Valencia y Herbalife Gran Canaria ya habrán dirimido su duelo de cuartos de final. Como curiosidad, es el único enfrentamiento de esta Copa en el que ambos contendientes ya se han enfrentado en sus dos partidos ligueros, y en ambos mandó el Valencia. El partido más cerebral, el duelo de entrenadores, el de dos tipos de baloncesto similares buscando minimizar sus propios errores. Posiblemente sea el partido con menos puntos de toda la Copa.



martes, 14 de febrero de 2017

CON UN OJO EN LA COPA



Qué duda cabe que la última jornada de la Liga Endesa, la cual pasamos a analizar en esta entrada, viene marcada por la inminente celebración de la final a ocho de la Copa del Rey en Vitoria. Eso pareció notarse en los partidos de dos de los favoritos, Real Madrid y Baskonia, los primeros cayendo en Málaga ante el Unicaja de Joan Plaza, los segundos sufriendo más de la cuenta ante el débil Río Natura Monbus. 

Pablo Laso volvió a reservar en liga a Gustavo Ayon, y el líder mordió el polvo frente a un enorme Unicaja (6º, 13-7), que llega así reforzado a la cita copera con un gran estado de forma especialmente centrado en Nedovic y Brooks, 41 puntos, 11 rebotes y 6 asistencias entre ambos. Y si de estados de forma hablamos, ojo al de Anthony Randolph, el mejor de los madridistas con 18 puntos y 11 rebotes. Los de Laso pese a todo siguen en lo alto de la tabla con balance 15-4. 

Respecto al Baskonia, Sito Alonso no contó con Diop ni con Shane Larkin, aquejados de problemas físicos y con quienes espera contar en la Copa. El Obradoiro a punto estuvo de aprovechar las ausencias locales en un duelo disputadísimo resuelto con una canasta ganadora de Beaubois a doce segundos del final que los gallegos, por medio de McConnell, no pudieron contrarrestar en su siguiente posesión. Adam Hanga, otro de los hombres a seguir en la Copa, se marcó un partidazo con 22 puntos, 7 rebotes y 4 asistencias mientras que Shayne Whittington se fue a los 26 puntos y 7 rebotes. El resultado deja a los vascos en quinta posición y balance 14-6 y al Obradoiro todavía en líos, 16ª plaza y balance 5-15. 

En el duelo insular el Herbalife Gran Canaria (7º, balance 12-8) se impuso a domicilio al Iberostar Tenerife, segundo clasificado con balance 15-5. Los de Luis Casimiro volvieron a hacerse fuertes en defensa, negando el aro al rival (pobre 4 de 25 en triples por los locales) Sólo Fran Vázquez rindió a un buen nivel con 12 puntos, 8 rebotes y 3 asistencias, mientras que Kuric con 15 tantos y Aguilar con 11 más 5 rebotes fueron los mejores por los visitantes. La buena noticia para los de Vidorreta es que esperan recuperar a Richotti para la Copa. 

El Valencia (3º, 14-5) parece llegar en un gran momento a Vitoria, después de sus dos victorias consecutivas en casa, la última de paliza ante el Tecnyconta Zaragoza (12º, 7-13) Partido muy completo de Fernando San Emeterio, autor de 8 puntos, 4 rebotes y 7 asistencias, y máxima anotación de los locales para Luke Sikma con 16 puntos en apenas los mismos minutos, aunque del partido el mayor encestador fue Stevan Jelovac con 20 puntos (además de 6 rebotes)  

El Bracelona (4º, 4-5) se toma un respiro a costa del colista ICL Manresa (3-17), con una buena exhibición triplista (11 de 24 desde la línea) en la que sobresalió Marcus Eriksson con sus 21 puntos (y 5 de 9 en triples) 

Duelo entre aspirantes a play offs el vivido en Bilbao con los locales (9ª posición, 10-10) derrotando a un Fuenlabrada décimo con registro 9-11. En lo individual, destacaron Ivan Buva por el bando local (12 puntos y 9 rebotes) y Ian O’Leary por los visitantes (18 puntos y 5 rebotes) 

Valiosa victoria del Estudiantes (11º, 8-12) en su visita a Sevilla ante el Betis (13º, 7-13) para seguir soñando con play offs. Exhibición del de siempre, y es que Edwin Jackson se fue hasta los 23 puntos, 3 rebotes y 5 asistencias.

Poco parece haber durado el “efecto Katsikaris” en Murcia, ya que los universitarios del UCAM volvieron a sumar una nueva derrota, este vez en su visita a Badalona, una cancha más difícil de lo que la situación en la tabla de los verdinegros parece indicar. Bogdanovic casi sobre la bocina apuntilló a un equipo visitante que logró remontar en el último cuarto pero le faltó rematar. Campazzo recuperó su mejor versión (22 puntos, 7 asistencias, 2 rebotes y 2 robos) y Sergi Vidal volvió a ejercer liderazgo verdinegro (16 puntos, 4 rebotes y 5 asistencias) Ambos equipos presentan idéntico balance (6-14), pero un mejor average sitúa a los de Katsikaris decimocuartos, mientras que los de Casimiro permanecen un puesto por debajo.    

Esta jornada descansó el Andorra, octavo clasificado con balance 10-9.   






Hanga es el gran argumento baskonista para la Copa.




EL QUINTETO DE LA JORNADA:

FACUNDO CAMPAZZO (2) (MURCIA): 22 pts, 2 rebs, 7 asists y 2 robs. 25 valor.
EDWIN JACKSON (9) (ESTUDIANTES): 23 pts, 3 rebs y 5 asistencias. 31 valoración.
ADAM HANGA (BASKONIA): 22 puntos, 7 rebts y 4 asistencias. 34 valoración.
ANTHONY RANDOLPH (2) (REAL MADRID): 18 pts, 11 rebs y 2 robos. 27 valor.
SHAYNE WHITTINGTON (2) (OBRADOIRO): 26 puntos y 7 rebotes. 33 valoración.


ENTRENADOR:

JOAN PLAZA (UNICAJA)



EL QUINTETO DE LA TEMPORADA: 

FACUNDO CAMPAZZO (7) (MURCIA): 14.9 pts, 6.1 asists y 2.8 rebs. 15.8 valor.
SERGIO LLULL (7) (REAL MADRID): 14.9 pts y 6.1 asistencias.. 17 valoración.
EDWIN JACKSON (13) (ESTUDIANTES): 22.8 pts, 3.8 rebs y 3.2 asists. 23.1valora.
GIORGI SHERMADINI (14) (ANDORRA): 14.8 pts, y 7.8 rebotes. 21.1 valoración.
ANTE TOMIC (18) (BARCELONA): 13.5 pts, 7.3 rebts y 2.2 asists. 21.4 valoración.


ENTRENADOR:


PABLO LASO (13) (REAL MADRID)



miércoles, 24 de febrero de 2016

ESE SEÑOR GORDO Y CALVO QUE CAMBIÓ LA HISTORIA RECIENTE DEL REAL MADRID




La sonrisa del madridismo




Aquella Primavera de 2003… acababa de cumplir 30 años, imagínense la depresión que llevaba encima de mis huesos. Pero era Primavera y el sol seducía anticipando el verano. Se acercaban los play offs por el título en la máxima categoría nacional de mi deporte favorito. Otra de esas cosas buenas que nos trae la Primavera. El aficionado madridista había vivido una vez más una eterna temporada ilusionante finalizada de manera abrupta el 17 de Mayo en el pabellón Barris Nord de Lleida. La apabullante derrota por 85-69 confirmaba las horribles expectativas que llevaban tiempo fraguándose en la sección baloncestística del club blanco: por primera vez en su historia quedaban fuera de la lucha por el título. Tocando fondo. 


La décima posición con la que aquel Real Madrid de Javier Imbroda finalizaba la liga regular significaba un hito negativo en un club que llevaba años a la deriva, y que tardaría tantos años o más en encontrar de nuevo su sitio en la elite del baloncesto nacional y europeo. No veníamos (y permítanme que mi discurso sea ya desde la subjetividad de aficionado madridista) precisamente de nuestra mejor época. Habría que remontarse a nada menos que mediados de los años 80 para encontrar un Real Madrid hegemónico. Dense cuenta de que hablamos de nada menos que 30 años atrás. A finales de aquella década de los 80 comenzaría el transitar en el desierto del otrora laureado club blanco. Y ciertamente es difícil culpar a nadie en aquel inicio negro, ya que en realidad parecía una broma macabra del cruel destino cebándose con la entidad madridista en su sección baloncestística. No exageramos un ápice, ya que hablamos de fallecimientos, como los de Mariano Jaquotot, vicepresidente y hombre de confianza de Ramón Mendoza para el balonceto, en 1994, y por supuesto el terrible golpe que sacudió a toda la familia madridista con el accidente mortal que costó la vida de Fernando Martín a finales de 1989, convertido, desgraciadamente, en máximo icono blanco a partir de entonces. Era la temporada 1989-90, que había comenzado con la fuga de Drazen Petrovic a la NBA, un Petrovic que años más tarde también fallecería en accidente de tráfico cuando se encontraba en el mejor momento de su carrera vistiendo la camiseta de los Nets de New Jersey. Años negros en los que veíamos a Rafa Rullán llorar la muerte súbita de su hijo de tan solo 15 años y jugador del equipo cadete del club blanco, fallecido repentinamente antes de comenzar un partido. Una desgracia que parecía prolongarse hasta 1997 cuando Alfonso del Corral perdía también a su vástago al caer sobre su cabeza la puerta de una cochera. En el banquillo blanco asistíamos con tristeza al imponente golpe de ver a Ignacio Pinedo sufrir un fulminante infarto en el Palacio de Los Deportes en partido de Korac ante el Clear Cantu en Marzo de 1991. Un histórico de nuestro baloncesto (las dos primeras ligas que ganó el Real Madrid fueron con él en el banquillo) que fallecería cinco meses después tras no superar el profundo coma en el que le dejó la parada cardiorespiratoria. Los aficionados se acordarán también de un alero americano que pasó por nuestro equipo en aquellos difíciles años, Anthony Frederick. Fue en la temporada 1989-90, uno de los muchos años “en blanco”, sin títulos, para nuestro club (en realidad ganamos un título muy menor como era la Supercopa de Europa, en su última edición, y sin necesidad de disputarla ya que el rival, KK Split, decidió no comparecer… a día de hoy de hecho la FIBA no reconoce como oficiales los títulos de Supercopa, disputados únicamente en aquellos años 80) El pobre Frederick fallecería de un infarto en 2003 cuando siquiera había cumplido 40 años de edad. 


Leyenda negra del Real Madrid, fueron años de confabulaciones del destino que hundieron en la desgracia al baloncesto madridista. Tocaba levantarse, como corresponde a una gran entidad deportiva, pero lo cierto es que comenzó una época ignominiosa en la que se iniciaban proyectos que apenas duraban y el club no conseguía la estabilidad necesaria para volver a ser referente en el baloncesto continental. Si no se puede culpar nada más que al destino y a sus crueles golpes lo anteriormente narrado, lo cierto es que en las calamidades posteriores si tuvieron culpa por igual directivos erráticos, entrenadores incapaces, y jugadores profesionales desmotivados. Es cierto que se ganó algún título de manera esporádica, pero sólo a principios de los 90, con Clifford Luyk (quien por cierto también perdió un hijo en 2008), el equipo asemejaba sensación de proyecto estable. El fantástico ex –jugador madridista, quien había sido ayudante de Lolo Sainz y técnico de categorías inferiores, se hacía cargo del equipo en 1991 tras la dimisión del incomprendido George Karl (todo un mito en la NBA, e injustamente tratado en España) Luyk se estrenaba con la Recopa en 1992, con la célebre canasta de Ricky Brown tras robo a Fassoulas. La temporada siguiente haría doblete (Liga y Copa), y en su último curso repetiría con el título liguero. En dos temporadas y media Luyk dejaba en las vitrinas blancas dos ligas, una copa y una recopa de Europa. No estaba nada mal, y además tengo el recuerdo de que aquel Madrid de Luyk practicaba un baloncesto bastante agradable de ver. Pero a los dirigentes blancos, con Ramón Mendoza al frente, tan acostumbrados a creer que se gana sin bajarse del autobús y no saber valorar el trabajo de sus hombres, les parecía poco. Era el Madrid de Sabonis y aunque el equipo volvía a mandar en competiciones domésticas, Europa era el objetivo. Dolía especialmente la Final Four perdida con el Limoges de Maljkovic, un equipo muy inferior en calidad pero que a base de marañas tácticas, defensa, y las muñecas de Dacoury y Young, se había convertido en campeón de Europa en 1993. Al año siguiente el Joventut de Obradovic, a la postre campeón con aquel triple de Corny Thompson (esas copas de Europa que se ganaban sin siquiera anotar 60 puntos, de hecho el Joventut anotó 59), se cruzó en el camino continental de Luyk. Mendoza lo tenía claro, para volver a mandar en Europa había que fichar a Obradovic, independientemente de su personalidad, estilo, o capacidad de adaptación a nuestro basket. El nombre por encima del hombre. 


Si el gran objetivo de Zeljko era el cetro europeo, no cabe duda de que se consiguió con la Copa de Europa de 1995. Por lo demás su paso por el Real Madrid no ofrece nada más allá que la Recopa de 1997. No se gana ningún título nacional. Es más, ¡sólo se llega a la final liguera de 1997! En Copa no se llega ni al último partido, y en ACB, exceptuando esa final del 97 perdida con el Barça, en el 96 no se pasa de primera ronda de play offs (eliminados por el Caja San Fernando) y en el 95 el Barcelona nos apea en semifinales. Y hablamos de unas plantillas las de aquellos años en las que formaban jugadores como Sabonis, Arlauckas, Bodiroga, Savic, Herreros… y un tal Pablo Laso. El recuerdo de la Copa de Europa de 1995 ha sido durante muchos años demasiado imponente, pero echando la vista atrás con objetividad, el periodo Obradovic no fue ni mucho menos esplendoroso (y en ningún caso aguanta la comparación con la era actual), además de ser un equipo que practicaba un baloncesto excesivamente lento y especulativo, en aquellos años de imposición de aquel tipo de juego tan nocivo para el disfrute del aficionado.     




Bodiroga, los años de la frustración



Obradovic no es renovado y se marcha a la Benetton dejando entrever ya cierto desastre en el baloncesto blanco (le impusieron en la primera plantilla al hijo del entonces presidente, Lorenzo Sanz, en un caso de nepotismo nunca visto en el club blanco) y comienza otro transitar en el desierto. Se pone al frente de la nave Miguel Angel Martín. “El Cura” era un personaje conocido en el mundo del baloncesto por su buen trabajo en el Estudiantes y el Real Madrid le había contratado como secretario técnico. Su paso por el banquillo blanco es un desastre, malos resultados, mal juego, enfrentamiento abierto con jugadores (Arlauckas, Antunez, Mijailov, Mike Smith…) y la afición dando la espalda al equipo (apenas 3000 espectadores en partido clave de Euroliga ante el Efes Pilsen… Laso está metiendo más de 10000) A finales de Febrero del 98 es destituido y su segundo, Tirso Lorente (fallecido en 2012), se hace cargo de un equipo que cae en semifinales ACB ante el sorprendente TDK Manresa que se proclamaría campeón liguero. Se vuelve a recurrir a Luyk al año siguiente, quien tampoco gana nada. Dos años en blanco. 


Llega Scariolo, entrenador italiano cuyo trabajo en Vitoria no había pasado desapercibido, llevando al entonces TAU a la final ACB en 1998 y a la conquista de la Copa del Rey en 1999. La cosa empieza bien con la liga conquistada en el 2000 en el Palau Blaugrana, muy meritoria ya que aquel roster madridista era una cosa bastante de andar por casa (Djordevic, buenos nacionales como Herreros y los hermanos Angulo, y poco más, frente a los Dueñas,De La Fuente,  Retnzias, Gurovic y los jóvenes Navarro y Pau Gasol) No volvió a ganar nada. Finalista copero y liguero en 2001, en 2002 ni siquiera logró llevar al Madrid a ninguna final. Era la peor temporada de la historia del club blanco (hasta el momento, porque en 2003 aún logramos superarnos) En medio todo el lío Herreros, de quien Scariolo se quería deshacer a toda costa (hubiera sido un error, como se demostró en la liga ganada en Vitoria años después) Eran ya los tiempos de Florentino Pérez, quien lejos de dar estabilidad a la sección de baloncesto lo convertía en un hervidero de agitación constante. 


Si el periodo Scariolo dejó que desear con sólo una liga en tres temporadas, lo peor estaba por llegar. En efecto, aún se podía caer más bajo, y todo ello con esa fastuosidad florentiana y megalómana en la que el trabajo del día a día apenas logra sobrevivir y se busca el éxito a toda costa, cueste lo que cueste, sin reconocer que el éxito significa primero recorrer un camino. 


Comienzan los palos de ciego. La infausta temporada de Imbroda, ya mencionada al comienzo de esta entrada. El argentino Julio Lamas, con otro curso para el olvido, y el esporádico éxito de Bozidar Maljkovic. Boza, técnico experimentado y con personalidad, se trae del Unicaja a Bullock y Sonko y monta un equipo bastante competente con jóvenes fichajes como Hervelle o Gelabale y un jugador destinado a hacer historia como Felipe Reyes. No obstante el juego no acaba de convencer. ¿De verdad alguien veía a Sonko como play-maker? El equipo es un desastre en Europa, pero a esas alturas los aficionados ya estábamos acostumbrados y simplemente una presencia en una Final Four parecía una quimera. Por ello la liga de 2005, con aquel increíble final en Vitoria y el triple de Herreros supo a gloria.      




Herreros, de jubilado con Scariolo, a héroe con Maljkovic



Finalmente la época Malkjovic acaba en 2006, con una liga en dos temporadas. Ese fue todo el botín. Tras muchas especulaciones e infructuosos contactos con técnicos cuya respuesta era negativa (lo que habían cambiado las cosas para que la mayoría de entrenadores dijesen “no” al Real Madrid), la directiva presidida entonces por Ramón Calderón tomaba una decisión controvertida y arriesgada. Se decidía otorgar confianza a un joven entrenador sin experiencia como primer técnico, pero con amplio bagaje como ayudante, conociendo de hecho la casa como segundo de Maljkovic. Joan Plaza llegaba avalado por, entre otros, un Aíto García Reneses que había rechazado la oferta de dirigir al Real Madrid, consciente de la dificultad de poder madurar un proyecto a largo plazo en tan esquizofrénico club. Aíto dice no al Madrid, pero no duda en recomendar a quien fuera segundo suyo en el Joventut. La apuesta por el técnico novato sale bien, y el Madrid de Plaza suma un doblete en su primera temporada, Liga y Copa ULEB, sólo resitiéndosele la Copa del Rey en la que cae en la final ante el Barcelona. Es una gran temporada para el club blanco, no sólo por los resultados, sino porque Plaza transmite sensaciones positivas, de baloncesto comprometido, sacrificado en defensa y alegre en ataque. Es un Real Madrid mucho más reconocible e identificable para el aficionado, basado en el núcleo formado por Raúl López-Bullock-Mumbrú-Hervelle-Felipe Reyes, auténtica guardia pretoriana de Joan Plaza. Por cierto, a mediados de aquella temporada se produce un fichaje destinado a cambiar el rumbo del baloncesto blanco. Un jovenzuelo llamado Sergio Llull, base suplente de Sergio Rodríguez en la selección junior campeona de Europa en 2004, recalaba en el equipo desde Manresa. Apenas jugó once minutos en el total de los play offs por el título, pero las imágenes de su exacerbada alegría celebrando aquel título liguero intuían que el Madrid había fichado a un ganador nato.  El entrenador por su parte se gana crédito suficiente para un siguiente curso en el que la gran ambición es la Euroliga, empresa que aún queda lejana y el equipo cae en el Top 16 quedando por detrás de Maccabi Tel Aviv y Olympiacos. Es la temporada del famoso partido en Vistalegre ante el Maccabi en el que Plaza, con tres arriba y posesión israelí, ordena defensa y no falta personal, clavando Halperin un triple letal que lleva el partido a la prórroga, donde el Maccabi se impondría. Una jugada que dejó muy señalado a Plaza y que incluso originó un debate en la revista Gigantes con una encuesta a distintos técnicos ACB sobre que se debería hacer en esa situación. En Copa del Rey el equipo caía en semifinales ante aquel fantástico Joventut de Rudy Fernández, Ricky Rubio y Aíto, que se proclamaría campeón de aquella edición copera. El gran descalabro llegó en liga. Después de una gran temporada regular (primera posición con 29-5 de balance y Plaza elegido Mejor Entrenador del curso), el emparejamiento con el Unicaja fue un regalo envenenado. Carlos Cabezas acababa de recuperase de una lesión, su ausencia había sido clave para entender que los malagueños, con un gran equipo (Cabezas, Berni, N’Dong, Welsch, Jiménez) estuvieran tan abajo en la tabla. Liderados por el base internacional y un estratosférico N’Dong jugando por encima del aro, el Unicaja eliminaba a los blancos en primera ronda de play offs, y Scariolo se cobraba venganza del Real Madrid. Plaza quedaba muy tocado, pero Calderón, hombre de más paciencia que su antecesor y sucesor Florentino Pérez, seguía confiando en él. En Euroliga se accedía por fin a cuartos de final (después de arrollar en el Top 16 al Maccabi, en cumplida venganza de lo sucedido el año anterior), pero la segunda plaza por peor average que el Barcelona (ambos con balance 5-1) le emparenta con el Olympiacos con factor cancha en contra. Los griegos no fallan en casa e incluso cierran la serie en Madrid en el cuarto partido. La Final Four sigue siendo un sueño. En casa, el Barcelona nos vence en cuartos de final de Copa, y el Baskonia en semifinales de Copa. Plaza parece haber agotado el crédito, y máxime con el retorno de Florentino Pérez y  de nuevo sus aires megalómanos. El balance de Plaza finalmente es de dos títulos en tres temporadas. No es gran cosa visto así, pero hay que reconocer que devolvió ilusión al aficionado y que Vistalegre solía hacer buenas taquillas. Poco duró la capacidad ganadora del equipo de Plaza, pero lo recuerdo como un Madrid agradable de ver y de seguir y con el que como aficionado me resultaba fácil identificarme. Supongo que ayudaba el hecho de que se hacía patente el liderazgo de nuestro gran capitán, Felipe Reyes. Un Felipe al que algunos empezaban a querer jubilar, más aún con la llegada del siguiente entrenador. Pronto el cordobés les haría cerrar la boca a todos.  


Florentino y sus sueños de grandeza. Había que conquistar Europa de nuevo. Ettore Messina era el elegido, quien había conquistado cuatro cetros europeos (dos con el Bolonia y otros tantos con el CSKA Moscú) De nuevo el nombre por encima del hombre, recordando la contratación de Obradovic, sólo que en esta ocasión no se conquistó Europa. De hecho los dos años de Messina, finalizados de manera abrupta con la espantada del siciliano dejando el equipo en manos de su segundo, Lele Molin, significan la última etapa negra del baloncesto madridista. 


Con Ettore llegó además un ex –director deportivo del Barcelona como Antonio Maceiras, provisto además del glamour y prestigio de haber sido asesor de nada menos que los San Antonio Spurs de Gregg Popovich. Florentino debía pensar que como por arte de magia la sola presencia de Messina, a pesar de su desconocimiento de nuestro baloncesto, garantizaría el éxito. Nada más lejos de la realidad. Los datos son abrumadores. 18 fichajes, 58 millones de euros dilapidados, y 0 títulos (e insultantes meneos que nos daba el Barça de Pascual cada vez que lo teníamos delante) Demolición absoluta del núcleo duro de Plaza, que había sido campeón dos años antes. Raúl López y Mumbrú tienen que hacer las maletas, a Hervelle se le aparta del equipo, y Bullock y Felipe Reyes (un Felipe que venía de ser MVP de temporada regular) son condenados al ostracismo. Especialmente injusto es el caso del capitán, ya que muchos aficionados por seguidismo al fulgor del brillo del nombre de Messina, se portan de manera cruel con Felipe, al que acusan de cáncer del equipo. Una vieja historia que se suele repetir con los jugadores más entregados al madridismo en ambas secciones, fútbol y baloncesto. Llegan veteranos en dudosas condiciones físicas (Garbajosa, Hansen), y alguno aunque está a tope (el vigoroso Kaukenas) no se entera de nada. Un Madrid frío, apático, lento y aburrido. El segundo año de Messina, sin embargo, las cosas se hacen mejor. Se vuelve a cambiar medio roster, en ese eterno complejo de Sísifo que acompaña a la entidad madridista constantemente empezando de cero. Fichajes acertados como Carlos Suárez y Sergio Rodríguez dan un aire más dinámico al equipo, y pese a la espantada de Messina tras perder en casa por 18 puntos ante el Sienna, el equipo accede a su primera Final Four… ¡en 15 años!, un campeón del mundo como Felipe Reyes aseguraba de corazón, tal era su hambre de títulos madridistas, que aquel era uno de los momentos más felices de su carrera. Pero el equipo apenas compite frente al Maccabi Tel Aviv, siendo precisamente Felipe el único capaz de dar la cara en aquella final a cuatro. La eliminación en semifinales ACB ante el Bilbao Basket de ex –madridistas denostados por Messina como Raúl López, Hervelle o Mumbru es la agria guinda al amargo pastel que nos dejaba el entrenador italiano, un técnico magnífico cuyo palmarés habla por si solo, pero ejemplo de que triunfar en un determinado escenario y contexto no garantiza hacerlo en otro diferente. Por otro lado, a diferencia de otros técnicos también exitosos pero más perennes como Obradovic, Messina es un entrenador demasiado fiel a su libro, su querencia por las posesiones largas y el ritmo de juego espeso. El baloncesto madridista, con jugadores como Sergio Llull o Sergio Rodríguez, pedía a gritos velocidad y libertad, conceptos que llegarían con el nuevo entrenador.      




Ettore no lo veía, pero había que correr.



Y llegamos al verano de 2011 en el que el Real Madrid en su sección de baloncesto, una vez más, era Sísifo condenado a escalar la ladera con una enorme roca a cuestas para una vez llegado arriba volver a empezar. Comienza el baile de nombres y el festival de rumores, siendo el italiano Pianigiani uno de los que más fuerza cobra para emprender un nuevo proyecto en la entidad blanca. Junto al actual seleccionador italiano se barajan nombres de mucho fuste como Pesic, Repesa (la alegría de la huerta estos dos), Obradovic, Pedro Martínez, Spahija, y el sempiterno Katsikaris. Seguimos sin saber que tiene el sosías griego de Elvis Costello, pero parece no haber año en el que no se le relacione con el Real Madrid. Finalmente salta la sorpresa. Pablo Laso, magnífico ex –jugador y máximo asistente histórico de la ACB, pero con escaso y nada exitoso bagaje como técnico, es el elegido para reflotar la deprimida nave blanca. Las críticas no se hacen esperar, a Laso se le acusa de llegar al cargo por amistad con Herreros, nuevo responsable deportivo de la sección junto a Juan Carlos Sánchez. La pareja Herreros-Sánchez ha sido totalmente despellejada por gran parte de la afición, que años después ha tenido que tragarse sus palabras. Laso, Sánchez y Herreros construyen un equipo campeón de todo, pero cuando muchos insinúan que este es el mejor Madrid de la historia en calidad individual, para restar méritos el entrenador vitoriano, olvidan todo lo que se decía hace años sobre estos mismos jugadores. Felipe estaba acabado, el Chacho era el “chocho”, Llull no sabía jugar de base, Slaughter no tenía calidad para jugar en el Madrid, Nocioni está viejo, Rivers no daba la talla… y para más inri se dejaba marchar a un pívot dominador como Ante Tomic al eterno rival. Juicios precipitados que, como no podía ser de otro modo, se han estado repitiendo durante el dubitativo comienzo de la actual temporada hasta que la Copa del Rey ha vuelto a demostrar que el proyecto de Laso no ha perdido un ápice de competitividad ni de gen ganador. Pero es que resultados al margen, los cuales son incontestables, el gran triunfo de Laso ha sido el de devolver toneladas de ilusión al baloncesto blanco con un estilo alegre y reconocible. El epítome de ese estilo llegó en 2013 con un juego absolutamente fastuoso, puro relámpago. El Real Madrid era un highlight constante, pero las derrotas en finales de Euroliga (después de apalizar al Barcelona en semifinales en un partido para las videotecas) y Liga ACB, volvieron a cargar de razones a los resultadistas. La imagen de Laso en silla de ruedas expulsado del Palau parecía ilustrar el final del proyecto Laso, bonito y romántico pero nada efectivo. No sé ustedes pero yo aquella temporada lo pasé en grande con el juego del equipo. Es la suerte que tenemos los que vivimos convencidos de que no todo en la vida es ganar. El verano fue turbulento. Sísifo revivido. Katsikaris, ¡sí, Katsikaris!, sonando con más fuerza que nunca y el cuerpo técnico de Laso despedido. Un pulso al técnico vitoriano, ya muy querido por la grada y cuya destitución hubiera sido mal vista por los aficionados que llenan todas las semanas el Palacio, un órdago buscando su malestar, forzando su renuncia. Pero Laso no se rindió y nos ofreció a los madridistas la mejor temporada que podamos recordar, sin el brillo en el juego de la temporada anterior, pero con una combinación de espectáculo (porque también hubo espectáculo) y coraje que nos llevó a ganar todos los títulos en juego, y Laso ganándose para siempre un lugar en el panteón madridista.  


Hay datos absolutamente abrumadores, como el hecho de que cogiendo los 30 últimos años de baloncesto madridista, desde 1986, el club blanco ha conquistado 27 títulos oficiales. 11 de ellos en la era Laso. Dicho de otro modo, en 25 años el Real Madrid se hizo con 16 títulos. En 4 años y medio con Laso ya se han obtenido 11. Si estrechamos más el contexto histórico, vemos que en los últimos 20 años, desde 1996, se han conseguidos 16 títulos, ¡11 de ellos con Laso! Si analizamos los últimos 15 años, la cosecha son 14 títulos, es decir, en los últimos 15 años sin Laso sólo hemos ganado dos ligas (Maljkovic y Plaza) y una ULEB (Plaza), y con Laso todo lo demás. ¿Hay alguien ahí que siga negando la importancia de Pablo Laso en la historia reciente del Real Madrid? 


A continuación ofrecemos un listado de todos los entrenadores oficiales que han pasado por la entidad blanca en su sección de baloncesto por orden cronológico, y el número de de títulos cosechados igualmente oficiales nacionales e internacionales con el club madridista. Que el lector juzgue el lugar que corresponde al vitoriano. 





Ganar, ganar, ganar, y volver a ganar... 





Segundo Braña: 1 temporada. 0 títulos.

Cholo Méndez: 4 temporadas. 0 títulos.

Anselmo López: 3 temporadas. 0 títulos.

Claudio Alonso: 1 temporada. 0 títulos.

José Borrero: 1 temporada. 0 títulos.

Felipe Kaimo Calderón: 1 temporada. 0 títulos.

Freddy Borrás: 4 temporadas. 3 títulos.

Ignacio Pinedo: 4 temporadas. 4 títulos.

Jacinto Ardevinez: 1 temporada. 0 títulos.

Pedro Ferrándiz: 13 temporadas. 27 títulos.

Joaquín Hernández: 2 temporadas. 3 títulos.

Robert Busnel: 1 temporada. 2 títulos
.
Lolo Sainz: 14 temporadas. 24 títulos.

George Karl: 1 temporada y media. 0 títulos.

Wayne Brabender: media temporada. 0 títulos.

Ángel Jareño: media temporada. 0 títulos
.
Clifford Luyk: 3 temporadas y media. 4 títulos.

Zeljko Obradovic: 3 temporadas. 2 títulos.

Miguel Ángel Martín: media temporada. 0 títulos.

Tirso Lorente: media temporada. 0 títulos.

Sergio Scariolo: 3 temporadas. 1 título.

Javier Imbroda: 1 temporada. 0 títulos.

Julio Lamas: 1 temporada. 0 títulos
.
Bozidar Maljkovic: 2 temporadas. 1 título.

Joan Plaza: 3 temporadas. 2 títulos
.
Ettore Messina: 1 temporada y media. 0 títulos.

Lele Molin: media temporada. 0 títulos.


Pablo Laso: 4 temporadas y media. 11 títulos.