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martes, 11 de junio de 2019

SUPERVIVIENTES




No estamos hablando de la Pantoja ni de su infame vástago, ni del resto de vergonzosa y vergonzante recua de la sociedad española, de la cual afortunadamente no conozco ni un solo nombre más allá de la folklorica y su bobalicón hijo technobacaluti. Hablo de unos Golden State Warriors ante los que no cabe otra cosa que rendirse y olvidarse de filias y fobias y “haterismos” (de igual modo que había que hacerlo con los ejercicios de resistencia ofrecidos por LeBron James los últimos años con Cleveland) Un equipo construido para ejercer un dominio autoritario sin parangón en los últimos tiempos, la Armada Invencible de la actual NBA, sólo podía ver naufragar su proyecto por culpa de los incontrolables elementos, que diría Felipe II. Los problemas físicos a los que se ha tenido que enfrentar en estas finales el equipo de un Steve Kerr al que como se suele decir, sólo le falta quedarse embarazado, han sido de todo tipo. Cousins, Thompson, Looney… y por encima de todo Kevin Durant. No había ningún farol ni se trataba de ninguna estrategia. Las informaciones que llegaban desde Oakland (principalmente la ESPN había sido muy clara a este respecto) eran ciertas. Durantula no estaba listo para jugar. El 3-1 con el que Toronto regresaba al Scotiabank Arena ha sido el único motivo por el que el MVP de las últimas dos finales se ha vuelto a vestir de corto arriesgando su físico y su futuro, frente a un verano en el que vuelve a ser agente libre y que podía cambiar la fisionomía de la NBA. El alero de Maryland decidió arriesgar callando a quien le acusaba de falta de compromiso con su actual franquicia, e igualmente arriesgó Steve Kerr sin tener en cuenta las condiciones en las que llegaba su mejor jugador al partido. No había idea de dosificación ni de tenerlo entre algodones, pese a que la entrada de Livingston a 5.50 del final del primer cuarto es el segundo cambio que ordena el entrenador tejano. Descansa un par de minutos y vuelve a pista, donde permanece hasta romperse. En total juega 11.57 minutos de una excelencia tal que merece la pena detenerse en la cronología de los que desgraciadamente han sido los últimos minutos en mucho tiempo para uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.




Durant sale en el quinteto titular, junto a los habituales Curry, Thompson, Igoudala y Green. Los Hamptons Five juntos de nuevo. Cousins como gran damnificado. Kerr apostando de nuevo por el baloncesto sin pívot, el que mejor réditos le ha dado. Con KD y Green como falso juego interior, el de Maryland se emparenta con Siakam. El camerunés comete pasos en su primera jugada ante Durant después de pivotar en exceso ante los inabarcables brazos de su rival que no le ofrecen espacio alguno para encontrar aro en el corazón de la zona, ahí donde Toronto no ha parado de hacer daño en estas series. La importancia de Durantula en defensa perfectamente reflejada en los primeros 15 segundos del partido. Dos triples consecutivos de KD ponen cinco arriba a Golden State. Entre medias comete falta sobre Marc Gasol, demostrando actividad defensiva buscando tanto a Siakam como al español. Es sustituido por Livingston dejando a su equipo con ventaja de tres (19-16) Vuelve a pista con el marcador empatado a 23. Captura el rebote en su tablero al fallo en el triple de Lowry. Se marca un “air ball” pero en la jugada siguiente se desquita sacando falta a Ibaka y anotando los dos tiros libres. Un triple fallado por Norman Powell le permite capturar su segundo rebote que traduce en un triplazo en contrataque. Comete falta sobre VanVleet con quien se encara, después de que el pequeño y bravo jugador de los Raptors intentara penetrarle en la zona. En la primera jugada del segundo cuarto falla su lanzamiento de dos, y posteriormente llega la jugada que hiela la sangre y congela el aliento de todo Oakland. Intentando un reverso ante Ibaka pierde la bola abriéndose de piernas y yendo al suelo, con evidentes gestos de preocupación para un jugador que llegaba a este partido claramente lesionado. La reacción es clara. No puede seguir. Todo el banquillo californiano se teme lo peor, especialmente su entrenador, Steve Kerr, y también un Stephen Curry al que las cámaras captan en el banquillo con su cabeza cubierta por una toalla y gesto funerario, una mezcla de tristeza y frustración en un jugador cuya filosofía de ganar colectivamente por encima de sus propios números fue clave para que en el verano de 2016 Durant pusiera patas arriba la NBA llegando a La Bahía. El alero dejaba el partido con 39-34 para su equipo, pero herido de muerte en lo anímico. La respuesta en la cancha de Curry, como veríamos después, fue sencillamente brutal.



La peor imagen de la noche. Durant lesionado camino del vestuario.



Otro jugador con el que las cámaras se estaban recreando especialmente, aunque por distintos motivos, era DeMarcus Cousins. La gran apuesta frustrada de esta temporada en la franquicia californiana y el gran sacrificado la noche de ayer con el regreso de Durant. Su rostro serio y circunspecto era uno de los principales objetivos de la retransmisión, cuando ya se encarrilaba el segundo cuarto y Kerr seguía sin poner en pista a un cuatro veces All Star. Con el abandono de KD el técnico tejano ordenó un doble cambio, entrando McKinnie y Cousins por Durant y Bogut. El voluminoso pívot de Alabama se convirtió entonces en el ancla de los visitantes, impidiendo que los negros nubarrones que se cernían sobre su equipo al ver encarrilar los vestuarios a Durantula hundiesen definitivamente al todavía vigente campeón. Siete puntos consecutivos de “Boogie” levantaron la moral de las tropas californianas que se vieron once arriba en un abrir y cerrar de ojos. La baja de Durant era un golpe duro, pero no había ninguna razón para pensar que los Warriors no pudieran tener opciones de ganar el partido y seguir vivos en las finales. Los de Kerr se mantuvieron en unas ventajas en torno a la decena de puntos, hasta que el “héroe” Cousins volvió al banquillo (en seis minutos dejó una producción de 9 puntos y 5 rebotes, impresionante) y Toronto aprovechó para ponerse a uno, pero Curry con un triple marca de la casa y Looney en un rebote ofensivo volvieron a abrir una pequeña brecha de seis puntos con la que irse al descanso, mientras que Leonard y Green fallaban sus respectivos intentos triples. 62-56.



Nada sabemos de cómo transcurrió la charla entre Kerr y sus hombres en el vestuario para afrontar una segunda parte en la que ya no había margen de error. Todo lo que no fuera ganar significaría el fin de la temporada y del sueño del “three-peat”. Y lo cierto es que Golden State tuvo una puesta en escena en la reanudación a la altura de un equipo campeón. Los triples de Curry, Thompson e Igoudala estiraban el marcador y una canasta de Looney ponía la máxima diferencia del partido, 14 puntos (77-63) mediado el tercer cuarto. A Nurse no le dio tiempo ni de parar el partido. VanVleet, otro jugador para quien no parece existir la palabra miedo, respondió con un triple para iniciar un parcial de 0-10 que volvía a meter a Toronto en el partido. La fe del pequeño jugador de Illinois dio vida a un equipo en el que Leonard había desaparecido. La estrella de los Raptors sólo pudo sumar un punto desde el tiro libre a su cuenta anotadora, fallando sus tres tiros de campo, además de perder dos balones. Tiene mérito que Toronto se fuera sólo seis abajo (84-78) al último cuarto, después de que Cousins anotase los últimos cuatro puntos de su equipo y siguiese engordando sus cifras.



Kawhi Leonard ya nos tiene acostumbrados a esto. Desapariciones inexplicables para resurgir en los momentos decisivos con exhibiciones tan descomunales como la del último cuarto de este quinto partido. Pero hasta que decidió explotar la batalla se decidía entre unos Golden State encomendados a Curry y unos Toronto que se sostenían por un gran Lowry y un consistente (una vez más) Ibaka. La conexión entre estos dos últimos ajustaba el marcador (92-89) a 8 minutos para el final. El partido ya llevaba minutos instalado en el puro espectáculo que impide pestañear (canastones de Curry, triplazos de Lowry…) Y entonces comenzó el show Leonard. Canasta tras rebote ofensivo al fallo de Danny Green en el triple (92-91) El otro Green, Draymond, responde desde el triple para poner el 95-91. Leonard falla en el siguiente ataque, y Draymond comete dobles por Warriors. Kawhi lo vuelve a intentar y se encuentra con el robo de Igoudala. No enfades a un tipo como Leonard, Iggy. Un triple fallado por Thompson acaba en rebote ofensivo de Kawhi, que corre la contra para encontrar a Powell quien hace el mate de las finales para encender las gradas del Scotia. 95-93. El siguiente fallo de Igoudala acaba con el balón de nuevo en manos de Leonard que anota un triple en contrataque y definitivamente las gradas se vienen abajo… y quedaba mucho más. Estamos 95-96, Toronto recobra el mando y el fallo de Curry lo castiga Leonard con un nueva canasta, esta vez a tabla. 95-98. Green vuelve a anotar para Golden State y Leonard en absoluto éxtasis anotador responde otra vez desde el triple (97-101) Igoudala vuelve a fallar y Leonard a anotar. 97-103 a falta de 3.28 y Toronto que comienza a soñar con el anillo. Curry falla de nuevo y a falta de 3 minutos Nurse pide tiempo muerto. Visto ahora no parece que fuera una decisión acertada el haber parado el partido con Golden State contra las cuerdas a tres minutos para el final. Detengámonos aquí para analizar los últimos minutos de Kawhi Leonard. Anota el 92-91 a 6.54 para el final y su punto número 26 lo consigue a 3.28 de sonar la bocina. En ese intervalo de 3 minutos y 26 segundos el alero de Riverside suma 12 puntos, 3 rebotes y 1 asistencia. Demencial.



Pero como decimos el tiempo muerto de Nurse parece enfriar a la estrella canadiense. Falla su intento de “fadeaway” (buena defensa de Thompson) en el siguiente ataque y el propio Thompson pone el 100-103 con un triple (y una mala defensa de Kawhi)… y aún quedaban más de dos minutos por jugarse. Lowry se queda liberado en la posesión siguiente para lanzar un cómodo triple… que no entra y Curry busca uno de esos triples lejanos tras bloqueo (de Cousins en este caso) que tanto le gustan. No acierta, el balón se queda corto rebotando en el aro pero la bestia de Alabama llega desde atrás para hundir la bola. Los árbitros piden “instant replay” y finalmente anulan la canasta por un “goaltending” que yo sinceramente no veo, ya que en ningún momento DMC toca el aro antes de hacer el mate. Hubiera sido el 102-103 con dos minutos por disputar. Nueva bola para Toronto que acaba con una grotesca pérdida de balón después de que Lowry, casi agotada la posesión, saque hacia fuera un balón imposible para Marc Gasol (decimos Marc porque era el jugador más cercano a esa bola, nos tememos que Lowry no sabía ni a quien pasaba o intentaba pasar), devolviendo la posesión a Golden State. Con casi medio minuto menos, eso sí. Curry hace el típico “carretón” para empatar el partido con un triple tras recibir de Igoudala. Otra de sus especialidades. Partido nuevo y sólo 82 segundos en el crono. El siguiente ataque local pasó, como no, por Leonard. Quedando mínimo tres posesiones no tenía sentido especular con el reloj. Kawhi se la jugó frente a Thompson desde el triple y falló. Tampoco es que fuera precisamente el mejor de los ataques posibles, y menos en un equipo tan dado a la circulación como Toronto. Curry se hizo con el rebote y cruzó la pista al viejo estilo de Golden State, buscando el aro rival antes de que la defensa esté formada. Penetró por la derecha y buscó a Igoudala, quien vio fuera a Green el cual soltó la bola sin bote encontrando a Thompson. La metralleta angelina se zafó de Leonard con una simple finta y… ¡diana! 106-103. Cuatro jugadores, tres pases, dos botes, 15 segundos y un triple. Pura filosofía Steve Kerr. Los Splash Brothers habían resucitado a su equipo con un parcial de 9-0. Como escribía anoche Piti Hurtado en su cuenta de Twitter, estos tíos pueden ganar o perder, pero ya son leyenda. Quedaba poco menos de un minuto y los Raptors buscaron un pick&roll de toda la vida entre Lowry y Gasol. No el “Spain pick&roll” del que hablábamos en la anterior entrada, el cual implica a un tercer jugador de ataque haciendo bloqueo ciego. Ese fue el error. Cuando Marc se fue hacia el aro se encontró emparedado entre Cousins e Igoudala quienes le negaron el camino al aro. Quedaba tiempo al menos para dos jugadas y Nurse ordenó presión a media pista. Funcionó, con Green pisando su cancha una vez que había traspasado media pista ante la defensa de Danny Green. Recuperaba bola Toronto, con Lowry buscando de nuevo a Marc y su bloqueo en línea de triple, pero en esta ocasión no hubo continuación y el base canadiense encaró el aro encontrándose con un Cousins cuyo tapón fue considerado ilegal. 106-105. Sería el marcador definitivo, ya que el propio Cousins cometería una falta en ataque que otorgaba a Toronto una última posesión que podía valer un anillo. La tuvo Lowry desde la esquina en un tiro que parecía librado. Thompson e Igoudala se fueron con Leonard, quien recibió de VanVleet. Curry y Livinsgton no perdían de vista a Green y VanVleet respectivamente, mientras que Draymond Green se quedaba en la zona con Marc Gasol. Una zona por la que cruzó Lowry aprovechando el 2x1 que recibía Leonard para recibir solo en la esquina y ejecutar un tiro al que Green llega lo suficiente como para desviar la trayectoria de la bola. No era una mala decisión, y creo que hay que darle más mérito a la acción defensiva de Green que al error de Lowry, por mucho que el base de Toronto no estuviera acertado en unos minutos finales en los que varios jugadores (Cousins, Leonard…) parecían vivir en un carrusel de desaciertos.



Green, la acción defensiva del partido.




Golden State sigue vivo después de un extraordinario ejercicio de supervivencia. Se aseguran al menos volver a Oakland, despedir el Oracle Arena para siempre y seguir atisbando una remontada épica. Es lo mínimo que se merecen.



El G6 se presenta apasionante, en unas finales con las fuerzas justas y en las que vemos cómo va subiendo el nivel de dureza. Psicológicamente ambas escuadras tienen mucho que rumiar para sus adentros. Toronto tuvo el partido ganado y deben estar dándole vueltas a todo lo que sucedió después de pedir ese tiempo muerto que acabó favoreciendo al rival, pero Golden State estuvo a punto de dilapidar una ventaja de 14 puntos. Igualmente a nivel individual un jugador como Kawhi Leonard después de hacer una exhibición portentosa en tres minutos y medio acaba tomando malas decisiones en ataque y resultando inútil en defensa. ¿Le estará entrando el vértigo a Toronto? Lo mejor para el baloncesto, que sigue habiendo batalla. Lo peor, que perdemos a uno de los mejores jugadores del mundo para todo un año.




Los Splash Brothers no han dicho su última palabra.



lunes, 3 de junio de 2019

CURRY SALTA EL MURO



Conocida es la afición del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de levantar muros que protejan su país de los extranjeros, a quienes responsabiliza de todos los males. Su principal obsesión es México, los mejicanos, y la vía de entrada que también supone el país centroamericano para toda América latina, una zona del planeta sobre la que ya dejado claro su desprecio en más de una ocasión. No sabemos nada de lo que opina del norte del continente y si en el futuro barajará la idea de cerrar fronteras con la vecina Canadá, pero desde Toronto la franquicia de baloncesto de los Raptors ya se ha adelantado levantando un granítico muro táctico y defensivo en el que Golden State Warriors se estrelló una y otra vez en el primer partido de las finales y durante prácticamente toda la primera parte del segundo, precisamente hasta que apareció Stephen Curry para recordarnos que los vigentes campeones siguen vivos, tan vivos que han roto el factor cancha en el segundo partido y vuelven a poner los pronósticos de su lado.  


Quedaban 3.53 para el descanso, con Toronto mandando claramente diez puntos arriba, cuando por fin hizo acto de presencia el astro de Akron anotando su primera canasta en juego del partido (hasta entonces sólo había sumado cuatro puntos, desde la línea de personal, después de haberse sentido indispuesto en el primer cuarto) Un triple, como no, su distancia favorita. Anteriormente el equipo de Steve Kerr se había mantenido en el partido gracias a un gran primer cuarto de Klay Thompson (11 puntos) y a un DeMarcus Cousins definitivamente de vuelta (7 puntos consecutivos en el segundo acto), dando vida a unos Warriors que veían como Leonard tomaba el mando desde el inicio (los primeros cinco puntos de su equipo llevan su firma) castigando las asignaciones individuales de Kerr. Desde Golden State habían admitido que fue un error centrarse tanto en la defensa a Kawhi (varias defensas de 2 contra 1) liberando a jugadores como Siakam o Gasol, por lo que en el segundo choque Leonard se sintió más liberado (acabó con 34 puntos, 11 más que en el G1… pero con un pobre 2 de 9 en triples), pero fue la aparición de Curry la que dinamitó el partido y encendió las esperanzas de los seguidores de Oakland. Con el #30 viendo aro con su habitual facilidad se abría la posibilidad de remontar el partido. Encomendados a Curry para lo bueno y para lo malo, máxime cuando Klay Thompson, mejor jugador de Golden State en el segundo asalto con 25 puntos y 4 triples letales de 6 intentos, abandona la pista lesionado por un tirón en la pierna que le hace ser duda de cara al tercer partido, ya en el Oracle Arena. Curry por tanto protagonista, anotando 19 puntos entre ese momento ya citado en el que anota su primer triple y su última canasta, también de tres puntos, a 40 segundos del final del tercer cuarto y que ponía a Golden State diez arriba (88-78) Descansa al comienzo del último acto (buenos minutos de Quinn Cook en su ausencia) y vuelve a pista a 7.59 para el final sustituyendo al lesionado Thompson. El marcador registraba un 98-91 para los californianos. Los últimos minutos de Curry son un desastre. Pierde un balón por falta de concentración, acto seguido comete una personal que lleva a Lowry a la línea, y finalmente recibe una técnica por lanzar el balón al techo del pabellón protestando una falta señalada a Cousins, episodio que aboca al partido a un final igualado que minutos antes nadie hubiera previsto dada la superioridad de los visitantes. Y ni siquiera mira aro. Curry para lo bueno… pero también para lo malo.  


La descomposición final de Curry permite a Toronto soñar con la remontada.  Leonard aprovecha el tiro libre de la técnica y los dos de la falta de Cousins para poner a su equipo a cinco puntos, posteriormente Draymond Green pierde la bola ante Marc Gasol, y una vez que los árbitros revisan la jugada dan posesión a los canadienses, que aprovechan con un triple de Danny Green (tras dos rechaces ofensivos de los Raptors) para poner el 106-104 con poco más de una posesión por jugarse. Igoudala recibe totalmente solo (en realidad está solo durante toda esa jugada, con Toronto haciendo dos contra uno a Curry) y sentencia desde el triple quedando poco menos de seis segundos. Había una diferencia de unos tres segundos entre el reloj de posesión y de partido, por lo que muy posiblemente otro equipo y otro jugador hubiera especulado todavía más con el crono pese a tener el tiro claro de Igoudala, con tal de dejarle menos tiempo al rival, pero el MVP de las finales de 2015 sabe que este es un deporte de valientes y su triple puso una distancia de cinco puntos ya insalvable y definitiva. Un 109-104 que no obstante no refleja la superioridad de Golden State a partir del tercer cuarto. El plan de Nurse del primer partido le funcionó a la perfección, pero le duró eso, un partido. Toronto volvió a demostrar limitaciones en ataque, pese a la buena circulación de balón hay jugadores muy timoratos ante el aro. Entre Leonard, Siakam y VanVleet (revulsivo desde el banquillo otra vez con 17 puntos) realizan 55 de los 94 lanzamientos de su equipo. La rotación otra vez corta (sólo ocho jugadores… Kerr llega a utilizar a 13, aunque Bell y Evans apenas unos segundos, pero hay once jugadores que si tienen minutos importantes), y el escaso acierto anotador se refleja en las tristes 17 asistencias repartidas por todo el equipo, número bajísimo para un partido de este nivel (simplemente Cousins, desde el pívot, con seis asistencias reparte más juego ayer que todos los exteriores de Toronto juntos) 
  

Golden State Warriors se encuentra ahora ante la posibilidad de sentenciar las finales en casa. Si Toronto no es capaz de arrancar una victoria en el doble duelo en tierras californianas se quedará sin opciones de fallo. Nadie dijo que fuera fácil. Nunca entierres a un equipo campeón. Sin Durant, con Cousins recién recuperado, con Curry indispuesto, con Thompson ausente casi todo el último cuarto, con Looney lesionado… pero el ADN de este equipo histórico sigue siendo ganador. No hay muro que no puedan salvar. Toronto se llevó el primer duelo demostrando tener más corazón que unos Warriors indolentes, pero los de La Bahía han tirado de orgullo y se han puesto el mono de trabajo en defensa. En el terreno individual, y con sólo dos partidos disputados, particularmente nos quedamos con Draymond Green. Anoche se quedó a una asistencia de su segundo triple-doble consecutivo de las finales, y su quinto consecutivo en playoffs. Su importancia es tal que es el jugador que más minutos ha disputado en Golden State en ambos partidos de la final.  






Una técnica que pudo costar muy cara.




jueves, 8 de junio de 2017

JUGAR COMO NUNCA, PERDER COMO SIEMPRE




Irving y el balón que no quiso entrar




Y Golden State puso el 3-0. Con su victoria en el primer partido de Cleveland, ya no hay dudas de que Curry y compañía van a ponerse su segundo anillo de campeones. La pregunta ahora es si lo harán en la madrugada del sábado o los de Tyronn Lue serán capaces de ganar algún partido para no dejar su casillero de victorias a cero y evitar un histórico 16-0 en play offs por parte de los californianos que ya no dejaría dudas sobre su condición de equipo histórico. Habrá que dejar pasar los años para ver si mantienen capacidad dinástica como los Celtics de Bill Russell y “Red” Auerbach, los Bulls de Jordan y Phil Jackson, o más recientemente los Spurs de Popovich y Duncan, pero ojo a la burrada de la que estaríamos hablando: un equipo que en tres años habría ganado tres campeonatos del Oeste y dos títulos de la NBA, con el record histórico de mejor balance en temporada regular (73-9) y el de mejor balance en la historia de los play offs (16-0) No sé si podríamos hablar del “mejor equipo de todos los tiempos”, pero desde luego del mejor equipo de los últimos tres años con una superioridad absoluta sobre el resto, y sólo tosidos por esa pareja respondona que son Kyrie Irving y LeBron James, quienes ayer volvieron a rozar la machada. 


Fue el mejor partido de las series, y desde luego el mejor partido de Cleveland. Tuvieron en sus manos la victoria, pese a que el comienzo del encuentro semejaba peligrosamente a los dos anteriores. 0-5 de salida para los Cavs, contestado por un 6-0 Warrior. En tres minutos ambos equipos habían anotado cinco triples, anticipando la locura ofensiva de un primer cuarto maravilloso. Klay Thompson sacaba la metralleta (4 triples de 5 intentos… su equipo anotaría un total de 9 en ese primer acto), pero un enorme LeBron mantenía a su equipo. La dependencia de Cleveland alrededor del astro de Akron no puede ser más evidente, y es que cuando King James tomó descanso a dos minutos para el final del cuarto, los Warriors propinaron un parcial de 10-0 culminado con una asistencia de Durant sobre Green totalmente solo para poner el 39-31 en el marcador. Un gran primer cuarto de los locales echado por tierra en dos minutos finales horribles, curiosamente los que The Chosen One estuvo fuera de la pista.


Pero a diferencia de los dos partidos de Oakland, esta vez Cleveland se mantuvo en el partido. Su defensa mantuvo a Golden State dos minutos y medio sin anotar en el comienzo de segundo cuarto, apareció, por fin, Korver desde el banquillo, y Kevin Love sacó petróleo desde el tiro libre para que el partido se mantuviera en un deseado equilibrio. Tras los peores minutos del encuentro, con el marcador estancado en 46-43, vuelve la fluidez ofensiva para ambos equipos y Cleveland definitivamente dentro del partido tras la técnica a un furioso Draymond Green, protestón y maleducado con los árbitros durante todo el choque. Pero se repitió la película vista en el primer cuarto, dos triples en los últimos 70 segundos del cuarto estiraban de nuevo la ventaja visitante a ocho puntos, suerte para Cleveland que Irving ajustó un poco el marcador con un canastón sobre la bocina. El base estaba comenzando a calentar para lo que iba a ser una descomunal exhibición en el tercer acto. 


16 puntos del genio de Melbourne, la apuesta por el “small ball” (llegando incluso a coincidir Irving, Smith, Jefferson, Shumpert y Korver, todo exteriores) y una gran actitud defensiva (dejan a Golden State en 22 puntos en el tercer cuarto, la segunda anotación más baja de los californianos en un cuarto en estas finales) permiten a Cleveland voltear el marcador. 89-94 para afrontar el acto definitivo y el Quicken Loans soñando con la machada de ganarles un partido a estos Warriors… y quién sabe si repetir el milagro del pasado curso. 


Todo seguía pasando por Irving y LeBron… mientras que Thompson daba la réplica visitante. Pronto se le sumaría Durant. El intercambio de golpes favorecía a Cleveland, manteniendo ese tesoro en forma de diferencia de cinco puntos. Incluso la estiran a seis tras otra genialidad de Irving, sacando un 2+1 frente al siempre pegajoso Klay Thompson (poco se habla de la defensa de quien es uno de los mejores tiradores de la liga) Los “Splash Brothers” respondían y con cinco puntos consecutivos ajustaban el marcador a 4.40 para el final. LeBron en tiros libres tras una endeble defensa de Curry y Smith con un triple majestuoso volvían a poner seis arriba a los locales. 107-113 a 3.09 para el final… 3.09 en los que Cleveland no volvería a anotar, sepultando las pocas opciones que pudieran tener de conseguir el anillo por segundo año consecutivo. Si el destino está escrito, está claro que no está siendo generoso con Cleveland, que vuelve a cobrar aroma de ciudad maldita para las grandes ligas deportivas de Estados Unidos. Durant (14 puntos en el último cuarto), fallaba un triple que daba opciones a los de Lue a aumentar la ventaja, máxime cuando a pesar del fallo de Smith, LeBron se hacía con el rebote, restando segundos al reloj. El jugador más completo del mundo veía a Love bajo el aro para asistir en una jugada cantada que el forward de Santa Mónica incomprensible fallaba, incapaz de sentenciar el choque (¿vuelve a ser Kevin Love el gafe de la liga?) Curry no perdonaría en el ataque siguiente poniendo el 109-113 a poco más de dos minutos para el final. Aun así una situación que seguro hubieran firmado los Cavaliers, visto lo sucedido en los dos choques anteriores. Y entonces llegó la jugada del partido. Irving se sacó otra genialidad, para pese a la, insistimos, gran defensa de Thompson, encarar el aro en una penetración prodigiosa que parecía destinada a acabar en canasta… pero el balón, caprichoso, se paseó por el aro sin caer dentro de la cesta, y aun así el pequeño Irving, cargado de fe y hambre, es capaz de levantarle el rebote ofensivo a nada menos que Draymond Green. Con cuatro arriba, balón en posesión y cien segundos para acabar el partido, todo seguía estando de cara para los de Ohio. LeBron tomó la decisión pero se encontró con su bestia negra de 2015. Y es que la defensa de Igoudala sobre el de Akron volvió a ser clave en los minutos finales. Y apareció Durant. Un tiro lateral para ajustar aún más el marcador. 111-113. Korver buscaba la réplica pero fallaba su intento triple, todo lo contrario que un Durant que ponía por delante a su equipo y de paso afianzaba su candidatura a MVP de las finales (¿alguien duda que será suyo?) La ventaja Cavalier esfumada en un abrir y cerrar de ojos. Irving intentó un triple con “cross over” tratando de revivir su canasta de las pasadas finales. La diferencia es que anoche tenía enfrente a Thompson y no Curry. Durant y Curry acabarían sentenciando desde el tiro libre y entre medias LeBron volvería a ser cazado por Igoudala, impidiendo el lanzamiento triple del “all around player” Cavalier. 



El mejor partido de las series. El mejor partido de Cleveland. Pero el mismo resultado. Amenazan finales cortas. Una pena. 


viernes, 2 de junio de 2017

LA PICADURA DE LA "DURANTULA"



Volando sobre el Oracle.


Golden State golpea primero en las finales de la NBA. En el duelo mediático entre Stephen Curry y LeBron James, el momentáneo vencedor es… Kevin Durant. Quizás sea por su reciente lesión que le tuvo apartado de las canchas en el final de temporada regular, quizás sea porque no estuvo en las dos finales anteriores (aunque precisamente por eso debiera encontrar foco como el factor desequilibrante respecto a un enfrentamiento que en dos años tuvo desenlace distinto para cada uno de los bandos), lo cierto es que poco habíamos hablado del tercer gran dominador de la NBA en los últimos años tras LeBron y Curry. Es cierto que no tiene ningún anillo, como los dos genios de Akron, pero hablamos de un cuatro veces máximo anotador de la liga durante esta década, y del MVP de 2014, entre medias de los dos consecutivos de LeBron y Curry (James tiene otros dos anteriores, en una racha que trunca el malogrado Derrick Rose) Lejano queda el debate sobre si Durant lograría acomodo en el sistema californiano. Una vez llegados hasta aquí poco importa que la rotación de Steve Kerr y Mike Brown no alcance la excelencia de las dos temporadas pasadas, por muy largas que se hagan las finales todo se va a concentrar en los pesos pesados de ambas escuadras. Cleveland demostró el pasado curso que prácticamente se pueden ganar unas series finales con dos jugadores al más alto nivel (LeBron e Irving), y si hablamos de desorbitada concentración de fuerzas en pocas unidades, los Warriors de Curry, Durant, Thompson y Green no parecen tener parangón en la NBA actual. A todo eso, claro, hay que sumar los Igoudala,  Livingston, Pachulia, David West, e incluso reconocer como el cuerpo técnico de Oakland (donde cada vez cobra más peso Mike Brown ante los sempiternos problemas de espalda de Steve Kerr, ausente en el primer partido de las finales) ha sido capaz de recuperar a ese extraño elemento llamado Javale McGee, quien está protagonizando una post-temporada extraordinaria en relación minutos jugados/productividad (anoche sin ir más lejos 5 puntos, 4 rebotes y 1 tapón en tan sólo 5 minutos de juego) ,pero no nos engañemos, el desenlace de estas finales va a pasar irremediablemente por las manos de las primeras espadas de cada equipo, y en ese sentido este primer partido es sintomático: en un encuentro que demuestra una evidente superioridad californiana ambos banquillos no mantienen un nivel más que discreto (21 puntos de Cleveland por 24 los de Oakland)


Y no empezó mal el partido para Cleveland, saltando al Oracle Arena luciendo músculo y queriendo llevar el partido a la guerra. Hubo de transcurrir un minuto y medio de partido hasta que el marcador fuese desvirgado, con una diana triple de J.R.Smith, y casi dos minutos hasta que los Warriors anotasen por medio de Zaza Pachulia. Fue todo un espejismo, ya que los de Oakland no tardarían en encontrar su habitual circulación de balón (perdieron sólo 4 balones en todo el partido, record de unas finales empatando con los San Antonio de 2013 y los Detroit de 2005) y comenzar su orgía anotadora. Espejismo fue también el triple de Smith, ya que no volvió a anotar en todo el encuentro (tampoco miró mucho más al aro), encomendado a misiones defensivas de las que puede decir que salió airoso en el caso de su enfrentamiento con un errático Klay Thompson (3 de 16 en tiros de campo)  



Pero Cleveland no perdió la cara al encuentro en un magnífico primer cuarto por parte de ambos equipos. Pese a la seriedad defensiva de Golden State (Thompson, desacertado en ataque, hiperactivo atrás), liderada de nuevo por un Draymond Green capaz de emparejarse en la misma posesión rival con Kevin Love y LeBron James (y cuyo sacrificio defensivo le costó dos faltas en los cinco primeros minutos de juego), los 13 puntos de James y 7 de Irving permitieron a Cleveland estar en el partido hasta que un triple de Igoudala sobre la bocina estiraba el marcador a cinco puntos de diferencia, la máxima hasta aquel momento, con un 30-35 que significaba el mejor baloncesto de la noche. 



En el segundo cuarto el show de KD alcanzaría sus cotas más altas. 13 de sus 38 puntos los firmó en ese periodo en el que ni LeBron a campo abierto ni Kevin Love en el poste pudieron detenerle. Apenas necesitó utilizar una de sus armas favoritas durante esos minutos, como es la larga distancia. Como pez en el agua dentro de la fluidez Warrior y del particular “small ball” californiano, no como un falso cuatro abierto, si no como un alero imparable en el uno contra uno mientras que Green cubría las espaldas de sus compañeros como único jugador interior. Golden State de nuevo reivindicando el baloncesto moderno, donde ya no caben los antediluvianos pívots que viven en la zona. Los Warriors amenazaron con romper el partido, la figura de Green se agigantaba en defensa y LeBron en su ya habitual papel de "point-forward" se estrellaba contra la defensa de un Mike Brown disfrutando de su venganza servida en plato frío después de haber vivido cinco temporadas en Cleveland a la sombra de King James. Y es que otro aspecto desequilibrante de esa maquinaria perfecta construída en la Bahía es el tener como entrenador asistente al técnico que posiblemente mejor conozca a The Chosen One. Ni un detalle al azar en unos Golden State cimentados para seguir haciendo historia. Si Cleveland se sostuvo en el partido fue gracias a la efervescencia anotadora del base menos base de la NBA, un Kyrie Irving rompiendo la zona de su rival como un cuchillo penetrando en mantequilla y que con 10 abajo se saca de la manga una de las jugadas del partido: un 3+1 ante un Klay Thompson incansable en defensa (abnegado trabajo en consonacia con la responsabilidad de saber su mal partido en ataque) para comprimir el marcador en un 43-49 a falta de unos cinco minutos para el descanso que apenas conocería variaciones en la relevancia de cara al partido, ya que ambos equipos enfilaron los vestuarios con un 52-60 que si bien demostraba la superioridad de los de San Francisco mostraba a unos Cavaliers vivos y con opciones.  



Durant se había guardado sus triples para la segunda mitad de la batalla. Abrió desde la distancia letal un parcial de 0-13 al que acompañó Curry con otras dos canastas desde su distancia favorita para romper el partido. 52-73 en un abrir y cerrar de ojos. Se acabó el partido. El último cuarto y medio fue simplemente la constatación de que estos Cavaliers no alcanzan al nivel de unos Warriors varios peldaños más letales que la pasada temporada. Incluso con un Love a un buen nivel (15 puntos y nada menos que 21 rebotes, compensando la sequía de un habitual "arma X" de los de Ohio como Tristan Thompson que dejó una raquítica tarjeta de 4 rechaces y sin anotar), siendo un jugador ausente en las finales de 2016, el Big Three de James-Irving-Love palidece ante estos Warriors de Kerr y cada vez más Brown, un Mike Brown quien volvemos a insistir, parece conocer mejor que nadie como desactivar al mejor jugador del mundo. Hambre Warrior para limpiar la afrenta del pasado año, demostrada en el hecho de que con el partido sentenciado un conservador Brown sólo se atrevió a sentar a sus figuras a dos minutos del final, cuando los LeBron, Love e Irving ya llevaban tiempo con sus cabezas bajo las toallas en la bancada visitante. Trabajo por hacer para Tyronn Lue, a quien no le quedó más remedio que reconocer tras el partido que estos eran los mejores Warriors que jamás había visto. Trabajo que pasa por entre otras cosas recuperar a un banquillo del que se espera mejor rendimiento. Sangrante es que uno de los grandes especialistas del perímetro de los últimos años en esta liga como Kyle Korver se quedase con su casillero de puntos vacio (tres intentos triples errados), más sangrante todavía ver a un errabundo Deron Williams, quien no hace mucho peleaba con Chris Paul por el trono de mejor base del mundo, actuar como uno de los peores directores de juego suplentes que uno pueda recordar en unas finales (y capaz de que echemos de menos a Mathew Dellavedova... no queremos ni pensar lo que hubiera supuesto el deseado Ricky Rubio en este equipo), sólo el voluntarioso veterano Richard Jefferson pareció atisbar alguna esperanza de que Cleveland presente credenciales de orgullo de vigente campeón. 



Es sólo el primer partido, el que coloca un 1-0 en el casillero en el favorito, en el equipo que no olvidemos el pasado año adquiría un 2-0 de ventaja y veía remontar por primera vez en la historia un 3-1 a favor. Pero las sensaciones, las pequeñas batallas que conforman el total de una guerra, resultan demoledoras. Curry superando a Irving y despejando todas las dudas sobre el fantasma del famoso triple que a falta de 53 segundos dejaba en bandeja el anillo para los de Ohio con el base Cavalier ajusticiando con un "cross over" sobre el MVP de los dos últimos años. Klay Thompson y Green gigantescos en defensa, sin necesidad de mirar el aro. Mike Brown curtido en mil sinsabores (con los propios Cleveland o con unos Lakers aspirantes a mejor equipo de la historia) destrozando cualquier planteamiento, si lo tuviera, de Tyronn Lue... y por encima de todo el efecto "Durantula" planteando un más difícil todavía para el gran LeBron James. Ya no sólo se le pide a un cuatro veces MVP y ganador de tres anillos como The King subir la bola, anotar desde fuera, jugar al poste y vaciarse en defensa, además de eso ahora tiene que anular a uno de los jugadores con mayor talento ofensivo de todos los tiempos como es el ex de Oklahoma City. Demasiado para un solo hombre por muy King James que seas.



Esto no ha hecho más que empezar, pero en el vestuario de Cleveland tienen que encontrar una solución a una picadura que amenaza con ser mortal. La Durantula quiere su primer anilllo. Ajeno al duelo entre Curry y LeBron el espigado alero que lleva cinco años viviendo a la sombra de los dos genios de Akron, deseando volver al mismo escenario en el que estuvo hace cinco años, cuando al lado de Russell Westbrook y James Harden se esperaba que liderara un equipo dominador como aquellos Oklahoma City, ambiciona su primer anillo. Para ello este verano decidió unir sus fuerzas con los Curry, Thompson, Green o Igoudala (dejando en evidencia, como ya hemos expresado en este blog, las diferencias en el trato mediático con KD y el LeBron que une sus fuerzas con Wade y Bosh para ganar anillos) La Durantula cambió de ecosistema para poner patas arriba la NBA. ¿Encontrará Cleveland el antídoto a su picadura?

viernes, 26 de mayo de 2017

LOS REYES DE AKRON SE CITAN EN LA FINAL




Los certificados de nacimiento de los dos cracks.





Ya tenemos finales NBA. Sin opción para la sorpresa. Golden State batió a unos Spurs a los que sólo les ha faltado que Popovich se quedase embarazado. La lesión de Kawhi Leonard ante Zaza Pachulia en el primer partido de la lucha por el Oeste, después de que las espuelas fueran ganando por 25 puntos (acción calificada de “homicidio” por Popovich, y que acrecienta la fama de equipo duro de los californianos, con Draymond Green a la cabeza) dejó a los tejanos huérfanos de su gran figura. Por si fuera poco a principios de mes se quedaban sin Tony Parker, y para rizar el rizo en el tercer partido David Lee también abandonaba la cancha lesionado. Demasiados contratiempos para plantar cara a la maquina Warrior, que vuelve a proclamarse campeón del Oeste por tercer año consecutivo con un inmaculado camino de 12-0 en estos play offs. Nunca nadie lo había conseguido antes desde que las series son al mejor de siete partidos en todas las rondas. 12 victorias consecutivas con una diferencia media de 16.3 puntos por partido. Apoteósico. Si la pasada temporada dejaban un 73-9 en liga regular para la historia, no menos histórico es ganar la Conferencia Oeste con este 12-0. 



Los Cleveland Cavaliers han tenido una trayectoria muy similar, cediendo un solo partido en las tres rondas y viendo a su rival en la final de conferencia perdiendo a su gran estrella. Y es que Isaiah Thomas se lesionaba en su cadera en el segundo partido frente a los Cavaliers y era baja para el resto de la serie. Aun así los orgullosos Celtics hacían la machada y en el tercer partido evitaban el barrido y pasar por debajo del futbolín. Fue un espejismo. LeBron sacó todo su músculo para con dos victorias consecutivas acceder a su octava final de la NBA, la séptima de manera consecutiva. Hablamos por tanto de un ocho veces campeón del Este, que sigue rompiendo y destrozando todos los registros estadísticos a su alcance. La última barrera derribada ha sido la de anotación en play offs, convirtiéndose en el mayor anotador de la historia en post-temporada por encima del gran mito por excelencia del baloncesto, Michael Jordan. Como siempre sucede cuando alguna marca de Air Jordan es derribada, no tardan en salir a la palestra su legión de talibanes para decir que en ningún caso se puede comparar a Jordan con LeBron ni con ningún otro, sea pasado o futuro (para el talibán jordanesco el futuro no existe, tan convencido está de que todo el baloncesto ya fue escrito por la leyenda de los Bulls) Nadie les está comparando, simplemente estamos poniendo un dato objetivo encima de la mesa: ningún jugador ha anotado más puntos que James en los play offs de la NBA. 



La final más esperada vuelve a producirse por tercer año consecutivo. Los dos equipos más fuertes y liderados por los dos jugadores del momento. Ninguno de ellos será MVP de la temporada regular (galardón que saldrá de la terna que conforman Westbrook, Harden y Leonard), pero son los dos jugadores que con mayor diferencia sobre el resto unen a su calidad individual su capacidad para liderar escuadras ganadoras. Por eso asistimos impacientes a este LeBron vs. Curry 3.0



Si hay una ciudad en el mundo especialmente marcada por este duelo es sin duda Akron. La ciudad de Ohio, antaño reconocida por su actividad empresarial en el mundo de los neumáticos, vio nacer a ambos jugadores en el mismo hospital y en la misma planta (el Summa Akron City Hospital, lugar de peregrinación obligatorio para los aficionados al basket) con 39 meses de diferencia. Con una población de unos 200000 habitantes, esta ciudad a 60 kilómetros de Cleveland tiene el honor de haber visto nacer a los dos jugadores más importantes y mediáticos del planeta. Tan cerca está Cleveland de Akron que el jugador Dell Curry, jugador de los Cavs durante la temporada 1987-88, decidió establecer allí su residencia (además Cleveland jugaba en aquella época a medio camino entre ambas localidades, en el Coliseo de Richfield) El nacimiento del tirador más letal del globo tiene su miga, y es que con el padre Dell jugando fuera en aquella jornada nadie esperaba que el pequeño Steph viniera al mundo dos semanas antes de la fecha prevista. Tanto es así que la despreocupada señora Curry había ido la noche anterior a un concierto de Earth, Wind & Fire. Y fuego es lo que ha acabado saliendo de las manos de su hijo. A los pocos meses Dell Curry sería traspasado a Charlotte, y ahí finalizaría la breve biografía de Stephen con su ciudad natal. 



El caso de LeBron es bien distinto. Sin padres famosos y de familia humilde (su madre le tuvo con 16 años, mientras el padre alcohólico les abandonaba), LeBron comenzó a lanzar sus primeros tiros en una caja de leche, a la que rinde homenaje en la suela de sus Nike con la frase “milk crate technology”. Su descomunal talento para el baloncesto enseguida le convirtió en un ídolo local, estrella de su instituto St. Vincent- St. Mary, cuyos partidos como locales por aquel entonces tuvieron que trasladarse de escenario debido a la demanda de público que quería ver a aquel rey en ciernes. La universidad de Akron, con capacidad para 6000 espectadores, comenzó a acoger encuentros de High School gracias al reclamo de LeBron, el secreto mejor guardado del baloncesto estadounidense que pronto dejó de ser secreto y con apenas 17 años ya era portada de las más prestigiosas revistas de baloncesto del país como Slam Magazine, y no sólo baloncesto, caso de la referencial Sports Illustrated. El sueño de ser profeta en su tierra se hizo realidad cuando en 2003, sin pasar por Collegue, LeBron era elegido número 1 del draft (sigue siendo la mejor edición del siglo XXI, con LeBron, Bosh, Carmelo Anthony o Wade… a pesar del esperpento de Detroit eligiendo a Milicic en el número 2) por Cleveland Cavaliers. King James se convertía en el orgullo de Akron, Cleveland y de todo Ohio. Después vendría la “traición” con su marcha a Miami, y posteriormente la redención con su retorno a Cleveland. 




Dos historias muy distintas, las de LeBron y Curry, ambas con el mismo punto de partida: Akron. La ciudad de Devo, Black Keys y Chrissie Hynde unida para siempre al mejor baloncesto gracias a sus dos nativos más ilustres. Los reyes de Akron se citan por tercera vez en la final de la NBA para seguir protagonizando su particular versión de “Hombre rico, hombre pobre”. Curry, el hijo de una estrella NBA que nació con todo hecho, golpeó la primera vez; LeBron, el hijo de madre adolescente y padre alcohólico cuya primera canasta fue una caja de leche se vengó la pasada temporada. Es tiempo de desempate. Es tiempo de finales.  



martes, 9 de mayo de 2017

BARRIDAS




LeBron se saluda con Kyle Korver. Otra vez en la tierra prometida.


Sin contemplaciones. Sin lugar para la sorpresa. Así se presentan en finales de conferencia los dos máximos favoritos al anillo de la NBA, los dos últimos campeones, los finalistas de las dos últimas temporadas. Ocho partidos sin conocer la derrota. Dos barridos (“sweep”) en cuartos de final y semifinales para que los LeBron, Irving, Curry, Durant, Green y compañía descansen y miren de reojo las cruentas batallas entre Boston y Washington por un lado y Houston y San Antonio por el otro. 


A nivel individual LeBron James está siendo el gran protagonista de estos play offs. Batiendo records históricos y haciendo las mejores series eliminatorias de su carrera. Con 32 años demostrando que está ante el mejor momento de su carrera. Sus números en post-temporada son de otra galaxia: 34.3 puntos, 9 rebotes y 7.1 asistencias por partido. Pero es que todavía lo son más sus porcentajes de tiro. Nada menos que un 62.3% en tiros de campo, y ojo a este dato, un espeluznante 46.8% en el triple. Por si fuera poco parece empeñado en derribar a patadas una de las mayores, quizás la mayor, hegemonía de la historia de la NBA: la de Michael Jordan en play offs. Ya sólo está a 140 puntos del mito de los Bulls. Por si esto no fuera suficiente es además el tercer máximo asistente histórico de play offs (por detrás de “Magic” y Stockton) y el séptimo máximo triplista (está a punto de alcanzar a Paul Pierce en sexta posición) Si la temporada pasada confirmaron que los Cavs del Big Three era en realidad cosa de dos (LeBron e Irving), este curso la dependencia del astro de Akron es aún más manifiesta, pese a que los números del base no son nada malos (23,7 puntos y 5,7 asistencias por partido) pero evidentemente todo pasa por las manos de LeBron, máxime si tenemos en cuenta que Irving presenta un preocupante 28% en triples (16 de 57), muy lejos del soberbio 46% de LeBron con 22 dianas de 47 intentos. 


¿Y qué sucede en Oakland? Sin tanta dependencia de un solo jugador pero con el núcleo Curry-Thompson-Durant-Green perfectamente definido, los Warriors se sobreponen a las malas noticias respecto a su entrenador, Steve Kerr. El rubio vaquero ha tenido que volver a operarse de esa espalda que le trae a mal vivir, dejando al equipo en manos de Mike Brown (curiosamente ex –entrenador de Cleveland), pero sus jugadores no lo han notado. Ni Portland ni Utah han sido rivales para los actuales subcampeones. La muñeca de Curry sigue caliente (41% en triples, clavando 32 de 78) mientras que Draymond Green ejerce de líder espiritual (dos triples-dobles en los ocho partidos, y sus shows particulares exasperando a jugadores y aficionados rivales) a la espera de que Durant recupere su mejor nivel. Lo cierto es que la mejor maquinaria ofensiva de la NBA sigue a pleno rendimiento. Nada nos haría más felices que ver a Pau Gasol de nuevo en unas finales de conferencia, pero por otro lado no podemos evitar salivar pensando en lo que podrían ser unas finales de conferencia entre Golden State y los Houston de Mike D’Antoni, los dos equipos que juegan a un ritmo más alto de juego en todo el planeta (y el patatús que les iba a dar a los de la mesa de anotadores) 


Desde que hay eliminatorias inaugurales al mejor de cuatro partidos, es la primera vez que dos equipos se plantan en finales de conferencia invictos. Cleveland y Golden State, LeBron y Curry, parecen destinados a enfrentarse por el título por tercera vez consecutiva y deshacer el particular empate a uno que presentan sus guerras por el título (en batallas la cosa está 7 a 6 a favor de los Warriors) Eso con permiso de los John Wall, Isaiah Thomas, James Harden o Kawhi Leonard, claro. 




jueves, 22 de diciembre de 2016

LOS MEJORES DEL AÑO: JUGADORES INTERNACIONALES

Continúa nuestro serial sobre los grandes protagonistas del 2016, vamos con los jugadores internacionales. 



KYRIE IRVING: Sólo hay una razón por la que ponemos a Irving por delante de LeBron James después de la burrada que protagonizó para la historia la bestia parda de Akron, y es que el escurridizo base de Melbourne además del anillo de campeón de la NBA (el primero de su carrera) se colgó el oro al cuello en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Doble gloria para un jugador que no olvidará 2016. En la absoluta Edad de Oro de la NBA en la posición de base (se pongan como se pongan los nostálgicos, jamás en la historia ha habido tanta calidad en este puesto como hoy día), sus 19.6 puntos y 4.7 asistencias por partido no le han servido para estar en ninguno de los tres mejores quintetos de la temporada (por delante tuvo a Westbrook, Curry, Paul, Lillard y Lowry), pero subió sus prestaciones en play offs hasta los 25.2 tantos por partido, demostrando ser de esos jugadores que se crece cuando el reto es mayor. En las finales de la histórica remontada deja 25.1 puntos y 3.8 asistencias por partido. Brutal su actuación en el quinto, con 3-1 abajo en la eliminatoria firmando 41 puntos y 6 asistencias con un 5 de 7 en triples. Para el recuerdo su triple ante Stephen Curry en el partido decisivo con el marcador empatado y a falta de 53 segundos para el final. Una canasta para la historia.      




Irving elevándose sobre Curry para ganar un anillo




LEBRON JAMES: Volver a agotar los calificativos en un deporte en el que creíamos haberlo visto todo. Esa es la historia de King James. El jugador más completo del baloncesto moderno y al que sólo un caso de flagrante ceguera permite que siga teniendo una inexplicable legión de “haters”. Tras una temporada regular “normalita” (nada menos que 25.3 puntos, 7.4 rebotes y 6.8 asistencias por partido, formando parte del Primer Quinteto ideal del curso), se puso serio en play offs (26.3 puntos, 9.5 rebotes, 7.6 asistencias, 2.3 robos y 1.3 tapones), alcanzando cotas nunca vistas en unas finales de las que fue amo, señor y dominador absoluto liderando todas las estadísticas posibles. 29.7 puntos, 11.2 rebotes, 8.8 asistencias, 2.5 robos y 2.2 tapones por partido. No, no son los números de un chaval manipulando la Play Station, es la tozuda realidad de un jugador que ya es leyenda. Rozando el triple doble en cada encuentro. Si Irving deja para la posteridad el triple decisivo del séptimo partido, LeBron nos regala el tapón más relevante en unas finales, precisamente antes del triple de su compañero y con el empate a 89 en el luminoso. Una soberbia “chapa” ante un Igoudala quien fuera su némesis e implacable marcador defensivo en las finales de un año antes. King James consumó la venganza durante 2016 como sólo sabe hacerlo: arrasando.   



LeBron tapona a Iggy. La venganza del Rey.




MILOS TEODOSIC: Como representante del CSKA Moscú que maravilló al Viejo Continente durante 2016, hemos manejado una duda muy razonable: Teodosic o su compañero exterior Nando de Colo. Y es que el francés ha dominado de manera individual y colectiva el baloncesto europeo de clubes… pero el serbio añade a ello su plata olímpica, sólo un peldaño por debajo de los intratables Estados Unidos. Y esa medalla pesa mucho. No fue nada fácil, perdiendo tres partidos en la fase de grupos y sufriendo lo indecible ante una gran Croacia, pero el recital de semifinales ante la Australia que tanto había maravillado durante el torneo vale una plata que consolida la era Djordjevic en Serbia como la más exitosa para los ex –yugoslavos en mucho tiempo, con Teodosic como prolongación en la pista de su técnico. El genio de Valjevo parece haber olvidado definitivamente aquel jugador frágil y volátil con tendencia a evadirse en las grandes citas. Cuando le vemos en cancha nos sigue transmitiendo esa sensación de que el asunto no va con él, haya lo que haya en juego, pero está claro que por fin ha alcanzado su madurez, añadiendo a su condición de base superlativo la de un ganador a nivel colectivo. 



Parece increíble que hayamos tenido que dejar fuera a todo un Stephen Curry (pero es que en efecto, 2016 ha sido un año de cosas increíbles en este deporte) MVP de temporada NBA por segunda vez consecutiva, y quien nos sigue dejando un baloncesto de fantasía con su capacidad para generarse ventajas con el mejor manejo de balón del mundo (con permiso de precisamente Kyrie Irving), y quien ha liderado a su equipo al mejor registro en temporada regular de todos los tiempos,  pero estamos seguros de que el bueno de Stephen cambiaría tanto la marca del record como sus logros individuales por haber ganado un segundo anillo arrebatado por su paisano de Akron, King James. Buscará su venganza esta temporada junto a un Kevin Durant que también ha sido protagonista del año guiando a Estados Unidos hacia el oro olímpico y ocupando todas las portadas tras el verano con un fichaje por Golden State que ha hecho estremecer los cimientos de la NBA. Sobre de Colo ya hemos tratado, pero recordemos que hablamos del actual MVP de Euroliga, de Final Four y de la VTB League (una liga que conjunta a diferentes equipos del Este de Europa), y tampoco podemos olvidar el gran año que ha vivido Mathew Dellavedova, escudero de Irving y LeBron encargado del “trabajo sucio” cuyo trabajo se ha visto recompensado con su contratazo por Milwaukee donde por fin ha alcanzado estatus de titular, protagonizando un verano formidable liderando a una Australia que enamoró a todos los aficionados en los pasados Juegos Olímpicos y que de no ser por la España de Pau Gasol hubiera alcanzado un histórico podio olímpico.     





Itoudis y su Duo Dinámico. Los reyes de Europa.