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jueves, 24 de septiembre de 2020

EL CASO TOMIC

 





Uno de los grandes movimientos del verano, quizás el más llamativo dentro del ecosistema ACB, mostraba la salida de Ante Tomic del Barcelona camino del vecino Joventut de Badalona. El nuevo proyecto de Jasikevicius se veía así privado de la que hace ocho años antes había llegado a la Ciudad Condal para erigirse como piedra angular del equipo de por entonces Xavi Pascual.

 

Ha sido un movimiento como digo llamativo, sorprendente, y que personalmente me resulta por así decirlo simpático. Me gusta la decisión de Tomic, aparcando una ambición que posiblemente nunca ha sido una de sus grandes características para recalar en un club histórico pero humilde y lejos de la lucha por los títulos. Un club en el que jugar al baloncesto por simple felicidad sin una presión con la que nunca se ha llevado bien el talentoso pívot croata. 

 

En aquel desastroso Real Madrid de Ettore Messina, ejemplo en dar palos de ciego, la espigada figura de Ante Tomic apareció ante al aficionado español a mitad de la primera temporada del técnico italiano con la desafortunada etiqueta de “Pau Gasol del Este”, y por mucho que el pívot balcánico dejara clara lo exagerada de la comparación en su presentación (“no creo que esté cerca de él”, dijo literalmente mientras era flanqueado por Valdano y Maceiras) la primera losa ya estaba echada. Para quien no siguiera el baloncesto adriático, de cuya liga había sido MVP en 2009, la única referencia iba a ser la de aquel Pau Gasol que había reventado la ACB, Copa y liga, unos años antes de dar el salto a la NBA. Pero la realidad fue que se encontraron con un jugador tan plano que prácticamente sus virtudes y carencias han sido siempre las mismas, entre las primeras un excelso juego de pies, magnífico posteo y una visión de juego poco frecuente entre los hombres altos (lo que le he llevado a ser uno de los pívots más pasadores en la ACB de la última década), por contra entre las segundas una ausencia total de tiro de larga distancia, fragilidad defensiva, y por supuesto, y esto quizás sea lo más grave cuando uno trata de instalarse en el baloncesto de mayor élite posible, una total falta de carisma.

 

Dos años y medio después emprendía camino al eterno rival, un Barcelona de Xavi Pascual menos alegre en su juego que el Madrid de Laso pero precisamente cuya pausa y orden podría dar mejor encaje a un 2.17 que empezaba a sufrir la realidad del poco acomodo que encuentra el hombre grande en el baloncesto actual de ritmo alto y posesiones cortas, máxime con su carencia en el tiro exterior.  Dejaba unas aceptables medias de  8.8 puntos y 4.8 rebotes por partido en 19 minutos en pista. Como conquistas colectivas, una Copa del Rey en la que sólo anotó 2 puntos en la final de la que pese a todo fue titular. En aquel partido que inauguraba el ciclo triunfal de Pablo Laso el técnico vitoriano ponía sobre el tapete las cartas de lo que iba a ser el nuevo baloncesto dominador en la ACB, donde Tomic parecía no tener sitio, e incluso un jugador de un perfil similar al croata como el del bosnio Begic tenía más foco llegando a la decena de puntos en aquella final. Sin posibilidad de renovación el jugador de Dubrovnik aceptó la que parecía la mejor de las ofertas. Un Barcelona que de la mano de Xavi Pascual había conquistado tres de las últimas cuatro ligas (incluyendo aquella de 2012) y se había alzado con el cetro continental en 2010 (precisamente con dos “cincos” de su escuela, de los de no pisar el triple y vivir en la zona, como Fran Vázquez y Boniface Ndong) Lo que no parecían entender ni Pascual ni Tomic ni tantos otros es que lo que había demostrado Laso meses antes en la final de Copa del Rey en Barcelona era una declaración de principios baloncestísticos que iban a voltear el incontestable dominio blaugrana de años anteriores convirtiendo al Real Madrid en el nuevo tirano de la canasta nacional. Tanto fue así que hasta el propio Pascual, el entrenador con mejor palmarés en el baloncesto azulgrana, sería destituido en 2016 por parte de la directiva barcelonista, buscando un golpe de efecto para cambiar el dominio madridista que cuatro años después todavía no ha llegado.

 

En su presentación como jugador barcelonista Tomic, involuntariamente, se echó otra losa más encima. Ante los micrófonos recurrió al tópico “he venido a este club a ganar títulos”. Necesitaríamos literalmente cientos de folios para recordar todos los jugadores que han hecho afirmaciones similares cuando llegan a un nuevo club, especialmente si es de laureada historia, pero para mayor vergüenza de quienes han utilizado la frase de Tomic como arma arrojadiza cada vez que el Madrid de Laso ha seguido imponiendo su férreo dominio baloncestístico por encima del Barcelona, podemos recordar como Herreros celebraba la Copa del Rey con el Estudiantes en 1992 dedicándosela a “los que se fueron al Madrid a ganar títulos”, en clara referencia a José Miguel Antúnez, quien se había enrolado en el club blanco un año antes. El propio Herreros cuatro años más tarde se acogería al decreto 1006 para salir del Estudiantes con la ambición de jalonar su carrera de más éxitos, que sin embargo no llegaron en la medida deseada, siendo el alero madrileño posiblemente el baloncestista que con mayor calidad sin embargo ha cosechado palmarés más exiguo en la pista (aunque cierto es que como directivo se está resarciendo, y con creces) 

 

Pocos apostaban como hemos dicho porque en aquel verano de 2012 el cambio de ciclo fuese una realidad y se empeñaban en ver el título copero de Laso como una anécdota a la altura de la liga de Maljkovic. Gran parte del madridismo seguía instalada en un complejo necesitado de nombres y no hombres, pese al rotundo fracaso del proyecto Messina/Maceiras. Entre aquellos descreídos que seguían zurrando a Laso estaba un anónimo aficionado que decidió crear una cuenta parodia de Twitter sobre la figura del entrenador alavés, Pablo Lolaso. Con un evidente espíritu jocoso igual de evidente era su desconfianza en el proyecto. Tomic se convirtió en uno de sus primeros objetivos después de las finales ACB de 2012, pero ningún jugador escapaba a sus ataques, especialmente Felipe Reyes, y por supuesto el propio entrenador madridista. En aquellos primeros tweets el autor dibujaba un Laso torpe, despistado, gritón y al que sus jugadores no hacían ni caso. La parodia era en cierto modo cruel y sin duda “anti-Laso”. Incluso en las finales de 2014, en las que Laso es expulsado del Palau en silla de ruedas y parecía sentenciado por la directiva y afición publicó un meme, el típico meme de Heidi tirando a Clara de la silla de ruedas por un barranco en el que la cara de Clara era sustituida por la de… Laso. Pero los títulos fueron llegando, además de haber conquistado ya la liga de 2013 y llegar a dos finales de Euroliga que, créanme, pese a perderlas aquello significaba muchísimo más de éxito que de fracaso. La mordacidad hacia Laso fue desapareciendo de sus tweets, las críticas a Felipe sustituidas por loas a su testiculina, y se fue haciendo célebre por su ingenio a base de repetir cosas como lo de la “hoja de ruta” de cada temporada en la que, y cierto es, Laso es vilipendiando en invierno para acabar levantando copas meses después, y sobre todo haciendo chanza con Tomic con el recurrente “se ha ido a Barcelona a ganar títulos”. En un mundo dominado por las redes sociales todo ello le ha valido al antaño anónimo aficionado para convertirse en una auténtica celebridad del análisis baloncestístico, columnista en medio de comunicación, y capaz de codearse con gente como López Iturriaga o Antoni Daimiel, moviéndose en un estilo entre el “cuñadismo” y una presunta incorrección política que tan fácil entra en algunos sectores de nuestra sociedad poco exigente en el contenido del análisis. Ya saben, las cosas del mundo moderno.

 

De modo que Tomic se convirtió en una especie de paradigma del perdedor, pese a sus indiscutibles buenos números individuales y ser pieza fundamental para cualquier jugador del Supermanager ACB (hasta esta presente temporada en la que, digamos que mejor no hablar del juego en cuestión) Dos veces en el mejor quinteto de la temporada de Euroliga, no ha sido sin embargo el gran pívot conquistador de títulos que algunos esperaban (pese a eso tiene cuatro copas y una liga), claro que, ¿qué gran pivot lo ha sido? La realidad es que desde ya un Sabonis en el ocaso de su carrera vistiendo la camiseta de Zalgiris en 2004 ningún cinco puro ha sido MVP de la máxima competición continental. Si hablamos de la final a cuatro que decide el título el panorama es igualmente desolador para los “siete pies”. No aparecen. En todo el siglo XXI sólo Ekpe Udoh con Fenerbahc en 2017 fue designado jugador más valioso de una Final Four, pero hablamos de un pívot que no llega a los 2,10 (208 centímetros exactamente) y que destrozó a Real Madrid y Olympiacos a base de “pick&pop” desde la cabeza de la bombilla.

 

A sus 33 años Tomic se hace a un lado. Desaparece del entorno euroliguero (si le veremos en Eurocup), donde a buen seguro hubiera encontrado ofertas y mayor sueldo, y recala en un club histórico pero modesto, sin presión, rodeado de jóvenes jugadores y con un entrenador de maneras metódicas como Carles Durán. Después de haber brillado en pretemporada su estreno liguero con la camiseta verdinegra no ha podido ser más ilusionante. 17 puntos y 7 rebotes para derrotar al Unicaja y además demostrando un gran entendimiento y compenetración con el resto del equipo, especialmente con Birgander y Brodziansky, quienes a la sazón serán sus habituales compañeros en la pintura. No se ha ido a Badalona a ganar títulos, ya nadie le podrá echar tal argumento sobre su cara. Se ha ido a Badalona a ser feliz jugando al baloncesto. A veces es lo más importante. 


jueves, 23 de junio de 2016

TOCALA OTRA VEZ, PABLO






"¿Os ha gustado lo que habéis visto?"



Finaliza la temporada ACB con el Real Madrid repitiendo título liguero (primera vez en 22 años) y repitiendo doblete de Copa y Liga (primera vez en 30 años) Laso, cabeza visible de este proyecto reconocible y con un estilo de juego con una personalidad muy marcada, engrandece su leyenda y agota los calificativos. Lo decía anoche en los micrófonos de “El partido de las 12” de la Cadena COPE, espacio que en plena Eurocopa de fútbol tuvo anoche la gentileza de abrir su edición hablando de baloncesto. Y es que el baloncesto, no sólo el madridista, le debe a Laso el haber reenganchado a tantos aficionados gracias a una propuesta con unas características que a estas alturas ya son de sobra conocidas: posesiones cortas, circulación de balón rápida, ritmo de juego alto, constantes rotaciones, libertad ofensiva, presión defensiva a las líneas de pase, zonas mixtas en “diamante” con constantes ayudas de los interiores al exterior, y la reivindicación del viejo axioma del basket ochentero: defensa, rebote y contraataque. El final de temporada de los blancos ha sido en constante modo apisonadora. Un balance de 18-3 en los últimos partidos ACB, incluyendo liga regular y eliminatorias por el título. Sólo pierden tres partidos, uno por cuatro puntos en Murcia, otro por un punto en Valencia y otro igualmente por un tanto en Barcelona. En este periodo de 21 partidos llegan al centenar de puntos en cinco ocasiones, y a los 90 en 16. Rodillo de Primavera. 


Decía Pablo anoche que lo que buscaba cuando llegó al Real Madrid en ese verano de 2011 en el que cambió todo era hacer un equipo reconocible más allá de los títulos. Lo ha conseguido y además los títulos no han parado de llegar. Quizás han llegado precisamente por eso. Por ser fiel a un estilo de juego definido y no dudar jamás independientemente de que el balón entrase o no en el aro rival. Tampoco ha dudado de sus jugadores, pese a las críticas que han recibido durante toda la temporada los fichajes del pasado verano, especialmente Thompkins y Taylor. Finalmente han sido claves para la consecución del título liguero, el primero con esa clase y finura y maravillosa muñeca (sus números en estas finales son un escándalo: 1 de 1 en tiros libres, 12 de 14 en tiros de 2 y 5 de 8 en triples… prácticamente todo lo que ha lanzado ha acabado dentro, alcanzando la perfección anoche con 14 puntos sin fallo), el segundo con un encomiable sacrificio defensivo sobre rivales de distintas características, posiciones y tamaños, especialmente brillante su trabajo sobre Satoransky en el tercer partido. Tampoco ha titubeado Laso cuando ha tenido que dar minutos importantes a un adolescente como Doncic a lo largo de la temporada y participando casi diez minutos en un tercer choque que ponía el 2-1 en la serie. Tampoco ha habido marginación alguna respecto a Willy Hernángomez (pese a los insidiosos rumores) quien ha sido jugador de rotación en todos los partidos de la serie. A todos nos gustaría ver jugar más minutos a Willy, talento joven nacional y canterano, pero ha de entender que mientras tenga por delante a dos monstruos como Felipe y Ayón, y mientras Nocioni siga sacando el colmillo cuando llegan los momentos decisivos, su rol ha de ser el del cuarto jugador interior. Veremos si su impaciencia no provoca la tan cacareada marcha a los Knicks de Phil Jackson, donde por cierto no se encontraría con José Calderón, traspasado ayer mismo a Chicago junto a otros dos jugadores a cambio de Derrick Rose. 


Recordaba Pablo también anoche la eliminación europea ante el Fenerbahce, y como el reconocimiento del público del Palacio, puesto en pie y aplaudiendo al equipo pese a la derrota, lo consideraba un título más: el de conseguir que el aficionado disfrute con su equipo más allá del resultado, algo que parecería casi quimérico en un club tan acostumbrado a una exigencia brutal que a menudo le lleva a la frustración. Laso ha demostrado que ganar no lo es todo en la vida, o mejor dicho, que hay muchas maneras de ganar, no sólo en un marcador electrónico colgando de un pabellón deportivo. Y es que el tipo de emociones que transmite el Real Madrid de Pablo Laso  tienen que entenderse en planos que van mucho más allá del mero resultado. Hay una capacidad, que por otro lado va intrínsecamente unida al baloncesto (y debería ir unida a todo el deporte en general cuando es bien entendido), de emocionar con gestos y detalles que difícilmente podrá comprender quien utiliza este juego únicamente como un instrumento para desahogar complejos infantiles basados en el “ser superior al resto”. Cuando uno ve jugar a un tipo como Carroll, por ejemplo, no se tiene la sensación de ver a un jugador que masacra el aro contrario para aplastar al rival, si no para estar en paz consigo mismo. Recuerden aquello de “Yeisi es amor” acuñado por el cachondo “doppelganger” del entrenador vitoriano, Pablo Lolaso, un tuitero tan entregado a la causa lasista (acentuando la vena sarcástica) que resulta ya difícil distinguir a Laso de Lolaso, y el propio Laso, qué cachondo también es un rato, siempre ha visto con buenos ojos y jamás ha censurado la existencia de su gemelo travieso en las redes sociales.    




El palo de la temporada, la eliminación ante el Fenerbahce. El público no les abandonó.



Gestos y detalles como el de los dos entrenadores abrazados en el túnel de vestuarios tras el cuarto partido que daba el título a los blancos. Alejados de las cámaras (aunque finalmente fueron pillados) y sin pose ni artificio ninguno, dos colegas de profesión que se respetan mutuamente, y que viven realidades distintas, ya que mientras Laso está dando a su club algunos de los mejores años de su historia y las cinco temporadas consecutivas más exitosas en los últimos 30 años (una realidad que ya viviera Pascual con el Barcelona, cuando año tras año llenaba las vitrinas blaugranas de títulos… precisamente hasta que llegó Laso al Madrid), el exitoso ciclo de Pascual en Barcelona parece tocar a su fin, y es que una Supercopa en dos temporadas es un botín demasiado exiguo para un club con el presupuesto del azulgrana. Suena Jasikevicius como relevo en el banquillo. Cuando toque hacer balance de los años de Xavi Pascual los datos serán elocuentes: 4 ligas, 4 supercopas, 3 copas del Rey y 1 euroliga. 12 títulos en 8 temporadas y media (en su primer curso coge el equipo en Febrero) El balance es realmente brillante. Bien, pues Laso alcanza igualmente 12 títulos… pero sólo necesita 5 años para hacerlo. Pero hay un dato que da más mérito todavía a lo conseguido por el vitoriano: desde la llegada de Laso al Madrid, Pascual sólo consigue cuatro títulos. Laso cambia totalmente la tendencia y voltea una situación que otorgaba al Barcelona de Pascual un dominio indiscutible dentro del baloncesto español. 


Escribí hace años en este blog, con motivo de la salida de Joan Plaza del Real Madrid, que era una pena que no pudiésemos asistir a un periodo de rivalidad entre Madrid y Barcelona con Plaza y Pascual en los banquillos, quienes podrían llegar a revivir los míticos enfrentamientos entre Lolo Sainz y Aíto García Reneses. Poco podía imaginar que el futuro nos iba a deparar cinco años en el que los clásicos entre los dos grandes de nuestro baloncesto nos iban a traer duelos que deben guardarse en las videotecas, con una calidad de juego increíble, marcadores ajustados, finales taquicárdicos, y anotaciones de otra época (y alguna que otra paliza histórica, como aquel 100-62 que endosan los blancos al eterno rival en la Final Four europea de Milán en 2014) Y lo mejor de todo, cinco años de duelos al límite pero con una deportividad exquisita. Siempre recordaremos estas temporadas. Así se escribe la historia de nuestro baloncesto.


Historia que sigue escribiendo Juan Carlos Navarro. Ayer se convirtió en el máximo anotador histórico de los play offs superando a otro mito, Jordi Villacampa. El aplauso y reconocimiento del Palacio al capitán madridista fue otro de los hermosos detalles que nos deja esta final, sabiendo reconocer la importancia de una figura exponencial dentro de la mejor generación del baloncesto español, esa que nos da alegrías verano tras verano y que tiene otro exponente en el capitán madridista, un Felipe Reyes que también hace historia al convertirse en el jugador con mayor valoración total de la historia en play offs, superando de una tacada a quien era líder, Alberto Herreros (quien no para de celebrar títulos igualmente ahora como director técnico) y precisamente su rival y amigo Juan Carlos Navarro. Y es que el eterno Felipe se marcó un partidazo para rematar la fiesta madridista, 11 puntos y 4 rebotes, con un 60% en tiros de campo y 5 de 5 tiros libres para alcanzar esos 18 de valoración que le sitúan como el jugador que más ha rendido nunca en eliminatorias por el título. Parece increíble pensar que muchos madridistas llegasen a pedir su cabeza en una picota en la felizmente olvidada era Messina.    




La generación del 80



Pero si hablamos de partidazo y de números, nadie mejor que Sergio Llull, justo MVP de las finales después de que ayer dinamitase definitivamente las series con 21 puntos y 5 asistencias. Si Navarro o Felipe son leyendas de nuestro baloncesto, el menorquín lleva camino de superarlos a todos. Podría retirarse ahora mismo y hablaríamos ya de uno de los mejores palmareses de la historia de nuestro baloncesto: 4 ligas, 4 copas del Rey, 3 supercopas, 1 Euroliga y 1 Intercontinental, además de 4 oros continentales, 1 plata europea, 1 plata olímpica y 1 bronce continental en selecciones nacionales. 13 títulos y 7 medallas. Pero es que además de eso ha sido dos veces MVP de las finales, y una vez de la Copa, Supercopa e Intercontinental. Además ha estado dos veces en el Quinteto Ideal de la ACB, y una en el Segundo Quinteto de la Euroliga. Una trayectoria con la que soñaría cualquier jugador en el momento de su retirada… lo asombroso de todo esto es que hablamos de un tipo que tan sólo tiene 28 años.


Se habla de sinfonías “inacabadas” cuando por alguna razón u otra el autor la deja inconclusa, bien porque el tiempo que le ha sido concedido en vida toca a su fin, o porque abandona el proyecto para afrontar otros retos. En el caso del autor de esta sinfonía baloncestística, Pablo Laso, está inacabada porque nadie sabe dónde puede estar su techo. La única manera de quebrar este sueño cestista hecho realidad sería cometiendo el disparate de cesarle o poniéndole tantas trabas que fuera incapaz de hacer a gusto su trabajo. Cada año supone un desafío distinto que el vitoriano supera con brillantez. Realizando una mejor temporada regular que el pasado curso (en 2015 finalizan con balance 27-7, este año con 29-5), la fortaleza del Barcelona, encaramado a una primera posición que finalmente asegura gracias al average obtenido en Diciembre en el Palacio, hace que tenga que luchar por el título desde la segunda posición con factor cancha en contra. Por si fuera poco la derrota en el primer partido sacaba a la palestra una demoledora estadística a favor del Barcelona, y es que en 39 eliminatorias a cinco partidos en las que los blaugrana comenzasen ganando 1-0 con factor cancha a favor nadie les había logrado superar hasta la fecha. Ha sido en la 40 y ha sido el Madrid de Laso, que lleva a la sección de baloncesto madridista a ganar por primera vez en su historia unas finales con factor cancha en contra y remontando un 1-0. Por si esto no bastase, también había que luchar contra los fantasmas del pasado, y es que en 2012, en la primera final por el título de Laso, el guión parecía exactamente calcado al mismo con el que llegaban ambos equipos al partido de anoche. En aquella ocasión Marcelinho Huertas hundía la moral de los blancos con un triple a tablero sobre la bocina que daba la victoria por un punto al Barcelona en el Palau. El equipo de Laso se rehacía de manera asombrosa y pasaba por encima de los culés en los dos partidos siguientes. Con 2-1 en la eliminatoria y después de haber ganado el tercer partido por nada menos que 26 puntos (85-59) la euforia se apoderaba del conjunto madridista y de un entorno y una afición que prácticamente daban por segura la consecución del título para los blancos. Sin embargo los de Laso no supieron rematar la faena y Lorbek y Mickeal (además de los triples de C.J.Wallace en el cuarto partido y una exhibición de Fran Vázquez en el quinto) acabarían dándole el título al Barcelona de Pascual. Pero este Real Madrid es mucho más maduro y Laso, qué duda cabe,  mejor entrenador que hace cuatro años. Un técnico que ha derribado de un plumazo viejos dogmas baloncestísticos, como los que hablaban de la importancia del “extra pass”, el tiempo de posesión, el ganar títulos desde la defensa (“es imposible ganar títulos recibiendo 80 puntos”, mantenían algunos), o el tener que utilizar grandes torres en la zona para dominar el juego (¿de verdad hay alguien en el Real Madrid que pueda estar echando de menos a Ante Tomic?) 



Porque desde que se sentó a este piano, Pablo Laso no ha dejado de interpretar piezas de seda baloncestística, y ya saben lo que pasa con los músicos que no dejan de tocar. Cada día son mejores. Por eso nos encanta que sigan tocando.  





Abonados al final feliz.