Mostrando entradas con la etiqueta Tracy McGrady. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tracy McGrady. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de junio de 2013

GRANT HILL, EL CRACK REINVENTADO (I): DE DUKE A DETROIT


El último tren hacia el anillo tampoco llegó al destino soñado.


Toca despedir a uno de los más grandes de los últimos tiempos. Jugador excepcional y talentoso, profesional perseverante como pocos. Un primer análisis sobre la figura de Grant Hill (Dallas, 5-10-1972) nos invitaría a la tentación de englobarlo en el grupo de eso que llamamos “lo que pudo ser y no fue”, y en efecto, no cabe duda de que el espigado alero tejano estaba llamado a ser uno de los jugadores que marcase una época en la NBA y que entrase de lleno en la eterna lucha por ser el enésimo aspirante a la sucesión de Michael Jordan (con quien coincidió en la mejor liga del mundo durante seis temporadas), si no fuera por un sempiterno malditismo en forma de lesiones que le otorgó cierta fama de jugador de cristal al estilo de otro genial coetáneo como Tracy McGrady. Pero es precisamente ahí donde encontramos la clave de la admiración que debe ser profesada a un luchador como Grant Hill, quien en un ejemplo de constancia ha estirado su carrera a nada menos que 19 campañas (18 en realidad, ya que la 2003-04 la perdió enteramente por, como no podía ser de otro modo, problemas físicos y de salud que pusieron incluso su vida en peligro) y retirándose con 40 años cumplidos en su documento de identidad. Casi nada. 


En efecto, en el joven Hill se daban todos los condicionantes para adquirir estatus de megaestrella en el universo NBA, con todos los beneplácitos posibles tratándose además de un muchacho de buena educación y familia (su padre fue jugador profesional de la NFL con una brillante trayectoria de 12 temporadas) totalmente alejado del modelo de baloncestista callejero, tatuado y regido dentro de los parámetros del “gansta style” que ejemplificaban Allen Iverson y un buen número de emergentes estrellas. En definitiva, Hill encajaba en el prototipo de icono NBA que David Stern mejor hubiera podido imaginar jamás.    


Calvin Hill, el padre de la criatura, a finales de los 70.



Estrella ya desde High School en el instituto de South Lakes (Reston, Virginia), es a partir de su ingreso en la prestigiosa universidad de Duke cuando el nombre de Grant Hill comienza a tornarse en legendario para el mundo de las canastas. Con la camiseta de los Blue Devils nuestro protagonista conquistó dos entorchados consecutivos de la NCAA (nadie repetía título desde la UCLA del mítico John Wooden, que llegó a ganar seis títulos seguidos entre 1967 y 1973), el segundo de ellos derrotando en la final a los míticos “Fab Five” de Michigan, un resultado que siguió golpeando dolorosamente en aquellos jugadores que un año más tarde repetirían derrota frente a North Carolina, tanto es así que Jalen Rose en el magnífico documental que la ESPN realizó sobre aquel equipo liderado por Chris Webber no dudo en atacar de manera explicita y poco afortunada al college de Duke de reclutar únicamente jugadores negros que se pudieran calificar como “uncle Toms” (una referencia a la famosa novela de Harriet Beecher Stowe, con la que intentaba hacer creer que los deportistas de color enrolados en la universidad de Durham eran negros sumisos y que aceptaban el “establishment” blanco, y por tanto traidores a la comunidad afroamericana, un poco al estilo del personaje de Samuel L. Jackson en “Django desencadenado”) Lo que si es cierto es que Duke aparte de ser una de las más prestigiosas universidades baloncestísticas normalmente ha sido destino de muchos “buenos chicos”, cosa que puede comprobarse echando un vistazo a la ejemplar, modélica y caballerosa respuesta que Hill dio a las desafortunadas palabras de Jalen Rose.     


Grant Hill con Coach K. Binomio ganador en Duke.



Cumplido un sobresaliente ciclo universitario a las órdenes del ya legendario Mike Krzyzewski, todo parecía indicar que Hill ocuparía sin ninguna duda una de las primeras posiciones del draft de 1994. Después de ver como Glen “Big Dog” Robinson era el número 1 elegido por Milwaukee, y como otro longevo ejemplar del 73 como Jason Kidd era la elección de Dallas, el nombre de Grant Hill sonaba en el tercer lugar de la noche escogido por una franquicia que apostaba por el talentoso alero para reverdecer los laureles de unos años atrás cuando habían conseguido dos anillos consecutivos gracias a los inolvidables “Bad Boys” de Thomas, Dumars, Laimbeer y compañía. Hablamos, como no, de los Detroit Pistons. Precisamente aquel verano de 1994 el genial Thomas y el duro Laimbeer habían anunciado su adiós. Dennis Rodman buscaba nuevas aventuras en San Antonio (antes de recalar en Chicago, donde sus dedos engordarían con tres anillos más) Mark Aguirre finalizaba su brillante carrera en Los Angeles Clippers. En los vecinos Lakers se encontraba James Edwards, mientras que el inolvidable “Microondas” Vinnie Johnson ya llevaba un par de temporadas retirado. De modo que Hill recayó en un equipo de gloria reciente pero en dolorosa reconstrucción, donde sólo Joe Dumars mantenía su liderazgo espiritual a la vez que saciaba su voracidad ofensiva, y que había firmado un pobre registro de 20 victorias por 62 derrotas en la campaña recién finalizada.


El impacto del tejano en la liga fue inmediato. Máximo anotador de su equipo por delante incluso de Dumars o de otro excelso anotador como Allan Houston. Rookie del año junto a Jason Kidd, pero sin duda hay un dato mucho más esclarecedor sobre la dimensión de su aterrizaje en la NBA. Fue el primer rookie en liderar las votaciones para el All Star Game. Michael Jordan vivía por aquel entonces su primera retirada, que daría por concluida a las pocas semanas (volvería en Marzo de 1995), pero para que no hubiera dudas, a la temporada siguiente, con His Airness ya jugando una temporada completa, aún así Hill fue el jugador más votado por delante del mismísimo Jordan. La NBA a sus pies, y los seguidores de los Pistons que volvíamos a tener una razón para soñar.    



Desgraciadamente el éxito personal de Hill no estuvo refrendado a nivel colectivo. Cierto es que con su llegada el balance de victorias aumentó de manera ostensible, pero aquellos Pistons no pasaban de ser un equipo de primera ronda de play offs. Con Dumars ya retirado y Allan Houston firmando como agente libre por New York (donde llegó a disputar unas finales frente a San Antonio Spurs), aquellos Detroit de la era “verde azulada” (los aficionados recordarán que habían cambiado el azul habitual además del logo, emergiendo el busto de un caballo del habitual balón de baloncesto que acompañaba la imagen de la franquicia) eran realmente un equipo mediocre, especialmente en las posiciones interiores (Bison Dele, Eric Montross o Mikki Moore vienen a mi recuerdo), de modo que no había visos de formar un equipo campeón alrededor de Hill como jugador franquicia, a pesar de los insistentes rumores que en su momento apuntaron a una llegada de nada menos que Tim Duncan a la ciudad del motor, debido a su gran amistad con Hill, rumores que se repitieron una vez que el alero se estableció en Orlando. Precisamente de su etapa en Orlando hablaremos en nuestra próxima entrega sobre el genio de Dallas.  


Tomando el relevo.




lunes, 21 de enero de 2013

SERGIO RODRIGUEZ Y LA HISTORIA DE UN OPROBIO


Fear the bear!!


Con el 2012 ya finiquitado e instalado en el recuerdo de nuestra memoria reciente parece claro que uno de los personajes del año en el mundo del baloncesto, al menos a nivel nacional, ha sido el base tinerfeño Sergio Rodríguez, y visto el comienzo de este 2013, se diría que a sus 26 años el genial jugador aún sigue creciendo y generando un juego absolutamente espectacular a la par que pragmático y efectivo del cual el Real Madrid y el pasado verano la selección española (de la que ya no debe caber duda sobre su capacidad para encajar en ese grupo de jugadores) llevan un reciente tiempo beneficiándose. 

Pero realmente no ha sido el pasado reciente del Chacho un camino de rosas hasta recuperar el estatus que por calidad le correspondía en nuestro baloncesto. De hecho creo que estamos ante uno de los casos de injusticia más flagrantes por parte de gran parte de afición, entorno y medios de los últimos tiempos de nuestro deporte. Esta entrada, en cierta manera, pretender hacer justicia a uno de los bases más geniales que ha dado nuestro baloncesto en toda su historia, heredero directo de Raúl López (otro caso de jugador que iba para superestrella, pero en su caso fueron las lesiones las que lastraron una carrera que parecía conducirle a ser nada menos que sucesor de John Stockton en Utah), y elemento intermedio entre la magia del base de Vic y el precoz Ricky Rubio. Es hora de rendir cuentas y sacar las vergüenzas de aquellos que dudaron de manera cruel (llegando hasta el insulto) de Sergio hasta hace bien poco, y cuando digo hace bien poco soy capaz de referirme a prácticamente medio año, cuando allá por finales de Primavera muchos veían una aberración en el hecho de que el tinerfeño comenzase a sonar para la lista de los JJOO de Londres.  

Procuraré ser cuidadoso y no caer en el más sangrante ventajismo. Hagamos cuantos matices sean necesarios. Por un lado a ciertos comentarios, artículos, o análisis paridos y pergeñados desde las redes sociales (y en el fondo éste es uno de ellos) hay que tratarlos en el contexto amateur o de aficionado que se merecen. Aún así hablamos en ocasiones de blogs que, partiendo desde cierto madridismo (ese "madridismo que nunca está contento" del que hablamos por aquí a menudo), gozan de gran popularidad y predicamento y sus entradas generan centenares de comentarios prácticamente todos en la misma dirección (como ven, no es nuestro caso) Llevo un tiempo desarrollando una pequeña teoría a este respecto, sobre cierto tipo de aficionados al baloncesto, y concretamente madridistas como yo, con los que observo como estamos en las antípodas en cuanto a nuestra manera de ver este deporte. Esta circunstancia no debiera ser tan preocupante, al fin y al cabo la discrepancia de pensamiento es buena y puede resultar enriquecedora, pero no puedo evitar sentir cierta inquietud al respecto, ya que al fin y al cabo estamos hablando del mismo deporte, ese que para mí es el más bello y espectacular del mundo, y yendo más allá, hablamos del mismo club al que amamos y sufrimos por igual. La (admito que sin ningún tipo de fundamento) teoría que he construido se basa en relación a la edad y el baloncesto vivido y sobre todo con el que se ha crecido. Creo que ese tipo de aficionado con el que no logro comulgar ni de lejos, pertenece a una generación ligeramente, una década quizás, más joven que la mía (actualmente tengo 39 años, próximo ya a los 40), es decir, hablamos de nuevos treintañeros, gente nacida en los primeros 80, y que a nivel doméstico y continental ha crecido con el peor baloncesto que yo recuerdo, el de gran parte de la década de los 90 y principios del siglo XXI. Es un tipo de espectador para quienes Messina, Obradovic o Ivkovic son nombres cuyo mito trasciende la calidad de su baloncesto. Podían tragarse año tras año infames finales a cuatro de Euroliga con los mismos protagonistas y campeones ganando títulos con marcadores exiguos mientras desde la banda el carismático entrenador de turno le pegaba cuatro voces al jugador que se atrevía a correr un contrataque, eso, según ellos, indicaba personalidad. Son aficionados que crecieron con un baloncesto dominado por genios a cámara lenta como Bodiroga o Papaloukas, grandes jugadores, pero con un concepto del juego totalmente alejado de la locura anarquista con la que muchos crecimos de los Drazen Petrovic o Nikos Gallis. Todo ello ha llevado a este tipo de aficionado a acostumbrarse a un baloncesto férreo, dictatorial, cuadriculado, donde todo lo que escape a esa dictadura de la pizarra aparece ante ellos como algo inconcebible, un misterio arcano indescifrable, y como todo misterio cuando no se comprende, o se le busca alguna trampa o se desprecia. Por eso muchos madridistas criados con ese baloncesto siguen rajando de Laso, de este baloncesto, de esta idea, de este estilo, de este tipo de juego… siguen preguntándose donde está la trampa de jugar a meter 100 puntos y buscándole tres pies al gato. Por eso, esos mismos aficionados, quisieron enterrar a un genio que regresaba a nuestro baloncesto con tan solo 24 años tras cuatro temporadas en la NBA.  

Una vez expuesta esta extraña teoría propia, hagamos historia con el asunto que nos ocupa. El caso de Sergio Rodríguez. Un joven base llegado desde San Cristóbal de La Laguna hasta el club del Ramiro de Maeztu, ese Estudiantes que siempre ha sido un lugar ideal para el crecimiento de nuestros jóvenes valores baloncestísticos. Su nombre comienza a sonar con fuerza como uno de los grandes "prospects" de todo el baloncesto europeo, cosa que confirma en 2004 en Zaragoza, liderando a la selección U18 entrenada por Txus Vidorreta hacia un brillante oro (contando los tres últimos partidos contra Rusia, Italia y Turquía como auténticas palizas) Sergio es elegido MVP de un torneo donde tiene de compañeros de selección a Carlos Suárez, Antelo, o un Sergio Llull por aquel entonces sustituto suyo en el puesto de base de aquel combinado nacional. Como rivales, su ahora compañero Pocius, Kalnietis, Semih Erden, Oguz Savas, Ponkrashov, Datome o Belinelli. No fue una mala cosecha. Para ese 2004 Sergio ya había debutado como jugador ACB con el Estudiantes. 15 segundos en la vibrante final del 2003/2004 entreBarcelona y el club madrileño después de varias expulsiones colegiales tras una especie de tangana en el último partido de ese play off final. En esos 15 segundos y con 18 años recién cumplidos ya deja su carta de presentación con una de sus especialidades, un contrataque veloz como una centella atravesando la zona blaugrana acabando en bandeja. Sus históricos dos primeros puntos en ACB. A partir de ahí, y después de ese dorado verano en la capital maña, Sergio se convierte en uno de las estrellas del Estudiantes y por ende de nuestro baloncesto. Con 18 años juega los 34 partidos de liga regular (13 como titular) y 8 de play offs (donde sale de inicio en 7 ocasiones) Obtiene el galardón del Jugador Revelación de la Liga ACB. Parecía sólo el comienzo para un jugador destinado a marcar una época. El curso siguiente mejora sus prestaciones, y explota definitivamente en play offs contra un Unicaja a la postre campeón. Los malagueños eran aquella temporada el mejor equipo de España. Con Sergio Scariolo en el banquillo y con jugadores como Walter Herrmann, Carlos Cabezas, Berni Rodríguez y Jorge Garbajosa en pista consiguen un histórico título de Liga que añadir a la Copa de la temporada anterior, también con el entrenador italiano dirigiendo (y de hecho siguen siendo los únicos títulos conquistados hasta la fecha por los malagueños... cosa que no está de más recordar,ya que hablamos de injusticias, para poner en su sitio la auténtica importancia de Sergio Scariolo en los banquillos ACB), pero su primera eliminatoria frente al Estudiantes, pese a saldarse con un contundente 3-0, no resultó nada fácil debido a la habitual tenacidad colegial liderada por su joven nueva estrella. 24 y 23 puntos respectivamente anota un Sergio Rodríguez que por entonces cuenta con 19 años en los dos primeros partidos. El Chacho finaliza el play off con medias superiores a los 18 puntos y 5 asistencias por partido. No cabía duda. Estábamos ante el mejor jugador nacional de su generación, y parecía claro que su destino estaba al otro lado del Atlántico.   

El oro de Zaragoza

 La, más bien deportivamente amarga aventura NBA de Sergio creo que es de sobra conocida. Primeramente el desembarco en unos Portland Trail Blazers (que adquieren sus derechos desde los Phoenix Suns, quienes le eligen en el puesto 26 de la primera ronda del draft del 2006) donde no acaban de creer en él (aún así sus tres temporadas en Oregon se saldan con 219 partidos, jugando unos nada desdeñables 15.3 minutos por encuentro en el último curso) Su siguiente destino será Sacramento, escenario donde aún recuerdan a aquel loco maravilloso llamado Jason Williams con el que se llegó a comparar  a Sergio cuando recibió el apodo de "Spanish Chocolate" (haciendo un guiño al "White Chocolate" de Williams) La salida de Portland parecía un alivio después de su falta de entendimiento con un Nate McMillan de quien no vamos a negar que nunca ha estado muy bien visto en nuestro país tras ver que tampoco a Rudy Fernández le daba demasiada cancha. Pero la realidad es aquellos Sacramento Kings de Paul Westphal estaban muy lejos de aquel "greatest show on the court" de los años de Rick Adelman. Con Beno Udrih como habitual base titular y el explosivo “Rookie of the Year” Tyreke Evans ocupando el backcourt, Sergio tuvo poco que rascar en el club californiano. Enviado esa misma campaña a Nueva York, bajo el manto de un apostol del "run&gun" como Mike D'Antoni, parecía que el Chacho por fín había encontrado su sitio. En unos siempre tumultuosos Knicks, nuestro protagonista se encontró con mucha competencia en su puesto: Cris Duhon, el mediático Nate Robinson, el rookie Toney Douglas, e incluso un ya decadente y lastrado Tracy McGrady reconvertido en ocasiones a base. Aún así en el Madison se pudo ver al mejor Sergio. 27 partidos jugando casi 20 minutos con medias de 7.4 puntos y 3.4 asistencias. Con 23 años y aún mucho baloncesto por delante. 

Aún así como muchos otros europeos, Sergio emprende el camino de vuelta, dispuesto a dejar de ser cola de león y convertirse quizás en cabeza de ratón. A posteriori y una vez analizados sus cuatro años NBA habrá opiniones para todos los gustos. Se le acusa de haber emprendido la aventura demasiado pronto, demasiado joven (pero recordemos el caso de Sarunas Jasikevicius, enrolado en el baloncesto USA con 29 años, habiéndolo ganado todo en Europa y siendo posiblemente el mejor base del continente en su momento… y sin embargo teniendo una trayectoria NBA aún más gris que la de Sergio Rodríguez) De un modo externo a la propia persona del jugador, el aficionado se pregunta si aquellos cuatro años más que servir de aprendizaje y evolución cortaron la progresión del tinerfeño. No obstante lo cierto es que sólo el propio Sergio sabe lo que supuso aquello a nivel individual y cuales fueron sus satisfacciones… personalmente creo que sólo por el hecho de que un pabellón como el Madison Square Garden coree tu nombre y te dedique una ovación en un partido de la mejor liga de baloncesto del mundo tiene que haberle valido la pena todo aquello.  

Ídolo en el Madison

 Un buen contrato por tres años con el Real Madrid de Ettore  Messina parecía una sabia elección para volver a sentirse importante y formar parte de un proyecto ganador. Sobre la era Messina ya hemos hablado largo y tendido por aquí, sin ir más lejos hace unas entradas. Vamos a dejarlo simplemente en que, digamos que el técnico de Catania y el base tinerfeño tienen ciertas diferencias a la hora de entender la mejor manera de practicar este juego. Unos discretos 7 puntos y 2.54 asistencias por partido unidas a 1.4 perdidas por encuentro eran números que distaban mucho de lo que se esperaba de un jugador de la categoría de Sergio. En Euroliga unos tristes 6 puntos con 3 asistencias tampoco ayudaban mucho.  El verano de 2011 la sección de baloncesto del club blanco vivía envuelta en un mar de dudas, y un gran número de ellos centradas en la figura del base campeón del mundo. Finalmente la apuesta por Pablo Laso en el banquillo supuso un movimiento absolutamente fundamental para recuperar al mejor Sergio Rodríguez definitivamente para nuestro baloncesto. El técnico vitoriano (recordemos, en su día, uno de los mejores bases ACB) deja claro desde pretemporada cual va a ser su estilo de juego, los “Madrid Suns” que llega a bautizar Carlos Suárez en referencia al estilo descaradamente ofensivo y de ritmo alto propuesto por el alavés. Por otro lado, y pese al clamor popular que pide el fichaje de un base de renombre para reforzar la dirección del juego, Laso lo tiene claro. Los dos sergios, Rodríguez y Llull, serán los encargados de hacer volar a un equipo dispuesto a jugar a velocidad de crucero. Esta historia reciente también es de sobra conocida y justamente ensalzada a través de este humilde blog. Pese a que la temporada regular no muestra aún su mejor nivel, si que hay suficientes destellos que confirman el regreso del genio, sobre todo en los momentos decisivos. Su 58% en triples en play offs resulta decisivo para llegar a la final y mantenerse en todo momento con opciones de conseguir el título liguero que sumar a la ya inolvidable Copa del Rey obtenida unos meses antes en el Palau Sant Jordi. Si “el tiro es lo único que el miedo no puede camuflar” (Gonzalo Vázquez , Psicobasket: CLIX), la irrupción del Chacho como sanguinario pistolero, como nuevo “killer” desatascador de zonas al lado de Jaycee Carroll, no ofrece lugar a dudas sobre el valor infundido en el nuevo y renacido Sergio. Su mejor cara ya la había anticipado en Euroliga, donde hasta la eliminación del equipo de Laso, pese a mostrarse aún timorato en ataque (7.4 puntos por partido) reparte 5.3 asistencias por juego, siendo el segundo mejor average sólo superado por Omar Cook. La reincorporación de su repertorio ofensivo (ese que ya había demostrado en ACB con 19 años) para añadir a su vanguardista visión de juego no ofrece dudas sobre la justicia de la llamada de Sergio Scariolo para los Juegos de Londres, donde es uno de los doce jugadores que se cuelga nuestra tercera plata olímpica. 2012 le seguirá dando satisfacciones. El Madrid levanta el primer título de la temporada, la Supercopa Endesa, derrotando en otra espectacular final al Barcelona. La convivencia con dos bases de primer nivel como Llull y Draper obliga al Chacho a exprimir y aprovechar al máximo sus minutos en cancha (una constante en el equipo de Laso con su buena mano en las rotaciones… mucho reparto de minutos y todos aportando) Los últimos partidos de Sergio vuelven a traer al anotador compulsivo del final del pasado curso, que es tan capaz de destrozar las defensas rivales a triplazo limpio (48% en Liga Endesa a estas alturas de temporada, 29 dianas de 60 intentos) o a base de penetraciones imposibles, para ser capaz de encontrar la mejor opción de pase cuando no mira aro (con Marcus Slaughter como uno de los jugadores más favorecidos en ese caso, dejándonos partido tras partido unos cuantos highlights en forma de “alley oops” entre ambos baloncestistas) El mes de Enero del tinerfeño ha sido realmente estratosférico. Ya despedía el año siendo de los mejores en la única derrota liguera frente al Barcelona (17 puntos en 18 minutos en un gran empuje final), comienza el año con 16 de valoración en 20 minutos frente al Joventut. Contra el Herbalife, de escándalo, 20 puntos en 16 minutos, 28 de valoración (elegido base de la semana en nuestro blog), y ayer remata a una de sus víctimas favoritas, el Unicaja Malaga, con otros 16 de valoración en sólo 20 minutos. Quédense con este dato: en los últimos cuatro partidos de Liga Endesa ha anotado 13 triples… ¡de 16 intentos! En Europa también está de dulce y siendo clave para la imbatibilidad madridista en el Top 16. Tardó en aparecer frente al Zalgiris (8 puntos en 11 minutos) al que remató con casi un “buzzer beater” y de nuevo hablando del Martín Carpena de Malaga, 14 puntos en 18 minutos rompieron el partido. No parecen números excesivamente espectaculares, pero hay que tomarlos en consideración en relación minutos/prestaciones, y sobre todo admitir que está apareciendo en los momentos decisivos de los encuentros.     

Vuelven los títulos

 Es en este momento, cuando se muestra como el base más en forma del baloncesto ACB, la hora de recordar como se quiso enterrar a un jugador de 24 años en su regreso al baloncesto europeo. Puedo comprender, y de hecho no puede ser de otro modo, la crítica al Sergio de su primer año madridista. No vamos a engañar a nadie, su temporada fue nefasta y muy por debajo de las expectativas. Lo que no es justo es el análisis sin matices, sin comprender el contexto en el que le obligaba a moverse un conservador táctico como Messina, de igual modo que también me resulta inadmisible la falta de paciencia que llevó a muchos aficionados a faltar al respeto al Chacho (o “el chocho”, como le gustaban de llamar… los mismos que a Laso, un entrenador que esta temporada nos está llevando a un 90% de victorias, llaman “Losa”, en otro alarde de imaginación y destreza mental propia de un protozoo) y pedir su cabeza, deportación y exilio del club blanco. Ese “madridismo que nunca está contento”, para quien todo lo que rodea a la sección de baloncesto de este club es un desastre, con Herreros y Sánchez a la cabeza. Ese madridismo que pone bajo sospecha cualquier triunfo y sigue afilando el cuchillo es el que luego se queja de la falta de seriedad de un club que no deja madurar proyectos. Me parece bien que ahora se suban “al carro” del Chacho, pero recuerden, no olviden jamás todos estos analistas de pacotilla, amantes del pizarrín y de los partidos a 60 puntos, que si de ellos hubiera dependido, Sergio Rodríguez no estaría ahora mismo defendiendo nuestra camiseta. Repito que puedo entender la decepción del primer curso madridista de Sergio, pero tengan un poco de dignidad antes de pasar del negro al blanco de esta manera, y sobre todo, aprendan la lección de cara al futuro. A los genios no se les olvida jugar al baloncesto… simplemente, a veces ese genio parece quedarse encerrado en una lámpara, o quizás en una pizarra de baloncesto, esperando que alguien como Pablo Laso, jugador que también sabía de la importancia de la libertad ofensiva, frote el recipiente de donde vuelva a salir la magia y la genialidad capaz de concedernos a los aficionados a este deporte nuestro mayor deseo: ser felices con un buen espectáculo cada vez que vemos un partido. 


miércoles, 24 de octubre de 2012

NUNCA ES TARDE SI EL T-MAC ES BUENO (O "¿POR QUÉ ERES TAN BUENO MCGRADY?")

Toca hacer nuestro habitual repaso a la liga privada del Supermanager ACB "El Tirador Melancólico". Ya saben que en principio nos gusta hacerlo los martes, pero a veces uno no puede dedicarse a esto como le gustaría y el tiempo que le gustaría. Aunque sea con un día de retraso sobre lo habitual, vamos con ello. 

Cuarta jornada y cuarto ganador, de momento nadie repite. Primera victoria para uno de los managers del año pasado, bishop77 y su equipo McGrady and friends. Precisamente cuando se han cumplido recientemente tres años del fallecimiento del inolvidable Andres Montes, recordamos uno de sus más celebres gritos de guerra: ¡¡¡¡¡PORQUE ERES TAN BUENO MCGRADY!!!!!  


La clasificación la sigue encabezando MARSUPILAMI, primer manager que repite liderato, o sea que también enhorabuena para él esta semana.    


JORNADA 4
McGrady and friends minuty123 167,2
Redd Kross Army Andyrocks 155,2
Concepcion Raiders Clyde the Glide 150,2
pick&roll69 socio69 149,2
Illa de Ons STT 148,8
cutty sark 012 Sark09 147,4
DAREDEVIL pacoula 146
Peineta Hawks Eutiqui 144,6
lopez vazquezball gominsky 141,8
centolleitor capitanbud 141,8
Inadsequibles a las gachas iamwolverine 140,2
GSTDEDJ MARSUPILAMI 137,8
Club Basket Mr. Policeman yujuuuu Canino_83 137,8
The Big Crunch Team ender57 135
PABLO LASO'S FLYING CIRCUS HANSIGNAD 133
Plataforma Antiparacetamol agr15 131,4
Bodybuildgin89 afrukat89 131,2
Headless Chickens Abby 131
Gekko's capimorgan 128,8
CaiAtope svelaf 127
Chicos Telepáticos&Melancólicos Douggy 127
El Tirador Melancólico Pepe Kubrick 122,8
viva ESPAÑA y ELCHE montessiempre 114,4
Dedicado mikelarke 114,2
Ramones ivansm 113,4
jostanacbbasquet bishop77 113,2
Bilbaonomics Rafa Jofresa Henryyy 110,8
palentinossssssssssss minuty123 110,4
Los Celtics Zaphod42 105,2
Washington Bullets MoBlaylock 101,8
EstuHeat Estu_12 98,8
Dubitismo Marc Rampas 98,8
lininisimos lininisimos 95,2
VIVA EL BIERZO!!! zepe_iti@hotmail.com 83,6
rafata club rafaruiz1992 83,6
Pistonudos Shuttlesworth 82
pop84 despeslab 80,6
Mandakarallo III IvánEsk 79,6
fcb erico33 77
Pick and Roll JuanCarlos5 72,8
GENERAL
GSTDEDJ MARSUPILAMI 642,2
Redd Kross Army Andyrocks 640,4
PABLO LASO'S FLYING CIRCUS HANSIGNAD 614
Gekko's capimorgan 613
Inadsequibles a las gachas iamwolverine 609
Headless Chickens Abby 604,6
centolleitor capitanbud 592,4
cutty sark 012 Sark09 588
lopez vazquezball gominsky 580,6
Plataforma Antiparacetamol agr15 576,6
Bilbaonomics Rafa Jofresa Henryyy 574,4
Illa de Ons STT 568
Club Basket Mr. Policeman yujuuuu Canino_83 562,8
Illa de Ons STT 559
jostanacbbasquet bishop77 550,2
El Tirador Melancólico Pepe Kubrick 540,6
Ramones ivansm 535,4
Concepcion Raiders Clyde the Glide 534,2
DAREDEVIL pacoula 526,8
Washington Bullets MoBlaylock 520
Mandakarallo III IvánEsk 513,4
pick&roll69 socio69 494,2
fcb erico33 488,2
Pick and Roll JuanCarlos5 469,8
McGrady and friends minuty123 465
rafata club rafaruiz1992 464,6
Pistonudos Shuttlesworth 457,8
The Big Crunch Team ender57 457,4
Dedicado mikelarke 453,8
Los Celtics Zaphod42 451,4
EstuHeat Estu_12 447,2
Pistonudos Shuttlesworth 444
EstuHeat Estu_12 439,4
palentinossssssssssss minuty123 433,4
Dubitismo Marc Rampas 407
VIVA EL BIERZO!!! zepe_iti@hotmail.com 406,8
viva ESPAÑA y ELCHE montessiempre 403,6
CaiAtope svelaf 402
lininisimos lininisimos 346
pop84 despeslab 283,2


miércoles, 14 de marzo de 2012

CUANDO UN CRACK HACE CRACK

"Amor para mi compañero y amigo @rickyrubio. Que te recuperes rápido. Te echaremos de menos" (Kevin Love vía twitter)

Uno de los motivos más recurrentes en este blog, un tópico al que gustamos de aferrarnos en nuestros sufridos debates baloncestísticos, es el del “what if?”, ese escenario ucrónico sobre lo que pudo haber sido y no fue. Algo habitual en el mundo del deporte, un escenario en el que el aficionado tiende a idear, e incluso idealizar, una visión de los acontecimientos en la que el máximo potencial haya podido ser desarrollado sin impedimento ni traba alguna.

La historia del deporte en general y del baloncesto en particular está jalonada de “what if?s”, equipos que podían haber sido dinásticos, entrenadores que hubieran entrado en la historia de haber recibido la confianza y medios necesarios, y por supuesto, jugadores que no llegaron a explotar lo mejor de su juego. Hay muchas razones para explicar porque carreras que parecían destinadas a establecerse como legendarias se quedaron simplemente en buenas, normales, regulares, o incluso en otros casos fueron un fracaso, o yendo más allá en algunos casos más puntuales ni siquiera llegó a haber carrera. La falta de profesionalidad, una cabeza mal amueblada, ser poseedor de una naturaleza adictiva, ausencia de disciplina y de sacrificio, malos hábitos, endeblez mental, falta de ambición… todos estos factores determinarán en mayor o menos medida la brillantez de una trayectoria deportiva, y luego están, por supuesto, las lesiones. 

Al fin y al cabo todos estos factores de los que hemos hablado son perfectamente controlables, o deberían serlo, por el propio sujeto, dueño y señor de su vida y del talento con el que ha sido dotado, y libre de elegir entre sacrificarse para hacerse un hueco en la historia reservado sólo a los más grandes o simplemente tener una carrera que le sirva para vivir, y en la que nunca le faltarán ofertas dada su calidad innata. En ese sentido incluso tendemos a sentir simpatía por los segundos, deportistas más humanizados que como que cualquier hijo de vecino demuestran una tendencia natural al hedonismo, y nos parece comprensible que se dediquen a meter más puntos fuera de los terrenos de juego que dentro de las pistas. Los vemos como unos trasuntos de Curro Romero a los que hay que dejar a su aire, arriesgarse a pagar la entrada, y encontrarte con una faena de dos orejas y rabo (no sé que hago utilizando metáforas taurinas cuando soy contrario a esa “fiesta”) que te deje el alma henchida de gozo y placer para un mes, o encontrarte un espectáculo deplorable simplemente porque al genio no le apeteció ese día ponerse el mono de trabajo, y la caprichosa musa, si no se la entrena un poco, puede volar de una azotea a otra y buscarse acomodo en otro artista con más ganas de mover el culo. Pero en definitiva, ¿acaso hay alguien que no sintiese simpatía por Mágico González? 

Mágico Gonzalez frente a Maradona, paradigmas del genio disoluto.


Las lesiones, sin embargo, escapan por completo al control absoluto por parte de los protagonistas. Está claro que hay factores controlables, determinados hábitos, estar en buenas manos en terrenos fisioterapéuticos, y por supuesto no forzar buscando reapariciones milagrosas que suelen traer recaídas bastante gravosas, más incluso que la lesión original. Y también es cierto que hay físicos más propensos a “romperse” que otros, pero en general tendemos a pensar que el tema de las lesiones suele tener más que ver con el azar que con la propia gestión de su cuerpo, talento y energías por parte del deportista en cuestión. Los infortunios físicos de los que hablamos han producido auténticos calvarios para quienes los han padecido, y también, de un modo más egoísta, han sido mazazos para todos los que amamos este deporte, truncando carreras vertiginosas que nadie podía intuir donde estuviera su límite, privándonos de proezas y hazañas aún mayores de las vistas en el que consideramos el más espectacular de los deportes. En ese escenario improbable de “que hubiera sido”, para mí el caso más doliente es el de Arvydas Sabonis, jugador que posiblemente no llegó ni a demostrar el 50% de todo el baloncesto que podía haber desarrollado, un gigante cojo limitado a jugar prácticamente andando. Aún así desde el comienzo de su carrera hasta el final de la misma dominó toda cancha por la que pasó, pero siempre sin poder hacer un esfuerzo de más y con restricciones de minutos en juego. ¿A dónde hubiera podido llegar un Sabonis sin lesiones?, ¿qué clase de coloso hubiéramos podido presenciar de haber tenido el físico de, pongamos un Wilt Chamberlain (a pesar de que “The Slit”, como muchos gigantes, también sufrió la severidad de las lesiones durante su carrera, pasando prácticamente en blanco su segundo año “laker”)?

No se trata tampoco de hacer un repaso exhaustivo a todos lo que habiendo sido muy grandes, podían haberlo sido todavía más. No hace falta irse muy lejos en el tiempo y el aficionado seguro que podrá recordar casos como los de Grant Hill o Tracy McGrady, quienes han sido de los mejores jugadores de los últimos tiempos, pero, ¿y si las malditas lesiones no les hubieran cortado ininterrumpidamente su progresión, si no hubieran visto minada su moral por culpa de esos percances que les impedían llegar a establecer ese dominio en la mejor liga del mundo para el que parecían haber sido destinados? Reciente está también el caso de Yao Ming, una joya de 229 centímetros de buen baloncesto y fina muñeca quien desde 2005 ha pasado más tiempo en las clínicas que en las canchas, hasta su reciente retirada hace unos ocho meses. Y que decir de Greg Oden, ya prácticamente un ex –jugador de sólo 24 años de edad. Número 1 del draft del 2007, uno de los mejores de los últimos tiempos, y llamado a marcar la nueva era de la NBA junto a Kevin Durant. “Durantula” se ha quedado solo en tal tarea. El caso de Oden además alimenta el mito de Portland Trail Blazers como la franquicia maldita por excelencia, corroborado esta misma temporada con la retirada de Brandon Roy. Con sólo 26 años de edad, quien había sido “rookie” del año en 2007 e integrante del segundo y tercer quinteto ideal en 2009 y 2010 respectivamente, nos decía adiós con la dolorosa confesión de que, sencillamente, con sus rodillas no puede jugar a esto. En estos días hemos recordado el durísimo caso de Mario Bruno Fernandez gracias a una entrevista en la web Nuevo Basket. No hace muchos años se hablaba de él como uno de los bases de moda de nuestro baloncesto, e incluso llego a ser invitado por Pepu Hernandez para la preselección del Europeo 2007. Ahora, a sus 28 años de edad, una malformación en su rodilla no sólo le ha alejado de las canchas de jueg, si no que directamente lucha por poder volver a andar sin necesidad de muletas.  

El duelo por un reinado que nos quedaremos sin vivir.


A estas alturas del texto, y si el sufrido lector ha sido capaz de llegar hasta aquí, ya habrá sido capaz de imaginar de que estamos hablando. Quedaban apenas quince segundos para el final del Minnesota Timberwolves- Los Angeles Lakers, partido intenso y disputadísimo que confirmaba una vez más que si hay un equipo revelación esta temporada en la NBA, una franquicia que haya dado un paso de gigante, esa es la de los lobos grises dirigidos por Rick Adelman. Quedaba como decimos menos de un minuto en la noche del pasado viernes para el desenlace de un choque vibrante cuando Kobe Bryant en esos minutos finales de “kobesistema” se encontraba con la marca de un Ricky Rubio quien estaba volviendo a demostrar su mejor nivel. Kobe y Ricky estaban disputando un duelo realmente apasionante, pleno de intensidad, miradas, “trash talk”, y demás aspectos de esos que nos hacen dudar de la edad de Ricky y su grado de “rookie”, viendo la madurez con la que ha afrontado cada choque con las vacas sagradas de la liga. Era el duelo de la noche y llegaba a su resolución final. El depredador por excelencia de la liga, el devorador de registros, el jugador más seguro en los finales igualados, el rey del “clutch time”, frente al novato descarado que estaba poniendo patas arriba la liga, que estaba volviendo a llevar al baloncesto a los terrenos de la fantasía de donde no debió moverse jamás, que había liberado el juego de las ataduras de los especuladores, de los mezquinos, de los escamoteadores del espectáculo, y de quienes tienen el gris por color predilecto. 

Y entonces… Ricky hizo crack. 

Imagino que muchos de ustedes que, como yo, estarían viendo el partido en directo, enseguida sintieran una súbita preocupación ante la caída, no demasiado aparatosa, pero si con una “doblez” que no anticipaba nada bueno. Preocupación que se confirmó al ver las repeticiones, o al observar los gestos de dolor de Ricky en el banquillo, su incapacidad para andar, o como tuvo que salir de la cancha apoyado en los hombros de miembros del cuerpo técnico de los T-Wolves. Ni siquiera pudo jugar esa última posesión para su equipo, aún con la anestesia que supone para el dolor el tener el músculo caliente tras casi 40 minutos en pista (¿cuántas veces hemos visto jugadores lesionados acabar partidos, engañados por la naturaleza muscular que en caliente les hace pensar que la caída que acaban de sufrir no ha sido nada, para luego en una posterior exploración darse cuenta de lo que tenían?) 

I've been hurt


Y Ricky se rompió, vivió su particular “punto jonbar”, sufriendo la posiblemente peor lesión para un deportista. Rotura de ligamentos. Seis meses como mínimo fuera de las canchas, progresión cortada, y ausencia de lo que hubieran sido sus segundos Juegos Olímpicos con tan solo 21 años. Unos Juegos de los que es el más joven medallista en esta disciplina deportiva, por delante de los genios más precoces de este deporte, incluyendo a Drazen Petrovic o a Arvydas Sabonis. Una medalla de plata que obtuvo tras dirigir como base titular a la selección en aquel histórico partido de Pekín (José Manuel Calderón, otro jugador con infortunios constantes, sobre todo en sus encuentros con la elástica nacional, se había lesionado) y que no podrá refrendar este verano. Si había un jugador en el panorama actual con capacidad para igualar las increíbles marcas de Oscar Schmidt Becerra, Andrew Gaze y Teofilo Cruz con cinco Juegos Olímpicos a sus espaldas, ese era Ricky. Otra proeza que nos tememos ya quedaré en el tintero para siempre.  

La preocupación por la ausencia de Rubio en los Juegos de Londres no es tema baladí. Algunas de las mayores dudas de Sergio Scariolo de cara a configurar sus planteles definitivos para competir con nuestra selección han venido precisamente en la posición de base, no tanto en que jugadores, si no en el número de bases puros. Lo que si tiene claro el italiano (y creo que el 99% de la afición) es que Calderón y Ricky son la pareja de bases segura para nuestra selección. Por lo tanto el debate ya no es si ir con dos bases o tres, como el pasado verano, la ausencia del catalán abre las puertas a otro director de juego. Ahí el panorama (y el debate) es amplio, y ya hablaremos de ello… Raúl López, Sergio Rodriguez, Victor Sada o Carlos Cabezas parten con cierta ventaja, por estatus, nombre, y experiencia con la selección, pero quien sabe si podría ser el momento de que llegasen a la internacionalidad magníficos bases quizás no tan mediáticos pero igualmente brillantes como Javi Salgado o Pedro Llompart. 

La desazón en Minneapolis tampoco se ha hecho esperar. El infortunio de Ricky frena de golpe y porrazo las aspiraciones de los Wolves de arañar una de las siempre caras plazas de POs en el Oeste. Un club que ha pasado de la nada al todo, y ahora tiene que volver a la costumbre de nadar en aguas más ordinarias, una vez que su fantasioso arquitecto se ha quedado en el dique seco. La desgracia del base español puede ser también una vara con la que medir la real importancia del joven genio. Simplemente, veamos cual es el balance que obtiene Minnesota sin Ricky llevando el mando en la pista, y eso puede ayudar al aficionado a hacerse una idea de cual era la importancia real del jugador de El Masnou más allá de sus números individuales.  

Sin perder la sonrisa.


Así pues y con Ricky KO, los aficionados que buscamos disfrutar del baloncesto en su vertiente más imaginativa y estética estamos de enhoramala. Peor lo llevará el propio protagonista, claro, quien lo primero que “tuiteaba” tras su desgracia era su lástima por esa victoria huidiza que tuvieron tan cerca frente a los Lakers, por si alguien tenía alguna duda de que Ricky es uno de esos deportistas para quienes la palabra “equipo” significa mucho más que un montón de cuerpos con cara y ojos que comparten vestuario. Y por supuesto, la sombra de la duda vuelve a planear una vez más sobre el jugador. Un jugador acostumbrado a ser puesto en tela de juicio, cuando tuvo el único mal año de su meteórica carrera y soportó un chaparrón de feroces críticas despiadadas sobre la realidad de su juego y su calidad. Cerró todas las bocas, volvió a llenar las canchas de magia, e inundó de esperanza los corazones de los abnegados aficionados del Target Center de Minneapolis, que tras muchos años de infamia baloncestística en su cancha volvían a ver ganar con cierta frecuencia a su equipo. Ahora vuelven las dudas, y parecen tener su parte de lógica. ¿Volverá a ser Ricky el mismo que antes de romperse los ligamentos?, sinceramente, me cuesta mucho pensar que así sea. Es prácticamente imposible que un deportista vuelva a ser el mismo que antes de una lesión grave. No quiero decir con esto que no volvamos a ver a un Ricky a primerísimo nivel, estoy convencido de que así será, y que su segundo año NBA, su curso “sophomore”, será el de su consagración absoluta. Mejorará sus números individuales, los del equipo, y hará mejores a sus compañeros. Será All-Star y ocupará el vacío dejado por Steve Nash. Así de fuerte apostamos por Ricky. Pero no nos engañemos, de alguna u otra manera no será el mismo. Estamos hablando de la lesión más temida en el mundo del baloncesto, un tabú, un innombrable, lo que es Juán Pardo para los músicos. La lesión del ACL ("Anterior Cruciate Ligament"), la misma que supuso un contratiempo insalvable para un Adam Morrison al que muchos veían como el nuevo Larry Bird, la misma que padeció por dos veces el gran Raül López, jugador llamado a ser un superclase, que supuraba NBA por cada poro de su piel, y así lo demostró cuando el físico se lo permitió cada segundo que vistió la camiseta de los Jazz de Utah, quien finalmente se ha quedado en un brillante jugador FIBA, lo cual no es poco, pero si muy por debajo del potencial verdadero de quien apuntaba a ser posiblemente el mejor base español de todos los tiempos. Por lo tanto sería realmente ilusorio pensar que una lesión de este tipo no vaya a afectar física y mentalmente a un chaval de 21 años, aunque en el segundo aspecto, Ricky ha dado sobradas muestras de poseer una cabeza perfectamente amueblada, de tener la suficiente madurez, y de manejarse en un envidiable equilibro emocional, ese que hace que se nos presente como un chico feliz pese a que por primera vez en su exitosa carrera vive el lado amargo del deporte. Dura prueba la de manejar su primer gran contratiempo (o quizás el segundo si consideramos el primero el notable bajón de juego y forma que experimentó en su último año europeo), pero estoy convencido de que si Ricky no fuese tan equilibrado, maduro e inteligente, no habría sido capaz de recorrer tanto en tan poco tiempo, y quizás hablaríamos de él como claro exponente de los individuos con los que comenzamos esta entrada, esos que no han sabido o no han querido gestionar todo el talento que han recibido. Ricky se siente tan privilegiado por sus facultades y vive tan entregado a la causa de este deporte, que mucho más allá de que se pierda la posibilidad de meter en play-offs a su equipo, o de disputar sus segundos Juegos Olímpicos volviendo a aspirar a medalla y quizás repetir final, mucho más allá de eso, hay algo mucho más simple pero doloroso: Simplemente, no va a poder jugar al baloncesto. Es decir, lo que más le hace feliz en la vida. 

Raúl y las dudas.


Es en este tipo de situaciones, en las que el deporte que tanto nos hace disfrutar nos sacude con un revés inesperado, que uno recurre a la filosofía de andar por casa, esa que habla de ver los vasos medios llenos o medio vacíos, lo que ocurre es que quien es bebedor irremediablemente tiende a verlo medio vacío y a desear más brebaje para saciar su alma. O también es un buen momento para recordar a Carlos Sainz, paradigma del deportista gafe y maldito en nuestro país, una especie de imán andante para las desgracias. Siempre que al piloto madrileño le inquieren sobre su proverbial mala suerte histórica él siempre responde la misma estoica y sosegada manera. Da gracias por todo lo conseguido. Sabe que forma parte del grupo de los privilegiados, de los actores, mientras otros nos conformamos con observar desde debajo del escenario.   

¿Afortunado o maldito?


lunes, 24 de octubre de 2011

¿POR QUÉ ERES TAN BUENO, MCGRADY?

Saludos melancólicos desde el 6.75. Como suele ser habitual tras otra jornada liguera en España, hacemos balance de nuestra liga Supermanager. En la cuarta jornada bishop77 se ha alzado con el triunfo, es su primera victoria, en una liga que en cuatro jornadas ha tenido cuatro vencedores diferentes, luego la cosa está competida. Eso sí, en la cabeza sigue reinando la Avenida Belmont de Gunspector al que no conseguimos apear del liderato. Bishop77 es un jugador que entró con un equipo recién creado, por lo que ha puntuado dos semanas menos que el resto, de ahí su condición de colista, pero con actuaciones como las de esta jornada es fácil pensar que pronto recortará posiciones, con su equipo “mcgrady and friends”, homenajeando al genial T-Mac, uno de los jugadores más talentosos de los últimos tiempos al que una excesiva tendencia a lesionarse no le ha dejado nunca llegar a ser el jugador que potencialmente podía haber sido. La referencia a McGrady y a ese famoso “¿Por qué eres tan bueno, McGrady?” también nos ha hecho recordar que estos días se han cumplido dos años de la desaparición del gran Andrés Montes, todo un personaje, un narrador y periodista que comprendía el deporte como espectáculo de una manera maravillosa. Se le echa de menos.

Saludamos a otro nuevo jugador, desde Granada, gominsky y su Lopez Vazquezball (brillante juego de palabras) se ha unido a nosotros, ¡suerte! 

…y en homenaje al ganador de la jornada, suenan una vez más los Count Bishops, posteriormente Bishops.   

El hombre que pudo reinar.  


Jornada 4 

Mcgrady and friends             135,40
Thunder                                 121,20
El Tirador Melancólico         117,60
Los Chicos Telepáticos 2      117,40
Lopez Vazquezball                  94,20
Rudy’s hairdresser                   87,60
Avenida Belmont                     82,40
Paketes                                     75,20
Entelequia Israel                      53,40
Condensador de Fluzo             51,60 

General 

Avenida Belmont                          433,40               
El Tirador Melancólico                 417  
Los Chicos Telepáticos 2             411
Rudy’s hairdresser                      400,20
Thunder                                      386,80
Condensador de Fluzo               346
Paketes                                       334
Lopez Vazquezball                    323,80
Entelequia Israel                        323,40         
Mcgrady and friends                 221,40