lunes, 10 de junio de 2019

IBAKA Y EL TERROR




Ibaka está sembrando el terror en ambas zonas en estas finales.




No hubo punto de inflexión para Golden State en el G4 de las finales NBA. Toronto volvió a asomar su cara más depredadora, aunque en esta ocasión y a diferencia del tercer partido no fuera desde el comienzo, si no en una demoledora segunda parte que vuelve a tirar por tierra pronósticos y prejuicios y que plantea evidentes dudas sobre la solidez de algunos argumentos respecto a ambas franquicias, como es el uso de ambos banquillos. Alabamos la dosificación y reparto de minutos de Steve Kerr, pero, ¿quizás sea precisamente ese uno de las claves para entender el 3-1 actual a favor de Toronto?, es una pregunta que parece perfectamente válida cuando en el tercer curto el técnico tejano se empeñó en mantener un endeble backcourt formado por Curry y Cock por el que los Raptors penetraron como un cuchillo en mantequilla una y otra vez. La lección de pick&roll impartida por los hombres de Nurse fue de las que hacen época, y el ejecutor final de este bloqueo y continuación que se hartó de hundir el balo en el aro rival fue en casi todo momento el mismo hombre: Serge Ibaka, convertido ya en el siempre habitual “factor X” que aparece en todas las series finales.  


Salvo que Golden State logre la machada de voltear este 3-1 (y convertirse en el segundo equipo en la historia en hacerlo después de Cleveland en 2016 ante precisamente el equipo californiano) el MVP muy posiblemente sea para Kawhi Leonard. Sus descomunales 36 puntos, 12 rebotes, 2 asistencias y 4 rebotes no ofrecen dudas. Mantuvo al equipo durante una primera parte en la que los locales fueron superiores. 14 de los 17 puntos de su equipo en el primer cuarto llevaron su firma. Un primer acto en el que los de Kerr llegaron a mandar de 9 puntos en unos minutos de escasa calidad baloncestística, plagados de errores y de pérdidas de balón. Baste decir que el marcador tardó tres minutos en abrirse, tres minutos en los que entre ambos equipos llegaron a perder hasta siete balones. A dos minutos del descanso los Warriors aún seguían mandando con una diferencia de 8 (36-44), pero un pequeño parcial canadiense de 6-2 ajustaba el electrónico de cara a la segunda parte. Klay Thompson había dejado clara su importancia tanto como ejecutor y como amortiguador.  Lideraba la anotación de su equipo con 14 puntos, pero además su presencia empujaba a Danny Green de nuevo a su particular agujero negro de estos playoffs, y el escolta neoyorquino se iba a los vestuarios sin haber estrenado su cuenta anotadora. Lowry si firmaba unos decentes ocho puntos, pero la mitad de ellos desde el tiro libre. En resumidas cuentas, el backcourt titular de Toronto sólo había conseguido dos canastas en juego en toda la primera parte. Dato terrorífico. 


Tras el paso por los vestuarios, Kahwi, quien no había anotado en todo el segundo cuarto (empataba por tanto con Thompson como máximo anotador del partido con 14 puntos) clavaba dos triplazos en un visto y no visto para poner a Toronto dos arriba. Respondía Curry con otra canasta desde más allá del arco para devolver el mando a Golden State, y el partido por fin se ponía al nivel de calidad que se espera en unas series finales de la NBA. Thompson seguía dando clases de “catch & shoot” y Draymond Green dejaba la asistencia de la noche en un pase picado en contrataque que culminaba Igoudala con su primera canasta del partido. Eran los mejores minutos del encuentro, e incluso Golden State abría una pequeña brecha de cinco puntos, pero Toronto no se iba y volvería a ponerse por delante con una de los mejores detalles técnicos del partido, un pick&pop entre VanVleet y Gasol que dejaba al de Sant Boi libre para ajusticiar desde el triple. Parecía que tendríamos un partido igualado a partir de esos momentos, con Golden State tirando de la experiencia que se le supone a un equipo que lleva cinco finales consecutivas y demostrando que el plan de Kerr respecto a dosificación y uso de sus jugadores es correcto de cara a mantener a su equipo con opciones hasta el final de un partido, pero la realidad fue otra bien distinta. Los del Oracle se descompusieron como un azucarillo y Toronto se disparó en el marcador. El descanso de Thompson fue un momento especialmente significativo, en el apenas minuto y medio que la metralleta de Los Angeles tomo fuelle en el banquillo los de Kerr no vieron aro y cuando volvió a la pista se encontró con su equipo ocho abajo en el marcador. Pero lo peor no era estrictamente el marcador, si no la comodidad con la que los ataques visitantes tenían eficacia, con Ibaka como martillo pilón en el bloqueo y continuación y Leonard metiéndolas desde todas las posiciones. Una canasta lateral del alero californiano cerraba el tercer cuarto (Curry fallaría un intento triple posterior) en un preocupante y significativo para Golden State 79-67. Un triple de VanVleet abriendo el acto final dejaba a las claras que Toronto no iba a permitir reacción alguna de Golden State. Los de Kerr sólo lograron bajar de la decena de puntos de desventaja a tres minutos para el final (97-89), demasiado tarde ante un rival que tenía las ideas tan claras que ni siquiera necesitó de los puntos de Leonard en esos minutos finales. Fue el momento de Siakam, que con seis puntos en ese tramo definitivo sofocó cualquier mínimo intento de rebelión californiana que pudiera atisbarse. En realidad nadie hubiera apostado por que tal cosa hubiese sucedido, dejando una imagen realmente pobre para los inquilinos del Oracle Arena en el que puede haber sido el último partido en la historia de este pabellón si Toronto sentencia las finales en Ontario. Triste final para el escenario que ha visto crecer a uno de los equipos más legendarios de la historia como son los Golden State Warriors de la segunda mitad de esta década. 


Leonard apunta al MVP, qué duda cabe. Sus 30.7 puntos, 10.2 rebotes, 4 asistencias, 2 robos y un tapón por partido son incontestables. A su lado Siakam se ha convertido en el inesperado segundo espada, por delante de todo un Kyle Lowry. Después de explotar en el primer partido vuelve a dejar una excelente actuación en este G4 con 19 puntos y 5 rebotes. Pero no podemos evitar barrer un poco para casa y hacer un aparte sobre el partido que juega Serge Ibaka. Sus 20 puntos con un 75% de acierto en tiros de campo son números que no se veían en un suplente en unas series finales de la NBA desde un referente para los “sextos hombres” como el gran Vinnie Johnson, cuando el microondas de Detroit hizo 21 puntos a Portland en las finales de 1990 anotando 9 de sus 12 tiros de campo. Sinceramente creemos que el hispano-congoleño está siendo ese “factor X” al que nos referíamos y que siempre tiene que aparecer en el equipo campeón de unas finales. Ese jugador de labor más oscura pero que finalmente suma con aportaciones estadísticas con las que nadie contaba pero de un valor incalculable. Sus 9.5 puntos por partido tienen la vital importancia de que se producen con un 53.3% en tiros de campo. Una media anotadora muy estimable para un jugador que sale desde el banquillo, pero sobre todo una media anotadora que no necesita demasiados tiros para producir. Y por supuesto una actividad infatigable a ambos lados de la cancha, colocando más de dos tapones por partido (para la historia quedan los seis del G3) En un partido tan duro como fue el cuarto, con defensas al límite y que deja imágenes como la de Cousins “abrazando” en una falta personal a Siakam al poco de comenzar el encuentro, o VanVleet perdiendo un diente y mostrando una brecha en la cara tras un codazo de Livingston, Ibaka fue el gran superviviente, el terror hecho forma humana. Sus continuaciones tras bloqueo se mostraron absolutamente imparables para la defensa de Golden State, una vez más en entredicho al finalizar el partido. En ese sentido (y volvemos a barrer para casa) la mano de Scariolo es evidente. Hay que recordar que nuestro seleccionador nacional enrolado en el staff técnico de Toronto se dedica principalmente al aspecto ofensivo del equipo, e igualmente recordar su obsesión por el pick&roll. Y esto no es pecar de chauvinismo, ya que en la propia NBA se lleva tiempo hablando del “Spain pick&roll” en referencia a una de las jugadas favoritas de Scariolo en la selección y que muchos entrenadores de la mejor liga del mundo llevan utilizando desde que lo vieran en los Juegos Olímpicos de 2016. Uno de esos entrenadores es lógicamente Nick Nurse. 




VanVleet, víctima de la dureza de las finales.



Toronto Raptors tiene la próxima madrugada la primera de sus tres ocasiones para hacer historia y convertirse en la primera franquicia no estadounidense en conquistar el título de campeones de la NBA. Golden State sigue esperando a Kevin Durant, quien ya ha podido entrenar con sus compañeros buscando la heroica. Un Durant ahora mismo imprescindible para Kerr y el único que parece poder cambiar ciertas debilidades, no sólo en ataque (el 15 de 42 de Curry duele, un 35% para un jugador que durante la temporada lanzó con un 43% desde esa distancia), sino sobre todo en defensa. Si la baja de Thompson en el G3 ofreció la mejor versión de los exteriores rivales, Lowry y Green, la de Durant durante toda la serie, pero especialmente en el cuarto partido, muestra una endeblez terrible en las penetraciones hacia el aro de Toronto, allanadas sin los interminables brazos de Durantula en el camino. El éxito de Golden State en las últimas temporadas ha sido el de un baloncesto vertiginoso, de anotación compulsiva y ráfagas sin reparo en ataque, pero también dureza y brusquedad atrás, con jugadores como Igoudala o Green siendo ásperos como lijas ante los rivales. Lo cierto es que por mucho que en el G4 puedan “exhibir” el trofeo del diente de VanVleet, es Toronto quien está dejando impronta de “Bad Boys” en estas series, otro aspecto para entender el 3-1. Hasta un jugador tan poco reconocible en estas tareas como Lowry está sacrificando su facilidad ofensiva para reconvertirse en arisco perro de presa. 


Toronto sigue en modo depredador. 



viernes, 7 de junio de 2019

TORONTO INMISERICORDE











¿La dictadura de Golden State Warriors en los últimos cuatro años (con la salvedad de la épica remontada de Cleveland en las finales de 2016 de la NBA está tocando a su fin?, la respuesta parece estar en los problemas físicos del equipo de Steve Kerr. Sin Durant ni Thompson el cuadro californiano es un buen equipo, un gran equipo incluso, pero no el equipo excelente que si está siendo Toronto desde los últimos tres partidos de las finales del Este ante Milwaukee, cuando elevó su juego hasta un nivel del que parece no apearse.  


Y es que la afición del Oracle no pudo celebrar las canastas de Klay Thompson, quien finalmente fue baja por su lesión en el segundo partido, ni las de Kevin Durant, cuya vuelta comienza ya a ser asunto de estado en los despachos de Oakland. Recordemos además que hablamos de un jugador que será agente libre este verano y que puede estar viviendo sus últimas finales con Golden State… sin haberse vestido todavía de corto. Curiosamente el otro gran ausente, Thompson, también tendrá condición de agente libre pero a diferencia de Durant su futuro inmediato parece ligado al club que apostó por él en la undécima posición del draft de 2011. Aun con todo eso Kerr es capaz de poner un quinteto en el que hay cuatro all stars en liza (Curry, Igoudala, Green y Cousins), con Shaun Livingston supliendo la ausencia de Thompson. Desde luego es un muy buen quinteto, pero para todos aquellos que insisten que con este bloque Golden State ganó el anillo en 2015 ante los Cleveland de Irving y LeBron, hay que recordarles que los californianos también contaban con elementos de la valía de Harrison Barnes, Marreese Speights o Leandro Barbosa.  


Sin las otras dos principales vía de anotación de Steve Kerr, estaba claro que casi todo el ataque warrior caería sobre Stephen Curry. Suyos fueron los cinco primeros puntos de Golden State, dando la primera y única ventaja en todo el partido a los inquilinos del Oracle con un triple que ponía el 4-5. Apenas se llevaban jugados 78 segundos de partido, y ya nunca volvería a estar Golden State por delante. La superioridad canadiense tal que en el primer cuarto Toronto era ya capaz de anotarle 36 puntos a su rival, 3 puntos por minuto (repetirían estadística en el tercer acto), evidenciando que las bajas de Durant y de Thompson se notaban a ambos lados de la cancha. A este respecto hay que destacar la comodidad del partido de Lowry, con su mejor actuación individual hasta el momento. 23 puntos (5 de 9 en triples), 4 rebotes y 9 asistencias. Perdió tres balones, una cifra relativamente baja si tenemos en cuenta que jugó nada menos que 43 minutos. Sin Thompson la defensa de Warriors en el perímetro muerde mucho menos y los Raptors lo agradecen. Que se lo digan si no a Danny Green, el otro gran beneficiado de la ausencia de Thompson junto a Lowry. El escolta neoyorquino recuperó su versión más letal en unas finales recordando al jugador de los Spurs que llegó a tener el record de triples en unas finales en 2013 (record batido posteriormente por, como no, Stephen Curry) clavando seis triples como seis puñales en el corazón californiano. Otro de los nombres propios que deja el partido es Serge Ibaka. El hispano-congoleño sembró el terror defendiendo su propia zona con seis gorrazos en 21 minutos. Nunca un jugador saliendo del banquillo había sumado tantos tapones, con lo que el ex –ACB se asegura un sitio en el libro de honor de estas finales 2019. Y por supuesto hay que hablar de Leonard. Un día más en la oficina para el de Riverside. 30 puntos, 7 rebotes, 6 asistencias, 2 robos y 2 tapones para apuntalar aún más su candidatura a MVP de las finales si su equipo se proclama campeón. 


Stephen Curry hizo un partido descomunal por el lado californiano. Una exhibición al más puro estilo LeBron James. Rondando el triple-doble y liderando las principales estadísticas individuales de su equipo. 47 puntos, 8 rebotes y 7 asistencias. Máximo anotador, reboteador y asistente de los de Steve Kerr. Las comparaciones con su paisano de Akron van más allá de los números. Curry transmitió las mismas sensaciones de impotencia que veíamos en The King en las finales del pasado curso, cuando Golden State les pasaba por encima pese a los empeños de James en meter a Cleveland en la pelea. Y es que desde el cuarto partido de las finales de 2017, cuando precisamente Cleveland les vence 116-137, no recordábamos una noche en la que Golden State se haya visto tan superado y tan inferior al rival. Claro que a aquel cuarto partido se llegaba con 3-0 para los de Kerr, que de hecho sentenciarían en el quinto encuentro para poner el definitivo 4-1 en las series. Nada que ver con la realidad del 2-1 que maneja Toronto ahora mismo con el factor cancha recuperado en su primera comparecencia en el Oracle Arena. Golden State nunca tuvo opciones de ganar este partido. Hay que recordar que en el G1, pese a la brillante victoria y gran juego desplegado por los de Nurse los Warriors llegan a ponerse a 3 puntos (87-90) comenzando el último cuarto, sin embargo en esta tercera noche Toronto se mantuvo en diferencias en torno a la decena de puntos durante prácticamente todo el partido sin que el equipo de Curry divisase posibilidad alguna de remontada. Si en el G2 hacíamos hincapié del pobrísimo dato que suponían las 17 asistencias repartidas por Toronto en su conjunto, en esta ocasión subieron la estadística hasta 30 (Lowry liderando con 9), evidenciando de nuevo su magnífica circulación de balón y ritmo de juego. No tuvieron piedad del rival. Olieron sangre en cuanto conocieron la baja de Klay Thompson y como buenos terópodos despedazaron y devoraron a su presa. 


Kerr sigue mirando a la enfermería. Las buenas noticias son que Thompson reaparecerá en el G4. Más puntos, pero sobre todo más y mejor defensa en el perímetro. Lo necesitan. Las malas es que Kevin Durant sigue en ese particular “Day-to-Day” que tiene en vilo a todo Oakland y que de momento no confirma fecha de regreso. No será en el cuarto. La reunión de los Hamptons Five deberá esperar. 


De momento las finales han mostrado una cierta lógica en eventos de este tipo, y es la de la dificultad de ganar dos partidos seguidos entre dos rivales de una supuesta calidad similar, como deben ser los dos campeones de ambas conferencias de la liga. Veremos si Golden State mantiene dicha lógica igualando las series, abriendo el escenario de unas finales a 6-7 partidos, o Toronto lanza la segunda estocada consecutiva profanando tierra californiana y poniendo un 3-1 casi definitivo (tan definitivo que de hecho en toda la historia sólo una vez un equipo ha sido capaz de remontar esa desventaja en unas finales, y hemos tenido la suerte de verlo, fueron los Cleveland Cavaliers de 2016 precisamente ante Golden State) 



jueves, 6 de junio de 2019

ZARAGOZA SE CUELA ENTRE LOS CUATRO MEJORES












Ya tenemos configuradas las semifinales de Liga Endesa que comenzarán este jueves día 6 de Junio. Únicamente el duelo entre Valencia y Unicaja ha necesitado de tercer partido, ya que el resto de las eliminatorias se han solventado por la vía rápida. Tiene su lógica puesto que hablamos de la serie que enfrentaba a cuarto y quinto clasificado, por lo tanto la que podía ofrecer mayor igualdad, lo que ha sido una sorpresa en todo caso es ver al Zaragoza colarse en semifinales después de noquear por 0-2 a un inoperante y desconocido Baskonia que finaliza así una temporada ciertamente decepcionante, después de haber fulminado a Pedro Martínez con sólo ocho jornadas ACB y 7 de Euroliga disputadas buscando dar un salto de calidad con Perasovic. El croata ha cumplido metiendo al Baskonia entre los ocho mejores de Europa, unos cuartos de final donde no pudieron con el campeón, CSKA Moscú. Con la Final Four disputándose en Vitoria, la Euroliga parecía la gran obsesión de Querejeta durante este curso, pero finalmente la competición doméstica, cayendo en el primer partido de la fase final de la Copa del Rey ante Joventut y en primera ronda de playoffs ante Zaragoza, en ambos casos contra pronóstico y frente a equipos y presupuestos claramente inferiores, dibuja una temporada insuficiente para el tercer gran club de baloncesto nacional tras Real Madrid y Barcelona. En el polo opuesto, lógicamente, un Zaragoza gran revelación de la temporada, que accede a semifinales ACB por segunda vez en su historia, repitiendo el hito de 2013 con el recordado José Luis Abós en el banquillo, cuando dejaban en la cuneta al Valencia en cuartos de final en una serie épica con triple prórroga en el segundo partido. Curiosamente el entrenador taronja en aquel momento era el propio Velimir Perasovic. 


El gran héroe maño ha sido, como no, Stan Okoye. No cabe duda de que hablamos de una de las sensaciones de la temporada, justamente reconocido como mejor alero ACB del curso e integrante por tanto del mejor quinteto de la temporada. Y en el momento decisivo de los playoffs también ha respondido, con puntos y triples en los momentos clave de los partidos. A su lado el veterano Seibutis ha sido el otro gran ejecutor zaragozano, mientras que por dentro el cubano Justiz y el montenegrino Radovic han sido capaces de salir airosos de su duelo contra uno de los mejores juegos interiores de la liga como es el de Shengelia, Voigtmann, Poirier y Diop. Llevando la manija el joven Carlos Alocén, quien con son sólo 18 años ha sido capaz de comerle la tostada a todo un Bo McCalebb y ha gozado de la plena confianza de Porfi Fisac en los momentos calientes de los partidos. Ahora les tocará medirse al Barcelona en una eliminatoria en la que no tienen nada que perder y toda la presión y favoritismo recae en los azulgrana. Los de Fisac jugarán con la confianza de que pase lo que pase ya han cumplido sobradamente durante este curso, pero si han dado la campanada ante Baskonia, ¿por qué no pueden darla de nuevo ante los campeones de Copa?  


El Barcelona llega a semifinales más descansado después de solventar su serie en dos partidos. En ambos encuentros Heurtel sacó su lado más “killer” (24.5 puntos por partido), destacando su duelo ante un Laprovittola con aroma a despedida (se da por hecho su fichaje por el Real Madrid para el próximo curso), con ambos bases pasando de los 40 de valoración. Una burrada.   


Por el otro lado del cuadro el Real Madrid no dio opción a un Baxi Manresa del cual hay que reconocer que también han hecho un temporadón, llegando a estos playoffs sin Corey Fisher, Ryan Toolson ni Erick Murphy. Casi nada. Los tres bajas por lesión, con lo cual su serie ante el vigente campeón era sencillamente misión imposible. Con tanta ausencia en el cuadro catalán quien al menos ha sabido aprovechar estos cuartos de final es Cady Lalanne, que después de una buena temporada regular ha sido el mejor del Manresa en la eliminatoria ante el Real Madrid, tanto es así que incluso se le vincula con el equipo de Laso para el próximo curso. Sea como fuere nos alegramos de que jugadores con historias como las del haitiano (tuvo que emigrar del país con su familia viviendo una odisea de mil kilómetros en alta mar en una barca) estén bajo los focos. Laso por su parte aprovechó la facilidad del playoff para dosificar esfuerzos. Ningún jugador blanco pasó de los 25 minutos en ninguno de los dos partidos. Aun así se volvieron a hacer evidentes algunos detalles del actual estado de forma del roster madridista, como el buen momento de Causeur y sobre todo las excelencias en el juego de Campazzo, quien sigue consolidándose como el gran timón de la nave blanca ante la posiblemente peor temporada que se le recuerda a Llull en la era Laso. 


Y por último el Valencia, único equipo que como hemos dicho ha necesitado tres partidos para alcanzar las semifinales. Y suerte que los taronja forzaron el desempate, ya que Unicaja rompió el factor cancha en el primer partido  y encendió las alarmas en el equipo campeón de Eurocup, que se tuvo que poner las pilas en los dos partidos siguientes.  Exhibición de Milosavljevic en el primer partido aparte, con 28 puntos y una tarjeta de 11 de 12 en tiros de campo, incluyendo 6 de 7 en triples, ha sido una serie muy dura, con bajos porcentajes y mucha tensión. A cara de perro. De hecho excepto la incontinencia anotadora del exterior de Unicaja en ese primer partido de La Fonteta, no hay ningún otro jugador que llegue a los 20 puntos de anotación en momento alguno de la serie. 



EL QUINTETO DE CUARTOS DE FINAL: 


F. CAMPAZZO (REAL MADRID): 9.5 pts, 6 rebs. 6.5 asits. y 3.5 robs p. part. 22 valo.
THOMAS HEURTEL (BARCELONA): 24.5 pts y 6 asists. 28.5 valoración.
STAN OKOYE (ZARAGOZA): 16 puntos y 5.5 rebotes. 16 valoración.
VICTOR CLAVER (BARCELONA): 15.5 pts, 4.5 rebs y 2 asists. 20 valoración.
CHRIS SINGLETON (BARCELONA): 12.5 pts, 6 rebts 19 valoración. 


ENTRENADOR:

PORFIRIO FISAC (ZARAGOZA) 



lunes, 3 de junio de 2019

CURRY SALTA EL MURO



Conocida es la afición del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de levantar muros que protejan su país de los extranjeros, a quienes responsabiliza de todos los males. Su principal obsesión es México, los mejicanos, y la vía de entrada que también supone el país centroamericano para toda América latina, una zona del planeta sobre la que ya dejado claro su desprecio en más de una ocasión. No sabemos nada de lo que opina del norte del continente y si en el futuro barajará la idea de cerrar fronteras con la vecina Canadá, pero desde Toronto la franquicia de baloncesto de los Raptors ya se ha adelantado levantando un granítico muro táctico y defensivo en el que Golden State Warriors se estrelló una y otra vez en el primer partido de las finales y durante prácticamente toda la primera parte del segundo, precisamente hasta que apareció Stephen Curry para recordarnos que los vigentes campeones siguen vivos, tan vivos que han roto el factor cancha en el segundo partido y vuelven a poner los pronósticos de su lado.  


Quedaban 3.53 para el descanso, con Toronto mandando claramente diez puntos arriba, cuando por fin hizo acto de presencia el astro de Akron anotando su primera canasta en juego del partido (hasta entonces sólo había sumado cuatro puntos, desde la línea de personal, después de haberse sentido indispuesto en el primer cuarto) Un triple, como no, su distancia favorita. Anteriormente el equipo de Steve Kerr se había mantenido en el partido gracias a un gran primer cuarto de Klay Thompson (11 puntos) y a un DeMarcus Cousins definitivamente de vuelta (7 puntos consecutivos en el segundo acto), dando vida a unos Warriors que veían como Leonard tomaba el mando desde el inicio (los primeros cinco puntos de su equipo llevan su firma) castigando las asignaciones individuales de Kerr. Desde Golden State habían admitido que fue un error centrarse tanto en la defensa a Kawhi (varias defensas de 2 contra 1) liberando a jugadores como Siakam o Gasol, por lo que en el segundo choque Leonard se sintió más liberado (acabó con 34 puntos, 11 más que en el G1… pero con un pobre 2 de 9 en triples), pero fue la aparición de Curry la que dinamitó el partido y encendió las esperanzas de los seguidores de Oakland. Con el #30 viendo aro con su habitual facilidad se abría la posibilidad de remontar el partido. Encomendados a Curry para lo bueno y para lo malo, máxime cuando Klay Thompson, mejor jugador de Golden State en el segundo asalto con 25 puntos y 4 triples letales de 6 intentos, abandona la pista lesionado por un tirón en la pierna que le hace ser duda de cara al tercer partido, ya en el Oracle Arena. Curry por tanto protagonista, anotando 19 puntos entre ese momento ya citado en el que anota su primer triple y su última canasta, también de tres puntos, a 40 segundos del final del tercer cuarto y que ponía a Golden State diez arriba (88-78) Descansa al comienzo del último acto (buenos minutos de Quinn Cook en su ausencia) y vuelve a pista a 7.59 para el final sustituyendo al lesionado Thompson. El marcador registraba un 98-91 para los californianos. Los últimos minutos de Curry son un desastre. Pierde un balón por falta de concentración, acto seguido comete una personal que lleva a Lowry a la línea, y finalmente recibe una técnica por lanzar el balón al techo del pabellón protestando una falta señalada a Cousins, episodio que aboca al partido a un final igualado que minutos antes nadie hubiera previsto dada la superioridad de los visitantes. Y ni siquiera mira aro. Curry para lo bueno… pero también para lo malo.  


La descomposición final de Curry permite a Toronto soñar con la remontada.  Leonard aprovecha el tiro libre de la técnica y los dos de la falta de Cousins para poner a su equipo a cinco puntos, posteriormente Draymond Green pierde la bola ante Marc Gasol, y una vez que los árbitros revisan la jugada dan posesión a los canadienses, que aprovechan con un triple de Danny Green (tras dos rechaces ofensivos de los Raptors) para poner el 106-104 con poco más de una posesión por jugarse. Igoudala recibe totalmente solo (en realidad está solo durante toda esa jugada, con Toronto haciendo dos contra uno a Curry) y sentencia desde el triple quedando poco menos de seis segundos. Había una diferencia de unos tres segundos entre el reloj de posesión y de partido, por lo que muy posiblemente otro equipo y otro jugador hubiera especulado todavía más con el crono pese a tener el tiro claro de Igoudala, con tal de dejarle menos tiempo al rival, pero el MVP de las finales de 2015 sabe que este es un deporte de valientes y su triple puso una distancia de cinco puntos ya insalvable y definitiva. Un 109-104 que no obstante no refleja la superioridad de Golden State a partir del tercer cuarto. El plan de Nurse del primer partido le funcionó a la perfección, pero le duró eso, un partido. Toronto volvió a demostrar limitaciones en ataque, pese a la buena circulación de balón hay jugadores muy timoratos ante el aro. Entre Leonard, Siakam y VanVleet (revulsivo desde el banquillo otra vez con 17 puntos) realizan 55 de los 94 lanzamientos de su equipo. La rotación otra vez corta (sólo ocho jugadores… Kerr llega a utilizar a 13, aunque Bell y Evans apenas unos segundos, pero hay once jugadores que si tienen minutos importantes), y el escaso acierto anotador se refleja en las tristes 17 asistencias repartidas por todo el equipo, número bajísimo para un partido de este nivel (simplemente Cousins, desde el pívot, con seis asistencias reparte más juego ayer que todos los exteriores de Toronto juntos) 
  

Golden State Warriors se encuentra ahora ante la posibilidad de sentenciar las finales en casa. Si Toronto no es capaz de arrancar una victoria en el doble duelo en tierras californianas se quedará sin opciones de fallo. Nadie dijo que fuera fácil. Nunca entierres a un equipo campeón. Sin Durant, con Cousins recién recuperado, con Curry indispuesto, con Thompson ausente casi todo el último cuarto, con Looney lesionado… pero el ADN de este equipo histórico sigue siendo ganador. No hay muro que no puedan salvar. Toronto se llevó el primer duelo demostrando tener más corazón que unos Warriors indolentes, pero los de La Bahía han tirado de orgullo y se han puesto el mono de trabajo en defensa. En el terreno individual, y con sólo dos partidos disputados, particularmente nos quedamos con Draymond Green. Anoche se quedó a una asistencia de su segundo triple-doble consecutivo de las finales, y su quinto consecutivo en playoffs. Su importancia es tal que es el jugador que más minutos ha disputado en Golden State en ambos partidos de la final.  






Una técnica que pudo costar muy cara.