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martes, 11 de junio de 2019

SUPERVIVIENTES




No estamos hablando de la Pantoja ni de su infame vástago, ni del resto de vergonzosa y vergonzante recua de la sociedad española, de la cual afortunadamente no conozco ni un solo nombre más allá de la folklorica y su bobalicón hijo technobacaluti. Hablo de unos Golden State Warriors ante los que no cabe otra cosa que rendirse y olvidarse de filias y fobias y “haterismos” (de igual modo que había que hacerlo con los ejercicios de resistencia ofrecidos por LeBron James los últimos años con Cleveland) Un equipo construido para ejercer un dominio autoritario sin parangón en los últimos tiempos, la Armada Invencible de la actual NBA, sólo podía ver naufragar su proyecto por culpa de los incontrolables elementos, que diría Felipe II. Los problemas físicos a los que se ha tenido que enfrentar en estas finales el equipo de un Steve Kerr al que como se suele decir, sólo le falta quedarse embarazado, han sido de todo tipo. Cousins, Thompson, Looney… y por encima de todo Kevin Durant. No había ningún farol ni se trataba de ninguna estrategia. Las informaciones que llegaban desde Oakland (principalmente la ESPN había sido muy clara a este respecto) eran ciertas. Durantula no estaba listo para jugar. El 3-1 con el que Toronto regresaba al Scotiabank Arena ha sido el único motivo por el que el MVP de las últimas dos finales se ha vuelto a vestir de corto arriesgando su físico y su futuro, frente a un verano en el que vuelve a ser agente libre y que podía cambiar la fisionomía de la NBA. El alero de Maryland decidió arriesgar callando a quien le acusaba de falta de compromiso con su actual franquicia, e igualmente arriesgó Steve Kerr sin tener en cuenta las condiciones en las que llegaba su mejor jugador al partido. No había idea de dosificación ni de tenerlo entre algodones, pese a que la entrada de Livingston a 5.50 del final del primer cuarto es el segundo cambio que ordena el entrenador tejano. Descansa un par de minutos y vuelve a pista, donde permanece hasta romperse. En total juega 11.57 minutos de una excelencia tal que merece la pena detenerse en la cronología de los que desgraciadamente han sido los últimos minutos en mucho tiempo para uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.




Durant sale en el quinteto titular, junto a los habituales Curry, Thompson, Igoudala y Green. Los Hamptons Five juntos de nuevo. Cousins como gran damnificado. Kerr apostando de nuevo por el baloncesto sin pívot, el que mejor réditos le ha dado. Con KD y Green como falso juego interior, el de Maryland se emparenta con Siakam. El camerunés comete pasos en su primera jugada ante Durant después de pivotar en exceso ante los inabarcables brazos de su rival que no le ofrecen espacio alguno para encontrar aro en el corazón de la zona, ahí donde Toronto no ha parado de hacer daño en estas series. La importancia de Durantula en defensa perfectamente reflejada en los primeros 15 segundos del partido. Dos triples consecutivos de KD ponen cinco arriba a Golden State. Entre medias comete falta sobre Marc Gasol, demostrando actividad defensiva buscando tanto a Siakam como al español. Es sustituido por Livingston dejando a su equipo con ventaja de tres (19-16) Vuelve a pista con el marcador empatado a 23. Captura el rebote en su tablero al fallo en el triple de Lowry. Se marca un “air ball” pero en la jugada siguiente se desquita sacando falta a Ibaka y anotando los dos tiros libres. Un triple fallado por Norman Powell le permite capturar su segundo rebote que traduce en un triplazo en contrataque. Comete falta sobre VanVleet con quien se encara, después de que el pequeño y bravo jugador de los Raptors intentara penetrarle en la zona. En la primera jugada del segundo cuarto falla su lanzamiento de dos, y posteriormente llega la jugada que hiela la sangre y congela el aliento de todo Oakland. Intentando un reverso ante Ibaka pierde la bola abriéndose de piernas y yendo al suelo, con evidentes gestos de preocupación para un jugador que llegaba a este partido claramente lesionado. La reacción es clara. No puede seguir. Todo el banquillo californiano se teme lo peor, especialmente su entrenador, Steve Kerr, y también un Stephen Curry al que las cámaras captan en el banquillo con su cabeza cubierta por una toalla y gesto funerario, una mezcla de tristeza y frustración en un jugador cuya filosofía de ganar colectivamente por encima de sus propios números fue clave para que en el verano de 2016 Durant pusiera patas arriba la NBA llegando a La Bahía. El alero dejaba el partido con 39-34 para su equipo, pero herido de muerte en lo anímico. La respuesta en la cancha de Curry, como veríamos después, fue sencillamente brutal.



La peor imagen de la noche. Durant lesionado camino del vestuario.



Otro jugador con el que las cámaras se estaban recreando especialmente, aunque por distintos motivos, era DeMarcus Cousins. La gran apuesta frustrada de esta temporada en la franquicia californiana y el gran sacrificado la noche de ayer con el regreso de Durant. Su rostro serio y circunspecto era uno de los principales objetivos de la retransmisión, cuando ya se encarrilaba el segundo cuarto y Kerr seguía sin poner en pista a un cuatro veces All Star. Con el abandono de KD el técnico tejano ordenó un doble cambio, entrando McKinnie y Cousins por Durant y Bogut. El voluminoso pívot de Alabama se convirtió entonces en el ancla de los visitantes, impidiendo que los negros nubarrones que se cernían sobre su equipo al ver encarrilar los vestuarios a Durantula hundiesen definitivamente al todavía vigente campeón. Siete puntos consecutivos de “Boogie” levantaron la moral de las tropas californianas que se vieron once arriba en un abrir y cerrar de ojos. La baja de Durant era un golpe duro, pero no había ninguna razón para pensar que los Warriors no pudieran tener opciones de ganar el partido y seguir vivos en las finales. Los de Kerr se mantuvieron en unas ventajas en torno a la decena de puntos, hasta que el “héroe” Cousins volvió al banquillo (en seis minutos dejó una producción de 9 puntos y 5 rebotes, impresionante) y Toronto aprovechó para ponerse a uno, pero Curry con un triple marca de la casa y Looney en un rebote ofensivo volvieron a abrir una pequeña brecha de seis puntos con la que irse al descanso, mientras que Leonard y Green fallaban sus respectivos intentos triples. 62-56.



Nada sabemos de cómo transcurrió la charla entre Kerr y sus hombres en el vestuario para afrontar una segunda parte en la que ya no había margen de error. Todo lo que no fuera ganar significaría el fin de la temporada y del sueño del “three-peat”. Y lo cierto es que Golden State tuvo una puesta en escena en la reanudación a la altura de un equipo campeón. Los triples de Curry, Thompson e Igoudala estiraban el marcador y una canasta de Looney ponía la máxima diferencia del partido, 14 puntos (77-63) mediado el tercer cuarto. A Nurse no le dio tiempo ni de parar el partido. VanVleet, otro jugador para quien no parece existir la palabra miedo, respondió con un triple para iniciar un parcial de 0-10 que volvía a meter a Toronto en el partido. La fe del pequeño jugador de Illinois dio vida a un equipo en el que Leonard había desaparecido. La estrella de los Raptors sólo pudo sumar un punto desde el tiro libre a su cuenta anotadora, fallando sus tres tiros de campo, además de perder dos balones. Tiene mérito que Toronto se fuera sólo seis abajo (84-78) al último cuarto, después de que Cousins anotase los últimos cuatro puntos de su equipo y siguiese engordando sus cifras.



Kawhi Leonard ya nos tiene acostumbrados a esto. Desapariciones inexplicables para resurgir en los momentos decisivos con exhibiciones tan descomunales como la del último cuarto de este quinto partido. Pero hasta que decidió explotar la batalla se decidía entre unos Golden State encomendados a Curry y unos Toronto que se sostenían por un gran Lowry y un consistente (una vez más) Ibaka. La conexión entre estos dos últimos ajustaba el marcador (92-89) a 8 minutos para el final. El partido ya llevaba minutos instalado en el puro espectáculo que impide pestañear (canastones de Curry, triplazos de Lowry…) Y entonces comenzó el show Leonard. Canasta tras rebote ofensivo al fallo de Danny Green en el triple (92-91) El otro Green, Draymond, responde desde el triple para poner el 95-91. Leonard falla en el siguiente ataque, y Draymond comete dobles por Warriors. Kawhi lo vuelve a intentar y se encuentra con el robo de Igoudala. No enfades a un tipo como Leonard, Iggy. Un triple fallado por Thompson acaba en rebote ofensivo de Kawhi, que corre la contra para encontrar a Powell quien hace el mate de las finales para encender las gradas del Scotia. 95-93. El siguiente fallo de Igoudala acaba con el balón de nuevo en manos de Leonard que anota un triple en contrataque y definitivamente las gradas se vienen abajo… y quedaba mucho más. Estamos 95-96, Toronto recobra el mando y el fallo de Curry lo castiga Leonard con un nueva canasta, esta vez a tabla. 95-98. Green vuelve a anotar para Golden State y Leonard en absoluto éxtasis anotador responde otra vez desde el triple (97-101) Igoudala vuelve a fallar y Leonard a anotar. 97-103 a falta de 3.28 y Toronto que comienza a soñar con el anillo. Curry falla de nuevo y a falta de 3 minutos Nurse pide tiempo muerto. Visto ahora no parece que fuera una decisión acertada el haber parado el partido con Golden State contra las cuerdas a tres minutos para el final. Detengámonos aquí para analizar los últimos minutos de Kawhi Leonard. Anota el 92-91 a 6.54 para el final y su punto número 26 lo consigue a 3.28 de sonar la bocina. En ese intervalo de 3 minutos y 26 segundos el alero de Riverside suma 12 puntos, 3 rebotes y 1 asistencia. Demencial.



Pero como decimos el tiempo muerto de Nurse parece enfriar a la estrella canadiense. Falla su intento de “fadeaway” (buena defensa de Thompson) en el siguiente ataque y el propio Thompson pone el 100-103 con un triple (y una mala defensa de Kawhi)… y aún quedaban más de dos minutos por jugarse. Lowry se queda liberado en la posesión siguiente para lanzar un cómodo triple… que no entra y Curry busca uno de esos triples lejanos tras bloqueo (de Cousins en este caso) que tanto le gustan. No acierta, el balón se queda corto rebotando en el aro pero la bestia de Alabama llega desde atrás para hundir la bola. Los árbitros piden “instant replay” y finalmente anulan la canasta por un “goaltending” que yo sinceramente no veo, ya que en ningún momento DMC toca el aro antes de hacer el mate. Hubiera sido el 102-103 con dos minutos por disputar. Nueva bola para Toronto que acaba con una grotesca pérdida de balón después de que Lowry, casi agotada la posesión, saque hacia fuera un balón imposible para Marc Gasol (decimos Marc porque era el jugador más cercano a esa bola, nos tememos que Lowry no sabía ni a quien pasaba o intentaba pasar), devolviendo la posesión a Golden State. Con casi medio minuto menos, eso sí. Curry hace el típico “carretón” para empatar el partido con un triple tras recibir de Igoudala. Otra de sus especialidades. Partido nuevo y sólo 82 segundos en el crono. El siguiente ataque local pasó, como no, por Leonard. Quedando mínimo tres posesiones no tenía sentido especular con el reloj. Kawhi se la jugó frente a Thompson desde el triple y falló. Tampoco es que fuera precisamente el mejor de los ataques posibles, y menos en un equipo tan dado a la circulación como Toronto. Curry se hizo con el rebote y cruzó la pista al viejo estilo de Golden State, buscando el aro rival antes de que la defensa esté formada. Penetró por la derecha y buscó a Igoudala, quien vio fuera a Green el cual soltó la bola sin bote encontrando a Thompson. La metralleta angelina se zafó de Leonard con una simple finta y… ¡diana! 106-103. Cuatro jugadores, tres pases, dos botes, 15 segundos y un triple. Pura filosofía Steve Kerr. Los Splash Brothers habían resucitado a su equipo con un parcial de 9-0. Como escribía anoche Piti Hurtado en su cuenta de Twitter, estos tíos pueden ganar o perder, pero ya son leyenda. Quedaba poco menos de un minuto y los Raptors buscaron un pick&roll de toda la vida entre Lowry y Gasol. No el “Spain pick&roll” del que hablábamos en la anterior entrada, el cual implica a un tercer jugador de ataque haciendo bloqueo ciego. Ese fue el error. Cuando Marc se fue hacia el aro se encontró emparedado entre Cousins e Igoudala quienes le negaron el camino al aro. Quedaba tiempo al menos para dos jugadas y Nurse ordenó presión a media pista. Funcionó, con Green pisando su cancha una vez que había traspasado media pista ante la defensa de Danny Green. Recuperaba bola Toronto, con Lowry buscando de nuevo a Marc y su bloqueo en línea de triple, pero en esta ocasión no hubo continuación y el base canadiense encaró el aro encontrándose con un Cousins cuyo tapón fue considerado ilegal. 106-105. Sería el marcador definitivo, ya que el propio Cousins cometería una falta en ataque que otorgaba a Toronto una última posesión que podía valer un anillo. La tuvo Lowry desde la esquina en un tiro que parecía librado. Thompson e Igoudala se fueron con Leonard, quien recibió de VanVleet. Curry y Livinsgton no perdían de vista a Green y VanVleet respectivamente, mientras que Draymond Green se quedaba en la zona con Marc Gasol. Una zona por la que cruzó Lowry aprovechando el 2x1 que recibía Leonard para recibir solo en la esquina y ejecutar un tiro al que Green llega lo suficiente como para desviar la trayectoria de la bola. No era una mala decisión, y creo que hay que darle más mérito a la acción defensiva de Green que al error de Lowry, por mucho que el base de Toronto no estuviera acertado en unos minutos finales en los que varios jugadores (Cousins, Leonard…) parecían vivir en un carrusel de desaciertos.



Green, la acción defensiva del partido.




Golden State sigue vivo después de un extraordinario ejercicio de supervivencia. Se aseguran al menos volver a Oakland, despedir el Oracle Arena para siempre y seguir atisbando una remontada épica. Es lo mínimo que se merecen.



El G6 se presenta apasionante, en unas finales con las fuerzas justas y en las que vemos cómo va subiendo el nivel de dureza. Psicológicamente ambas escuadras tienen mucho que rumiar para sus adentros. Toronto tuvo el partido ganado y deben estar dándole vueltas a todo lo que sucedió después de pedir ese tiempo muerto que acabó favoreciendo al rival, pero Golden State estuvo a punto de dilapidar una ventaja de 14 puntos. Igualmente a nivel individual un jugador como Kawhi Leonard después de hacer una exhibición portentosa en tres minutos y medio acaba tomando malas decisiones en ataque y resultando inútil en defensa. ¿Le estará entrando el vértigo a Toronto? Lo mejor para el baloncesto, que sigue habiendo batalla. Lo peor, que perdemos a uno de los mejores jugadores del mundo para todo un año.




Los Splash Brothers no han dicho su última palabra.



lunes, 3 de junio de 2019

CURRY SALTA EL MURO



Conocida es la afición del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de levantar muros que protejan su país de los extranjeros, a quienes responsabiliza de todos los males. Su principal obsesión es México, los mejicanos, y la vía de entrada que también supone el país centroamericano para toda América latina, una zona del planeta sobre la que ya dejado claro su desprecio en más de una ocasión. No sabemos nada de lo que opina del norte del continente y si en el futuro barajará la idea de cerrar fronteras con la vecina Canadá, pero desde Toronto la franquicia de baloncesto de los Raptors ya se ha adelantado levantando un granítico muro táctico y defensivo en el que Golden State Warriors se estrelló una y otra vez en el primer partido de las finales y durante prácticamente toda la primera parte del segundo, precisamente hasta que apareció Stephen Curry para recordarnos que los vigentes campeones siguen vivos, tan vivos que han roto el factor cancha en el segundo partido y vuelven a poner los pronósticos de su lado.  


Quedaban 3.53 para el descanso, con Toronto mandando claramente diez puntos arriba, cuando por fin hizo acto de presencia el astro de Akron anotando su primera canasta en juego del partido (hasta entonces sólo había sumado cuatro puntos, desde la línea de personal, después de haberse sentido indispuesto en el primer cuarto) Un triple, como no, su distancia favorita. Anteriormente el equipo de Steve Kerr se había mantenido en el partido gracias a un gran primer cuarto de Klay Thompson (11 puntos) y a un DeMarcus Cousins definitivamente de vuelta (7 puntos consecutivos en el segundo acto), dando vida a unos Warriors que veían como Leonard tomaba el mando desde el inicio (los primeros cinco puntos de su equipo llevan su firma) castigando las asignaciones individuales de Kerr. Desde Golden State habían admitido que fue un error centrarse tanto en la defensa a Kawhi (varias defensas de 2 contra 1) liberando a jugadores como Siakam o Gasol, por lo que en el segundo choque Leonard se sintió más liberado (acabó con 34 puntos, 11 más que en el G1… pero con un pobre 2 de 9 en triples), pero fue la aparición de Curry la que dinamitó el partido y encendió las esperanzas de los seguidores de Oakland. Con el #30 viendo aro con su habitual facilidad se abría la posibilidad de remontar el partido. Encomendados a Curry para lo bueno y para lo malo, máxime cuando Klay Thompson, mejor jugador de Golden State en el segundo asalto con 25 puntos y 4 triples letales de 6 intentos, abandona la pista lesionado por un tirón en la pierna que le hace ser duda de cara al tercer partido, ya en el Oracle Arena. Curry por tanto protagonista, anotando 19 puntos entre ese momento ya citado en el que anota su primer triple y su última canasta, también de tres puntos, a 40 segundos del final del tercer cuarto y que ponía a Golden State diez arriba (88-78) Descansa al comienzo del último acto (buenos minutos de Quinn Cook en su ausencia) y vuelve a pista a 7.59 para el final sustituyendo al lesionado Thompson. El marcador registraba un 98-91 para los californianos. Los últimos minutos de Curry son un desastre. Pierde un balón por falta de concentración, acto seguido comete una personal que lleva a Lowry a la línea, y finalmente recibe una técnica por lanzar el balón al techo del pabellón protestando una falta señalada a Cousins, episodio que aboca al partido a un final igualado que minutos antes nadie hubiera previsto dada la superioridad de los visitantes. Y ni siquiera mira aro. Curry para lo bueno… pero también para lo malo.  


La descomposición final de Curry permite a Toronto soñar con la remontada.  Leonard aprovecha el tiro libre de la técnica y los dos de la falta de Cousins para poner a su equipo a cinco puntos, posteriormente Draymond Green pierde la bola ante Marc Gasol, y una vez que los árbitros revisan la jugada dan posesión a los canadienses, que aprovechan con un triple de Danny Green (tras dos rechaces ofensivos de los Raptors) para poner el 106-104 con poco más de una posesión por jugarse. Igoudala recibe totalmente solo (en realidad está solo durante toda esa jugada, con Toronto haciendo dos contra uno a Curry) y sentencia desde el triple quedando poco menos de seis segundos. Había una diferencia de unos tres segundos entre el reloj de posesión y de partido, por lo que muy posiblemente otro equipo y otro jugador hubiera especulado todavía más con el crono pese a tener el tiro claro de Igoudala, con tal de dejarle menos tiempo al rival, pero el MVP de las finales de 2015 sabe que este es un deporte de valientes y su triple puso una distancia de cinco puntos ya insalvable y definitiva. Un 109-104 que no obstante no refleja la superioridad de Golden State a partir del tercer cuarto. El plan de Nurse del primer partido le funcionó a la perfección, pero le duró eso, un partido. Toronto volvió a demostrar limitaciones en ataque, pese a la buena circulación de balón hay jugadores muy timoratos ante el aro. Entre Leonard, Siakam y VanVleet (revulsivo desde el banquillo otra vez con 17 puntos) realizan 55 de los 94 lanzamientos de su equipo. La rotación otra vez corta (sólo ocho jugadores… Kerr llega a utilizar a 13, aunque Bell y Evans apenas unos segundos, pero hay once jugadores que si tienen minutos importantes), y el escaso acierto anotador se refleja en las tristes 17 asistencias repartidas por todo el equipo, número bajísimo para un partido de este nivel (simplemente Cousins, desde el pívot, con seis asistencias reparte más juego ayer que todos los exteriores de Toronto juntos) 
  

Golden State Warriors se encuentra ahora ante la posibilidad de sentenciar las finales en casa. Si Toronto no es capaz de arrancar una victoria en el doble duelo en tierras californianas se quedará sin opciones de fallo. Nadie dijo que fuera fácil. Nunca entierres a un equipo campeón. Sin Durant, con Cousins recién recuperado, con Curry indispuesto, con Thompson ausente casi todo el último cuarto, con Looney lesionado… pero el ADN de este equipo histórico sigue siendo ganador. No hay muro que no puedan salvar. Toronto se llevó el primer duelo demostrando tener más corazón que unos Warriors indolentes, pero los de La Bahía han tirado de orgullo y se han puesto el mono de trabajo en defensa. En el terreno individual, y con sólo dos partidos disputados, particularmente nos quedamos con Draymond Green. Anoche se quedó a una asistencia de su segundo triple-doble consecutivo de las finales, y su quinto consecutivo en playoffs. Su importancia es tal que es el jugador que más minutos ha disputado en Golden State en ambos partidos de la final.  






Una técnica que pudo costar muy cara.




jueves, 8 de junio de 2017

JUGAR COMO NUNCA, PERDER COMO SIEMPRE




Irving y el balón que no quiso entrar




Y Golden State puso el 3-0. Con su victoria en el primer partido de Cleveland, ya no hay dudas de que Curry y compañía van a ponerse su segundo anillo de campeones. La pregunta ahora es si lo harán en la madrugada del sábado o los de Tyronn Lue serán capaces de ganar algún partido para no dejar su casillero de victorias a cero y evitar un histórico 16-0 en play offs por parte de los californianos que ya no dejaría dudas sobre su condición de equipo histórico. Habrá que dejar pasar los años para ver si mantienen capacidad dinástica como los Celtics de Bill Russell y “Red” Auerbach, los Bulls de Jordan y Phil Jackson, o más recientemente los Spurs de Popovich y Duncan, pero ojo a la burrada de la que estaríamos hablando: un equipo que en tres años habría ganado tres campeonatos del Oeste y dos títulos de la NBA, con el record histórico de mejor balance en temporada regular (73-9) y el de mejor balance en la historia de los play offs (16-0) No sé si podríamos hablar del “mejor equipo de todos los tiempos”, pero desde luego del mejor equipo de los últimos tres años con una superioridad absoluta sobre el resto, y sólo tosidos por esa pareja respondona que son Kyrie Irving y LeBron James, quienes ayer volvieron a rozar la machada. 


Fue el mejor partido de las series, y desde luego el mejor partido de Cleveland. Tuvieron en sus manos la victoria, pese a que el comienzo del encuentro semejaba peligrosamente a los dos anteriores. 0-5 de salida para los Cavs, contestado por un 6-0 Warrior. En tres minutos ambos equipos habían anotado cinco triples, anticipando la locura ofensiva de un primer cuarto maravilloso. Klay Thompson sacaba la metralleta (4 triples de 5 intentos… su equipo anotaría un total de 9 en ese primer acto), pero un enorme LeBron mantenía a su equipo. La dependencia de Cleveland alrededor del astro de Akron no puede ser más evidente, y es que cuando King James tomó descanso a dos minutos para el final del cuarto, los Warriors propinaron un parcial de 10-0 culminado con una asistencia de Durant sobre Green totalmente solo para poner el 39-31 en el marcador. Un gran primer cuarto de los locales echado por tierra en dos minutos finales horribles, curiosamente los que The Chosen One estuvo fuera de la pista.


Pero a diferencia de los dos partidos de Oakland, esta vez Cleveland se mantuvo en el partido. Su defensa mantuvo a Golden State dos minutos y medio sin anotar en el comienzo de segundo cuarto, apareció, por fin, Korver desde el banquillo, y Kevin Love sacó petróleo desde el tiro libre para que el partido se mantuviera en un deseado equilibrio. Tras los peores minutos del encuentro, con el marcador estancado en 46-43, vuelve la fluidez ofensiva para ambos equipos y Cleveland definitivamente dentro del partido tras la técnica a un furioso Draymond Green, protestón y maleducado con los árbitros durante todo el choque. Pero se repitió la película vista en el primer cuarto, dos triples en los últimos 70 segundos del cuarto estiraban de nuevo la ventaja visitante a ocho puntos, suerte para Cleveland que Irving ajustó un poco el marcador con un canastón sobre la bocina. El base estaba comenzando a calentar para lo que iba a ser una descomunal exhibición en el tercer acto. 


16 puntos del genio de Melbourne, la apuesta por el “small ball” (llegando incluso a coincidir Irving, Smith, Jefferson, Shumpert y Korver, todo exteriores) y una gran actitud defensiva (dejan a Golden State en 22 puntos en el tercer cuarto, la segunda anotación más baja de los californianos en un cuarto en estas finales) permiten a Cleveland voltear el marcador. 89-94 para afrontar el acto definitivo y el Quicken Loans soñando con la machada de ganarles un partido a estos Warriors… y quién sabe si repetir el milagro del pasado curso. 


Todo seguía pasando por Irving y LeBron… mientras que Thompson daba la réplica visitante. Pronto se le sumaría Durant. El intercambio de golpes favorecía a Cleveland, manteniendo ese tesoro en forma de diferencia de cinco puntos. Incluso la estiran a seis tras otra genialidad de Irving, sacando un 2+1 frente al siempre pegajoso Klay Thompson (poco se habla de la defensa de quien es uno de los mejores tiradores de la liga) Los “Splash Brothers” respondían y con cinco puntos consecutivos ajustaban el marcador a 4.40 para el final. LeBron en tiros libres tras una endeble defensa de Curry y Smith con un triple majestuoso volvían a poner seis arriba a los locales. 107-113 a 3.09 para el final… 3.09 en los que Cleveland no volvería a anotar, sepultando las pocas opciones que pudieran tener de conseguir el anillo por segundo año consecutivo. Si el destino está escrito, está claro que no está siendo generoso con Cleveland, que vuelve a cobrar aroma de ciudad maldita para las grandes ligas deportivas de Estados Unidos. Durant (14 puntos en el último cuarto), fallaba un triple que daba opciones a los de Lue a aumentar la ventaja, máxime cuando a pesar del fallo de Smith, LeBron se hacía con el rebote, restando segundos al reloj. El jugador más completo del mundo veía a Love bajo el aro para asistir en una jugada cantada que el forward de Santa Mónica incomprensible fallaba, incapaz de sentenciar el choque (¿vuelve a ser Kevin Love el gafe de la liga?) Curry no perdonaría en el ataque siguiente poniendo el 109-113 a poco más de dos minutos para el final. Aun así una situación que seguro hubieran firmado los Cavaliers, visto lo sucedido en los dos choques anteriores. Y entonces llegó la jugada del partido. Irving se sacó otra genialidad, para pese a la, insistimos, gran defensa de Thompson, encarar el aro en una penetración prodigiosa que parecía destinada a acabar en canasta… pero el balón, caprichoso, se paseó por el aro sin caer dentro de la cesta, y aun así el pequeño Irving, cargado de fe y hambre, es capaz de levantarle el rebote ofensivo a nada menos que Draymond Green. Con cuatro arriba, balón en posesión y cien segundos para acabar el partido, todo seguía estando de cara para los de Ohio. LeBron tomó la decisión pero se encontró con su bestia negra de 2015. Y es que la defensa de Igoudala sobre el de Akron volvió a ser clave en los minutos finales. Y apareció Durant. Un tiro lateral para ajustar aún más el marcador. 111-113. Korver buscaba la réplica pero fallaba su intento triple, todo lo contrario que un Durant que ponía por delante a su equipo y de paso afianzaba su candidatura a MVP de las finales (¿alguien duda que será suyo?) La ventaja Cavalier esfumada en un abrir y cerrar de ojos. Irving intentó un triple con “cross over” tratando de revivir su canasta de las pasadas finales. La diferencia es que anoche tenía enfrente a Thompson y no Curry. Durant y Curry acabarían sentenciando desde el tiro libre y entre medias LeBron volvería a ser cazado por Igoudala, impidiendo el lanzamiento triple del “all around player” Cavalier. 



El mejor partido de las series. El mejor partido de Cleveland. Pero el mismo resultado. Amenazan finales cortas. Una pena. 


lunes, 20 de junio de 2016

LEBRON JAMES Y LA CONSAGRACIÓN DE LA PRIMAVERA





LeBron  interpreta su mejor pieza





Cuando en 1913 Igor Stravinsky estrenó en Paris su obra más recordada, “La consagración de la Primavera”, la conmoción entre la audiencia fue tal que el público no ocultó su enfado con aquella obra innovadora y transgresora montando un gran revuelo en el teatro de los Campos Elíseos. Hablamos de cien años atrás, cuando la no existencia de redes sociales impedía linchamientos mediáticos y el crecimiento de la figura del “hater”, un personaje que suele “tocar de oído” y convierte en centro de su odio a figuras de las que en muchas ocasiones no sigue su carrera, o en caso de hacerlo lo realiza desde el prejuicio que le impide reconocer mérito alguno en el elemento escogido para desahogar sus frustraciones. Es el caso de LeBron James y su legión de “haters”, para quien no les valía ni sus cuatro veces MVP de temporada regular, ni sus seis finales de la NBA consecutivas (que significan tantos campeonatos del Este), ni sus dos anillos, ni haber llevado a Cleveland a las primeras finales de su historia, en 2007, con apenas 22 años de edad ya siendo líder del equipo y pasando por encima en las finales del Este de los Detroit Pistons de Billups, Hamilton, Prince y los Wallace quienes habían dominado su conferencia durante toda aquella década… hasta la llegada de LeBron. Tampoco valían sus constantes exhibiciones estadísticas, ni ser, aún con 31 años, el decimoprimer mejor anotador de todos los tiempos, ni dominar los play offs hasta convertirse en el cuarto mejor anotador de la historia en post-temporada, noveno mejor reboteador y tercer mejor asistente. No les valía que sea el jugador más completo y polivalente del momento, ni que sea el alero con mayor promedio de asistencias de la historia. Nada les valía. Ahora LeBron hace el más difícil todavía, remontando por primera vez en la historia unas finales que tenía 3-1 en contra y ante el equipo con mejor balance en liga regular de todos los tiempos. ¿Tardará tanto tiempo LeBron en ver reconocida la valía de su obra, la importancia de lo realizado, como Stravinsky con su vanguardista pieza musical? 


Larga vida al Rey LeBron. Siempre tiene que haber un Rey, amado u odiado, excesivo y soberbio. Elvis Presley o Mohamed Ali representaban como nadie estas figuras ególatras capaces de situarse en la cima de un mundo que parecía hecho a la medida para ellos. ¿Elegidos por los dioses? Puede ser, pero también es cierto que hablamos de personajes capaces de trabajar infatigablemente en su búsqueda de mejorar y perfeccionarse, hombres provistos de una férrea mentalidad y ética de trabajo. Particularmente me resulta difícil odiar a este tipo de personajes que finalmente acaban ofreciendo un espectáculo demoledor, porque ellos mismos son ya de por si un espectáculo.


Larga vida a un LeBron que recupera su corona, pero nos interesa también recordar a los “perdedores”. Entrecomillamos, porque no los consideramos como tales, pese a que ahora saldrán los resultadistas y ventajistas de turno a relativizar la increíble temporada de unos Golden State Warriors históricos. La derrota en estas finales para el recuerdo no empañan en modo alguno el apoteósico 73-9 con el que finalizaron la temporada regular regalando un baloncesto maravilloso a todos los aficionados noche tras noche. El problema de los resultadistas es que como sólo les interesa lo que pueda haber al final del camino, no saben disfrutar del trayecto. No es nuestro caso y desde aquí manifestamos nuestra devoción por la propuesta baloncestística de Kerr, por las diabluras de Curry, por la frialdad asesina de Thompson, por la capacidad para entender el baloncesto de manera global de Green, y en definitiva por la cantidad de recursos que hemos podido observar en la que, pese a la derrota, es la mejor plantilla NBA del momento.   





Sin título pero con record. 



La aplastante lógica de que “sólo puede ganar uno” no significa necesariamente que “el otro” deba ser considerado perdedor. Y creemos que después de esta temporada regular, de unos play offs brutales en los que Golden State remontaba el 3-1 con el que Oklahoma City les había puesto contra las cuerdas en las finales del Oeste, y tras siete partidos en la lucha por el anillo, éste es uno de esos casos en los que aun habiendo un solo ganador, no puede haber ningún derrotado.  


Y es que el séptimo partido por el título tuvo el guión que todos esperábamos con un partido igualado y no resuelto hasta los instantes finales. Tampoco es que podamos hablar de un partido para las videotecas, y es que sabedores de lo que se jugaban los protagonistas ofrecieron demasiadas imprecisiones y fallos en sus tiros. Jugadores como LeBron, Love, Smith, Curry, Klay Thompson o Igoudala, estuvieron todos por debajo del 40%. Estuvo mejor Kyrie Irving, con un 43.5%, pero sobre todo protagonista y héroe con un triple a falta de 55 segundos que rompía el empate a 89 que registraba el marcador en aquel momento y comenzaba a acercar el anillo a la sufrida ciudad de Cleveland, que por vez primera en su historia ve a su equipo como campeón de la NBA y rompe una maldición que duraba más de 50 años, desde que en 1964 los Browns ganaran la NFL. Desde entonces ninguno de sus tres equipos de las grandes ligas (Cavaliers en la NBA, Browns en la NFL, e Indians en la MLB) se había proclamado campeón de las mismas, la sequía de títulos más larga que jamás hubiera conocido una ciudad estadounidense. Cleveland deja de ser la ciudad maldita y LeBron se convierte en profeta en su tierra.    





Cleveland, por fin, celebra un título.



Y no fue un triunfo fácil, ya que pese a la igualdad de inicio (23-22 para Cleveland en el primer cuarto) un parcial de 2-11 para Golden State ponía el 42-49 antes de encarar el camino de los vestuarios. Había razones para el optimismo en Oakland, pese a que una vez más no aparecía el mejor Curry (definitivamente ha dado un rendimiento inferior al esperado), Green rendía sobradamente ante LeBron, tanto como para ser el mejor de su equipo con 22 puntos y 6 rebotes al descanso (finalizó con unos impresionantes 32 puntos, 15 rebotes y 9 asistencias, destacando sus 6 triples de 8 intentos, cuando en los partidos anteriores estaba lanzando con apenas un 30% de efectividad desde esa distancia) Sin realizar ninguna de las exhibiciones ofensivas de otras ocasiones, los Warriors se retiraban con un estupendo 10 de 21 en tiros triples, mientras que Cleveland no veía aro en ese aspecto: 1 de 14.  


Y apareció J.R.Smith. Con dos triples lideraba un parcial de 8-0 para empatar el partido a 54 después de que Klay Thompson, con cinco puntos, hubiera estirado la diferencia a 8. Y apareció Irving, con 12 puntos en este tercer cuarto para que su equipo llegase a mandar hasta por 7 puntos en el marcador, hasta que Green decidió proseguir su particular recital para los Warriors y los de Oakland le dieron la vuelta al resultado, llegando a irse con un punto arriba al acabar el tercer cuarto. 75-76. Vaya último cuarto nos esperaba. 


Un último cuarto en el que Cleveland volvió a sacar músculo y demostró que finalmente ha sabido tomarle la medida al mejor ataque de la NBA. Volvieron a dejar a Golden State en unos pírricos 13 puntos, y entre Irving y James anotaron 16 de los 18 puntos de su equipo en el acto final. Los otros dos los firmó Kevin Love, de esta manera haciendo su particular aportación al supuesto “big three” que como ya hemos explicado otras veces no es tal. En honor a la verdad Love, sin hacer un partido excelente, si aportó más en esta ocasión y se le vio más metido en el partido, sobre todo bajo tableros (9 puntos, 14 rebotes y 3 asistencias) Dentro de la alegría Cavalier, las dudas se siguen instalando en la figura del californiano, ¿carne de trade? Quien no tuvo dudas de sus posibilidades fue LeBron, fallón en el tiro durante los tres primeros cuartos, anotó once puntos en el último, con 3 de 7 en tiros de campo y 4 tiros libres de 5 intentos, uno de ellos para cerrar el partido con el 93-89 a falta de 10 segundos, después de que Irving rompiera el empate a 89 con un monumental triple frente a la defensa de Curry. Antes habíamos visto a LeBron poner un estratosférico tapón sobre Igoudala en una imagen que posiblemente sea futuro poster en las paredes de las habitaciones de muchos niños que tienen la suerte de estar creciendo viendo una de las mejores épocas de la historia de la NBA (y del baloncesto en general) El triple de Irving ponía a Golden State contra las cuerdas y Curry se la jugó sin éxito ante la buena defensa de Love en la ayuda exterior.  LeBron cerraría el partido con el comentado tiro libre tras una falta de Green que evitaba un matazo que hubiera significado otra imagen para la galería de unas finales inolvidables. Curry primero y Speights después de hacerse con el rebote al fallo de su compañero intentaron dos triples ya muy forzados pero el marcador no se movería del 93-89 final. El líder de los Warriors acabó con 4 de 14 desde la distancia de 3 puntos. En un jugador acostumbrado a anotar casi uno de cada dos intentos, su ineficacia en su mejor arma en el partido definitivo es otra de las claves de la derrota californiana.    





LeBron cerrando el paso.




Insistimos en que han sido unas grandísimas finales y así serán recordadas, suponiendo el segundo capítulo de una rivalidad que puede ir para largo si tanto Cleveland como Golden State mantienen sus bloques, aunque ya se escuchan rumores de una posible salida de LeBron, ejecutando una opción en su contrato, después de haberle dado el anillo a su gente de Ohio, y buscando presumibles nuevos retos, como podría ser el de reflotar a los antaño gloriosos Lakers. Ojo al verano que nos espera, con posibles movimientos de jugadores como Pau Gasol, Dwight Howard, Kevin Durant, Dirk Nowitzki, Dwayne Wade, DeMar DeRozan, Mike Conley, Al Horford, Jimmy Butler… y quién sabe si Lebron James… todo ello en vísperas de la firma del nuevo contrato televisivo y el incremento del tope salarial en las franquicias NBA. Esperan meses turbulentos en las franquicias de los general managers de la mejor liga de baloncesto del mundo… pero esa es otra historia. La historia de un verano posterior a la particular consagración de la Primavera de LeBron James, quien ni que decir tiene que ha sido elegido de manera unánime MVP de las finales, después de firmar un triple-doble en el partido decisivo (27 puntos, 11 rebotes y 11 asistencias… y no olviden sus 3 tapones) y promediar unos escandalosos 29.7 puntos, 11.2 rebotes, 9.4 asistencias, 2.5 robos y 2.2 tapones por partido en las finales, dominando todas las categorías estadísticas individuales. No se froten los ojos, no es ciencia-ficción, es la realidad.  





...pero sigo siendo el rey... 


lunes, 13 de junio de 2016

Y POR FIN APARECIÓ EL MVP





La ley del MVP



Se le esperaba. Y apareció. Vaya si apareció Stephen Curry en las finales para, en el cuarto partido de la serie, dinamitar el Quicken Loans Arena con una de esas actuaciones superlativas a las que nos tiene malacostumbrados. 38 puntos, 5 rebotes, 6 asistencias y 2 recuperaciones. El MVP de las dos últimas temporadas confirmó su presencia en la lucha por el título. En los tres partidos anteriores, su máxima anotación “sólo” había sido de 19 puntos, muchos de ellos anotados cuando el partido ya estaba resuelto para Cleveland en la paliza del tercer choque. En el cuarto anotó el doble. 7 triples como 7 puñales acompañando la tormenta de 17 canastas de tres puntos con las que los Warriors destrozaron a su rival para sentir ya el segundo anillo consecutivo rozando sus dedos. 17 triples que suponen un nuevo record en un partido de finales. Los de Steve Kerr siguen devorando registros. 



Fue, no obstante, el partido más igualado de la serie. Igualdad y constantes cambios de liderato en el marcador, y un duelo Irving-Curry en su máximo esplendor. El de Akron fue el mejor del partido, pero el base Cavalier dejó otra exhibición con 34 puntos, 4 rebotes, 4 asistencias, 3 robos, e incluso un espectacular tapón sobre Stephen Curry. Fue el duelo del partido, y si los Cavs mantuvieron opciones de victoria durante gran parte del choque fue gracias al inmenso partido de su base, pese a que el cansancio se hizo evidente en unos minutos finales en los que ante la brecha que comenzaba a abrir Golden State, Irving tomó alguna mala decisión en ataque. Otro duelo electrizante, aunque no tanto por la calidad del mismo como por la dureza con la que se emplearon ambos jugadores, fue el que mantuvieron LeBron James y Draymond Green. Tanto es así que la NBA ha actuado 48 horas después del partido para suspender a Green de cara al partido por una acción en la que golpea el vientre de James, y el propio James ha sido castigado con una técnica. Lo cierto es que Green se está ganando una fama de jugador duro y violento en estos play offs que no recordábamos desde los tiempos de Mahorn y Laimbeer en Detroit. Además de su dureza en el contacto físico, se ha convertido ya en uno de los reyes del “trash talking”. Un “arte” que permite todo tipo de rumorología, ya que raramente se llega a saber qué es que lo se dicen los jugadores en la cancha, pero la insinuación de LeBron refiriéndose a una “pasada de la raya” de Green sobre la condición de padre de familia de King James da que pensar. Tanto o más que en aquel famoso cabezazo de Zidane a Materazzi.    





Irving contra Oakland y resto del mundo.




El incendiario Green volvió a ser una vez más el termómetro anímico de unos Warriors que demostraron de nuevo su superioridad basándose en la excelencia del juego exterior y su extraordinaria intensidad defensiva. Convertidos en bosques de manos y piernas, lograron que LeBron, pese a sus 25 puntos, 13 rebotes y 9 asistencias, no se sintiera cómodo en ataque, y sólo un estratosférico Irving mantenía con vida a Cleveland. Reaparecía Kevin Love, y nuevamente su aportación volvió a ser poco trascendente (11 puntos y 5 rebotes, y problemas en la defensa a los pívots rivales, incluso con Varejao, quien en apenas 4 minutos capturó 3 rebotes ofensivos vitales para su equipo) Al menos Lue fue valiente y mantuvo a Jefferson como titular, pero Kerr sigue yendo varios pasos por delante y probando más cosas (apareció James McAdoo por primera vez en las finales para contribuir a la labor de desgaste sobre LeBron) Igoudala de nuevo fue el factor decisivo, no sólo por sus 10 puntos, 6 rebotes y 7 asistencias, sino porque con él en pista Golden State realizó su mejor baloncesto, los mejores minutos del último cuarto en los que los Warriors sentenciaban el partido y casi podríamos decir que la serie. Hay un dato definitivo sobre Igoudala, y es que en el partido más disputado de la serie, su balance +/- registra un contundente +15, superior al resto de jugadores que estuvieron en la pista a disposición de ambos entrenadores.   




Decepcionantes finales debido a la clara superioridad californiana. Una superioridad que también fue muy manifiesta en las finales de la pasada temporada ante unos mermados pero voluntariosos Cavaliers. Pero el menos al finalizar el cuarto partido la serie registraba un empate a dos victorias para cada equipo. Queda sólo por dilucidar en que momento los de Ohio doblarán definitivamente la rodilla, y dado además el desgaste sometido en sus principales hombres (LeBron e Irving especialmente), se intuye que bien puede ser la próxima madrugada, pese a la ausencia de Green. Con tan poca emoción sobre la franquicia ganadora, la mayor incertidumbre parece ser la de quien se coronará como MVP de las finales. Curry hasta el cuarto partido no ha estado a su nivel, pero otra exhibición como la del segundo partido en Cleveland le podría hacer merecedor del galardón. Green, tras la descalificación, parece descartado. Igoudala, pese a la poca exuberancia estadística, debe ser tenido en cuenta por todo lo comentado en el anterior párrafo. Klay Thompson tampoco está a su mejor nivel, pero al menos demuestra cierta regularidad. Lo cierto es que se hace difícil apostar quien será considerado jugador más valioso de estas finales. Irving y LeBron, lógicamente, serían máximos candidatos a ello en caso de la improbable remontada Cavalier. Pero en caso de producirse tal proeza lo de menos sería el MVP, ya que merecerían por lo menos una estatua en el medio del Q Arena y las llaves de la ciudad de Cleveland.     





Y si no, nos enfadamos...





lunes, 6 de junio de 2016

LOS WARRIORS VUELAN EN EL ORACLE



Golden State pone el 2-0 en el marcador de las finales haciendo bueno el factor cancha y confirmando la condición de fortín del Oracle Arena (51-3 de balance esta temporada) Dos victorias en las que han demostrado una superioridad brutal, nada que ver con las finales de 2015 en las que Cleveland  logra llevarse una victoria de Oakland e incluso tiene opciones de ganar el primer partido. Había enorme expectación por ver estas finales con LeBron acompañado de Irving y Love (y ahí está el record de audiencia del primer partido), imaginando a unos Cavaliers mucho más fuertes que el año pasado, pero la realidad es que los Warriors también son superiores a la versión del pasado curso, que si ya era buena, se transmuta en inalcanzable para el resto de franquicias NBA, tanto que huele a dictadura, dinastía, tiranía… con el peligro que ello conlleva de cara a que muchos aficionados pierdan interés por una liga con un equipo tan superior al resto. Ni siquiera necesitaron la mejor versión de Stpehen Curry en un primer partido protagonizado por los habituales secundarios de la plantilla californiana. Hasta siete jugadores de Steve Kerr estuvieron en dobles dígitos anotadores, destacando un enorme Shaun Livingston con 20 puntos (80% en tiros de campo), 4 rebotes y 3 asistencias en 26 minutos en pista. Barbosa sólo necesito 11 minutos para anotar otros tantos puntos, dejando canastas de gran belleza, e Igoudala se volvió a reivindicar como factor decisivo de las finales con 12 puntos, 7 rebotes y 6 asistencias, pero por encima de todo con su superlativa defensa sobre LeBron James. The King cumplió sobradamente rozando el triple-doble (23 puntos, 12 rebotes y 9 asistencias), pero en los ataques que Igoudala fue su par sólo pudo convertir una canasta, y hablamos de nada menos que 22 posesiones en las que el vigente MVP de las finales se emparejó con James. Con todo eso, el pobre 8 de 27 en tiros de campo sumado entre Curry y Klay Thompson se revela anecdótico. Los Warriors pusieron el 1-0 con una lección de coralidad dejando al descubierto las costuras cavaliers y la enorme dependencia de LeBron James. Después de llegar incluso a ponerse por delante a poco de finalizar el tercer cuarto, con los mejores minutos de Cleveland en toda la serie y Steve Kerr rompiendo literalmente su pizarra ante la inoperancia de su equipo, Tyronn Lue sentó al de Ohio tras una breve reacción warrior (68-71 para los de Oakland) En apenas tres minutos los cavaliers encajaron un parcial de 11-0 coincidiendo con la presencia de su líder en el banquillo. Ahí se acabó el partido. 




Steve Kerr destrozando su pizarra. Luego su equipo destrozó a los cavaliers.



El primer partido dejaba por tanto varias lecturas. Los warriors demostraban su mayor profundidad de banquillo y mejor roster, pero los cavs, con las mejores versiones de James e Irving (Love, definitivamente, confirma su estatus de “loser”, poco resolutivo en ataque más allá de quedarse en la esquina esperando al triple, con 11 puntos por partido en este comienzo de series, y un tremendo agujero en defensa cada vez que le han puesto un cinco delante e incapaz igualmente de salir con éxito a las ayudas exteriores, en definitiva, un desastre), parecía que podrían intentar morder en el segundo encuentro, en el que, por otro lado, se esperaba la resurrección de los Splash Brothers, unos Curry y Thompson muy por debajo de su nivel en el partido inaugural de las finales. 


Y lo que vimos fue una exhibición warrior en toda regla. Pese al buen trabajo defensivo de los de Cleveland especialmente en el primer cuarto, con Richard Jefferson manteniendo al equipo al final de un primer cuarto muy defensivo (protagonismo para Bogut por los californianos, con cuatro tapones) en el que logran ponerse por delante. A partir del segundo acto veríamos a los Golden State que llevan maravillando todo el curso: transiciones rápidas, jugadas espectaculares hiladas en apenas tres pases y el letal “catch and shoot” con el que no han parado de destrozar rivales partido tras partido, impulsados por la adrenalina de un Draymond Green que se postula para MVP de las finales (28 puntos, 7 rebotes y 5 asistencias) Cuando algunos analistas dicen que el auténtico líder de estos warriors es este power-forward multidisciplinar no es una frivolidad ni ninguna extravagancia. Los Splash Brothers son la dinamita de Kerr, pero no se podría entender a este equipo sin un jugador como Green que no sólo oficia como “pegamento” invisible responsable de eso que llaman “intangibles”, si no que su productividad es tan tangible como la brutal tarjeta estadística que nos deja en el segundo choque. Poco importa que LeBron James vuelva a rozar el triple-doble (19 puntos, 8 rebotes y 9 asistencias), y que acreciente su condición legendaria (excepto para los “haters” de turno, casos perdidos que seguirán negando la magnificencia de este jugador), convirtiéndose en el único baloncestista que es Top-10 histórico en post-temporada en puntos, rebotes y asistencias. La superioridad de los warriors es tan brutal que ya comienza a olisquearse la posibilidad de un humillante “sweep” (barrido), con un 4-0 final para redondear la mejor temporada jamás realizada por un equipo NBA en toda la historia. 



Esperemos equivocarnos y que Cleveland sea capaz de plantar batalla en el Q Arena y ser capaces de alargar una serie que de momento sólo tiene el color amarillo y azul de los Locos de la Bahía. Un equipo ya histórico y que supone un regalo para cualquier aficionado por su manera de entender el baloncesto de ritmo alto y posesiones cortas (lo cual no supone descuidar la defensa, más bien al contrario, ya que no puede haber contraataque sin defensa), pero por el bien de este deporte, necesitamos que tengan rivales capaces de plantarles cara durante 48 minutos. Y en ese sentido, parece claro que LeBron solo no puede.  




LeBron está mejor que Curry, pero el colectivo warrior arrasa.