jueves, 1 de septiembre de 2022

EUROBASKET POWER RANKINGS (II)

 


Itoudis sabe que todo pasa porque Calathes alimente a Anteto.



5 GRECIA: la selección helena comparece en este campeonato con un nombre propio por encima del resto: Antetokounmpo. Y es que hasta cuatro de los cinco hermanos más famosos del baloncesto europeo fueron convocados por Itoudis para la preparación de este Eurobasket. Alex, el pequeño, ya ha sido cortado, pero ahí está el dato como ejemplo de la importancia de la familia Antetokounmpo en su país y para vergüenza y humillación de los miserables de Amanecer Dorado. En efecto, todas las opciones helenas parecen pasar por la mejor versión del dos veces MVP de temporada y campeón (y MVP de finales) de 2021. Nada tiene que ver este Giannis con el todavía bisoño jugador del Eurobasket 2015, su anterior comparecencia en este torneo, ni siquiera con el del Mundial 2019, decepcionante con poco más de 14 puntos por partido y eliminado por personales en el partido decisivo ante República Checa que dejó fuera de las eliminatorias a Grecia por un average de tres puntos. Este Anteto llega con laexperiencia suficiente como para entender las diferencias entre FIBA y NBA, presenta su evidente mejoría en el tiro libre y de media distancia, y con una mejor selección en el de larga. Olvidada ya la intención de convertirlo en un “all around player” que iniciase el juego como un base, Giannis se ha convertido en un asesino ejecutor cerca del aro, donde es imparable. Si Itoudis, en su estreno como seleccionador, quiere ver a su equipo llegar lejos, sabe que todas las opciones pasan por alimentar a su bestia greconigeriana, y ahí es donde entran en juego sus dos principales generadores, un Calathes con el que por lo visto en la preparación y ventanas FIBA la conexión es total y un Sloukas tocado cuya presencia en el roster final no está asegurada. Evidentemente sería vital la participación del alma del Olympiacos. Papanikolau es el otro gran referente de la vieja guardia helena. Dorsey, después de su gran temporada en El Pireo precisamente al lado de Sloukas y Papanikolau, llega como nacionalizado de lujo para asegurar puntos (y generación de juego) desde el perímetro. El resto parece un relleno con buen molde físico y cierto talento (Agravanis en el poste y al cuatro abierto) y alguna mirada puesta en el futuro (Kalaitzakis o Lountzis) La escasez de fondo de armario parece el gran hándicap para un roster que no debería tener problemas en ocupar las primeras posiciones de su grupo y pasar la primera eliminatoria, pero llegar a semifinales sería todo un éxito para uno de los alumnos más aventajados del dios Obradovic, un Itoudis que con el bagaje de sus dos euroligas conquistadas con CSKA busca el reto internacional antes de emprender nueva aventura turca en un Fenerbahce donde se reencontrará precisamente con Calathes.


6 ESPAÑA: incluso con el precedente del Mundial 2019, cuesta encontrar un campeonato internacional de selecciones en los últimos 20 años en el que la selección española parta con unas perspectivas tan bajas como las de este torneo. Y aun así nos encontramos un equipo a buen seguro competitivo, que intentará hacer de la defensa una vez más una seña de identidad (la energía de Garuba y Parra, fundamentales) y que siguiendo la tendencia general buscará su mayor producción en la pintura, donde Willy Hernángomez se erige como nuevo líder, al menos estadístico, de esta selección. La producción del mayor de los Hernángomez numéricamente hablando no admite dudas, siempre suma en su casillero, y admitiendo que sufrirá ante los grandes pívots del torneo (algunos de ellos entre los mejores del mundo… Jokic, Gobert, Valanciunas… o Giannis Antetokounmpo quien muy posiblemente salga de inicio de cinco), frente a la gran mayoría de rivales debe provocar auténticas escabechinas. Más dudas provoca su hermano Juancho, quien ha evidenciado un bajo estado de forma durante la preparación y que tampoco parece encontrarse cómodo en este formato grande que busca Scariolo de inicio poniéndole de tres. Con Garuba cogiendo la forma lentamente tras su lesión en el tobillo, la gran noticia ha sido un Jaime Pradilla confirmando las excelentes sensaciones de su buena temporada en Valencia. Las carencias exteriores, especialmente en el base (y más tras la última lesión de Llull), hacen recaer un excesivo protagonismo en el recién llegado vía nacionalización exprés Lorenzo Brown, fantástico jugador a nivel individual pero que no termina de encontrar su juego con sus nuevos compañeros.



España confía en su juego interior.



7 ITALIA: el nuevo proyecto transalpino del medallista olímpico como jugador Pozzeco (releva al entrañable Meo Sacchetti) rompe con el pasado reciente de manera abrupta por la lesión de menisco de Gallinari, quien estaba llamado a encarnar la vieja guardia en una selección que sigue mostrando nombres tan ilustres como Melli o Datome pero cuya fiabilidad debe pasar por la progresión de los Polonara o Fontecchio,jugadores capaces de adaptarse a un rol secundario o de dar un paso adelante llegado el momento. Nico Mannion no admite dudas como nueva estrella emergente. No perder el estatus que tanto les costó recuperar debería ser el objetivo, con la figura de Paolo Banchero en la idea del futuro inmediato.


8 ALEMANIA: tiempos ilusionantes para el baloncesto del principal anfitrión del torneo, una Alemania que finiquitado el ciclo de Henrick Rodl confía en el veterano canadiense Gorden Herbert para subir un peldaño más en un país en franca progresión. Parten en el temible grupo B, pero con jugadores de nivel NBA como Franz Wagner (su hermano Moritz es ausencia por lesión), Dennis Schroder, Daniel Theis y un Johannes Voigtmann en su “prime”, por muy temibles que sean sus rivales de la primera fase deben pasar de ronda y a partir de ahí pueden darle un susto a cualquiera.


9 TURQUÍA: vuelve Ataman, nuestro villano favorito, a un banquillo que conoce bien y en el que no dejó mala impresión, metiendo a Turquía en cuartos del mundial 2014 (remontada ante Australia en octavos), aunque decepcionaron en 2015 con sólo tres victorias sufridas ante Italia, Alemania e Islandia y cayendo de paliza ante Francia en cuanto llegaron los cruces. El reto del ganador de las dos últimas euroligas es inculcar espíritu competitivo a un roster talentoso pero que apenas rinde en grandes citas salvo cuando es anfitrión. En un país con tan larga tradición baloncestística cuesta entender que sólo hayan conquistado dos preseas en grandes citas internacionales (las platas del mundial 2010 y euro 2001), en ambas ocasiones siendo anfitriones. En el resto de su historia no les encontramos ni en semifinales. Puntos asegurados con Larkin, Korkmaz y Osman, y mucha clase en la pintura con Sanli y el joven Sengun. Mimbres para mínimo pasar de fase de grupos. La gran duda una vez más está en sus ganas de competir.


La cuestión turca



10 CROACIA: claro que si hablamos de dudas en cuanto a carácter y competitividad, Croacia vuelve a llevarse la palma. Muchísima calidad en el núcleo principal (Bogdanovic, Saric, Zubac, Hezonja, Simon…) y grandes esperanzas en los prospects Gnjidic y Prkacin (reciente fichaje del Girona de Marc Gasol) Ausentes del último mundial y JJOO, el gran trabajo de Mulaomerovic será inculcar el añorado instinto asesino de la Europa del Este a un equipo tan talentoso como endeble mentalmente.



domingo, 28 de agosto de 2022

EUROBASKET POWER RANKINGS (I)


Comenzamos serial con nuestro particular power ranking en orden descendente. Empezamos con las cuatro selecciones que consideramos más fuertes por diversos factores (especialmente el del roster, pese a algunos no estar todavía cerrados), lo cual no quiere decir que las veamos como las cuatro semifinalistas (de hecho preveo un Serbia-Lituania en cuartos de final, lo cual haría imposible que ambas escuadras luchasen por medallas) 



Fournier y Gobert lideran a una Francia temible.





 1 FRANCIA: la selección de Collet (13 veranos seguidos al frente de los “bleus”) parte como la principal favorita en nuestro particular ranking debido a la combinación de varios argumentos. Calidad individual, continuidad en el núcleo duro de jugadores y en el banquillo con Collet, y no poca fiabilidad a la hora de competir. Hablamos de los campeones de 2013, pero sobre todo de los actuales finalistas olímpicos y único combinado europeo que se subió al podio de Tokio. El roster parece bien maridado, con una gran estrella NBA (Gobert), otra estrella de peldaño ligeramente inferior (Fournier, estrenando capitanía) y una serie de jugadores todavía en progresión como Maledon o Luwawu-Cabarrot, pero además un nutrido grupo destacando en el basket europeo, caso de los Yabusele, Poirier, Cordinier o Jaiteh (gran temporada en Bolonia haciendo olvidar a Epke Udoh) Incluso Heurtel, con todas las habituales dudas sobre su figura (y sobre todo su cabeza) en la selección si ha demostrado saber aceptar ese rol secundario que tanto le cuesta a nivel de clubes. A pesar de las ausencias de Wembayamba y Fall, no recuperados de sus recientes lesiones, y la reciente baja de Ntilikina, cuesta encontrar fisuras en un bloque exuberante en lo físico, con suficiente amenaza exterior y con dos torres como Gobert y Poirier, lo cual en un basket que vuelve a contar con los grandes pívots les asegura en todo momento una referencia interior a la que alimentar desde fuera y que por otro lado puede fijar la necesaria atención defensiva para que los Fournier o Yabusele estén más liberados para ejecutar desde el perímetro. Con la sombra del nacionalizado Embiid planeando para futuras citas internacionales, podemos suponer un grado extra de motivación para Gobert reivindicando su condición de macho alfa del baloncesto galo.




Pesic lo fía todo al duo Micic-Jokic




2 SERBIA: la única selección que puede competir a nivel individual en calidad de fondo de armario con Francia, o que incluso la puede superar. Si la ponemos por detrás de los de Collet es por las dudas que siempre plantea una selección que cita tras cita parte entre las favoritas al título pero acaba gripando en los momentos decisivos. Los nombres, en efecto, asustan, con el MVP de las dos últimas campañas NBA (Jokic) y el MVP de las dos últimas finales de Euroliga (Micic) al frente. Un compromiso con su selección que las dos jóvenes perlas Pokusevski y Jovic no pueden demostrar de momento al no obtener permiso por parte de Oklahoma City Thunder y Miami Heat respectivamente. Petrusev y Koprivica, si finalmente pasan el corte, representarán la nueva hornada de siete pies serbios. Tampoco estará Bogdanovic, recuperándose de su última lesión, pero aun así hablamos de un combinado que no debería bajarse de un podio que ya ocupó en 2017, cuando se tuvo que conformar con la plata tras caer frente a la sorprendente Eslovenia de Goran Dragic y Doncic. Bjelica, a pesar de las dudas sobre su estado físico, debe ser el otro gran referente NBA, luciendo su reciente anillo conquistado con Golden State y celebrando su regreso a Europa (Fenerbahce) en un combinado con mucha veteranía (Lucic, Kalinic, Nedovic…) y jugadores que sin llegar a la treintena están sobradamente consolidados a nivel FIBA (Milutinov, Guduric, Dobric, Marinkovic…) pero que quiere dejar clara la ruptura con el pasado y principio de autoridad de Pesic descartando a Teodosic. Claro que si hablamos de experiencia, en el banquillo la encontramos toda en el ya citado entrenador, quien vuelve a una selección a la que hizo campeona del mundo hace justo 20 años (bajo el nombre de República Federal de Yugoslavia), y que intentará eliminar esa duda habitual en los últimos tiempos en el combinado serbio, la que muestra un vestuario que cuando vienen mal dadas no sabe remar en la misma dirección. En definitiva un roster con muchísima clase y calidad para la circulación del balón, con el eje Micic-Jokic como garantía de goce estético para el aficionado, pero cierta debilidad interior, especialmente en sus piezas más jóvenes. El paso adelante que pueda dar en este sentido Milutinov como “back up” de Jokic, o incluso como compañero en la zona del genio de Sombor si Pesic apuesta por formatos descaradamente grandes, clave para las aspiraciones serbias. Habiéndose perdido los últimos Juegos Olímpicos y con la clasificación para el próximo mundial en entredicho (sólo una victoria en cuatro partidos) además del mal momento de su baloncesto de formación (los U20 acaban de ser campeones de Europa… pero de la división B), el Eurobasket 2022 puede ser la ocasión ideal para que la antaño potencia del Este reverdezca viejos laureles. Últimas noticias, siguen vivos de cara al próximo mundial tras derrotar a Grecia en un auténtico partido resuelto en la prórroga, pero veremos que factura física le puede pasar a Micic, lesionado en el encuentro y de quien se llegó a temer su participación en el Eurobasket.



Eslovenia reune de nuevo a sus dos grandes héroes




3 ESLOVENIA: la gran favorita para FIBA y gran parte de los analistas que estos días definen sus pronósticos de cara al torneo. Argumentos tiene de sobra para ello y desde aquí no vamos a negar ninguno. Posee todas las condiciones para colgarse el oro de nuevo, pero igualmente las tienen Francia o Serbia y con un punto más de calidad en nuestra opinión a la hora de hablar de un roster de doce jugadores. Claro que ninguna otra selección tiene a ese jugador ya histórico (y hablamos de un chaval de simplemente 23 años) que es Luka Doncic. Un argumento que ya te hace favorito automáticamente en cualquier competición y en cualquier contexto. De hecho hemos estado muy tentados a colocar a Eslovenia segundos después de conocer la lesión de Avramovic y el desencuentro de Pesic con Teodosic, dejando un poco cojos a los serbios en la dirección del juego. Pero volvamos a Doncic. El mayor prodigio europeo del siglo XXI ha sido capaz de llevar al baloncesto esloveno (recuerden que hablamos de un país de sólo dos millones de habitantes) a hitos tan salvajes como jugar las últimas semifinales olímpicas y disputarle a Francia el pase a la final hasta el último segundo (ese tapón de Batum sobre la bandeja de Prepelic) Luka ejerce de líder ejemplar, más preocupado de encontrar al compañero mejor colocado que en rellenar su casillero de puntos, rodeándose de nuevo de un núcleo continuista (Prepelic, Tobey, Cancar, Nikolic, Blazic…) pero que recibe un inesperado plus con el retorno del MVP del último Eurobasket, un Goran Dragic que si bien no es el de hace cinco años en un torneo corto de este tipo puede rendir a su mejor nivel (recuerden el Scola del último mundial) Su hermanísimo Zoran también debería ser de la partida, y Ziga Samar, después de su temporadón en Fuenlabrada, puede tener su primer gran escaparate internacional demostrando que también hay relevo, conformando el juego exterior posiblemente más temible del campeonato. Únicamente cierta endeblez interior, donde Tobey se encuentra muy sólo (¿será Scuka a sus 20 años la alternativa?) y la falta de callo en el banquillo al más alto nivel del técnico Sekulic hace que no la coloquemos en las dos primeras posiciones. Y recuerden que aunque haya pasado todo un lustro siguen siendo los vigentes campeones de Europa. 



Sabonis busca la redención... Valanciunas volver al podio.





4 LITUANIA: Venga, nos la jugamos con Lituania como aspirante a medallas. Y es que pese a ser conscientes de que el baloncesto lituano no ha vivido sus mejores años (se quedaron fuera de los últimos Juegos Olímpicos, y ni en el mundial ni europeo alcanzaron siquiera los cuartos de final) hay dos grandes argumentos para considerar a la selección de Maksyvtis (primera gran cita internacional para el nuevo entrenador del Zalgiris Kaunas) como uno de los ogros del próximo Eurobasket. El primero es el ya conocido poderío interior. En un baloncesto evocador del arte del triple, la realidad es que Lituania ha adolecido en los últimos tiempos de juego exterior pero ha producido unas últimas generaciones de pívots absolutamente brillantes. Valanciunas seguirá siendo el eje central, que para eso se ha comido los marrones de los últimos años (desde que en 2015 se colgase su segunda plata europea consecutiva) y porta brazalete de capitán, pero a su lado se consolida un Domantas Sabonis con ganas de revancha después de su decepcionante partido ante Eslovenia en el partido que otorgaba billete para Tokio en el preolímpico de Kaunas. La pareja Sabonis-Valanciunas parece, a priori, el mejor frontcourt titular de todo el torneo, y tanta es la confianza en ellos por parte de Maksyvtis que finalmente no ha tenido miramientos en cortar a su nuevo jugador Birutis (después de sus dos excelsas temporadas en el Obradoiro regresa al Zalgiris) El crecimiento de Echodas (pese a que sus números en Venecia no hayan sido ni por asomo a los que nos había acostumbrado en Vilnius) y recuperar la mejor versión de Kuzminskas, factores a tener en cuenta para que la rotación interior de los lituanos no se resienta en un torneo que apunta a recuperar mucho baloncesto en la pintura. Pero el otro gran argumento para contar con Lituania está en el exterior, donde por fin parecen haber superado los problemas de antaño y contar con jugadores de garantías. Especialmente sangrante era la sequía en el puesto de base, con Kalnietis estirando sus internacionalidades ante la falta de relevo. El relevo tiene nombre propio y responde al de Rokas Jokubaitis. Uno de los bases más intensos y con mejores piernas del continente ahora mismo. La madurez de Lekavicius, asentado ya como referencia en Kaunas, permite al jugador del Barcelona tener un recambio de garantías. Y en las alas tres grandes nombres propios. Rokas Giedraitis, garantía en el “catch and shoot”, Marius Grigonis, con su 43.9% en triples en su carrera Euroliga, y sobre todo la llegada del “canadiense” Ignas Brazdeikis, alero todoterreno de formación norteamericana y que apunta a ser una de las revelaciones del torneo. Lo dicho, vuelven buenos tiempos para Lituania, aunque estar encuadrados en el “grupo de la muerte” junto a dos selecciones incluso superiores como Francia y Eslovenia puede complicar enormemente su camino a las medallas.



lunes, 20 de junio de 2022

LA LIGA CON MÁS CORAZÓN

 


Corazón tan blanco.



El Real Madrid se adjudica la liga más especial, la de su temporada más difícil, el triunfo más épico de toda la era Laso (quizás junto a la Euroliga de 2018, inolvidable aquel discurso en el vestuario del Palacio tras acceder a la Final Four después de eliminar a Panathinaikos con factor cancha en contra) y lo hace precisamente sin Laso en el banquillo.

 

La noche después del segundo partido de una serie de semifinales relativamente plácida ante Baskonia en la que los problemas en el puesto de base ya consolidaban el atípico quinteto de Hanga-Causeur-Deck-Yabusele-Tavares y se mostraba el dominio del pívot caboverdiano hasta límites casi insultantes (16,6 puntos, 10,6 rebotes y 1,3 tapones por partido, con un brutal 67,8% en tiros de campo, 27,3 de valoración media y un +19 cada vez que ha estado en la cancha) Laso se dirigía por su propio pie al Hospital Universitario de La Moraleja aquejado de una indisposición que derivó en un infarto de miocardio. Como bien dijo el legendario base y reconocido doctor Juan Antonio Corbalán, Laso siempre fue un jugador listo y es un entrenador listo, y esa agilidad y rapidez mental le salvó la vida al comprender que algo no iba bien. La noticia nos llegaba la mañana del domingo 5 de Junio y como no podía ser de otro modo supuso un impacto en el mundo del deporte dominado aquel día por otro éxito de Rafa Nadal en Roland Garros. Las dudas se cernían sobre una plantilla madridista muy castigada durante toda la temporada por lesiones, enfermedades por Covid-19 y problemas extradeportivos ejemplificados en los castigos a Heurtel y Thompkins, a todos los efectos apartados del equipo. Pero el problema cardiaco de Laso superaba una barrera incomparable con ningún problema anterior, descubriendo la realidad del entrenador de elite como sujeto sometido a vivir bajo presión en todo momento y dejando al desnudo la fina línea que separa la vida de la muerte.

 

Sorprendió alegremente ver el mismo martes 7 de Junio al propio Laso enfilando su camino a casa, tan sólo dos días y medio después de un infarto. Buenísimas noticias que no escondían la necesidad de la prudencia y de mantener a Laso apartado de unos playoffs que tras la victoria aquella tarde en Vitoria con Chus Mateo liderando el staff técnico llevaban a los blancos a la última estación, la de las finales, a las que acabaría llegando un Barcelona dubitativo pero capaz de reponerse de su pérdida de factor cancha en el segundo partido del Palau ante un enorme Joventut. Con dos victorias en Badalona, la segunda especialmente sufrida, volvíamos a tener la final más clásica de la máxima categoría del baloncesto español, con un Barcelona arrollador durante toda la temporada, capaz de liderar la tabla tanto en ACB como en Euroliga frente a un Real Madrid al alza, con una racha desde la última derrota en el Palau ante Barcelona en la prórroga (con la polémica última jugada de la falta señalada a Poirier en la lucha con Sanli por un rebote que claramente era propiedad de Yabusele) de 15-1 con la única derrota de la final continental ante Efes por un solo punto.

 

Un Real Madrid al alza, pero diezmado. Con Llull y Abalde lesionados (el gallego si pudo al menos ayudar durante 64 segundos a su equipo), el Madrid recurría de nuevo a un quinteto que ya es histórico con Hanga de base (y aquí los blancos recogiendo el trabajo hecho por Pesic con el húngaro cuando decidió reconvertirle en esa posición), Causeur y Deck como puñales en las alas (especialmente clave que el argentino volviese a su versión más vertical y de menos posteo) y Yabusele y Tavares por dentro. El comienzo en el Palau fue deslumbrante, anotando 30 puntos en el primer cuarto y con una exuberancia en el rebote, principalmente en aro contrario, que sería la principal seña de identidad madridista durante todas las finales. Pero mediado el segundo cuarto y con 14 puntos arriba, Anthony Randolph en su defensa sobre Mirotic se torcía dejando una imagen por desgracia tantas veces vista y que nos hacía temer lo peor. Efectivamente, la confirmación llegaría al día siguiente con otra lesión de cruzados para un jugador que pocos meses antes había vuelto a las canchas después de 351 días de ausencia por una rotura del tendón de Aquiles. Llover sobre mojado, empapar sobre mojado en un jugador de una calidad tan extraordinaria como proporcional a su halo de malditismo. La cara de Llull en el banquillo lo decía todo y ensombrecía lo que parecía hasta el momento un paseo blanco en el Palacio. Pero el equipo no se descompuso e incluso en el tercer cuarto estiró las diferencias hasta acabar los primeros 30 minutos con una a priori inconcebible diferencia de 23 puntos tras anotar el jovencísimo Juan Núñez uno de sus dos tiros libres. El partido parecía sentenciado pero el Barcelona ofreció un digno último esfuerzo para con un parcial 12-0 dar vida al encuentro y arrojar pistas a Jasikevicius sobre la pareja Jokubaitis-Laprovittola como su posible mejor backcourt. Ya que por dentro los blaugranas no conseguían esa energía reclamada por el técnico lituano, al menos por fuera con este dúo veíamos al Barcelona morder en defensa, correr y penetrar por la zona rival como cuchillo en mantequilla. No obstante la renta madridista era lo suficientemente importante como para simplemente con la buena mano de Deck desde la media distancia aplacar la rebelión blaugrana, pero ese 24-14 parcial del último cuarto abría una puerta a la esperanza para un Jasikevicius quien no quiso ser especialmente duro con sus jugadores consciente de la labor de diván que le esperaba para recuperar anímicamente a su equipo para la batalla de 48 horas después.



Randolph, perseguido por la desgracia.


 

Batalla que se abría con una puesta en escena similar a la del primer partido y un Madrid que pese a las bajas, en sus jugadores disponibles mostraba una superioridad física preocupante. El Barcelona tardó tres minutos en anotar por medio de dos tiros libres de Higgins, y su primera canasta en juego (Mirotic) no llegaba hasta pasada la primera mitad del primer cuarto. El Madrid llegó a poner un 2-12 en el luminoso que hacía saltar las alarmas blaugranas, pero los locales se repusieron gracias a un Palau espectacular en el ánimo y un Mirotic majestuoso (26 puntos y 7 rebotes), en un partido polémico, con constantes fallos en el reloj de posesión y quejas airadas de los madridistas al final del encuentro, con la imagen del manotazo de Davies sobre Causeur, que acabó en triple de Higgins y técnica de Deck, en total cuatro puntos para un Barcelona que con ocho arriba a siete minutos del final parecía tener el partido en su mano, pero reaccionó el Real Madrid con un parcial de 0-8 para llegar a un desenlace igualado en el que Causeur tuvo un triple para ganar el partido después de dos ataques, uno en cada aro, en los que los blancos reclamaron disparidad de criterio con un posible 2+1 para Tavares de señalarse falta de Davies mientras que al caboverdiano si se le pitó su acción posterior sobre Higgins. Sea como fuere el partido se lo llevó un Barcelona que logró minimizar sus pérdidas de balón (8, su mejor estadística de la serie), compitió en igualdad por el rebote (empate a 39) y en el que la pareja Joku-Lapro volvió a resultar decisiva (+15 y +18 cada jugador en cancha respectivamente… por un pobre -12 de Calathes)

 

Las finales viajaban a Madrid empatadas con un equipo blanco que había demostrado mayor superioridad en el global de los 80 minutos, y pudo haber dejado sentenciado el título en el Palau. Las dudas una vez más estaban en las limitaciones de la rotación, pese a haber recuperado a Llull, 6.20 minutos en el segundo partido y Abalde llegar ya a los ocho. Todo seguía pasando por el ya clásico Hanga-Causeur-Deck-Yabusele-Tavares y la aportación de Poirier como mejor suplente. Dudas disipadas con un Madrid ofreciendo su mejor partido en defensa de las finales. El partido en el que deja al Barcelona en menos puntos (66), le provoca mayor número de pérdidas (19) y desactiva a los mejores efectivos barcelonistas, aplacando el efecto de la mencionada dupla Jokubaitis-Laprovittola, especialmente con la defensa de Taylor sobre el argentino. La superioridad en el rebote de nuevo clave (33 a 26), especialmente dolorosos los 15 en el tablero barcelonista. 

 

El Madrid conseguía tener dos “match balls” para llevarse el título, con un trabajo coral si puede llamarse así cuando hay tan pocos efectivos, pero ese quinteto titular que insisto quedará en la memoria de los aficionados había funcionado tan bien que cualquiera de los cinco jugadores podía entrar en la pelea por el MVP. Pero el partido de Tavares en la definitiva cuarta batalla reventaba cualquier aspiración posible al título individual (y siempre secundario) por parte de sus compañeros. El caboverdiano marcó el camino a la victoria con sus 25 puntos y 13 rebotes, con un 7 de 7 en tiros libres demostrando su concentración y sangre fría en uno de los pocos aspectos de su juego que podrían serle reprochados. 7 de sus rechaces fueron ofensivos, algunos de ellos casi ridículos, palmeando el balón con varios cuerpos rivales por delante hasta hacerse con la bola y dar una nueva posesión a su equipo. Alcanzó los 41 de valoración, a sólo dos de su mejor marca (en un partido intrascendente ante Zaragoza en la fase final excepcional de Valencia de 2020 cuando el Madrid ya no tenía opciones de semifinales) y su actuación vuelve a poner de relieve la importancia del pívot dominante. No creo que esa figura en algún momento desapareciese, pero es cierto que el volumen de tiros desde el exterior en el basket actual ha dejado fuera del foco a estos siete pies clásicos cuyo rango de lanzamiento se limita a la zona. En un equipo sin bases Tavares ha sido el ancla de una nave blanca que recupera el trono del basket nacional dos temporadas después, tras el título de 2019 con un MVP 42 centímetros menos que el caboverdiano: Facundo Campazzo. Laso vuelve a demostrar su capacidad de adaptación a distintos formatos baloncestísticos, el maestro de la heterodoxia.


Tavares empequeñeció a cualquier rival.


 

Algunos datos llamativos sobre la importancia del rebote en estas finales. El Real Madrid ha capturado 88 rebotes en su tablero y 53 en aro contrario, un total de 141, mientras que el Barcelona obtiene 97 en canasta propia por 37 en el madridista, es decir, 134. La diferencia no es muy grande, siete rebotes más en cuatro partidos, pero si es sustancial dicha disparidad respecto a lo que sucede en los dos tableros. Mientras que en la canasta madridista hay 125 rechaces, en el aro blaugrana la cifra aumenta hasta 150. 25 rebotes más que muestran en principio un mayor acierto ante la canasta rival del equipo de Jasikevicius frente a un Madrid más errático en el lanzamiento. El problema viene cuando comprobamos el reparto de dichos rebotes, ya que el Barcelona captura 37 de los 125 en el tablero de los de Laso, es decir, un 29,6%, pero su rival le arrebata nada menos que un 35,3%, 53 de 150. Esta diferencia porcentual de casi un 6% se traduce en un equipo madridista que ha dispuesto de un total de 292 tiros de campo por 222 del rival blaugrana. Nada menos que 70 lanzamientos más de diferencia. En tiros libros también domina el Real Madrid pero con una divergencia mucho menor de 72 a 66. El Madrid, está claro, ha dominado por dentro, no sólo con la superioridad reboteadora en aro contrario sino además con una gran producción anotadora en la zona gracias a jugadores tan verticales como Hanga, Causeur, Llull, Rudy y Deck, incluso Poirier se ha destapado como un hábil penetrador desde fuera (y como ha sufrido en defensa un mermado Sanli, cuya lesión dejaba al descubierto sus problemas de lateralidad), y por supuesto un Tavares sembrando el terror en ambos aros. Deja unas medias en estas finales de 13,5 puntos, 6,5 rebotes, 1,25 asistencias, 1 robo y 1,5 tapones, un promedio en valoración de 20 y una media de +11,5 en pista. Y sobre todo esa descomunal actuación ya citada en el partido decisivo. Su impacto cada vez que comparecía en pista parecía eclipsarlo todo… todo excepto la presencia de Pablo Laso en esos minutos finales en los que las cámaras buscaban a un hombre paradójicamente debilitado pero a la vez fortalecido en su corazón, emocionado ante la gesta de sus muchachos y sus compañeros de staff, comenzando por un Chus Mateo que engrandece la figura del técnico asistente, muy a menudo desconocido para el gran aficionado e injustamente encasillado en un rol que una vez adquirido cuesta salirse del mismo, a diferencia de, por ejemplo, la NBA, donde es frecuente ver nombres ilustres pasar de coach principal a asistente y viceversa de una temporada a otra.

 

El corazón de Laso y un Real Madrid nuevamente reinventado vuelve a latir, un Real Madrid al que volvió a llevar a la gloria después de una larga travesía en el desierto y con el que ya suma 22 títulos, igualando a Lolo Sainz, aunque todavía con tres temporadas menos. El cambio de ciclo que parecía perpetrar Jasikevicius tendrá que esperar. Un Jasikevicius injustamente señalado tras la derrota, incluso por alguno de sus jugadores, como Mirotic y sus declaraciones señalando inequívocamente a su técnico por la derrota. No se confundan, la temporada barcelonista ha sido brillante pese al resultado final. Resulta difícil evitar las comparaciones con el Madrid de Laso en 2014. Aquella temporada el equipo blanco había realizado un baloncesto sensacional, dominando las temporadas regulares de ACB y Euroliga, pero la derrota en la final continental ante Maccabi Tel Aviv y sobre todo en las finales domésticas ante el Barça de Pascual (otro al que se le dio la patada y ahora se le echa de menos), con una dinámica similar a la de este año (el Barcelona de entonces gana el primer partido en pista rival y asegura el título con sus dos partidos del Palau), dejaron en entredicho al técnico vitoriano, más fuera que dentro del club blanco durante aquel verano. Su salida hubiera significado un error histórico. Laso continuó y el resto es historia. Qué tomen nota en los despachos azulgranas.


EQUIPO.



martes, 22 de febrero de 2022

LAS OTRAS HISTORIAS DE LA COPA

 


Sito Alonso, la gran historia de la Copa



Pese a que la rivalidad entre Barcelona y Real Madrid volvió a acaparar la gran atención mediática en la final a ocho de Granada, toca reconocer el trabajo y la participación de los otros seis equipos comparecientes, cuyo juicio puede ir desde la decepción de un Valencia, caído a las primeras de cambio cuando llegaba a esta cita como la gran alternativa al poder, hasta la épica de un UCAM Murcia, precisamente verdugo de los taronja y que sólo por detrás del campeón Barcelona puede ser considerado como el gran triunfador del fin de semana.

 

Y es que los de Sito Alonso escribieron posiblemente la página más emotiva del torneo eliminando a un Valencia que partía como favorito una vez que Joan Peñarroya disponía desde hace días, por fin, de su plantilla al completo. En el cuadro universitario sin embargo las dudas eran evidentes, comenzando por el banquillo ya que tanto Sito como su segundo Oscar Lata se encontraban confinados en sus casas por covid en la víspera del torneo. Finalmente Alonso si pudo acudir a la cita, no así su asistente quien precisamente fue de la primera persona de la que el técnico murcianista se acordó en la celebración ante las cámaras de Movistar. Los pimentoneros sufrieron pese a su primorosa primera parte en la que anotaron nada menos que 52 puntos por 33 de su rival. Un parcial de… ¡21-0! volteaba el marcador tras el paso por vestuarios y encaminaba el partido a un final épico con Isaiah Taylor teniendo que dejar la cancha acalambrado después de poner el 80-81 en el marcador a menos de dos minutos para el final, al igual que Jordan Davis, quien tampoco pudo acabar el partido. Un triple de Prepelic pasaba toda la presión al UCAM, resulta con otra contestación desde el perímetro de Webb (sensacional torneo el suyo), Van Rossom falló en la réplica taronja y McFadden acabaría sentenciando desde el tiro libre en el que resultó el mejor partido de cuartos de final.

 

El esfuerzo de un UCAM que llegaba a Granada con un brote covid en su plantilla, sin haber podido entrenar con el roster al completo, y con jugadores como Taylor o Davis exhaustos y medio muertos en el banquillo, aventuraba a pensar que los de Sito Alonso no serían rival para un Barcelona que llegaba a semifinales pletórico tras pasar por encima del Manresa con un incontestable 107-70. Pese a un primer cuarto en el que los de Pedro Martínez llegaron a mandar por 10 puntos la exuberancia ofensiva de los de Jasikevicius pronto hizo trizas el sueño manresano. Las posibles señales de debilidad o cansancio por el esfuerzo del día anterior en el cuadro murciano se mostraron de salida, con un 32-16 en el primer parcial que parecía dejarnos sin semifinal. Pero los de Sito sacaron fuerzas de vaya usted a saber dónde para meterse en el partido en el segundo cuarto e incluso llegar a abrir una pequeña brecha de cinco tantos a favor finalizando el tercero (67-72) hasta que el MVP Mirotic sofocó la rebelión murciana con seis puntos seguidos. Un descomunal último cuarto de Kuric, con 11 puntos, devolvió a la realidad a un UCAM que, insistimos, tras el Barcelona es el equipo que finaliza la Copa con mejor nota.

 

Con buen sabor de boca también puede despedirse el Lenovo Tenerife. Pese a apenas tener opciones en semifinales ante un Real Madrid que realizó uno de sus partidos más completos de la temporada tanto en defensa como en ataque (brutal 14 de 26 en triples), superó el test de cuartos ante un Joventut que llegaba como cabeza de serie. Es su segunda semifinal consecutiva. No pasan de ese tope, pero no es poca cosa. Buena imagen también la de un Breogán que puso en muchos apuros al Real Madrid y sólo sucumbió por seis puntos. Valencia, como ya hemos explicado, supone la gran decepción, un poco de la mano de un Joventut que si bien no llegaba a la cita copera con tan altas expectativas como los de Peñarroya si se esperaba un mejor baloncesto verdinegro por lo visto durante el curso. No obstante hay que reconocer su gran segunda parte ante el Tenerife, tirando de casta (personificada especialmente en Joel Parra) para paliar su horrible carta de tiro especialmente desde la larga distancia (infame 4 de 27 en triples)

 

No podemos olvidarnos tampoco de la Minicopa Endesa que vuelve a coronar al Real Madrid. Es su octavo título, todos conseguidos en las últimas nueve ediciones. En esta ocasión el jugador invitado Felipe Quiñones, puertorriqueño de nacimiento, ha sido MVP pese a la descomunal final del congoleño Babel Lipasi (32 puntos y 31 rebotes, para 57 de valoración) Ambos jugadores lógicamente han integrado parte del mejor quinteto de la Minicopa, junto a Javier Viguer del Valencia, Ricardo Castilla del Betis y Diego Niebla del Joventut.


Quiñones y Lipasi, el gran duelo de la Minicopa.


 

Por nuestra parte nos despedimos con el que consideramos ha sido el mejor quinteto del fin de semana copero. 

 

ISAIAH TAYLOR (UCAM MURCIA): 18,5 pts, 3 rebs y 5 asists. 17 valoración.

 THAD MCFADDEN (UCAM MURCIA): 19 pts, 1,5 rebs y 2 asists. 16 valoración.

NIKOLA MIROTIC (BARCELONA): 16 pts, 5 rebs y 1,6 asists. 60,86% TC 23,3 val.

BRANDON DAVIES (BARCELONA): 12 pts y 3,3 rebotes. 12,33 valoración.

EDY TAVARES (REAL MADRID): 10,3 pts, 6 rebts y 2,6 tapones. 13,66 valor.

 


lunes, 21 de febrero de 2022

EL CAMPEÓN DEL ENIGMA IRRESOLUBLE




La Copa de Granada vuelve a coronar campeón al Barcelona de Jasikevicius. Es la cuarta en los últimos cinco años, la segunda con el técnico lituano en su segundo curso con los blaugrana. Ya no pueden caber dudas, Saras ha invertido la tendencia dominante del Real Madrid del mismo modo que Laso lo hizo en su día con la del Barcelona de Xavi Pascual.

 

Laso, al igual que en su día Pascual, se encuentra frente a un enigma irresoluble, quizás no tanto por indescifrable como por incapacidad de recursos. La artillería ofensiva del Barcelona sigue siendo capaz de derribar cualquier muro defensivo y cualquier triquiñuela táctica que proponga el vitoriano. Y la desplegada en esta última final de fase final de Copa del Rey ha sido sencillamente magistral, tanto que los de Jasikevicius sólo fueron capaces de anotar cinco puntos, con una sola canasta en juego durante todo el primer cuarto. Laso volvió a demostrar su valentía, heterodoxia y falta de prejuicios, renunciando al base puro con su nueva navaja suiza Abalde dirigiendo las operaciones, acompañado de Deck y Taylor como estranguladores de la circulación exterior blaugrana, Yabusele voluntarioso sobre Mirotic y Poirier cerrando cualquier intento de canasta cercana al aro, además de salir continuamente a las ayudas exteriores. Un sobresfuerzo defensivo brutal que tuvo la recompensa del 19-5 con el que los de Laso cerraban el primer acto.

 

La duda, lógica por otra parte, estaba en el peaje físico con 30 minutos por delante frente a un equipo que había anotado nada menos que 210 puntos en los dos partidos anteriores frente a Baxi Manresa y UCAM Murcia y que en cualquier momento podría despertar en ataque. Y aunque ese despertar no fue inmediato, el 10-13 parcial del segundo cuarto favorable al Barcelona demostraba que seguían en el partido. Ejercicio de supervivencia. Para el Madrid tampoco era mal plan, habían conseguido un suculento botín en los diez primeros minutos y si eran capaz de mantener el partido en esos guarismos de escaso bagaje ofensivo podían permitirse perder los tres cuartos siguientes por diferencias entre los tres y cinco puntos.

 

Pero el Barcelona salió con la lección aprendida tras el paso por los vestuarios y fue capaz de poner una marcha más a la que un Madrid de nuevo musculoso pero de ritmo pesado no fue capaz de llegar. Siete puntos blaugranas en dos minutos y medio, y además permitiéndose fallar dos tiros. La velocidad había cambiado y el golpe de timón blaugrana era evidente. Es curioso recordar como hace años era precisamente Xavi Pascual el que planteaba partidos espesos ante el Madrid de Laso y el vitoriano proponía ese cambio de ritmo que el Barcelona no podía seguir. El 17-23 favorable a los de Saras dejaba claro que el partido había cambiado y aunque los blancos seguían cinco arriba parecía que se empezaba a jugar a lo que más convenía al vigente campeón, que comparecía con una media de 105 puntos a favor en los dos partidos de cuartos y semifinales.

 

Laso al menos había conseguido mantener con vida a su equipo, había evitado el rodillo azulgrana de los anteriores duelos entre los dos grandes de nuestro baloncesto, y gracias a eso pudimos disfrutar de una final de Copa con la emoción que el acontecimiento merece. Con el necesario factor x y héroe inesperado que suele aparecer en este tipo de citas, encarnado en este caso en un joven lituano protegido por un Jasikevicius que ya fuera mentor suyo en Kaunas. Y es que Rokas Jokubaitis dinamitó el partido con nueve puntos consecutivos, un triple y dos “dos más uno” consecutivos cuando el sol más calentaba. No faltó el momento Llull, con cuatro puntos seguidos para empatar el partido a 59 cuando más peligraba el marcador para los de Laso. Sería los última producción ofensiva de los blancos, resultando especialmente dolorosa la bandeja fallada en penetración de un Deck hundido al finalizar el encuentro. Hubiera supuesto un empate a 61 que bien podía haber cambiado el resultado final certificado desde la línea de tiros libres por Mirotic y Davis. Un detalle, el de los tiros libres, que volvió a resultar significativo, no sólo por la diferencia de lanzamientos de uno y otro equipo (13 el Madrid por 24 el Barcelona) si no por el acierto frente al aro. Y es que el 7 de 13 firmado por los blancos muestra hasta qué punto llegaron a acariciar la Copa y un mayor acierto en momentos puntuales pudo hacerles levantar el trofeo. Durante los 40 minutos de la final desapareció cualquier posible atisbo de psicosis infligida por el Barcelona en las tres derrotas anteriores. Queda por dilucidar, y el tiempo lo dirá, si el resultado final vuelve a ser otro martillazo psicológico en el no hace tanto gran dominador del baloncesto ACB o los de Laso son capaces de ver el vaso medio lleno.


miércoles, 6 de octubre de 2021

LAS CANCHAS VACÍAS







Tenía pensado titular esta entrada “La vida sin Pau” pero sería injusto circunscribir la vida al baloncesto. En cierta manera la vida de Pau Gasol no ha hecho más que comenzar. Pero también es cierto que la retirada del mejor jugador de nuestra historia nos sumerge de alguna manera en un estado de orfandad, nos empuja a un vacío existencial que a corto plazo parece imposible de llenar. Hablamos de un ser humano que llevó nuestro baloncesto a una dimensión superior tanto en lo individual como en lo colectivo. 


Y aunque he optado por este título de tintes melodramáticos y melancólicos, dibujando esa añoranza crepuscular de una cancha vacía sin la imponente sombra de Pau Gasol, posiblemente nuestras pistas de baloncesto estén hoy día más llenas que nunca gracias a la influencia ejercida por Pau sobre nuestro deporte y nuestra sociedad (como si ambas cosas no debieran ir siempre unidas de la mano) y sin ir más lejos hoy mismo muchos chavales se estén preguntando qué es eso de la “triple amenaza” a la que ayer se refirió Pau en los primeros minutos de una rueda de prensa que destilaba puro amor por el baloncesto, refiriendo la anécdota de uno de los conceptos básicos que debe aprender cualquier joven jugador (la triple amenaza del bote, pase y tiro desde la misma posición)


Tiempo habrá para glosar como es debido la figura de un campeón continental y mundial de selecciones, triple medallista olímpico y ganador de dos anillos NBA con unos Los Angeles Lakers que ya han asegurado que colgarán su camiseta con el número 16 del techo del Staples Center. De momento queda fijar la tarde del 5 de Octubre de 2021 como un momento histórico para la sociedad española, momento que lejos de señalarlo como un acto de tristeza supone la celebración de toda una carrera de éxitos y hazañas que millones de españoles hemos acompañado desde nuestro anonimato. La vida baloncestística de Pau se podría resumir en algo que escribí durante el Eurobasket de 2015, cuando en el partido ante Francia el de Sant Boi llevaba dentro suyo más de 45 millones de españoles. Quizás aquel fue el momento cumbre de una carrera tan plagada de highlights que hasta parece obsceno imponer uno por encima del resto. 


En un país tan dado a fustigarse por sus defectos, en el que mirábamos de reojo hace semanas a Francia despedir al actor Jean Paul Belmondo con los honores que su figura merece, hay que congratularse por una despedida ejemplar como la de Pau en la que no se ha podido vislumbrar grieta alguna. Pau de nuevo ha vuelto a meterse entre pecho y espalda a los más de 45 millones de españoles. Esos millones de españoles que van a impedir que nuestras canchas, nuestras vidas, queden vacías.


jueves, 12 de agosto de 2021

JJOO TOKYO (II): EL BRONCE MÁS PERSEGUIDO

 



Australia, ¡por fín!



Dentro de las peculiaridades de estos JJOO 2020, una de las más llamativas ha sido ver la disputa por el bronce cerrando el torneo. No la gran final, si no el partido que dirimía que selección acompañaría a Estados Unidos y Francia en el tercer lugar del podio. Tanto Australia como Eslovenia tenían una cita con la historia, ya que cualquiera que se colgase la medalla sería su primera presea olímpica en baloncesto, claro que con una sustancial diferencia entre ambas selecciones, ya que mientras Eslovenia había disputados los primeros Juegos Olímpicos de su historia, Australia es un clásico que llevaba años persiguiendo un metal más allá del doméstico FIBA Oceanía donde no encuentra oposición. Parece increíble dado el nivel australiano de las últimas décadas, pero los “boomers” nunca habían ganado una medalla ni en mundiales ni Juegos Olímpicos. Tras tantas ocasiones perdidas, tantos momentos de rozar una gloria que finalmente se escapaba, por fin tienen un metal para ilustrar su condición de potencia baloncestística.

 

Debutantes olímpicos en sus Juegos de Melbourne de 1956 (cuando se abrió por primera vez la participación a un representante de Oceanía), donde sólo ganaron dos de sus siete partidos,  y mundialistas en Yugoslavia 1970 (sólo pudieron vencer a la República Árabe Únida para acabar con un balance 1-7), es a partir de la década de los 80 cuando comienzan a dar muestras de su potencial.

 

Los aficionados españoles que ya tengan una edad (tirando de eufemismo) recordarán aquel partido de cuartos de final en Seúl 88, cuando un prodigioso alero finalista de la NCAA con Seton Hall llamado Andrew Gaze (a la sazón segundo máximo anotador histórico olímpico de todos los tiempos, sólo superado por el brasileño Oscar Schmidt) nos hacía un descosido con sus 28 puntos para agriarnos la madrugada española y dejarnos fuera de la lucha por las medallas. Gaze fue quizás la primera gran estrella internacional del baloncesto “aussie” (con permiso de Eddie Palubinskas), liderando aquella selección en la que también estaba un jovencísimo Luc Longley, posteriormente ganador de tres anillos de la NBA en el primer “three-peat” de Jordan. Aquellas semifinales fueron el primer gran éxito del baloncesto oceánico, cayendo ante la todavía Yugoslavia de Petrovic, Kucoc, Divac y Radja, y posteriormente sufriendo la furia de los Estados Unidos de David Robinson muy dolidos en la lucha por el bronce tras caer en semifinales frente a la URSS de Sabonis. Una derrota que a la postre acabaría desencadenando la apertura de la selección estadounidense a los profesionales NBA y a la exhibición del “Dream Team” de 1992. Como dato curioso, en aquellos Juegos Olímpicos las cuatro selecciones semifinalistas fueron las mismas tanto en masculino como femenino.


Pero aunque tímidamente, lo cierto es que Australia ya había comenzado a avisar unos años antes. Se cruzaron en el camino de nuestra plata de Los Ángeles 84, cayendo en cuartos de final por 101-93 y ofreciendo una gran resistencia doblegada por las fuerzas combinadas de Fernando Martín y Epi, con 25 puntos cada uno. En aquel roster ya figuraba Andrew Gaze, con 19 años apuntando a próximo líder “aussie”, y es que dos años después, en el Mundial de España de 1986, pese a que no pudieron pasar de la primera fase por peor “basket average” que Cuba, al menos se dieron el gustazo de tumbar a la Israel de Jamchy y Berkovich con una explosión anotadora del joven Gaze, quien se fue hasta los 37 puntos. El baloncesto australiano se ponía en el mapa.


El mito Gaze, abanderado en Sydney 2000


 

Volvieron a repetir semifinales olímpicas en Atlanta 96, entre medias nunca dejaron de estar entre los ocho mejores de cada torneo (JJOO del 92 y mundiales del 90 y 94… en el mundial de Argentina a punto estuvieron de dejar fuera de la lucha por el título a Estados Unidos) y al aficionado le empezaban a resultar familiares, más allá de Gaze y Longley, nombres como los de Andrew Vlahov, Mark Bradtke, Shane Heal o Tony Ronaldson. Una nueva generación, liderada eso sí todavía por Gaze, que en Atlanta vuelve a pelear por las medallas (paliza de Estados Unidos en semifinales) y sólo un enorme Arvydas Sabonis, con 30 puntos y 13 rebotes, les vuelve a dejar fuera del podio en el partido por el bronce. Para el recuerdo quedan partidos como su aplastamiento a una crepuscular Grecia (por 41 puntos) o la victoria en cuartos de final ante la Croacia de Kukoc y Radja que aún lloraba la pérdida de Drazen Petrovic en accidente de tráfico tres años antes. Comenzaba un cicló olímpico ilusionante que debía desembocar en Sydney 2000, donde poder intentar de nuevo el asalto por la medalla en esta ocasión como anfitriones. Sin embargo el mundial de Grecia en 1998 suponía un pequeño paso atrás, fuera de los cuartos de final y con Gaze cediendo el testigo de máximo anotador por primera vez en muchos torneos a un compañero, el base Shane Heal. No todo eran malas noticias, en 1997 una selección sub22 se alzaba con un torneo mundial (ganando entre otros equipos a un combinado español con jugadores como Berni Hernández, Carlos Jiménez o Jorge Garbajosa, posteriormente campeones del mundo en 2006) La Francia de Rigaudeau en semifinales y la Lituania de Jasikevicius en el partido por el bronce volvía dejarles fuera del podio. Cambio de siglo pero todo seguía igual en el baloncesto australiano, que comenzaba a etiquetarse como eterno medallista olímpico. Habían sido los últimos Juegos Olímpicos del mito Andrew Gaze.

 

No clasificados para el mundial de Indianapolis de 2002, Atenas 2004 les dejaba fuera de las semifinales olímpicas por primera vez desde 1996, despidiéndose además con una abultada derrota ante sus vecinos de Nueva Zelanda. Pero lejos de apuntar a un posible ocaso del baloncesto australiano, incapaz de volver a competir sin la figura de Gaze y sus exuberancias anotadoras, estos Juegos resultarían fundamentales para el futuro de los “boomers”, ya que habituados a ser una selección basada en el juego exterior pero sin argumentos en la zona, en su roster aparecían dos jóvenes pívots que invitaban al optimismo de que la selección oceánica podría resolver su puesto más deficiente, hablamos de David Andersen (ganador de tres euroligas) y Andrew Bogut (campeón de la NBA en 2015 con Golden State), mientras que en el exterior la aparición de jugadores como Matt Nielsen aseguraba la pervivencia del peligro australiano desde el perímetro. Bogut precisamente había sido el líder absoluto de otro de los grandes éxitos del baloncesto de su país, llevándole a la medalla de oro en el mundial junior de Grecia en 2003. Fue tal el impacto que acabaría siendo número 1 del draft de la NBA de 2005.

 

Bogut, con sólo 21 años,  lideraría a Australia en el mundial de 2006, donde no pasarían de la novena plaza. David Andersen, por entonces ya en el CSKA Moscú, se recuperaba de una lesión, y ojo, el técnico Brian Goorjian convocaba a la preselección a un joven base con descendencia aborigen que ya daba mucho que hablar en su país llamado Patrick Mills. No pasó el corte definitivo y hubo que esperar al FIBA Oceanía de 2007 para verlo en torneo internacional absoluto, llegando a ser el máximo anotador de Australia en los Juegos de 2008, donde a pesar de no pasar de cuartos de final (aplastados por Estados Unidos), un roster en el que había jóvenes jugadores como Mills, Bogut o Joe Ingles, hacía prever un futuro competitivo. A los de Goorjian les condenaba su mal inicio frente a Croacia y Argentina, llevándoles a un cruce imposible ante el mejor equipo estadounidense de todos los tiempos después del Dream Team del 92, pero sus contundentes victorias para cerrar la fase de grupos ante Rusia y Lituania dejaban claro que su torneo había sido brillante.

 

En Londres 2012 de nuevo las dos primeras derrotas (ante Brasil y España) les condenan a la cuarta plaza, pese a tener mejor average general que los de Scariolo, pero derrotados en el duelo directo ven a España alcanzar la tercera plaza de grupo mientras que la selección entrenada entonces por Brett Brown se las veía de nuevo con unos Estados Unidos que les impedían alcanzar las semifinales. No obstante se seguían sucediendo las buenas noticias en baloncesto de formación, con las platas sub17 en los mundiales de 2012 y 2014. Dante Exum lideraba el primero de ambos rosters,  y se vislumbraba como la nueva gran promesa del baloncesto australiano junto a Ben Simmons, un año menor pero también fundamental en aquella plata de Kaunas.  

 

En el mundial de España 2014 sufrieron un particular “angolazo”, perdiendo frente a los africanos en la última jornada de la fase de grupos, cayendo a la tercera posición y evitando lo que hubiera sido un triple empate con Lituania (a los que habían ganado de 7) y Eslovenia (con quienes perdieron de 10) Hubo sospechas de dejadez australiana, que ganaban a los angoleños 42-21 al descanso, y con la derrota evitaban a Estados Unidos en caso de haber avanzado a cuartos de final… cosa que no sucedió porque Turquía con dos triples finales de Preldzic culminaba una remontada para eliminar a los de Andrej Lemanis por 65-64. Australia no se metía entre los ocho mejores, pese a que jugadores NBA como Dellavedova o Baynes iban ganando en importancia en el combinado “aussie” que ya comenzaba a ganarse el respeto de todos los rivales independientemente de los resultados finales.

 

Y así llegamos al último lustro donde más cerca han estado los “boomers” de rascar chapa, y en ambas ocasiones con España como particular bestia negra. En Río 2016 los “aussies” metían miedo. Ganaron con solvencia a Francia y Serbia en la fase de grupos (además de cumplir con China y Venezuela que fueron trámites), sólo perdieron con Estados Unidos después de dominar gran parte del encuentro y no salirse nunca del partido (acabaron perdiendo por 10) Aplastaron a Lituania en cuartos de final, pero Serbia se cobró venganza en semifinales, de nuevo su particular Rubicón. Quedaba por dilucidar si al menos lograrían subirse al podio, despedirse de los Juegos con una victoria en el último partido, ante una dubitativa España que había desarrollado una vez más su particular crecimiento a lo largo del torneo, mejorando a cada partido pero que tampoco pudo con Estados Unidos en semifinales. El partido no pudo ser más igualado, con 19 cambios de liderato en el marcador y 14 veces empatados. El final ya es historia de la selección española, con la defensa final de Ricky Rubio y Claver para desbaratar el último ataque australiano y hacer buenos los 31 puntos y 11 rebotes de Pau Gasol (38 de valoración) en la que es hasta el momento última medalla olímpica del baloncesto español. Más doloroso si cabe para Australia fue lo sucedido en el último mundial, cuando después de dos prórrogas España obtenía el billete para la final en un encuentro absolutamente colosal, un monumento al baloncesto. Francia les dejaba de nuevo sin medalla en un partido de puro músculo donde después de no haber bajado de los 80 puntos en ningún duelo los de Lemanis no eran capaces de anotar siquiera 60 puntos. Se repetía la historia, Australia nos enamoraba a todos los aficionados pero no les veíamos subirse al podio.


Río 2016 y el mundial de China con España como bestia negra.


 

2021 ha sido otra historia, con el regreso de Goorjian al banquillo y una madurez absoluta en el juego de Patrick Mills erigido como auténtico líder de una selección con varios nombres NBA, y donde a los ya clásicos Ingles, Baynes o Dellavedova se unen nuevos valores como Jock Landale o un Matisse Thybulle enorme en el partido por el bronce. Tokyo 2020 ha sido la consagración del baloncesto australiano, llevándose el bronce y finalizando con un balance de 5-1. Sólo Estados Unidos, a partir de un tercer cuarto magistral (32-10 de parcial para los de Popovich) les hizo morder el polvo. A la cuarta semifinal olímpica por fin fue la vencida para una selección que apunta a permanecer en la élite, sobre todo si por fin Ben Simmons se anima a acudir a un gran torneo tras sus renuncias a los últimos mundiales y JJOO.

 

El caso de Eslovenia sin embargo, y tirando del chascarrillo habitual, podemos decir que estaba en las antípodas de los australianos. Siendo su histórica primera participación en unos Juegos pueden considerar estas semifinales un éxito, aunque parecieran no tener techo gracias a la dimensión de un descomunal Doncic, que en su primer partido olímpico se fue hasta los 48 puntos, empatando la segunda mejor marca anotadora de todos los tiempos del torneo, la de precisamente un australiano, Eddie Palubinskas, quien los logró en Montreal 76 en un duelo inolvidable frente al México de Arturo Guerrero. Para Doncic nunca existe el futuro, sólo piensa en destrozar el presente, como demostró en el pre-olímpico de Kaunas, donde pasó por encima de todos sus rivales, incluyendo la Lituania de Valanciunas y Domantas Sabonis que asistieron a otro recital del ogro con cara de niño quien firmó un triple doble de 31 puntos, 11 rebotes y 13 asistencias en uno de los templos del baloncesto como es el Zalgirio Arena. Se ha hablado mucho de ese Doncic frustrado y gruñón durante todo el torneo. Olviden todo eso. Quédense con que están siendo testigos de auténtica historia de este deporte cada vez que ese tipo salta a una cancha. Sobre todo teniendo en cuenta que Eslovenia, a diferencia de Australia y su nula oposición en el baloncesto oceánico, no va a tener nada fácil repetir en unos Juegos Olímpicos. 


Doncic tendrá que esperar. Thybulle, enorme en defensa.