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miércoles, 19 de octubre de 2011

MINNESOTA YA CELEBRA TÍTULOS

La alero all-star de Minnesota, Rebbekah  Brunson, con el puro de la victoria.



El Target Center de la fría ciudad de Minneapolis ya puede decir que ha visto ganar un título nacional de baloncesto al equipo que acoge (aunque el partido decisivo se jugó como visitante), o mejor dicho, dos, ya que hay que contabilizar el título de la Conferencia Oeste. Sucedió hace unos diez días, en la final de la WNBA. Minnesota se ha convertido en uno de nuestros lugares más queridos actualmente en el mundo de la canasta, ya que nunca hemos negado en este blog nuestra devoción absoluta por Ricky Rubio, que lejos de desfallecer ante las críticas, nuestro fanatismo hacia el prodigio de El Masnou va en aumento. La fe no conoce de razones. Por otra parte la franquicia de las Lynxs, el equipo femenino de Minnesota, ha contado en los últimos tiempos en sus filas con jugadoras españolas tan admiradas como Anna Montañana o Nuria Martinez, de modo que cierta conexión con nuestro país ha existido, aunque ya sabemos de la dificultad de que el baloncesto femenino asome la cabeza por los medios.   

Maya Moore atendiendo las indicaciones de Cheryl Reeve.


El triunfo de las chicas de Cheryl Reeve (entrenadora que tras una década de experiencia como asistente en, entro otros equipos, mis queridas Detroit Shock, decidió dar el salto a primera entrenadora el pasado año con las Lynx) no es una cosa baladí, si no un éxito muy meritorio y que merece ser analizado por la en cierta manera proeza que significa. Por otro lado tampoco parece que pueda ser cosa puntual, y las actuales Lynx apuntan quizás a dinastia ganadora. 

Lo que alcanza a darle dimensión al título es el hecho de que lo obtiene un equipo con sólo doce años de historia, que llevaba siete años sin meterse siquiera en play-offs, que jamás había pasado de una primera ronda, y que en toda su historia solamente habían ganado un partido de post-temporada. Evidentemente jugar finales de conferencia o finales de WNBA, sonaba absolutamente utópico para esta franquicia. La pasada temporada sus registros en liga regular era un triste balance de 13-21, por debajo del 40% de victorias, para este actual curso llegar a un sobresaliente 27-7 con el que afrontan unos play-offs en los que sólo ceden una derrota y los acaban con un balance de 8-1. Arrasaron.   

¿Comienzo de una dinastía?


¿Cómo se explica un cambio tan brutal en un equipo con una identidad perdedora tan instalada en su ADN?, la razón parece tener un nombre propio: Maya Moore. La actual "rookie of the year" ya es para muchos analistas la potencialmente mejora jugadora de todos los tiempos, la sucesora de Lisa Leslie. Veremos lo acertado o exagerado de dicha afirmación, pero no se puede negar el impacto inmediato de la escolta en la WNBA por partida doble, de una parte, con unos estupendos números individuales (13,2 puntos, 4,6 rebotes, 2,6 asistencias y 1,4 robos por partido), y por otro lado, y más importante, con una extraordinaria incidencia en el juego colectivo, llevando a su equipo a ganar el doble de partidos respecto a la temporada anterior y a realizar unos fantásticos POs que las coronan como campeonas. De hecho, y para que veamos que tipo de jugadora es esta muchacha, en play-offs no sólo no se "arrugó" ni demostró lo que hubiera sido una normal inexperencia, si no que subió sus prestaciones (13,8 puntos y 5,9 rebotes), ahora nos toca disfrutarla en invierno en el Ros Casares, al lado de jugadoras como su rival en las finales WNBA, nuestra jugadora internacional Sancho Lyttle. Por cierto, segundo título para la veteranísima Taj McWilliams-Franklin (41 añazos cumple mañana mismo), el primero conseguido hace tres años en Detroit.     

McWilliams-Franklin y familia, espléndida cuarentona.


Las Atlanta Dream de la citada Lyttle se quedan a las puertas de la gloria por segundo curso consecutivo, pero muy meritorio lo suyo también, ya que es una franquicia en franca evolución fundada muy recientemente, tan solo en 2008.

Parece que los muchachos de Rick Adelman tienen un buen espejo en el que mirarse en el equipo femenino de su ciudad. Dificilmente pueden considerarse a los Timberwolves aspirantes al anillo siquiera a corto plazo, simplemente meterse en play-offs sería una hazaña para este equipo, pero en común con las feminas tienen el ser escuadras plagadas de talento joven y hambre de victorias. Dentro de ese talento joven, por ejemplo, el de Ricky, al que ya estamos deseando ver con el 9 a la espalda de los Wolves cuando el maldito lockout llegue a su fín.  

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