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martes, 21 de agosto de 2012

LA SOMBRA DE UNA DUDA

"Beneficiadme con vuestras convicciones, si acaso las tenéis, pero guardaos vuestras dudas, pues me bastan las mías" (Johan W. Goethe)  



La dolorosa derrota sufrida por la selección de Sergio Scariolo en la primera fase de los Juegos Olímpicos ante la brillante Rusia de David Blatt dejó al combinado español ante una situación por desgracia bastante habitual en el mundo del deporte y que sirve de estupendo pábulo para todo tipo de revanchismos, manipulaciones e intoxicaciones mediáticas: la de la especulación con la derrota. Situación que hace al grupo deportivo en cuestión vivir durante unos días con ponzoñosos factores externos (y a veces, y más tristemente, internos) flotando en el ambiente, y no sólo eso, según haya sido el resultado, aguantar sobre sus espaldas la sombra de una injusta duda. 
La duda en sí no es mala. Dudar es humano. "Creer es monótono, dudar es apasionante", llegó a pronunciar Oscar Wilde. No dar nada por seguro y no aceptar ninguna verdad absoluta ni abrazar ningún dogma de fe ha de ser uno de los instrumentos del hombre libre e independiente de pensamiento. Evidentemente "dudar" no es lo mismo que "afirmar" o "negar", por ello quien afirma rotundamente sin ningún dato tangible ni ninguna prueba fehaciente que España se dejó perder contra Brasil no duda, si no que interesadamente se posiciona en un argumento simplón y fácil, tan fácil que para quien tal cosa afirma no necesita siquiera un apoyo en sus argumentaciones. Nos dejamos perder, y punto.  
Ante la duda...

Afortunadamente el tema dentro de lo que cabe ha sido tratado con cierta normalidad y parece ya felizmente olvidado. Así debe ser. No obstante y como aceptando cierto desafio, me he propuesto realizar esta entrada con la que pretendo demostrar a los, no descreídos, si no creyentes en el "tongo", la inexistencia de la intencionalidad de la derrota. Por otro lado vaya por delante que cada día estoy más convencido de que ante ese infierno que son los otros como afirmaba Sartre me siento mucho más cómodo cuanta menos razón tenga, y que prefiero no convencer a nadie, más que nada por una cuestión logística y de espacio. ¿Para qué quiero hacer subir gente a mi barco, con lo confortable que vivimos estando en él los menos posibles? El mundo del deporte se ha llenado vergonzosamente de telepredicadores, radiofarsantes y palmeros de todo tipo que buscan constantemente tener razón a toda costa eludiendo cualquier debate y tratando de sepultar bajo el ruido de sus cañones la mínima argumentación objetiva.  
Adalides de la intoxicación mediática.

En primer lugar creo que habría que hacer una serie de matizaciones sobre el acto al que denominan "dejarse perder". En un torneo de ocho partidos de máxima exigencia durante el transcurso de 14 días no se juega igual en cada encuentro. La dosificación y reserva de fuerzas, tanto físicas como psicológicas, no es sólo algo habitual si no necesario en la mayoría de los casos en competiciones de este tipo. No dar lo mejor de ti mismo y no jugar con la misma intensidad un partido de liguilla que una semifinal no implica en ningún momento "dejarse perder". Si recuerdan la máxima competición continental disputada hace unos meses en ese deporte que se juega con los pies y brillantemente conquistada por España, nuestra selección no jugó el primer partido contra Italia con la misma fuerza e intensidad que la final ante el mismo rival... y a nadie se le ocurriría pensar la barbaridad de que "salieron a perder". De igual modo, nadie en su sano juicio pensaría que Bradley Wiggins debería ganar todas las etapas del Tour de Francia, una por una, para demostrar su "limpieza". El más grande medallista olímpico de todos los tiempos, Michael Phelps, en las semifinales de 200 metros estilos hizo segundo, para luego colgarse el oro en la final de dicha categoría. No escuche a nadie decir que Phelps "se dejó perder" en las eliminatorias. 
Vayamos por tanto al tema concreto que nos ocupa, el España-Brasil con el que se cierra la fase de grupos de la competición de baloncesto de los Juegos Olímpicos de Londres 2012.  El partido encerraba varias complicaciones para los nuestros. Por un lado estaba la obligación de lavar la mala imagen de los dos finales de partido anteriores, donde Gran Bretaña y Rusia protagonizaron sendas y muy preocupantes remontadas (la británica por fortuna no consumada) que servían de síntoma sobre nuestro estado de forma, falta de tensión, y demás problemas que ya fuimos analizando en nuestra anterior entrada. Se imponía además de la necesidad de mejorar respecto a los últimos partidos una ridícula obligación de ganar simplemente para contentar a los bocazas de turno, mención especial para algunos medios de comunicación que sin el mínimo atisbo de vergüenza comenzaron a generar debate sobre el asunto incluso haciendo encuestas para pulsar la opinión del aficionado sobre la conveniencia o no de una derrota en tal partido, como si ya no fuese de por si complicado vencer a la selección de Huertas, Splitter o Nené Hilario, para encima faltarles al respeto de esa manera y seguir siendo capaces de ponernos piedras a nosotros mismos en un ya sobradamente complicado camino a la lucha por las medallas en este torneo. De modo que nos encontrábamos ante un marrón importante, en el que cualquier resultado que no fuese la victoria, se produjese del modo que se produjese, iba a ir acompañado de la sentencia de intencionalidad debido al prejuicio con el que desgraciadamente parte de nuestra afición (y eso es lo doloroso del asunto, se puede entender que desde el exterior nos traten de torpedear, no desde nuestra propia casa) afrontaba el partido. 
En baloncesto, como todo el mundo sabe y desde hace ya un tiempo no existe la posibilidad de empate (excepto en algunas eliminatorias de competiciones europeas donde aún se permite), o se gana o se pierde. Sólo hay dos posibles resultados, y en ese 50% de posibilidades España estaba juzgada de antemano. Esquematicemos muy sencillamente las distintas maneras en las que un equipo puede ser derrotado en un partido de baloncesto y el veredicto posible por parte de los acusadores de tongo: 
-Ser dominado de principio a fin. Un partido sin opciones en el que el rival te pasa por encima sin contemplaciones. Veredicto: se han dejado perder de manera descarada. 
-Tardar en entrar en el encuentro, ser dominado en la primera mitad, mostrar una reacción en la segunda parte, para una vez estar dentro del partido con un marcador igualado perder en los minutos finales. Veredicto: se han dejado perder, y para no hacerlo tan descarado han mostrado cierta reacción en algunos momentos.   
-Dominar la mayor parte del encuentro y sufrir una reacción por parte del rival que acaba remontando e imponiéndose (éste ha sido el caso del partido del que estamos hablando) Veredicto: se han dejado perder, y para no hacerlo tan descarado han dominado gran parte del partido.  
Tranquilos, que ahora voy y la fallo.

Es muy difícil luchar contra el prejuicio. De nada vale que hablemos de dos partidos anteriores, dos y cuatro días antes respectivamente con finales prácticamente calcados a los del de Brasil. Por otro lado el prejuicio de considerar que cualquier tipo de derrota ante los de Ruben Magnano sería siempre intencionada por nuestra parte y nunca por deméritos propios y virtudes del rival vuelve a denotar un pensamiento muy preocupante en nuestro deporte y que deberíamos tener ya totalmente erradicado: el de, por un lado, ser incapaces de contemplar la posibilidad de una derrota, como si todo el juego comenzase y acabase en nosotros, únicos dueños del destino de la competición, y los rivales apenas fuesen unas comparsas o unos invitados cuya única posibilidad de triunfo se basa en que “les dejemos”; y por otro lado, o en realidad siendo lo mismo, todo esto muestra una peligrosa falta de respeto por los rivales. Y en este caso no hablamos precisamente de un rival al que no se deba tomar en serio, si no de un equipo con cuatro jugadores NBA (dos de ellos titulares indiscutibles, otro elegido Mejor Sexto Hombre de la liga en 2007) o con el base titular del actual campeón de la Liga Endesa. Una selección que llegaba a Londres con aspiraciones reales de luchar por las medallas, y quienes ya habían sido capaces de poner en apuros a los máximos favoritos Estados Unidos en la preparación previa al torneo. Un combinado nacional brasileño al que tan sólo Rusia había conseguido vencer hasta el momento y gracias a un triple casi milagroso de Vitaly Fridzon en el último segundo del choque entre los de Magnano y los de David Blatt. No importaba todo aquello, una vez más tratábamos al rival como un pelele sin voz ni voto. La victoria o la derrota dependía únicamente de nosotros.   
Tontito, que os hemos dejado...

En uno de esos actos masoquistas a los que tan propicio es El Tirador, volví a visionar el partido en cuestión (e invito a todos aquellos que afirman de la intencionalidad de la derrota a que hagan lo mismo simplemente entrando en la web de RTVE y buscándolo en el menú olímpico, despojados de cualquier prejuicio y con la mirada limpia, y que me digan si son capaces de ver algo raro), sin encontrar ningún atisbo de falta de honestidad por parte de ninguno de ambos equipos, si bien es cierto que el argentino Magnano decidió reservar a uno de sus hombres clave, el tocado Nené Hilario (y está en su perfecto derecho de hacerlo sin que nadie le acuse de “salir a perder”) Scariolo por su parte, lejos de guardarse a nuestro jugador más dudoso, Juan Carlos Navarro, decidió ponerle en pista nada menos que 27 minutos (de hecho fue el español que más minutos disputó) para ir cogiendo ritmo y forma de cara a los cruces. Hay dos argumentos, endebles como un edificio de arcilla, que utilizan los conspiranoícos para defender su idea del tongo. El primero es el del parcial recibido en el último cuarto, un pésimo y lamentable 16-31 que encajamos en contra. Se agarran a esos números como un naufrago a una boya esgrimiendo que un parcial así es imposible, inexplicable, inaudito, y que jamás puede producirse tal marcador en un cuarto por causas “naturales” y por ello ha sido provocado por nuestra parte. ¿Esta gente ha visto algún partido de baloncesto en su vida? Cuatro días antes Gran Bretaña nos hizo un 14-25 en tan sólo los últimos 6 minutos de partido. ¿Y Rusia dos días antes del partido ante Brasil?, sufrimos varios parciales importantes en contra (por ejemplo un 24-11), pero lo lamentable de verdad vino al final del partido, con un parcial en los últimos 4 minutos de… ¡17-5 en contra! ¿Puede por tanto alguno de esos tristes amasadores de “biscotto” explicarme como se producen esos parciales?, me gustaría que me pudiesen argumentar porque extraña razón el parcial contra Brasil si es “provocado” y los de los dos partidos anteriores son “naturales”. ¿La razón que esgrimirán?, el móvil del crimen, o dicho de otro modo, el prejuicio del que hablaba antes. No puede haber presunción de inocencia, ya que el ladrón, pensando que todos son de su condición, una vez que ha establecido su objetivo es incapaz de reconocer que quizás alrededor suyo no todo el mundo necesite moverse a base de argucias, trapacerías y demás artimañas más propias de quien muestra debilidad que de quien confía en sus posibilidades. ¿Quieren más historias de parciales asombrosos?, los anfitriones Gran Bretaña, en el partido que se jugaban el pase a cuartos de final y que dirimía realmente su papel en estos Juegos, después de tenerlo todo perfectamente controlado hasta el descanso reciben consecutivamente dos puñetazos que los envían irremediablemente a la lona en forma de dos parciales consecutivos de 14-30 y 15-40. Después de ver todo esto hablar de intencionalidad en un parcial de 16-31 me parece una broma de mal gusto propia de algún tahúr aburrido que no tiene en que entretenerse.  Pero sigamos con esto de los parciales, argumento al que como digo tratan de aferrarse tristemente los malabaristas de la calumnia. Como decía Gran Bretaña en 6 minutos nos hace nada menos que 25 puntos. Brasil en ese periodo de tiempo nos mete 21 (y ya son muchos, una barbaridad, pero aún así menos que los británicos) Rusia en 4 minutos nos encesta 17. Brasil, en esos últimos 4 minutos, nos hace 9. Saquen ustedes sus propias conclusiones.
Vayamos con el segundo argumento favorito de aquellos que han insultado en los últimos días a nuestros jugadores y técnicos y los han acusado de tramposos. El del quinteto con el que Scariolo afronta los momentos decisivos del partido. Pese a contar en prácticamente todo momento con los dos líderes claros de nuestro equipo (Pau y Navarro) además de Marc Gasol en pista, la ausencia de Calderón y Rudy les parece razón de peso para hablar de intención de derrota, lo cual, aparte de ser una gravísima y muy seria falta de respeto a jugadores como Sergio Rodriguez, Sada, Llull o San Emeterio, demuestra una vez más que estamos hablando o bien de malintencionados que ellos sabrán porque razón estaban esperando alguna ocasión para atacarnos o bien de ignorantes patológicos en cuanto a materia deportiva y concretamente baloncestística se refiere. No es Scariolo un técnico al que le tiemble la mano cuando ha de dejar alguna de las estrellas en el banquillo si cree que por las condiciones del partido algunos de los jugadores más gregarios, por muy suplentes que sean, pueden adaptarse mejor a las exigencias del encuentro en cuestión y las dificultades de un contexto determinado. En nuestro momento más delicado de todo el pasado Eurobasket 2011 se recurrió a dos suplentes como Ricky y Llull quienes junto a Navarro resultaron ser la clave para doblegar a la sorprendente Macedonia que en semifinales fue un rival mucho más duro que Francia en la final (no escuché entonces a estos voceros de la ponzoña preocuparse tanto por la ausencia de Calderón y Rudy) En el caso de Calderón creo que a nadie debería extrañar ya su ausencia en los minutos decisivos de los partidos realmente importantes. Contra Francia en cuartos de final fue sacrificado por un Llull cuyo trabajo sobre Parker fue totalmente decisivo, e incluso contra Estados Unidos, en los momentos clave del último cuarto cuando aún peleábamos con posibilidades reales por el oro, Calderón hubo de ver esos minutos de la verdad en el banquillo. Sea por sus evidentes carencias defensivas, o porque simplemente Scariolo no confía en él, lo que está claro es que aferrarse a un Calderón sentado para justificar una derrota provocada es un argumento a día de hoy terriblemente débil y que muestra la desesperación por buscarle tres pies a un gato que en ningún momento ha dejado de enseñar sus cuatro patas. Si puede chocar en todo caso lo de Rudy, pero nunca lo de Calderón.    
Estoy convencido de que si cogemos cien personas que por alguna razón hayan estado hibernando dormidas durante las últimas semanas, y por consiguiente no hayan seguido el torneo olímpico, y las invitamos a presenciar el partido que estamos analizando, totalmente despojados del venenoso contexto en el que algunos lo han tratado de situar, y les preguntamos si ven alguna intencionalidad en el resultado, al menos 98 de ellos admitirían no ver absolutamente nada extraño, sucio o fuera de la normalidad de un choque deportivo. Es por tanto una vez más el prejuicio del móvil el que hace que desde algunos sectores se siga hablando de derrota intencionada. Insisto, vayan a la web de RTVE y busquen el partido, vuelvan a verlo, fíjense en el último cuarto que tan “raro” les parece, nuestra selección no pierde la cara al encuentro, rebotea, defiende cerca de canasta (dos tapones consecutivos de Pau en los momentos de la verdad) y busca el aro rival. Es nuevamente la debilidad defensiva exterior la que nos condena, pero es que lo hace exactamente igual que como sucedió contra Gran Bretaña y Rusia, e insistimos en que no puede haber esta diferencia de criterio entre unos partidos y otros por parte del aficionado simplemente porque le apetezca creer su propia película sobre argucias y ardides. Dos triples consecutivos de Marquinhos Vieira ambos a pase de Raulzinho Neto, dos jugadas calcadas, en el intervalo de 19 segundos (entre medias una falta de ataque de Sergio Rodriguez…  nos pitaron tres faltas de ataque en ese cuarto, ¿también intencionadas?), es lo que mete a Brasil en el partido (de 67-57 a 67-63) De igual modo otros dos triples de Barbosa en poco más de medio minuto son los que hacen a los de Magnano tomar la delantera (de 73-69 a 73-75), entre medias una buena jugada en estático de nuestra selección superando la presión a toda pista de Brasil (quienes tampoco querían perder el partido) que finaliza con un lanzamiento triple desde la esquina de San Emeterio errado pero con correcta selección de tiro y buena circulación de balón. Incluso tras ese fallo dos rebotes ofensivos consecutivos de Sada e Ibaka demuestran que no se dejó de ir a por la victoria. A partir de ahí Brasil jugó mejor sus armas, y certificó su triunfo desde el tiro libre y ganándonos en las contras (nuevamente mal nuestros exteriores en defensa, en este caso en las transiciones) y nuestros nervios en ataque ante la posibilidad de una segunda derrota consecutiva hicieron el resto. Efectivamente, lo de cuatro días antes contra Gran Bretaña no había sido un accidente, y había motivos reales para la preocupación sobre nuestro estado de forma, pero jamás debiera haberlos para la duda sobre el deseo de ganar y la mentalidad competitiva de nuestros jugadores.  
No puede haber medias tintas en esto. No se puede admirar a unos tramposos. Quien crea que estos hombres salieron a no disputar un partido oficial con la camiseta de la selección española y a perderlo intencionadamente, quien afirme que Juan Carlos Navarro en sus cuartos Juegos Olímpicos y sus primeros como capitán con más de 200 internacionalidades a sus espaldas, o que Pau Gasol, abanderado de toda nuestra expedición deportiva en el partido en el que superó a Epi como máximo anotador olímpico de nuestra historia, jugaron esos últimos minutos del partido en pista con el deseo de perder el encuentro, tienen perfecto derecho a opinar y creer tal cosa, pero deben ser coherentes con ello. No se les puede llamar hoy tramposos y al día siguiente héroes. De igual modo, llevamos ya años hablando de un grupo de jugadores al que según sople el viento se les considera un ejemplo de profesionalidad y compromiso con la amistad y generosidad entre ellos como bandera, o bien unos niñatos consentidos que se reúnen a jugar a la pocha. En ese sentido he observado con cierto humor como alguna web que se ha posicionado claramente en la afirmación de que nuestra derrota fue intencionada, ha ido firmando la crónica de cada partido de los Juegos con el nombre del redactor en cuestión… excepto este partido en el que sin ningún reparo afirman que nos dejamos perder, en el que deciden firmar como “el equipo de...”. ¿Curioso verdad?, supongo que hay miedo a que ese jugador al que he llamado “tramposo” ya no se haga fotos conmigo después de un entrenamiento o me retire el saludo en la bocana de vestuarios.    
Navarro "el tramposo"


Supongo que esta entrada está siendo realmente dura, pero creo que la seriedad del asunto así lo requiere. No sé si alguien podrá llegar a sentirse ofendido por este texto, pero lo que si tengo claro es que en justicia si puede sentir tal ofensa quien ha sido acusado de tramposo sin ninguna prueba objetiva ni palpable. Uno de nuestros jugadores más emocionales, como es el caso de José Manuel Calderón, fue muy claro en ese sentido una vez acabado el durísimo partido contra Francia en el que incluso Batum llegó a sacar a pasear los puños: “Nos han pegado los franceses… y demasiada gente”. Si los dos días anteriores al partido ante Brasil no fueron fáciles por la ligereza con la que se habló de la conveniencia de la derrota (y en ese aspecto volvemos a recordar otras declaraciones concluyentes, las de Rudy molesto por la desconfianza del aficionado, no tanto sobre el partido que España fuese a hacer contra la selección brasileña, como sobre sus posibilidades frente a Estados Unidos), peores aún resultaron las dos jornadas siguientes con una bochornosa “barra libre” para hablar de unos jugadores deshonestos sin ningún tipo de prueba que apoyase cualquier acusación. ¿Y qué importa?, la verdad está sobrevalorada, el honor simplemente algo novelesco. No deje usted que la realidad le estropee una buena historia o un complot genial. Si usted está realmente convencido que España se dejó perder en base a una maquiavélica estrategia no necesita pruebas para afirmar tal teoría. Tire usted adelante con lo suyo con el mundo por montera, y recuerde que siempre es más fácil (y posiblemente divertido) ensuciar que adecentar, destrozar que crear. 
Finalmente y como se demostró en la final olímpica, los únicos que realmente creían en las posibilidades de España fuese cual fuese su rival una vez llegados los momentos decisivos eran los propios jugadores. ¿Alguien piensa realmente que estos tíos van a hipotecar su orgullo por el color de una medalla?, iban a por el oro, sin especulaciones de ningún tipo. El Grupo Salvaje del que hablábamos en nuestra anterior entrada, despreciado por una parte de la afición que se atrevía a elucubrar sobre lo que sucedía en un vestuario a más de mil kilómetros de distancia, seguía su camino con su inquebrantable fe en si mismo, a pesar de que muchos ya se habían empeñado en ver en nuestra selección a ese “tío Charlie” de aquella obra maestra protagonizada por Joseph Cotten en los primeros años de la andadura americana de Hitchcock. La sombra de una duda.   

¿Qué esconde el tío Charlie?


2 comentarios:

  1. Buenas tardes.
    Quiero felicitarte efusivamente por este pedazo de comentario (y no lo digo por la extensión), por fín encuentro alguien que sabe de lo que habla y tiene un criterio propio e independiente y ademas bién documentado. Además quiero felicitarte también por otra cosa que hace muchos años no se vé en internet y es un escrito sin una sola falta de ortografía, bién acentuado, bien con los puntos y comas, como decía ese insigne librepensador de Ubrique "en dos palabras: im presionante". Yo no soy precisamente una persona demasiado culta (tengo 53 años y deje de estudiar a los 14) pero la forma de escribir de la gente en estos sitios molesta a la vista. Reitero mi felicitación, gracias por leerme y espero mas artículos como éste.
    Un saludo.
    Antonio

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  2. Muchas gracias, Antonio, de verdad que se agradecen tus palabras... un texto sin un lector es como una canción sin nadie que la escuche, o como el famoso árbol del problema metafísico que cae en el bosque sin que nadie lo oiga.

    Aquí estamos, para servir y escribir.

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