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lunes, 21 de enero de 2013

SERGIO RODRIGUEZ Y LA HISTORIA DE UN OPROBIO


Fear the bear!!


Con el 2012 ya finiquitado e instalado en el recuerdo de nuestra memoria reciente parece claro que uno de los personajes del año en el mundo del baloncesto, al menos a nivel nacional, ha sido el base tinerfeño Sergio Rodríguez, y visto el comienzo de este 2013, se diría que a sus 26 años el genial jugador aún sigue creciendo y generando un juego absolutamente espectacular a la par que pragmático y efectivo del cual el Real Madrid y el pasado verano la selección española (de la que ya no debe caber duda sobre su capacidad para encajar en ese grupo de jugadores) llevan un reciente tiempo beneficiándose. 

Pero realmente no ha sido el pasado reciente del Chacho un camino de rosas hasta recuperar el estatus que por calidad le correspondía en nuestro baloncesto. De hecho creo que estamos ante uno de los casos de injusticia más flagrantes por parte de gran parte de afición, entorno y medios de los últimos tiempos de nuestro deporte. Esta entrada, en cierta manera, pretender hacer justicia a uno de los bases más geniales que ha dado nuestro baloncesto en toda su historia, heredero directo de Raúl López (otro caso de jugador que iba para superestrella, pero en su caso fueron las lesiones las que lastraron una carrera que parecía conducirle a ser nada menos que sucesor de John Stockton en Utah), y elemento intermedio entre la magia del base de Vic y el precoz Ricky Rubio. Es hora de rendir cuentas y sacar las vergüenzas de aquellos que dudaron de manera cruel (llegando hasta el insulto) de Sergio hasta hace bien poco, y cuando digo hace bien poco soy capaz de referirme a prácticamente medio año, cuando allá por finales de Primavera muchos veían una aberración en el hecho de que el tinerfeño comenzase a sonar para la lista de los JJOO de Londres.  

Procuraré ser cuidadoso y no caer en el más sangrante ventajismo. Hagamos cuantos matices sean necesarios. Por un lado a ciertos comentarios, artículos, o análisis paridos y pergeñados desde las redes sociales (y en el fondo éste es uno de ellos) hay que tratarlos en el contexto amateur o de aficionado que se merecen. Aún así hablamos en ocasiones de blogs que, partiendo desde cierto madridismo (ese "madridismo que nunca está contento" del que hablamos por aquí a menudo), gozan de gran popularidad y predicamento y sus entradas generan centenares de comentarios prácticamente todos en la misma dirección (como ven, no es nuestro caso) Llevo un tiempo desarrollando una pequeña teoría a este respecto, sobre cierto tipo de aficionados al baloncesto, y concretamente madridistas como yo, con los que observo como estamos en las antípodas en cuanto a nuestra manera de ver este deporte. Esta circunstancia no debiera ser tan preocupante, al fin y al cabo la discrepancia de pensamiento es buena y puede resultar enriquecedora, pero no puedo evitar sentir cierta inquietud al respecto, ya que al fin y al cabo estamos hablando del mismo deporte, ese que para mí es el más bello y espectacular del mundo, y yendo más allá, hablamos del mismo club al que amamos y sufrimos por igual. La (admito que sin ningún tipo de fundamento) teoría que he construido se basa en relación a la edad y el baloncesto vivido y sobre todo con el que se ha crecido. Creo que ese tipo de aficionado con el que no logro comulgar ni de lejos, pertenece a una generación ligeramente, una década quizás, más joven que la mía (actualmente tengo 39 años, próximo ya a los 40), es decir, hablamos de nuevos treintañeros, gente nacida en los primeros 80, y que a nivel doméstico y continental ha crecido con el peor baloncesto que yo recuerdo, el de gran parte de la década de los 90 y principios del siglo XXI. Es un tipo de espectador para quienes Messina, Obradovic o Ivkovic son nombres cuyo mito trasciende la calidad de su baloncesto. Podían tragarse año tras año infames finales a cuatro de Euroliga con los mismos protagonistas y campeones ganando títulos con marcadores exiguos mientras desde la banda el carismático entrenador de turno le pegaba cuatro voces al jugador que se atrevía a correr un contrataque, eso, según ellos, indicaba personalidad. Son aficionados que crecieron con un baloncesto dominado por genios a cámara lenta como Bodiroga o Papaloukas, grandes jugadores, pero con un concepto del juego totalmente alejado de la locura anarquista con la que muchos crecimos de los Drazen Petrovic o Nikos Gallis. Todo ello ha llevado a este tipo de aficionado a acostumbrarse a un baloncesto férreo, dictatorial, cuadriculado, donde todo lo que escape a esa dictadura de la pizarra aparece ante ellos como algo inconcebible, un misterio arcano indescifrable, y como todo misterio cuando no se comprende, o se le busca alguna trampa o se desprecia. Por eso muchos madridistas criados con ese baloncesto siguen rajando de Laso, de este baloncesto, de esta idea, de este estilo, de este tipo de juego… siguen preguntándose donde está la trampa de jugar a meter 100 puntos y buscándole tres pies al gato. Por eso, esos mismos aficionados, quisieron enterrar a un genio que regresaba a nuestro baloncesto con tan solo 24 años tras cuatro temporadas en la NBA.  

Una vez expuesta esta extraña teoría propia, hagamos historia con el asunto que nos ocupa. El caso de Sergio Rodríguez. Un joven base llegado desde San Cristóbal de La Laguna hasta el club del Ramiro de Maeztu, ese Estudiantes que siempre ha sido un lugar ideal para el crecimiento de nuestros jóvenes valores baloncestísticos. Su nombre comienza a sonar con fuerza como uno de los grandes "prospects" de todo el baloncesto europeo, cosa que confirma en 2004 en Zaragoza, liderando a la selección U18 entrenada por Txus Vidorreta hacia un brillante oro (contando los tres últimos partidos contra Rusia, Italia y Turquía como auténticas palizas) Sergio es elegido MVP de un torneo donde tiene de compañeros de selección a Carlos Suárez, Antelo, o un Sergio Llull por aquel entonces sustituto suyo en el puesto de base de aquel combinado nacional. Como rivales, su ahora compañero Pocius, Kalnietis, Semih Erden, Oguz Savas, Ponkrashov, Datome o Belinelli. No fue una mala cosecha. Para ese 2004 Sergio ya había debutado como jugador ACB con el Estudiantes. 15 segundos en la vibrante final del 2003/2004 entreBarcelona y el club madrileño después de varias expulsiones colegiales tras una especie de tangana en el último partido de ese play off final. En esos 15 segundos y con 18 años recién cumplidos ya deja su carta de presentación con una de sus especialidades, un contrataque veloz como una centella atravesando la zona blaugrana acabando en bandeja. Sus históricos dos primeros puntos en ACB. A partir de ahí, y después de ese dorado verano en la capital maña, Sergio se convierte en uno de las estrellas del Estudiantes y por ende de nuestro baloncesto. Con 18 años juega los 34 partidos de liga regular (13 como titular) y 8 de play offs (donde sale de inicio en 7 ocasiones) Obtiene el galardón del Jugador Revelación de la Liga ACB. Parecía sólo el comienzo para un jugador destinado a marcar una época. El curso siguiente mejora sus prestaciones, y explota definitivamente en play offs contra un Unicaja a la postre campeón. Los malagueños eran aquella temporada el mejor equipo de España. Con Sergio Scariolo en el banquillo y con jugadores como Walter Herrmann, Carlos Cabezas, Berni Rodríguez y Jorge Garbajosa en pista consiguen un histórico título de Liga que añadir a la Copa de la temporada anterior, también con el entrenador italiano dirigiendo (y de hecho siguen siendo los únicos títulos conquistados hasta la fecha por los malagueños... cosa que no está de más recordar,ya que hablamos de injusticias, para poner en su sitio la auténtica importancia de Sergio Scariolo en los banquillos ACB), pero su primera eliminatoria frente al Estudiantes, pese a saldarse con un contundente 3-0, no resultó nada fácil debido a la habitual tenacidad colegial liderada por su joven nueva estrella. 24 y 23 puntos respectivamente anota un Sergio Rodríguez que por entonces cuenta con 19 años en los dos primeros partidos. El Chacho finaliza el play off con medias superiores a los 18 puntos y 5 asistencias por partido. No cabía duda. Estábamos ante el mejor jugador nacional de su generación, y parecía claro que su destino estaba al otro lado del Atlántico.   

El oro de Zaragoza

 La, más bien deportivamente amarga aventura NBA de Sergio creo que es de sobra conocida. Primeramente el desembarco en unos Portland Trail Blazers (que adquieren sus derechos desde los Phoenix Suns, quienes le eligen en el puesto 26 de la primera ronda del draft del 2006) donde no acaban de creer en él (aún así sus tres temporadas en Oregon se saldan con 219 partidos, jugando unos nada desdeñables 15.3 minutos por encuentro en el último curso) Su siguiente destino será Sacramento, escenario donde aún recuerdan a aquel loco maravilloso llamado Jason Williams con el que se llegó a comparar  a Sergio cuando recibió el apodo de "Spanish Chocolate" (haciendo un guiño al "White Chocolate" de Williams) La salida de Portland parecía un alivio después de su falta de entendimiento con un Nate McMillan de quien no vamos a negar que nunca ha estado muy bien visto en nuestro país tras ver que tampoco a Rudy Fernández le daba demasiada cancha. Pero la realidad es aquellos Sacramento Kings de Paul Westphal estaban muy lejos de aquel "greatest show on the court" de los años de Rick Adelman. Con Beno Udrih como habitual base titular y el explosivo “Rookie of the Year” Tyreke Evans ocupando el backcourt, Sergio tuvo poco que rascar en el club californiano. Enviado esa misma campaña a Nueva York, bajo el manto de un apostol del "run&gun" como Mike D'Antoni, parecía que el Chacho por fín había encontrado su sitio. En unos siempre tumultuosos Knicks, nuestro protagonista se encontró con mucha competencia en su puesto: Cris Duhon, el mediático Nate Robinson, el rookie Toney Douglas, e incluso un ya decadente y lastrado Tracy McGrady reconvertido en ocasiones a base. Aún así en el Madison se pudo ver al mejor Sergio. 27 partidos jugando casi 20 minutos con medias de 7.4 puntos y 3.4 asistencias. Con 23 años y aún mucho baloncesto por delante. 

Aún así como muchos otros europeos, Sergio emprende el camino de vuelta, dispuesto a dejar de ser cola de león y convertirse quizás en cabeza de ratón. A posteriori y una vez analizados sus cuatro años NBA habrá opiniones para todos los gustos. Se le acusa de haber emprendido la aventura demasiado pronto, demasiado joven (pero recordemos el caso de Sarunas Jasikevicius, enrolado en el baloncesto USA con 29 años, habiéndolo ganado todo en Europa y siendo posiblemente el mejor base del continente en su momento… y sin embargo teniendo una trayectoria NBA aún más gris que la de Sergio Rodríguez) De un modo externo a la propia persona del jugador, el aficionado se pregunta si aquellos cuatro años más que servir de aprendizaje y evolución cortaron la progresión del tinerfeño. No obstante lo cierto es que sólo el propio Sergio sabe lo que supuso aquello a nivel individual y cuales fueron sus satisfacciones… personalmente creo que sólo por el hecho de que un pabellón como el Madison Square Garden coree tu nombre y te dedique una ovación en un partido de la mejor liga de baloncesto del mundo tiene que haberle valido la pena todo aquello.  

Ídolo en el Madison

 Un buen contrato por tres años con el Real Madrid de Ettore  Messina parecía una sabia elección para volver a sentirse importante y formar parte de un proyecto ganador. Sobre la era Messina ya hemos hablado largo y tendido por aquí, sin ir más lejos hace unas entradas. Vamos a dejarlo simplemente en que, digamos que el técnico de Catania y el base tinerfeño tienen ciertas diferencias a la hora de entender la mejor manera de practicar este juego. Unos discretos 7 puntos y 2.54 asistencias por partido unidas a 1.4 perdidas por encuentro eran números que distaban mucho de lo que se esperaba de un jugador de la categoría de Sergio. En Euroliga unos tristes 6 puntos con 3 asistencias tampoco ayudaban mucho.  El verano de 2011 la sección de baloncesto del club blanco vivía envuelta en un mar de dudas, y un gran número de ellos centradas en la figura del base campeón del mundo. Finalmente la apuesta por Pablo Laso en el banquillo supuso un movimiento absolutamente fundamental para recuperar al mejor Sergio Rodríguez definitivamente para nuestro baloncesto. El técnico vitoriano (recordemos, en su día, uno de los mejores bases ACB) deja claro desde pretemporada cual va a ser su estilo de juego, los “Madrid Suns” que llega a bautizar Carlos Suárez en referencia al estilo descaradamente ofensivo y de ritmo alto propuesto por el alavés. Por otro lado, y pese al clamor popular que pide el fichaje de un base de renombre para reforzar la dirección del juego, Laso lo tiene claro. Los dos sergios, Rodríguez y Llull, serán los encargados de hacer volar a un equipo dispuesto a jugar a velocidad de crucero. Esta historia reciente también es de sobra conocida y justamente ensalzada a través de este humilde blog. Pese a que la temporada regular no muestra aún su mejor nivel, si que hay suficientes destellos que confirman el regreso del genio, sobre todo en los momentos decisivos. Su 58% en triples en play offs resulta decisivo para llegar a la final y mantenerse en todo momento con opciones de conseguir el título liguero que sumar a la ya inolvidable Copa del Rey obtenida unos meses antes en el Palau Sant Jordi. Si “el tiro es lo único que el miedo no puede camuflar” (Gonzalo Vázquez , Psicobasket: CLIX), la irrupción del Chacho como sanguinario pistolero, como nuevo “killer” desatascador de zonas al lado de Jaycee Carroll, no ofrece lugar a dudas sobre el valor infundido en el nuevo y renacido Sergio. Su mejor cara ya la había anticipado en Euroliga, donde hasta la eliminación del equipo de Laso, pese a mostrarse aún timorato en ataque (7.4 puntos por partido) reparte 5.3 asistencias por juego, siendo el segundo mejor average sólo superado por Omar Cook. La reincorporación de su repertorio ofensivo (ese que ya había demostrado en ACB con 19 años) para añadir a su vanguardista visión de juego no ofrece dudas sobre la justicia de la llamada de Sergio Scariolo para los Juegos de Londres, donde es uno de los doce jugadores que se cuelga nuestra tercera plata olímpica. 2012 le seguirá dando satisfacciones. El Madrid levanta el primer título de la temporada, la Supercopa Endesa, derrotando en otra espectacular final al Barcelona. La convivencia con dos bases de primer nivel como Llull y Draper obliga al Chacho a exprimir y aprovechar al máximo sus minutos en cancha (una constante en el equipo de Laso con su buena mano en las rotaciones… mucho reparto de minutos y todos aportando) Los últimos partidos de Sergio vuelven a traer al anotador compulsivo del final del pasado curso, que es tan capaz de destrozar las defensas rivales a triplazo limpio (48% en Liga Endesa a estas alturas de temporada, 29 dianas de 60 intentos) o a base de penetraciones imposibles, para ser capaz de encontrar la mejor opción de pase cuando no mira aro (con Marcus Slaughter como uno de los jugadores más favorecidos en ese caso, dejándonos partido tras partido unos cuantos highlights en forma de “alley oops” entre ambos baloncestistas) El mes de Enero del tinerfeño ha sido realmente estratosférico. Ya despedía el año siendo de los mejores en la única derrota liguera frente al Barcelona (17 puntos en 18 minutos en un gran empuje final), comienza el año con 16 de valoración en 20 minutos frente al Joventut. Contra el Herbalife, de escándalo, 20 puntos en 16 minutos, 28 de valoración (elegido base de la semana en nuestro blog), y ayer remata a una de sus víctimas favoritas, el Unicaja Malaga, con otros 16 de valoración en sólo 20 minutos. Quédense con este dato: en los últimos cuatro partidos de Liga Endesa ha anotado 13 triples… ¡de 16 intentos! En Europa también está de dulce y siendo clave para la imbatibilidad madridista en el Top 16. Tardó en aparecer frente al Zalgiris (8 puntos en 11 minutos) al que remató con casi un “buzzer beater” y de nuevo hablando del Martín Carpena de Malaga, 14 puntos en 18 minutos rompieron el partido. No parecen números excesivamente espectaculares, pero hay que tomarlos en consideración en relación minutos/prestaciones, y sobre todo admitir que está apareciendo en los momentos decisivos de los encuentros.     

Vuelven los títulos

 Es en este momento, cuando se muestra como el base más en forma del baloncesto ACB, la hora de recordar como se quiso enterrar a un jugador de 24 años en su regreso al baloncesto europeo. Puedo comprender, y de hecho no puede ser de otro modo, la crítica al Sergio de su primer año madridista. No vamos a engañar a nadie, su temporada fue nefasta y muy por debajo de las expectativas. Lo que no es justo es el análisis sin matices, sin comprender el contexto en el que le obligaba a moverse un conservador táctico como Messina, de igual modo que también me resulta inadmisible la falta de paciencia que llevó a muchos aficionados a faltar al respeto al Chacho (o “el chocho”, como le gustaban de llamar… los mismos que a Laso, un entrenador que esta temporada nos está llevando a un 90% de victorias, llaman “Losa”, en otro alarde de imaginación y destreza mental propia de un protozoo) y pedir su cabeza, deportación y exilio del club blanco. Ese “madridismo que nunca está contento”, para quien todo lo que rodea a la sección de baloncesto de este club es un desastre, con Herreros y Sánchez a la cabeza. Ese madridismo que pone bajo sospecha cualquier triunfo y sigue afilando el cuchillo es el que luego se queja de la falta de seriedad de un club que no deja madurar proyectos. Me parece bien que ahora se suban “al carro” del Chacho, pero recuerden, no olviden jamás todos estos analistas de pacotilla, amantes del pizarrín y de los partidos a 60 puntos, que si de ellos hubiera dependido, Sergio Rodríguez no estaría ahora mismo defendiendo nuestra camiseta. Repito que puedo entender la decepción del primer curso madridista de Sergio, pero tengan un poco de dignidad antes de pasar del negro al blanco de esta manera, y sobre todo, aprendan la lección de cara al futuro. A los genios no se les olvida jugar al baloncesto… simplemente, a veces ese genio parece quedarse encerrado en una lámpara, o quizás en una pizarra de baloncesto, esperando que alguien como Pablo Laso, jugador que también sabía de la importancia de la libertad ofensiva, frote el recipiente de donde vuelva a salir la magia y la genialidad capaz de concedernos a los aficionados a este deporte nuestro mayor deseo: ser felices con un buen espectáculo cada vez que vemos un partido. 


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