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martes, 17 de febrero de 2015

DE POETAS Y GALAXIAS




Uno de los momentos más históricos del baloncesto español



Nadie puede considerar gratuito que hablemos del All Star Weekend 2015 como el más importante de la historia para el baloncesto español, gracias a la titularidad en ambos conjuntos del Este y del Oeste de nuestros dos hermanos Gasol, los cuales tuvieron además el honor de protagonizar el “tip off” y hacer el salto inicial, dejando una foto única para la historia. Lo nunca visto. Dos hermanos peleando por el primer balón en el plato fuerte del fin de semana de las estrellas. Dos hermanos blancos, europeos, y españoles. La trascendencia del momento y el impresionante trabajo y lucha derribando prejuicios que ha llevado a nuestros dos astros a lo más alto del firmamento NBA ya ha sido analizado en este blog en su día. Centrémonos ahora en lo que nos dejó el fin de semana más festivo y lúdico del mejor baloncesto del mundo. 

El tradicional “Rookie Challenge”, que enfrentaba a jugadores de primer y segundo año, este curso estrenaba formato, dividiendo los rosters entre jugadores nativos en USA y resto de mundo, siempre cumpliendo la premisa de ser tanto rookies como somophomores. Los internacionales se llevaron el partido, lo cual ha dado lugar a algún debate bastante torticero y mal planteado sobre una presunta “superioridad técnica” del baloncesto europeo sobre el estadounidense. La verdad es que sólo fueron seis los europeos que jugaron el partido,  Mirotic y Bogdanovic (16 puntos cada uno), el inmenso Antetokounmpo (12 puntos y 10 rebotes), el sorprendente base reserva de los Hawks Denis Schroder (13 puntos y 9 asistencias), el pívot francés Gobert (18 puntos y 12 rebotes) y un discreto Papanikolau. Pero la gran estrella del partido fue un producto claramente USA, aunque nacido en Canadá, como Andrew Wiggins, quien lleva jugando en baloncesto estadounidense desde su segundo instituto. Sus 22 puntos, 6 rebotes y 4 asistencias le valieron para ser elegido el mejor jugador del partido. 

22 puntos también anotaron por los norteamericanos Victor Oladipo y un Zach LaVine, quien sería una de los grandes protagonistas del fin de semana al alzarse la noche siguiente con el trofeo como ganador del (cada vez más devaluado) concurso de mates. Y es que por mucho empeño que pongan los actuales participantes, el aficionado demanda ver a las grandes estrellas (LeBron, Durant) medir sus habilidades físicas en este particular duelo individual como antaño hacían los Jordan y Wilkins. LaVine recordó a “His Airness”, tanto en su modo de matar como en el homenaje que le rindió con su camiseta. El base de 1.96 aprovechó su magnífica capacidad para suspenderse en el aire para deleitarnos con sus espectaculares mates pasándose el balón por entre las piernas.       


Wiggins comienza a forjar su leyenda


Pero todos los focos de la noche del sábado estaban puestos en el concurso de triples, con una nómina de participantes difícilmente igualable. Todos eran favoritos. Las mejores muñecas de la NBA dispuestas a regalarnos un espectáculo con el aroma de los mejores All Star Weekends (aquellos en los que Larry Bird establecía su particular dictadura celebrando el título antes incluso de que el último balón entrase), y el duelo a ocho no defraudó para cualquier aficionado al precioso y preciso arte del lanzamiento triple. A menudo utilizó términos poéticos para referirme a una serie de jugadores cuyo estilo, indefinible e inimitable, es un arte que parece congelar el tiempo y que nos obliga a deleitarnos con cada movimiento que nuestra retina absorbe. Siempre he definido a Kobe Bryant, el jugador con los movimientos más hermosos de los últimos tiempos (ese “fade away” cayéndose hacia atrás) como “poesía en movimiento”. Esa poética parece haberla heredado Stephen Curry, ganador del concurso de triples gracias a una escalofriante serie de 13 balones consecutivos besando las redes. No es Curry un jugador tan espectacular en el uno contra uno como Kobe, desde luego, pero es la elegancia de cada gesto, la belleza que transmite cada vez que levanta la bola, lo que le hace ser el baloncestista con mayor capacidad para la producción del goce estético en el aficionado. Sus 27 puntos anotados en la final suponen el record de este concurso (claro que son 27 sobre 34 posibles, mientras que hasta 2014 el tope eran 30, siendo igual de impresionantes los 25 sobre 30 que anotaron Kapono y Craig Hodges en ediciones anteriores) 

Y tras la borrachera de tiro del base de los Warriors, llegó el plato fuerte de la madrugada del domingo con esa foto para la eternidad. Rondaban las dos y media de la madrugada hora española cuando Derrick Stafford, como árbitro principal, lanzaba el balón al aire para que dos brazos interminables de dos gigantes españoles, aunque nos parezcan extraterrestres, peleasen por la primera bola del partido que reúne cada año a los mejores baloncestistas del planeta Tierra. Para la anécdota queda que el salto lo ganó Pau (fiel a su cita con los dobles-dobles, 10 puntos y 12 rebotes), aunque el partido se lo llevó Marc (6 y 10), manteniendo la superioridad del Oeste en los últimos años, pese a las bajas de Kobe, Griffin y Davis. El desorbitado hambre anotador de Russell Westbrook le llevó a anotar 41 puntos para hacerse con el MVP del partido, y a punto estuvo de dejarnos otro record para la historia, al quedarse a un solo punto de la máxima anotación en un partido de este tipo, en poder del descomunal Wilt Chamberlain con sus 42 anotados en 1962 (curiosamente no fue MVP de aquella edición, posiblemente por la costumbre de que el galardón recaiga en un jugador del equipo vencedor, llevándose el honor Bob Pettit con sus 25 puntos y 27 rebotes, siendo hasta el día de hoy aún la mejor marca reboteadora en un All Star Game) 

Una vez que nos regalaron la foto histórica, para el recuerdo, de nuestros Gasol disputando el salto inicial, llegó el terreno para la fantasía, con incontables alley oops, muchos de ellos protagonizados entre Paul y Westbrook (tremendo uno de costa a costa), penetraciones de fantasia, y en definitiva el baloncesto es su vertiente más lúdica y espectacular.


Pero para nosotros siempre será el partido que derribó una barrera más, y no una cualquiera, para nuestro baloncesto. Una de las que parecía más impensable, tanto o más como ganar un mundial. ¿Se puede llegar más lejos? Sí, un salto inicial entre ambos hermanos abriendo unas series finales a siete partidos por el título de campeones de la NBA. Resulta casi imposible con toda la competencia que tienen (Cleveland en el Este… Golden State y un largo etcétera en el Oeste), pero soñar nunca cuesta dinero… aunque los gasoles, lo de este domingo, ni siquiera llegaron a soñarlo alguna vez de tan lejano que parecía.     


La estética del tirador.

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