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lunes, 22 de agosto de 2016

BAJAR UN PELDAÑO, SUBIR LA ÉPICA





De nuevo, emocionados.




De vuelta de unas intensas vacaciones toca hacer un repaso y análisis de lo acontecido en la segunda y definitiva semana de competición en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, que suponen otro éxito para el baloncesto español representado en un bronce que se suma a la larga lista de logros de esta generación de jugadores ya legendaria. Mientras el sector más ingrato de la afición sigue haciendo sangre en el hecho de haber perdido dos partidos a cara o cruz (hay que recordar que de haber sido primeros de grupo nos hubiéramos enfrentado a una fortísima Serbia, últimos del Grupo A en una fase muy decidida desde prácticamente la segunda jornada en ese grupo comandado por Estados Unidos), nosotros preferimos admirar como se ha sido capaz de revertir una situación muy complicada, sin margen de error y jugando sin red, para finalmente volver a subirnos a un podio en un gran torneo. Son ya once veranos, desde el Mundial 2006, traducidos en el citado oro mundial, tres oros europeos, dos platas olímpicas, y dos bronces, uno europeo y otro olímpico. Nueve medallas, nueve veranos sin bajarnos del cajón. Sólo los mundiales parecen haberse vuelto “malditos” para nosotros. Después de ganar brillantemente el de 2006, en las ediciones de 2010 y 2014 no hemos sido capaces de subirnos al podio.  


Habíamos dejado a la selección en el tercer partido, obteniendo su primera victoria en un buen partido contra Nigeria. Unos cuantos “locos” nos empeñamos en decir que veíamos al equipo por el buen camino. Nos llamaron de todo. Hubo cera hasta para el bueno de Pepu Hernández, sereno en su juicio e incapaz de sumarse al injusto linchamiento al que se estaba sometiendo a la selección. El campeón africano, que ya había mostrado una excelente cara ante Lituania, a la que llegó a dominar durante varias fases del partido, confirmó que no era ninguna perita en dulce cuando dos días después vencía a Croacia en un brillante encuentro. Lituania de nuevo, como en el Eurobasket 2009, aparecía como punto de inflexión hacia la gloria. Encadenamos tres victorias consecutivas, frente a lituanos y argentinos para certificar el pase a cuartos como segundos de grupo en un cuádruple empate de equipos con balance 3-2, y frente a Francia en el partido de cuartos de final que daba acceso a la lucha por las medallas. Tres encuentros para el recuerdo, de los mejores que ha jugado nunca esta selección, y a la altura de los europeos de 2009 y 2011, con una circulación de balón exquisita, una gran actitud defensiva, y una exuberante magnificencia ofensiva. Especialmente recordado será el choque ante Lituania. La reedición de la final del último Eurobasket fue un auténtico paseo militar que finalizó con un concluyente 109-59. Histórico. También doblegamos a una Argentina que buscaba evitar la cuarta plaza de grupo y con ello el duelo en cuartos frente a Estados Unidos (92-73) y continuamos el festín contra Francia (92-67) La mejor generación del baloncesto francés de la historia volvió a sucumbir nuevamente ante la mejor generación española, y el siempre denostado Scariolo volvió a imponerse a un Collet incapaz de detener la tormenta ofensiva española, en un partido en el que Pau aprovechó los dobles y hasta triples marcajes (los 40 puntos que nuestro mejor jugador de la historia les endosó en su Eurobasket el pasado verano aún están muy frescos) para repartir juego a sus compañeros. De la excesiva vigilancia al de Sant Boi se benefició sobre todo Nikola Mirotic, espectacular con sus 23 puntos incluyendo cinco triples letales después de ocho intentos desde la distancia.


Con esas premisas llegaba el duelo de semifinales ante Estados Unidos. El partido que todos hubiéramos deseado en la final, y que significaba otro intento para esta generación de subir el único peldaño al que todavía no han podido llegar. El de vencer a los inventores de este deporte y con ello alcanzar por fin el oro olímpico. La selección de Coach K (en su despedida de un cargo que hereda otro mito de los banquillos como Gregg Popovich) había sembrado dudas en la primera fase. China y Venezuela no supusieron obstáculo ninguno, pero Australia fue capaz de liderar el marcador durante varias fases del encuentro, Serbia pese a estar por debajo jamás se descolgó del partido y llegó a disponer de un lanzamiento triple que hubiera supuesto la prórroga e incluso Francia ajustó tanto el marcador en los instantes finales para perder al igual que Serbia por tan sólo tres puntos. No obstante el partido de los norteamericanos en cuartos de final ante Argentina confirmaba que a la hora de la verdad su fiabilidad camino del oro seguía intacta. Y España dio la cara. No fue un partido tan espectacular como las dos finales olímpicas anteriores (quizás a un alto intercambio de golpes hubiéramos tenido menos opciones todavía), pero planteamos un encuentro muy serio en el que no nos sacaron de la pista en ningún momento (ninguna selección lo ha hecho nunca contra este grupo de jugadores) y jamás le perdimos la cara al partido en ningún momento. Es cierto que estuvimos a remolque en el marcador durante todo el partido, arrastrando la diferencia de 9 puntos del primer cuarto, pero los seis puntos de diferencia finales reflejan la poca distancia que hay en estos momentos entre estas dos potencias del mundo de la canasta, y fuimos capaces de dejar a la mayor maquinaria ofensiva del baloncesto mundial a nivel de selecciones en tan sólo 82 puntos, cuando no han bajado de los 90 en ninguno de sus otros siete partidos, y han alcanzado el centenar de puntos en cuatro de ellos. Incluso fuímos capaces de vencerles en los parciales de dos cuartos, cosa que ni siquiera logramos en las dos finales olímpicas. Caímos, como no podía ser de otro modo, con la cabeza muy alta. Porque una de las características de esta selección española (y por eso a algunos a los que nos han tildado de “fanáticos” nos han dolido algunas críticas) es que independientemente de que tengan el día en ataque o no, el balón entre o no entre, o las piernas vayan mejor o peor físicamente, su espíritu de lucha y pelea ha estado intacto siempre, tanto en las victorias como en las derrotas. Lo más parecido a una “debacle” que podamos considerar, fue el desastroso partido contra Francia en cuartos de final del Mundial 2014, y aun así no nos sacaron de la pista y fue un encuentro muy igualado que se decidió en los últimos tres minutos en el que los galos se fueron en el marcador. Pero nunca hemos sufrido un varapalo tan severo como el que nosotros si hemos endosado a nuestros rivales, como los infligidos a Lituania o la propia Francia en este torneo, sin ir más lejos. Obviando a Estados Unidos, ni Argentina, ni Francia, ni Serbia, ni Lituania, ni cualquiera de las selecciones punteras de este deporte ha mostrado este carácter de la selección de Scariolo para incluso en sus peores partidos mantener opciones de victoria hasta el final. Un aspecto clave para entender la fiabilidad de este equipo y su continuado idilio con el éxito traducido en medallas. Y es por eso, insistimos, por lo que no nos han gustado las críticas tras los tres primeros partidos (pese a la mejoría mostrada ante Nigeria, mejoría que muchos se negaron a ver, mostrando un insultante desprecio a la selección africana)   




De Andre Jordan y el rebote ofensivo, claves en nuestra derrota ante USA



Tocaba lamerse las heridas tras otro infructuoso intento de asalto al trono estadounidense. No era Australia un buen cliente para jugarte un bronce. En la primera fase, como ya explicamos en alguna entrada anterior, dieron auténticas exhibiciones de baloncesto, y en cuartos de final pasaron por encima de una Lituania definitivamente de más a menos durante este torneo. La semifinal ante Serbia les otorgaba favoritismo, aunque sinceramente en mi opinión era un partido totalmente imprevisible, dado el carácter competitivo de la selección de Djordjevic, que al igual que la de Scariolo saca lo mejor de sí misma en los momentos decisivos. Había otro aspecto, bajo mi punto de vista, interesante para pensar en una posible victoria serbia: su derrota en la primera fase ante Australia. Y es que a los de Djordjevic, como ya demostraron en el pasado Mundial de España (disputando al igual que en esta ocasión la final ante el combinado norteamericano de Mike Krzyzewski), es muy difícil ganarlos dos veces en un mismo torneo (excepto si eres Estados Unidos, claro) Un lobo balcánico con piel de cordero que se frotaba las manos con el favoritismo de Australia según las casas de apuestas. Sinceramente no creo que pueda sorprender que los de Djordjevic se hayan metido en la final dejando en la cuneta a esta gran selección australiana, lo que si resulta sorprendente es la autoridad con la que se deshicieron de los de Lemanis. Los aussies habían exhibido un baloncesto ofensivo de alto voltaje, con auténticas exhibiciones de tiro. Habían humillado a Lituania por un contundente 90-64, con una notable serie de 10 triples de 25 intentos, pero fueron una sombra de sí mismos ante Serbia. El 4 de 31 en triples lo dice todo. La metralleta Mills, desactivada con 1 de 9. Los 26 puntos que les endosaron los de Lemanis a Lituania, eran ahora devueltos por parte de una Serbia en su versión más depredadora, con un Teodosic definitivamente superior cuando se pone la elástica de su país. El gran mérito de Djordjevic, un buen gestor de emociones quien ha sido capaz incluso de recuperar a otro brillante jugador de mentalidad difusa como Milan Macvan. El jugador al que descubrimos y nos deslumbró en Madrid en el Europeo Sub18 no ha tenido posteriormente la regularidad esperada con su selección cuando estaba llamado a ser uno de los líderes del nuevo baloncesto balcánico. Tras no pasar los cortes para los rosters definitivos del Mundial 2014 y Eurobasket 2015, en estos Juegos ha sido pieza clave y jugador titular para Djordjevic. Veremos si es para quedarse.


Nos esperaba por tanto una Australia herida después de haber hecho seis partidos de gran baloncesto y haber sido barridos de la pista por Serbia en el séptimo. Sobre el papel, partido igualado y de gran calidad. Y así fue. Buena primera parte del combinado español, pero al igual que sucediera en el segundo partido frente a Brasil, los tres últimos minutos del segundo cuarto sirvieron para encajar un parcial de 8-0 que dejaba las cosas en un ajustado 38-40 cuando habíamos llegado a mandar de 10. La segunda parte se movería en un columpio, pese a que un triple de Sergio Rodríguez iniciando el último cuarto abría una pequeña brecha de 6 puntos a nuestro favor. Buenos minutos en defensa del siempre discutido Claver en los bloqueos indirectos para Mills. Pero Motum metía en el partido a los aussies con cuatro puntos consecutivos. Y el columpio a moverse, punto arriba punto abajo todo parecía indicar que nos encaminábamos a un final dramático, para valientes. Y ahí se mueve como nadie Sergio Rodríguez, quien selló el bronce con dos tiros libres tras sacar una falta personal en la defensa del bloqueo de Mills. Antes Pau Gasol había anotado otros dos decisivos, pese a su errático 4 de 7 hasta aquel momento en el día de ayer, y un acumulado de 22 de 38 en el total del torneo. Apenas un gris 60%. Pero en el momento clave no le tembló el pulso para dar un nuevo éxito a nuestro baloncesto ejerciendo como el gran líder que siempre ha sido con nuestra camiseta. Y también fue decisivo Claver de nuevo en defensa, metiendo una mano providencial sobre un balón de Joe Ingles para malograr un último ataque aussie cuando quedaban cinco segundos por disputarse.Después de haber perdido dos partidos (Croacia y Brasil) a cara o cruz, en esta ocasión nos tocó la cara, demostrando de nuevo que estos jugadores no se arrugan en los momentos decisivos y su enorme mentalidad ganadora. Australia ha hecho un torneo magnífico y merecía igualmente colgarse un bronce, pero así es este deporte, sólo puede ganar uno y la línea que separa el éxito del fracaso es tan difusa que hay que darle la razón a Kipling cuando hablaba que tanto uno como otro (éxito y fracaso) no son más que impostores. 


Con un balance final de cinco victorias y tres derrotas, derrotas producidas ante una gran Croacia (excelente torneo y a punto de meterse en semifinales y derrotar a Serbia, les condenó su escasa rotación de apenas ocho jugadores) por tan sólo dos puntos, ante la anfitriona Brasil por un punto, y ante los siempre inaccesibles Estados Unidos y a la postre campeones (no dieron opción en la final a los serbios, ganándoles de 30) por sólo seis puntos, y dejando entre las cinco victorias tres partidos de un nivel extraordinario como fueron los que nos enfrentaron a Lituania (actual subcampeón europeo), Argentina (actual subcampeón americano) y Francia (oro europeo en 2013, bronce mundialista en 2014, bronce europeo en 2014), un análisis objetivo no puede si no decirnos que el torneo realizado por nuestra selección ha sido notable. Otro capítulo más de una historia legendaria. Nos hemos bajado un peldaño del podio respecto a los dos últimos Juegos, pero hemos sido capaces de subir el nivel de épica en los momentos decisivos. 


Todavía analizaremos más cosas de un torneo que ha dejado un nivel bastante alto de juego. Hablaremos de las individualidades de nuestro equipo y de cómo se han comportado el resto de selecciones y de los jugadores más destacados del campeonato. Será en próximas entregas. 




 
Cara y cruz. Australia, gran torneo pero sin medalla. Andersen desolado.



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