Mostrando entradas con la etiqueta Andre Igoudala. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Andre Igoudala. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de junio de 2016

Y POR FIN APARECIÓ EL MVP





La ley del MVP



Se le esperaba. Y apareció. Vaya si apareció Stephen Curry en las finales para, en el cuarto partido de la serie, dinamitar el Quicken Loans Arena con una de esas actuaciones superlativas a las que nos tiene malacostumbrados. 38 puntos, 5 rebotes, 6 asistencias y 2 recuperaciones. El MVP de las dos últimas temporadas confirmó su presencia en la lucha por el título. En los tres partidos anteriores, su máxima anotación “sólo” había sido de 19 puntos, muchos de ellos anotados cuando el partido ya estaba resuelto para Cleveland en la paliza del tercer choque. En el cuarto anotó el doble. 7 triples como 7 puñales acompañando la tormenta de 17 canastas de tres puntos con las que los Warriors destrozaron a su rival para sentir ya el segundo anillo consecutivo rozando sus dedos. 17 triples que suponen un nuevo record en un partido de finales. Los de Steve Kerr siguen devorando registros. 



Fue, no obstante, el partido más igualado de la serie. Igualdad y constantes cambios de liderato en el marcador, y un duelo Irving-Curry en su máximo esplendor. El de Akron fue el mejor del partido, pero el base Cavalier dejó otra exhibición con 34 puntos, 4 rebotes, 4 asistencias, 3 robos, e incluso un espectacular tapón sobre Stephen Curry. Fue el duelo del partido, y si los Cavs mantuvieron opciones de victoria durante gran parte del choque fue gracias al inmenso partido de su base, pese a que el cansancio se hizo evidente en unos minutos finales en los que ante la brecha que comenzaba a abrir Golden State, Irving tomó alguna mala decisión en ataque. Otro duelo electrizante, aunque no tanto por la calidad del mismo como por la dureza con la que se emplearon ambos jugadores, fue el que mantuvieron LeBron James y Draymond Green. Tanto es así que la NBA ha actuado 48 horas después del partido para suspender a Green de cara al partido por una acción en la que golpea el vientre de James, y el propio James ha sido castigado con una técnica. Lo cierto es que Green se está ganando una fama de jugador duro y violento en estos play offs que no recordábamos desde los tiempos de Mahorn y Laimbeer en Detroit. Además de su dureza en el contacto físico, se ha convertido ya en uno de los reyes del “trash talking”. Un “arte” que permite todo tipo de rumorología, ya que raramente se llega a saber qué es que lo se dicen los jugadores en la cancha, pero la insinuación de LeBron refiriéndose a una “pasada de la raya” de Green sobre la condición de padre de familia de King James da que pensar. Tanto o más que en aquel famoso cabezazo de Zidane a Materazzi.    





Irving contra Oakland y resto del mundo.




El incendiario Green volvió a ser una vez más el termómetro anímico de unos Warriors que demostraron de nuevo su superioridad basándose en la excelencia del juego exterior y su extraordinaria intensidad defensiva. Convertidos en bosques de manos y piernas, lograron que LeBron, pese a sus 25 puntos, 13 rebotes y 9 asistencias, no se sintiera cómodo en ataque, y sólo un estratosférico Irving mantenía con vida a Cleveland. Reaparecía Kevin Love, y nuevamente su aportación volvió a ser poco trascendente (11 puntos y 5 rebotes, y problemas en la defensa a los pívots rivales, incluso con Varejao, quien en apenas 4 minutos capturó 3 rebotes ofensivos vitales para su equipo) Al menos Lue fue valiente y mantuvo a Jefferson como titular, pero Kerr sigue yendo varios pasos por delante y probando más cosas (apareció James McAdoo por primera vez en las finales para contribuir a la labor de desgaste sobre LeBron) Igoudala de nuevo fue el factor decisivo, no sólo por sus 10 puntos, 6 rebotes y 7 asistencias, sino porque con él en pista Golden State realizó su mejor baloncesto, los mejores minutos del último cuarto en los que los Warriors sentenciaban el partido y casi podríamos decir que la serie. Hay un dato definitivo sobre Igoudala, y es que en el partido más disputado de la serie, su balance +/- registra un contundente +15, superior al resto de jugadores que estuvieron en la pista a disposición de ambos entrenadores.   




Decepcionantes finales debido a la clara superioridad californiana. Una superioridad que también fue muy manifiesta en las finales de la pasada temporada ante unos mermados pero voluntariosos Cavaliers. Pero el menos al finalizar el cuarto partido la serie registraba un empate a dos victorias para cada equipo. Queda sólo por dilucidar en que momento los de Ohio doblarán definitivamente la rodilla, y dado además el desgaste sometido en sus principales hombres (LeBron e Irving especialmente), se intuye que bien puede ser la próxima madrugada, pese a la ausencia de Green. Con tan poca emoción sobre la franquicia ganadora, la mayor incertidumbre parece ser la de quien se coronará como MVP de las finales. Curry hasta el cuarto partido no ha estado a su nivel, pero otra exhibición como la del segundo partido en Cleveland le podría hacer merecedor del galardón. Green, tras la descalificación, parece descartado. Igoudala, pese a la poca exuberancia estadística, debe ser tenido en cuenta por todo lo comentado en el anterior párrafo. Klay Thompson tampoco está a su mejor nivel, pero al menos demuestra cierta regularidad. Lo cierto es que se hace difícil apostar quien será considerado jugador más valioso de estas finales. Irving y LeBron, lógicamente, serían máximos candidatos a ello en caso de la improbable remontada Cavalier. Pero en caso de producirse tal proeza lo de menos sería el MVP, ya que merecerían por lo menos una estatua en el medio del Q Arena y las llaves de la ciudad de Cleveland.     





Y si no, nos enfadamos...





lunes, 6 de junio de 2016

LOS WARRIORS VUELAN EN EL ORACLE



Golden State pone el 2-0 en el marcador de las finales haciendo bueno el factor cancha y confirmando la condición de fortín del Oracle Arena (51-3 de balance esta temporada) Dos victorias en las que han demostrado una superioridad brutal, nada que ver con las finales de 2015 en las que Cleveland  logra llevarse una victoria de Oakland e incluso tiene opciones de ganar el primer partido. Había enorme expectación por ver estas finales con LeBron acompañado de Irving y Love (y ahí está el record de audiencia del primer partido), imaginando a unos Cavaliers mucho más fuertes que el año pasado, pero la realidad es que los Warriors también son superiores a la versión del pasado curso, que si ya era buena, se transmuta en inalcanzable para el resto de franquicias NBA, tanto que huele a dictadura, dinastía, tiranía… con el peligro que ello conlleva de cara a que muchos aficionados pierdan interés por una liga con un equipo tan superior al resto. Ni siquiera necesitaron la mejor versión de Stpehen Curry en un primer partido protagonizado por los habituales secundarios de la plantilla californiana. Hasta siete jugadores de Steve Kerr estuvieron en dobles dígitos anotadores, destacando un enorme Shaun Livingston con 20 puntos (80% en tiros de campo), 4 rebotes y 3 asistencias en 26 minutos en pista. Barbosa sólo necesito 11 minutos para anotar otros tantos puntos, dejando canastas de gran belleza, e Igoudala se volvió a reivindicar como factor decisivo de las finales con 12 puntos, 7 rebotes y 6 asistencias, pero por encima de todo con su superlativa defensa sobre LeBron James. The King cumplió sobradamente rozando el triple-doble (23 puntos, 12 rebotes y 9 asistencias), pero en los ataques que Igoudala fue su par sólo pudo convertir una canasta, y hablamos de nada menos que 22 posesiones en las que el vigente MVP de las finales se emparejó con James. Con todo eso, el pobre 8 de 27 en tiros de campo sumado entre Curry y Klay Thompson se revela anecdótico. Los Warriors pusieron el 1-0 con una lección de coralidad dejando al descubierto las costuras cavaliers y la enorme dependencia de LeBron James. Después de llegar incluso a ponerse por delante a poco de finalizar el tercer cuarto, con los mejores minutos de Cleveland en toda la serie y Steve Kerr rompiendo literalmente su pizarra ante la inoperancia de su equipo, Tyronn Lue sentó al de Ohio tras una breve reacción warrior (68-71 para los de Oakland) En apenas tres minutos los cavaliers encajaron un parcial de 11-0 coincidiendo con la presencia de su líder en el banquillo. Ahí se acabó el partido. 




Steve Kerr destrozando su pizarra. Luego su equipo destrozó a los cavaliers.



El primer partido dejaba por tanto varias lecturas. Los warriors demostraban su mayor profundidad de banquillo y mejor roster, pero los cavs, con las mejores versiones de James e Irving (Love, definitivamente, confirma su estatus de “loser”, poco resolutivo en ataque más allá de quedarse en la esquina esperando al triple, con 11 puntos por partido en este comienzo de series, y un tremendo agujero en defensa cada vez que le han puesto un cinco delante e incapaz igualmente de salir con éxito a las ayudas exteriores, en definitiva, un desastre), parecía que podrían intentar morder en el segundo encuentro, en el que, por otro lado, se esperaba la resurrección de los Splash Brothers, unos Curry y Thompson muy por debajo de su nivel en el partido inaugural de las finales. 


Y lo que vimos fue una exhibición warrior en toda regla. Pese al buen trabajo defensivo de los de Cleveland especialmente en el primer cuarto, con Richard Jefferson manteniendo al equipo al final de un primer cuarto muy defensivo (protagonismo para Bogut por los californianos, con cuatro tapones) en el que logran ponerse por delante. A partir del segundo acto veríamos a los Golden State que llevan maravillando todo el curso: transiciones rápidas, jugadas espectaculares hiladas en apenas tres pases y el letal “catch and shoot” con el que no han parado de destrozar rivales partido tras partido, impulsados por la adrenalina de un Draymond Green que se postula para MVP de las finales (28 puntos, 7 rebotes y 5 asistencias) Cuando algunos analistas dicen que el auténtico líder de estos warriors es este power-forward multidisciplinar no es una frivolidad ni ninguna extravagancia. Los Splash Brothers son la dinamita de Kerr, pero no se podría entender a este equipo sin un jugador como Green que no sólo oficia como “pegamento” invisible responsable de eso que llaman “intangibles”, si no que su productividad es tan tangible como la brutal tarjeta estadística que nos deja en el segundo choque. Poco importa que LeBron James vuelva a rozar el triple-doble (19 puntos, 8 rebotes y 9 asistencias), y que acreciente su condición legendaria (excepto para los “haters” de turno, casos perdidos que seguirán negando la magnificencia de este jugador), convirtiéndose en el único baloncestista que es Top-10 histórico en post-temporada en puntos, rebotes y asistencias. La superioridad de los warriors es tan brutal que ya comienza a olisquearse la posibilidad de un humillante “sweep” (barrido), con un 4-0 final para redondear la mejor temporada jamás realizada por un equipo NBA en toda la historia. 



Esperemos equivocarnos y que Cleveland sea capaz de plantar batalla en el Q Arena y ser capaces de alargar una serie que de momento sólo tiene el color amarillo y azul de los Locos de la Bahía. Un equipo ya histórico y que supone un regalo para cualquier aficionado por su manera de entender el baloncesto de ritmo alto y posesiones cortas (lo cual no supone descuidar la defensa, más bien al contrario, ya que no puede haber contraataque sin defensa), pero por el bien de este deporte, necesitamos que tengan rivales capaces de plantarles cara durante 48 minutos. Y en ese sentido, parece claro que LeBron solo no puede.  




LeBron está mejor que Curry, pero el colectivo warrior arrasa.





jueves, 2 de junio de 2016

LEBRON VS. CURRY 2.0







Ya están aquí las finales de la NBA. Las finales más deseadas, la revancha de la pasada temporada, un nuevo “face to face” entre LeBron James y Stephen Curry que a buen seguro está haciendo frotarse las manos al comisionado Adam Silver. Y es que hablamos de dos jugadores que han obtenido seis de los últimos ocho mvps de temporada regular de la competición (sólo Rose y Durant han sido capaces de romper el dominio de estas dos bestias), sumando cuatro LeBron por dos Curry. Son ganadores de tres de los últimos cuatro anillos de campeón de la NBA. Es, por tanto, el duelo del momento. 


Dos jugadores distintos, dos manera de entender el baloncesto diferentes, pero una similitud innegable que emparenta a ambos y les coloca en páginas similares de los libros de historia (además de ser tanto como el cavalier como el warrior ilustres paisanos de la ciudad de Akron, en el estado de Ohio) Y es que hablamos de dos jugadores que ya pueden ser considerados entre los mejores de todos los tiempos, pese a que aún, por fortuna para todos, les queda carrera por delante (LeBron está en 31 años, posiblemente la mejor edad para este deporte, y a un nivel que puede ser capaz de llevar fácilmente hasta los 35 o 36… Curry, con 28, y por increíble que parezca, aún no ha tocado techo) King James sigue representando el baloncesto total, la polivalencia hecha jugador. Sus 6.8 asistencias por partido le sitúan como el noveno baloncestista que más canastas ha regalado a sus compañeros. Es decir, reparte más asistencias que la mayoría de bases titulares de la NBA (incluyendo a Curry, con 6.7) Ha sido el quinto máximo anotador de la temporada con 25.3 puntos por partido, y sus 7.4 rebotes por partido le sitúan como el quinto alero que más rebotes ha capturado esta campaña, por detrás de Thaddeus Young, Durant, Anthony y Antetokounmpo. Sigue siendo determinante a ambos lados de la cancha, como demuestran sus 1.4 robos y 0.6 robos por partido. Como todos los grandes, números que no sólo ha mantenido si no que ha mejorado cuando llegan los momentos decisivos, los play offs, sólo bajando ligeramente en anotación (24.6 puntos) pero incrementando sus prestaciones en el resto de facetas del juego (8.6 rebotes, 7 asistencias, 2.2 robos y 0.8 tapones) Los números de James siguen siendo descomunales y asombrosos y servirían para ser MVP de la temporada en un porcentaje altísimo de cursos NBA… pero no en uno que consagra definitivamente a Stephen Curry como el jugador más letal del momento. 


Y es que el “pequeño” jugador de Golden State ha roto todas las barreras imaginables (y repetimos, por edad aún tiene margen de mejora) en cuanto a capacidad anotadora y recursos ofensivos. Su increíble manejo de balón, su facilidad para armar el brazo, y sobre todo la excelencia de su tiro se han traducido en 30.1 puntos por partido (máximo de su carrera) para liderar la tabla de anotadores NBA, pero la auténtica barbaridad ha estado en sus porcentajes de tiro. Un 90.8% en tiros libres, 56.6% en tiros de dos, y un brutal 45.4% en triples, lanzando 11.2 triples por partido. En total un 50.4% en tiros de campo. Absolutamente asombroso para un base o para cualquier jugador acostumbrado a jugar lejos del aro. Un tipo que convierte prácticamente uno de cada dos triples intentados. Con esta premisa se entiende mejor que haya liderado a una franquicia histórica cuyo 73-9 de temporada regular ya es el mejor balance de todos los tiempos. También es el año que más ha reboteado (5.4 rechaces por partido), y sobre su mejora defensiva de la que tanto se ha hablado baste decir que sus 2.14 robos por partido (otro máximo en su carrera) le han valido para ser el mejor recuperador de la temporada en dura pugna con especialistas en esta estadística como Chris Paul o Ricky Rubio. Si James representa el baloncesto total, el jugador con mayor capacidad para jugar en cualquier posición en la cancha, Curry es la letalidad pura, lo más cerca de la perfección ofensiva, el jugador indefendible hasta unos niveles que ya muchos lo consideran el mejor tirador de todos los tiempos.  


El duelo tiene el morbo de recordar las finales pasadas, en las que un LeBron solitario, auténtico “army of one”, se empeñaba en discutir el reinado de los Warriors sin apenas otras ayudas que las del “limpiatableros” Tristan Thompson o el voluntarioso Dellavedova. Hay ganas de ver al Rey con Irving y Love sanos. No obstante Golden State sigue presentando una plantilla sustancialmente superior, con una mayor y mejor profundidad de banquillo. Además Curry cuenta con su LeBron particular (salvando las distancias), un Draymond Green capaz de ejercer como cerebro y director de juego del equipo, pese a ser un power-forward. Lo cierto es que por las manos del jugador de Michigan pasa tanto baloncesto como por las de Curry. Klay Thompson sigue haciendo honor a su apellido, demostrando que más que venir de su padre Mychal, parece descender de la dinastía de John Taliaferro Thompson, creador del célebre fúsil que lleva su nombre (de 18.6 puntos por partido en temporada regular ha pasado a 26.2 en play offs, con un tremendo 44.8% en triples), y por supuesto el MVP de las pasadas finales, Andre Igoudala, da de nuevo un paso al frente para que Steve Kerr le diese la titularidad en el decisivo séptimo partido ante los Thunder. ¿Lo mantendrá de titular ante los Cavs? Por si algo les faltaba a estos Warriors, han aprendido a sufrir, remontando un 3-1 en las finales del Oeste ante el equipo de Durant y Westbrook, y demostrando que si hace falta también saben pegarse y bajar al lodo, dejando escenas más propias de los Bad Boys de Detroit que del tradicional juego descarado de los Locos de La Bahía en esas ya históricas finales de conferencia ante Oklahoma City.   



En definitiva nos espera una serie de saltar chispas, con dos escuadras concebidas para ganar el anillo. Cleveland, buscando romper una maldición que no sólo incumbe al baloncesto (la ciudad lleva más de 50 años sin ver a ninguno de sus equipos profesionales, ni de baloncesto, ni de baseball, ni de fútbol americano, ganar un título nacional), y con la presión de que para el trío Irving-LeBron-Love todo lo que no sea alcanzar el anillo parece un fracaso debido a las expectativas creadas. Golden State por su parte, aunque lo hecho ya quedará para siempre en los libros de historia, sabe que su apoteósico 73-9 de liga regular, mejor balance de todos los tiempos, sería un registro agridulce si no viene acompañado por el título final. Sólo nos queda, a miles de kilómetros de distancia, disfrutar de una final que ojalá llegue a siete partidos para nuestro máximo disfrute. Tenemos que sentirnos afortunados de poder ver frente a frente a dos de los más grandes de todos los tiempos. No perdamos esa perspectiva.  



miércoles, 17 de junio de 2015

RICK BARRY YA NO ESTÁ SOLO


Iggy y Steph ya son leyenda.



Han tenido que transcurrir 40 largos años para que en el Olimpo particular de los dioses de Golden State Warriors alguien haya podido mirar de tú a tú al mítico Rick Barry. Y ese alguien es Stephen Curry, MVP de la temporada regular, campeón del concurso de triples y líder de un equipo que ha llevado a las finales. No entra solo en tal categoría ya que le acompaña un Andre Igoudala MVP de las finales (en mi opinión de manera injusta, pues pese a no conquistar el título, tal y como Jerry West en las finales de 1969, nadie merecía más ese galardón que un LeBron James caballeroso en la derrota felicitando y abrazando a su paisano y rival) Curry se lleva el particular duelo de Akron, rodeado de un colectivo espectacular y superior al que ha arropado a LeBron en esta batalla, pero King James nos deja una actuación para la historia que debería eliminar cualquier atisbo de duda sobre que nos encontramos ante uno de los más grandes jugadores de todos los tiempos. Sus 35.8 puntos, 13.3 rebotes y 8.8 asistencias son números que prácticamente sólo se pueden conseguir en la play station, no en unas finales de la NBA ante un equipo con el octavo mejor balance de todos los tiempos en temporada regular. Con tan sólo 30 años ha rebasado la cifra de 5000 puntos anotados en play offs, cosa que anteriormente a él sólo habían conseguido Michael Jordan, Kareem Abdul-Jabbar, Kobe Bryant, Shaquille O’Neal y Tim Duncan.   

Ciertamente a partir del cuarto partido las finales no han tenido demasiada historia, y pese a ser capaces de los Cavaliers de no descolgarse en el marcador hasta bien transcurrida la segunda parte, la progresión ascendente de los Warriors, con un Curry en su mejor nivel especialmente en el quinto (37 puntos), ha contrastado con la descendente de unos Cavs cansados y decaídos, como dice la canción de Los Negativos, bueno, decaídos no tanto ya que su espíritu de lucha ha sido encomiable, pero la estadística es clara, Golden State ha ganado cuatro de los seis últimos cuartos de las finales y empatado otro, sólo han perdido el último parcial en el sexto y definitivo encuentro cuando los triples a la desesperada de Iman Shumpert encontraron el aro, pero con el marcador bastante bien encarrilado. El acumulado de esos últimos cuartos habla de un 179 a 146 a favor de los de Steve Kerr. La conclusión es clara, según transcurrían los minutos de cada partido el terreno se abonaba más favorable a Golden State, más que por frescura propia, por debilidad del rival.

En el duelo de entrenadores novatos Kerr se ha llevado el gato al agua, cierto es que con una plantilla con más recursos que su homólogo, pero sin miedo a tocar distintas teclas y dar protagonismo en un momento dado a cualquiera de sus jugadores (Barbosa y Livingston, fundamentales desde el banquillo, Ezeli, con protagonismo anoche, David Lee gloriosamente recuperado para la causa, los finalmente desaparecidos Bogut y Speights aportando al comienzo de las series… y por supuesto ese quinteto que figurara ya por siempre en la memoria de los aficionados: Curry-Thompson-Igoudala-Barnes-Green) Su capacidad de improvisación ha sido superior que la del estadounidense-israelí. Se ha hablado mucho sobre la inexperiencia de los Warriors en estas finales, y como eso podría suponer un hándicap para los de Oakland, pero convendría recordar que Steve Kerr como jugador ha ganado nada menos que cinco anillos de campeón, al lado de mitos como Jordan y Duncan, y entrenador por técnicos como Phil Jackson y Gregg Popovich. Seguro que algo habrá aprendido. 

Y aunque un tanto polémico su nombramiento como MVP, ya que sus números no han sido los mejores de las finales (igualmente polémico lo hubiera sido para LeBron, al no llevar a su equipo al anillo), hay que destacar el grandísimo trabajo de un Andre Igoudala a quien después de once años de carrera le ha llegado la oportunidad de ser fundamental a la hora de conseguir un título de campeón. Un auténtico todoterreno que fuera jugador franquicia de los Philadelphia 76ers durante ocho temporadas hasta su traspaso a Denver dentro de la operación que llevó a Andrew Bynum, ese pívot de cristal, a la ciudad del amor fraterno. Posteriormente un “sign and trade” le haría recalar en Oakland, donde en su segunda temporada se ha asegurado un lugar en la historia de la mejor liga de baloncesto del mundo. 


LeBron James volvía a llevar a Cleveland a unas finales desde que lo hiciera en 2007 tras vencer en la final del Este a los durísimos Detroit Pistons de Billups, Hamilton, Prince y los Wallace (en realidad sólo Rasheed, Ben ya estaba en Chicago), un equipo que había marcado época y había sido campeón en 2004. Y da la sensación de que ocho años después ha llegado todavía más solo que en aquella ocasión. Cuatro finales perdidas son demasiadas para el mejor jugador de su era, quien sigue reventando registros en lo individual, pero no acaba de encontrar un lugar hegemónico en la liga. Un rey sin reinado. Es inevitable sentir cierta simpatía por una franquicia tan lastrada por la mala suerte como Cleveland Cavaliers, sumida en una maldición que se muestra en un calendario que ha visto pasar las hojas de nada menos que 51 años de historia, desde que los Browns ganaran la NFL, sin que ninguno de sus grandes equipos (Cavaliers en la NBA, Browns en la NFL y los Indians en la MLB) haya ganado un título. La sede del condado de Cuyahoga sigue siendo la población perdedora por antonomasia del deporte estadounidense. Quizás por eso haya sido una de las ciudades con una de las escenas punk más impresionantes de todos los tiempos. Pero en esta ocasión ha triunfado la psicodelia californiana.    



Dead Boys, banda epítome del punk de Cleveland

sábado, 6 de junio de 2015

HIGH NOON



Un hombre contra un ejército




Pocas veces hemos escrito una entrada más profética que nuestra anterior “La soledad del rey”, y es que en efecto, horas después el Game 1 de las finales NBA 2015 dejaba al descubierto todas las virtudes y defectos de ambos equipos, de una manera tan diáfana que no debe haber un solo analista cuerdo que le de opción alguna a los Cleveland Cavaliers de ganar el anillo en estos momentos.

Es cierto que el primer cuarto de Cleveland fue, sencillamente, arrollador, pasando por encima de unos timoratos Warriors que ni sabían por donde les venían los golpes. Es igualmente cierto que una vez capeado el temporal y llegadas las primeras ventajas de los de Oakland el equipo de David Blatt no se descompuso y siempre estuvo en el partido, y es también cierto que LeBron tuvo el tiro ganador (buscó un lanzamiento parecido al triple ganador que anotó en Febrero del pasado año contra el mismo equipo y con Igoudala también encima, aunque en esta ocasión se fue más escorado hacia la esquina) para no llegar a la prórroga. La misma certeza nos haría pensar que un encuentro decidido en tiempo extra es señal de que nos encontramos ante unas finales igualadas, y sin embargo en cuanto ambos equipos encarrilaron el camino a los vestuarios en el Oracle sobrevolaba la sensación de que el anillo ya tenía ganador y que Stephen Curry y su pandilla están en una situación idónea para rememorar el éxito de los Warriors de Rick Barry hace 40 años y convertirse en campeones NBA propinando un “sweep” al rival y dejando a los Cavaliers, como sucediera con los Washington Bullets de 1975, en cero victorias.

Ya no es sólo el hecho de la lesión de Kyrie Irving, una baja que en nuestra opinión deja a los de Ohio sin opciones entregando la dirección de juego (es un decir, porque ahora más que nunca LeBron tendrá que ejercer de “point-forward”) a un jugador como Mathew Dellavedova cuyo nivel no alcanza ni por asomo para ganar un campeonato de la NBA (ahora quizás se arrepientan de haber tradeado a Jarrett Jack el pasado verano), es que incluso con Irving las carencias de estos Cavaliers, empeñados en repetir los errores de Miami Heat (que si bien ganaron cuatro campeonatos de conferencia consecutivos perdieron dos finales ante Dallas y San Antonio condenados, entre otras cosas, por su poca profundidad de banquillo y condensar toda la dinamita en pocos jugadores) quedaron al descubierto en los 53 minutos del primer partido de las series, evidenciando la enorme diferencia entre un roster y otro. Hay que recordar que la lesión del base Cavalier llega casi al final del partido (si bien es cierto que llegaba al choque renqueante, sin estar a su mejor nivel, y aún así firmando 23 puntos, 7 rebotes y 6 asistencias), de modo que aún sin haber sufrido la desgracia de su baja, circunstancia insistimos que definitiva y que les deja sin opciones, el partido, con toda su dureza e igualdad, dejaba la lectura de la enorme superioridad de los californianos, con mayor profundidad de banquillo, mejor rotación, y más reparto de minutos entre sus jugadores, lo que se traduce, no puede ser de otra manera, en unas piernas más frescas, cosa que se pudo comprobar sin duda alguna en la prórroga.

Es prácticamente imposible ganar en el baloncesto de 2015 sin rotaciones. David Blatt utilizó sólo tres jugadores de banquillo durante el partido, J.R.Smith, errático en el tiro (aunque dejó una de las canastas del partido, un triple al filo del descanso para dar una ligera ventaja a los visitantes al final del segundo cuarto, 51-48), es no obstante el único suplente de garantías de los de Ohio, y suyos fueron los únicos nueve puntos que aportó el banquillo de Blatt, James Jones, especialista en el tiro exterior y al que sólo vimos lanzar un triple en los 17 minutos que permaneció en cancha, y por último el australiano Dellevadova, perdídisimo y superado durante los nueve minutos que dispusó, y cuya importancia para la franquicia Cavalier se resume en la anécdota de que el autobús de su equipo se fue al aeropuerto una vez acabado el partido con toda la plantilla y cuerpo técnico excepto el despistado base aussie que todavía andaba por el pabellón Dios sabe haciendo que cosas. Este es el nivel de estos Cleveland Cavalieres, una plantilla que parece confeccionada por su peor enemigo. Con jugadores ya pensando en la jubilación, como Shawn Marion o Mike Miller, o totalmente defenestrados como Kendrick Perkins (noticia por una pelea conyugal más que por temas baloncestísticos), aún así a Blatt y a LeBron (prácticamente con tanto peso como el entrenador estadounidense-israelí a la hora de tomar decisiones) no les queda otra que contar con ellos. Pero para empezar deben recuperarlos anímicamente.

Y es que enfrente, los Warriors demostraron porque han sido el mejor equipo de toda la temporada. Frente a los pírricos 9 puntos de Smith, única aportación del banquillo Cavalier, Steve Kerr obtuvo 34 de sus cinco suplentes, con significativa aportación de un Andre Igoudala convertido en factor X. 15 puntos decisivos y dura defensa sobre LeBron. Los Warriors juegan de escándalo, cierto, pero para ganar un anillo se necesita además un guerrillero capaz de bajar al fango y defender con la dureza más característica del Este que del Oeste. Igoudala asume ese rol sin perder brillantez en ataque. No olviden que hablamos de quien fuera jugador franquicia de los Philadelphia 76ers hace algunos años y que ahora, reconvertido en sacrificado sexto hombre de lujo, no quiere dejar pasar la ocasión de verse con un anillo de campeón en sus manos. También hay que mencionar a Marreese Speights, apenas jugó nueve minutos, lo mismo que Dellavedova, pero con un oficio y finura en ataque para irse a ocho puntos, con buenos minutos en el segundo cuarto para ayudar a la primera remontada Warrior. Reaparecía tras su distensión en la pantorrilla derecha y demostraba que es otro reserva de absolutas garantías dentro de un roster que apunta a pasar a la historia para el aficionado de la franquicia californiana.

Ni siquiera necesitaron al mejor Curry posible. El MVP de la temporada regular empezó flojo, quizás superado por una presión que pronto se quitaría de encima, pero fue de menos a más, añadiendo canastas a su casillero, soltando nervios, y dibujando en su rostro cada vez más un semblante de futuro campeón NBA. Peor fue incluso el arranque de su “hermano” Thompson, con una primera parte para olvidar, pero ofreciendo grandes minutos a partir del tercer cuarto (9 puntos en ese periodo) El escolta Warrior anotó sólo cinco puntos antes del paso por vestuarios, pero acabó con 21. Barnes y Green al nivel esperado, siempre por detrás de una pareja exterior que apunta a ser la más recordada de la NBA desde la de Thomas-Dumars, pero nunca perdiendo la cara al partido. Bogut, cumpliendo ante Mozgov. En resumen, un buen partido del equipo de Kerr, pero lejos de su mejor versión posible, y con unos nervios de salida que indicaban que necesitaba templar ánimos y hacerse a la cita. Con el primer punto en el bolsillo da la sensación de que a partir de ahora irán a más, frente a un equipo que con la lesión de Irving y con jugadores como LeBron y Tristan Thompson sin apenas descanso en el banquillo acabarán notando las minutadas según transcurra la serie.

Y es que la película de estas finales comienza a parecerse peligrosamente a un viejo western interpretado por Gary Cooper, aquel en el que el protagonista, abandonado por el pueblo, tiene que enfrentarse él solo a una banda de forajidos. En la película son cuatro, como la columna vertebral de los Warriors (Curry, Thompson, Barnes y Green), y gana Gary Cooper, que para eso era el bueno. En este film que arrancó en el Oracle Arena y tendrá escenario al menos por dos noches en el Quicken Loans de Cleveland, no están tan definidos los roles, y por si fuera poco a la banda de cuatro les acompañan varios pistoleros más, uno de ellos, Igoudala, con capacidad para ser incluso líder de la misma llegado el caso. Demasiado por muy LeBron James que seas. 44 puntos, 8 rebotes y 6 asistencias para morir en la orilla. LeBron puede dejar en estas finales unos números nunca vistos en este tipo de encuentros... y posiblemente no le sirvan para ganar el anillo. Es lo que pasa cuando estás solo ante el peligro.   

martes, 22 de octubre de 2013

JUGADORES A SEGUIR: EVAN TURNER (NBA)


E.T. quiere volar alto esta temporada.

No hace tanto tiempo que los Philadelphia 76ers parecía una de las franquicias más ejemplares de la NBA, con un crecimiento progresivo que le había llevado a semifinales de conferencia hace tan sólo dos temporadas, después de dejar en la cuneta a unos Chicago Bulls que se presentaban en post-temporada con el mejor balance de la liga (claro que mucho tuvo que ver la grave lesión de Derrick Rose en el primer partido de la serie). Se trataba de una plantilla basada en el colectivo, en el juego coral, sin grandes estrellas, pero con dos veteranos como Andre Igoudala y Elton Brand guiando a una camada de jóvenes jugadores como Thaddeus Young, Spencer Hawes, Jrue Holiday o el protagonista de nuestra entrada de hoy y quien debe ser ya claro líder de los nuevos 76ers: Evan Turner, E.T. 

Poco queda de esos últimos buenos Sixers. El curso pasado el club decidió afrontar un arriesgado y controvertido cambio de rumbo. En un trade a cuatro bandas Igoudala, hasta aquel momento santo y seña de la franquicia (ocho temporadas como Sixer), recalaba en otro proyecto emergente como los Denver Nuggets y la ciudad del amor fraternal recibía a la eterna promesa del juego interior Andrew Bynum, esa bestia de la naturaleza a la que las lesiones, los problemas físicos, e incluso una cierta indolencia, no han permitido explotar con todo su magnífico potencial. La apuesta no pudo salir peor. Bynum, lesionado toda la campaña, no llegó a disputar ni un solo minuto con la elástica de Philadelphia, mientras se embolsaba su salario de casi 17 millones de dólares. El desastre fue tal que el nuevo presidente ejecutivo del club, Scott O’Neill, ha tenido que pedir excusas públicamente a los seguidores de Philly.   

Pero las dudas se ciernen aún más si cabe sobre la nueva temporada, ya que los 76ers están en las quinielas de la rumorología sobre un posible “tankeo” (esto es, no competir durante la temporada buscando una posición baja en la tabla que les otorgue mayores posibilidades de obtener el número 1 del próximo draft, destinado al próximo jugador llamado a marcar época, Andrew Wiggins) Bynum ya ha hecho las maletas rumbo a Cleveland, liberando jugoso espacio salarial, y el base all star Jrue Holiday ha sido traspasado a New Orleans a cambio del número 6 del último draft, Nerlens Noel y una elección en el próximo. Ante este panorama poco se puede esperar de los Sixers en colectivo, pero en lo individual debería ser la temporada de la explosión definitiva del talento de Evan Turner.   


17 millones al garete.


E.T. es un alero con aroma a “all around player”, al estilo de los Larry Bird, Scottie Pippen o actualmente LeBron James (salvando todas las distancias posibles, vaya por delante), es decir, un jugador con capacidad para jugar en prácticamente cualquier posición en la cancha y aportar en todas las facetas del juego. Dos metros de estatura, buena envergadura, piernas rápidas y brazos largos la dan solvencia defensiva, siendo capaz de emparejarse tanto con bases como aleros rivales. Buen reboteador (5.3 de media en sus tres años NBA), le falta dar un paso adelante en ataque para convertirse en la estrella que se preveía cuando en el final de su etapa NCAA era un insaciable coleccionista de distinciones individuales (Naismith College Player of the Year, premio John R.Wooden, Oscar Robertson Trophy, NABC Player of the Year y mejor universitario para Associated Press) Dejó el college de Ohio State firmando unas medias de 20.4 puntos, 9.2 rebotes y 6 asistencias por partido en su último año y fue elegido con el número 2 del draft del 2010 por Philadelphia (buscando apuntalar una reconstrucción que no acaba de llegar) por detrás de John Wall. Una camada la del 2010 que no termina de explotar (Wall, Turner, Favors, Cousins, Monroe…) pero con un buen puñado de jugadores a seguir y que irán incrementando su importancia en la liga al igual que el propio Turner (una excepción sería Paul George, ya sí consolidado como estrella indiscutible después de llevar a Indiana a una final de conferencia donde estuvieron a punto de tumbar a los campeones Miami Heat y de ser All Star la pasada temporada) 


El tercer y último año de Turner se salda con 13.3 puntos por partido,  6.3 rebotes y 4.3 asistencias. Un salto cualitativo respecto a sus dos primeras campañas. Todo parece indicar que esta temporada se volverá a superar, y será la única razón por la que seguir al que apunta a uno de los peores equipos del inminente nuevo curso en la mejor liga de baloncesto del mundo.     


Hora de reverdecer laureles NCAA.