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viernes, 14 de junio de 2019

LOS ODIOSOS OCHO





Con ocho basta para Nick Nurse.





El último partido de la historia del Oracle Arena no pudo ser, precisamente, más histórico, pese a que fuera contra los intereses de sus inquilinos. Y es que el ya legendario pabellón californiano en sus quintas finales consecutivas ha servido de escenario para la coronación de Toronto Raptors como nuevos campeones de la NBA, siendo la primera vez en la historia que un equipo no estadounidense consigue tal éxito. Todo un hito para una franquicia fundada que ni siquiera llega al cuarto de siglo de vida. No es algo nuevo para la ciudad de Toronto, ya que a principios de la década de los 90 su equipo de baseball, Toronto Blue Jays, consiguió dos ligas americanas y dos series mundiales.


El final del quinto partido, que ambos equipos finalistas habían tenido tanto ganado como perdido planteaba muchos interrogantes sobre el estado anímico con el que saldrían los protagonistas a la cancha. La mayoría de las críticas canadienses se centraban en el mismo hombre, el base Kyle Lowry, uno de los pilares absolutos del crecimiento del club en las últimas temporadas pero cuyas malas decisiones en los minutos finales, además de haber protagonizado el lanzamiento final que podía haber finiquitado las finales, le habían revestido de jugador endeble ante la presión (pese a su ya famosa respuesta sobre tal tema antes del quinto partido) Pero la respuesta de Lowry ante las críticas fue sencillamente impresionante, y aunque con justicia la mayor gloria recaerá sobre Leonard, el pequeño base se reivindicó como el auténtico segundo espada del equipo (sin olvidar a Pascal Siakam, recuperando un nivel estelar casi similar al de su estratosférico primer partido de las series) Lowry anotó los primeros once puntos de su equipo, sin fallo, incluyendo tres triples, además de ejercer buena defensa sobre Thompson. Su primera asistencia acabó con los primeros puntos no anotados por el base, un triple de Siakam que tomaba el relevo con dos lanzamientos desde el 6.75 que hacían diana. Los visitantes doblaban en el marcador (17-8) a su rival gracias a la efectividad de los dos escuderos de Leonard una vez más discreto en su arranque de partido. El despertar de un Thompson estelar, con 10 puntos en un suspiro, estrechó el marcador (22-20) y Draymond Green llegaría a poner por delante a su equipo (26-27) a unos dos minutos para el final. Volvió a aparecer Lowry, intercambiando golpes con Curry, y llegamos al final de un maravilloso primer cuarto en el que los ataques primaron sobre las defensas con los Raptors mandando por un punto (33-32)


Un triple de VanVleet estiró levemente el marcador para Toronto (43-38) cerca del ecuador del segundo cuarto. No volverían a tener una renta tan amplia los de Nurse en este acto del partido. De hecho Golden State reaccionó con un parcial de 0-8 sustentado en las canastas de Igoudala y la visión de juego de un Draymond Green que a esas alturas de partido ya oteaba un nuevo triple-doble. El marcador se movería en parámetros de igualdad hasta el descanso, pese a que un 2+1 de Leonard abría de nuevo una pequeña brecha para Toronto (58-54) El propio Leonard cometía falta en el intento triple de Thompson, quien era el mejor de los de Kerr (18 puntos al descanso) Al paso de los vestuarios el marcador reflejaba un incierto 60-57 para la franquicia canadiense, con un duelo individual muy marcado entre Lowry y Thompson, que se empeñaban en echarse sus respectivos equipos a las espaldas.


En el tercer cuarto más de lo mismo. Igualdad y reparto de golpes, e igualmente pequeños arreones de Toronto para intentar romper el partido, alcanzando una máxima de 6 (66-72) puntos a 7.51 para el final del cuarto, con buenas acciones de VanVleet y Leonard. Pero volvió a aparecer Igoudala, a quien se sumaron Curry, y como no, el excelso Thompson. Un triple del escolta angelino consumaba la remontada warrior, empatando el partido a 76 a falta de cinco minutos. Eran los mejores minutos de Golden State, mientras que Toronto comenzaba a errar sus lanzamientos, especialmente desde el triple. Thompson seguía con su exhibición. Su cuarto triple (de seis intentos) sumaba su punto número 28 y ponía a los locales cuatro arriba quedando 3.18 para el final del cuarto. Y entonces a Golden State le cayó otra losa encima, la enésima desgracia. A 2.22 para llegar al último cuarto Danny Green frenaba el contrataque rival con una falta sobre la penetración de Klay Thompson. La caída resultó calamitosa para el escolta, quien tuvo que abandonar la cancha después de anotar los dos tiros libres para llegar a la treintena de puntos y poner el 85-80 en el marcador. Golden State perdía a su mejor hombre en el partido. Uno de los actuales “hombres de hierro” de la liga, quien apenas ha sufrido lesiones a lo largo de su carrera y ha jugado prácticamente todas las noches de todas las temporadas excepto en los habituales descansos programados, se enfrenta al terrible ACL. Rotura de ligamentos. Entre seis y ocho meses de baja. Las finales de la NBA no toman prisioneros. Es la mejor competición baloncestística del planeta, pero también (o debido a eso) la que más lleva al límite el físico de sus protagonistas. No sabemos qué hubiera pasado de haber seguido Klay en pista, desde ese momento al final del cuarto Golden State sobrevivió con un triple de Igoudala para afrontar el último cuarto con una ligera ventaja (88-86), pero los números no mienten. Thompson jugó 32 minutos absolutamente bestiales, firmando 30 puntos con unos porcentajes descomunales para un jugador exterior. 8 de 12 en tiros de campo (4 de 6 en triples) y 10 de 10 en libres. Además sumó 5 rebotes y 2 robos de balón. Su balance +/- en pista fue el mejor de su equipo, +5. El parcial desde que abandona la cancha lesionado es 34-25 a favor de Toronto.



Klay Thompson y el maleficio warrior de estas finales.



En el cuarto definitivo el equipo de Nick Nurse salió oliendo sangre. Se trataba de meter una marcha más ante un equipo que, pese a estar mejor dosificado, se había convertido en una orquesta de secundarios bajo la batuta de Curry. Lo comentábamos en el cuarto partido. Nos gusta la idea de Kerr de utilizar a todos sus jugadores, pero le ha salido cara la apuesta. La presencia de Quinn Cock volvió a dejar un enorme agujero en la defensa y una tremenda incapacidad en el ataque. Ojo a este dato, el suplente warrior jugó 12 minutos y 30 segundos en los que el parcial fue un -16 para su equipo. Frente a él Fred VanVleet engrandecía su figura. Es otro de los triunfadores de las finales, y cerró las series a lo grande, con 22 puntos, 12 de ellos en el último cuarto. Increíble historia para este patito feo convertido en cisne después de ver como en el draft de 2016 (el mismo que el de su compañero Siakam) su nombre no era elegido por ninguna de las 30 franquicias de la NBA mientras si obtenían tal honor jugadores de momento intrascendentes como su ahora compañero Patrick McCaw, quien puede decir que ya tiene tres anillos de campeón sumando el conseguido en Toronto a los dos con la camiseta de Golden State. El bravo VanVleet puso por primera vez por delante a su equipo en el cuarto final con un triple que suponía el 104-101 a 3.44 para el final. Recordemos que entre los dos bases canadienses, Lowry y VanVleet, sumaron nada menos que 48 puntos, pero es que además hablamos de dos bases que ninguno pasa del 1.83. Al estilo de los Detroit Pistons de Chuck Daly de finales de los 90 a los que tanto me recuerdan estos Raptors, con bases dominantes por debajo del 1.90.


No soltaría el mando ya Toronto. Draymond Green, enorme una vez más tuvo aun así un error garrafal en el siguiente ataque perdiendo un pase y devolviendo la bola a los visitantes. VanVleet, totalmente “on fire” se la jugó en un triple aprovechando un “mismatch” que le dejaba emparejado con Cousins. Erró el tiro, pero de los cielos apareció el majestuoso Ibaka para capturar el rebote ofensivo y anotar con un elegante gancho poniendo el 106-101 a 3 minutos para el cierre. Esto también lo hemos dicho, pero hay que repetirlo. Es imposible cuantificar la valía del hispano-congoleño en estas finales. 15 puntos saliendo desde el banquillo con un 58% en tiros de campo en el partido definitivo. Después de que Cousins sólo aprovechara uno de sus dos tiros libres en la siguiente posesión californiana, Lowry demostraba que aun le quedaba pólvora anotando un canastón decisivo (y un tanto afortunado tras rebotar en el aro) para estirar todavía más la diferencia. 108-102 y sólo 2.12 por jugarse. Una buena circulación de balón de Golden State habilitó un tiro de Draymond Green absolutamente solo. El espartano jugador de Michigan no falló y puso a los de Kerr a sólo tres puntos. Un pequeño carrusel de tiros libres por ambos lados llevó el partido a un 109-106 a poco más de un minuto para el final. Leonard quiso sentenciar pero falló su intento triple y en un deslabazado ataque DeMarcus Cousins lograba anotar en penetración. 109-108 y 46 segundos por disputar. Siakam volvería a poner a Toronto tres arriba en otra entrada marcando perfectamente los pasos, y dejaba a Golden State sin margen de error a falta de 22 segundos. Los de Nurse no quisieron arriesgar con la posibilidad del triple de los locales y mandaron a Curry a la linea de libres, asegurándose la última posesión. A Stephen no le tembló el pulso y puso a su equipo a un punto con 18 segundos por jugarse. La buena defensa de Golden State, en concreto de Draymond Green sobre el otro Green, Danny, provocó que el desaparecido escolta neoyorquino intentase un pase horrible sobre Siakam que acabó en pérdida, y por tanto posibilidad de un tiro ganador para los de Oakland. Se la jugó quien se la tenía que jugar. Curry buscó uno de esos triples que tantas veces le hemos visto anotar, rápido, sin necesidad de apenas armar el brazo, pero en esta ocasión falló el tiro bajando aún más sus porcentajes (ha hecho 23 de 67 desde el arco, muy por debajo de su acierto habitual) El rebote ofensivo acabó en manos de Draymond Green, quien sorprendéntemente pidió tiempo muerto pese a que a su equipo ya no le quedaba ninguno (a lo Chris Webber) Leonard sentenciaría desde el tiro libre, primero castigando la técnica a Green por el “excess timeout”, y luego tras una falta de Igoudala revisada por los árbitros en la que Kawhi pedía una canasta que hubiera sentenciado ya el choque sin necesidad de los libres.


Nick Nurse nos ha tapado la boca a quienes creíamos que en el baloncesto de hoy día, con el ritmo actual, era imposible ganar el campeonato de la NBA con ocho jugadores. Los odiosos ocho. Nurse convertido en el Tarantino de los banquillos. En aquel western los protagonistas sufrían una nevada que les obligaba a encerrarse en una fonda y convivir entre ellos. La nieve ha llegado también a Oakland. El norte está lleno de frío. Toronto gana el anillo con la rotación más corta que recuerdo en el baloncesto moderno. A todo ello además hay que sumarle el extraño caso de Danny Green, desaparecido en su particular agujero negro ofensivo. Anoche se volvió a quedar en blanco. Casi sucede lo mismo con Marc Gasol, quien sólo sumó desde el tiro libre. En realidad sólo cinco jugadores de Toronto fueron capaces de anotar en juego. El dato es demencial, casi diríase que contranatura baloncestística.


Sea como fuere nos alegramos mucho del éxito de estos “Spanish Raptors”. El triunfo de Marc Gasol, Ibaka y Scariolo, es un poco nuestro. Esperemos analizarlo más en profundidad en próximas entradas, así como la figura del metódico pero no por ello menos incendiario Kawhi Leonard, tercer jugador en ganar dos MVPs de finales con dos camisetas después de Kareem Abdul-Jabbar y LeBron James.


Pero no queremos despedir estas crónicas de las finales sin reconocer el coraje de unos Golden State más warriors que nunca pese a no haber campeonado. Que nadie dude que este equipo de las cinco finales NBA consecutivas es uno de los mejores de todos los tiempos. Con su mejor hombre lesionado y sólo presente en once maravillosos minutos, con su tirador más efectivo ausente todo un partido y el cuarto decisivo de otro, con el fichaje estrella de la temporada lesionado casi todo el curso y llegando fuera de forma a las finales, con otro de sus mejores elementos del banquillo (Kevon Looney) jugando con la clavícula fracturada... con todo ello han sido capaces de ganar dos partidos y de tener posibilidades reales de ganar un tercero (el de ayer) La gloria es para Toronto, pero que nadie le discuta el honor a Golden State. Pueden despedirse del Oracle con la cabeza bien alta.



Spanish Raptors






martes, 11 de junio de 2019

SUPERVIVIENTES




No estamos hablando de la Pantoja ni de su infame vástago, ni del resto de vergonzosa y vergonzante recua de la sociedad española, de la cual afortunadamente no conozco ni un solo nombre más allá de la folklorica y su bobalicón hijo technobacaluti. Hablo de unos Golden State Warriors ante los que no cabe otra cosa que rendirse y olvidarse de filias y fobias y “haterismos” (de igual modo que había que hacerlo con los ejercicios de resistencia ofrecidos por LeBron James los últimos años con Cleveland) Un equipo construido para ejercer un dominio autoritario sin parangón en los últimos tiempos, la Armada Invencible de la actual NBA, sólo podía ver naufragar su proyecto por culpa de los incontrolables elementos, que diría Felipe II. Los problemas físicos a los que se ha tenido que enfrentar en estas finales el equipo de un Steve Kerr al que como se suele decir, sólo le falta quedarse embarazado, han sido de todo tipo. Cousins, Thompson, Looney… y por encima de todo Kevin Durant. No había ningún farol ni se trataba de ninguna estrategia. Las informaciones que llegaban desde Oakland (principalmente la ESPN había sido muy clara a este respecto) eran ciertas. Durantula no estaba listo para jugar. El 3-1 con el que Toronto regresaba al Scotiabank Arena ha sido el único motivo por el que el MVP de las últimas dos finales se ha vuelto a vestir de corto arriesgando su físico y su futuro, frente a un verano en el que vuelve a ser agente libre y que podía cambiar la fisionomía de la NBA. El alero de Maryland decidió arriesgar callando a quien le acusaba de falta de compromiso con su actual franquicia, e igualmente arriesgó Steve Kerr sin tener en cuenta las condiciones en las que llegaba su mejor jugador al partido. No había idea de dosificación ni de tenerlo entre algodones, pese a que la entrada de Livingston a 5.50 del final del primer cuarto es el segundo cambio que ordena el entrenador tejano. Descansa un par de minutos y vuelve a pista, donde permanece hasta romperse. En total juega 11.57 minutos de una excelencia tal que merece la pena detenerse en la cronología de los que desgraciadamente han sido los últimos minutos en mucho tiempo para uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.




Durant sale en el quinteto titular, junto a los habituales Curry, Thompson, Igoudala y Green. Los Hamptons Five juntos de nuevo. Cousins como gran damnificado. Kerr apostando de nuevo por el baloncesto sin pívot, el que mejor réditos le ha dado. Con KD y Green como falso juego interior, el de Maryland se emparenta con Siakam. El camerunés comete pasos en su primera jugada ante Durant después de pivotar en exceso ante los inabarcables brazos de su rival que no le ofrecen espacio alguno para encontrar aro en el corazón de la zona, ahí donde Toronto no ha parado de hacer daño en estas series. La importancia de Durantula en defensa perfectamente reflejada en los primeros 15 segundos del partido. Dos triples consecutivos de KD ponen cinco arriba a Golden State. Entre medias comete falta sobre Marc Gasol, demostrando actividad defensiva buscando tanto a Siakam como al español. Es sustituido por Livingston dejando a su equipo con ventaja de tres (19-16) Vuelve a pista con el marcador empatado a 23. Captura el rebote en su tablero al fallo en el triple de Lowry. Se marca un “air ball” pero en la jugada siguiente se desquita sacando falta a Ibaka y anotando los dos tiros libres. Un triple fallado por Norman Powell le permite capturar su segundo rebote que traduce en un triplazo en contrataque. Comete falta sobre VanVleet con quien se encara, después de que el pequeño y bravo jugador de los Raptors intentara penetrarle en la zona. En la primera jugada del segundo cuarto falla su lanzamiento de dos, y posteriormente llega la jugada que hiela la sangre y congela el aliento de todo Oakland. Intentando un reverso ante Ibaka pierde la bola abriéndose de piernas y yendo al suelo, con evidentes gestos de preocupación para un jugador que llegaba a este partido claramente lesionado. La reacción es clara. No puede seguir. Todo el banquillo californiano se teme lo peor, especialmente su entrenador, Steve Kerr, y también un Stephen Curry al que las cámaras captan en el banquillo con su cabeza cubierta por una toalla y gesto funerario, una mezcla de tristeza y frustración en un jugador cuya filosofía de ganar colectivamente por encima de sus propios números fue clave para que en el verano de 2016 Durant pusiera patas arriba la NBA llegando a La Bahía. El alero dejaba el partido con 39-34 para su equipo, pero herido de muerte en lo anímico. La respuesta en la cancha de Curry, como veríamos después, fue sencillamente brutal.



La peor imagen de la noche. Durant lesionado camino del vestuario.



Otro jugador con el que las cámaras se estaban recreando especialmente, aunque por distintos motivos, era DeMarcus Cousins. La gran apuesta frustrada de esta temporada en la franquicia californiana y el gran sacrificado la noche de ayer con el regreso de Durant. Su rostro serio y circunspecto era uno de los principales objetivos de la retransmisión, cuando ya se encarrilaba el segundo cuarto y Kerr seguía sin poner en pista a un cuatro veces All Star. Con el abandono de KD el técnico tejano ordenó un doble cambio, entrando McKinnie y Cousins por Durant y Bogut. El voluminoso pívot de Alabama se convirtió entonces en el ancla de los visitantes, impidiendo que los negros nubarrones que se cernían sobre su equipo al ver encarrilar los vestuarios a Durantula hundiesen definitivamente al todavía vigente campeón. Siete puntos consecutivos de “Boogie” levantaron la moral de las tropas californianas que se vieron once arriba en un abrir y cerrar de ojos. La baja de Durant era un golpe duro, pero no había ninguna razón para pensar que los Warriors no pudieran tener opciones de ganar el partido y seguir vivos en las finales. Los de Kerr se mantuvieron en unas ventajas en torno a la decena de puntos, hasta que el “héroe” Cousins volvió al banquillo (en seis minutos dejó una producción de 9 puntos y 5 rebotes, impresionante) y Toronto aprovechó para ponerse a uno, pero Curry con un triple marca de la casa y Looney en un rebote ofensivo volvieron a abrir una pequeña brecha de seis puntos con la que irse al descanso, mientras que Leonard y Green fallaban sus respectivos intentos triples. 62-56.



Nada sabemos de cómo transcurrió la charla entre Kerr y sus hombres en el vestuario para afrontar una segunda parte en la que ya no había margen de error. Todo lo que no fuera ganar significaría el fin de la temporada y del sueño del “three-peat”. Y lo cierto es que Golden State tuvo una puesta en escena en la reanudación a la altura de un equipo campeón. Los triples de Curry, Thompson e Igoudala estiraban el marcador y una canasta de Looney ponía la máxima diferencia del partido, 14 puntos (77-63) mediado el tercer cuarto. A Nurse no le dio tiempo ni de parar el partido. VanVleet, otro jugador para quien no parece existir la palabra miedo, respondió con un triple para iniciar un parcial de 0-10 que volvía a meter a Toronto en el partido. La fe del pequeño jugador de Illinois dio vida a un equipo en el que Leonard había desaparecido. La estrella de los Raptors sólo pudo sumar un punto desde el tiro libre a su cuenta anotadora, fallando sus tres tiros de campo, además de perder dos balones. Tiene mérito que Toronto se fuera sólo seis abajo (84-78) al último cuarto, después de que Cousins anotase los últimos cuatro puntos de su equipo y siguiese engordando sus cifras.



Kawhi Leonard ya nos tiene acostumbrados a esto. Desapariciones inexplicables para resurgir en los momentos decisivos con exhibiciones tan descomunales como la del último cuarto de este quinto partido. Pero hasta que decidió explotar la batalla se decidía entre unos Golden State encomendados a Curry y unos Toronto que se sostenían por un gran Lowry y un consistente (una vez más) Ibaka. La conexión entre estos dos últimos ajustaba el marcador (92-89) a 8 minutos para el final. El partido ya llevaba minutos instalado en el puro espectáculo que impide pestañear (canastones de Curry, triplazos de Lowry…) Y entonces comenzó el show Leonard. Canasta tras rebote ofensivo al fallo de Danny Green en el triple (92-91) El otro Green, Draymond, responde desde el triple para poner el 95-91. Leonard falla en el siguiente ataque, y Draymond comete dobles por Warriors. Kawhi lo vuelve a intentar y se encuentra con el robo de Igoudala. No enfades a un tipo como Leonard, Iggy. Un triple fallado por Thompson acaba en rebote ofensivo de Kawhi, que corre la contra para encontrar a Powell quien hace el mate de las finales para encender las gradas del Scotia. 95-93. El siguiente fallo de Igoudala acaba con el balón de nuevo en manos de Leonard que anota un triple en contrataque y definitivamente las gradas se vienen abajo… y quedaba mucho más. Estamos 95-96, Toronto recobra el mando y el fallo de Curry lo castiga Leonard con un nueva canasta, esta vez a tabla. 95-98. Green vuelve a anotar para Golden State y Leonard en absoluto éxtasis anotador responde otra vez desde el triple (97-101) Igoudala vuelve a fallar y Leonard a anotar. 97-103 a falta de 3.28 y Toronto que comienza a soñar con el anillo. Curry falla de nuevo y a falta de 3 minutos Nurse pide tiempo muerto. Visto ahora no parece que fuera una decisión acertada el haber parado el partido con Golden State contra las cuerdas a tres minutos para el final. Detengámonos aquí para analizar los últimos minutos de Kawhi Leonard. Anota el 92-91 a 6.54 para el final y su punto número 26 lo consigue a 3.28 de sonar la bocina. En ese intervalo de 3 minutos y 26 segundos el alero de Riverside suma 12 puntos, 3 rebotes y 1 asistencia. Demencial.



Pero como decimos el tiempo muerto de Nurse parece enfriar a la estrella canadiense. Falla su intento de “fadeaway” (buena defensa de Thompson) en el siguiente ataque y el propio Thompson pone el 100-103 con un triple (y una mala defensa de Kawhi)… y aún quedaban más de dos minutos por jugarse. Lowry se queda liberado en la posesión siguiente para lanzar un cómodo triple… que no entra y Curry busca uno de esos triples lejanos tras bloqueo (de Cousins en este caso) que tanto le gustan. No acierta, el balón se queda corto rebotando en el aro pero la bestia de Alabama llega desde atrás para hundir la bola. Los árbitros piden “instant replay” y finalmente anulan la canasta por un “goaltending” que yo sinceramente no veo, ya que en ningún momento DMC toca el aro antes de hacer el mate. Hubiera sido el 102-103 con dos minutos por disputar. Nueva bola para Toronto que acaba con una grotesca pérdida de balón después de que Lowry, casi agotada la posesión, saque hacia fuera un balón imposible para Marc Gasol (decimos Marc porque era el jugador más cercano a esa bola, nos tememos que Lowry no sabía ni a quien pasaba o intentaba pasar), devolviendo la posesión a Golden State. Con casi medio minuto menos, eso sí. Curry hace el típico “carretón” para empatar el partido con un triple tras recibir de Igoudala. Otra de sus especialidades. Partido nuevo y sólo 82 segundos en el crono. El siguiente ataque local pasó, como no, por Leonard. Quedando mínimo tres posesiones no tenía sentido especular con el reloj. Kawhi se la jugó frente a Thompson desde el triple y falló. Tampoco es que fuera precisamente el mejor de los ataques posibles, y menos en un equipo tan dado a la circulación como Toronto. Curry se hizo con el rebote y cruzó la pista al viejo estilo de Golden State, buscando el aro rival antes de que la defensa esté formada. Penetró por la derecha y buscó a Igoudala, quien vio fuera a Green el cual soltó la bola sin bote encontrando a Thompson. La metralleta angelina se zafó de Leonard con una simple finta y… ¡diana! 106-103. Cuatro jugadores, tres pases, dos botes, 15 segundos y un triple. Pura filosofía Steve Kerr. Los Splash Brothers habían resucitado a su equipo con un parcial de 9-0. Como escribía anoche Piti Hurtado en su cuenta de Twitter, estos tíos pueden ganar o perder, pero ya son leyenda. Quedaba poco menos de un minuto y los Raptors buscaron un pick&roll de toda la vida entre Lowry y Gasol. No el “Spain pick&roll” del que hablábamos en la anterior entrada, el cual implica a un tercer jugador de ataque haciendo bloqueo ciego. Ese fue el error. Cuando Marc se fue hacia el aro se encontró emparedado entre Cousins e Igoudala quienes le negaron el camino al aro. Quedaba tiempo al menos para dos jugadas y Nurse ordenó presión a media pista. Funcionó, con Green pisando su cancha una vez que había traspasado media pista ante la defensa de Danny Green. Recuperaba bola Toronto, con Lowry buscando de nuevo a Marc y su bloqueo en línea de triple, pero en esta ocasión no hubo continuación y el base canadiense encaró el aro encontrándose con un Cousins cuyo tapón fue considerado ilegal. 106-105. Sería el marcador definitivo, ya que el propio Cousins cometería una falta en ataque que otorgaba a Toronto una última posesión que podía valer un anillo. La tuvo Lowry desde la esquina en un tiro que parecía librado. Thompson e Igoudala se fueron con Leonard, quien recibió de VanVleet. Curry y Livinsgton no perdían de vista a Green y VanVleet respectivamente, mientras que Draymond Green se quedaba en la zona con Marc Gasol. Una zona por la que cruzó Lowry aprovechando el 2x1 que recibía Leonard para recibir solo en la esquina y ejecutar un tiro al que Green llega lo suficiente como para desviar la trayectoria de la bola. No era una mala decisión, y creo que hay que darle más mérito a la acción defensiva de Green que al error de Lowry, por mucho que el base de Toronto no estuviera acertado en unos minutos finales en los que varios jugadores (Cousins, Leonard…) parecían vivir en un carrusel de desaciertos.



Green, la acción defensiva del partido.




Golden State sigue vivo después de un extraordinario ejercicio de supervivencia. Se aseguran al menos volver a Oakland, despedir el Oracle Arena para siempre y seguir atisbando una remontada épica. Es lo mínimo que se merecen.



El G6 se presenta apasionante, en unas finales con las fuerzas justas y en las que vemos cómo va subiendo el nivel de dureza. Psicológicamente ambas escuadras tienen mucho que rumiar para sus adentros. Toronto tuvo el partido ganado y deben estar dándole vueltas a todo lo que sucedió después de pedir ese tiempo muerto que acabó favoreciendo al rival, pero Golden State estuvo a punto de dilapidar una ventaja de 14 puntos. Igualmente a nivel individual un jugador como Kawhi Leonard después de hacer una exhibición portentosa en tres minutos y medio acaba tomando malas decisiones en ataque y resultando inútil en defensa. ¿Le estará entrando el vértigo a Toronto? Lo mejor para el baloncesto, que sigue habiendo batalla. Lo peor, que perdemos a uno de los mejores jugadores del mundo para todo un año.




Los Splash Brothers no han dicho su última palabra.



jueves, 8 de junio de 2017

JUGAR COMO NUNCA, PERDER COMO SIEMPRE




Irving y el balón que no quiso entrar




Y Golden State puso el 3-0. Con su victoria en el primer partido de Cleveland, ya no hay dudas de que Curry y compañía van a ponerse su segundo anillo de campeones. La pregunta ahora es si lo harán en la madrugada del sábado o los de Tyronn Lue serán capaces de ganar algún partido para no dejar su casillero de victorias a cero y evitar un histórico 16-0 en play offs por parte de los californianos que ya no dejaría dudas sobre su condición de equipo histórico. Habrá que dejar pasar los años para ver si mantienen capacidad dinástica como los Celtics de Bill Russell y “Red” Auerbach, los Bulls de Jordan y Phil Jackson, o más recientemente los Spurs de Popovich y Duncan, pero ojo a la burrada de la que estaríamos hablando: un equipo que en tres años habría ganado tres campeonatos del Oeste y dos títulos de la NBA, con el record histórico de mejor balance en temporada regular (73-9) y el de mejor balance en la historia de los play offs (16-0) No sé si podríamos hablar del “mejor equipo de todos los tiempos”, pero desde luego del mejor equipo de los últimos tres años con una superioridad absoluta sobre el resto, y sólo tosidos por esa pareja respondona que son Kyrie Irving y LeBron James, quienes ayer volvieron a rozar la machada. 


Fue el mejor partido de las series, y desde luego el mejor partido de Cleveland. Tuvieron en sus manos la victoria, pese a que el comienzo del encuentro semejaba peligrosamente a los dos anteriores. 0-5 de salida para los Cavs, contestado por un 6-0 Warrior. En tres minutos ambos equipos habían anotado cinco triples, anticipando la locura ofensiva de un primer cuarto maravilloso. Klay Thompson sacaba la metralleta (4 triples de 5 intentos… su equipo anotaría un total de 9 en ese primer acto), pero un enorme LeBron mantenía a su equipo. La dependencia de Cleveland alrededor del astro de Akron no puede ser más evidente, y es que cuando King James tomó descanso a dos minutos para el final del cuarto, los Warriors propinaron un parcial de 10-0 culminado con una asistencia de Durant sobre Green totalmente solo para poner el 39-31 en el marcador. Un gran primer cuarto de los locales echado por tierra en dos minutos finales horribles, curiosamente los que The Chosen One estuvo fuera de la pista.


Pero a diferencia de los dos partidos de Oakland, esta vez Cleveland se mantuvo en el partido. Su defensa mantuvo a Golden State dos minutos y medio sin anotar en el comienzo de segundo cuarto, apareció, por fin, Korver desde el banquillo, y Kevin Love sacó petróleo desde el tiro libre para que el partido se mantuviera en un deseado equilibrio. Tras los peores minutos del encuentro, con el marcador estancado en 46-43, vuelve la fluidez ofensiva para ambos equipos y Cleveland definitivamente dentro del partido tras la técnica a un furioso Draymond Green, protestón y maleducado con los árbitros durante todo el choque. Pero se repitió la película vista en el primer cuarto, dos triples en los últimos 70 segundos del cuarto estiraban de nuevo la ventaja visitante a ocho puntos, suerte para Cleveland que Irving ajustó un poco el marcador con un canastón sobre la bocina. El base estaba comenzando a calentar para lo que iba a ser una descomunal exhibición en el tercer acto. 


16 puntos del genio de Melbourne, la apuesta por el “small ball” (llegando incluso a coincidir Irving, Smith, Jefferson, Shumpert y Korver, todo exteriores) y una gran actitud defensiva (dejan a Golden State en 22 puntos en el tercer cuarto, la segunda anotación más baja de los californianos en un cuarto en estas finales) permiten a Cleveland voltear el marcador. 89-94 para afrontar el acto definitivo y el Quicken Loans soñando con la machada de ganarles un partido a estos Warriors… y quién sabe si repetir el milagro del pasado curso. 


Todo seguía pasando por Irving y LeBron… mientras que Thompson daba la réplica visitante. Pronto se le sumaría Durant. El intercambio de golpes favorecía a Cleveland, manteniendo ese tesoro en forma de diferencia de cinco puntos. Incluso la estiran a seis tras otra genialidad de Irving, sacando un 2+1 frente al siempre pegajoso Klay Thompson (poco se habla de la defensa de quien es uno de los mejores tiradores de la liga) Los “Splash Brothers” respondían y con cinco puntos consecutivos ajustaban el marcador a 4.40 para el final. LeBron en tiros libres tras una endeble defensa de Curry y Smith con un triple majestuoso volvían a poner seis arriba a los locales. 107-113 a 3.09 para el final… 3.09 en los que Cleveland no volvería a anotar, sepultando las pocas opciones que pudieran tener de conseguir el anillo por segundo año consecutivo. Si el destino está escrito, está claro que no está siendo generoso con Cleveland, que vuelve a cobrar aroma de ciudad maldita para las grandes ligas deportivas de Estados Unidos. Durant (14 puntos en el último cuarto), fallaba un triple que daba opciones a los de Lue a aumentar la ventaja, máxime cuando a pesar del fallo de Smith, LeBron se hacía con el rebote, restando segundos al reloj. El jugador más completo del mundo veía a Love bajo el aro para asistir en una jugada cantada que el forward de Santa Mónica incomprensible fallaba, incapaz de sentenciar el choque (¿vuelve a ser Kevin Love el gafe de la liga?) Curry no perdonaría en el ataque siguiente poniendo el 109-113 a poco más de dos minutos para el final. Aun así una situación que seguro hubieran firmado los Cavaliers, visto lo sucedido en los dos choques anteriores. Y entonces llegó la jugada del partido. Irving se sacó otra genialidad, para pese a la, insistimos, gran defensa de Thompson, encarar el aro en una penetración prodigiosa que parecía destinada a acabar en canasta… pero el balón, caprichoso, se paseó por el aro sin caer dentro de la cesta, y aun así el pequeño Irving, cargado de fe y hambre, es capaz de levantarle el rebote ofensivo a nada menos que Draymond Green. Con cuatro arriba, balón en posesión y cien segundos para acabar el partido, todo seguía estando de cara para los de Ohio. LeBron tomó la decisión pero se encontró con su bestia negra de 2015. Y es que la defensa de Igoudala sobre el de Akron volvió a ser clave en los minutos finales. Y apareció Durant. Un tiro lateral para ajustar aún más el marcador. 111-113. Korver buscaba la réplica pero fallaba su intento triple, todo lo contrario que un Durant que ponía por delante a su equipo y de paso afianzaba su candidatura a MVP de las finales (¿alguien duda que será suyo?) La ventaja Cavalier esfumada en un abrir y cerrar de ojos. Irving intentó un triple con “cross over” tratando de revivir su canasta de las pasadas finales. La diferencia es que anoche tenía enfrente a Thompson y no Curry. Durant y Curry acabarían sentenciando desde el tiro libre y entre medias LeBron volvería a ser cazado por Igoudala, impidiendo el lanzamiento triple del “all around player” Cavalier. 



El mejor partido de las series. El mejor partido de Cleveland. Pero el mismo resultado. Amenazan finales cortas. Una pena. 


lunes, 20 de junio de 2016

LEBRON JAMES Y LA CONSAGRACIÓN DE LA PRIMAVERA





LeBron  interpreta su mejor pieza





Cuando en 1913 Igor Stravinsky estrenó en Paris su obra más recordada, “La consagración de la Primavera”, la conmoción entre la audiencia fue tal que el público no ocultó su enfado con aquella obra innovadora y transgresora montando un gran revuelo en el teatro de los Campos Elíseos. Hablamos de cien años atrás, cuando la no existencia de redes sociales impedía linchamientos mediáticos y el crecimiento de la figura del “hater”, un personaje que suele “tocar de oído” y convierte en centro de su odio a figuras de las que en muchas ocasiones no sigue su carrera, o en caso de hacerlo lo realiza desde el prejuicio que le impide reconocer mérito alguno en el elemento escogido para desahogar sus frustraciones. Es el caso de LeBron James y su legión de “haters”, para quien no les valía ni sus cuatro veces MVP de temporada regular, ni sus seis finales de la NBA consecutivas (que significan tantos campeonatos del Este), ni sus dos anillos, ni haber llevado a Cleveland a las primeras finales de su historia, en 2007, con apenas 22 años de edad ya siendo líder del equipo y pasando por encima en las finales del Este de los Detroit Pistons de Billups, Hamilton, Prince y los Wallace quienes habían dominado su conferencia durante toda aquella década… hasta la llegada de LeBron. Tampoco valían sus constantes exhibiciones estadísticas, ni ser, aún con 31 años, el decimoprimer mejor anotador de todos los tiempos, ni dominar los play offs hasta convertirse en el cuarto mejor anotador de la historia en post-temporada, noveno mejor reboteador y tercer mejor asistente. No les valía que sea el jugador más completo y polivalente del momento, ni que sea el alero con mayor promedio de asistencias de la historia. Nada les valía. Ahora LeBron hace el más difícil todavía, remontando por primera vez en la historia unas finales que tenía 3-1 en contra y ante el equipo con mejor balance en liga regular de todos los tiempos. ¿Tardará tanto tiempo LeBron en ver reconocida la valía de su obra, la importancia de lo realizado, como Stravinsky con su vanguardista pieza musical? 


Larga vida al Rey LeBron. Siempre tiene que haber un Rey, amado u odiado, excesivo y soberbio. Elvis Presley o Mohamed Ali representaban como nadie estas figuras ególatras capaces de situarse en la cima de un mundo que parecía hecho a la medida para ellos. ¿Elegidos por los dioses? Puede ser, pero también es cierto que hablamos de personajes capaces de trabajar infatigablemente en su búsqueda de mejorar y perfeccionarse, hombres provistos de una férrea mentalidad y ética de trabajo. Particularmente me resulta difícil odiar a este tipo de personajes que finalmente acaban ofreciendo un espectáculo demoledor, porque ellos mismos son ya de por si un espectáculo.


Larga vida a un LeBron que recupera su corona, pero nos interesa también recordar a los “perdedores”. Entrecomillamos, porque no los consideramos como tales, pese a que ahora saldrán los resultadistas y ventajistas de turno a relativizar la increíble temporada de unos Golden State Warriors históricos. La derrota en estas finales para el recuerdo no empañan en modo alguno el apoteósico 73-9 con el que finalizaron la temporada regular regalando un baloncesto maravilloso a todos los aficionados noche tras noche. El problema de los resultadistas es que como sólo les interesa lo que pueda haber al final del camino, no saben disfrutar del trayecto. No es nuestro caso y desde aquí manifestamos nuestra devoción por la propuesta baloncestística de Kerr, por las diabluras de Curry, por la frialdad asesina de Thompson, por la capacidad para entender el baloncesto de manera global de Green, y en definitiva por la cantidad de recursos que hemos podido observar en la que, pese a la derrota, es la mejor plantilla NBA del momento.   





Sin título pero con record. 



La aplastante lógica de que “sólo puede ganar uno” no significa necesariamente que “el otro” deba ser considerado perdedor. Y creemos que después de esta temporada regular, de unos play offs brutales en los que Golden State remontaba el 3-1 con el que Oklahoma City les había puesto contra las cuerdas en las finales del Oeste, y tras siete partidos en la lucha por el anillo, éste es uno de esos casos en los que aun habiendo un solo ganador, no puede haber ningún derrotado.  


Y es que el séptimo partido por el título tuvo el guión que todos esperábamos con un partido igualado y no resuelto hasta los instantes finales. Tampoco es que podamos hablar de un partido para las videotecas, y es que sabedores de lo que se jugaban los protagonistas ofrecieron demasiadas imprecisiones y fallos en sus tiros. Jugadores como LeBron, Love, Smith, Curry, Klay Thompson o Igoudala, estuvieron todos por debajo del 40%. Estuvo mejor Kyrie Irving, con un 43.5%, pero sobre todo protagonista y héroe con un triple a falta de 55 segundos que rompía el empate a 89 que registraba el marcador en aquel momento y comenzaba a acercar el anillo a la sufrida ciudad de Cleveland, que por vez primera en su historia ve a su equipo como campeón de la NBA y rompe una maldición que duraba más de 50 años, desde que en 1964 los Browns ganaran la NFL. Desde entonces ninguno de sus tres equipos de las grandes ligas (Cavaliers en la NBA, Browns en la NFL, e Indians en la MLB) se había proclamado campeón de las mismas, la sequía de títulos más larga que jamás hubiera conocido una ciudad estadounidense. Cleveland deja de ser la ciudad maldita y LeBron se convierte en profeta en su tierra.    





Cleveland, por fin, celebra un título.



Y no fue un triunfo fácil, ya que pese a la igualdad de inicio (23-22 para Cleveland en el primer cuarto) un parcial de 2-11 para Golden State ponía el 42-49 antes de encarar el camino de los vestuarios. Había razones para el optimismo en Oakland, pese a que una vez más no aparecía el mejor Curry (definitivamente ha dado un rendimiento inferior al esperado), Green rendía sobradamente ante LeBron, tanto como para ser el mejor de su equipo con 22 puntos y 6 rebotes al descanso (finalizó con unos impresionantes 32 puntos, 15 rebotes y 9 asistencias, destacando sus 6 triples de 8 intentos, cuando en los partidos anteriores estaba lanzando con apenas un 30% de efectividad desde esa distancia) Sin realizar ninguna de las exhibiciones ofensivas de otras ocasiones, los Warriors se retiraban con un estupendo 10 de 21 en tiros triples, mientras que Cleveland no veía aro en ese aspecto: 1 de 14.  


Y apareció J.R.Smith. Con dos triples lideraba un parcial de 8-0 para empatar el partido a 54 después de que Klay Thompson, con cinco puntos, hubiera estirado la diferencia a 8. Y apareció Irving, con 12 puntos en este tercer cuarto para que su equipo llegase a mandar hasta por 7 puntos en el marcador, hasta que Green decidió proseguir su particular recital para los Warriors y los de Oakland le dieron la vuelta al resultado, llegando a irse con un punto arriba al acabar el tercer cuarto. 75-76. Vaya último cuarto nos esperaba. 


Un último cuarto en el que Cleveland volvió a sacar músculo y demostró que finalmente ha sabido tomarle la medida al mejor ataque de la NBA. Volvieron a dejar a Golden State en unos pírricos 13 puntos, y entre Irving y James anotaron 16 de los 18 puntos de su equipo en el acto final. Los otros dos los firmó Kevin Love, de esta manera haciendo su particular aportación al supuesto “big three” que como ya hemos explicado otras veces no es tal. En honor a la verdad Love, sin hacer un partido excelente, si aportó más en esta ocasión y se le vio más metido en el partido, sobre todo bajo tableros (9 puntos, 14 rebotes y 3 asistencias) Dentro de la alegría Cavalier, las dudas se siguen instalando en la figura del californiano, ¿carne de trade? Quien no tuvo dudas de sus posibilidades fue LeBron, fallón en el tiro durante los tres primeros cuartos, anotó once puntos en el último, con 3 de 7 en tiros de campo y 4 tiros libres de 5 intentos, uno de ellos para cerrar el partido con el 93-89 a falta de 10 segundos, después de que Irving rompiera el empate a 89 con un monumental triple frente a la defensa de Curry. Antes habíamos visto a LeBron poner un estratosférico tapón sobre Igoudala en una imagen que posiblemente sea futuro poster en las paredes de las habitaciones de muchos niños que tienen la suerte de estar creciendo viendo una de las mejores épocas de la historia de la NBA (y del baloncesto en general) El triple de Irving ponía a Golden State contra las cuerdas y Curry se la jugó sin éxito ante la buena defensa de Love en la ayuda exterior.  LeBron cerraría el partido con el comentado tiro libre tras una falta de Green que evitaba un matazo que hubiera significado otra imagen para la galería de unas finales inolvidables. Curry primero y Speights después de hacerse con el rebote al fallo de su compañero intentaron dos triples ya muy forzados pero el marcador no se movería del 93-89 final. El líder de los Warriors acabó con 4 de 14 desde la distancia de 3 puntos. En un jugador acostumbrado a anotar casi uno de cada dos intentos, su ineficacia en su mejor arma en el partido definitivo es otra de las claves de la derrota californiana.    





LeBron cerrando el paso.




Insistimos en que han sido unas grandísimas finales y así serán recordadas, suponiendo el segundo capítulo de una rivalidad que puede ir para largo si tanto Cleveland como Golden State mantienen sus bloques, aunque ya se escuchan rumores de una posible salida de LeBron, ejecutando una opción en su contrato, después de haberle dado el anillo a su gente de Ohio, y buscando presumibles nuevos retos, como podría ser el de reflotar a los antaño gloriosos Lakers. Ojo al verano que nos espera, con posibles movimientos de jugadores como Pau Gasol, Dwight Howard, Kevin Durant, Dirk Nowitzki, Dwayne Wade, DeMar DeRozan, Mike Conley, Al Horford, Jimmy Butler… y quién sabe si Lebron James… todo ello en vísperas de la firma del nuevo contrato televisivo y el incremento del tope salarial en las franquicias NBA. Esperan meses turbulentos en las franquicias de los general managers de la mejor liga de baloncesto del mundo… pero esa es otra historia. La historia de un verano posterior a la particular consagración de la Primavera de LeBron James, quien ni que decir tiene que ha sido elegido de manera unánime MVP de las finales, después de firmar un triple-doble en el partido decisivo (27 puntos, 11 rebotes y 11 asistencias… y no olviden sus 3 tapones) y promediar unos escandalosos 29.7 puntos, 11.2 rebotes, 9.4 asistencias, 2.5 robos y 2.2 tapones por partido en las finales, dominando todas las categorías estadísticas individuales. No se froten los ojos, no es ciencia-ficción, es la realidad.  





...pero sigo siendo el rey... 


lunes, 6 de junio de 2016

LOS WARRIORS VUELAN EN EL ORACLE



Golden State pone el 2-0 en el marcador de las finales haciendo bueno el factor cancha y confirmando la condición de fortín del Oracle Arena (51-3 de balance esta temporada) Dos victorias en las que han demostrado una superioridad brutal, nada que ver con las finales de 2015 en las que Cleveland  logra llevarse una victoria de Oakland e incluso tiene opciones de ganar el primer partido. Había enorme expectación por ver estas finales con LeBron acompañado de Irving y Love (y ahí está el record de audiencia del primer partido), imaginando a unos Cavaliers mucho más fuertes que el año pasado, pero la realidad es que los Warriors también son superiores a la versión del pasado curso, que si ya era buena, se transmuta en inalcanzable para el resto de franquicias NBA, tanto que huele a dictadura, dinastía, tiranía… con el peligro que ello conlleva de cara a que muchos aficionados pierdan interés por una liga con un equipo tan superior al resto. Ni siquiera necesitaron la mejor versión de Stpehen Curry en un primer partido protagonizado por los habituales secundarios de la plantilla californiana. Hasta siete jugadores de Steve Kerr estuvieron en dobles dígitos anotadores, destacando un enorme Shaun Livingston con 20 puntos (80% en tiros de campo), 4 rebotes y 3 asistencias en 26 minutos en pista. Barbosa sólo necesito 11 minutos para anotar otros tantos puntos, dejando canastas de gran belleza, e Igoudala se volvió a reivindicar como factor decisivo de las finales con 12 puntos, 7 rebotes y 6 asistencias, pero por encima de todo con su superlativa defensa sobre LeBron James. The King cumplió sobradamente rozando el triple-doble (23 puntos, 12 rebotes y 9 asistencias), pero en los ataques que Igoudala fue su par sólo pudo convertir una canasta, y hablamos de nada menos que 22 posesiones en las que el vigente MVP de las finales se emparejó con James. Con todo eso, el pobre 8 de 27 en tiros de campo sumado entre Curry y Klay Thompson se revela anecdótico. Los Warriors pusieron el 1-0 con una lección de coralidad dejando al descubierto las costuras cavaliers y la enorme dependencia de LeBron James. Después de llegar incluso a ponerse por delante a poco de finalizar el tercer cuarto, con los mejores minutos de Cleveland en toda la serie y Steve Kerr rompiendo literalmente su pizarra ante la inoperancia de su equipo, Tyronn Lue sentó al de Ohio tras una breve reacción warrior (68-71 para los de Oakland) En apenas tres minutos los cavaliers encajaron un parcial de 11-0 coincidiendo con la presencia de su líder en el banquillo. Ahí se acabó el partido. 




Steve Kerr destrozando su pizarra. Luego su equipo destrozó a los cavaliers.



El primer partido dejaba por tanto varias lecturas. Los warriors demostraban su mayor profundidad de banquillo y mejor roster, pero los cavs, con las mejores versiones de James e Irving (Love, definitivamente, confirma su estatus de “loser”, poco resolutivo en ataque más allá de quedarse en la esquina esperando al triple, con 11 puntos por partido en este comienzo de series, y un tremendo agujero en defensa cada vez que le han puesto un cinco delante e incapaz igualmente de salir con éxito a las ayudas exteriores, en definitiva, un desastre), parecía que podrían intentar morder en el segundo encuentro, en el que, por otro lado, se esperaba la resurrección de los Splash Brothers, unos Curry y Thompson muy por debajo de su nivel en el partido inaugural de las finales. 


Y lo que vimos fue una exhibición warrior en toda regla. Pese al buen trabajo defensivo de los de Cleveland especialmente en el primer cuarto, con Richard Jefferson manteniendo al equipo al final de un primer cuarto muy defensivo (protagonismo para Bogut por los californianos, con cuatro tapones) en el que logran ponerse por delante. A partir del segundo acto veríamos a los Golden State que llevan maravillando todo el curso: transiciones rápidas, jugadas espectaculares hiladas en apenas tres pases y el letal “catch and shoot” con el que no han parado de destrozar rivales partido tras partido, impulsados por la adrenalina de un Draymond Green que se postula para MVP de las finales (28 puntos, 7 rebotes y 5 asistencias) Cuando algunos analistas dicen que el auténtico líder de estos warriors es este power-forward multidisciplinar no es una frivolidad ni ninguna extravagancia. Los Splash Brothers son la dinamita de Kerr, pero no se podría entender a este equipo sin un jugador como Green que no sólo oficia como “pegamento” invisible responsable de eso que llaman “intangibles”, si no que su productividad es tan tangible como la brutal tarjeta estadística que nos deja en el segundo choque. Poco importa que LeBron James vuelva a rozar el triple-doble (19 puntos, 8 rebotes y 9 asistencias), y que acreciente su condición legendaria (excepto para los “haters” de turno, casos perdidos que seguirán negando la magnificencia de este jugador), convirtiéndose en el único baloncestista que es Top-10 histórico en post-temporada en puntos, rebotes y asistencias. La superioridad de los warriors es tan brutal que ya comienza a olisquearse la posibilidad de un humillante “sweep” (barrido), con un 4-0 final para redondear la mejor temporada jamás realizada por un equipo NBA en toda la historia. 



Esperemos equivocarnos y que Cleveland sea capaz de plantar batalla en el Q Arena y ser capaces de alargar una serie que de momento sólo tiene el color amarillo y azul de los Locos de la Bahía. Un equipo ya histórico y que supone un regalo para cualquier aficionado por su manera de entender el baloncesto de ritmo alto y posesiones cortas (lo cual no supone descuidar la defensa, más bien al contrario, ya que no puede haber contraataque sin defensa), pero por el bien de este deporte, necesitamos que tengan rivales capaces de plantarles cara durante 48 minutos. Y en ese sentido, parece claro que LeBron solo no puede.  




LeBron está mejor que Curry, pero el colectivo warrior arrasa.





jueves, 2 de junio de 2016

LEBRON VS. CURRY 2.0







Ya están aquí las finales de la NBA. Las finales más deseadas, la revancha de la pasada temporada, un nuevo “face to face” entre LeBron James y Stephen Curry que a buen seguro está haciendo frotarse las manos al comisionado Adam Silver. Y es que hablamos de dos jugadores que han obtenido seis de los últimos ocho mvps de temporada regular de la competición (sólo Rose y Durant han sido capaces de romper el dominio de estas dos bestias), sumando cuatro LeBron por dos Curry. Son ganadores de tres de los últimos cuatro anillos de campeón de la NBA. Es, por tanto, el duelo del momento. 


Dos jugadores distintos, dos manera de entender el baloncesto diferentes, pero una similitud innegable que emparenta a ambos y les coloca en páginas similares de los libros de historia (además de ser tanto como el cavalier como el warrior ilustres paisanos de la ciudad de Akron, en el estado de Ohio) Y es que hablamos de dos jugadores que ya pueden ser considerados entre los mejores de todos los tiempos, pese a que aún, por fortuna para todos, les queda carrera por delante (LeBron está en 31 años, posiblemente la mejor edad para este deporte, y a un nivel que puede ser capaz de llevar fácilmente hasta los 35 o 36… Curry, con 28, y por increíble que parezca, aún no ha tocado techo) King James sigue representando el baloncesto total, la polivalencia hecha jugador. Sus 6.8 asistencias por partido le sitúan como el noveno baloncestista que más canastas ha regalado a sus compañeros. Es decir, reparte más asistencias que la mayoría de bases titulares de la NBA (incluyendo a Curry, con 6.7) Ha sido el quinto máximo anotador de la temporada con 25.3 puntos por partido, y sus 7.4 rebotes por partido le sitúan como el quinto alero que más rebotes ha capturado esta campaña, por detrás de Thaddeus Young, Durant, Anthony y Antetokounmpo. Sigue siendo determinante a ambos lados de la cancha, como demuestran sus 1.4 robos y 0.6 robos por partido. Como todos los grandes, números que no sólo ha mantenido si no que ha mejorado cuando llegan los momentos decisivos, los play offs, sólo bajando ligeramente en anotación (24.6 puntos) pero incrementando sus prestaciones en el resto de facetas del juego (8.6 rebotes, 7 asistencias, 2.2 robos y 0.8 tapones) Los números de James siguen siendo descomunales y asombrosos y servirían para ser MVP de la temporada en un porcentaje altísimo de cursos NBA… pero no en uno que consagra definitivamente a Stephen Curry como el jugador más letal del momento. 


Y es que el “pequeño” jugador de Golden State ha roto todas las barreras imaginables (y repetimos, por edad aún tiene margen de mejora) en cuanto a capacidad anotadora y recursos ofensivos. Su increíble manejo de balón, su facilidad para armar el brazo, y sobre todo la excelencia de su tiro se han traducido en 30.1 puntos por partido (máximo de su carrera) para liderar la tabla de anotadores NBA, pero la auténtica barbaridad ha estado en sus porcentajes de tiro. Un 90.8% en tiros libres, 56.6% en tiros de dos, y un brutal 45.4% en triples, lanzando 11.2 triples por partido. En total un 50.4% en tiros de campo. Absolutamente asombroso para un base o para cualquier jugador acostumbrado a jugar lejos del aro. Un tipo que convierte prácticamente uno de cada dos triples intentados. Con esta premisa se entiende mejor que haya liderado a una franquicia histórica cuyo 73-9 de temporada regular ya es el mejor balance de todos los tiempos. También es el año que más ha reboteado (5.4 rechaces por partido), y sobre su mejora defensiva de la que tanto se ha hablado baste decir que sus 2.14 robos por partido (otro máximo en su carrera) le han valido para ser el mejor recuperador de la temporada en dura pugna con especialistas en esta estadística como Chris Paul o Ricky Rubio. Si James representa el baloncesto total, el jugador con mayor capacidad para jugar en cualquier posición en la cancha, Curry es la letalidad pura, lo más cerca de la perfección ofensiva, el jugador indefendible hasta unos niveles que ya muchos lo consideran el mejor tirador de todos los tiempos.  


El duelo tiene el morbo de recordar las finales pasadas, en las que un LeBron solitario, auténtico “army of one”, se empeñaba en discutir el reinado de los Warriors sin apenas otras ayudas que las del “limpiatableros” Tristan Thompson o el voluntarioso Dellavedova. Hay ganas de ver al Rey con Irving y Love sanos. No obstante Golden State sigue presentando una plantilla sustancialmente superior, con una mayor y mejor profundidad de banquillo. Además Curry cuenta con su LeBron particular (salvando las distancias), un Draymond Green capaz de ejercer como cerebro y director de juego del equipo, pese a ser un power-forward. Lo cierto es que por las manos del jugador de Michigan pasa tanto baloncesto como por las de Curry. Klay Thompson sigue haciendo honor a su apellido, demostrando que más que venir de su padre Mychal, parece descender de la dinastía de John Taliaferro Thompson, creador del célebre fúsil que lleva su nombre (de 18.6 puntos por partido en temporada regular ha pasado a 26.2 en play offs, con un tremendo 44.8% en triples), y por supuesto el MVP de las pasadas finales, Andre Igoudala, da de nuevo un paso al frente para que Steve Kerr le diese la titularidad en el decisivo séptimo partido ante los Thunder. ¿Lo mantendrá de titular ante los Cavs? Por si algo les faltaba a estos Warriors, han aprendido a sufrir, remontando un 3-1 en las finales del Oeste ante el equipo de Durant y Westbrook, y demostrando que si hace falta también saben pegarse y bajar al lodo, dejando escenas más propias de los Bad Boys de Detroit que del tradicional juego descarado de los Locos de La Bahía en esas ya históricas finales de conferencia ante Oklahoma City.   



En definitiva nos espera una serie de saltar chispas, con dos escuadras concebidas para ganar el anillo. Cleveland, buscando romper una maldición que no sólo incumbe al baloncesto (la ciudad lleva más de 50 años sin ver a ninguno de sus equipos profesionales, ni de baloncesto, ni de baseball, ni de fútbol americano, ganar un título nacional), y con la presión de que para el trío Irving-LeBron-Love todo lo que no sea alcanzar el anillo parece un fracaso debido a las expectativas creadas. Golden State por su parte, aunque lo hecho ya quedará para siempre en los libros de historia, sabe que su apoteósico 73-9 de liga regular, mejor balance de todos los tiempos, sería un registro agridulce si no viene acompañado por el título final. Sólo nos queda, a miles de kilómetros de distancia, disfrutar de una final que ojalá llegue a siete partidos para nuestro máximo disfrute. Tenemos que sentirnos afortunados de poder ver frente a frente a dos de los más grandes de todos los tiempos. No perdamos esa perspectiva.  



sábado, 6 de junio de 2015

HIGH NOON



Un hombre contra un ejército




Pocas veces hemos escrito una entrada más profética que nuestra anterior “La soledad del rey”, y es que en efecto, horas después el Game 1 de las finales NBA 2015 dejaba al descubierto todas las virtudes y defectos de ambos equipos, de una manera tan diáfana que no debe haber un solo analista cuerdo que le de opción alguna a los Cleveland Cavaliers de ganar el anillo en estos momentos.

Es cierto que el primer cuarto de Cleveland fue, sencillamente, arrollador, pasando por encima de unos timoratos Warriors que ni sabían por donde les venían los golpes. Es igualmente cierto que una vez capeado el temporal y llegadas las primeras ventajas de los de Oakland el equipo de David Blatt no se descompuso y siempre estuvo en el partido, y es también cierto que LeBron tuvo el tiro ganador (buscó un lanzamiento parecido al triple ganador que anotó en Febrero del pasado año contra el mismo equipo y con Igoudala también encima, aunque en esta ocasión se fue más escorado hacia la esquina) para no llegar a la prórroga. La misma certeza nos haría pensar que un encuentro decidido en tiempo extra es señal de que nos encontramos ante unas finales igualadas, y sin embargo en cuanto ambos equipos encarrilaron el camino a los vestuarios en el Oracle sobrevolaba la sensación de que el anillo ya tenía ganador y que Stephen Curry y su pandilla están en una situación idónea para rememorar el éxito de los Warriors de Rick Barry hace 40 años y convertirse en campeones NBA propinando un “sweep” al rival y dejando a los Cavaliers, como sucediera con los Washington Bullets de 1975, en cero victorias.

Ya no es sólo el hecho de la lesión de Kyrie Irving, una baja que en nuestra opinión deja a los de Ohio sin opciones entregando la dirección de juego (es un decir, porque ahora más que nunca LeBron tendrá que ejercer de “point-forward”) a un jugador como Mathew Dellavedova cuyo nivel no alcanza ni por asomo para ganar un campeonato de la NBA (ahora quizás se arrepientan de haber tradeado a Jarrett Jack el pasado verano), es que incluso con Irving las carencias de estos Cavaliers, empeñados en repetir los errores de Miami Heat (que si bien ganaron cuatro campeonatos de conferencia consecutivos perdieron dos finales ante Dallas y San Antonio condenados, entre otras cosas, por su poca profundidad de banquillo y condensar toda la dinamita en pocos jugadores) quedaron al descubierto en los 53 minutos del primer partido de las series, evidenciando la enorme diferencia entre un roster y otro. Hay que recordar que la lesión del base Cavalier llega casi al final del partido (si bien es cierto que llegaba al choque renqueante, sin estar a su mejor nivel, y aún así firmando 23 puntos, 7 rebotes y 6 asistencias), de modo que aún sin haber sufrido la desgracia de su baja, circunstancia insistimos que definitiva y que les deja sin opciones, el partido, con toda su dureza e igualdad, dejaba la lectura de la enorme superioridad de los californianos, con mayor profundidad de banquillo, mejor rotación, y más reparto de minutos entre sus jugadores, lo que se traduce, no puede ser de otra manera, en unas piernas más frescas, cosa que se pudo comprobar sin duda alguna en la prórroga.

Es prácticamente imposible ganar en el baloncesto de 2015 sin rotaciones. David Blatt utilizó sólo tres jugadores de banquillo durante el partido, J.R.Smith, errático en el tiro (aunque dejó una de las canastas del partido, un triple al filo del descanso para dar una ligera ventaja a los visitantes al final del segundo cuarto, 51-48), es no obstante el único suplente de garantías de los de Ohio, y suyos fueron los únicos nueve puntos que aportó el banquillo de Blatt, James Jones, especialista en el tiro exterior y al que sólo vimos lanzar un triple en los 17 minutos que permaneció en cancha, y por último el australiano Dellevadova, perdídisimo y superado durante los nueve minutos que dispusó, y cuya importancia para la franquicia Cavalier se resume en la anécdota de que el autobús de su equipo se fue al aeropuerto una vez acabado el partido con toda la plantilla y cuerpo técnico excepto el despistado base aussie que todavía andaba por el pabellón Dios sabe haciendo que cosas. Este es el nivel de estos Cleveland Cavalieres, una plantilla que parece confeccionada por su peor enemigo. Con jugadores ya pensando en la jubilación, como Shawn Marion o Mike Miller, o totalmente defenestrados como Kendrick Perkins (noticia por una pelea conyugal más que por temas baloncestísticos), aún así a Blatt y a LeBron (prácticamente con tanto peso como el entrenador estadounidense-israelí a la hora de tomar decisiones) no les queda otra que contar con ellos. Pero para empezar deben recuperarlos anímicamente.

Y es que enfrente, los Warriors demostraron porque han sido el mejor equipo de toda la temporada. Frente a los pírricos 9 puntos de Smith, única aportación del banquillo Cavalier, Steve Kerr obtuvo 34 de sus cinco suplentes, con significativa aportación de un Andre Igoudala convertido en factor X. 15 puntos decisivos y dura defensa sobre LeBron. Los Warriors juegan de escándalo, cierto, pero para ganar un anillo se necesita además un guerrillero capaz de bajar al fango y defender con la dureza más característica del Este que del Oeste. Igoudala asume ese rol sin perder brillantez en ataque. No olviden que hablamos de quien fuera jugador franquicia de los Philadelphia 76ers hace algunos años y que ahora, reconvertido en sacrificado sexto hombre de lujo, no quiere dejar pasar la ocasión de verse con un anillo de campeón en sus manos. También hay que mencionar a Marreese Speights, apenas jugó nueve minutos, lo mismo que Dellavedova, pero con un oficio y finura en ataque para irse a ocho puntos, con buenos minutos en el segundo cuarto para ayudar a la primera remontada Warrior. Reaparecía tras su distensión en la pantorrilla derecha y demostraba que es otro reserva de absolutas garantías dentro de un roster que apunta a pasar a la historia para el aficionado de la franquicia californiana.

Ni siquiera necesitaron al mejor Curry posible. El MVP de la temporada regular empezó flojo, quizás superado por una presión que pronto se quitaría de encima, pero fue de menos a más, añadiendo canastas a su casillero, soltando nervios, y dibujando en su rostro cada vez más un semblante de futuro campeón NBA. Peor fue incluso el arranque de su “hermano” Thompson, con una primera parte para olvidar, pero ofreciendo grandes minutos a partir del tercer cuarto (9 puntos en ese periodo) El escolta Warrior anotó sólo cinco puntos antes del paso por vestuarios, pero acabó con 21. Barnes y Green al nivel esperado, siempre por detrás de una pareja exterior que apunta a ser la más recordada de la NBA desde la de Thomas-Dumars, pero nunca perdiendo la cara al partido. Bogut, cumpliendo ante Mozgov. En resumen, un buen partido del equipo de Kerr, pero lejos de su mejor versión posible, y con unos nervios de salida que indicaban que necesitaba templar ánimos y hacerse a la cita. Con el primer punto en el bolsillo da la sensación de que a partir de ahora irán a más, frente a un equipo que con la lesión de Irving y con jugadores como LeBron y Tristan Thompson sin apenas descanso en el banquillo acabarán notando las minutadas según transcurra la serie.

Y es que la película de estas finales comienza a parecerse peligrosamente a un viejo western interpretado por Gary Cooper, aquel en el que el protagonista, abandonado por el pueblo, tiene que enfrentarse él solo a una banda de forajidos. En la película son cuatro, como la columna vertebral de los Warriors (Curry, Thompson, Barnes y Green), y gana Gary Cooper, que para eso era el bueno. En este film que arrancó en el Oracle Arena y tendrá escenario al menos por dos noches en el Quicken Loans de Cleveland, no están tan definidos los roles, y por si fuera poco a la banda de cuatro les acompañan varios pistoleros más, uno de ellos, Igoudala, con capacidad para ser incluso líder de la misma llegado el caso. Demasiado por muy LeBron James que seas. 44 puntos, 8 rebotes y 6 asistencias para morir en la orilla. LeBron puede dejar en estas finales unos números nunca vistos en este tipo de encuentros... y posiblemente no le sirvan para ganar el anillo. Es lo que pasa cuando estás solo ante el peligro.