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sábado, 7 de agosto de 2021

JJOO TOKYO 2020 (I) USA Y FRANCIA TRIUNFADORES




Toca hacer repaso de la competición masculina de baloncesto en los Juegos Olímpicos de Tokyo. Como no habíamos escrito ni una línea al respecto y hay mucho que tratar, intentaremos hacerlo en distintas entradas, en formato de pequeño serial, que no es cosa de aburrir al lector ni quemarnos escribiendo varias horas seguidas. No vamos a detenernos demasiado en sentimentalismos por otro lado siempre necesarios en este y cualquier deporte sobre fines de ciclo y despedidas de competiciones de selecciones internacionales a personajes como Luis Scola, Marc Gasol y por encima de todo Pau Gasol, el hombre que cambió para siempre nuestro baloncesto y quien si bien no ha podido despedirse como le hubiera gustado, luchando por las medallas, al menos ha conseguido el objetivo de llegar hasta unos Juegos Olímpicos disputados un año más tarde de lo previsto (de haber sido el año pasado quizás Pau no hubiera podido llegar pese a ser un año más joven) tras dos temporadas en las que parecía casi un jugador retirado. Y no vamos a detenernos en estos temas porque jugadores como Scola o Pau Gasol merecen espacio aparte y en la medida de lo posible lo tendrán. Comenzaremos desde el final hasta el principio, empezando por el oro estadounidense hilando hasta la fase de grupos. Oro conseguido en la gran final ante una Francia que les derrotara precisamente en la primera jornada de esa primera fase. En condiciones normales hablaríamos de cerrar un círculo, ley del eterno retorno, pero ha sido todo tan extraordinario en estos juegos que el último partido del torneo no ha sido para dirimir el campeón, si no para otorgar el bronce a la selección de Australia. Curioso, pero teniendo en cuenta que Tokyo 2020 se ha disputado en 2021 casi que es lo de menos.


USA cumple con los pronósticos.

Aquella derrota inaugural del roster de Popovich sirvió para activar las alarmas y demostrar la vulnerabilidad de unos Estados Unidos que ya venían señalados por sus derrotas ante Nigeria y Australia en los preparatorios para los Juegos, además de llegar con la espina clavada de su eliminación en cuartos de final en el Mundial 2019 precisamente ante Francia, convirtiéndose así el equipo de Collet en la única selección capaz de vencer dos veces seguidas a Estados Unidos en competición internacional desde que acuden con jugadores profesionales de la NBA. No es poco honor y deja a las claras el momento actual del baloncesto galo posterior a Tony Parker (y Diaw), pero en eso ya nos detendremos posteriormente. Lo cierto es que esa primeriza derrota pareció despertar al equipo de Popovich, invicto desde entonces y que si bien no ha arrasado a sus rivales como hicieran anteriores escuadras USA (anteriores escuadras evidentemente con mayor calidad que la actual) ha ganado el oro con indiscutible solvencia, sobreponiéndose a erráticos comienzos de partido (o quizás más bien a espléndidos comienzos de los rivales) y siendo muy superiores a partir del segundo cuarto. No fue el caso de Irán en la segunda jornada (masacrados ya con un 28-12 en el primer parcial), pero si el de una luchadora República Checa que llegó casi a doblar a los de Popovich en el primer cuarto (12-21 a los 7 minutos de partido) para acabar perdiendo de 35 puntos. Sumados a los 54 de diferencia frente a Irán quedaba claro que Estados Unidos caía como mejor segunda en el primer bombo, sin posibilidad de enfrentarse a los mejores terceros (Alemania y Argentina) y con Italia o España en perspectiva. Tocaron los de Scariolo, incapaces de resolver el test de Eslovenia en un partido que parecía encarrillado (un triple de Rudy Fernández nos ponía 12 arriba a los 3 minutos del tercer cuarto) pero condenados por la incapacidad de cerrar el rebote (hasta 15 rechaces ofensivos capturaron los eslovenos, quienes se fueron a un total de 51 rebotes) llegando a un final igualado en el que primero Abalde, fallando un lanzamiento triple central con 1 abajo a 19 segundos del final y posteriormente Ricky errando otro lateral que hubiera empatado el partido a 10 segundos del cierre, no encontraron aro ante una Eslovenia cómoda en el agujero defensivo de la zona española (tremendo el último cuarto de Mike Tobey con 10 puntos y 6 rebotes, dos de sus canastas tras capturar rebotes ofensivos) Doncic, bien desactivado por la defensa española, especialmente en el trabajo individual de Claver (“sólo” 12 puntos con 2 de 7 en tiros de campo… y 6 de 11 en libres, pero con 14 rebotes y 9 asistencias) aumentaba su leyenda con 16 partidos vistiendo la elástica absoluta eslovena sin conocer la derrota (los 9 del Eurobasket 2017 cuando acabaron campeones invictos, los 4 del pre-olímpico de Kaunas, donde fueron un rodillo, y los tres de la primera fase de Tokyo) España recibía el castigo de enfrentarse a unos Estados Unidos a los que no esperaban ni deseaban en una ronda tan temprana como cuartos de final. Después de haber caído ante los padres del baloncesto en las impresionantes finales de 2008 y 2012 (sin duda dos de los mejores partidos de la historia de nuestro baloncesto… y diría que de todo el baloncesto internacional de selecciones), y de haberles plantado más cara todavía en las semifinales de 2016, la mejor generación del baloncesto español tenía otra oportunidad para rellenar el expediente con una de sus pocas faltas, la de vencer a unos Estados Unidos con los que nunca se llegaron a enfrentar en los oros mundiales de 2006 y 20019. Pero los de Popovich volvieron a cumplir con el guión. Perdieron el primer cuarto (21-19), se mantuvieron en el segundo (empate a 43 para encarrilar los vestuarios al descanso) y afrontaron el partido en un tercer cuarto en el que España estuvo casi seis minutos sin encestar en juego, hasta que Ricky Rubio anotó un triple para poner un 52-65 ya complicado para España. El mismo Ricky que había mantenido a duras penas a nuestra selección con seis tiros libres anotados minutos antes, y el mismo Ricky que nos mantuvo hasta el final. 38 puntos, record de anotación individual en un partido olímpico con la camiseta española, pero que resultaron estériles ante unos Estados Unidos que tuvieron que recurrir de nuevo al mejor Durant (29 puntos con 10 de 17 en tiros de campo) para meterse en las lucha por las medallas y despedir a los hermanos Gasol del combinado nacional. Popovich se deshizo posteriormente en rueda de prensa en elogios a un valiente Scariolo (recordemos como con 37 segundos por disputarse en el segundo cuarto ordena un ataque rápido en vez de agotar posesión para que podamos disputar de dos lanzamientos, por mucho que ambos fueran fallados por Llull y Ricky respectivamente) Estados Unidos fue superior, como lo fue ante todos los combinados comparecientes, en todo caso España debe lamentarse del mal final ante Eslovenia y la derrota estadounidense ante Francia que propició esa segunda plaza yanqui desembocando en ese 50% de posibilidades de enfrentarnos a los grandes favoritos al oro. Australia esperaba en semifinales después de aplastar a una Argentina que también lleva años destilando olor a despedida y aroma de fin de ciclo, pero consumado ya con el adiós del grandísimo Scola. Después de sobrevivir a los Ginobili, Nocioni y compañía, el bueno de Luisfa dejaba la albiceleste a los mismos 41 años de Pau Gasol. El mismo día tocaba despedir a dos gigantes de la canasta. El equipo del “Oveja” Hernández no fue rival para los oceánicos, cayendo de 38 puntos ante los de Oceanía. No ha sido un buen torneo para los gauchos, muy inferiores ante Eslovenia y España en las dos primeras jornadas de competición. Precisamente en los minutos finales de la derrota ante los de Scariolo un calculador Hernández recordaba en tiempo muerto a sus jugadores que podrían clasificarse como terceros, como así fue después de los 20 puntos de renta obtenidos ante un anfitrión Japón que más allá de los destellos de los NBA Watanabe y Hachimura poco más han ofrecido. El aficionado europeo lleva años viendo a los australianos quedarse a las puertas de medallas en mundiales o Juegos Olímpicos. Acostumbrados a arrasar en el FIBA Oceania, donde sólo Nueva Zelanda les discute el dominio de vez en cuando (de hecho ya las últimas ediciones el campeón continental lo dirimen ambos países en una eliminatoria al mejor de tres partidos), hemos visto como subirse al podio suponía un particular Rubicón para los “boomers”, en dos ocasiones consecutivas con protagonismo español (les quitamos el bronce en Río 2016 y la sufrida victoria en la prórroga del mundial 2019 que les condena a luchar por un tercer puesto que se acaba llevando Francia) Ya hablaremos en la próxima entrega de su meritorio bronce en el retorno de Brian Goorijan al banquillo “aussie”, pero su foco en semifinales no estaba exento del morbo de recordar cómo habían ganado semanas antes 91-83 a los de Popovich en partido preparatorio en Las Vegas. Pero Estados Unidos no se apartó del guión previsto. Gran comienzo del rival (18-24 para Australia en el primer cuarto), supervivencia en el segundo acto (42-43, un punto abajo al descanso), y destrozar al enemigo tras el paso por vestuarios (32-10 en el tercer parcial) Australia acababa claudicando por 19 puntos y Durant sumaba otros 23 puntos y 9 rebotes para seguir consolidándose como el jugador más decisivo del torneo. Y así llegamos a una final en cierto modo previsible ante una Francia que después de dar la sorpresa en la primera jornada ante los posteriormente campeones no dio opciones ni a Chequia (victoria 77-97) ni Irán (otro triunfo, 62-79) para pasar como primeros de grupo. Italia en cuartos aguantó hasta el descanso (42-43, un punto abajo) pero el 12-21 del tercer cuarto encarriló el partido para los de Collet. La semifinal ante Eslovenia se presentaba intensa, incierta, como uno de los posibles mejores partidos del torneo, y no defraudó. Doncic había subido a 17 su número de victorias, exento de derrotas, con la camiseta de su país, después de aplastar sin piedad a Alemania (pasaban como mejor tercero con sólo una victoria sobre Nigeria) por 24 puntos. El astro esloveno rozaba el triple doble (20 puntos, 8 rebotes y 11 asistencias) y se aliaba con la exhibición anotadora de Zoran Dragic, 27 puntos con un letal 5 de 7 en triples. El Francia-Eslovenia fue, no podía ser de otro modo, un partido igualado con final a cara o cruz en el que al margen de la decisiva jugada final (el tapón de Batum a un Prepelic cuyo arrojo en el “clutch” deja claro que pese a los galones que pueda tener Doncic el jugador de Dallas sabe delegar en sus compañeros), los de Collet fueron ligeramente superiores. Tras la exhibición en el preolímpico de Kaunas y las dos primeras victorias indiscutibles ante Argentina y Japón el rodillo esloveno se ha ido diluyendo (a la par que aumentaba el cansancio y frustración en fondo y forma de un Doncic cada vez más enfrentado con el mundo) y el nivel de dificultad ha ido subiendo. España fue un aviso, y superado el débil escollo alemán Francia les devolvió a la realidad. Durante todo el último cuarto los subcampeones estuvieron por delante en el marcador. Un triplazo de Prepelic a medio minuto del final (después de sacarle la quinta falta a Fournier en ataque en su defensa a media pista) ponía el 90-89 con mínimo dos posesiones por jugar, una por equipo. Francia desaprovechó la suya con un lanzamiento fallado por De Colo en el “mid range” ante la defensa del siempre elástico Tobey. El siguiente ataque esloveno figura ya en la historia del baloncesto olímpico. Doncic sube la bola y después de apoyarse en el bloqueo de Tobey juega con Prepelic que desde el triple penetra con la marca de un Batum que le cierra el camino a la canasta con uno de los mejores tapones de este torneo. El alero de Clippers (al igual que tantas veces ha demostrado nuestro Rudy Fernández) dejaba claro que se puede ser igual de decisivo en el “clutch” en defensa como en ataque. Francia volvía a una final olímpica 21 años después, desde Sydney, donde también esperaba Estados Unidos, la tercera de su historia (su primera final la jugaron en 1948 ante, como no, Estados Unidos)

Un tapón para la historia.

Mucho se había hablado de la derrota (83-76) en la primera jornada del equipo estadounidense ante Francia, queriendo revelar debilidades en el cuadro de Popovich que alentasen la posibilidad de que no se colgasen el oro y de que, en este caso, fuera Francia, el otro finalista, quien subiese a lo más alto del podio y repitiese las victorias del mundial 2019 y primera fase de Tokyo 2020. Pero Estados Unidos se mantuvo fiel a su guión de consistencia y crecer a lo largo del partido. Lo ajustado del marcador (82-87 para USA) no deja lugar a dudas de la resistencia gala, pero lo cierto es que desde el 15-12 francés a dos minutos del final del primer cuarto los de Popovich siempre mandaron en el marcador. No llegaron a romperlo definitivamente, pero las diferencias entre 8 y 10 puntos (llegaron a tener 14 con el 57-71 del minuto 29) que manejaron durante toda la segunda parte dejaban claro que no iban a repetir los errores de la primera jornada, con fallos en las marcas exteriores (fruto en parte de los dobles marcajes a Gobert en la zona) y fallos incomprensibles (ese resbalón de Lillard) que dieron vida a una Francia que daba la sorpresa. No hubo lugar a ello en el partido por el oro, y pese a que pueda parecer que el triunfo estadounidense no tenga el brillo de otras ocasiones (y repetimos, no puede compararse este roster con aquellos en los que Durant compartía pista con los Kobe Bryant o LeBron James en los tiempos de “Coach K” Krzyzewski) hay que darle el mérito que corresponde. Precisamente porque, como en 2019, volvía a ser un Estados Unidos batible, con deficiencias en el juego interior y sin apenas pívots puros (sólo Adebayo y Green como falsísimo pívot… tema aparte Javale McGee, ese extraño elemento que sigue aumentando su palmarés sin apenas pisar parquet, pese a que justo es reconocer que siempre produce en sus pocos minutos… 7,2 puntos por 4 minutos en este torneo por partido) La decisión de convocar a Holiday, Middleton y Booker sin apenas preparación y recién acabadas las finales NBA también tenía un punto controvertido, y de hecho los dos segundos han estado muy por debajo de su nivel. No ha sido el caso de Holiday, jugador fundamental para Popovich precisamente para paliar cualquier carencia defensiva que su equipo pudiera dejar entrever en la cancha. El base de Milwaukee ha vuelto a demostrar que ha sido uno de los jugadores más infravalorados del planeta baloncestístico en los últimos años, abnegado atrás, ayudando en el rebote, pero sabiendo salir a campo abierto cuando la situación lo requería y mirando el aro y repartiendo juego. Ha sido el máximo asistente de los campeones, el segundo jugador más utilizado por Popovich tras Durant, el tercer anotador por detrás del propio Durant y Tatum, y ojo, el tercer mejor reboteador por detrás de Adebayo y Durant… siendo un base. No ha sido un ensamblaje fácil el de las piezas para Popovich, que se resarce del fracaso de 2019 y se cuelga un oro olímpico. Es el cuarto entrenador en la historia que lo hace habiendo sido campeón de la NBA, uniéndose a un club en el que figuraban Chuck Daly, Lenny Wilkens y Rudy Tomjanovich. Claro que entre los tres citados suman los mismos anillos (cinco) que los obtenidos por el técnico de San Antonio Spurs. En los primeros párrafos comentábamos la particularidad de que Francia es la única selección que ha sido capaz de ganar dos veces consecutivas a Estados Unidos desde que en sus convocatorias aparecen jugadores NBA. No es algo tan importante como colgarse su tercera plata olímpica, pero si demuestra que esta plata no es casualidad. En este 2021 de despedidas (las referidas de Scola y los Gasol en Tokyo… o las de Felipe Reyes y Spanoulis en baloncesto de clubes) Francia se consolida como el país europeo que mejor trabaja este deporte. Nos hemos hartado de decir que frente a la mejor generación del baloncesto español de la historia, el país vecino igualmente presentaba la suya, y si no llegaban más alto en el podio correspondiente solía ser precisamente por culpa de España. Retirado Parker, el base europeo que más lejos ha llegado nunca en la NBA, sin Diaw, compañero de vestuario y anillo de campeón con Tony en San Antonio, la selección francesa del incombustible Collet (en el cargo desde 2009, después de que el octavo puesto en el Eurobasket 2007 sumiese al baloncesto galo en una crisis debido a sus ausencias en los JJOO de 2008 y el Eurobasket de aquel mismo 2009) demuestra una salud actual envidiable. Igual que el río de Heráclito en el que es imposible sumergirse dos veces, o recordando la paradoja del barco de Teseo que va sustituyendo todas y cada una de sus piezas hasta que no quede ninguna original, las generaciones deportivas nunca son del todo puras, convergen entre ellas, y así hemos visto crecer a los ahora veteranos Batum, Heurtel, De Colo o Fournier al amparo de aquellos Parker y Diaw. Iban llegando los jóvenes, los Poirier o Gobert, ahora ya también veteranos y núcleo duro. Han ido apareciendo los Yabusele, Ntilikina o Luwawu-Cabarrot, y así en una cantera inagotable que nos podría llevar hasta la figura en lontananza de Victor Wembanyaba, la próxima gran esperanza gala y una de las grandes promesas de todo el baloncesto continental. El trabajo que se está haciendo en el país vecino es tremendo, y los frutos están ahí, tanto a nivel de clubes (el Mónaco vigente campeón de la Eurocup y con billete para Euroliga junto al Asvel) como de selección (esta reciente plata olímpica), con un baloncesto muy identificable en el que se logra conjugar la exuberancia física de sus jóvenes talentos con el aprendizaje técnico. Es justo reconocer en esto también la figura y el legado de Tony Parker, con su actual academia en Lyon. El histórico jugador sabe bien de la importancia de potenciar estos proyectos de base, siendo él mismo un exponente del INSEP francés, el instituto público para la excelencia y el alto rendimiento deportivo donde el MVP de las finales NBA de 2007 coincidió entre otros con Boris Diaw o Ronny Turiaf. En los Juegos Olímpicos por norma una plata, para cualquier equipo que no sea Estados Unidos, puede bien considerarse un oro (como fue nuestro caso en 2008 y 2012) y así debe ser con esta Francia, cuyo éxito en estos Juegos hay que ponerlo al mismo nivel que el del equipo de un Popovich sobre quien la mínima duda respecto a su capacidad para gestionar este deporte al más alto nivel debería desnudar en todo caso la incapacidad del aficionado que presente dicho planteamiento. Estados Unidos ha cumplido los pronósticos en un camino cuya dificultad precisamente debe engrandecer su mérito, al igual que el de Francia. En la próxima entrega tocará hablar del bronce australiano y su también enorme torneo. Hasta entonces.

Popovich consuela a De Colo. La grandeza de los campeones.

miércoles, 4 de agosto de 2021

GRANDES ESPERANZAS

 



La era de Anteto.



Hay en la biografía de Giannis Antetokounmpo algo dickensiano, como si fuera uno de esos personajes que de manera tan hábil supo retratar el novelista inglés en el siglo XIX. Vidas surgidas en la miseria pero capaces de medrar socialmente en un entorno difícil, como bien refleja la obra “Grandes esperanzas”, en la que un huérfano aprendiz de herrero se acaba convirtiendo en caballero. Por mucho que se haya querido exagerar la vida del jugador griego, cayendo en la hipérbole sobre la dureza de su infancia como vendedor ambulante, no se puede negar que estamos ante una de las historias más hermosas que nos ha regalado el baloncesto del siglo XXI, culminando, por el momento, ya que hablamos de un deportista que tan sólo tiene 26 años, en la consecución del anillo de campeón de la NBA refrendado con un indiscutible MVP basado en unas medias terroríficas de 35.2 puntos, 13.3 rebotes, 5 asistencias, 1.8 tapones y 1.2 robos de balón con un 61,8% en tiros de campo. Una salvajada para un tipo llamado a llevar al baloncesto a otra dimensión, una en la que es justo situarle en el debate sobre el mejor europeo en la historia de la NBA, y es que ningún otro jugador de nuestro continente puede decir que ha sido dos veces MVP de temporada, MVP de las finales, Mejor Defensor de la temporada, y ganador del anillo. Y repetimos, con 26 años.

 

Lejana queda la obscenidad que llegó a sufrir en sus carnes cuando al recibir, por fin, después de años pateándose las calles de su Atenas natal dedicándose en ocasiones incluso como hemos recordado a la venta ambulante, la nacionalidad del país que le vio nacer, Grecia, el líder neonazi del partido Golden Dawn se descolgó con unas declaraciones que no deberían tener cabida en una sociedad como la nuestra. “Si a un chimpancé le das una banana y una bandera griega en el zoológico, ¿eso le convierte en griego?” llegaron a decir desde la bancada fascista. Todo esto hablando de un adolescente hijo de inmigrantes nigerianos. La crueldad expresada en su grado más sumo sobre un joven que, como expresa en la inscripción de la suela de sus zapatillas, es el legado de su padre fallecido (“I am my father’s legacy”)

 

Antetokounmpo es uno de esos jugadores bendecidos por los dioses del baloncesto a partir de un imponente molde físico que le hizo destacar desde la segunda división griega, donde en el modesto Filathlitikos y siendo todavía menor de edad era capaz de hacer de todo, incluso jugar de base. Cuentan que Larry Drew, su primer entrenador en Milwaukee, antes de conocerle en persona calculó que no debía medir más de 1,85 tras ver su manejo de balón en vídeos. Posteriormente a las órdenes de Jason Kidd, uno de los mejores bases de la historia, volvió a las posiciones exteriores demostrando que el apodo de “The Greek Freek” no era en vano, pero ha sido en las últimas tres temporadas, jugando cerca del aro y dejando la dirección del juego a bases contrastados como Eric Bledsoe y sobre todo Jrue Holiday cuando el dominio del griego le ha llevado al lugar al que estaba predestinado. Ganar el anillo.

 

Ha sido precisamente el cambio de Holiday por Bledsoe el movimiento maestro para que el equipo de Budenholzer haya pasado de equipo aspirante a real y tangible campeón. Holiday, un tipo muy querido en la liga (la temporada pasada recibió el premio Twyman-Stokes como mejor compañero de equipo y este curso ha sido galardonado con el Joe Dumars a la deportividad), es pura élite defensiva en la NBA. Un base capaz de defender cuatro posiciones, a quien hemos visto secar a Devin Booker en el sexto y definitivo partido (8 de 22 en tiros de campo) y que deja una de las jugadas clave de las finales con el robo al propio Booker en el quinto, con 120-119 para los Bucks y posesión de Phoenix para consumar una remontada (llegaron a estar 14 abajo pocos minutos antes) que no llegó cuando quedaban sólo 16 segundos para el final. Un robo de balón que derivó en un estratosférico alley oop de Anteto servido por el propio Holiday . El base de Chatsworth firmó 9.3 asistencias por partido, el mejor de las finales en ese apartado, además de ser el  máximo recuperador con 2.2 robos por choque. Fueron las únicas principales estadísticas no dominadas por su compañero Giannis, máximo anotador, reboteador y taponador de las series.

 

Khris Middleton ha sido el tercer hombre clave en la franquicia de Wisconsin. Desde LeBron James en 2007 no se veía un jugador más seguro en el “clutch” en las series de post-temporada. Su fiabilidad en el tiro exterior y el “mid range” ha sido fundamental cuando en los finales de partido las defensas más se cerraban sobre Antetokounmpo. Middleton ya tiene estatus de estrella, pero su carrera se ha movido habitualmente por debajo del radar desde que fuera elegido en segunda ronda del draft por unos Detroit Pistons que no supieron ver su potencial (apenas jugó 27 partidos en la MoTown antes de verse involucrado en un trade que llevaba a Brandon Jennings a Detroit), su perfil parecía limitarse al de un “glue guy”, abnegado jugador de equipo que poco a poco ha ido destapando su capacidad anotadora hasta explotar en estos “play offs” con un rendimiento calculado para responder cuando su equipo más le necesitaba, como en la remontada ante Brooklyn, anotando 30.5 puntos por partido en las dos noches en las que el astro griego estuvo ausente por lesión y el pesimismo se había instalado en la bancada de Wisconsin. Y es que excepto en la serie ante Miami, saldada con un barrido de 4-0 (quien sabe cuál hubiera sido el discurrir de la serie si el propio Middleton no hubiera sellado la primera victoria a medio segundo del final de la prórroga de aquel primer partido de play offs… por si fuera poco Holiday, quien si no, taponaba un desesperado lanzamiento de Butler ya fuera de tiempo en la jugada siguiente ), en el resto de eliminatorias los del siempre cuestionado Budenholzer han comenzado por debajo. Ante Brooklyn tuvieron que remontar un 2-0 y un 3-2, Atlanta comenzó ganando la final del Este, y Phoenix llegó a ponerse 2-0 en las recientes finales por el título.

 

Ese 2-0 de los de Arizona basado en la imponente asociación en el “pick and roll” entre Paul y Ayton (22 puntos y 19 rebotes para el pívot de Bahamas en su primera aparición en unas finales) deja la sensación de oportunidad perdida para unos Phoenix Suns que no obstante han sido la gran revelación de la temporada, y en los que el tutelaje de la veteranía de Chris Paul ha maridado de manera certera con la juventud de los Booker, Bridges o Ayton, todos por debajo de los 25 años, la edad justa que tiene Cameron Johnson, otra de las grandes esperanzas del equipo de Monty Williams. Veremos si Phoenix son realmente el futuro o vuelven a ser un caso similar al de Miami, que presentándose en las finales el pasado curso de manera sorprendente con un roster también muy joven sin embargo esta temporada no han sido capaces de superar la primera ronda. En el caso de Phoenix hay que poner en valor también su gran temporada regular (segunda mejor marca con 51-21, sólo una derrota menos que Utah, y muy por encima del 44-29 con el que Miami acabaron quintos en el Este en 2020) y unas eliminatorias en las que antes de llegar a las finales sólo cedieron cuatro partidos ante ambos equipos angelinos, dos ante Lakers y dos ante Clippers, barriendo a los Denver Nuggets del MVP Jokic por 4-0.  El curso de la franquicia de Arizona por tanto no merece otro calificativo que el de sobresaliente. 

 

Pero el presente es de Milwaukee y de Antetokounmpo. El héroe dickensiano que ha alcanzado esa gloria a la que estaba destinado pero le parecía esquiva. Giannis dibuja un baloncestista nuevo, al que los siempre presentes “haters” tratarán de restar méritos aludiendo a su molde físico como único valor cuando en realidad hablamos de un jugador en constante progreso (en el partido definitivo firma un imponente 17 de 19 en tiros libres cuando era una de las mayores aristas de su juego), inconformista, ambicioso y tan competitivo que ha sido capaz de poner el mundo del baloncesto a sus pies con sólo 26 años (¿hace falta recordar de nuevo que Jordan tuvo que esperar a los 28 para ganar su primer anillo?)  Giannis refiere como decimos un baloncestista nuevo y total capaz de ser igual de demoledor a ambos lados de la cancha. Las dos imágenes icónicas que nos deja en estas finales le muestran primero colocando un tapón sobrehumano sobre Ayton a 1.14 del final del cuarto partido evitando una canasta segura que hubiera puesto la igualdad en el marcador. En la segunda le vemos hundiendo el aro tras el robo y asistencia de Holiday para sentenciar el quinto encuentro a falta de 13 segundos. Dos acciones descomunales en los dos lados de la cancha para remontar las series, poner el 3-2 en el global y viajar a Milwaukee con una oportunidad de cerrar las finales que no dejaron escapar.

 

Cada uno de los 50 puntos anotados por Antetokounmpo en el sexto partido justifican la desorbitada extensión de contrato firmada desde la franquicia para con su estrella finalizada la temporada 2020. “Esta es mi casa”, respondía entonces el griego, demostrando una fidelidad no tan habitual a día de hoy en una NBA en la que el movimiento de estrellas entre clubes llega a resultar mareante. A Giannis le han sabido rodear del contexto ideal donde lograr explotar su atómico poder, apostando igualmente por jugadores capaces de unir talento con estajanovismo (Holiday y Middleton) o simplemente lo segundo (Tucker o Connaughton) Y esto es lo que hace este triunfo de Milwaukee tan especial, revelando un quinteto titular en el que sólo la veterana estrella Brook Lopez (máximo anotador histórico de la franquicia de Nets, precisamente una de sus víctimas en post-temporada) presenta en su biografía un pick realmente alto en el draft (número 10 en 2008) Jrue Holiday, un 17 en 2009 por unos Philadelphia con los que a pesar de llegar a ser all star sufrió el interminable proceso de reconstrucción de los 76ers, siendo una de las primeras víctimas traspasado a New Orleans donde las lesiones y un retiro temporal para cuidar de su esposa embarazada y diagnosticada con un tumor cerebral le apartaron del foco. Middleton, ya lo hemos explicado, un segunda ronda cuya primera temporada la pasó mayormente en la liga de desarrollo, como segunda ronda fue también un P.J. Tucker al que vimos curtirse sus primeras temporadas como profesional en ligas europeas (Ucrania, Israel,  Italia, Alemania, Grecia…), y en el medio de todo el imponente Antetokounmpo, aquel chaval sin papeles cuyo nombre comenzaba a aparecer en las libretas de los más avezados ojeadores europeos, pero también norteamericanos, dejando con la miel en los labios al Zaragoza y a la ACB, ya que el equipo maño había pagado por los derechos continentales del jugador 200000 euros. Milwaukee no se lo pensó y pagó la cláusula de salida (un millón de dólares) a la NBA para incorporar a aquel espigado jovenzuelo de 18 años ipso facto. Con esa insultante juventud debutaba en la mejor liga del baloncesto del mundo, apenas cuatro minutos para anotar su primer punto, un tiro libre, frente a los New York Knicks. Ocho años han pasado entre aquel primer punto y los 50 de su histórico sexto partido. Ocho años de grandes esperanzas por fin cumplidas.



Un tapón para la historia.



martes, 22 de octubre de 2013

JUGADORES A SEGUIR: EVAN TURNER (NBA)


E.T. quiere volar alto esta temporada.

No hace tanto tiempo que los Philadelphia 76ers parecía una de las franquicias más ejemplares de la NBA, con un crecimiento progresivo que le había llevado a semifinales de conferencia hace tan sólo dos temporadas, después de dejar en la cuneta a unos Chicago Bulls que se presentaban en post-temporada con el mejor balance de la liga (claro que mucho tuvo que ver la grave lesión de Derrick Rose en el primer partido de la serie). Se trataba de una plantilla basada en el colectivo, en el juego coral, sin grandes estrellas, pero con dos veteranos como Andre Igoudala y Elton Brand guiando a una camada de jóvenes jugadores como Thaddeus Young, Spencer Hawes, Jrue Holiday o el protagonista de nuestra entrada de hoy y quien debe ser ya claro líder de los nuevos 76ers: Evan Turner, E.T. 

Poco queda de esos últimos buenos Sixers. El curso pasado el club decidió afrontar un arriesgado y controvertido cambio de rumbo. En un trade a cuatro bandas Igoudala, hasta aquel momento santo y seña de la franquicia (ocho temporadas como Sixer), recalaba en otro proyecto emergente como los Denver Nuggets y la ciudad del amor fraternal recibía a la eterna promesa del juego interior Andrew Bynum, esa bestia de la naturaleza a la que las lesiones, los problemas físicos, e incluso una cierta indolencia, no han permitido explotar con todo su magnífico potencial. La apuesta no pudo salir peor. Bynum, lesionado toda la campaña, no llegó a disputar ni un solo minuto con la elástica de Philadelphia, mientras se embolsaba su salario de casi 17 millones de dólares. El desastre fue tal que el nuevo presidente ejecutivo del club, Scott O’Neill, ha tenido que pedir excusas públicamente a los seguidores de Philly.   

Pero las dudas se ciernen aún más si cabe sobre la nueva temporada, ya que los 76ers están en las quinielas de la rumorología sobre un posible “tankeo” (esto es, no competir durante la temporada buscando una posición baja en la tabla que les otorgue mayores posibilidades de obtener el número 1 del próximo draft, destinado al próximo jugador llamado a marcar época, Andrew Wiggins) Bynum ya ha hecho las maletas rumbo a Cleveland, liberando jugoso espacio salarial, y el base all star Jrue Holiday ha sido traspasado a New Orleans a cambio del número 6 del último draft, Nerlens Noel y una elección en el próximo. Ante este panorama poco se puede esperar de los Sixers en colectivo, pero en lo individual debería ser la temporada de la explosión definitiva del talento de Evan Turner.   


17 millones al garete.


E.T. es un alero con aroma a “all around player”, al estilo de los Larry Bird, Scottie Pippen o actualmente LeBron James (salvando todas las distancias posibles, vaya por delante), es decir, un jugador con capacidad para jugar en prácticamente cualquier posición en la cancha y aportar en todas las facetas del juego. Dos metros de estatura, buena envergadura, piernas rápidas y brazos largos la dan solvencia defensiva, siendo capaz de emparejarse tanto con bases como aleros rivales. Buen reboteador (5.3 de media en sus tres años NBA), le falta dar un paso adelante en ataque para convertirse en la estrella que se preveía cuando en el final de su etapa NCAA era un insaciable coleccionista de distinciones individuales (Naismith College Player of the Year, premio John R.Wooden, Oscar Robertson Trophy, NABC Player of the Year y mejor universitario para Associated Press) Dejó el college de Ohio State firmando unas medias de 20.4 puntos, 9.2 rebotes y 6 asistencias por partido en su último año y fue elegido con el número 2 del draft del 2010 por Philadelphia (buscando apuntalar una reconstrucción que no acaba de llegar) por detrás de John Wall. Una camada la del 2010 que no termina de explotar (Wall, Turner, Favors, Cousins, Monroe…) pero con un buen puñado de jugadores a seguir y que irán incrementando su importancia en la liga al igual que el propio Turner (una excepción sería Paul George, ya sí consolidado como estrella indiscutible después de llevar a Indiana a una final de conferencia donde estuvieron a punto de tumbar a los campeones Miami Heat y de ser All Star la pasada temporada) 


El tercer y último año de Turner se salda con 13.3 puntos por partido,  6.3 rebotes y 4.3 asistencias. Un salto cualitativo respecto a sus dos primeras campañas. Todo parece indicar que esta temporada se volverá a superar, y será la única razón por la que seguir al que apunta a uno de los peores equipos del inminente nuevo curso en la mejor liga de baloncesto del mundo.     


Hora de reverdecer laureles NCAA.

miércoles, 10 de julio de 2013

LA NBA SE MUEVE


Superman sobrevolará Houston


El mercado NBA no para. Los despachos de las franquicias de la mejor liga del mundo no conocen de vacaciones, y de hecho aprovechan el estío para realizar sus más sonados movimientos y cambiar la cara de sus plantillas para la temporada venidera. Estos son algunos de los cambios de aires protagonizados por los jugadores NBA que nos parecen hasta el momento más interesantes (y no vamos a hablar, de momento, de los banquillos, donde también habría mucho que comentar)


-Kevin Martin a Minnesota Timberwolves. Los lobos ya tienen a su especialista tirador, un perfil de jugador del que claramente carecían. Ricky y compañía deberían salir muy beneficiados de la presencia de este buen anotador exterior, si es capaz de mantenerse en las medias de su carrera. Llega como agente libre. 

-Cambio de cromos entre Boston y Brooklyn. Reconstrucción en los orgullosos verdes pensando en el futuro. Se van Terry, Pierce y Garnett y llegan Kris Humphries y Gerald Wallace como nombres destacados (además de Tornike Shengelia, Keith Bogans y el especialista reboteador Reggie Evans y primeras rondas del draft de años venideros) Los de Nueva York salen muy reforzados de cara al presente inmediato formando uno de los mejores bloques de toda liga (Deron Williams, Joe Johnson, Paul Pierce, KG y Brook Lopez, más Jet Terry como sexto hombre, la cosa mete miedo) y Boston a pensar descaradamente en el futuro para desespero de sus fans a los que les espera una larga travesía por el desierto. El trade está a la espera de oficializarse y de que Garnett, debido a una cláusula en su contrato, no ponga ninguna pega.   


Brooklyn y su "Big Five"


-Al Jefferson a los Bobcats. Llega como agente libre uno de los pívots más dominantes que decide recalar en uno de los peores equipos de la liga. Una oferta de 41.5 millones de dólares por tres años tiene la culpa. No cambiará gran cosa en el panorama global NBA, pero a nivel individual seguro que los jugadores de fantasy tomarán nota del movimiento.

-Y Millsap, a Atlanta. Dos temporadas y 19 millones de dólares. Los Utah Jazz, por lo tanto, se quedan sin su anterior frontcourt titular.

-O.J.Mayo en Milwaukee. Tres temporadas y 24 millones de dólares para un jugador que dotará de aún mayor dinamita exterior al equipo de Jennings y Ellis. 

-Josh Smith será un Bad Boy. Noticia que me hace especialmente feliz como seguidor de la franquicia de la MoTown, y es que Detroit se hace con los servicios de uno de los agantes libres más deseados. Un auténtico todoterreno. Veremos si esto supone la salida de Drummond o Monroe, o si se intentará jugar con esas tres bestias pardas juntas.   


Smith y Drummond juntos. A ver quien les pelea un balón.


-Calde, rumbo a Dallas. Y los Pistons que liberan espacio salarial para hacerse con Smith dejando marchar a nuestro base internacional que también era una pieza codiciada de este verano. 4 temporadas y 29 millones de dólares para dar balones a Nowitzki después de una temporada decepcionante en el club de Mark Cuban (ni se clasificaron para play offs) Debería ser titular, aunque Devin Harris, que retorna a Dallas, intentará ponérselo difícil.

-Howard cambia California por Texas. Claro que si hablamos de decepciones, pocas ha habido mayores que la de la temporada de los Lakers y en concreto de quien estaba llamado a seguir la línea sucesoria de grandes pívots angelinos, Dwight Howard. “Superman” pone rumbo a Houston, donde cobrará menos, pero por otro lado pagara menos impuestos. Sin duda equipo a seguir los Rockets con dos grandes figuras como Harden o Howard más lo que puedan sumar jugadores como Asik (pidió ser traspasado con la llegada de Howard pero no se lo han concedido), Parsons o Jeremy Lin (éste si suena como posible moneda de cambio)

-Y Kaman, para suplir a Howard. Después del fallido Fab Four 2.0 del pasado curso los Lakers se lo toman con calma y ajustan piezas con el veterano pívot germano-americano. Esta temporada no contarán en los pronósticos. 

-Greivis Vasquez a Sacramento. El venezolano viene de hacer un temporadón en Nueva Orleáns, y se espera que todavía explote aún más su juego con los Kings. Llega mediante un trade a tres bandas.

-Los Warrios van en serio. Ojo a los Locos de la Bahía. Después de su magnífica temporada pasada, donde llegaron a semifinales de conferencia, se refuerzan bien con Andre Igoudala, que llega como agente libre, al igual que el solvente interior Marreese Speights y el ilustre veterano Jermaine O’Neal. Veremos si continúan contando con David Lee, pero teniendo a Curry, Thompson o Barnes, seguirá siendo un equipo a seguir. 


-La nueva cara de los Pelicanos. En New Orleans estrenan denominación, Pelicans, y para celebrarlo quieren dar un salto de calidad. Envían al número 6 del draft (su reciente lesión le impidió salir en un número más alto) Nerlens Noel más una futura elección a Philadelphia a cambio del joven y talentoso base Jrue Holiday. También llega desde Sacramento Tyreke Evans, rookie del año en 2010, como parte del trade que da con Vasquez en Sacramento.   
  

Tyreke, nuevo socio para Anthony Davis.