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miércoles, 17 de junio de 2015

RICK BARRY YA NO ESTÁ SOLO


Iggy y Steph ya son leyenda.



Han tenido que transcurrir 40 largos años para que en el Olimpo particular de los dioses de Golden State Warriors alguien haya podido mirar de tú a tú al mítico Rick Barry. Y ese alguien es Stephen Curry, MVP de la temporada regular, campeón del concurso de triples y líder de un equipo que ha llevado a las finales. No entra solo en tal categoría ya que le acompaña un Andre Igoudala MVP de las finales (en mi opinión de manera injusta, pues pese a no conquistar el título, tal y como Jerry West en las finales de 1969, nadie merecía más ese galardón que un LeBron James caballeroso en la derrota felicitando y abrazando a su paisano y rival) Curry se lleva el particular duelo de Akron, rodeado de un colectivo espectacular y superior al que ha arropado a LeBron en esta batalla, pero King James nos deja una actuación para la historia que debería eliminar cualquier atisbo de duda sobre que nos encontramos ante uno de los más grandes jugadores de todos los tiempos. Sus 35.8 puntos, 13.3 rebotes y 8.8 asistencias son números que prácticamente sólo se pueden conseguir en la play station, no en unas finales de la NBA ante un equipo con el octavo mejor balance de todos los tiempos en temporada regular. Con tan sólo 30 años ha rebasado la cifra de 5000 puntos anotados en play offs, cosa que anteriormente a él sólo habían conseguido Michael Jordan, Kareem Abdul-Jabbar, Kobe Bryant, Shaquille O’Neal y Tim Duncan.   

Ciertamente a partir del cuarto partido las finales no han tenido demasiada historia, y pese a ser capaces de los Cavaliers de no descolgarse en el marcador hasta bien transcurrida la segunda parte, la progresión ascendente de los Warriors, con un Curry en su mejor nivel especialmente en el quinto (37 puntos), ha contrastado con la descendente de unos Cavs cansados y decaídos, como dice la canción de Los Negativos, bueno, decaídos no tanto ya que su espíritu de lucha ha sido encomiable, pero la estadística es clara, Golden State ha ganado cuatro de los seis últimos cuartos de las finales y empatado otro, sólo han perdido el último parcial en el sexto y definitivo encuentro cuando los triples a la desesperada de Iman Shumpert encontraron el aro, pero con el marcador bastante bien encarrilado. El acumulado de esos últimos cuartos habla de un 179 a 146 a favor de los de Steve Kerr. La conclusión es clara, según transcurrían los minutos de cada partido el terreno se abonaba más favorable a Golden State, más que por frescura propia, por debilidad del rival.

En el duelo de entrenadores novatos Kerr se ha llevado el gato al agua, cierto es que con una plantilla con más recursos que su homólogo, pero sin miedo a tocar distintas teclas y dar protagonismo en un momento dado a cualquiera de sus jugadores (Barbosa y Livingston, fundamentales desde el banquillo, Ezeli, con protagonismo anoche, David Lee gloriosamente recuperado para la causa, los finalmente desaparecidos Bogut y Speights aportando al comienzo de las series… y por supuesto ese quinteto que figurara ya por siempre en la memoria de los aficionados: Curry-Thompson-Igoudala-Barnes-Green) Su capacidad de improvisación ha sido superior que la del estadounidense-israelí. Se ha hablado mucho sobre la inexperiencia de los Warriors en estas finales, y como eso podría suponer un hándicap para los de Oakland, pero convendría recordar que Steve Kerr como jugador ha ganado nada menos que cinco anillos de campeón, al lado de mitos como Jordan y Duncan, y entrenador por técnicos como Phil Jackson y Gregg Popovich. Seguro que algo habrá aprendido. 

Y aunque un tanto polémico su nombramiento como MVP, ya que sus números no han sido los mejores de las finales (igualmente polémico lo hubiera sido para LeBron, al no llevar a su equipo al anillo), hay que destacar el grandísimo trabajo de un Andre Igoudala a quien después de once años de carrera le ha llegado la oportunidad de ser fundamental a la hora de conseguir un título de campeón. Un auténtico todoterreno que fuera jugador franquicia de los Philadelphia 76ers durante ocho temporadas hasta su traspaso a Denver dentro de la operación que llevó a Andrew Bynum, ese pívot de cristal, a la ciudad del amor fraterno. Posteriormente un “sign and trade” le haría recalar en Oakland, donde en su segunda temporada se ha asegurado un lugar en la historia de la mejor liga de baloncesto del mundo. 


LeBron James volvía a llevar a Cleveland a unas finales desde que lo hiciera en 2007 tras vencer en la final del Este a los durísimos Detroit Pistons de Billups, Hamilton, Prince y los Wallace (en realidad sólo Rasheed, Ben ya estaba en Chicago), un equipo que había marcado época y había sido campeón en 2004. Y da la sensación de que ocho años después ha llegado todavía más solo que en aquella ocasión. Cuatro finales perdidas son demasiadas para el mejor jugador de su era, quien sigue reventando registros en lo individual, pero no acaba de encontrar un lugar hegemónico en la liga. Un rey sin reinado. Es inevitable sentir cierta simpatía por una franquicia tan lastrada por la mala suerte como Cleveland Cavaliers, sumida en una maldición que se muestra en un calendario que ha visto pasar las hojas de nada menos que 51 años de historia, desde que los Browns ganaran la NFL, sin que ninguno de sus grandes equipos (Cavaliers en la NBA, Browns en la NFL y los Indians en la MLB) haya ganado un título. La sede del condado de Cuyahoga sigue siendo la población perdedora por antonomasia del deporte estadounidense. Quizás por eso haya sido una de las ciudades con una de las escenas punk más impresionantes de todos los tiempos. Pero en esta ocasión ha triunfado la psicodelia californiana.    



Dead Boys, banda epítome del punk de Cleveland

martes, 16 de junio de 2015

WHEN COACHING MATTERS


Seguimos desgranando las finales de la NBA partido a partido, en este caso vamos con los encuentros 4 y 5. No hemos podido dedicarles a cada uno una entrada por separado. Cuestiones de calendario, trabajo y fin de semana. 


Tenemos que admitir dolorosamente que no están siendo unas buenas finales en cuanto a la calidad del juego. A falta de espectáculo tenemos que quedarnos con la épica de LeBron y sus Cavaliers, luchando contra los elementos, y algunas consideraciones tácticas con ambos entrenadores, sobre todo Kerr, buscando alternativas a lo que pudiera parecer el guión preestablecido. Los grandes sacrificados vuelven a ser los pívots puros, demostrando una vez más que pese a lo que clamen los ortodoxos es la posición menos decisiva en el baloncesto actual… o visto de otra manera, la que más, debido precisamente a la escasez de pívots que si sean decisivos. El equipo que cuente con un elemento así sabe que cuenta con un tesoro, pero en la mayoría de los casos lo único que se consigue es llenar las zonas con centímetros y kilos sin apenas aportación al juego. 


El primero en mover ficha fue Steve Kerr, obligado a ello al llegar al cuarto partido por debajo en las series (con 1-2 a favor de Cleveland) El movimiento fue tan sencillo como prescindir de su cinco, Andrew Bogut, para dar la titularidad a un jugador exterior pero tan polivalente como André Igoudala. Una decisión que se ha alabado otorgando la importancia que se merece a uno de sus ayudantes, Nick U’Ren, a quien al parecer se le encendió la bombilla viendo videos de las finales del pasado año imitando a Popovich cuando cambió el curso del guión al confiar en Boris Diaw (otro ejemplo de polivalencia) en lugar de un cinco clásico como Tiago Splitter. En realidad estoy convencido de que muchos aficionados, sin dedicarnos profesionalmente a esto, sabíamos que era una opción muy válida (Kerr, dame trabajo) Podríamos recordar también el brillante movimiento de Rick Carlisle en las finales de 2011, cuando dio rol de titular a Juan José Barea, inventándoselo de escolta con su 1,83, y haciendo coincidir en pista a Jason Kidd, Jason Terry y el citado Barea durante muchos minutos de los partidos, después de verse 2-1 abajo en unas finales que acabaron ganando 2-4. Carlisle honraba así a su maestro Chuck Daly, ganador de dos anillos con los Detroit Pistons utilizando en cancha al mismo tiempo a un base como Isiah Thomas junto a otros dos “bajitos” como Joe Dumars y Vinnie Johnson.       


Esos locos bajitos



La decidida apuesta por el “small ball” (tan ligado históricamente a la franquicia californiana desde los tiempos del maravilloso Don Nelson) de Steve Kerr nos dejó el mejor primer cuarto, hasta el momento, en estas finales de los Warriors. Y eso a pesar de encajar un 0-7 de salida ante el delirio de la afición Cavalier, convencida de que sus jugadores eran superhombres inmunes al cansancio. La tozuda realidad empieza a demostrar lo contrario, según transcurren los partidos Golden State va encontrando cada vez su mejor juego, mientras que las piernas de los de Ohio cada vez responden menos. Leyes de la naturaleza. Curry calentaba la muñeca, acompañado de Igoudala, y Kerr volvía a echar mano antes de acabar el cuarto de un All Star venido a menos como David Lee. Por muchos problemas y lesiones que haya tenido sigue siendo un jugadorazo y su proporción entre minutos en pista y producción para su equipo está siendo una de las claves en el resurgir Warrior en estas finales. Los 31 puntos anotados por el equipo del MVP de la temporada regular demostraban que Kerr acertó con el “small ball”.


Cleveland está reboteando mucho y bien en estas finales (destacando Tristan Thompson), encontrando un sostén para no descolgarse definitivamente de los partidos hasta los minutos finales. El cuarto partido no fue una excepción, con el añadido de encontrar a un Timofei Mozgov que aprovechó la ausencia de Bogut (sólo 3 minutos en pista) para campar a sus anchas y realizar el mejor partido de su carrera NBA (28 puntos y 10 rebotes) Del todo a la nada para el ruso, que pasó de su partidazo en el cuarto encuentro a disputar tan sólo nueve minutos en el quinto. ¿La razón? La respuesta de Blatt al “small ball” de Kerr, sacrificando a su hombre alto y dando más minutos al ciclotímico J.R.Smith y sus 14 triples intentados (acertó en 4) Le salió bien la jugada al ex del Maccabi, ya que los Cavaliers mantuvieron opciones de ganar el partido hasta prácticamente los últimos tres o cuatro minutos del mismo. Claro que también tuvo la culpa un LeBron James de nuevo en su versión extraterrestre. Otro triple-doble descomunal (40 puntos, 14 rebotes y 11 asistencias) para el jugador de baloncesto total, pero cuyas actuaciones históricas constatan que esto es un deporte de equipo. Es el mejor del mundo, pero a la hora de enfrentar las fuerzas de jugadores como Dellavedova (dieron las doce en su particular cuento de Cenicienta y la carroza volvió a ser calabaza), Shumpert o James Jones frente a los Curry, Igoudala o Klay Thompson, la desigualdad es tan manifiesta que sólo queda quitarse el sombrero ante el hecho de que estos Cavaliers hayan sido capaces de ganar dos partidos en estas finales. 



No olvidemos que el balance de 67-15 con el que Golden State Warriors finalizaba la temporada regular es la octava mejor marca de todos los tiempos, empatados con los Celtics de 1986, los Bulls de 1992, los Lakers del 2000, y los Mavericks de 2007. Aun así estos mermados pero corajudos Cavaliers están siendo capaces de plantarles cara, por suerte para el espectador imparcial, y obligando a Steve Kerr a tirar de repertorio. Repertorio que debería ampliar Blatt, pese a lo limitado de su armamento. Aunque suene políticamente incorrecto, es totalmente lícito en un momento dado utilizar jugadores residuales para permanecer cinco minutos en cancha y dar un par de hachazos al rival y buscar su desgaste. Hablábamos de Rick Carlisle y los Dallas campeones de 2011. Otro de los elementos claves (aparte de en general una mayor rotación y mejor uso del banquillo) para aquel triunfo frente a los Miami de Wade, LeBron y Bosh fue saber utilizar en un momento dado a ese “extraño elemento” llamado Brian Cardinal. “The Custodian” era un jugador limitado incluso para la liga ACB (apenas promedió cinco puntos y cuatro rebotes por partido en sus cuatro apariciones con la camiseta del Pamesa Valencia), o sea que imagínense en la mejor liga de baloncesto del mundo. Eso no fue óbice para que en las tres victorias consecutivas con las que Dallas remontó el 2-1 de aquellas finales jugase 7, 9 y 12 minutos respectivamente, dándole un poco de “calor” a LeBron James y anotando incluso algún triple. Se puede ganar un anillo con jugadores como Cardinal, igual que se puede con jugadores como Brendan Haywood, Kendrick Perkins, o un casi retirado Shawn Marion. Lo que no se puede es ganarlo con siete jugadores. Si las finales son una guerra, todo soldado es válido, y más cuando te enfrentas a un ejército que sabes que es superior en calidad.    


Brian Cardinal, en el amor y en la guerra... 

martes, 10 de febrero de 2015

LOS MEJORES DEL 2014: ENTRENADORES INTERNACIONALES



Nos ha llevado un tiempo, pero mes y medio después de acabado el 2014 concluimos el repaso a los grandes protagonistas del año pasado con la entrega dedicada a los banquillos internacionales. Ya saben que no actualizamos con el ritmo que nos gustaría, y que además los focos de interés siempre son numerosos. 


GREGG POPOVICH: Si a alguien le quedaba alguna duda sobre que el entrenador de San Antonio es el técnico en activo más legendario de la actual NBA, el 2014 debería haber disipado todas sus incertidumbres de golpe. Hablamos de un tipo que aún en sus peores años roza el notable (son ya18 temporadas consecutivas, leen bien, 18 temporadas, superando el 60% de victorias en su equipo en una competición en la que difícilmente se pueden dar dinastías tan largas como es la NBA), y que en los mejores, se adorna con otro anillo. Este ha sido el quinto, reinventando a unos Spurs eternos y desquitándose de las finales de la anterior campaña en las que lo tenían a su favor para haberse proclamado campeones en aquel mítico sexto partido en el que un triple de Ray Allen para llegar a la prórroga rescató a unos Miami Heat que se acabarían llevando el anillo. Las virtudes de Pops son conocidas, principalmente capacidad de evolución (de los Spurs campeones a base de defensa rozando la ilegalidad de los principios a la máquina ofensiva de ahora hay un mundo) y sacar petróleo de jugadores que en otros equipos no tendrían tanta incidencia (Boris Diaw como falsísimo pívot titular en las pasadas finales es un ejemplo), falta de prejuicios siendo el entrenador que más confía en jugadores no nacidos en Estados Unidos y sobre todo mantener una química de equipo envidiable. Popovich ha convertido a los Spurs en una concepción del baloncesto con personalidad propia. No es que jueguen a algo concreto, es que juegan como los Spurs.    
  

Pops, leyenda en San Antonio



DAVID BLATT: El técnico americano-israelí se aseguró un lugar en el Olimpo de mejores entrenadores europeos contemporáneos junto a los Messina y Obradovic de turno al conseguir su primera Euroliga. Aunque no fuera así ya había dado sobradas muestras de su talento al ser capaz de gestionar plantillas en principio inferiores a sus rivales a los que acababa pasando por encima, caso de la Rusia con la que se proclamó campeón de Europa ante la España de los Gasol, Navarro y cia en nuestro propio país en 2007, o del meritorio bronce europeo en Londres 2012. Ese fue el caso de su Maccabi Tel Aviv. Llegaba a la Final Four de Milán como cenicienta, después de eliminar con factor cancha en contra al propio Emporio Armani que soñaba con jugar la final a cuatro de la que era anfitrión, y primero remontaron una semifinal increíble ante el CSKA para dos días después frustrar de manera sorprendente el sueño europeo del Real Madrid de Pablo Laso. Como es habitual, además ganaron Liga y Copa del país hebreo. Por si fuera poco Blatt volvió a ser noticia en verano al conocerse su fichaje por el ambicioso proyecto de los Cleveland Cavaliers (aunque nos tomamos con reservas lo de “primer entrenador europeo en ser “head coach” NBA, ya que Blatt es nativo de Kentucky, tiene doble nacionalidad, y se formó en el baloncesto universitario estadounidense)    


Blatt, (aún más) consagrado



EX AEQUO SASHA DJORDEVIC/VINCENT COLLET: El primero ha sido un impacto súbito, el segundo significa el triunfo de la continuidad. Si la gran cita veraniega del pasado año fue el Mundial de España, el temperamental y genial ex –base serbio sin duda ha sido uno de los protagonistas del 2014. Llevó a su selección a lo más alto que se podía llegar (ganar a estos Estados Unidos parece una quimera), nos dejó partidos para el recuerdo, apalizando a Grecia y Brasil y esas semifinales brutales ante Francia, quizás el mejor partido del torneo, y tampoco fue esquivo a las polémicas, como la que protagonizó en el partido contra España, siendo expulsado y acusando a Orenga y a nuestros jugadores de falta de respeto.

Collet fue uno de los grandes triunfadores del 2013 con su oro europeo en Eslovenia, y creemos que merece repetir en esta sección tras su bronce mundialista en España. Sobre todo si tenemos en cuenta que acudía con un roster en el que no figuraba el mejor jugador galo de todos los tiempos, Tony Parker, ni uno de sus más ilustres escuderos como es Joakim Noah. Tampoco pudo contar por diferentes motivos ni con Ajinca, ni con Seraphin ni con Mahinmi, lo que parecía que mermaba considerablemente sus opciones de éxito, sobre todo debido a la flaqueza interior con la que se veía obligado a acudir. Pero Francia volvió a demostrar que se encuentra con la mejor generación de su historia, y Collet ha sido el cocinero que a fuego lento (recordemos todas las veces que se la pegaban contra España) ha dado con la receta del éxito. Su bronce, tras un espectacular partido contra Lituania, tiene mucho mérito.     



Djordjevic y Collet, carácteres distintos, pero ambos triunfadores.


Hemos dejado fuera de este particular podio a otro de los triunfadores del pasado verano, el gran Mike Kryzewski, actual campeón del mundo de selecciones, ya que entendemos que con la materia prima manejada el éxito parecía capaz de encarrilarse sin demasiada dificultad. Pero queremos citarlo aquí y reconocer su mérito a un técnico legendario y que ha sido capaz de enderezar el baloncesto USA a la hora de participar en competiciones FIBA, sabiendo conducir a tanta estrella y tanto ego a la hora de trabajar para un bien común. Precisamente a veces lo más difícil es hacer funcionar a tanto talento individual, como tantas veces hemos visto a lo largo de la historia del deporte. 


martes, 2 de septiembre de 2014

LEBRON Y LOS ERRORES DEL PASADO




LeBron se mete a directivo.


Vamos a ver como podemos explicar esto sin caer en la incoherencia, recurriendo a los malabarismos literarios de siempre. Y es que desde este blog defendemos que la etapa LeBron James en Miami ha sido, si no de sobresaliente, sin duda alguna al menos de notable alto. Cuatro temporadas saldadas con cuatro títulos de Conferencia Este y dos títulos de la NBA. El bagaje a nivel resultadista es magnífico. Sin embargo la sombra de la frustración ha dejado huella en la franquicia de Pat Riley y en el alma de The King, quien planeaba un proyecto que dominase la NBA durante prácticamente toda la segunda década del siglo XXI, y si algo no ha sido Miami es precisamente un proyecto. Dos equipos mucho más corales que el entrenado por Erik Spoelstra, como fueron los Mavericks de Carlisle y los Spurs de Popovich, dejaron ver las costuras del traje nuevo del emperador LeBron, mostrando unos Heat escasos de banquillo y cojeando en posiciones clave (base y pívot) Unos errores que impidieron que los años de The King en Florida fueran todavía más brillantes, errores, que en mi opinión, se trasladan a Cleveland, desmontando lo que podría ser un gran proyecto de futuro por la impaciencia de ganar el anillo a toda costa. 

Si la decisión de LeBron de volver a su Ohio natal estremeció los cimientos de la NBA, no se quedó atrás el megatraspaso que ha dado con los huesos del tres veces All Star Kevin Love en la franquicia Cavalier, tanto que hasta hubo rumores de veto por parte de la organización, como ya sucediera con el intento de los Lakers hace dos temporadas de contar con los servicios de Chris Paul para juntar al eléctrico base con Kobe Bryant y Dwight Howard. Finalmente el forward californiano recala en Cleveland, noticia que no ha pillado a nadie por sorpresa pues era sólo una cuestión de tiempo… exactamente el mes de plazo que se necesita para que un rookie que haya firmado contrato profesional (era el caso de Andrew Wiggings) pudiera ser traspasado. Love forma el nuevo “Big Three” de The King junto a Irving y el propio LeBron, un trío en principio más poderoso que el de Miami, puesto que Love y sobre todo Irving tienen aún más margen de progresión que el que pudieran poseer Bosh y por supuesto Wade. Queda por ver si, como hicieran Bosh y Wade, Love e Irving renuncian a jugarse tantos lanzamientos por partido como hacían anteriormente, sobre todo en el caso del ex –Wolves, jugador acostumbrado a recibir y tirar sin el menor miramiento. Por otro lado los Cavaliers renuncian a una ocasión histórica de haber juntado cuatro números uno del draft en un mismo equipo (LeBron, Irving, Bennett y Wiggings), tres de ellos en los últimos cuatro años. Lo que parecía un candidato claro al anillo pero a la vez un proyecto de futuro que garantizase el dominio Cavalier en el Este aún cuando LeBron iniciase la cuesta abajo de su carrera se transforma en una apuesta de presente… y nada más. Un futuro hipotecado y la presión de que sólo vale ganar el anillo. Veamos que es lo que pierde Cleveland tras la operación. 

Para empezar, mucho trabajo le espera a David Blatt, adaptando las piezas de una plantilla en la que sólo cinco jugadores permanecen respecto al roster de la pasada temporada (Irving, Waiters, Thompson, y dos mundialistas: Varejao y Dellavedova), por no hablar de la propia adaptación de Blatt en la primera aventura NBA del técnico estadounidense-israelí, quien veremos realmente cual es su peso en el equipo, en vista del enorme poder en todos los sentidos que está adquiriendo LeBron en la franquicia. Sale del equipo un Anthony Bennett que ha sido una de las mayores decepciones como número 1 del draft en mucho tiempo, pero cuyo potencial no debiera ser discutido. Sale un Andrew Wiggins señalado desde el primer día como legítimo heredero del trono de LeBron, y de quien veremos si no se arrepiente la franquicia de haber prescindido de sus servicios por acceder al capricho de LeBron de contar con Love. Se va un magnífico jugador para la rotación del juego interior como Spencer Hawes, al igual que Jarrett Jack lo era para el exterior. También han tenido que emigrar los jóvenes Karasev y Zeller, buscando liberar espacio salarial en el roster de Ohio. Bien es cierto que estos últimos movimientos ya se habían producido antes de la llegada de Love. Otros buenos jugadores de banquillo como C.J.Miles o Alonzo Gee también han hecho las maletas. Lógicamente tampoco sigue Luol Deng, agente libre fichado precisamente por Miami y cuyo salario no se podía permitir Cleveland ante la llegada de LeBron. Por otro lado un magnífico ala-pivot como Tristan Thompson verá cortada su progresión al pasar a ser suplente. Al menos Dion Waiters, joven escolta de magníficas maneras, no tiene competencia y será el dos indiscutible del equipo. 

La vuelta de James a Cleveland era un grandioso golpe de efecto para los Cavaliers, que se aseguraban presente sin necesidad de tocar lo que parecía un brillante futuro. El empeño, a toda costa, de LeBron, para tener a su lado a una figura del calibre de Kevin Love, quien ni siquiera era agente libre y costaría hipotecar parte de ese futuro a cambio de obtenerlo, no nos parece tan buen movimiento, al contrario, creemos que es un error que si bien convierte a los Cavs en el clarísimo favorito al título, le debilita de cara a las próximas temporadas, en espera de cómo se mueva el mercado NBA (el próximo verano serán agentes libres jugadores como Rajon Rondo, Marc Gasol, Brook Lopez, LaMarcus Aldridge, Tony Parker o Roy Hibbert… jugadores a los que muy difícilmente podrán aspirar en Cleveland, donde ya sólo con LeBron y Love tienen comprometidos 38 millones de dólares para la campaña 2015-16) En definitiva, podríamos hablar de un equipo que aspirase al anillo con un quinteto como el de Irving-Waiters-James-Thompson-Varejao, pero que mantuviese en el banquillo piezas como Jack, Miles, Wiggings, Hawes o Zeller que les asegurase una buena segunda unidad. En lugar de eso apuestan por un quinteto titular absolutamente letal (Irving-Waiters-James-Love-Varejao), pero un banquillo de muy escasas garantías a excepción de Tristan Thompson, o los ya veteranos Mike Miller y Brendan Haywood. Cleveland tenía una magnífica ocasión para combinar un brillante presente con un futuro ilusionante, pero han optado sólo por lo primero. 


En definitiva, errores del pasado que LeBron parece no haber aprendido. Un proyecto se basa en mucho más que tres jugadores. 

miércoles, 16 de julio de 2014

CABALLERO LEBRON





"Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.
 Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.
 Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta;
porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse." (Parábola del Hijo Pródigo, Lucas 15:11-32)




LeBron en casa



LeBron James vuelve a casa. Volverá a lucir la camiseta de los caballeros de Cleveland, el club cuyo logo luce un florete, arma blanca y refinada donde las haya con la que los nobles del siglo XVII se batían en duelo para tratar esos asuntos del honor que tanto preocupan a los de alta cuna. “The Decision 2.0” no ha conocido el revuelo mediático de hace cuatro años, cuando el 8 de Julio de 2010 James anunciaba su fichaje por Miami Heat en un show televisado que recaudó seis millones de dólares (que en gran parte fueron donados a obras de caridad, principalmente a The Boys and Girls Clubs of America, una asociación filantrópica que lucha por ayudar a los chavales de las calles estadounidenses a que no caigan en lo peor que pueden ofrecer algunas de esas calles y barrios: drogas, prostitución, o bandas callejeras) Parece que la legión de “haters” de LeBron anda un tanto apaciguada, cuando podrían estar sacando pecho tras la  tercera final perdida por The King (una con Cleveland, dos con Miami, una frente a Dallas, dos contra San Antonio) Aquel Julio de 2010 veía a España proclamarse campeona del mundo de fútbol, mientras que la noticia del retorno de LeBron a Ohio nos ha pillado en vísperas de la justa coronación de la Alemania de Joachim Low como herederos del fútbol preciso, precioso y preciosista que nos consagrara a nosotros hace cuatro años, como si el alero de Akron fuese seguidor de que “la vida es eso que pasa entre mundial y mundial” y midiese sus ciclos vitales alrededor del mayor acontecimiento deportivo del mundo después de unas olimpiadas. 

Cuatro años al calor de Miami, donde ha ganado dos anillos de campeón y cuatro títulos de la Conferencia Este. No es mal bagaje, aunque con The Chosen One todo parece poco, sobre todo teniendo en cuenta el arrojo con el que el alero prometió ganar “no uno ni dos ni tres ni cuatro ni cinco ni seis ni siete…” anillos en su presentación como Heat, anunciado una dictadura en la mejor liga del mundo junto a sus amigos Dwayne Wade y Crish Bosh. Contrasta todo aquello con sus declaraciones actuales una vez decidido a retornar al Cleveland en el que jugó su primera final por el título (en 2007 ante San Antonio Spurs): “No prometo anillos porque ahora sé lo duro que es lograrlo”. Un LeBron más maduro, más humilde, más humano. Como si quisiera despojarse de la regía condición de monarca de la canasta que le lleva acompañando desde prácticamente la adolescencia para rebajar su rango al de simplemente caballero, que para eso se enfunda de nuevo la zamarra Cavalier. La carrera de James es asombrosamente brillante, pero para quien estaba destinado a marcar la época más triunfal y dominante desde Jordan ha sido una dura pelea el luchar por todos los títulos posibles y haber ganado “sólo” dos. Cleveland puede ser un buen destino para seguir engordando su palmarés. A pesar de las exageradas muestras de desazón y el linchamiento al “traidor” LeBron (escenas que estos días ahora vemos en Florida) traducido en quema de camisetas, pancartas insultantes, y hasta en el ridículo de Dan Gilbert, presidente de los Cavs, profetizando que LeBron nunca ganaría un campeonato tras su salida de Cleveland y colgando en la web del equipo una infame carta en la que insultaba públicamente a James (carta que ha estado disponible en la página oficial del club hasta hace pocas fechas, en las que apresuradamente la han retirado, como si no hubiera pasado nada, como si nunca hubiera existido odio ni resentimiento hacia el hijo más ilustre de Akron, ciudad de la que también son originarios los vanguardistas nuevaoleros Devo, la cantante Chrissie Hynde, o el también estrella de la NBA Stephen Curry, y que se encuentra a apenas 40 minutos de Cleveland en coche), a pesar de todo el desafecto expresado por la comunidad Cavalier hacía el posiblemente mejor jugador que haya vestido su camiseta lo cierto es que desde un punto de vista frívolo el periplo de James en Florida no ha sido un mal negocio para ambas partes. El jugador ha ganado dos títulos de campeón NBA (y cuatro del Este, insistimos en esto porque aunque en Europa no recibe apenas importancia, en Estados Unidos ser campeón de Conferencia es un título oficial que tiene su correspondiente trofeo para poblar las vidrieras de los clubes y ser conmemorado en los banners que cuelgan de los techos de los pabellones), además de sus reconocimientos oficiales como MVP tanto de las finales como de temporada regular (años 2012 y 2013, y en el caso de MVP de la temporada añadidos a sus dos conseguidos en Cleveland en 2009 y 2010) La franquicia de Ohio, por otro lado, al verse sumida en el pozo de la clasificación ha podido obtener buenas posiciones para los últimos drafts (consiguiendo tres primeras elecciones en 4 años con una suerte que ni Carlos Fabra con la Lotería Nacional), adquiriendo así jugadores como Kyrie Irving y Tristan Thompson en 2011 (números 1 y 4 del draft respectivamente), Dion Waiters en 2012 (número 4), Anthony Bennett en 2013 (número 1 del draft de ese año), y el canadiense Andrew Wiggins este mismo año, también con el número 1. Si bien es cierto que lo de Bennett pudiera apuntar a gatillazo (dentro de un draft que no pasará a la historia), Cleveland ha ido forjando un grupo joven y talentoso que con la llegada de LeBron se convierte de inmediato en uno de los grandes favoritos para el título. Buen material humano para un David Blatt que a quien en su primera aventura NBA parece haberle tocado la lotería, ya que la sola presencia de Irving y LeBron le garantiza ganar un buen puñado de partidos, claro que por otro lado añade presión a un técnico que quizás no buscase recibir tantos focos ni manejar tantas expectativas como las que provoca el tener en su plantilla al mejor jugador del planeta y el baloncestista más diferencial del momento.   


42 millones de dólares por dos temporadas es el nuevo contrato de King James en Cleveland, club que recibe a uno de sus socios en los dos anillos conquistados en Miami: Mike Miller.  Una pieza más para un puzzle de David Blatt que apunta a ganador, con la veteranía de Miller y Varejao, el insultante talento de Irving, la progresión de Waiters, Thompson, o Dellavedova (quien puede ser para Blatt lo que Patrick Mills para Gregg Popovich), la confianza en un Bennett trabajando bien en la liga de verano, y por supuesto el retorno del rey pródigo, un rey que ahora sabe cual es el camino para llegar a la cima. Volver a ser un caballero y ser el primero en el campo de batalla.  

Pronósticos al margen, sigue siendo absolutamente fascinante la capacidad de la NBA para mudar su escenario de la noche a la mañana y convertirse en una liga absolutamente imprevisible. Nadie en su sano juicio hace tan sólo un mes se hubiera atrevido a pronosticar que íbamos a hablar de los Cavaliers como el gran favorito y el equipo a seguir. Y es que la NBA da espectáculo hasta en verano.  



¿Y ahora qué hacemos?

lunes, 19 de mayo de 2014

EL CALLO



So fucked up



El sueño madridista de levantar la novena copa de Europa tendrá que esperar, al menos, una temporada más. El histórico Maccabi Tel Aviv de David Blatt vuelve a reinar en el Viejo Continente, con un técnico que ya es campeón de Europa de selecciones y de clubes, y que demuestra una vez más que los favoritismos no sirven de nada en esta competición. 

Hace poco más de un mes, el pasado 16 de Abril, el flamante campeón de Europa visitaba un Mediolanum Forum de Milán que para siempre será ya una cancha talismán en la historia del conjunto hebreo. Abría su serie de cuartos de final contra un Emporio Armani que contaba a favor con el factor cancha, así mismo como con la presión añadida de ser anfitriones de cara a la final a cuatro. En un espectacular partido, prórroga incluida, los de Blatt ponían el 0-1 en la eliminatoria y rompían el factor cancha a las primeras de cambio. Tyrese Rice, nuevo héroe macabeo, contribuía con 17 puntos a la victoria visitante, pero era Ricky Hickman, espectacular con 26 puntos y 36 de valoración quien se llevaba los máximos honores. Los de Blatt sólo habían necesitado cinco rebotes ofensivos para conseguir tumbar al Milán. Ayer al Real Madrid les birlaron 19 rechaces en su propio aro.  

La maldición del anfitrión se consumaba una vez más (Madrid 2008, Barcelona 2011, Estambul 2012…) y el Maccabi se metía entre los cuatro aspirantes al título. Ya teníamos cenicienta, convidado de piedra, perita en dulce, como lo quieran llamar. El equipo que ya bastante había hecho con llegar ahí y viajaba a la cita definitiva sin presión, pero con el peso de una camiseta histórica y con una afición incansable detrás, imbuyendo a los jugadores de una fe en sus posibilidades a la postre decisiva para no sólo no ser echados en ningún momento de la pista por dos escuadras tan poderosas como los actuales CSKA Moscú y Real Madrid, si no para incluso acabar levantando contra pronóstico la copa de campeones. Otra vez contra pronóstico, como el Olympiacos durante las dos últimas temporadas.   

¿Se imaginan a Ettore Messina viendo como a una de los mejores plantillas que ha tenido en los últimos tiempos le remontan 15 puntos de ventaja en poco más de un cuarto? Sucedió en el partido que abría la final a cuatro. El CSKA llegaba a mandar por 55-40 a punto de finalizar el tercer acto y parecía tener encarrilado su pase a la finalísima. No contaban con la muñeca de un veterano como David Blu (anteriormente conocido como David Bluthental) quien en la que ya ha anunciado que va a ser su última temporada en activo como jugador profesional de baloncesto decidió vestirse de héroe para asestar cinco triples como puñaladas mortales en el corazón de un equipo moscovita incapaz de responder ante la furia amarilla. El milagro Blatt, ese entrenador que rompe los pronósticos constantemente y sigue engordando un palmares de leyenda sin realmente haber estado al frente de los mejores equipos ni presupuestos, se producía de nuevo, encarnado esta vez en la figura de un loco sin miedo llamado Tyrese Rice, quien inscribe su nombre para siempre en la historia de la mejor competición del baloncesto continental. El exterior virginiano se lanzaba hacia la canasta rusa aprovechando la perdida de Khryapa (y precisamente Khryapa, el jugador más simbólico del actual CSKA) para certificar otra remontada histórica que quedará en los anales de una competición acostumbrada en los últimos tiempos a descubrirse ante hazañas de este tipo y épicas remontadas. Se llama dar el callo, un callo que tienes que tener trabajado después de muchas comparecencias en estas citas entre los mejores. El Maccabi, que duda cabe, lo tiene.     


El fin de semana de Rice. Primero cargándose al CSKA.


Saltaba la sorpresa y el duelo fraticida entre los dos representantes españoles cobraba mayor calidad de final anticipada que nunca. El Barcelona salía dispuesto a darnos la razón a quienes habíamos asegurado que llegaban en un mejor momento de forma que los blancos. Un espejismo. El Real Madrid de Pablo Laso dejaba un partido para la historia. Uno de esos encuentros que habrá que enseñar a las generaciones posteriores para demostrarles a que jugaba este equipo. Es cruel pensar que un partido así no haya servido para nada. Nos negamos a pensar así. El equipo blanco dio una exhibición de buen baloncesto, juego colectivo y sacrificio colectivo, en el que aún así había que centrarse en algunos nombres propios, especialmente Sergio Rodríguez, demostrando porque era el MVP de la temporada en Euroliga, y Nikola Mirotic, reivindicándose en el mejor escenario posible. Como digo, partido para las hemerotecas y que con el tiempo será recordado como merece, pese a suponer la antesala de otra decepción madridista, y no de la reconquista europea. El Real Madrid había arrasado a todo un Barcelona, a un equipo que había visitado cinco de las últimas seis finales a cuatro (sólo se había notado su ausencia precisamente en la edición disputada en la Ciudad Condal en 2011), al equipo de Navarro, el devorador de títulos, de Lorbek, de Huertas, de Tomic, de Nachbar, o de Papanikolau, hombre clave en los dos últimos entorchados del equipo griego de Olympiacos. Y aún así la estadística dejaba un dato preocupante para los blancos, más allá del número, plasmado en una sensación que ya hemos comentado alguna vez en este blog cuando hemos analizado las (escasas) fisuras que puede presentar un equipo tan exuberante como este Real Madrid de Pablo Laso: la dificultad del equipo madridista para cerrar su propio rebote. Una debilidad a la postre definitiva en el partido final. 

Ettore Messina y Xavi Pascual. Uno en su décima Final Four, otro en su quinta participación en este evento. El italiano, con cuatro títulos a sus espaldas, el español, triunfador en 2010 dejando en la cuneta precisamente al CSKA Moscú en semifinales. Dos entrenadores con gen ganador. No se merecían el castigo de ese partido por el tercer puesto que la Euroliga debería pensar seriamente en suprimir. Aún así, había que pasar el trago, con un Barcelona quitándose la espina y Navarro (20 puntos en 17 minutos) recuperando sensaciones. Triste adiós de Messina en su CSKA (y quien sabe si en el baloncesto europeo) cerrando su participación como el peor equipo de los cuatro contendientes.     


El horror, el horror.


“Ganamos seguro”, decía Miguel Ángel Paniagua en Tiempo de Juego de la cadena COPE minutos antes de comenzar la gran final, con el consiguiente tembleque sufrido por vuestro amigo El Tirador, temeroso siempre de vender ninguna piel del oso antes de cazarlo y supersticioso hasta la médula (ni que decir tiene del horror producido ante la visión de Ana Botella e Ignacio González arropando a Florentino Pérez en el graderío italiano, tras su desastre olímpico, empeñados en alimentar el gafe) Y lo cierto es que el Madrid era muy favorito para ganar este partido. Tan favorito que la presión sobre las espaldas de los jugadores se podía pesar con una balanza. Laso y los suyos, no obstante, parecían cautos. El equipo de David Blatt había demostrado de lo que era capaz remontando heroicamente ante el CSKA y el Madrid sabía que para ganar había que dar el callo, que no iban a echarlos de la pista como si hicieron con un Barcelona desangelado. Rudy, generoso en el esfuerzo con un dedo roto, mostraba el camino hacia la gloria con cinco puntos consecutivos. Soltando los nervios. Los tres primeros lanzamientos del equipo blanco (excepto dos tiros libres de Rudy) venían desde más allá del 6.75 (sólo anotando Rudy, en la primera jugada del partido). La tendencia estaba clara. Los de Laso habían obtenido un descomunal 14 de 29 en triples frente al Barcelona dos jornadas antes. Nadie criticó aquel día el exceso de juego exterior del equipo de Laso, pero ahora se hace hincapié en la dependencia de ese tipo de lanzamiento por los blancos. Lo cierto es que el Maccabi comenzaba mejor el partido, repuestos del impacto inicial de Rudy, estiraban el marcador hasta un 7-13 que hacía ver a los blancos que aquello no iba a ser fácil (ya saben, el callo) Rudy seguía echándose el equipo a la espalda a pesar de su lesión y Felipe Reyes comenzaba su pequeño recital de lucha, coraje, puntos, rebotes, y callo, mucho callo. En un mal primer cuarto el Madrid se reponía gracias a un par de minutos de velocidad y de entrega por parte de su capitán.16-15.     


Horas antes del duelo.


Rudy volaba sobre el Maccabi para machacar el aro tras fallo de Felipe, así se abría un segundo cuarto en el que el Real Madrid jugaría sus mejores minutos y mostraría méritos para lucir un traje de campeón de Europa que le sigue esperando en los armarios de la historia del baloncesto. Slaughter, hundiendo el balón tras un alley-oop con el omnipresente Rudy, ponía la máxima diferencia en el marcador: 26-15. El Madrid, tímidamente, parecía que de nuevo iba a poner velocidad de crucero sobre el Mediolanum Forum, dirigido por el MVP Sergío Rodríguez y con dos jugadores que llevaban tiempo esperando esta cita como Rudy y Felipe. El gran capitán volvía a estirar la diferencia a 11 (33-22, minuto 17) El Maccabi sobrevivía gracias a los tiros libres y aparecía David Blu, otra vez él. Un impresionante triple sobre la bocina ajustaba el marcador a sólo dos puntos de diferencia, cerrando un parcial de 2-11 que metía a los de Blatt, exultante en la banda tras el triplazo de su jugador, en el partido. El técnico judío sabía del mazazo anímico que suponía aquello para los de Laso. El Madrid había sido muy superior en el segundo cuarto y sólo se llevaba dos puntos de renta a su paso por los vestuarios. 

El comienzo del tercer acto mostraba al Madrid mandando tímidamente, y a un Maccabi que comenzaba a tirar de sus mejores armas. Agotado el coloso Schortsanitis, los exteriores Hickman y Smith se hacían cargo de las operaciones. Fueron los teloneros de un Tyrese Rice que al poco comenzaría su espectáculo. Los macabeos sabían de la indolencia defensiva madridista cerrando su aro, y comenzaron un recital de penetraciones que, en caso de no obtener éxito, acababan en palmeos o rebotes ofensivos para un Alex Tuys engrandecido ante el agujero interior blanco. El partido estaba en el alambre. El Madrid no estaba cómodo, pero le bastaba para no perderle la cara a la final. El Maccabi no se descomponía. Era el momento de demostrar que se tenía callo en este tipo de partidos. 

El tercer cuarto finalizaba con un parcial de 20-20 que era fiel reflejo de la igualdad existente. La tensión a esas alturas era, sencillamente insoportable. Rice comenzaba a transmutarse en pesadilla blanca, con canastas como un triple que entra tras quedarse corto y botar en la parte frontal del aro. Era su día. No obstante parecía que los de Laso podían encarrilar el partido y vestirse de campeones. Sin lugar para las alegrías, y con el mono de trabajo puesto en ambos equipos (el callo, amigos, el callo), los triples de Mirotic y Sergio Rodríguez y una canasta de Darden abrían una pequeña brecha, un leve resquicio por el que se veía el sol, con 67-63 a falta de sólo tres minutos para el final. Era posible. Maccabi seguía recurriendo a lo mismo, penetraciones de Hickman y Rice. El base titular de Blatt recibía el tapón de un Mirotic por fin metido en el partido, pero recuperaba la bola (una constante durante todo el partido, los balones sueltos y sin dueño que acababan en manos hebreas) y no fallaba a la segunda oportunidad. Si lo hacía el ala-pívot montenegrino en el ataque siguiente, y Rice, quien si no, empataba el partido a 67. Un exhausto Rudy se unía a la serie de errores madridistas fallando su lanzamiento. Rice seguía lanzado hacia el aro rival, y aunque fallaba su ocasión ahí estaba Tyus en el rebote ofensivo para poner el 67-69. Zozobra blanca. Mirotic volvía a empatar el partido a 69. Blu ponía de nuevo por delante a los amarillos. Mirotic se la volvía a jugar. Fallaba. Rice no. 69-73 en el último minuto. El sueño se desvanecía. Pero el Chacho buscaba el milagro. Dos tiros libres suyos tras falta de Rice metían a los de Laso en el choque. El entrenador vitoriano se la jugaba en defensa (Darden y Slaughter por Chacho y Mirotic), y le salía bien, con Hickman errando y Rudy haciéndose con el rebote. El propio Rudy fallaría el ataque siguiente pero el rebote ofensivo, esa losa aplastante que acabaría sepultando al Madrid en esta ocasión le daba la vida, con Bourousis como héroe, sacando una falta personal a falta de 21 segundos. El griego hizo gala de nervios de acero para poner el 73-73 en el luminoso, y a sufrir en defensa. Que larga se hizo la posesión israelí, finalizada con un lanzamiento de Rice y Tyus, de nuevo, rozando el palmeo. El crono llegaba a cero y el Madrid seguía vivo. El baloncesto le daba una segunda oportunidad. Se jugaba la Euroliga en cinco minutos. 

Dicen que en una prórroga parte con ventaja el equipo que venía de atrás, espoleado anímicamente por llevar un partido que tenía perdido al tiempo extra. Quien formuló esta teoría no debía conocer a Tyrese Rice. Su enésimo triple volvía a poner por delante al Maccabi después de que Mirotic abriese el marcador en el tiempo extra. Bourosis volvía a responder desde el tiro libre, convertido ya en tabla de salvación madridista. Rice contestaba eliminando a Slaughter del partido, y castigando una perdida de Mirotic con otro triple. El propio jugador montenegrino volvía a anotar desde la línea de personal para dejar la desventaja en dos puntos. Turno para el Maccabi, lo cual era lo mismo que decir turno para Rice, quien viéndose defendido ante otra amenaza de penetración encontró un alley-oop para Tuys que volvía a poner cuatro arriba al Maccabi. La exhibición del base-escolta ampliaba sus registros, ya no sólo anotando si no asistiendo a los compañeros de manera letal. 79-83 y dos minutos por disputarse, con un Real Madrid cada vez con menos margen de error. Rudy se la jugó de tres, alguien tenía que hacerlo, y a partir de ahí la final se acabó para el equipo blanco. El Maccabi seguiría anotando en un carrusel de tiros libres dejando la diferencia final en unos doce puntos que suponían un castigo excesivo para un Real Madrid que sólo se descompuso en los dos últimos minutos. Maccabi, justo campeón. Desde aquel 16 de Abril en el que ponía el 0-1 en la serie de cuartos de final frente al Emporio Armani Milán en esa misma cancha lo suyo ha sido el triunfo de la fe… y del callo. 



Rice contra el mundo. Perdió el mundo.


Resulta difícil explicar porque al Real Madrid se le escapa por segundo año consecutivo un éxito para el que parecía destinado por calidad de plantilla y trabajo realizado durante toda la temporada. El pasado año hacíamos hincapié en la falta de experiencia blanca en este tipo de competiciones. El Madrid ha estado lejos de ser un habitual en las finales de cuatro, y esa falta de callo, que no sufre el Maccabi, una vez más ha sido decisiva. La imagen del equipo de Laso ha sido mucho más madura en esta final que en la de Londres. Pese a no encontrar su juego habitual, el Real Madrid ha estado prácticamente dentro del partido en todo momento, y pese al mal partido de algunos de sus mejores jugadores (especialmente Sergio Llull) ha demostrado que podía vencer al Maccabi sin tener que recurrir a su mejor versión. Si hubiera que buscar alguna clave, un detalle sustancial que haya apartado al conjunto madridista de su más preciado sueño, creo que ningún otro ha pesado tanto como el de no saber cerrar su rebote. Y eso si que es cuestión de callo. 


El proyecto de Pablo Laso, generoso con el espectáculo, necesitaba este triunfo para rubricar una apuesta que será despellejada sin piedad por los resultadistas. Una autentica lástima. El Real Madrid se consolida como uno de los grandes de Europa, pero vuelve a tropezar a la hora de subir el peldaño definitivo. No es poca cosa haber dominado el baloncesto nacional con la autoridad y el baloncesto desplegado por los blancos, pero falta ese puñetazo definitivo que mande de una vez a la lona a todo el baloncesto grisáceo y plomizo de los dictadores de la pizarra, esos que nos robaron la diversión argumentando que para ganar títulos sólo valía asfixiar la alegría del juego. Mientras el Madrid no aseste ese puñetazo la apuesta de Laso seguirá siendo una cuestión de fe para unos cuantos locos y enamorados de esto. Permítannos decir que nosotros estamos entre ellos. Seguimos creyendo en este equipo, en esta apuesta, y en este entrenador. El hombre que nos ha devuelto la ilusión y al que, a este paso, también le saldrá callo.     


Levántate y anda. Creemos en ti. 

viernes, 16 de mayo de 2014

MILAN CORONARÁ AL NUEVO REY DE EUROPA


La hora de la verdad para los cuatro finalistas.


Y en efecto, será nuevo, ya que el Olympiacos, campeón continental durante los dos últimos años de manera consecutiva, quedó apeado en cuartos de final tras una durísima eliminatoria contra el Real Madrid. No obstante y sea cual sea el resultado ninguno de los cuatro contendientes se estrenará como rey europeo, ya que todos ellos saben lo que es acceder al máximo cetro del continente. El Real Madrid en ocho ocasiones, el CSKA Moscu en seis, el Maccabi Tel Aviv en cinco (una de ellas en el 2001, cuando hubo dos campeones de Europa ya que hubo dos competiciones, Suproliga y Euroliga) y el Barcelona en dos, han levantado la copa más deseada. El equipo blanco es quien más tiempo lleva sin hacerlo (desde 1995), mientras que el Barcelona es el más reciente (2010) Estos son los dos partidos de los que saldrán los finalistas absolutos del domingo:


CSKA MOSCU-MACCABI TEL AVIV: Favoritismo claro para los de Messina frente al histórico equipo hebreo que ha sido el único capaz de romper el factor cancha en cuartos de final acabando con las aspiraciones de quien sería anfitrión Emporio Milán. Luego la ciudad italiana parece dársele bien al conjunto de David Blatt, un magnífico técnico al que le falta rubricar su palmares con un título de campeón de Europa de clubes (ya lo ha sido de selecciones, con Rusia en 2007) No sólo vemos favorito al equipo ruso para este partido, si no que nos parece el máximo candidato a campeón, ya que llega más fresco que sus rivales (la escasa exigencia de sus torneos domésticos se lo permite) y contará con mayor descanso de cara al domingo en caso de derrotar a los macabeos. Messina quiere despedirse del equipo con el que mayores logros ha conseguido en su carrera con otro título continental, después de anunciar que dejará el equipo rojo al final de temporada.


CSKA, A FAVOR:

-La experiencia de Messina, cuatro veces campeón y que disputa nada menos que su décima final four. Su hábitat natural.

-La plantilla más completa de Europa, con todos los puestos bien cubiertos y especialistas de distinto perfil.

-La escasa exigencia en número de partidos y calidad de rivales en competición doméstica les hace llegar en buen estado físico.


EN CONTRA:

-La presión de ser favoritos.

-Precisamente la poca exigencia en sus torneos caseros, pese a hacerlos llegar más frescos, les hace llegar menos experimentados ante las dificultades.


ATENCIÓN A:  

-Las defensas que ordene Messina (¿zona 3-2 match up?)

-Nenad Krstic, líder del equipo sin llegar a 20 minutos por partido. En Milán deberá subir minutos y prestaciones en pista.

-Victor Khryapa, el alma del equipo y el todoterreno de Messina.

-Sonny Weems, el único jugador con libertad para saltarse la pizarra de su técnico si su equipo necesita un golpe de efecto.

-Milos Teodosic, un genio con fama de perder finales. Sale de una lesión y muchas miradas estarán sobre él. 


MACCABI, A FAVOR:

-David Blatt. Siempre se "inventa" algo para sacar el máximo rendimiento a plantillas en apariencia inferiores.

-La falta de presión. Nadie cuenta con ellos y llegan como la cenicienta de la final a cuatro.

-Como el CSKA, su liga doméstica es un paseo.


EN CONTRA:

-Hombre por hombre, muy inferiores al CSKA.

-Al igual que le sucede al CSKA, la falta de exigencia en casa les hace estar menos preparados para las adversidades.


ATENCIÓN A:

-Ricky Hickman, motor del equipo en dirección y anotación.

-Schortsanitis y su pick and roll.

-El juego exterior, con grandes tiradores como Ingles, Smith, Rice y los viejos rockeros Blu y Pnini.  


El Chacho ha puesto la magia en esta Euroliga.




BARCELONA-REAL MADRID: El clásico de nuestro baloncesto, por segundo año consecutivo en una final a cuatro europea. Dinámicas contrapuestas. El Real Madrid ha hecho una temporada espectacular en juego y resultados, pero han evidenciado un bajón de forma en las últimas fechas. Por contra, el Barcelona ha ido de menos a más. Los de Pascual, en nuestra opinión, llegan mejor que los de Laso y los vemos favoritos para este choque. Sergio Rodriguez jugará como flamante MVP de la presente edición de la Euroliga.  


BARCELONA, A FAVOR:

-Muchísima experiencia. Quinta final four en los últimos seis años.

-Llegan en el mejor momento de la temporada. 


EN CONTRA: 

-Sinceramente no encontramos ningún hándicap para el Barcelona de cara a esta cita, más allá de la dificultad del rival, obviamente.      


ATENCIÓN A: 

-Juán Carlos Navarro. El jugador con más tablas de todo el torneo, nacido para este tipo de retos. Llega entre algodones.

-Ante Tomic. Elegido como el mejor pívot del torneo, afronta su tercera final four, segunda ante su ex –equipo. Momento de demostrar que no es sólo jugador de números, si no de títulos (y ante un equipo madridista que flojea en la defensa interior) 

-Kostas Papanikolau. Llega en un gran momento de forma a una competición que pese a su juventud conoce a la perfección. Puede ganar su tercera euroliga consecutiva.


REAL MADRID, A FAVOR:

-Tres años con Laso, sabiendo a lo que juegan, manteniendo el mismo bloque, y cada año subiendo un peldaño más en el juego.

-Hambre de gloria. Ningún jugador blanco ha ganado este título. Su técnico tampoco. 


EN CONTRA: 

-Pese a no llegar en su mejor momento y más allá de análisis como los de este blog, mediáticamente se le da como favorito para ganar el torneo. Presión añadida (e innecesaria)

-Falta de experiencia respecto a sus rivales.

-Físicamente llegan bastante justos.

-Draper sigue de baja. Un elemento menos en la rotación para Laso.

-Endeblez defensiva interior. 



ATENCIÓN A: 

-Sergio Rodríguez, MVP del torneo, Rudy Fernández, elegido en el quinteto ideal, y Sergio Llull. Posiblemente la mejor tripleta exterior del continente.  

-Pablo Laso y sus “inventos” defensivos (aleros altos sobre bases, Slaughter presionando a medio campo…), le suelen funcionar.


-Nikola Mirotic y los rumores sobre su marcha a la NBA. ¿Su última Euroliga? No llega en su mejor momento.    







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martes, 22 de abril de 2014

EL BARCELONA YA PIENSA EN MILÁN


Brad Oleson está siendo un recambio de garantías para Navarro.

“Vamos juntos hasta Italia”, cantaban los Hombres G hace un porrón de años, y juntos hasta Italia deseamos ver viajando a nuestros dos equipos españoles en cuartos de final de Euroliga, Real Madrid y Barcelona. 

Transcurridas las tres primeras jornadas de los cruces de cuartos sólo el equipo de Xavi Pascual tiene billete para la final a cuatro en tierras transalpinas. Es su quinta participación en una Final Four en las últimas seis temporadas, todas ellas bajo el mandato del técnico catalán. Algo tendrá Pascual como entrenador, por muchos palos que, temporada tras temporada, le caigan. Los azulgrana se deshicieron por la vía rápida de un Galatasaray que en Barcelona sólo pudo ofrecer resistencia durante medio partido, hasta que perdieron por lesión a su gran estrella Carlos Arroyo, quien reaparecía en el tercer partido disputado en Estambul, donde por cierto el Barcelona no contó con un Juan Carlos Navarro quien vuelve a llegar al final de temporada entre algodones debido a sus problemas físicos. Desgraciadamente La Bomba paga cada vez más sus continuados esfuerzos durante una larga y precoz carrera, y debemos acostumbrarnos a que su genialidad sea cada vez más dosificada. Lo importante para el Barcelona es que ya puede descansar pensando en la F4, tras vencer en un igualado final en el que el propio Carlos Arroyo se precipitó en sus últimos ataques, con poca cabeza y muy individualista. Enhorabuena a los culés. Su pase a las finales de Milán es la recompensa a una extraordinaria trayectoria europea durante todo el curso.  

El Real Madrid no pudo rematar la faena ayer en Atenas. El Olympiacos, como se preveía, está siendo un rival muy duro. Su superioridad bajo aros está siendo el mejor arma griega, especialmente en el tercer partido donde los pívots madridistas, a excepción de Felipe Reyes, estuvieron completamente desaparecidos dejando campar a sus anchas a un Bryan Dunston al que la débil defensa interior madridista convirtió en Dwight Howard. Los griegos han ganado el rebote en los dos últimos partidos, y en el global de la eliminatoria han capturado 95 rechaces por 89 de los blancos. Necesario que el equipo de Laso ponga atención a este capítulo si no quiere ver como se le esfuma un pase a la Final Four que parecía encarrilado tras el 2-0 con el que viajaban a Grecia. Ojo al 7 de 11 en triples que lleva Brent Petway, otro héroe inesperado para los griegos.

El otro equipo ateniense, el Panathinaikos, también se resiste a caer frente a uno de los grandes favoritos como el CSKA de Ettore Messina. La eliminatoria va 2-1 a favor de los rusos que ganaron sus dos partidos en Moscú, pero sufrieron lo indecible en el primero, cuando Diamantidis dispuso de una canasta ganadora errada que hubiera sentenciado el partido para los griegos. No fue así y el choque se dilucidó en una prórroga en la que de nuevo Diamantidis intentó un último triple para volver a empatar el partido. La competitividad griega, de nuevo fuera de toda duda. En las últimas cinco temporadas, al menos uno de los dos equipos de la capital helena han estado en la Final Four, veremos si sigue la racha. 

Se las prometía muy felices el Emporio Milán con su segunda plaza de grupo que le hacía evitar a CSKA y Real Madrid y verse abocado a una semifinal asequible frente al Maccabi Tel Aviv y con el factor cancha a su favor. Pero la realidad es que los anfitriones de la Final Four están ahora mismo al borde de la eliminación y obligados a ganar dos partidos seguidos al equipo hebreo de David Blatt, quien le está ganando la partida claramente a Luca Banchi. El conjunto macabeo es otro clásico de las finales a cuatro y siempre acaban dando guerra. 

Por cierto, y en otro orden de cosas, que grandísimo fiasco el Fenerbahce de Zeljko Obradovic. No queremos colgarnos medallas pero recuerden que cuando a comienzos de Euroliga muchos decían que era el gran favorito para ganar esta edición debido a la cantidad de figuras que habían juntado y al prestigio de Zeljko en el banquillo, en este blog poníamos tal afirmación en cuarentena, ya que estamos acostumbrados a ver continuos descalabros del baloncesto turco, pese a los desorbitados presupuestos que manejan, siendo actualmente el basket más rico del continente, aunque en realidad es tan pobre que lo único que tiene es dinero.   


Dunston, la nueva sensación del campeón de Europa.


Por último, reseñamos a los que están siendo los mejores jugadores de estas series:    

Ricky Hickman (Maccabi) 16.7 puntos, 3.3 rebotes y 4.3 asistencias. 23.7 valoración.

Sonny Weems (CSKA) 19.3 puntos, 3.7 rebotes y 2.7 asistencias. 17 valoración.

Rudy Fernández (Real Madrid) 17.7 puntos, 5.3 rebotes, 3 asistencias y 2 robos. 22.7 valoración.

Victor Khryapa (CSKA) 7.3 puntos y 9 rebotes. 18.7 valoración.


Bryant Dunston (Olympiacos) 13 puntos, 7 rebotes, 2.29 asistencias y 1.3 robos. 19 valoración.