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sábado, 7 de agosto de 2021

JJOO TOKYO 2020 (I) USA Y FRANCIA TRIUNFADORES




Toca hacer repaso de la competición masculina de baloncesto en los Juegos Olímpicos de Tokyo. Como no habíamos escrito ni una línea al respecto y hay mucho que tratar, intentaremos hacerlo en distintas entradas, en formato de pequeño serial, que no es cosa de aburrir al lector ni quemarnos escribiendo varias horas seguidas. No vamos a detenernos demasiado en sentimentalismos por otro lado siempre necesarios en este y cualquier deporte sobre fines de ciclo y despedidas de competiciones de selecciones internacionales a personajes como Luis Scola, Marc Gasol y por encima de todo Pau Gasol, el hombre que cambió para siempre nuestro baloncesto y quien si bien no ha podido despedirse como le hubiera gustado, luchando por las medallas, al menos ha conseguido el objetivo de llegar hasta unos Juegos Olímpicos disputados un año más tarde de lo previsto (de haber sido el año pasado quizás Pau no hubiera podido llegar pese a ser un año más joven) tras dos temporadas en las que parecía casi un jugador retirado. Y no vamos a detenernos en estos temas porque jugadores como Scola o Pau Gasol merecen espacio aparte y en la medida de lo posible lo tendrán. Comenzaremos desde el final hasta el principio, empezando por el oro estadounidense hilando hasta la fase de grupos. Oro conseguido en la gran final ante una Francia que les derrotara precisamente en la primera jornada de esa primera fase. En condiciones normales hablaríamos de cerrar un círculo, ley del eterno retorno, pero ha sido todo tan extraordinario en estos juegos que el último partido del torneo no ha sido para dirimir el campeón, si no para otorgar el bronce a la selección de Australia. Curioso, pero teniendo en cuenta que Tokyo 2020 se ha disputado en 2021 casi que es lo de menos.


USA cumple con los pronósticos.

Aquella derrota inaugural del roster de Popovich sirvió para activar las alarmas y demostrar la vulnerabilidad de unos Estados Unidos que ya venían señalados por sus derrotas ante Nigeria y Australia en los preparatorios para los Juegos, además de llegar con la espina clavada de su eliminación en cuartos de final en el Mundial 2019 precisamente ante Francia, convirtiéndose así el equipo de Collet en la única selección capaz de vencer dos veces seguidas a Estados Unidos en competición internacional desde que acuden con jugadores profesionales de la NBA. No es poco honor y deja a las claras el momento actual del baloncesto galo posterior a Tony Parker (y Diaw), pero en eso ya nos detendremos posteriormente. Lo cierto es que esa primeriza derrota pareció despertar al equipo de Popovich, invicto desde entonces y que si bien no ha arrasado a sus rivales como hicieran anteriores escuadras USA (anteriores escuadras evidentemente con mayor calidad que la actual) ha ganado el oro con indiscutible solvencia, sobreponiéndose a erráticos comienzos de partido (o quizás más bien a espléndidos comienzos de los rivales) y siendo muy superiores a partir del segundo cuarto. No fue el caso de Irán en la segunda jornada (masacrados ya con un 28-12 en el primer parcial), pero si el de una luchadora República Checa que llegó casi a doblar a los de Popovich en el primer cuarto (12-21 a los 7 minutos de partido) para acabar perdiendo de 35 puntos. Sumados a los 54 de diferencia frente a Irán quedaba claro que Estados Unidos caía como mejor segunda en el primer bombo, sin posibilidad de enfrentarse a los mejores terceros (Alemania y Argentina) y con Italia o España en perspectiva. Tocaron los de Scariolo, incapaces de resolver el test de Eslovenia en un partido que parecía encarrillado (un triple de Rudy Fernández nos ponía 12 arriba a los 3 minutos del tercer cuarto) pero condenados por la incapacidad de cerrar el rebote (hasta 15 rechaces ofensivos capturaron los eslovenos, quienes se fueron a un total de 51 rebotes) llegando a un final igualado en el que primero Abalde, fallando un lanzamiento triple central con 1 abajo a 19 segundos del final y posteriormente Ricky errando otro lateral que hubiera empatado el partido a 10 segundos del cierre, no encontraron aro ante una Eslovenia cómoda en el agujero defensivo de la zona española (tremendo el último cuarto de Mike Tobey con 10 puntos y 6 rebotes, dos de sus canastas tras capturar rebotes ofensivos) Doncic, bien desactivado por la defensa española, especialmente en el trabajo individual de Claver (“sólo” 12 puntos con 2 de 7 en tiros de campo… y 6 de 11 en libres, pero con 14 rebotes y 9 asistencias) aumentaba su leyenda con 16 partidos vistiendo la elástica absoluta eslovena sin conocer la derrota (los 9 del Eurobasket 2017 cuando acabaron campeones invictos, los 4 del pre-olímpico de Kaunas, donde fueron un rodillo, y los tres de la primera fase de Tokyo) España recibía el castigo de enfrentarse a unos Estados Unidos a los que no esperaban ni deseaban en una ronda tan temprana como cuartos de final. Después de haber caído ante los padres del baloncesto en las impresionantes finales de 2008 y 2012 (sin duda dos de los mejores partidos de la historia de nuestro baloncesto… y diría que de todo el baloncesto internacional de selecciones), y de haberles plantado más cara todavía en las semifinales de 2016, la mejor generación del baloncesto español tenía otra oportunidad para rellenar el expediente con una de sus pocas faltas, la de vencer a unos Estados Unidos con los que nunca se llegaron a enfrentar en los oros mundiales de 2006 y 20019. Pero los de Popovich volvieron a cumplir con el guión. Perdieron el primer cuarto (21-19), se mantuvieron en el segundo (empate a 43 para encarrilar los vestuarios al descanso) y afrontaron el partido en un tercer cuarto en el que España estuvo casi seis minutos sin encestar en juego, hasta que Ricky Rubio anotó un triple para poner un 52-65 ya complicado para España. El mismo Ricky que había mantenido a duras penas a nuestra selección con seis tiros libres anotados minutos antes, y el mismo Ricky que nos mantuvo hasta el final. 38 puntos, record de anotación individual en un partido olímpico con la camiseta española, pero que resultaron estériles ante unos Estados Unidos que tuvieron que recurrir de nuevo al mejor Durant (29 puntos con 10 de 17 en tiros de campo) para meterse en las lucha por las medallas y despedir a los hermanos Gasol del combinado nacional. Popovich se deshizo posteriormente en rueda de prensa en elogios a un valiente Scariolo (recordemos como con 37 segundos por disputarse en el segundo cuarto ordena un ataque rápido en vez de agotar posesión para que podamos disputar de dos lanzamientos, por mucho que ambos fueran fallados por Llull y Ricky respectivamente) Estados Unidos fue superior, como lo fue ante todos los combinados comparecientes, en todo caso España debe lamentarse del mal final ante Eslovenia y la derrota estadounidense ante Francia que propició esa segunda plaza yanqui desembocando en ese 50% de posibilidades de enfrentarnos a los grandes favoritos al oro. Australia esperaba en semifinales después de aplastar a una Argentina que también lleva años destilando olor a despedida y aroma de fin de ciclo, pero consumado ya con el adiós del grandísimo Scola. Después de sobrevivir a los Ginobili, Nocioni y compañía, el bueno de Luisfa dejaba la albiceleste a los mismos 41 años de Pau Gasol. El mismo día tocaba despedir a dos gigantes de la canasta. El equipo del “Oveja” Hernández no fue rival para los oceánicos, cayendo de 38 puntos ante los de Oceanía. No ha sido un buen torneo para los gauchos, muy inferiores ante Eslovenia y España en las dos primeras jornadas de competición. Precisamente en los minutos finales de la derrota ante los de Scariolo un calculador Hernández recordaba en tiempo muerto a sus jugadores que podrían clasificarse como terceros, como así fue después de los 20 puntos de renta obtenidos ante un anfitrión Japón que más allá de los destellos de los NBA Watanabe y Hachimura poco más han ofrecido. El aficionado europeo lleva años viendo a los australianos quedarse a las puertas de medallas en mundiales o Juegos Olímpicos. Acostumbrados a arrasar en el FIBA Oceania, donde sólo Nueva Zelanda les discute el dominio de vez en cuando (de hecho ya las últimas ediciones el campeón continental lo dirimen ambos países en una eliminatoria al mejor de tres partidos), hemos visto como subirse al podio suponía un particular Rubicón para los “boomers”, en dos ocasiones consecutivas con protagonismo español (les quitamos el bronce en Río 2016 y la sufrida victoria en la prórroga del mundial 2019 que les condena a luchar por un tercer puesto que se acaba llevando Francia) Ya hablaremos en la próxima entrega de su meritorio bronce en el retorno de Brian Goorijan al banquillo “aussie”, pero su foco en semifinales no estaba exento del morbo de recordar cómo habían ganado semanas antes 91-83 a los de Popovich en partido preparatorio en Las Vegas. Pero Estados Unidos no se apartó del guión previsto. Gran comienzo del rival (18-24 para Australia en el primer cuarto), supervivencia en el segundo acto (42-43, un punto abajo al descanso), y destrozar al enemigo tras el paso por vestuarios (32-10 en el tercer parcial) Australia acababa claudicando por 19 puntos y Durant sumaba otros 23 puntos y 9 rebotes para seguir consolidándose como el jugador más decisivo del torneo. Y así llegamos a una final en cierto modo previsible ante una Francia que después de dar la sorpresa en la primera jornada ante los posteriormente campeones no dio opciones ni a Chequia (victoria 77-97) ni Irán (otro triunfo, 62-79) para pasar como primeros de grupo. Italia en cuartos aguantó hasta el descanso (42-43, un punto abajo) pero el 12-21 del tercer cuarto encarriló el partido para los de Collet. La semifinal ante Eslovenia se presentaba intensa, incierta, como uno de los posibles mejores partidos del torneo, y no defraudó. Doncic había subido a 17 su número de victorias, exento de derrotas, con la camiseta de su país, después de aplastar sin piedad a Alemania (pasaban como mejor tercero con sólo una victoria sobre Nigeria) por 24 puntos. El astro esloveno rozaba el triple doble (20 puntos, 8 rebotes y 11 asistencias) y se aliaba con la exhibición anotadora de Zoran Dragic, 27 puntos con un letal 5 de 7 en triples. El Francia-Eslovenia fue, no podía ser de otro modo, un partido igualado con final a cara o cruz en el que al margen de la decisiva jugada final (el tapón de Batum a un Prepelic cuyo arrojo en el “clutch” deja claro que pese a los galones que pueda tener Doncic el jugador de Dallas sabe delegar en sus compañeros), los de Collet fueron ligeramente superiores. Tras la exhibición en el preolímpico de Kaunas y las dos primeras victorias indiscutibles ante Argentina y Japón el rodillo esloveno se ha ido diluyendo (a la par que aumentaba el cansancio y frustración en fondo y forma de un Doncic cada vez más enfrentado con el mundo) y el nivel de dificultad ha ido subiendo. España fue un aviso, y superado el débil escollo alemán Francia les devolvió a la realidad. Durante todo el último cuarto los subcampeones estuvieron por delante en el marcador. Un triplazo de Prepelic a medio minuto del final (después de sacarle la quinta falta a Fournier en ataque en su defensa a media pista) ponía el 90-89 con mínimo dos posesiones por jugar, una por equipo. Francia desaprovechó la suya con un lanzamiento fallado por De Colo en el “mid range” ante la defensa del siempre elástico Tobey. El siguiente ataque esloveno figura ya en la historia del baloncesto olímpico. Doncic sube la bola y después de apoyarse en el bloqueo de Tobey juega con Prepelic que desde el triple penetra con la marca de un Batum que le cierra el camino a la canasta con uno de los mejores tapones de este torneo. El alero de Clippers (al igual que tantas veces ha demostrado nuestro Rudy Fernández) dejaba claro que se puede ser igual de decisivo en el “clutch” en defensa como en ataque. Francia volvía a una final olímpica 21 años después, desde Sydney, donde también esperaba Estados Unidos, la tercera de su historia (su primera final la jugaron en 1948 ante, como no, Estados Unidos)

Un tapón para la historia.

Mucho se había hablado de la derrota (83-76) en la primera jornada del equipo estadounidense ante Francia, queriendo revelar debilidades en el cuadro de Popovich que alentasen la posibilidad de que no se colgasen el oro y de que, en este caso, fuera Francia, el otro finalista, quien subiese a lo más alto del podio y repitiese las victorias del mundial 2019 y primera fase de Tokyo 2020. Pero Estados Unidos se mantuvo fiel a su guión de consistencia y crecer a lo largo del partido. Lo ajustado del marcador (82-87 para USA) no deja lugar a dudas de la resistencia gala, pero lo cierto es que desde el 15-12 francés a dos minutos del final del primer cuarto los de Popovich siempre mandaron en el marcador. No llegaron a romperlo definitivamente, pero las diferencias entre 8 y 10 puntos (llegaron a tener 14 con el 57-71 del minuto 29) que manejaron durante toda la segunda parte dejaban claro que no iban a repetir los errores de la primera jornada, con fallos en las marcas exteriores (fruto en parte de los dobles marcajes a Gobert en la zona) y fallos incomprensibles (ese resbalón de Lillard) que dieron vida a una Francia que daba la sorpresa. No hubo lugar a ello en el partido por el oro, y pese a que pueda parecer que el triunfo estadounidense no tenga el brillo de otras ocasiones (y repetimos, no puede compararse este roster con aquellos en los que Durant compartía pista con los Kobe Bryant o LeBron James en los tiempos de “Coach K” Krzyzewski) hay que darle el mérito que corresponde. Precisamente porque, como en 2019, volvía a ser un Estados Unidos batible, con deficiencias en el juego interior y sin apenas pívots puros (sólo Adebayo y Green como falsísimo pívot… tema aparte Javale McGee, ese extraño elemento que sigue aumentando su palmarés sin apenas pisar parquet, pese a que justo es reconocer que siempre produce en sus pocos minutos… 7,2 puntos por 4 minutos en este torneo por partido) La decisión de convocar a Holiday, Middleton y Booker sin apenas preparación y recién acabadas las finales NBA también tenía un punto controvertido, y de hecho los dos segundos han estado muy por debajo de su nivel. No ha sido el caso de Holiday, jugador fundamental para Popovich precisamente para paliar cualquier carencia defensiva que su equipo pudiera dejar entrever en la cancha. El base de Milwaukee ha vuelto a demostrar que ha sido uno de los jugadores más infravalorados del planeta baloncestístico en los últimos años, abnegado atrás, ayudando en el rebote, pero sabiendo salir a campo abierto cuando la situación lo requería y mirando el aro y repartiendo juego. Ha sido el máximo asistente de los campeones, el segundo jugador más utilizado por Popovich tras Durant, el tercer anotador por detrás del propio Durant y Tatum, y ojo, el tercer mejor reboteador por detrás de Adebayo y Durant… siendo un base. No ha sido un ensamblaje fácil el de las piezas para Popovich, que se resarce del fracaso de 2019 y se cuelga un oro olímpico. Es el cuarto entrenador en la historia que lo hace habiendo sido campeón de la NBA, uniéndose a un club en el que figuraban Chuck Daly, Lenny Wilkens y Rudy Tomjanovich. Claro que entre los tres citados suman los mismos anillos (cinco) que los obtenidos por el técnico de San Antonio Spurs. En los primeros párrafos comentábamos la particularidad de que Francia es la única selección que ha sido capaz de ganar dos veces consecutivas a Estados Unidos desde que en sus convocatorias aparecen jugadores NBA. No es algo tan importante como colgarse su tercera plata olímpica, pero si demuestra que esta plata no es casualidad. En este 2021 de despedidas (las referidas de Scola y los Gasol en Tokyo… o las de Felipe Reyes y Spanoulis en baloncesto de clubes) Francia se consolida como el país europeo que mejor trabaja este deporte. Nos hemos hartado de decir que frente a la mejor generación del baloncesto español de la historia, el país vecino igualmente presentaba la suya, y si no llegaban más alto en el podio correspondiente solía ser precisamente por culpa de España. Retirado Parker, el base europeo que más lejos ha llegado nunca en la NBA, sin Diaw, compañero de vestuario y anillo de campeón con Tony en San Antonio, la selección francesa del incombustible Collet (en el cargo desde 2009, después de que el octavo puesto en el Eurobasket 2007 sumiese al baloncesto galo en una crisis debido a sus ausencias en los JJOO de 2008 y el Eurobasket de aquel mismo 2009) demuestra una salud actual envidiable. Igual que el río de Heráclito en el que es imposible sumergirse dos veces, o recordando la paradoja del barco de Teseo que va sustituyendo todas y cada una de sus piezas hasta que no quede ninguna original, las generaciones deportivas nunca son del todo puras, convergen entre ellas, y así hemos visto crecer a los ahora veteranos Batum, Heurtel, De Colo o Fournier al amparo de aquellos Parker y Diaw. Iban llegando los jóvenes, los Poirier o Gobert, ahora ya también veteranos y núcleo duro. Han ido apareciendo los Yabusele, Ntilikina o Luwawu-Cabarrot, y así en una cantera inagotable que nos podría llevar hasta la figura en lontananza de Victor Wembanyaba, la próxima gran esperanza gala y una de las grandes promesas de todo el baloncesto continental. El trabajo que se está haciendo en el país vecino es tremendo, y los frutos están ahí, tanto a nivel de clubes (el Mónaco vigente campeón de la Eurocup y con billete para Euroliga junto al Asvel) como de selección (esta reciente plata olímpica), con un baloncesto muy identificable en el que se logra conjugar la exuberancia física de sus jóvenes talentos con el aprendizaje técnico. Es justo reconocer en esto también la figura y el legado de Tony Parker, con su actual academia en Lyon. El histórico jugador sabe bien de la importancia de potenciar estos proyectos de base, siendo él mismo un exponente del INSEP francés, el instituto público para la excelencia y el alto rendimiento deportivo donde el MVP de las finales NBA de 2007 coincidió entre otros con Boris Diaw o Ronny Turiaf. En los Juegos Olímpicos por norma una plata, para cualquier equipo que no sea Estados Unidos, puede bien considerarse un oro (como fue nuestro caso en 2008 y 2012) y así debe ser con esta Francia, cuyo éxito en estos Juegos hay que ponerlo al mismo nivel que el del equipo de un Popovich sobre quien la mínima duda respecto a su capacidad para gestionar este deporte al más alto nivel debería desnudar en todo caso la incapacidad del aficionado que presente dicho planteamiento. Estados Unidos ha cumplido los pronósticos en un camino cuya dificultad precisamente debe engrandecer su mérito, al igual que el de Francia. En la próxima entrega tocará hablar del bronce australiano y su también enorme torneo. Hasta entonces.

Popovich consuela a De Colo. La grandeza de los campeones.

jueves, 17 de septiembre de 2015

CUENTAS PENDIENTES


Parker y Gasol, líderes de las mejores generaciones de la historia de sus respectivos países.



Esta noche tenemos de nuevo el que ya es el clásico europeo por excelencia entre selecciones nacionales en esta década. Los dos últimos campeones de Europa frente a frente. España, la selección que dominó el continente a partir de la segunda mitad de la primera década del siglo XXI, frente a Francia, que con la mejor generación de jugadores de su historia veía truncados una y otra vez sus sueños de gloria precisamente a causa de la superioridad de los Gasol y compañía. Supieron esperar su momento y los frutos llegaron. Repasamos los últimos enfrentamientos entre hispanos y galos en torneos de la máxima categoría. 


EUROBASKET 2009. CUARTOS DE FINAL. Francia 66-España 86  

Francia llegaba al cruce invicta, como primeros de su grupo, y después de pasarse por la piedra a Rusia, Alemania, Letonia, Grecia y Macedonia. Parker era el máximo anotador del torneo y los galos parecían una máquina perfectamente engrasada bajo el mando del base de los Spurs y sus inseparables escuderos Batum y Diaw, además del infatigable Pietrus, Diot, y el trotamundos NBA Turiaf. España era un mar de dudas. Después de perder contra Serbia y Turquía y clasificarse cuarta de grupo, acabó barriendo en aquel torneo para proclamarse por vez primera campeona de Europa. Fue el comienzo de la frustración francesa. Ricky Rubio dio un clinic defensivo sobre Tony Parker, y Pau Gasol sembró estragos en ambas zonas (28 puntos, 9 rebotes y 3 tapones) España daría posteriormente dos exhibiciones más para colgarse el oro apalizando a Grecia y Serbia en un torneo en el que se empezó pidiendo la cabeza de Scariolo y se acabó realizando posiblemente el mejor baloncesto que hayamos visto con esta generación de jugadores.   


Ricky y su inolvidable defensa a Parker en 2009



MUNDIAL 2010. PRIMERA FASE. Francia 72-España 66  

No tardaron mucho los galos en desquitarse. Fue en el primer partido de ambas selecciones en aquel torneo en el que acabamos sextos (a Francia no le fue mejor, cayendo en octavos de final de manera contundente ante Turquía), y que será recordado por aquel triple de Teodosic que nos apartó de la lucha por las medallas, escenario al que parecíamos abonados. Francia iba sin Parker (pero con Diaw y Batum) y nosotros sin Pau Gasol. Gelabale nos hizo daño con 16 puntos, y Navarro nos sostuvo con 17.


EUROBASKET 2011. SEGUNDA FASE. Francia 69-España 96

Defendíamos título en un largo Eurobasket con dos liguillas, e infligíamos a Francia su primera derrota, y de qué manera. Habían llevado a todas sus figuras al torneo y Collet reservó a Parker y a Noah, dando lugar a especulaciones de que lo hacía para no ser primeros de grupo y evitar el lado del cuadro por el que iba Lituania, anfitriona del evento. Seraphin y Traore, con 18 y 16 puntos respectivamente mantuvieron el tipo para los galos, mientras que en el festín español varios jugadores anotaron en dobles dígitos, destacando Navarro y Rudy con 16 y 15 puntos respectivamente. Días después nos veríamos en una gran e inolvidable final. 


EUROBASKET 2011. FINAL. España 98-Francia 85 

Segundo oro consecutivo para la selección española en una final para el recuerdo. Los trece puntos de diferencia finales son anecdóticos, porque lo cierto es que España fue una perfecta sinfonía coral con un juego exterior inmenso (Calderón 17 puntos, Rudy 14, Navarro 27 y 5 asistencias), un Pau imperial (17 puntos y 10 rebotes) y la exhibición taponadora de Ibaka (históricos sus 5 tapones en 3.43 minutos) Nuestro baloncesto vivía sus mejores momentos, y una constelación de estrellas como la que formaban Parker,  Batum, Noah, Diaw, De Colo, Seraphin o Gelabale debían conformarse con la plata. Lo nuestro era de otra galaxia.     


Ibaka se consagró con nuestra selección en la final de 2011



JUEGOS OLÍMPICOS 2012. CUARTOS DE FINAL. Francia 59-España 66  

El día que Batum perdió los nervios, y la frustración francesa se hizo más evidente que nunca. El partido ya llegaba caliente debido a las acusaciones vertidas por nuestros rivales de dejarnos perder contra Brasil para evitar el lado del cuadro en el que iba Estados Unidos. El caso es que llegábamos con muchas dudas, habiendo perdido dos partidos (Rusia y el citado contra Brasil) y sufriendo lo indecible ante Gran Bretaña. Francia sólo había claudicado ante la todopoderosa USA. El partido más bronco y duro de los disputados entre estas dos selecciones con sus actuales generaciones. Encuentro a cara de perro en el que cada canasta costaba sangre, sudor y lágrimas y se decidió desde la defensa. Llull puso testiculina en los momentos decisivos, encendiendo las gradas londinenses, Rudy taponó a Parker cuando empezamos a tener las primeras ventajas del último cuarto, en los minutos finales, y a partir de ahí desinflamos a una Francia en su versión más rocosa pero igualmente derrotada. La escena final de Batum agrediendo a Navarro simbolizó lo que significaba en aquel momento la selección española para Francia. Pura frustración. En un partido sin apenas brillo estadístico, destacó el doble-doble de Pau Gasol con 10 puntos y 11 rebotes. Acabaríamos colgándonos nuestra tercera plata olímpica tras otra extraordinaria final frente a los imbatibles norteamericanos. 


EUROBASKET 2013. SEMIFINALES. España 72-Francia 75  

Y por fin llegó el momento para Francia. Su dulce venganza previo paso a convertirse en campeones continentales (Lituania no fue rival en la final) Visto con perspectiva, y pese a todo lo que ha caído sobre Orenga posteriormente, hay que admitir que el bronce de 2013 tiene un enorme mérito, y más aún haber tenido auténticas opciones de victoria frente una Francia muy superior a la que llevamos a la prórroga, después de dominar durante gran parte del partido y de tener incluso un tiro ganador con Calderón. Pudimos haber ganado a una selección que contaba con los habituales Parker (estelar con 32 puntos), Batum y Diaw y a la que se unían grandes pívots como Ajinca o Lauvergne. Sin embargo con nuestras ausencias se podría haber hecho un equipo favorito para el oro (Pau Gasol, Felipe Reyes, Navarro, Ibaka y Mirotic) Sencillamente, era el momento de Francia. 


MUNDIAL 2014. CUARTOS DE FINAL. España 52-Francia 65

El penúltimo capítulo de esta historia supuso la derrota más dolorosa para una España que como anfitriona y con su mejor selección posible aspiraba incluso a plantar cara a unos intratables Estados Unidos. Orenga, muy señalado tras su mala gestión de recursos (incomprensible ostracismo para Felipe Reyes) tuvo que dimitir bajo la presión popular. Marc Gasol, estrenando paternidad y sin haber dormido en toda la noche, no debería haber permanecido aquellos 29 minutos en pista en los que su presencia no sólo no aportó nada ni en defensa ni en ataque si no que nos lastró sobremanera. Los franceses arrasaron en el rebote (50 por 28) y nos ejecutaron con un constante Diaw y un Heurtel en modo “killer” en los instantes finales del partido. Ni siquiera un solvente defensor como Ricky Rubio supo pararlo. Todo fue un desastre. Ibaka, nuestra gran esperanza para suplir a los Gasol, errático en el tiro e indolente en la actitud. Navarro, Llull y Rudy con la pólvora mojada. El porcentaje en el tiro de 3 lo dice todo: 2 de 22. Sólo se salvó mínimamente Pau Gasol respondiendo con 17 puntos y 8 rebotes. Derrota ignominiosa ante una Francia sin Parker ni Noah, pero donde empezaba a destacar un espectacular pívot que apunta a estrella NBA. Rudy Gobert anotó sólo 5 puntos, pero sus 13 rebotes le convirtieron en el auténtico dueño de los tableros. La noche más negra del baloncesto español en mucho tiempo.    


La noche más triste




De modo que muchas cuentas pendientes entre ambas selecciones. El mayor ánimo de revancha es nuestro tras sus dos últimas victorias, pero nos siguen teniendo muchas ganas ya que en su recuerdo aún perduran exhibiciones de Pau Gasol o Navarro. Son claramente favoritos y tendrán 27000 gargantas apoyándoles. Al igual que dijimos ante Grecia, empecemos por reconocer su superioridad y ese será el primer paso para tener opciones de victoria y conseguir ese deseado billete directo para los Juegos de Río, que tantos problemas de calendario ahorraría a nuestros jugadores.