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sábado, 7 de agosto de 2021

JJOO TOKYO 2020 (I) USA Y FRANCIA TRIUNFADORES




Toca hacer repaso de la competición masculina de baloncesto en los Juegos Olímpicos de Tokyo. Como no habíamos escrito ni una línea al respecto y hay mucho que tratar, intentaremos hacerlo en distintas entradas, en formato de pequeño serial, que no es cosa de aburrir al lector ni quemarnos escribiendo varias horas seguidas. No vamos a detenernos demasiado en sentimentalismos por otro lado siempre necesarios en este y cualquier deporte sobre fines de ciclo y despedidas de competiciones de selecciones internacionales a personajes como Luis Scola, Marc Gasol y por encima de todo Pau Gasol, el hombre que cambió para siempre nuestro baloncesto y quien si bien no ha podido despedirse como le hubiera gustado, luchando por las medallas, al menos ha conseguido el objetivo de llegar hasta unos Juegos Olímpicos disputados un año más tarde de lo previsto (de haber sido el año pasado quizás Pau no hubiera podido llegar pese a ser un año más joven) tras dos temporadas en las que parecía casi un jugador retirado. Y no vamos a detenernos en estos temas porque jugadores como Scola o Pau Gasol merecen espacio aparte y en la medida de lo posible lo tendrán. Comenzaremos desde el final hasta el principio, empezando por el oro estadounidense hilando hasta la fase de grupos. Oro conseguido en la gran final ante una Francia que les derrotara precisamente en la primera jornada de esa primera fase. En condiciones normales hablaríamos de cerrar un círculo, ley del eterno retorno, pero ha sido todo tan extraordinario en estos juegos que el último partido del torneo no ha sido para dirimir el campeón, si no para otorgar el bronce a la selección de Australia. Curioso, pero teniendo en cuenta que Tokyo 2020 se ha disputado en 2021 casi que es lo de menos.


USA cumple con los pronósticos.

Aquella derrota inaugural del roster de Popovich sirvió para activar las alarmas y demostrar la vulnerabilidad de unos Estados Unidos que ya venían señalados por sus derrotas ante Nigeria y Australia en los preparatorios para los Juegos, además de llegar con la espina clavada de su eliminación en cuartos de final en el Mundial 2019 precisamente ante Francia, convirtiéndose así el equipo de Collet en la única selección capaz de vencer dos veces seguidas a Estados Unidos en competición internacional desde que acuden con jugadores profesionales de la NBA. No es poco honor y deja a las claras el momento actual del baloncesto galo posterior a Tony Parker (y Diaw), pero en eso ya nos detendremos posteriormente. Lo cierto es que esa primeriza derrota pareció despertar al equipo de Popovich, invicto desde entonces y que si bien no ha arrasado a sus rivales como hicieran anteriores escuadras USA (anteriores escuadras evidentemente con mayor calidad que la actual) ha ganado el oro con indiscutible solvencia, sobreponiéndose a erráticos comienzos de partido (o quizás más bien a espléndidos comienzos de los rivales) y siendo muy superiores a partir del segundo cuarto. No fue el caso de Irán en la segunda jornada (masacrados ya con un 28-12 en el primer parcial), pero si el de una luchadora República Checa que llegó casi a doblar a los de Popovich en el primer cuarto (12-21 a los 7 minutos de partido) para acabar perdiendo de 35 puntos. Sumados a los 54 de diferencia frente a Irán quedaba claro que Estados Unidos caía como mejor segunda en el primer bombo, sin posibilidad de enfrentarse a los mejores terceros (Alemania y Argentina) y con Italia o España en perspectiva. Tocaron los de Scariolo, incapaces de resolver el test de Eslovenia en un partido que parecía encarrillado (un triple de Rudy Fernández nos ponía 12 arriba a los 3 minutos del tercer cuarto) pero condenados por la incapacidad de cerrar el rebote (hasta 15 rechaces ofensivos capturaron los eslovenos, quienes se fueron a un total de 51 rebotes) llegando a un final igualado en el que primero Abalde, fallando un lanzamiento triple central con 1 abajo a 19 segundos del final y posteriormente Ricky errando otro lateral que hubiera empatado el partido a 10 segundos del cierre, no encontraron aro ante una Eslovenia cómoda en el agujero defensivo de la zona española (tremendo el último cuarto de Mike Tobey con 10 puntos y 6 rebotes, dos de sus canastas tras capturar rebotes ofensivos) Doncic, bien desactivado por la defensa española, especialmente en el trabajo individual de Claver (“sólo” 12 puntos con 2 de 7 en tiros de campo… y 6 de 11 en libres, pero con 14 rebotes y 9 asistencias) aumentaba su leyenda con 16 partidos vistiendo la elástica absoluta eslovena sin conocer la derrota (los 9 del Eurobasket 2017 cuando acabaron campeones invictos, los 4 del pre-olímpico de Kaunas, donde fueron un rodillo, y los tres de la primera fase de Tokyo) España recibía el castigo de enfrentarse a unos Estados Unidos a los que no esperaban ni deseaban en una ronda tan temprana como cuartos de final. Después de haber caído ante los padres del baloncesto en las impresionantes finales de 2008 y 2012 (sin duda dos de los mejores partidos de la historia de nuestro baloncesto… y diría que de todo el baloncesto internacional de selecciones), y de haberles plantado más cara todavía en las semifinales de 2016, la mejor generación del baloncesto español tenía otra oportunidad para rellenar el expediente con una de sus pocas faltas, la de vencer a unos Estados Unidos con los que nunca se llegaron a enfrentar en los oros mundiales de 2006 y 20019. Pero los de Popovich volvieron a cumplir con el guión. Perdieron el primer cuarto (21-19), se mantuvieron en el segundo (empate a 43 para encarrilar los vestuarios al descanso) y afrontaron el partido en un tercer cuarto en el que España estuvo casi seis minutos sin encestar en juego, hasta que Ricky Rubio anotó un triple para poner un 52-65 ya complicado para España. El mismo Ricky que había mantenido a duras penas a nuestra selección con seis tiros libres anotados minutos antes, y el mismo Ricky que nos mantuvo hasta el final. 38 puntos, record de anotación individual en un partido olímpico con la camiseta española, pero que resultaron estériles ante unos Estados Unidos que tuvieron que recurrir de nuevo al mejor Durant (29 puntos con 10 de 17 en tiros de campo) para meterse en las lucha por las medallas y despedir a los hermanos Gasol del combinado nacional. Popovich se deshizo posteriormente en rueda de prensa en elogios a un valiente Scariolo (recordemos como con 37 segundos por disputarse en el segundo cuarto ordena un ataque rápido en vez de agotar posesión para que podamos disputar de dos lanzamientos, por mucho que ambos fueran fallados por Llull y Ricky respectivamente) Estados Unidos fue superior, como lo fue ante todos los combinados comparecientes, en todo caso España debe lamentarse del mal final ante Eslovenia y la derrota estadounidense ante Francia que propició esa segunda plaza yanqui desembocando en ese 50% de posibilidades de enfrentarnos a los grandes favoritos al oro. Australia esperaba en semifinales después de aplastar a una Argentina que también lleva años destilando olor a despedida y aroma de fin de ciclo, pero consumado ya con el adiós del grandísimo Scola. Después de sobrevivir a los Ginobili, Nocioni y compañía, el bueno de Luisfa dejaba la albiceleste a los mismos 41 años de Pau Gasol. El mismo día tocaba despedir a dos gigantes de la canasta. El equipo del “Oveja” Hernández no fue rival para los oceánicos, cayendo de 38 puntos ante los de Oceanía. No ha sido un buen torneo para los gauchos, muy inferiores ante Eslovenia y España en las dos primeras jornadas de competición. Precisamente en los minutos finales de la derrota ante los de Scariolo un calculador Hernández recordaba en tiempo muerto a sus jugadores que podrían clasificarse como terceros, como así fue después de los 20 puntos de renta obtenidos ante un anfitrión Japón que más allá de los destellos de los NBA Watanabe y Hachimura poco más han ofrecido. El aficionado europeo lleva años viendo a los australianos quedarse a las puertas de medallas en mundiales o Juegos Olímpicos. Acostumbrados a arrasar en el FIBA Oceania, donde sólo Nueva Zelanda les discute el dominio de vez en cuando (de hecho ya las últimas ediciones el campeón continental lo dirimen ambos países en una eliminatoria al mejor de tres partidos), hemos visto como subirse al podio suponía un particular Rubicón para los “boomers”, en dos ocasiones consecutivas con protagonismo español (les quitamos el bronce en Río 2016 y la sufrida victoria en la prórroga del mundial 2019 que les condena a luchar por un tercer puesto que se acaba llevando Francia) Ya hablaremos en la próxima entrega de su meritorio bronce en el retorno de Brian Goorijan al banquillo “aussie”, pero su foco en semifinales no estaba exento del morbo de recordar cómo habían ganado semanas antes 91-83 a los de Popovich en partido preparatorio en Las Vegas. Pero Estados Unidos no se apartó del guión previsto. Gran comienzo del rival (18-24 para Australia en el primer cuarto), supervivencia en el segundo acto (42-43, un punto abajo al descanso), y destrozar al enemigo tras el paso por vestuarios (32-10 en el tercer parcial) Australia acababa claudicando por 19 puntos y Durant sumaba otros 23 puntos y 9 rebotes para seguir consolidándose como el jugador más decisivo del torneo. Y así llegamos a una final en cierto modo previsible ante una Francia que después de dar la sorpresa en la primera jornada ante los posteriormente campeones no dio opciones ni a Chequia (victoria 77-97) ni Irán (otro triunfo, 62-79) para pasar como primeros de grupo. Italia en cuartos aguantó hasta el descanso (42-43, un punto abajo) pero el 12-21 del tercer cuarto encarriló el partido para los de Collet. La semifinal ante Eslovenia se presentaba intensa, incierta, como uno de los posibles mejores partidos del torneo, y no defraudó. Doncic había subido a 17 su número de victorias, exento de derrotas, con la camiseta de su país, después de aplastar sin piedad a Alemania (pasaban como mejor tercero con sólo una victoria sobre Nigeria) por 24 puntos. El astro esloveno rozaba el triple doble (20 puntos, 8 rebotes y 11 asistencias) y se aliaba con la exhibición anotadora de Zoran Dragic, 27 puntos con un letal 5 de 7 en triples. El Francia-Eslovenia fue, no podía ser de otro modo, un partido igualado con final a cara o cruz en el que al margen de la decisiva jugada final (el tapón de Batum a un Prepelic cuyo arrojo en el “clutch” deja claro que pese a los galones que pueda tener Doncic el jugador de Dallas sabe delegar en sus compañeros), los de Collet fueron ligeramente superiores. Tras la exhibición en el preolímpico de Kaunas y las dos primeras victorias indiscutibles ante Argentina y Japón el rodillo esloveno se ha ido diluyendo (a la par que aumentaba el cansancio y frustración en fondo y forma de un Doncic cada vez más enfrentado con el mundo) y el nivel de dificultad ha ido subiendo. España fue un aviso, y superado el débil escollo alemán Francia les devolvió a la realidad. Durante todo el último cuarto los subcampeones estuvieron por delante en el marcador. Un triplazo de Prepelic a medio minuto del final (después de sacarle la quinta falta a Fournier en ataque en su defensa a media pista) ponía el 90-89 con mínimo dos posesiones por jugar, una por equipo. Francia desaprovechó la suya con un lanzamiento fallado por De Colo en el “mid range” ante la defensa del siempre elástico Tobey. El siguiente ataque esloveno figura ya en la historia del baloncesto olímpico. Doncic sube la bola y después de apoyarse en el bloqueo de Tobey juega con Prepelic que desde el triple penetra con la marca de un Batum que le cierra el camino a la canasta con uno de los mejores tapones de este torneo. El alero de Clippers (al igual que tantas veces ha demostrado nuestro Rudy Fernández) dejaba claro que se puede ser igual de decisivo en el “clutch” en defensa como en ataque. Francia volvía a una final olímpica 21 años después, desde Sydney, donde también esperaba Estados Unidos, la tercera de su historia (su primera final la jugaron en 1948 ante, como no, Estados Unidos)

Un tapón para la historia.

Mucho se había hablado de la derrota (83-76) en la primera jornada del equipo estadounidense ante Francia, queriendo revelar debilidades en el cuadro de Popovich que alentasen la posibilidad de que no se colgasen el oro y de que, en este caso, fuera Francia, el otro finalista, quien subiese a lo más alto del podio y repitiese las victorias del mundial 2019 y primera fase de Tokyo 2020. Pero Estados Unidos se mantuvo fiel a su guión de consistencia y crecer a lo largo del partido. Lo ajustado del marcador (82-87 para USA) no deja lugar a dudas de la resistencia gala, pero lo cierto es que desde el 15-12 francés a dos minutos del final del primer cuarto los de Popovich siempre mandaron en el marcador. No llegaron a romperlo definitivamente, pero las diferencias entre 8 y 10 puntos (llegaron a tener 14 con el 57-71 del minuto 29) que manejaron durante toda la segunda parte dejaban claro que no iban a repetir los errores de la primera jornada, con fallos en las marcas exteriores (fruto en parte de los dobles marcajes a Gobert en la zona) y fallos incomprensibles (ese resbalón de Lillard) que dieron vida a una Francia que daba la sorpresa. No hubo lugar a ello en el partido por el oro, y pese a que pueda parecer que el triunfo estadounidense no tenga el brillo de otras ocasiones (y repetimos, no puede compararse este roster con aquellos en los que Durant compartía pista con los Kobe Bryant o LeBron James en los tiempos de “Coach K” Krzyzewski) hay que darle el mérito que corresponde. Precisamente porque, como en 2019, volvía a ser un Estados Unidos batible, con deficiencias en el juego interior y sin apenas pívots puros (sólo Adebayo y Green como falsísimo pívot… tema aparte Javale McGee, ese extraño elemento que sigue aumentando su palmarés sin apenas pisar parquet, pese a que justo es reconocer que siempre produce en sus pocos minutos… 7,2 puntos por 4 minutos en este torneo por partido) La decisión de convocar a Holiday, Middleton y Booker sin apenas preparación y recién acabadas las finales NBA también tenía un punto controvertido, y de hecho los dos segundos han estado muy por debajo de su nivel. No ha sido el caso de Holiday, jugador fundamental para Popovich precisamente para paliar cualquier carencia defensiva que su equipo pudiera dejar entrever en la cancha. El base de Milwaukee ha vuelto a demostrar que ha sido uno de los jugadores más infravalorados del planeta baloncestístico en los últimos años, abnegado atrás, ayudando en el rebote, pero sabiendo salir a campo abierto cuando la situación lo requería y mirando el aro y repartiendo juego. Ha sido el máximo asistente de los campeones, el segundo jugador más utilizado por Popovich tras Durant, el tercer anotador por detrás del propio Durant y Tatum, y ojo, el tercer mejor reboteador por detrás de Adebayo y Durant… siendo un base. No ha sido un ensamblaje fácil el de las piezas para Popovich, que se resarce del fracaso de 2019 y se cuelga un oro olímpico. Es el cuarto entrenador en la historia que lo hace habiendo sido campeón de la NBA, uniéndose a un club en el que figuraban Chuck Daly, Lenny Wilkens y Rudy Tomjanovich. Claro que entre los tres citados suman los mismos anillos (cinco) que los obtenidos por el técnico de San Antonio Spurs. En los primeros párrafos comentábamos la particularidad de que Francia es la única selección que ha sido capaz de ganar dos veces consecutivas a Estados Unidos desde que en sus convocatorias aparecen jugadores NBA. No es algo tan importante como colgarse su tercera plata olímpica, pero si demuestra que esta plata no es casualidad. En este 2021 de despedidas (las referidas de Scola y los Gasol en Tokyo… o las de Felipe Reyes y Spanoulis en baloncesto de clubes) Francia se consolida como el país europeo que mejor trabaja este deporte. Nos hemos hartado de decir que frente a la mejor generación del baloncesto español de la historia, el país vecino igualmente presentaba la suya, y si no llegaban más alto en el podio correspondiente solía ser precisamente por culpa de España. Retirado Parker, el base europeo que más lejos ha llegado nunca en la NBA, sin Diaw, compañero de vestuario y anillo de campeón con Tony en San Antonio, la selección francesa del incombustible Collet (en el cargo desde 2009, después de que el octavo puesto en el Eurobasket 2007 sumiese al baloncesto galo en una crisis debido a sus ausencias en los JJOO de 2008 y el Eurobasket de aquel mismo 2009) demuestra una salud actual envidiable. Igual que el río de Heráclito en el que es imposible sumergirse dos veces, o recordando la paradoja del barco de Teseo que va sustituyendo todas y cada una de sus piezas hasta que no quede ninguna original, las generaciones deportivas nunca son del todo puras, convergen entre ellas, y así hemos visto crecer a los ahora veteranos Batum, Heurtel, De Colo o Fournier al amparo de aquellos Parker y Diaw. Iban llegando los jóvenes, los Poirier o Gobert, ahora ya también veteranos y núcleo duro. Han ido apareciendo los Yabusele, Ntilikina o Luwawu-Cabarrot, y así en una cantera inagotable que nos podría llevar hasta la figura en lontananza de Victor Wembanyaba, la próxima gran esperanza gala y una de las grandes promesas de todo el baloncesto continental. El trabajo que se está haciendo en el país vecino es tremendo, y los frutos están ahí, tanto a nivel de clubes (el Mónaco vigente campeón de la Eurocup y con billete para Euroliga junto al Asvel) como de selección (esta reciente plata olímpica), con un baloncesto muy identificable en el que se logra conjugar la exuberancia física de sus jóvenes talentos con el aprendizaje técnico. Es justo reconocer en esto también la figura y el legado de Tony Parker, con su actual academia en Lyon. El histórico jugador sabe bien de la importancia de potenciar estos proyectos de base, siendo él mismo un exponente del INSEP francés, el instituto público para la excelencia y el alto rendimiento deportivo donde el MVP de las finales NBA de 2007 coincidió entre otros con Boris Diaw o Ronny Turiaf. En los Juegos Olímpicos por norma una plata, para cualquier equipo que no sea Estados Unidos, puede bien considerarse un oro (como fue nuestro caso en 2008 y 2012) y así debe ser con esta Francia, cuyo éxito en estos Juegos hay que ponerlo al mismo nivel que el del equipo de un Popovich sobre quien la mínima duda respecto a su capacidad para gestionar este deporte al más alto nivel debería desnudar en todo caso la incapacidad del aficionado que presente dicho planteamiento. Estados Unidos ha cumplido los pronósticos en un camino cuya dificultad precisamente debe engrandecer su mérito, al igual que el de Francia. En la próxima entrega tocará hablar del bronce australiano y su también enorme torneo. Hasta entonces.

Popovich consuela a De Colo. La grandeza de los campeones.

martes, 10 de febrero de 2015

LOS MEJORES DEL 2014: ENTRENADORES INTERNACIONALES



Nos ha llevado un tiempo, pero mes y medio después de acabado el 2014 concluimos el repaso a los grandes protagonistas del año pasado con la entrega dedicada a los banquillos internacionales. Ya saben que no actualizamos con el ritmo que nos gustaría, y que además los focos de interés siempre son numerosos. 


GREGG POPOVICH: Si a alguien le quedaba alguna duda sobre que el entrenador de San Antonio es el técnico en activo más legendario de la actual NBA, el 2014 debería haber disipado todas sus incertidumbres de golpe. Hablamos de un tipo que aún en sus peores años roza el notable (son ya18 temporadas consecutivas, leen bien, 18 temporadas, superando el 60% de victorias en su equipo en una competición en la que difícilmente se pueden dar dinastías tan largas como es la NBA), y que en los mejores, se adorna con otro anillo. Este ha sido el quinto, reinventando a unos Spurs eternos y desquitándose de las finales de la anterior campaña en las que lo tenían a su favor para haberse proclamado campeones en aquel mítico sexto partido en el que un triple de Ray Allen para llegar a la prórroga rescató a unos Miami Heat que se acabarían llevando el anillo. Las virtudes de Pops son conocidas, principalmente capacidad de evolución (de los Spurs campeones a base de defensa rozando la ilegalidad de los principios a la máquina ofensiva de ahora hay un mundo) y sacar petróleo de jugadores que en otros equipos no tendrían tanta incidencia (Boris Diaw como falsísimo pívot titular en las pasadas finales es un ejemplo), falta de prejuicios siendo el entrenador que más confía en jugadores no nacidos en Estados Unidos y sobre todo mantener una química de equipo envidiable. Popovich ha convertido a los Spurs en una concepción del baloncesto con personalidad propia. No es que jueguen a algo concreto, es que juegan como los Spurs.    
  

Pops, leyenda en San Antonio



DAVID BLATT: El técnico americano-israelí se aseguró un lugar en el Olimpo de mejores entrenadores europeos contemporáneos junto a los Messina y Obradovic de turno al conseguir su primera Euroliga. Aunque no fuera así ya había dado sobradas muestras de su talento al ser capaz de gestionar plantillas en principio inferiores a sus rivales a los que acababa pasando por encima, caso de la Rusia con la que se proclamó campeón de Europa ante la España de los Gasol, Navarro y cia en nuestro propio país en 2007, o del meritorio bronce europeo en Londres 2012. Ese fue el caso de su Maccabi Tel Aviv. Llegaba a la Final Four de Milán como cenicienta, después de eliminar con factor cancha en contra al propio Emporio Armani que soñaba con jugar la final a cuatro de la que era anfitrión, y primero remontaron una semifinal increíble ante el CSKA para dos días después frustrar de manera sorprendente el sueño europeo del Real Madrid de Pablo Laso. Como es habitual, además ganaron Liga y Copa del país hebreo. Por si fuera poco Blatt volvió a ser noticia en verano al conocerse su fichaje por el ambicioso proyecto de los Cleveland Cavaliers (aunque nos tomamos con reservas lo de “primer entrenador europeo en ser “head coach” NBA, ya que Blatt es nativo de Kentucky, tiene doble nacionalidad, y se formó en el baloncesto universitario estadounidense)    


Blatt, (aún más) consagrado



EX AEQUO SASHA DJORDEVIC/VINCENT COLLET: El primero ha sido un impacto súbito, el segundo significa el triunfo de la continuidad. Si la gran cita veraniega del pasado año fue el Mundial de España, el temperamental y genial ex –base serbio sin duda ha sido uno de los protagonistas del 2014. Llevó a su selección a lo más alto que se podía llegar (ganar a estos Estados Unidos parece una quimera), nos dejó partidos para el recuerdo, apalizando a Grecia y Brasil y esas semifinales brutales ante Francia, quizás el mejor partido del torneo, y tampoco fue esquivo a las polémicas, como la que protagonizó en el partido contra España, siendo expulsado y acusando a Orenga y a nuestros jugadores de falta de respeto.

Collet fue uno de los grandes triunfadores del 2013 con su oro europeo en Eslovenia, y creemos que merece repetir en esta sección tras su bronce mundialista en España. Sobre todo si tenemos en cuenta que acudía con un roster en el que no figuraba el mejor jugador galo de todos los tiempos, Tony Parker, ni uno de sus más ilustres escuderos como es Joakim Noah. Tampoco pudo contar por diferentes motivos ni con Ajinca, ni con Seraphin ni con Mahinmi, lo que parecía que mermaba considerablemente sus opciones de éxito, sobre todo debido a la flaqueza interior con la que se veía obligado a acudir. Pero Francia volvió a demostrar que se encuentra con la mejor generación de su historia, y Collet ha sido el cocinero que a fuego lento (recordemos todas las veces que se la pegaban contra España) ha dado con la receta del éxito. Su bronce, tras un espectacular partido contra Lituania, tiene mucho mérito.     



Djordjevic y Collet, carácteres distintos, pero ambos triunfadores.


Hemos dejado fuera de este particular podio a otro de los triunfadores del pasado verano, el gran Mike Kryzewski, actual campeón del mundo de selecciones, ya que entendemos que con la materia prima manejada el éxito parecía capaz de encarrilarse sin demasiada dificultad. Pero queremos citarlo aquí y reconocer su mérito a un técnico legendario y que ha sido capaz de enderezar el baloncesto USA a la hora de participar en competiciones FIBA, sabiendo conducir a tanta estrella y tanto ego a la hora de trabajar para un bien común. Precisamente a veces lo más difícil es hacer funcionar a tanto talento individual, como tantas veces hemos visto a lo largo de la historia del deporte. 


miércoles, 22 de enero de 2014

LOS MEJORES DEL AÑO: ENTRENADORES EXTRANJEROS


Y finalizamos nuestro pequeño serial sobre los mejores del 2013 con la parte dedicada a los banquillos internacionales, esperamos que estas entregas hayan sido de vuestro agrado. 


GREGG POPOVICH: El viejo marine lo sigue teniendo. Son 18 años ya en unos Spurs a los que ha cambiado para siempre, y manteniéndoles como mínimo por encima del 60% de victorias desde la campaña 97-98 (y recuerden que hablamos del “Wild West”) Siempre apoyado en su fiel Tim Duncan, auténtica prolongación en la pista de su entrenador pese a no jugar de base, ha demostrado una envidiable capacidad de adaptación y evolución para convertir a los antaño rocosos y defensivos Spurs en una de las maquinarias más anotadoras de toda la NBA. La temporada pasada su equipo dejo la firma de 103 puntos por partido en temporada regular (cuarta mejor marca) y fue la franquicia más generosa de la liga con 25.1 asistencias por encuentro (7.6 de su base Tony Parker, pero con muchos jugadores contribuyendo en ese apartado) Juegan de cine. Ya hemos perdido la cuenta de las veces que hemos escuchado eso del “último baile” de Duncan y compañía, que no tienen gasolina para una temporada tan larga como la de la NBA, o que van a llegar fundidos a los play offs. Como los villanos de las mejores películas de terror siempre vuelven. Pese a todo, aún se le pueden reprochar algunos fallos en el ya histórico sexto partido de las finales en esos increíbles minutos finales, con emparejamientos defensivos discutibles, Tim Duncan en el banquillo, y no ordenando falta personal para llevar a la línea de tiros libres a los Heat cuando su equipo estaba tres arriba. Pero a toro pasado se ve muy fácil. La realidad es que Pops lo ha vuelto a hacer.     


Una sociedad para la historia.


ERIK SPOELSTRA: Habrá quien relativice el éxito de Spoelstra en base a la calidad de su plantilla, o quien afirme que lo suyo es estar en el sitio correcto en el momento adecuado. Lo que es innegable es que con 43 años y ya 2 anillos en su palmarés va camino de leyenda de los banquillos. Un triunfador de quien en Marzo se hacía oficial su relación con una cheerleader de los Heat unos 20 años menor que él. ¿Qué más puede le puede pedir a la vida? Hablemos de méritos. El suyo ha sido el saber gestionar los egos de un vestuario plagado de estrellas, convertir a Miami en uno de los clubes más sólidos defensivamente de la NBA, y convencer a jugadores como Dwyane Wade y Chris Bosh, acostumbrados a que todos los focos recaigan sobre ellos, de que si quieren ganar títulos tienen que estar en un segundo plano frente al Rey LeBron. Acostumbrados a ver tantos proyectos de juntar estrellas irse al garete (los Lakers de la pasada temporada o los Brooklyn Nets de este curso), hay que admitir que este tío tiene buena mano en lo suyo.  



Como se decía antiguamente: "¡estás hecho un pink floyd!"


EX AEQUO VINCENT COLLET/GEORGIOS BARTZOKAS: Dudábamos tanto entre estos dos nombres para completar nuestro podio que finalmente hemos sido salomónicos y optado por meter a ambos. Uno, el triunfador continental a nivel de selecciones, el otro, en el ámbito de clubes. Vincent obtiene la recompensa a un largo trabajo de años y de confianza en dicha labor por la federación francesa, después de veranos pegándosela contra un escollo insalvable llamado España. El griego (quien ya había demostrado sus cualidades llevando a Europa al muy modesto Olympia Larissa) tenía la papeleta de tomar el relevo de todo un Dusan Ivkovic en un club que venía de ser campeón de Europa contra pronóstico. Ambos triunfaron y llevaron a sus equipos a lo más alto del escalafón continental.   



El Mr.Bean griego se llevó la Euroliga.



Otros nombres que debemos mencionar por su buena labor durante el 2013 son los de Frank Vogel, capaz de llevar a Indiana Pacers a la final del Este y disputarle siete partidos a unos Miami Heat que se las vieron y se las desearon para conseguir el cetro de conferencia, o el de Eugeny Pashutin, campeón de la Eurocup con el Lokomotiv Kuban por desgracia para nuestro baloncesto, ya que como muchos recordarán su rival por el título en aquella final fue el Bilbao Basket. 

miércoles, 21 de agosto de 2013

EUROBASKET 2013. GRUPO A: FLOJOS SPARRINGS PARA FRANCIA


El Grupo A del próximo Eurobasket parece a priori el más flojo de los cuatro del torneo. Francia debería ser la gran dominadora frente a selecciones como una Ucrania que aún no ha dado la lista definitiva pero en la que se espera que haya nombres ilustres como el pívot de los Pistons Viacheslav Kratsvov, el ex –NBA Kyrylo Fesenko, el ACB Sergii Gladyr, o el base nacionalizado ex del Joventut Pooh Jeter (hermano de la velocista Carmelita Jeter, reciente bronce en la prueba del hectómetro en los mundiales de atletismo de Moscú) Pocas aspiraciones más allá de pasar la primera ronda para los hombres entrenados por una leyenda de los banquillos como Mike Fratello, al que el mejor baloncestista ucraniano de la historia, Alexander Volkov (actual presidente de la federación de su país), ha convencido para que lleve las riendas del combinado ucraniano.


Fratello y su reto europeo.


Tampoco ha dado la lista definitiva Gran Bretaña, aunque conocidas las ausencias de figuras como Luol Deng, Joel Freeland o Pops Mensah-Bonsu, apunta a una de las posibles comparsas del campeonato. Oportunidad para que jóvenes con proyección como el base Van Oostrum sigan creciendo. El nuevo jugador del Cai Daniel Clark, rostro más reconocible si finalmente llega a tiempo para la cita.

Alemania, sin Nowitzki, Kaman ni Ohlbrecht, apunta a otra de las selecciones más débiles del torneo, pese a algún jugador de lustre como el baskonista Tibor Pleiss o la eterna promesa Robin Benzing. Aún así dieron muy buena imagen en dos partidos de preparación a comienzos de mes frente a Francia, de modo que cabe esperar de ellos competitividad para intentar conseguir alguna victoria y no irse de vacío del torneo.

Israel busca recuperar su viejo prestigio europeo con una selección liderada por el alero NBA Omri Casspi y plagada de viejos conocidos del Maccabi Tel Aviv (Pnini, Eliyahu), y con Yotam Halperim una vez más como su gran ejecutor exterior. En un grupo tan flojo como el A, deberían obtener una de las tres plazas que dan acceso a la segunda fase. 

El baloncesto belga busca crecer definitivamente después de ver como en los últimos años algunos de sus jugadores se han hecho un nombre en Europa (casos de Axel Hervelle, Sam Van Rossom o Yannick Driesen), y con el apoyo del congoleño Wen Mukubu o el americano nacionalizado Matt Lojeski (reciente fichaje del Olympiacos), presentan potencial para superar a Gran Bretaña, Alemania, Ucrania y quizás incluso a Israel (les han ganado de 18 hace unos días), por lo que no es descartable verlos en segunda ronda. También tiene nacionalidad belga el nuevo fichaje del Cai Zaragoza, el base nacido en Kinshasa Jonathan Tabu.   


Lojeski, la escopeta belga.


Y completa el grupo una de las favoritas al oro como es la potente selección gala de Vincent Collet, que ve como la mejor generación de baloncestistas de su historia se la pega año tras año en gran parte por culpa de España. Esta puede ser su gran oportunidad. Pese a las ausencias en el juego interior (Noah, Mahinmi, Turiaf, Seraphin), su línea exterior es sencillamente temible. Con Tony Parker como líder absoluto, a su lado jugadores como Heurtel, De Colo, Diot, Batum y Gelabale conforman un juego de bases y aleros brutal, al que hay que sumar un Boris Diaw que volverá a hacer absolutamente de todo en su selección. Pietrus pondrá oficio, y Petro, Lauvergne o Ajinca, son “siete pies” de suficientes garantías como para sustentar el juego interior. Lo dicho, una selección temible. 

NUESTRO PRONÓSTICO:

1º FRANCIA
2º ISRAEL
3º BÉLGICA
4º UCRANIA
5º GRAN BRETAÑA

6º ALEMANIA