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jueves, 22 de diciembre de 2016

LOS MEJORES DEL AÑO: JUGADORES INTERNACIONALES

Continúa nuestro serial sobre los grandes protagonistas del 2016, vamos con los jugadores internacionales. 



KYRIE IRVING: Sólo hay una razón por la que ponemos a Irving por delante de LeBron James después de la burrada que protagonizó para la historia la bestia parda de Akron, y es que el escurridizo base de Melbourne además del anillo de campeón de la NBA (el primero de su carrera) se colgó el oro al cuello en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Doble gloria para un jugador que no olvidará 2016. En la absoluta Edad de Oro de la NBA en la posición de base (se pongan como se pongan los nostálgicos, jamás en la historia ha habido tanta calidad en este puesto como hoy día), sus 19.6 puntos y 4.7 asistencias por partido no le han servido para estar en ninguno de los tres mejores quintetos de la temporada (por delante tuvo a Westbrook, Curry, Paul, Lillard y Lowry), pero subió sus prestaciones en play offs hasta los 25.2 tantos por partido, demostrando ser de esos jugadores que se crece cuando el reto es mayor. En las finales de la histórica remontada deja 25.1 puntos y 3.8 asistencias por partido. Brutal su actuación en el quinto, con 3-1 abajo en la eliminatoria firmando 41 puntos y 6 asistencias con un 5 de 7 en triples. Para el recuerdo su triple ante Stephen Curry en el partido decisivo con el marcador empatado y a falta de 53 segundos para el final. Una canasta para la historia.      




Irving elevándose sobre Curry para ganar un anillo




LEBRON JAMES: Volver a agotar los calificativos en un deporte en el que creíamos haberlo visto todo. Esa es la historia de King James. El jugador más completo del baloncesto moderno y al que sólo un caso de flagrante ceguera permite que siga teniendo una inexplicable legión de “haters”. Tras una temporada regular “normalita” (nada menos que 25.3 puntos, 7.4 rebotes y 6.8 asistencias por partido, formando parte del Primer Quinteto ideal del curso), se puso serio en play offs (26.3 puntos, 9.5 rebotes, 7.6 asistencias, 2.3 robos y 1.3 tapones), alcanzando cotas nunca vistas en unas finales de las que fue amo, señor y dominador absoluto liderando todas las estadísticas posibles. 29.7 puntos, 11.2 rebotes, 8.8 asistencias, 2.5 robos y 2.2 tapones por partido. No, no son los números de un chaval manipulando la Play Station, es la tozuda realidad de un jugador que ya es leyenda. Rozando el triple doble en cada encuentro. Si Irving deja para la posteridad el triple decisivo del séptimo partido, LeBron nos regala el tapón más relevante en unas finales, precisamente antes del triple de su compañero y con el empate a 89 en el luminoso. Una soberbia “chapa” ante un Igoudala quien fuera su némesis e implacable marcador defensivo en las finales de un año antes. King James consumó la venganza durante 2016 como sólo sabe hacerlo: arrasando.   



LeBron tapona a Iggy. La venganza del Rey.




MILOS TEODOSIC: Como representante del CSKA Moscú que maravilló al Viejo Continente durante 2016, hemos manejado una duda muy razonable: Teodosic o su compañero exterior Nando de Colo. Y es que el francés ha dominado de manera individual y colectiva el baloncesto europeo de clubes… pero el serbio añade a ello su plata olímpica, sólo un peldaño por debajo de los intratables Estados Unidos. Y esa medalla pesa mucho. No fue nada fácil, perdiendo tres partidos en la fase de grupos y sufriendo lo indecible ante una gran Croacia, pero el recital de semifinales ante la Australia que tanto había maravillado durante el torneo vale una plata que consolida la era Djordjevic en Serbia como la más exitosa para los ex –yugoslavos en mucho tiempo, con Teodosic como prolongación en la pista de su técnico. El genio de Valjevo parece haber olvidado definitivamente aquel jugador frágil y volátil con tendencia a evadirse en las grandes citas. Cuando le vemos en cancha nos sigue transmitiendo esa sensación de que el asunto no va con él, haya lo que haya en juego, pero está claro que por fin ha alcanzado su madurez, añadiendo a su condición de base superlativo la de un ganador a nivel colectivo. 



Parece increíble que hayamos tenido que dejar fuera a todo un Stephen Curry (pero es que en efecto, 2016 ha sido un año de cosas increíbles en este deporte) MVP de temporada NBA por segunda vez consecutiva, y quien nos sigue dejando un baloncesto de fantasía con su capacidad para generarse ventajas con el mejor manejo de balón del mundo (con permiso de precisamente Kyrie Irving), y quien ha liderado a su equipo al mejor registro en temporada regular de todos los tiempos,  pero estamos seguros de que el bueno de Stephen cambiaría tanto la marca del record como sus logros individuales por haber ganado un segundo anillo arrebatado por su paisano de Akron, King James. Buscará su venganza esta temporada junto a un Kevin Durant que también ha sido protagonista del año guiando a Estados Unidos hacia el oro olímpico y ocupando todas las portadas tras el verano con un fichaje por Golden State que ha hecho estremecer los cimientos de la NBA. Sobre de Colo ya hemos tratado, pero recordemos que hablamos del actual MVP de Euroliga, de Final Four y de la VTB League (una liga que conjunta a diferentes equipos del Este de Europa), y tampoco podemos olvidar el gran año que ha vivido Mathew Dellavedova, escudero de Irving y LeBron encargado del “trabajo sucio” cuyo trabajo se ha visto recompensado con su contratazo por Milwaukee donde por fin ha alcanzado estatus de titular, protagonizando un verano formidable liderando a una Australia que enamoró a todos los aficionados en los pasados Juegos Olímpicos y que de no ser por la España de Pau Gasol hubiera alcanzado un histórico podio olímpico.     





Itoudis y su Duo Dinámico. Los reyes de Europa.





martes, 9 de agosto de 2016

AUSTRALIA VA EN SERIO



Dellavedova le ganó el pulso a Teodosic



Australia sigue sorprendiendo. La selección de Andrej Lemanis se confirma como el equipo del torneo olímpico (obviando siempre a Estados Unidos, a otro nivel), tras una nueva exhibición en esta ocasión ante la Serbia de Sasha Djordjevic. Fue un partido más igualado que ante la Francia de Collet, y resuelto en unos minutos finales en los que el tiro exterior aussie cercenó cualquier posibilidad de victoria serbia con un parcial final de 0-11, con dos triples de Joe Ingles (sus únicas canastas de campo en todo el partido), para estirar el marcador a los 15 puntos de diferencia finales.   



La solvencia ofensiva australiana abruma. Los números son elocuentes. Sus 182 puntos anotados en ambos encuentros, disputados ante dos de las mejores selecciones europeas, dan una media de 91 por partido, situándoles como la mejor maquinaría anotadora de la competición (insistimos, obviando a Estados Unidos) La excelencia de su juego se plasma en sus 27 asistencias por partido (sólo les supera el combinado estadounidense, casi a la par con 27.5), y las referencias que hablaban de Lemanis como un entrenador con gusto por el baloncesto ofensivo y poco amigo de censurar las libertades en ataque de sus jugadores se confirman viendo los 47 triples intentados en ambos partidos por los oceánicos, de los cuales 16 han dado en el blanco (un notable 34%) Tienen su particular “big three” en Dellavedova-Mills-Bogut. Lemanis apuesta por dos bases de salida, siendo el nuevo jugador de Milwaukee el auténtico director de juego, repartiendo ya 11.5 asistencias por partido, líder destacadísimo de la categoría. Dato que alcanza otra dimensión cuando comprobamos que en sus 55 minutos en pista únicamente ha perdido un balón, lo que da un alucinante ratio de 23 asistencias por pérdida. Estratosférico. Sus 13 pases de canasta de ayer son record de un jugador australiano en Juegos Olímpicos, pero además sumados a que no contabilizó ninguna pérdida hacen que tiremos de hemeroteca para tener que remontarnos a los Juegos de 1984 en Los Angeles, cuando el mítico Pierluigi Marzorati establecía una marca similar ante Alemania. Confiar la batuta a Dellavedova libera al pequeño (1.83 cms) Patrick Mills de labores de dirección para concentrarse en su auténtica especialidad: la anotación. Con 23.5 puntos por partido es hasta la fecha el máximo anotador del torneo entre los jugadores que ya han disputado la segunda jornada, incluyendo por tanto a Kevin Durant (gran candidato a máximo anotador de los Juegos) Su 46.9% en tiros de campo es un buen porcentaje para un jugador de su altura y posición, y en el tiro libre se muestra implacable (91.7%) Junto a este formidable “backcourt”, Andrew Bogut se erige como el gigantesco faro que alumbra el juego australiano. Simple y llanamente, Bogut está haciendo de todo. Quien fuera número 1 del draft de la NBA de 2005 está haciendo un torneo casi perfecto (12 de 14 en tiros de campo, escalofriante 85.7%), promediando 13.5 puntos, 8 rebotes y 2 tapones por partido. Pero por encima de todo destacan esas 5.5 asistencias por encuentro, inusual para un cinco puro. El nuevo jugador de Dallas Mavericks está repartiendo más juego que la mayoría de bases del torneo.


Pero estos tres astros no están solos. Completando el quinteto titular les acompañan el ya clásico Joe Ingles, abnegado complemento que también reparte 5.5 asistencias y cuyo tiro exterior puede aparecer en cualquier momento, como ocurrió ayer para romper el partido contra Serbia. Sólo ha anotado 2 triples (precisamente ante Serbia) de 7 intentos, pero goza de la total confianza por parte de su entrenador para mirar el aro. Con buen criterio sabe que las opciones de su equipo pasan por las prestaciones de sus tres compañeros citados anteriormente. Igualmente sucede con otro grandísimo jugador de equipo como es Aron Baynes, quien he de reconocer es una debilidad particular, no sólo porque actualmente sea interior de rotación de mis amados Detroit Pistons. El Felipe Reyes australiano ya nos había sorprendido gratamente en su andadura europea, especialmente con su magnífica trayectoria en Euroliga vistiendo la elástica del Olimpija de Ljubljana, donde se confirmaba como uno de los interiores más duros y rocosos del baloncesto del Viejo Continente. En su madurez deportiva ayuda a la selección aussie con sus 7.5 rebotes por partido. En su debe ese flojo 37.5% en tiros de campo, muy mejorable para un jugador interior y que juega cerca del aro. 


La rotación de Lemanis, como en el resto de equipos del torneo (excepto, como no, Estados Unidos), hace bajar las prestaciones del combinado, pero no lo suficiente como para no considerar que manejan un buen banquillo, con varios nombres bien conocidos por el aficionado al baloncesto. Es el caso del mítico capitán David Andersen, quien a sus 36 años y lejanas ya las temporadas en las que se hinchó a ganar títulos en Europa (destacando sus dos euroligas con el CSKA), busca conducir a su selección al hito histórico de ganar su primera medalla olímpica. Sigue teniendo buena mano (8 puntos por partido) y ascendencia sobre el grupo (mientras tanto en España nos dedicamos a despellejar a Scariolo por llevar a Navarro) Kevin Lisch y Chris Goulding son de sobra conocidos también por el aficionado español tras su paso hace dos temporadas por la ACB, vistiendo la camiseta del Cai Zaragoza donde destacaron sobre todo por su facilidad para el tiro exterior tanto el base como el escolta. Ryan Broekhoff ha sido una de las revelaciones de la pasada Euroliga al lado de Víctor Claver en el Lokomotiv Kuban (aun así con números sensiblemente inferiores a los del jugador español, y permítanme recordar como aquí seguimos despellejando a Scariolo por llevar a Claver) y a Cameron Bairstow el buen aficionado a la NBA lo recordará por haber compartido vestuario la pasada temporada con Mirotic y Pau Gasol en Chicago, a quienes por otro lado fue incapaz de disputarles minutos de calidad en ningún momento. El pívot del Zalgiris Brock Motum y el base Damian Martin completan el roster de una selección que habitualmente se ha caracterizado por su dureza defensiva y su alegría ofensiva, características que sigue mostrando en estos Juegos pero a las que el nivel actual de Dellavedova, Mills y Bogut las ha llevado a otro nivel. 



Además de la victoria boomer, la jornada de ayer nos deja otra contundente victoria estadounidense ante una Venezuela que fue capaz de resistir durante todo un primer cuarto en el que llegaron a acabar empatados a 18… para acabar perdiendo por 44 puntos, y Francia lamiéndose las heridas estrenando su casillero de victorias ante China. Lo cierto es que aunque sólo han transcurrido dos jornadas, la situación en este Grupo A es bastante clarificadora. Nadie duda que Estados Unidos se va a hacer con la primera plaza aplastando a cada uno de sus rivales (veremos la resistencia que es capaz de oponer Australia), y los protagonistas de nuestra entrada, tras vencer en sus dos particulares “finales” ante Francia y Serbia apuntan directamente al segundo puesto salvo sorpresa morrocotuda (ojo a un posible cruce contra España) Los citados galos y serbios se disputarán entre ellos la tercera y cuarta plaza (siempre y cuando Venezuela no repitan un “milagro” similar al del pasado Torneo de Las Américas), y la vinotinto buscará ante China no irse de vacío de estos Juegos.    




Andersen y Navarro, exponentes de la bestial generación del 80. Uno idolatrado en su país, el otro señalado.





jueves, 11 de junio de 2015

ROBIN ENTRA EN ESCENA


Ciudadanos de Gotham City, ¡Bat-Man y Robin han vuelto!



En 1940 los padres de Bat-Man, Bob Kane y Bill Finger, junto al dibujante Jerry Robinson, crearon la figura de Robin, a partir de entonces compañero de fatigas del mítico Caballero Oscuro en su lucha contra el crimen. La idea era atraer a un público aún más juvenil (el Robin original contaba con tan solo 12 años), con un personaje que sirviera de contrapunto a la oscuridad del hombre murciélago. Así Robin fue concebido como un fiel escudero inasequible al desaliento incapaz de dejar en la estacada a su mentor y a la vez amigo, con unas características más alegres que el sombrío carácter del frío Bat-Man. La sociedad Bat-Man & Robin ejemplifica perfectamente el subgénero de ficción que en cine recibe el nombre de “buddy movies”, cuyos antecedentes podríamos situar incluso hasta en nuestro Quijote, con su infatigable y bonachón Sancho a su lado, y que actualmente explota el filón de pareja, normalmente policiaca o detectivesca, en la que uno de los protagonistas suele ser un negro lenguaraz que sirve de contrapunto al serio e incorruptible poli blanco. Un ejemplo exitoso de “buddy movie” reciente, aunque en formato televisivo, ha sido el de la serie de la HBO “True Detective”.   

Las finales de la NBA, tan propensas al espectáculo y a lindar en sus acciones con todo tipo de épicas narrativas, ha encontrado su particular “buddy movie” dentro del vestuario de los Cleveland Cavaliers. Y es que quien le iba a decir a LeBron James, después de protagonizar asaltos al anillo con jugadores como Dwyane Wade, Crish Bosh, Kyrie Irving o Kevin Love, que iba a encontrar a su compañero más fiable en un anodino base australiano rechazado en el draft de la NBA y cuya aportación en la cancha está siendo fundamental tanto para el éxito de su equipo como para minar la moral del rival (ambas cuestiones que lógicamente van de la mano, cuando hablamos de unas finales) 

Si la lesión de Kevin Love fue vista con no demasiado desagrado por parte de algunos aficionados, asegurando que sin el californiano los Cavs iban a jugar mejor debido a su indolencia defensiva, su individualismo y su excesiva (para un power-forward) tendencia al lanzamiento exterior, y permitió demostrar la valía de un Tristan Thompson que aún con lo limitado y rudimentario de su juego se presenta como puntal Cavalier por su lucha bajo tableros y en especial por su facilidad para el rebote ofensivo, más sorprendente resulta la reacción del equipo de David Blatt después de perder a su segundo hombre en importancia tras LeBron, el base Kyrie Irving. Cabe preguntarse ahora si con Irving en cancha, por muy capaz que sea de martillear el aro rival, el conjunto de Ohio hubiera sido capaz de poder desquiciar a todo un MVP como un Stephen Curry, cuya frustración en estos dos últimos partidos ha sido evidente y sólo ha encontrado ramalazos de su genio en el último cuarto del Game 3, con 17 puntos anotados en ese periodo en el que su equipo entraba, casualmente, 17 abajo. 

Y es que Matthew Dellavedova se ha convertido en el inesperado protagonista de estas series finales, por encima incluso de un LeBron James lanzado hacia la historia camino de hacer los mejores números jamás vistos en unas finales (40 puntos, 12 rebotes, 8 asistencias, 4 robos y 2 tapones ha sido la tarjeta del tercer partido) Pero lo de King James es una explosión anunciada, el MVP de la temporada habrá sido Curry, pero como dice la canción, “sigue siendo el rey”. Sin embargo Dellavedova, con ese aspecto de universitario recién salido de una “sitcom” de sobremesa, cumple la demanda de una parte del público necesitada de estas historias de cenicientas y patitos feos. Si en el segundo partido de la serie se ganaba al aficionado gracias a su trabajo defensivo ante Curry y una encomiable lucha que le hacía convertirse en el héroe del partido gracias a sus tiros libres después de luchar un rebote ofensivo, una vez trasladadas las series al Quicken Loans de Cleveland su juego alcanza una dimensión aún mayor al mostrarse como eficiente arma ofensiva. De hecho sus 20 puntos, que le situaron como segundo anotador de su equipo por detrás del omnipotente LeBron son la mejor marca anotadora de su carrera en la NBA. No podía haber elegido mejor momento para ello. Cada punto del australiano era jaleado por un pabellón enloquecido con su nuevo ídolo, quien al grito de “¡Delly, Delly, Delly!” dejaba por igual bombas a lo Navarro que triples, o hasta palmeos tras rebote ofensivo. Su sociedad privada con su Bat-Man particular quedaba sellada al servir un escalofriante alley-oop a LeBron para hundir en la miseria a un ya posterizado Klay Thompson. Eran los momentos de la tormenta Cavalier, que llegó a tener una diferencia de 20 puntos (48-68 rozando el final del tercer cuarto), recortada en el acto definitivo por unos Warriors que espoleados por un desesperado Curry llegaron a ponerse a un punto, 80-81 tras un triple del MVP, quien con todo perdido y en modo kamikaze ofreció su mejor juego en el partido.   

Pero las señas de identidad de Dellavedova se mantienen intactas, pese a su nueva y desconocida faceta de anotador. Su brío defensivo, su entrega y lucha por cada balón en el aire o en el suelo y frente a rivales más poderosos físicamente ha contagiado a su equipo y afición, que sigue haciendo frente a las dificultades de las bajas, incluyendo la esporádica de un Iman Shumpert mermado que se retiró dolido tras golpearse con Draymond Green en el primer cuarto, para volver a la cancha entre la ovación de su público. Cleveland ama a sus guerreros, pero parece que lesionarse es la única manera de poder tomar un descanso en este equipo, ya que aún tocado Shumpert se fue a los 32 minutos de juego. Siete menos que un Dellavedova que, al igual que el escolta de Oak Park, acabó en el hospital a consecuencia del trabajo realizado. Ambos jugadores esperan ser de la partida para el cuarto partido, pero el esfuerzo Cavalier comienza a ser sobrehumano.   

Cleveland se coloca con ventaja 2-1 en las finales, pero las casas de apuestas siguen dando como favoritos a los Warriors. Tiene su lógica y todo hace pensar en una remontada californiana, como sucediera en semifinales de conferencia cuando Memphis les ganó dos partidos seguidos y tuvieron que levantar la serie con el factor cancha roto. El principal argumento para pensar en ello es simple y llanamente que son mejor equipo. Steve Kerr parece contar de mejores y más numerosos efectivos, incluso recuperando a un David Lee pletórico en los trece minutos que permaneció en cancha, aportando once puntos (sin fallo en tiros de campo), cuatro rebotes, dos asistencias y un robo. Y ojo a este dato, con un brutal +17 para su equipo en el parcial resultante de su presencia en cancha. Claro que eso ha supuesto el ostracismo para un jugador como Marreese Speights del que Kerr también va a necesitar su aportación.   


Nos sigue pareciendo imposible que en el baloncesto de hoy día se puedan ganar unas series finales de la NBA con una rotación de tan sólo ocho jugadores, que son prácticamente siete ya que Mike Miller ha tenido una participación bastante testimonial. Los números son elocuentes. LeBron permanece en pista 47.3 minutos por partido. Tristan Thompson 43.3. Con Shumpert y Mozgov ya se alcanza cierto rango de normalidad, con sus 43 y 31.3 minutos por partido respectivamente. El heroico Dellavedova “sólo” 30 por partido, pero desde la lesión de Irving son 40.5 en los dos últimos partidos. JR Smith se va a unos 34.6 minutos, más propios de un titular que de un sexto hombre. Demasiada batalla en las piernas. Claro que con Bat-Man y Robin juntos, todo es posible.  

sábado, 6 de junio de 2015

HIGH NOON



Un hombre contra un ejército




Pocas veces hemos escrito una entrada más profética que nuestra anterior “La soledad del rey”, y es que en efecto, horas después el Game 1 de las finales NBA 2015 dejaba al descubierto todas las virtudes y defectos de ambos equipos, de una manera tan diáfana que no debe haber un solo analista cuerdo que le de opción alguna a los Cleveland Cavaliers de ganar el anillo en estos momentos.

Es cierto que el primer cuarto de Cleveland fue, sencillamente, arrollador, pasando por encima de unos timoratos Warriors que ni sabían por donde les venían los golpes. Es igualmente cierto que una vez capeado el temporal y llegadas las primeras ventajas de los de Oakland el equipo de David Blatt no se descompuso y siempre estuvo en el partido, y es también cierto que LeBron tuvo el tiro ganador (buscó un lanzamiento parecido al triple ganador que anotó en Febrero del pasado año contra el mismo equipo y con Igoudala también encima, aunque en esta ocasión se fue más escorado hacia la esquina) para no llegar a la prórroga. La misma certeza nos haría pensar que un encuentro decidido en tiempo extra es señal de que nos encontramos ante unas finales igualadas, y sin embargo en cuanto ambos equipos encarrilaron el camino a los vestuarios en el Oracle sobrevolaba la sensación de que el anillo ya tenía ganador y que Stephen Curry y su pandilla están en una situación idónea para rememorar el éxito de los Warriors de Rick Barry hace 40 años y convertirse en campeones NBA propinando un “sweep” al rival y dejando a los Cavaliers, como sucediera con los Washington Bullets de 1975, en cero victorias.

Ya no es sólo el hecho de la lesión de Kyrie Irving, una baja que en nuestra opinión deja a los de Ohio sin opciones entregando la dirección de juego (es un decir, porque ahora más que nunca LeBron tendrá que ejercer de “point-forward”) a un jugador como Mathew Dellavedova cuyo nivel no alcanza ni por asomo para ganar un campeonato de la NBA (ahora quizás se arrepientan de haber tradeado a Jarrett Jack el pasado verano), es que incluso con Irving las carencias de estos Cavaliers, empeñados en repetir los errores de Miami Heat (que si bien ganaron cuatro campeonatos de conferencia consecutivos perdieron dos finales ante Dallas y San Antonio condenados, entre otras cosas, por su poca profundidad de banquillo y condensar toda la dinamita en pocos jugadores) quedaron al descubierto en los 53 minutos del primer partido de las series, evidenciando la enorme diferencia entre un roster y otro. Hay que recordar que la lesión del base Cavalier llega casi al final del partido (si bien es cierto que llegaba al choque renqueante, sin estar a su mejor nivel, y aún así firmando 23 puntos, 7 rebotes y 6 asistencias), de modo que aún sin haber sufrido la desgracia de su baja, circunstancia insistimos que definitiva y que les deja sin opciones, el partido, con toda su dureza e igualdad, dejaba la lectura de la enorme superioridad de los californianos, con mayor profundidad de banquillo, mejor rotación, y más reparto de minutos entre sus jugadores, lo que se traduce, no puede ser de otra manera, en unas piernas más frescas, cosa que se pudo comprobar sin duda alguna en la prórroga.

Es prácticamente imposible ganar en el baloncesto de 2015 sin rotaciones. David Blatt utilizó sólo tres jugadores de banquillo durante el partido, J.R.Smith, errático en el tiro (aunque dejó una de las canastas del partido, un triple al filo del descanso para dar una ligera ventaja a los visitantes al final del segundo cuarto, 51-48), es no obstante el único suplente de garantías de los de Ohio, y suyos fueron los únicos nueve puntos que aportó el banquillo de Blatt, James Jones, especialista en el tiro exterior y al que sólo vimos lanzar un triple en los 17 minutos que permaneció en cancha, y por último el australiano Dellevadova, perdídisimo y superado durante los nueve minutos que dispusó, y cuya importancia para la franquicia Cavalier se resume en la anécdota de que el autobús de su equipo se fue al aeropuerto una vez acabado el partido con toda la plantilla y cuerpo técnico excepto el despistado base aussie que todavía andaba por el pabellón Dios sabe haciendo que cosas. Este es el nivel de estos Cleveland Cavalieres, una plantilla que parece confeccionada por su peor enemigo. Con jugadores ya pensando en la jubilación, como Shawn Marion o Mike Miller, o totalmente defenestrados como Kendrick Perkins (noticia por una pelea conyugal más que por temas baloncestísticos), aún así a Blatt y a LeBron (prácticamente con tanto peso como el entrenador estadounidense-israelí a la hora de tomar decisiones) no les queda otra que contar con ellos. Pero para empezar deben recuperarlos anímicamente.

Y es que enfrente, los Warriors demostraron porque han sido el mejor equipo de toda la temporada. Frente a los pírricos 9 puntos de Smith, única aportación del banquillo Cavalier, Steve Kerr obtuvo 34 de sus cinco suplentes, con significativa aportación de un Andre Igoudala convertido en factor X. 15 puntos decisivos y dura defensa sobre LeBron. Los Warriors juegan de escándalo, cierto, pero para ganar un anillo se necesita además un guerrillero capaz de bajar al fango y defender con la dureza más característica del Este que del Oeste. Igoudala asume ese rol sin perder brillantez en ataque. No olviden que hablamos de quien fuera jugador franquicia de los Philadelphia 76ers hace algunos años y que ahora, reconvertido en sacrificado sexto hombre de lujo, no quiere dejar pasar la ocasión de verse con un anillo de campeón en sus manos. También hay que mencionar a Marreese Speights, apenas jugó nueve minutos, lo mismo que Dellavedova, pero con un oficio y finura en ataque para irse a ocho puntos, con buenos minutos en el segundo cuarto para ayudar a la primera remontada Warrior. Reaparecía tras su distensión en la pantorrilla derecha y demostraba que es otro reserva de absolutas garantías dentro de un roster que apunta a pasar a la historia para el aficionado de la franquicia californiana.

Ni siquiera necesitaron al mejor Curry posible. El MVP de la temporada regular empezó flojo, quizás superado por una presión que pronto se quitaría de encima, pero fue de menos a más, añadiendo canastas a su casillero, soltando nervios, y dibujando en su rostro cada vez más un semblante de futuro campeón NBA. Peor fue incluso el arranque de su “hermano” Thompson, con una primera parte para olvidar, pero ofreciendo grandes minutos a partir del tercer cuarto (9 puntos en ese periodo) El escolta Warrior anotó sólo cinco puntos antes del paso por vestuarios, pero acabó con 21. Barnes y Green al nivel esperado, siempre por detrás de una pareja exterior que apunta a ser la más recordada de la NBA desde la de Thomas-Dumars, pero nunca perdiendo la cara al partido. Bogut, cumpliendo ante Mozgov. En resumen, un buen partido del equipo de Kerr, pero lejos de su mejor versión posible, y con unos nervios de salida que indicaban que necesitaba templar ánimos y hacerse a la cita. Con el primer punto en el bolsillo da la sensación de que a partir de ahora irán a más, frente a un equipo que con la lesión de Irving y con jugadores como LeBron y Tristan Thompson sin apenas descanso en el banquillo acabarán notando las minutadas según transcurra la serie.

Y es que la película de estas finales comienza a parecerse peligrosamente a un viejo western interpretado por Gary Cooper, aquel en el que el protagonista, abandonado por el pueblo, tiene que enfrentarse él solo a una banda de forajidos. En la película son cuatro, como la columna vertebral de los Warriors (Curry, Thompson, Barnes y Green), y gana Gary Cooper, que para eso era el bueno. En este film que arrancó en el Oracle Arena y tendrá escenario al menos por dos noches en el Quicken Loans de Cleveland, no están tan definidos los roles, y por si fuera poco a la banda de cuatro les acompañan varios pistoleros más, uno de ellos, Igoudala, con capacidad para ser incluso líder de la misma llegado el caso. Demasiado por muy LeBron James que seas. 44 puntos, 8 rebotes y 6 asistencias para morir en la orilla. LeBron puede dejar en estas finales unos números nunca vistos en este tipo de encuentros... y posiblemente no le sirvan para ganar el anillo. Es lo que pasa cuando estás solo ante el peligro.   

miércoles, 16 de julio de 2014

CABALLERO LEBRON





"Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.
 Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.
 Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta;
porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse." (Parábola del Hijo Pródigo, Lucas 15:11-32)




LeBron en casa



LeBron James vuelve a casa. Volverá a lucir la camiseta de los caballeros de Cleveland, el club cuyo logo luce un florete, arma blanca y refinada donde las haya con la que los nobles del siglo XVII se batían en duelo para tratar esos asuntos del honor que tanto preocupan a los de alta cuna. “The Decision 2.0” no ha conocido el revuelo mediático de hace cuatro años, cuando el 8 de Julio de 2010 James anunciaba su fichaje por Miami Heat en un show televisado que recaudó seis millones de dólares (que en gran parte fueron donados a obras de caridad, principalmente a The Boys and Girls Clubs of America, una asociación filantrópica que lucha por ayudar a los chavales de las calles estadounidenses a que no caigan en lo peor que pueden ofrecer algunas de esas calles y barrios: drogas, prostitución, o bandas callejeras) Parece que la legión de “haters” de LeBron anda un tanto apaciguada, cuando podrían estar sacando pecho tras la  tercera final perdida por The King (una con Cleveland, dos con Miami, una frente a Dallas, dos contra San Antonio) Aquel Julio de 2010 veía a España proclamarse campeona del mundo de fútbol, mientras que la noticia del retorno de LeBron a Ohio nos ha pillado en vísperas de la justa coronación de la Alemania de Joachim Low como herederos del fútbol preciso, precioso y preciosista que nos consagrara a nosotros hace cuatro años, como si el alero de Akron fuese seguidor de que “la vida es eso que pasa entre mundial y mundial” y midiese sus ciclos vitales alrededor del mayor acontecimiento deportivo del mundo después de unas olimpiadas. 

Cuatro años al calor de Miami, donde ha ganado dos anillos de campeón y cuatro títulos de la Conferencia Este. No es mal bagaje, aunque con The Chosen One todo parece poco, sobre todo teniendo en cuenta el arrojo con el que el alero prometió ganar “no uno ni dos ni tres ni cuatro ni cinco ni seis ni siete…” anillos en su presentación como Heat, anunciado una dictadura en la mejor liga del mundo junto a sus amigos Dwayne Wade y Crish Bosh. Contrasta todo aquello con sus declaraciones actuales una vez decidido a retornar al Cleveland en el que jugó su primera final por el título (en 2007 ante San Antonio Spurs): “No prometo anillos porque ahora sé lo duro que es lograrlo”. Un LeBron más maduro, más humilde, más humano. Como si quisiera despojarse de la regía condición de monarca de la canasta que le lleva acompañando desde prácticamente la adolescencia para rebajar su rango al de simplemente caballero, que para eso se enfunda de nuevo la zamarra Cavalier. La carrera de James es asombrosamente brillante, pero para quien estaba destinado a marcar la época más triunfal y dominante desde Jordan ha sido una dura pelea el luchar por todos los títulos posibles y haber ganado “sólo” dos. Cleveland puede ser un buen destino para seguir engordando su palmarés. A pesar de las exageradas muestras de desazón y el linchamiento al “traidor” LeBron (escenas que estos días ahora vemos en Florida) traducido en quema de camisetas, pancartas insultantes, y hasta en el ridículo de Dan Gilbert, presidente de los Cavs, profetizando que LeBron nunca ganaría un campeonato tras su salida de Cleveland y colgando en la web del equipo una infame carta en la que insultaba públicamente a James (carta que ha estado disponible en la página oficial del club hasta hace pocas fechas, en las que apresuradamente la han retirado, como si no hubiera pasado nada, como si nunca hubiera existido odio ni resentimiento hacia el hijo más ilustre de Akron, ciudad de la que también son originarios los vanguardistas nuevaoleros Devo, la cantante Chrissie Hynde, o el también estrella de la NBA Stephen Curry, y que se encuentra a apenas 40 minutos de Cleveland en coche), a pesar de todo el desafecto expresado por la comunidad Cavalier hacía el posiblemente mejor jugador que haya vestido su camiseta lo cierto es que desde un punto de vista frívolo el periplo de James en Florida no ha sido un mal negocio para ambas partes. El jugador ha ganado dos títulos de campeón NBA (y cuatro del Este, insistimos en esto porque aunque en Europa no recibe apenas importancia, en Estados Unidos ser campeón de Conferencia es un título oficial que tiene su correspondiente trofeo para poblar las vidrieras de los clubes y ser conmemorado en los banners que cuelgan de los techos de los pabellones), además de sus reconocimientos oficiales como MVP tanto de las finales como de temporada regular (años 2012 y 2013, y en el caso de MVP de la temporada añadidos a sus dos conseguidos en Cleveland en 2009 y 2010) La franquicia de Ohio, por otro lado, al verse sumida en el pozo de la clasificación ha podido obtener buenas posiciones para los últimos drafts (consiguiendo tres primeras elecciones en 4 años con una suerte que ni Carlos Fabra con la Lotería Nacional), adquiriendo así jugadores como Kyrie Irving y Tristan Thompson en 2011 (números 1 y 4 del draft respectivamente), Dion Waiters en 2012 (número 4), Anthony Bennett en 2013 (número 1 del draft de ese año), y el canadiense Andrew Wiggins este mismo año, también con el número 1. Si bien es cierto que lo de Bennett pudiera apuntar a gatillazo (dentro de un draft que no pasará a la historia), Cleveland ha ido forjando un grupo joven y talentoso que con la llegada de LeBron se convierte de inmediato en uno de los grandes favoritos para el título. Buen material humano para un David Blatt que a quien en su primera aventura NBA parece haberle tocado la lotería, ya que la sola presencia de Irving y LeBron le garantiza ganar un buen puñado de partidos, claro que por otro lado añade presión a un técnico que quizás no buscase recibir tantos focos ni manejar tantas expectativas como las que provoca el tener en su plantilla al mejor jugador del planeta y el baloncestista más diferencial del momento.   


42 millones de dólares por dos temporadas es el nuevo contrato de King James en Cleveland, club que recibe a uno de sus socios en los dos anillos conquistados en Miami: Mike Miller.  Una pieza más para un puzzle de David Blatt que apunta a ganador, con la veteranía de Miller y Varejao, el insultante talento de Irving, la progresión de Waiters, Thompson, o Dellavedova (quien puede ser para Blatt lo que Patrick Mills para Gregg Popovich), la confianza en un Bennett trabajando bien en la liga de verano, y por supuesto el retorno del rey pródigo, un rey que ahora sabe cual es el camino para llegar a la cima. Volver a ser un caballero y ser el primero en el campo de batalla.  

Pronósticos al margen, sigue siendo absolutamente fascinante la capacidad de la NBA para mudar su escenario de la noche a la mañana y convertirse en una liga absolutamente imprevisible. Nadie en su sano juicio hace tan sólo un mes se hubiera atrevido a pronosticar que íbamos a hablar de los Cavaliers como el gran favorito y el equipo a seguir. Y es que la NBA da espectáculo hasta en verano.  



¿Y ahora qué hacemos?