lunes, 16 de abril de 2018

MASTER EN LESIONES




Laso y los elementos





En vísperas de las eliminatorias de cuartos de final del Real Madrid de Pablo Laso frente al Panathinaikos de su viejo enemigo Xavi Pascual, un nombre (aunque no se reconozca de puertas hacia afuera) debe ocupar ahora mismo los pensamientos del técnico alavés, máxime teniendo en cuenta su dominio en la posición de base a la que el equipo blanco llega precisamente cargado de dudas, después de que el regreso de Sergio Llull no acaba de concretarse y las molestias en la rodilla del Facu Campazzo se alargan más de lo deseado.


¿Todas las opciones del Real Madrid para llegar a otra Final Four pasan por neutralizar a Nick Calathes? De un modo muy simplista podría decirse que sí, o dicho de otro modo por tanto, las opciones griegas pasan por ver a su base internacional a su mejor nivel. Hablamos del octavo máximo anotador de la competición con 14.22 puntos por partido, pero sobre todo del mejor asistente con 8.15 pases de canasta por partido. Un base puro en el mejor momento de su carrera. Es cierto que enfrente el Real Madrid puede presumir de Luka Doncic, cuyos números son todavía superiores a los del griego (excepto en asistencias y en el ratio pases/pérdidas), pero hablamos de dos bases de un perfil tan distinto (y de ahí la diferencia en el apartado asistente y en el ratio con las pérdidas) que en un duelo entre las dos grandes estrellas de ambos equipos sólo parece poder saldarse con éxito por ambas partes. La obsesión por Calathes encuentra por tanto su prolongación en el nombre del argentino Facu Campazzo, jugador ideal para encararse en ambos lados de la pista al heleno, tal y como demostrara en el partido de vuelta de liga regular disputado en el Palacio. En aquel 92-75 del pasado 8 de Marzo el internacional argentino hacía uno de sus mejores partidos con la camiseta blanca alcanzando 28 de valoración gracias a sus 15 puntos, 5 rebotes y 5 asistencias, pero sobre todo mostrándose superior a un Calathes al que dejó en 10 puntos y 3 asistencias, con 4 pérdidas de balón y un pobre 4 de valoración, muy lejos de sus números habituales. Doncic era baja por lesión, y Campazzo encontró en Causeur a su mejor escudero (26 puntos del francés), pero es que además el combo Campazzo-Causeur se comió a la pareja Calathes-James, por mucho que el americano acabase con 23 puntos… pero con 1 de 9 en lanzamientos triples.


Calathes y James no pueden ser más opuestos, y a buen seguro que Laso sabrá valorarlo. Poco importa que el ex –baskonista se vuelva a ir por encima de la veintena de puntos si reincide como escopeta de feria. Su triste 7 de 42 en triples durante el campeonato incita a la esperanza blanca. James no se corta un pelo y no es el mejor jugador posible a la hora de seleccionar el tiro. Un jugador genial que funciona como arma de doble filo para su propio equipo.


Pero todo pasa por recuperar a Campazzo y/o a Llull. De lo contrario las opciones madridistas quedan muy reducidas frente al binomio Calathes-James con Nikos Pappas como muy buen recambio en la dirección. Matt Lojeski, Marcus Denmon, K.C. Rivers y el joven tirador lituano Lukas Lekavicius completan un juego exterior de campanillas, y sin duda el mayor fuerte del roster griego. Pero no es simplemente un equipo de tiradores, ya que aleros e interiores como Thanasis Antetokounmpo, James Gist o un jugador que combina talento y sacrificio a partes iguales como Chris Singleton conforman un plantel temible bien dirigido por un Xavi Pascual demostrando capacidad para triunfar en un ecosistema distinto al de la ACB pese a vivir bajo la presión de su presidente, el joven multimillonario Dimitris Giannakopoulos enfrentado sin ambages y de manera frontal a la Euroliga, tanto es así que ha llegado a colgar en su cuenta de twitter una foto montaje con un cartel de “El Padrino” cambiando la estampa de Vito Corleone por la de Jordi Bertomeu. Inaudito. El Real Madrid es precisamente uno de sus objetivos favoritos, como dejó claro cuando envió un dossier sesgado y manipulador a la Euroliga sobre presuntos tratos de favor y ayudas arbitrales a Real Madrid, Baskonia, Fenerbahce y Olympiacos. Giannakopoulos es uno de esos personajes nocivos para el mundo del deporte, quien no deja de ser por otro lado (sólo que con posición, dinero y un enorme altavoz mediático) reflejo de una gran cantidad de aficionados llorones y victimistas de los que ninguna afición se libra (desgraciadamente tampoco el madridismo) empeñados en que absolutamente todo lo que se mueve alrededor suyo obedece a una conspiración orquestada en la sombra en la que instituciones, árbitros, e incluso comentaristas televisivos intentan sin desfallecer atacar los intereses de su equipo. Veremos si la actitud beligerante del potentado griego tiene algún peso en la eliminatoria, y si mantiene su órdago de retirar al equipo de la competición de clubes más importante del continente. Como decimos, mucho mérito el de Xavi Pascual pudiendo convivir con semejante elemento.




Giannakopoulos y su extraña concepción del deporte.



Volviendo al baloncesto puro y duro, hay que incidir en el duelo en las posiciones de bases y escoltas. Luka Doncic, cuya calidad está fuera de toda duda, volverá a sumar en todos los aspectos del juego, pero Laso necesita de nuevo a Campazzo-Causeur como perros de presa a la manera de Thomas-Dumars en los tiempos de los Bad Boys de Chuck Daly. Sin el argentino (y sin Llull) las opciones de Laso quedan muy reducidas, sobre todo pensando en una serie que se presume larga. Combos como Causeur-Rudy o Causeur-Taylor (veremos si Laso vuelve a apostar por el alero sueco como “stopper” de bases rivales, como ha hecho en ocasiones frente a Spanoulis o Satoransky, y normalmente con buenos resultados) pueden funcionar frente a la dupla Calathes-James en momentos determinados, pero si pensamos en una serie dura y larga (si he de apostar, diría que hablamos de cuatro partidos mínimo) la brutal insistencia de un jugador tan incansable como el Facu se antoja vital. Estamos obviando a Chasson Randle, un jugador que ha cumplido con lo que se le pedía: ser un parche temporal. Su ausencia frente a Fuenlabrada pese a la ausencia de nuevo de Campazzo, dejando sólo a Doncic en la dirección (Causeur tuvo que jugar de base varios minutos) parece la declaración definitiva de que su concurso esta temporada ha tocado a su fin. Pero precisamente mientras escribo estas líneas leo la noticia de que el Facu ha de pasar por el quirófano, con lo cual se abre otro escenario para Laso, de nuevo ante el “más difícil todavía” y posiblemente obligado a contar de nuevo con el norteamericano aunque sea para un papel muy residual, ya que todo indica a ver a Doncic pasando la treintena de minutos en cancha en cada partido, y en este sentido repetimos, pensando en una serie a cuatro o cinco partidos las facultades físicas con las que puede llegar el astro esloveno a los momentos decisivos de la eliminatoria deben ser considerados con este terrible hándicap.


En compensación Laso afronta esta serie viendo a su juego interior atravesar un gran momento de forma. Tavares está totalmente integrado en el equipo y consigue que al rival se le haga de noche cuando se acerque a la zona blanca. La preocupación de Laso estará en saber protegerlo de las faltas personales. Ayón parece haber olvidado sus problemas de hombro y los más recientes de tobillo y llega en una versión bastante parecida a la de su mejor nivel, al igual que Anthony Randolph. El nacionalizado esloveno ha recuperado su excelencia anotadora, explotando en la última jornada de Euroliga, de la que fue MVP después de sus 23 puntos (8 de 10 en tiros de campo), 5 rebotes, 4 asistencias y 5 robos de balón, que le permitieron alcanzar la burrada de 38 de valoración ante el Brose Bamberg. En ACB viene de sumar 16 puntos (6 de 8 en tiros de campo) y 6 rebotes en Fuenlabrada. El ascenso de Randolph, como suele pasar en estos casos, supone una bajada en importancia en el rol de Trey Thompkins. Felipe Reyes ha descansado en ACB debido a una inoportuna fiebre, y es duda para el primer partido, pero a buen seguro tendrá minutos durante la serie y su productividad independientemente del tiempo que permanezca en cancha volverá a ser evidente. En definitiva, y pese a la calidad de Gist y Singleton, el Madrid debe explotar lo máximo posible una presunta superioridad en la zona, pese a que en el global de ambos duelos disputados esta temporada entre ambos equipos el Panathinaikos supera a los blancos 75 a 73 en rebotes (curiosamente el Madrid fue superior en esta estadística en su derrota en Atenas, consiguiendo 35 rebotes por 33 de los griegos, mientras que los de Pascual en su derrota en Madrid capturaron 42 rechaces por 38 del rival) De hecho si nos atenemos a lo realizado durante toda la Euroliga, el Madrid ofrece unos magníficos 35.57 rebotes por partido (tercero tras Maccabi y Olympiacos) por 32.9 de PAO (noveno equipo en la tabla reboteadora) En realidad los blancos aparecen superiores en prácticamente todos los aspectos estadísticos en comparación a los de Atenas, pese a quedar un puesto por debajo en la tabla debido a ese triple empate final entre Olympiacos, Panathinaikos y Real Madrid (y quien piense en una posible derrota amañada por parte de los jugadores de Olympiacos, es porque sinceramente desconoce la rivalidad del baloncesto ateniense entre Panathinaikos y sus vecinos rojiblancos) La temporada europea del Real Madrid, teniendo en cuenta la dureza de esta competición y las adversidades sufridas en el roster blanco, ha sido francamente buena, y pase lo que pase en su eliminatoria ante PAO debe ser considerada de tal modo. Alcanzar plaza para otra Final Four sería llegar a cotas de notable o sobresaliente.


En este blog nunca hemos escondido nuestra admiración por el trabajo de Pablo Laso en el banquillo madridista. Creemos que se ha ganado a pulso sentarse en el mismo Olimpo que Pedro Ferrándiz o Lolo Sainz, considerando la dificultad del máximo baloncesto continental actual. Quien tenga dudas le recomiendo que repase de nuevo las primeras copas de Europa conquistadas por el Real Madrid y valore las diferencias entre aquellos torneos y la actual Euroliga. Baste ver como equipos del calibre de Darussafaka y Lokomotiv Kuban se han tenido que “conformar” esta temporada con jugar la final de Eurocup. Las 16 plazas euroligueras son muy caras y pertenecen a auténticos “pata negra” del baloncesto europeo. Laso ha ido superando retos en el banquillo madridista a base de mucho trabajo y de una capacidad para sobreponerse a la presión propia de quien fuera uno de los mejores jugadores nacionales de su momento. Pero posiblemente se encuentre ante el definitivo “más difícil todavía” de su trayectoria como entrenador merengue.


Es la segunda vez que afronta unos cuartos de final con factor cancha en contra. La ocasión anterior no le deja buen recuerdo, pues en la primavera de 2016 el Fenerbahce eliminaba a los blancos con un rotundo 3-0, en una serie en la que el Real Madrid apenas tuvo opciones. El OAKA, no hace falta recordarlo, es una de las canchas más calientes y difíciles de Europa. El Panathinaikos llega a la cita clave antes de la Final Four mucho más fresco y descansado, como corresponde a un equipo que juega la liga griega frente a la potente ACB. En esta última semana sin ir más lejos el equipo de la capital de España se ha enfrentado en cinco días a Joventut de Badalona y a la revelación Fuenlabrada. Tras el partido en el sur de la comunidad Laso se mostraba satisfecho. Había arrancado una victoria que le deja prácticamente en bandeja la primera posición ACB y factor cancha en todas las eliminatorias, pudiendo dosificar perfectamente a sus jugadores (aun así y debido a los problemas en el puesto de base Luka Doncic se tuvo que ir por encima de los 27 minutos) Pero la comparación de nuevo con la situación griega no invita al optimismo, y es que el Panathinaikos saldó su semana con dos palizas que dejan clara su actual superioridad en el baloncesto griego (no han perdido ni un partido) Ganó de 34 en su visita a Creta y recibió al Kolossos de Rodas al que aplastó por 24, con Calathes por debajo de la veintena de minutos. Esto sucedía el pasado viernes, es decir, llegan al primer partido de cuartos de final con un día más de descanso. Por si fuera poco Xavi Pascual cuenta con dos piezas importantes fichadas a mitad de curso que no están inscritos en la liga, con lo que su gasto físico durante la temporada es bien distinto al de la plantilla madridista. Hablamos de Adrian Payne y por supuesto de Mike James.


Todas estas dificultades palidecen ante la última y mayor de todas, y es que en una temporada concebida para encomendarse a una magnífica tripleta de bases formada por Doncic, Llull y Campazzo, el técnico vitoriano cuenta sólo con la joya eslovena, un Doncic superlativo durante gran parte de la temporada pero a quien justo antes de parar por problemas musculares ya se le advirtieron preocupantes signos de fatiga. Doncic es un baloncestista inconmensurable, que agota los calificativos, pero no es un superhombre.


Madrid ha puesto de moda, muy a pesar, la importancia de tener un master en tu currículo. La web de Marca, con tino, bautizaba al equipo de fútbol como “master en supervivencia” después de su agónico pase a semifinales de Champions League tras dejar en la cuneta a la siempre peleona Juventus de Turín. Hoy Laso dejaba una frase que puede resumir la accidentada temporada blanca: “hemos hecho un master en lesiones”.


Contra Calathes, contra James, contra el OAKA, contra un rival más descansado, contra la historia del factor cancha en contra... el master en lesiones quiere serlo también en supervivencia. 



In Luka we trust







viernes, 13 de abril de 2018

EL JAZZ DE RICKY RUBIO








Finalizada la primera temporada regular de Ricky Rubio en Utah merece la pena detenerse a analizar su concurso durante estos meses en Salt Lake City. A la espera de lo que suceda en los primeros play offs NBA que el base internacional español va a disputar en su carrera, el curso no puede ser calificado por debajo de sobresaliente, no tanto a nivel individual como en lo colectivo. Y es que Ricky se ha consolidado como parte fundamental de un engranaje metódico en el que por encima de las individuales ha funcionado el bloque para llevar a una sorprendente quinta plaza (con opciones de haber sido terceros hasta la última noche) del Oeste a una franquicia que con la salida de Gordon Hayward el pasado verano muchos apuntaban que no llegaría a post-temporada. En ese sentido en este blog lo tenemos claro: si hay que reconocer a alguna estrella en estos Utah Jazz que haya liderado al equipo para llevarlo a este éxito hay que mirar al banquillo, y es que Quin Snyder se ha reivindicado como el nuevo gran entrenador de la actual NBA (junto al otro gran talento joven de la pizarra, Brad Stevens) 


Pero vayamos con el papel de Ricky Rubio en su primer año mormón. Un Ricky en una nueva versión, dando otra dimensión a su juego reforzada por un cambio de imagen poco favorecedor en lo estético pero sintomático como declaración de principios. Un Ricky con aspecto de “malote” que se deja crecer la barba y no se corta el pelo, y al que con acertada hilaridad se le ha buscado un descacharrante parecido con el actor Fernando Tejero. Ricky Rubio en versión “killer”, más eficaz pero menos mágico. Si le criticaban su falta de puntos o su desencuentro con el aro rival, firma el mejor año en anotación de su carrera NBA, dejando 13.1 puntos por noche con un buen porcentaje del 41.8% en tiros de campo (por contextualizar, superior al de bases como Avery Bradley,  D’Angelo Russell, Devin Harris, De’Aaron Fox, Patrick Mills, Markelle Fultz, Lonzo Ball, Patrick Beverley o Isaiah Thomas, y prácticamente similar al de John Wall con su 42%)


Pero empecemos por el colectivo. En un equipo que, hay que insistir en ello, se ha basado en la aportación coral, Ricky finaliza la temporada regular como el tercer máximo anotador del equipo (obviamos a Rodney Hood, traspasado a mitad de temporada), tras el espectacular “rookie” Donovan Mitchell y sus 20.5 puntos por partido, y muy cerquita de Rudy Gobert (13.5 por noche ha anotado el francés, sólo 0.4 puntos por encima de Ricky) También es tercero en rebotes, sólo por detrás de Gobert y Favors, es decir, de los dos jugadores interiores titulares de Utah, y por supuesto ha sido el líder en asistencias. El dato es demoledor. En las tres estadísticas principales de este juego (puntos, rebotes y asistencias) ha sido el máximo en una de ellas y el tercero en las otras dos. También ha liderado al equipo en otra de sus especialidades, la recuperación y robo de balón, mientras que en tapones su aportación ha sido muy esporádica, 11º con 0.1 “chapas” por partido. En la estadística negativa de balones perdidos también lo encontramos liderando junto a Donovan Mitchell, con 2.7 pérdidas por encuentro (lógico siendo los dos jugadores encargados de la subida y distribución del balón) También va parejo con Mitchell liderando las faltas personales, otras 2.7 cada uno por partido. Respecto a los porcentajes, ha sido el mejor de su equipo en tiros libres, aunque en tiros de campo sólo Jae Crowder (a pesar de las fantásticas sensaciones dejadas por el jugador llegado de Cleveland) ha estado más errado que Ricky. Todo esto siendo el cuarto jugador más utilizado por Snyder, por detrás de Mitchell, Gobert y un gran Joe Ingles. Datos que confirman a Ricky Rubio como una de las indiscutibles piezas claves de estos sólidos Utah Jazz.  


Y ahora vayamos a lo que supone su temporada en el global de su carrera. El análisis más superficial nos lleva a la evidente conclusión de haber visto el Ricky Rubio más anotador y menos asistente (que no pasador) de su carrera. En efecto, nunca anotó tanto (13.1 puntos por noche) pero asistió menos (5.3 pases por canasta, 2 menos que en su anterior peor año, 2013, y muy por debajo de su tope de 9.1 de la pasada campaña) La solidaridad de su juego se sigue mostrando en el rebote, con 4.6 capturas por noche, la segunda mejor marca de su carrera (en 2015 llegó a 5.7) y ha bajado ligeramente sus números en recuperación (1.6 por partido, su peor registro, pero muy parecido al año pasado o a 2015, cuando estuvo en 1.7) Los 11 tapones que ha puesto esta temporada son su tope, aunque en promedio resultan más valiosos los 8 “gorros” colocados en los 41 partidos de su primera temporada. Respecto a las pérdidas de balón, sus 2.7 balones perdidos están en la media de su carrera. Su mejora más importante, qué duda cabe, la encontramos en la anotación y en el tiro, manteniendo sus habituales buenos porcentajes desde el libre (86.6%, su segundo mejor porcentaje tras el 89.1 del pasado año) pero mejorando los de campo hasta el 41.8 con el que acaba este curso regular. Su 35.2% en triples también es el mejor registro de su vida NBA. Yendo más allá de lo que es estrictamente el tiro, ha sido buena noticia verle seleccionar mejor sus penetraciones y manejar más recursos a la hora de encarar el aro, llegando incluso a ver como uno de sus más habituales movimientos ha sido bautizado como el “catalán step”, siguiendo la pauta iniciada con el “euro step” de Manu Ginobili. Ricky marcando tendencia en maneras de anotar. Ver para creer. 


¿Qué nos dicen las estadísticas avanzadas? Su impacto defensivo sigue siendo brutal. Finaliza con un valor de 101.3 en deffensive rating (25º mejor de la liga, empatado con Pau Gasol, Amir Johnson y Shaun Livingston) y su deffensive “win shares” es de 0.048, 19º mejor de la temporada, superando a jugadores como Russell Westbrook, Klay Thompson, Draymond Green, Paul George o Jimmy Butler. Hemos buscado su lugar en el PER, que viene a ser algo así como lo más parecido a la valoración en la NBA, y hallamos a Ricky en el puesto 132 de toda la liga, con un valor de 15.43. Es una bajada considerable respecto a su puesto 90 la pasada temporada (con 16.87 de puntuación), pero aun así es una buena valoración, superior a la de jugadores de la consideración de Serge Ibaka, Thaddeus Young, Andrew Wiggings, Trevor Ariza, Carmelo Anthony o Isaiah Thomas, y supone la mejor cuarta marca de su equipo tras Gobert, Favors y Mitchell. La conclusión después de todo esto parece clara, la buena temporada de Ricky no viene motivada tanto por una mejoría de sus números a nivel individual como por ser parte importante de uno de los bloques más sólidos de toda la NBA pese a su ausencia (o quizás gracias a eso) de grandes figuras.  


Y es que más allá de los números, esa es la sensación positiva que nos transmite el Ricky Rubio actual. En Minnesotta era un buen segunda espada tras la estrella de turno (Love, Wiggings, Towns…), a la que surtía de balones olvidándose de mirar aro. En Utah se ha encontrado un equipo en el que nadie tiene, sobre el papel, más tiros por decreto que sus compañeros (en todo caso Mitchell, rol que se ha ganado encarnando ese “jugón” de toda la vida descarado y capaz de anotar canastas de todos los colores) La subida de balón y dirección de juego la ha compartido precisamente con un Donovan Mitchell que le ha descargado de amasar la bola, viendo así un Ricky Rubio liberado para el tiro exterior, especialmente en las esquinas (recordando un poco la versión que vimos de Jose Calderón en Dallas) La temporada de Mitchell ha sido brutal, y ha sido el jugador incendiario necesario para sacar adelante, pero, a pesar de sus limitaciones (nulo tiro exterior, ausencia de pick&pop, exceso de continuaciones verticales, recepción de balón muy mejorable), el francés Rudy Gobert (y así lo dice el PER) ha sido el auténtico ancla del equipo, el jugador cuya presencia más se nota en pista, bien complementado por un Derrick Favors muy mejorado en el tiro (el 56.3% en tiros de campo es el tope en su carrera, y nunca lanzó tantos triples como los 63 de este curso), y que decir de la campaña de Joe Ingles, haciendo el mejor curso en puntos, rebotes y asistencias de su trayectoria NBA. 


Rubio-Mitchell-Ingles-Favors-Gobert, un quinteto que se conocen al dedillo los aficionados de Salt Lake City, reforzados por un Jae Crowder cuya llegada a la ciudad mormona ha sido una bendición, haciendo olvidar a todo un tirador de muñeca de seda como Rodney Hood. Royce O’Neale no sólo ha confirmado el gran jugador que se anticipaba en Las Palmas de Gran Canaria en su año ACB, sino que incluso ha superado las expectativas en torno a su juego. Jonas Jerebko se ha reivindicado como un eficiente jugador de banquillo una vez asumido su rol secundario. Estos serían los ocho jugadores clave de Snyder. A partir de ahí poco más, salvo Epke Udoh, Raúl Neto, y por supuesto el reaparecido Dante Exum, la perla australiana que de momento ha de adaptarse a vivir a la sombra de un Ricky encajado perfectamente en el puzzle de Snyder.  


La apasionante última noche NBA, con la complicada visita a Portland, deja a los Jazz quintos y destinados a enfrentarse a los Oklahoma City de Westbrook, George y Anthony con factor cancha en contra. El curso ya ha sido un éxito para los de Salt Lake City, queda ver si la química de Snyder puede con las excelencias individuales de los Thunder. 

viernes, 6 de abril de 2018

SOMBRAS DE BLUES OURENSANO




Willie Ladson, bonhomía neoyorquina en Ourense.




Hoy nuestra entrada tiene mucho de musical, de hecho más de musical que baloncestística, aunque lógicamente su punto de partida es el mundo de la canasta, excusa en esta ocasión para hablar de otra de nuestras grandes pasiones. Y es que recientemente he descubierto a una joven e interesante intérprete femenina de cálida pero imponente voz y buen tino a la hora de fabricar melodías. Anda inmersa en el inminente lanzamiento de su primer larga duración, que llevará por título “Shades of Blue”, y cuya canción de adelanto, que precisamente da título al LP, engancha cosa fina.  




La curiosidad por su figura se acrecentó en mi cuando escuché el origen de esta gallega de piel morena y nombre claramente anglosajón. Marem Ladson, que así se llama nuestra protagonista, es hija de uno de los tantos jugadores de color estadounidenses que vinieron a nuestro baloncesto a labrarse un futuro y, en algunos casos, llegando a encontrar el amor, como fue el caso de Willie Ladson, un auténtico trotamundos de la canasta que ha jugado en clubes de medio mundo pero cuya relación sentimental con España y en concreto con Galicia supera cualquier otro vínculo con todos los países en los que ha trabajado (Argentina, Venezuela, Rusia, Chile, México, Paraguay, Chile, Holanda y por supuesto Estados Unidos, como ven un auténtico trotamundos) 




La historia de amor de Willie con la tierra de las meigas comienza a mediados de la década de los 90. En 1995 llega a España para enfundarse la camiseta del desaparecido Viña Costeira Verín, en la liga EBA, donde ya dejó muestras de su calidad en la zona (su curriculum arroja estadísticas de 20 puntos, 11 rebotes y 2 tapones por partido esa temporada) Sería una primera toma de contacto antes de volver y echar raíces, ya que después de jugar en distintas ligas, sobre todo en América del Sur, tendría que esperar hasta 2003 para establecerse ya de una manera definitiva en nuestro país y en Galicia, cuando vuelve a nuestro país para vestir las elásticas del CB Galicia, Aracena, CB Ourense y Chantada, hasta su retirada en 2008. Una historia de amor con el noroeste español que se plasma en su relación con una periodista gallega con la que concebiría a la pequeña Marem, una preciosa mulata que pronto demostraría inquietudes musicales hasta convertirse en una de las más firmes promesas del actual pop español con raíces americanas. 




Una historia de amor interracial, baloncesto, música y cultura, como tantas otras que han enriquecido nuestro país gracias a tipos como Willie Ladson, un jugador culto y con la cabeza bien amueblada que actualmente trabaja en una empresa dedicada al intercambio de chavales entre Estados Unidos y España para practicar baloncesto y sobre todo aprender otro idioma y otra cultura. Una de esas historias que nos recuerdan lo mejor del deporte, como instrumento integrador y no disgregador, y necesaria de recordar en estos tiempos en los que tanto empeño hay en cerrar fronteras, levantar muros y sacar a pasear banderas que sólo representan a los fanáticos de turno. 




Mucha suerte a Marem Ladson y que disfrute de una larga carrera componiendo e interpretando sus canciones. 





lunes, 2 de abril de 2018

SUERTE MR. LANDESBERG, NO HAY PARACAÍDAS









El Domingo de Resurrección ACB deja un nombre propio por encima del resto. Una actuación individual descomunal de esas que nuestro baloncesto necesita de vez en cuando para, al adquirir viso de extraordinario, arañar algunos segundos más en los medios de comunicación audiovisuales o y algunas líneas añadidas en prensa. 


Sylven Landesberg dinamitaba la mañana del domingo destrozando sin piedad el aro del Barcelona hasta alcanzar 48 puntos. Una cifra descomunal, pero más todavía lo es su valoración, 52. Y es que a su exultante capacidad anotadora sumó unos nada desdeñables 5 rebotes y 3 asistencias, pero sobre todo hay que destacar su extraordinario porcentaje de tiro, que apenas le hizo restar en la citada valoración. 15 de 26 en tiros de campo, 10 de 11 en libres, pero sobre todo un escalofriante 8 de 11 en triples. Se queda a sólo seis puntos del record absoluto individual de anotación ACB, los 54 de Juan Antonio San Epifanio en 1984 ante el Joventut de Badalona, pero recordemos que el bueno de Epi necesitó 50 minutos para llegar a esa cifra (fue un partido con prórroga y era un baloncesto, digan lo que digan los nostálgicos, menos exigente y en el que los entrenadores no se planteaban las constantes rotaciones y dosificaciones necesarias actualmente) Landesberg llega a esta marca con 35 minutos en pista, y muy posiblemente hubiera batido el record del alero blaugrana de haber necesitado el partido tiempo extra. 


Landesberg lideró a un Estudiantes que recordó aquellos tiempos en los que justicia era llamado el “matagigantes” del baloncesto español. La temporada de los colegiales no está siendo para tirar cohetes, pero está más cerca de considerarse un buen curso que uno malo, a diferencia de años pasados (ahora mismo están más cerca de los play offs por el título, 3 victorias, que del descenso, sobre el que llevan cuatro partidos ganados de ventaja), y sobre todo su mejor imagen la están dando ante los grandes. Compitieron muy bien contra Baskonia y Real Madrid, ganaron al Valencia en el único partido disputado ante los taronja, y al Barcelona han sido capaces de tumbarles en los dos encuentros ligueros. Siempre con el alero judío destacando en la anotación. Salva Maldonado ya anunció a principios de temporada que su jugador sería la revelación de la ACB. Confianza absoluta en un producto del baloncesto neoyorquino que no consiguió destacar nunca en el Maccabi Tel Aviv (en la Final Four de Milán, aquella en la que los de David Blatt alzan el trofeo tras la final ante Real Madrid no disputa ni un minuto) pero en un Estudiantes huérfano de anotación exterior tras la salida de Edwin Jackson es referente absoluto.  


Por lo demás, la liga ACB sigue demostrando un dominio abrumador del Real Madrid, muy meritorio teniendo en cuenta la exigente temporada de los blancos debido a una Euroliga de la que ha sido el mejor representante nacional en temporada regular, y sobre todo a los interminables problemas físicos a los que se ha tenido que enfrentar Laso en todas las posiciones. Ahora es Campazzo quien deja coja la rotación en la dirección (por no hablar de lo que están sufriendo en el juego interior, Tavares último damnificado) pero en un equipo tan coral y solidario como este Real Madrid siempre aparece alguien para echarse el equipo a la espalda. Ayer fue Causser, cerrando el partido en Málaga con una gran penetración que servía de guinda a sus 21 puntos casi sin fallo (sólo falló un triple y un tiro libre), superando así la resistencia de un gran Unicaja liderado por un excelso Nedovic (quien firmó 25 tantos) Grandísimo duelo que, ojo a este dato, sería ahora mismo enfrentamiento de cuartos de final, ya que Unicaja no pasa en este momento de la octava posición (el extraordinario momento del Andorra, con siete victorias en sus últimos ocho partidos, y la resistencia de un Fuenlabrada empeñado en seguir siendo la revelación de la temporada se lo ponen muy difícil a los de Plaza para escalar a posiciones superiores) 
 

sábado, 24 de marzo de 2018

LOS MEJORES DE 2017: INTERNACIONALES









Avanza 2018, pero teníamos pendiente todavía el repaso a los protagonistas internacionales de 2017. Saldamos la deuda, distinguiendo, una vez más, entre jugadores y entrenadores.


Y comenzamos con el gran personaje del año pasado, en nuestra opinión, y lo que le queda, porque hablamos de un adolescente de 18 años llamado Luka Doncic. No es que 2017 haya sido su gran año, es simplemente es su primer gran año. Es cierto que no es el jugador que más títulos ha ganado, ni el que mejores números ha hecho, pero nadie ha tenido un impacto superior mediáticamente hablando, por la sencilla razón de que estamos asistiendo a una precocidad histórica. Nunca en la historia un jugador fue incluido en el Mejor Quinteto de un Eurobasket a su edad (14.3 puntos, 8.1 rebotes y 3.6 asistencias por partido), una edad a la que Drazen Petrovic todavía jugaba en Sibenik y no conocía la Copa de Europa. En 2017 a Doncic le hemos visto coronarse Mejor Jugador Joven de la ACB, ser elegido Rising Star de Euroliga, 6 veces MVP de una jornada euroliguera, una vez MVP mensual tanto de Euroliga como de Liga Endesa y una nominación más de MVP de jornada en ACB. Pero por encima de todo esa sensación de romper moldes y destrozar barreras. El futuro hecho presente.


Acompañando a Doncic en nuestro imaginario podio, dos grandes estrellas ya consagradas en la NBA, quienes han brillado a un extraordinario nivel en dos momentos muy concretos del año, por lo que no nos atrevemos a poner a una figura por encima de la otra. Y es que Kevin Durant, quien fuera MVP de temporada regular en 2014 y nada menos que cuatro ocasiones máximo anotador de la liga, alcanzó el pasado 2017 su culmen al colocarse, por fin, un anillo de campeón de la NBA en unas finales de las que fue dominador absoluto. Sus medias lo dicen todo: 35.2 puntos, 8.4 rebotes y 5.4 asistencias, todo ello con un 55.6% en tiros de campo. Extraterrestre. Y haciéndolo además delante de un LeBron James cuyas exhibiciones en 2016 todavía coleaban en el imaginario californiano. “Durantula” demostró adaptarse perfectamente al nuevo ecosistema de Steve Kerr y saber convivir con estrellas del calibre de Curry o Thompson respetando y compartiendo opciones de tiro a un nivel que no logró encontrar pasadas temporadas con Westbrook y Harden. Misión cumplida para KD, quien dejó Oklahoma City para ganar anillos en una liga cada vez más gerintrificada en la que las grandes estrellas se reúnen en un mismo equipo sin pudor alguno.


El tercer gran jugador que queremos destacar por su 2017 es el esloveno Goran Dragic, autor de una de los mayores recitales baloncestísticos que podemos recordar en un campeonato de selecciones. Y es que el base de Miami Heat dominó el Eurobasket al mismo nivel estelar que en otras ocasiones hemos visto al mismísimo Pau Gasol, sólo que con el añadido de hacerlo desde un perfil más estético (y quizás también más individualista) 22.4 puntos, 4.4 rebotes, 5.1 asistencias y 1.6 robos por partido, con unos brillantes porcentajes de tiro de 42.9% en triples y 60% en tiros de dos. Fantástico para un jugador exterior. Pero es que además lo mejor lo dejó para una inolvidable final en la que acabó acalambrado y firmando 35 puntos (20 en un segundo cuarto en el que no podíamos ni pestañear), 7 rebotes, 3 asistencias y 2 robos. Histórico. Grabando su nombre para siempre en un baloncesto europeo de selecciones del que ya ha anunciado su retirada, concentrado sus esfuerzos en unos Miami Heat venidos a menos tras los años de gloria de LeBron, Wade y Bosh pero con los que estuvo a punto de dar la campanada de meterse en play offs, finalizando la pasada temporada con un muy meritorio balance de 41-41, el mismo que el octavo clasificado, Chicago, pero haber perdido dos de los tres partidos de “regular season” contra los Bulls dejó a los de Florida fuera. Los 20.3 puntos y 5.8 asistencias por partido de Dragic tuvieron gran parte de la culpa de que el equipo entrenado por Erik Spoelstra fuera una de las revelaciones de la temporada.


Otros nombres que igualmente han brillado durante el 2017 a nivel internacional han sido el de un descomunal Russell Westbrook, coleccionista de triples-dobles durante todo el año para meter en play offs a unos desahuciados Thunder, y coronado con todo merecimiento MVP de temporada regular o el de Epke Udoh, dominador de la Final Four de Estambul para finalmente volver a intentarlo en la NBA en esta ocasión con la camiseta de los Utah Jazz.


En los banquillos nos parece irresistible lo conseguido por Igor Kokoskov, asistente en unos Jazz que sorprendieron la pasada temporada con su quinta posición en el Este y sorprenden más todavía este curso con claras opciones de play offs pese a la marcha de Gordon Hayward. La calidad como técnico del serbio alcanzó su máxima expresión durante el pasado Eurobasket llevando a Eslovenia a un oro histórico. Steve Kerr ha vuelto a brillar en la NBA, dirigiendo a un equipo de campanillas pero logrando que pura sangres ofensivos como Durant, Curry o Thompson fueran capaces de compenetrarse en la pista para llevar a Golden State a su segundo anillo en tres temporadas, y por último reconocemos a un Zeljko Obradovic que engrandece su leyenda. En su cuarta temporada al frente del Fenerbahce ha llevado a los aurinegros a dominar el baloncesto turco, alzando la copa turca y arrasando en un apoteósico final de liga, pero sobre todo recordará su 2017 por el hito de su novena copa de Europa, igualando en un solo técnico al club más laureado del continente (Real Madrid, también con nueve) Algo absolutamente insólito en el deporte profesional.




jueves, 8 de marzo de 2018

CINCO ANILLOS Y UN OSCAR









La noche que el Dorothy Chandler Pavilion de Los Angeles coronaba a un maestro del fantástico como Guillermo del Toro como gran triunfador de los oscars de Hollywood de 2018, un auténtico icono de la ciudad angelina recogía la dorada estatuilla para sorpresa de muchos aficionados al séptimo arte. No era la forma del agua, era la forma del baloncesto. El jugador más “jordanesco” tras el propio Michael Jordan, el baloncestista de los mil y un recursos individuales y el más perfecto “fade away” de todos los tiempos, el ganador de cinco anillos de la NBA, el mito Kobe Bryant, se codeaba con los grandes astros de la meca del cine.



¿Qué hacía Bryant allí?, se preguntaban algunos. Los buenos aficionados a la canasta sin embargo recordarán como en su despedida de las canchas el 8/24 de Los Angeles Lakers nos dejaba una emotiva carta en la que expresaba su amor por el baloncesto, la pasión de su vida, una larga relación vivida desde la cuna (su padre fue jugador profesional con una larga y exitosa carrera entre la NBA e Italia) “Dear Basketball” fue el título que el genial escolta dio a su emotiva misiva, un texto que dio la vuelta al mundo y que finalmente convirtió en corto de animación bajo la dirección de un clásico del género como Glen Keane (cuya firma se encuentra en algunos de los más reconocibles trabajos de Disney de las últimas décadas) El apartado de mejor cortometraje de animación suele pasar bastante desapercibido en la ceremonia de los oscars de Hollywood, pero no fue así en esta ocasión, cuando el célebre Mark Hamill, el inolvidable Luke Skywalker de la saga Star Wars exclamaba a la audiencia el nombre de uno de los más grandes baloncestistas de todos los tiempos.



Y es que después de cinco anillos de la NBA, dos oros olímpicos, dos veces máximo anotador de la temporada, dos MVP de las finales, y un MVP de temporada regular (entre otros reconocimientos que vamos a obviar para no abrumar más al lector), la leyenda de la Mamba Negra se engrandece todavía más como icono absoluto del baloncesto y de la sociedad occidental. Su sonrisa recogiendo el oscar eran tan grande o más que la nos regalaba en la cancha después de una de sus interminables canastas imposibles. La sonrisa de los jugones, que decía el gran Andrés Montes.