lunes, 24 de septiembre de 2018

EL NUEVO MADRID, EL MADRID DE SIEMPRE, SE ALZA CON LA SUPERCOPA




El "no parar" madridista.



El Real Madrid de Pablo Laso comienza la temporada oficial de la misma manera que finalizó la anterior, dominando el baloncesto nacional, y frente al mismo equipo que le disputó tal condición el pasado curso. Es el decimosexto título conquistado por el técnico vitoriano desde que está en el banquillo blanco. 16 de 30 posibles hasta la fecha. Es decir, Laso está ganando más de la mitad de los títulos que disputa. Un dato asombroso en el baloncesto actual. Recupera el cetro de la Supercopa, competición que dominó entre 2012 y 2014 pero llevaba tres años sin ganar.


Fue un fin de semana de gran baloncesto, con una apertura magnífica gracias al duelo entre Barcelona y Baskonia en el que los de Pedro Martínez llegaron a estar 20 arriba (40-60 en el minuto 24) El equipo azulgrana vivía su día de la marmota particular. Gran equipo, fichajes de talento, pero pésima imagen sobre la pista. Necesitaron tocar fondo y verse apalizados para despertar y tirar de orgullo, ejemplificado en Oriola, rodeado de jugadores exteriores (Blazic, Smits, Font…), quienes consiguieron recortar diferencias y llegar al último cuarto con opciones. El Barcelona tuvo que jugar sin red, cosa que dudo guste a Pesic, pero le dio resultados. Ya con el partido igualado el serbio volvió a apostar por quintetos altos (Claver, Singleton y Tomic juntos), contrarrestando un fallón juego interior baskonista (hasta el mismísimo Shengelia llega a fallar dos tiros libres seguidos a cuatro minutos del final con su equipo cuatro arriba, aunque seguiría siendo referente ofensivo de su equipo en los minutos decisivos) Granger ponía un 72-79 a poco más de minuto y medio, que parecía decisivo, pero los arreones de Pango y Kuric dieron de nuevo opciones a los blaugrana, e incluso el MVP de la Supercopa 2016 (cuando jugaba en Gran Canaria) tuvo un último lanzamiento triple que de acertar hubiera llevado el partido a la prórroga.


Acto seguido el anfitrión, Obradoiro, saltó a la cancha para medirse al campeón de Europa. Ilusión no les faltaba a los locales, y pueden decir que duraron dos asaltos al equipo de Laso, dando buenas sensaciones con algunos de sus nuevos fichajes, caso de Vasileiadis, que acabaría máximo anotador de su equipo con 15 puntos, o Stephens, con sus dos triples, o el trabajo en la pintura de Hlinason, además de la veteranía de un gran Albert Sabat (14 puntos y 3 rebotes) Pero tras el descanso los de Laso metieron un par de marchas más y un parcial de 8-28 tras el descanso dejó claro que equipo iba a disputar la final del sábado.


De modo que los dos finalistas de la pasada Liga Endesa se citaron para el sábado, con el mismo resultado que hace tan sólo unos meses: el Madrid levantando la copa. El Baskonia volvió a demostrar que a día de hoy parece el rival más cualificado para el equipo de Laso, pero le sigue faltando un punto. Sobre todo si su jugador estrella, Tornike Shengelia, no está a su mejor nivel (-18 con él en pista) Parte de la culpa hay que dársela a la buena defensa madridista, intensa y efectiva sobre todo en los momentos clave del partido.


Tras un comienzo igualado, en el que los blancos adquieren las primeras ventajas (una máxima de 7, con 13-6, mediando el primer cuarto) sin que los vascos pierdan comba en ningún momento (de hecho llegan a acabar el primer acto un punto arriba), uno de esos momento clave llegó mediando el segundo cuarto, cuando el equipo de Pedro Martínez amenazó con romper el partido (28-36) en los mejores momentos de Shengelia. A partir de ahí los madridistas se ataron los machos y en un parcial de 14-0 basado en un buen trabajo atrás y buscar y encontrar a Ayón en la pintura (quien por otro lado ejercía de punta de lanza de la defensa blanca, en ese estilo Laso de interior que presiona las líneas exteriores del rival), hicieron añicos la ventaja baskonista. Shengelia reaparecería con cinco puntos consecutivos, y un triple de Granger al filo del descanso ponía el marcador en 42-22 para los subcampeones ligueros. El choque se iba a los vestuarios dejando aroma a partidazo.


Volvió a estirar la diferencia el Baskonia comenzando el tercer cuarto (buenos minutos de Shavon Shields), pero la buena actuación de Klemen Prepelic (8 puntos en este periodo) impidió que los de Pedro Martínez, una vez más, rompieran el partido. El esloveno resultó decisivo con una carta de tiro magistral, 13 puntos con 5 de 6 en tiros de campo (3 de 4 en triples), y sin llegar a los 12 minutos de juego. Prepelic funcionó en esta ocasión como el microondas blanco, el revulsivo desde el banquillo por delante de un Carroll desdibujado (5 puntos en 10 minutos, jugador menos utilizado por Laso en la final)



Prepelic ejerció de revulsivo



Los blancos dejaron lo mejor para el final. Un parcial de 19-11 en el último cuarto, abierto con un triple de Campazzo (buen partido con 13 puntos, 3 de 6 en triples, y un +10 con él en pista) y 5 puntos más de un Prepelic desatado. El otro fichaje blanco, Gabriel Deck, ponía la máxima diferencia de nuevo, la que no tenían desde el primer cuarto, 7 puntos que serían los que finalmente se llevasen con el pitido final. El Baskonia resistió gracias a Shields y a un Poirier que estrechó el marcador a cuatro minutos del final. 76-73. Lo que Pedro Martínez no podía imaginar es que sus jugadores no volverían a anotar en lo que quedaba de partido. Las malas decisiones del joven Vildoza y la buena defensa de los Campazzo, Llull y Taylor dejarían sin opciones a los baskonistas.


El nuevo Real Madrid deja buenas sensaciones. Deck y Prepelic parecen encajar perfectamente en la filosofía Laso. Las señas de identidad permanecen intactas. Ritmo alto de juego, intensidad defensiva, presión sobre las líneas de pase rival, movilidad en todas las posiciones y jugadores, y sobre un todo un fondo de armario absolutamente clave para entender la forma física superior a la del rival con la que los de Laso han finalizado ambos partidos. Es el viejo Real Madrid, el de siempre, el de un Llull dispuesto a quitarse la espina de su casi inédita pasada temporada. Abrió el marcador madridista ante el Obradoiro, firmando los primeros puntos en la temporada oficial de su equipo. Justicia poética. El de Mahón se llevó otro galardón individual al proclamarse MVP del fin de semana después de dos partidos de precisión y regularidad ejemplares: 17 puntos y 6 asistencias ante Obradoiro (19 de valoración), 15+3 (además de 2 rebotes y 2 robos) en la final, alcanzando los 15 de valoración. Llull ha vuelto en un “como decíamos ayer” descomunal.


Descomunal también fue el concurso de triples de Matt Thomas. El valencianista se coronó nuevo rey de la distancia tras tres exhibiciones brutales en las que consiguió un total de 80 puntos sobre 90 posibles en una cancha que conoce bien (el año pasado jugó en el equipo compostelano) Estratosférico.



Thomas se lució ante su ex-público.





miércoles, 19 de septiembre de 2018

LA SUPERCOPA ABRE EL TELÓN DE LA ACB





Un año más la Supercopa ACB sirve de apertura de telón de manera oficial a una temporada más del baloncesto de clubes español en su máxima categoría. Es el primer verano, ya casi otoño, en mucho tiempo, en el que no venimos de un campeonato internacional absoluto de selecciones, por lo que los equipos que habitualmente ceden jugadores a esos combinados han tenido más tiempo para preparar el torneo.  


No es el caso del anfitrión, un Obradoiro que continúa un año más bajo el patrocinio de Monbus en el baloncesto ACB. Habitualmente uno de los puntos fuertes del equipo de Moncho Fernández (desde 2010 en el banquillo compostelano, todo un ejemplo de supervivencia) es su dureza como equipo local. Veremos si la caldera del Fontes do Sar es suficiente aval para dar la campanada ante el vigente campeón de Europa y Liga Endesa. 


Comenzaron los gallegos de forma ilusionante la pretemporada, con una victoria ante Fuenlabrada en el Circuíto Movistar de Guadalajara, brillando Kostas Vasileiadis, uno de sus fichajes estrella, en plan pistolero anotando 24 puntos. No obstante al día siguiente el UCAM Murcia les pasaría por encima en el mismo escenario. Posteriormente dieron una de cal y otra de arena (victoria ante Alba Berlín, derrota de nuevo frente a los murcianos), y arrasaron al Ourense en la Copa Galicia. Balance 3-2 en pretemporada para un equipo nuevamente renovado cuya incorporación más reconocible es precisamente el veterano alero griego en otra aventura ACB, su segunda etapa en Santiago. El también ex –jugador de Unicaja o Bilbao entre otros equipos llega juntos a jóvenes apuestas como el escolta alemán Andreas Obst (22 años), el alero estadounidense Kendall Stephens (recién salido de la NCAA y con fama de gastar una muñeca de seda, como atestigua su 43,2% en triples durante su último curso en Nevada) o el pívot eslovaco Brodziansky, también llegado de la liga universitaria norteamericana. Otra joven apuesta para el juego interior es la perla islandesa Hlinason, quien llega cedido desde el Valencia, donde apenas tuvo minutos, pero a sus 20 años sigue siendo un jugador del que se espera una gran explosión a medio plazo. Completa el apartado de fichajes el belga De Zeeuw, trotamundos del basket europeo y jugador clave en su selección nacional, con un perfil ya clásico de cuatro abierto. 


Muchas caras nuevas en un equipo que ya no girará en torno a los nombres de Alberto Corbacho o Artem Pustovyi, pero que sigue manteniendo unas claras señas de identidad y apostando por jugadores recién salidos de la NCAA. Una apuesta que en el pasado reciente les ha dado magníficos frutos (recuerden los casos de Mike Muscala, Robbie Hummel, Rosco Allen o Matt Thomas) No obstante creo que puede ser un Obradoiro más letal en el juego exterior, con auténticas metralletas como los llegados Vasileaidis, Obst o Stephens, que sumarán sus fuerzas a Ben Simons o Martins Laksa, pero con más dudas por dentro tras la marcha de su fenomenal pareja interior Radovic-Pustovyi. 




Obradoiro y Real Madrid se miden en Santiago



Enfrente un Real Madrid más continuista que nunca. Si una de las señas de identidad (y claves del éxito) de la era Laso ha sido la apuesta por un bloque sólido sólo alterada por causas forzosas (la marcha de algunos de sus mejores jugadores a la NBA), en este verano se ha tocado tan poco la plantilla que casi la mayor novedad en el equipo blanco parece la barba que se ha dejado el bueno de Pablo durante estas vacaciones. No va a ser un curso fácil para los campeones de Europa. No hay recambio para Doncic (Pantzar intentará rascar los minutos que pueda por detrás de dos jugones como Llull y Campazzo), pero llegan dos buenos complementos como Deck y Prepelic. El argentino hará olvidar a Maciulis con su brega habitual y su facilidad para el rebote. El único pero a su llegada al club blanco es que es un jugador que se mueve mejor por dentro que por fuera, pero en la zona madridista hay ahora mismo un overbooking bestial (Tavares, Kuzmic, Ayón, Thompkins, Randolph y Felipe), de modo que tendrá que jugar de tres puro pese a sus limitaciones en el tiro exterior. Prepelic por su parte añade más dinamita al juego exterior blanco, intentando compensar con su ardor defensivo su irregularidad en el tiro. El esloveno viene de tirárselo todo en la liga francesa. Ahora tendrá que aprender a seleccionar mejor sus lanzamientos. Por lo demás un Real Madrid fiel a su estilo de juego de ritmo alto, pero capaz de combinar cada vez mejor juego exterior e interior y con un Laso magistral capaz de proponer combinaciones a priori insólitas y heterodoxas pero de pura riqueza táctica (recordemos que hace unos días le gana un amistoso al Olympicos rompiendo el partido con un quinteto formado por Causeur, Carroll, Prepelic, Usman Garuba y Felipe Reyes) Su pretemporada se ha saldado con tres victorias en tres partidos, pasando por encima de San Pablo Burgos, Olympiacos y Unicaja, haciendo lo que mejor saben hacer: meter muchos puntos (91.3 por partido)


El duelo estrella sin embargo lo veremos en la otra semifinal. El Barcelona vuelve a jugar este torneo después de levantar la Copa del Rey la pasada temporada poco después del retorno de Pesic al banquillo blaugrana. Queda por ver si en un curso completo el veterano técnico germano-serbio es capaz de devolver al club de la Ciudad Condal a la primera línea del baloncesto continental. Ello pasa por primeramente volver a dominar el estatal más allá del esporádico título copero del pasado Febrero. No es una temporada cualquiera para los azulgrana. Hablamos del Año I después de Navarro, el gran referente del baloncesto barcelonista durante todo el siglo XXI. Sin el escolta de Sant Feliu todas las miradas recaen sobre Ante Tomic, ya no sólo elemento gravitacional del juego de su equipo en los últimos años, si no ahora además alcanzando otro nivel de ascendencia en el vestuario al adquirir rango de capitán. Veremos cómo sale la jugada en un baloncesto moderno en el que por mucho “efecto Tavares” del que queramos hablar se impone el ritmo de juego alto y la movilidad en los hombres altos. En ese sentido el Barcelona no sólo sigue confiando en buscar al hombre alto como primera opción, cueste lo que cueste en el reloj de posesión (y en el éxito de la defensa rival, capaz de formarse mejor cuanta más largo sea el ataque contrario), si no que dobla la apuesta con el fichaje de otra torre como es Artem Pustovyi (2.18), quien debuta en competición oficial con su nuevo equipo en el que precisamente fue su pabellón durante las últimas tres temporadas. La jugada recuerda a lo sucedido en Can Barça durante el curso 2015-16, cuando juntaron a Tomic con un Tibor Pleiss que venía de maravillar en Vitoria. La apuesta no salió nada bien, y aunque curiosamente ganarían la Supercopa de aquel año, disputada en Málaga y arrasando a Gran Canaria y Unicaja, su temporada no daría los frutos deseados, y las derrotas ante Bilbao en el primer partido de la fase final de la Copa del Rey, la eliminación en cuartos de final de Euroliga ante el Lokomotiv Kuban de Bartzokas (precisamente sucesor de Xavi Pascual) y finalmente la derrota en la final ACB ante el Real Madrid pese a tener factor cancha a favor, supuso la destitución de Pascual y originó el actual periodo de sequía azulgrana, mitigado por la Copa conseguida en este 2018.  


El tema Navarro es capítulo aparte, pero todos tenemos la sensación de que el trato dado desde el club a la leyenda barcelonista no ha sido el mejor posible, así como el de un sector importante de la afición que llevaba años pidiendo la jubilación del escolta. Con el campeón del mundo fuera de escena ya no tendrán tan fácil en quien focalizar los males del equipo. Buenos mimbres no faltan en el nuevo proyecto de Pesic. De hecho el Barcelona es uno de los equipos que más ilustres nombres han reclutado este verano en Europa. Prácticamente lo mejor que se ponía a tiro en cada puesto. Kevin Pangos, ya conocido en ACB tras su paso por Las Palmas y que viene de hacer un temporadón impresionante con un Zalgiris al que metió en la Final Four de Belgrado; Kyle Kuric y Jaka Blazic para reforzar el perímetro, también con experiencia ACB; el ya citado Pustovyi;y sobre todo Chris Singleton, auténtico fichaje de relumbrón con amplia experiencia en Europa y Euroliga tras dos temporadas siendo uno de los pilares fundamentales del Panathinaikos. Además vuelve el “forward” letón Roland Smits tras su cesión en Fuenlabrada. Profunda renovación en una plantilla que acumula hasta once bajas respecto a una temporada pasada en la que volvió a acumular una vez más nombres sin ton ni son. 



Singleton lidera el apartado de fichajes de un Barça renovado.



Los de Pesic llegan a Santiago sin una línea definida hasta el momento, alternando partidos grises (derrota ante el Joventut, descalabro en la final de Lliga Catalana) con grandes actuaciones (paliza al Partizan Belgrado o al Arka Gdynia polaco) En total un balance 3-2 (ganaron también al Manresa) en una pretemporada bastante cargada de partidos.  


Mejor imagen ha dado Kirolbet Baskonia en la segunda temporada, primera completa (similitud que comparte con su rival este viernes, Pesic) de Pedro Martínez como técnico baskonista. Tres partidos saldados con tres victorias, entre ellas otra contundente al Partizan (otra similitud con Barcelona) Posteriormente dos solidos triunfos ante Breogán y Delteco CBG en el Circuíto Movistar confirman que los vitorianos seguirán dando guerra, pese a que la falta de continuidad de un bloque sólido, especialmente en el juego exterior (jugadores como Larkin o Mike James sólo les duraron un curso, Darius Adams uno y medio, Beaubois dos…) les ha impedido volver a ser el equipo temible de la época de los Prigioni, Scola y compañía. Las buenas noticias están por dentro, donde mantienen el juego interior de la pasada temporada, incluyendo, claro está, al deseado Tornike Shengelia, cuya renovación hasta 2022 ha sido tan celebrada en el club vasco como si de un fichaje de relumbrón se tratase, y ha festejado su continuidad en Vitoria con 17.7 puntos por partido en pretemporada. A su lado siguen las torres Poirier y Voigtmann, además de un Diop en plena progresión, y llega el joven bosnio Adjin Penava, una apuesta de futuro recién llegada de la NCAA con el cartel de, ojo, haber sido el mejor taponador de la última temporada en la liga universitaria (nada menos que 3.9 “gorros” por partido)  


Además de Penava, los otros dos fichajes baskonistas son los americanos Darrum Hilliard y Shavon Shields, que aportarán puntos desde las alas para intentar suplir las ausencias de jugadores como Janis Timma, y sobre todo Rodrigue Beaubois. Poca renovación por tanto en un equipo que intentará aprovechar las buenas sensaciones que dejaron al final de temporada los jóvenes argentinos Patricio Garino y sobre todo Luca Vildoza, quien parece capacitado para disputarle minutos de calidad a los timones Granger y Huertas. 


Partido muy imprevisible el que enfrentará a los de Pesic y Martínez, pero en el que personalmente yo le daría un ligero favoritismo a los vascos.  


En definitiva, un gran fin de semana el que se presenta con los aficionados al basket, con muchas caras nuevas por descubrir para la próxima ACB, un título en juego, y como no, el tradicional concurso de triples, donde Jaycee Carroll, ganador de dos ediciones, parte como gran favorito en otro intento de igualar a Louis Bullock como jugador que más veces ha ganado este evento. 




 Jaycee "Boom Boom" Carroll, a por su tercer concurso de triples.
 




martes, 21 de agosto de 2018

UNA PLATA MULTIRACIAL






Garuba consolado por Tisma tras la final. Dos de los mejores jugadores nacidos en 2002.




En el habitual verano de categorías de formación de la selección española (más necesario que nunca, después del cambio en el calendario que nos deja sin Eurobasket cada dos años), nos detenemos en esta ocasión en la plata recién obtenida por los sub16 en el Europeo de Novi Sad, tras caer en una emocionante final ante una potente Croacia que sigue generando talentos e ilusión pese a que sus senior no acaban de explotar al nivel que los pronósticos decían.


La selección entrenada por Javi Zamora ha realizado un grandísimo torneo, ganando seis de sus siete partidos, muchos de ellos además con insultante solvencia, mandando durante la mayoría de los encuentros, y sólo mordiendo el polvo en una gran final que comenzó de manera complicada (perdiendo 37-29 al descanso), tuvieron en franquía (57-63 a falta de cinco minutos) y finalmente se decidió en un final más propio de elite senior que de unos adolescentes que rondan entre los 15 y 16 años. Roko Prkacin (hijo de Nikola Prkacin, profesional con una larga carrera desarrollada mayormente entre el KK Split y la Cibona de Zagreb) fue el gran protagonista en el último minuto, primero con un espectacular mate y posteriormente con la canasta ganadora que inutilizaba el triple de un gran Héctor Alderete que había puesto a los nuestros uno arriba a falta de doce segundos. Kennedy Clement tuvo un lanzamiento a la desesperada en el último segundo, pero no logró cambiar el marcador errando su tiro.


Clement, junto a Usman Garuba y Jeff Godspower forma la tripleta de jugadores de origen africano de la selección española. En estos tiempos en los que se pone el foco en los peligros de la inmigración, exaltando vergonzosamente sentimientos patriotas que tanto daño hicieron a la Europa del siglo XX, la presencia de estos tres jugadores supone una muestra de la riqueza que realmente puede aportar la inmigración a un país. Podemos recordar las penosas reacciones de Jean-Marie Le Pen, líder del xenófobo Frente Nacional, criticando a la selección de fútbol de su país que fue campeona del mundo en 1998 por la presencia de un buen número de jugadores de origen extranjero en sus filas. No caigamos en eso. Donde algunos quieren ver pérdida de identidad yo veo una gran oportunidad para que gentes desfavorecidas encuentren un futuro a través del deporte, además de una excelente herramienta de integración, y por supuesto riqueza. Todos podemos salir ganando si somos capaces de comprender el contexto actual.


En el caso de Usman Garuba, hablamos de un portento del que cuesta intuir su techo. Para la web especializada en “prospects”, Eurohopes, se trata del mejor jugador de todos los nacidos en 2002, por delante del alemán Ariel Hupkorti y de su compañero en el Real Madrid y rival en el pasado campeonato europeo sub16 el croata Boris Tisma. En el mismo ranking encontramos en quinta posición al alero estudiantil Hector Alderete, quien junto a Garuba ha liderado a la selección que acaba de conseguir medalla de plata en Novi Sad. 14 puntos por partido con un espléndido 41% en triples, una barbaridad si tenemos en cuenta además el volumen de canastas de tres intentadas (5.6 por partido) En el caso de Garuba, directamente ha sido el jugador más valorado del torneo, pese a que el MVP ha recaído en el croata Prkacin, debido al oro obtenido por los balcánicos. Pero los números de Usman son caso aparte. Ha sido el máximo reboteador del torneo (12.3 por partido), sexto máximo anotador (16.3), cuarto taponador (1.6) y el pívot que más asistencias ha repartido (2.9 por choque) A sus casi 17 años el madrileño amplia cada vez más su repertorio, aprendiendo a jugar más alejado del aro (sus 2.02 de altura actuales no imponen tanto cuanto más se va acercando a la élite) pero sin perder un ápice de su impresionante capacidad reboteadora e intimidadora.


Garuba, Clement, Godspower, Alderete,Pau Tendero, Pablo Sánchez... quédense con estos datos porque la generación del 2002 va a dar mucho que hablar, tampoco olviden el de Rubén Domínguez, quien siendo un año más joven ha sido capaz de colarse en el roster de Javi Zamora como uno de los jugadores más destacados y descarados y con un estilo de juego que por momentos nos ha hecho recordar al del recién jubilado,la leyenda Juan Carlos Navarro.


Un futuro esperanzador y multiracial para un país empeñado en seguir siendo potencia europea y mundial en el deporte de la canasta.



sábado, 18 de agosto de 2018

LA CASA DE LA BOMBA CIERRA SUS PUERTAS











Exactamente once meses después (lo anunciaba el 17 de Septiembre de 2017) de su retirada de la selección española de baloncesto, llega un día que por esperado no deja de ser triste y emotivo para la historia de nuestro deporte de la canasta. La retirada definitiva de las canchas de baloncesto de la leyenda Juan Carlos Navarro. Se intuía, pese a que a nadie escapa que el deseo del jugador era continuar un año más, y si algún deportista en la historia del Barcelona se había ganado el derecho a elegir el día de su retirada debía ser, que duda cabe, quien sin duda es el mayor mito del club azulgrana por delante incluso del legendario Juan Antonio San Epifanio. Es el segundo exponente del núcleo duro de los Juniors de Oro, aquella generación del 80 que cambió para siempre la historia de nuestro baloncesto, que cuelga las botas, después de que lo hiciera el mago Raúl López en 2016 tras una carrera que aún siendo exitosa no fue ni la mitad de lo que hubiera podido llegar a ser de no haber mediado aquellas malditas lesiones de rodilla. Seguiremos disfrutando en las canchas de los eternos Pau Gasol, Felipe Reyes y Carlos Cabezas, empeñados en dilatar el tiempo, al igual que un Jose Calderón quien pese a ser un año más joven siempre se le ha integrado dentro del grupo del 80, y quien recordemos si no estuvo en el Mundial Junior del 99 fue por una de esas inoportunas lesiones que algunos veranos han impedido hacerle crecer aún más su palmarés.


Se retira Navarro y nos quedamos sin palabras que puedan describir toda la magia desplegada en la cancha durante sus casi 20 años de profesional, en las que las exhibiciones con la elástica azulgrana y nacional han sido constantes. Es difícil quedarse con un solo momento en su carrera, cuando hablamos de un jugador que fue prácticamente indefendible hasta bien pasada la treintena, si bien es cierto que sus últimas cuatro temporadas fueron una constante cuesta abajo (aún así se despide con un lustroso 41% en triples en el último curso ACB) en rendimiento individual e impacto en el colectivo, en gran parte por esa maldita fascitis plantar que le tuvo a mal traer durante los últimos años. Personalmente recuerdo como una de sus cimas el Eurobasket de 2011, del que fue justo MVP, especialmente sus exhibiciones a partir de cuartos de final, cuando los partidos eran a vida o muerte y no había margen de error. Hasta entonces, en las fases previas, estaba haciendo un muy buen torneo, con 14.75 puntos por partido, pero desde cuartos rayó lo sobrenatural con 29.3 tantos de media, sin fallo en el tiro libre (16 de 16), 22 de 29 en canastas de dos, y nada menos que 50% en triples (12 de 24) No había manera de frenarle, y España se colgó su segundo oro continental (y de manera consecutiva) gracias al talento del genio de San Feliu. Nos regaló un verano inolvidable, otro más, a los aficionados a este bendito deporte de este país.


Pero por encima de todas las gestas conseguidas por el huidizo escolta catalán, quedará en la memoria del aficionado la heterodoxia de su juego. No deja de resultar asombroso, pese a esos 20 años de proeza y talento, comprobar como Navarro fue capaz de sobrevivir en uno de los deportes de equipo más duros y de mayor contacto como es el baloncesto, pese a lo endeble de su físico y la escasez de su presencia orgánica. Navarro es ese chaval con el que nos hemos echado unas pachangas en la cancha del barrio y después nos ha acompañado a tomar unas cañas. Lo más alejado de un animal de gimnasio en un deporte en el que el físico es la supervivencia. Ese instinto de supervivencia llevó a un jugador frágil, bajito, y carente de músculo, a desarrollar un estilo de juego salvaje e intuitivo, arriesgado, sin red. Su lanzamiento más característico, esa “bomba” con la que inteligentemente salvaba la defensa de jugadores que le sacaban más de una decena de centímetros ha marcado el camino del baloncesto actual hasta el punto de que podemos encontrar esa suerte de lanzamiento tanto en un Jaycee Carroll (sólo tres años más joven que Navarro) como en el jovencísimo Ruben Domínguez, canterano del Unicaja que acaba de ser medalla de plata europea con los sub16 y al que hemos podido ver ejecutando ese heterodoxo tiro por elevación. El baloncesto, nunca nos cansaremos de repetirlo, es un deporte que evoluciona constantemente. Un juego en el que los protagonistas se ven obligados, independientemente de su físico, perfil y posición, a manejar distintas facetas del juego, cuantas más mejor. Dentro de esa evolución en la que entran los Antetokounmpo que con casi siete pies pueden correr toda la pista, la figura de Navarro se antoja tan fundamental como artística y por ello pervivirá en el tiempo y en la memoria del aficionado como una especie de Houdini lleno de trucos de magia en sus bolsillos.


Y en lo puramente estadístico o resultadista hablamos de un devorador de registros, del máximo anotador de Euroliga, del jugador que más partidos ha disputado en la máxima competición continental y del que ha alcanzado más valoración, además del tipo que más veces ha perforado el aro rival desde el triple. No caben malabarismos ni trampas a este respecto. Si crecimos admirando, porque eran los que mandaban, a los Papaloukas, Spanoulis o Diamantidis de turno, Navarro llegó para ponerlo todo patas arriba y superar con crecer a estos genios. Navarro, a nivel global deportivo, constituye uno de esos personajes a la altura de los Puyol, Iniesta, Xavi, Casillas, Raúl, Ramos, Felipe Reyes, Rudy, Nadal, Alonso... constreñirlo a una camiseta, a un color, a una bandera, es un error, porque no sólo es que Navarro trascienda el baloncesto de clubes para convertirse por derecho propio en posiblemente el segundo mejor jugador de la historia de nuestro basket tras Pau Gasol, es que la realidad ha de poner de manifiesto que hablamos de un jugador que trasciende incluso el contexto del baloncesto nacional para entrar dentro de las leyendas que no entienden las fronteras, donde el único lenguaje, la única bandera, es el baloncesto. Si además de eso hablamos de un jugador de nuestro país tanto mejor, pero el panteón de Navarro es el mismo de los Korac, Meneghin o Petrovic, por citar los primeros tres nombres de mitos depredadores que se me han venido a la cabeza (cada cual con sus circunstancias, en ese sentido Drazen y Radivoj unidos por la tragedia de una muerte prematura en la carretera, mientras que Dino y La Bomba comparten la felicidad de haber podido “envejecer” en las canchas haciendo lo que más feliz les hace... lo que más feliz nos hace)


Y así llegamos a este punto que podría ser y aparte, pero dado el nivel del baloncesto actual esperemos que sea seguido. Sea como fuere, y por muchos émulos posibles que pueda tener el escolta catalán, difícilmente volveremos a ver a un jugador con ese físico de, permítanme la licencia, comerse un bocata de calamares y tomarse dos cañas, capaz de destrozar cualquiera de las mejores defensas posibles del baloncesto europeo.


La retirada de Navarro nos hace viejos. Se acaba una era. ¡Pero qué suerte haberla vivido!




martes, 31 de julio de 2018

DON PABLO EL VIRTUOSO






La lesión de Llull marcaría la nueva temporada.




De las muchas acepciones que la RAE atribuye a la palabra “virtud” las dos primeras dicen literalmente “actividad o fuerza de las cosas para producir o causar sus efectos” y “eficacia de una cosa para conservar o restablecer la salud corporal”. No encuentro mejores palabras para describir el trabajo de Pablo Laso al frente del Real Madrid durante la temporada 2017-18, un curso que, tal y como se ha desarrollado y una vez visto el resultado final significa el mejor año del vitoriano como entrenador madridista, pese a que para los libros de historia siempre quedará el 2015 como el de la “perfect season”, cuando todos los títulos posibles acabaron en las vitrinas blancas con Laso en el banquillo. Pero las peculiaridades y circunstancias acaecidas durante la pasada y accidentada temporada dan otra dimensión al trabajo del entrenador que ha de juzgarse en su justa medida. En la capacidad de hacer de la necesidad virtud y a pesar de haber visto pasar a prácticamente todos sus jugadores por la enfermería, en algunos casos con lesiones tan graves como las de Sergio Llull o Ognjen Kuzmic, acabar dominando las ligas europea y doméstica. Y es que cuanto más debilitado parecía el equipo por las lesiones, más fortaleza sacaba Laso apoyado en unos jugadores de fidelidad indiscutible a la causa (sólo el señalado Anthony Randolph ha parecido vivir en su particular galaxia… pese a su gran comienzo de temporada hasta que precisamente fue de los primeros en caer lesionado cuando se le salió el hombro frente al CSKA Moscú en el segundo partido de Euroliga) que no tuvieron problemas en aceptar roles distintos o jugar en posiciones no habituales. 




Randolph, empezó como un tiro... hasta que se le salió el hombro.





El juicio a lo que sería la brillante temporada 2017-18 comienza a gestarse, no puede ser de otro modo, cuando aquella fatídica noche de Agosto de 2017 Sergio Llull se rompía el ligamento cruzado en un partido amistoso de preparación para el Eurobasket frente a Bélgica. La selección española perdía a uno de sus baluartes, pero Pablo Laso perdía a quien había sido su líder en las dos anteriores temporadas, al en aquel momento vigente MVP de Euroliga, ACB y Copa del Rey. El hombre de las canastas milagrosas para quien no existe la palabra imposible. La lesión no ofrecía dudas al respecto, Llull no volvería a las canchas hasta entrada la primavera de 2018.




No hubo nerviosismo en el club pese a una baja de tal calibre. La confianza en la progresión de Campazzo y sobre todo Doncic era absoluta, y no es hasta Octubre cuando se refuerza la posición de base con un fichaje de perfil tan bajo como el de Chasson Randle.




Pese a que la ausencia de Llull ya de por sí hubiera significado un drama en otro equipo, contexto y circunstancias, nada que ver con los malabarismos que tuvo que hacer Laso para mantener ciertas consistencia en su juego interior. En el ya mencionado partido de Euroliga ante CSKA los blancos perdían a la torre serbia Ognjen Kuzmic para toda la temporada, y a Anthony Randolph, quien estaba siendo el mejor jugador del comienzo de temporada (20 de valoración media en ACB) para varias semanas. Aquella victoria ante los rusos, anticipando la gran semifinal por el cetro europeo que protagonizarían meses después, le salía cara al Real Madrid, perdiendo al gran fichaje interior para el curso y cercenando el gran momento de forma del siempre inestable Randolph, incapaz de volver a alcanzar el nivel demostrado durante aquellos primeros partidos (con exhibiciones como sus 26 puntos y 8 rebotes en Bilbao, o 18 puntos y 6 rechaces frente al Valencia, o 12+8 y 21 de valoración en Estambul ante el Efes en la primera jornada euroliguera) 



Jaque a la torre. Laso se quedó sin Kuzmic.
  




Aquello fue sólo el principio. Thompkins se ausentaría varias semanas para atender a su madre enferma, tristemente fallecida al final de la temporada, y Gustavo Ayón tenía que pasar por el quirófano para tratarse de una lesión en el hombro que le dejaría en el dique seco durante nada menos que cuatro meses, prácticamente media temporada. A diferencia de lo ocurrido en el juego exterior con el fichaje de Randle, para la pintura la apuesta si fue fuerte. Walter “Eddy” Tavares, el gigante caboverdiano que deslumbrara años atrás en Las Palmas pero no había logrado encontrar su sitio en la NBA, llegaba al club blanco con las habituales dudas sobre si un jugador de su perfil encajaría en el supersónico Real Madrid de Laso, dudas disipadas con el paso de las jornadas. Pero hasta llegar a aquel momento de adaptación, los blancos sufrieron en no pocos partidos dentro de la zona, con Maciulis y Yusta teniendo que echar una mano en la posición de “cuatro” y el gran capitán Felipe Reyes multiplicándose para seguir agrandando su leyenda.




El camino en Europa era tortuoso. Las lesiones se hacían notar en las tendencias tan extremas durante gran parte del curso (contando los cuatro primeros partidos por victorias, ganando sólo uno de los siete siguientes, y volviendo a ganar los siete posteriores) Sin embargo y pese a la dureza de la máxima competición continental, la tabla ACB era liderada por los blancos con insultante autoridad. Equipos como Barcelona, Baskonia, Unicaja y Valencia eran incapaces de seguir el ritmo de los de Laso, pero además de eso su clasificación europea era sensiblemente peor, pese a no sufrir la plaga de lesiones blanca (sólo el caso taronja se podría llegar a comparar en parte) Gran parte del éxito madridista recaía en un Doncic que adoptaba el papel de líder con pasmosa naturalidad, acumulando galardones y mvps semanales y mensuales a una edad a la que Drazen Petrovic, recordémoslo, todavía jugaba en Sibenik y no conocía la Copa de Europa. Pero además del genio esloveno, la habitual coralidad que siempre ha rodeado al equipo de Laso era patente, recuperando al mejor Rudy en mucho tiempo y tirando de seguros de vida como Carroll o Felipe. Veteranía al poder. Esta reivindicación del jugador maduro alcanzaría su máxima expresión en la inolvidable y durísima eliminatoria de cuartos de final de Euroliga ante Panathinaikos, con precisamente estos tres jugadores echándose el equipo a la espalda. Tras el cuarto y definitivo partido de aquella serie Laso nos dejaba unas imágenes que ya son historia del Real Madrid, con su emotiva charla en el vestuario ante unos jugadores que habían sufrido una barbaridad durante todo el curso hasta llegar a una nueva edición de una Final Four, algo que ya de por sí era un éxito independientemente de lo que pasara en Belgrado. 



Los veteranos, con el capitán a la cabeza, acudieron al rescate.





En aquella charla Pablo enumeraba una por una las desgracias sufridas en el seno de la plantilla, señalando a cada jugador con su particular Vía Crucis. En ese sentido nosotros también queremos refrescar la memoria a ese aficionado (cada vez más difícil de encontrar) que niega la labor de Laso en la impresionante colección de títulos en los siete años que el vitoriano lleva sentado en el banquillo del club de la capital de España.




En total el Real Madrid 2017-18 ha disputado nada menos que 83 partidos oficiales. Es decir, más que cualquier franquicia NBA que no haya llegado a los play offs. El desglose es uno de Supercopa (derrota ante Gran Canaria en Las Palmas), 34 de liga regular ACB (balance 30-4), tres de Copa (derrota en la final ante Barcelona), 30 de regular season europea (19-11), 4 de cuartos de final (3-1), 2 de Final Four (ambos con victoria), y 9 de play offs ACB (sólo una derrota, en las finales) El balance total es de 64 victorias y 19 derrotas.




El número de jugadores utilizado por Laso esta temporada ha sido 19, contando a los vinculados (es decir, canteranos) Yusta, Radoncic, Pantzar y Nakic. Este es el desglose en partidos (en la categoría ACB englobamos tanto liga regular como play offs, además de Copa y Supercopa, y en Euroliga tanto liga regular como play offs y Final Four):




Jaycee Carroll        82 (46 ACB + 36 Euroliga)

Felipe Reyes           78  (43 ACB + 35 Euroliga)

Fabien Causeur      78 (42 ACB + 36 Euroliga)

Luka Doncic           74 (41 ACB +33 Euroliga)

Jeff Taylor              71 (37 ACB +34 Euroliga)

Rudy Fernández     69 (38 ACB +31 Euroliga)

Walter Tavares       68 (39 ACB + 29 Euroliga )

Facu Campazzo      67 (37 ACB +30 Euroliga)

Trey Thompkins     60 (31 ACB + 29 Euroliga)

Anthony Randolph 50 (29 ACB + 21 Euroliga)

Santi Yusta             49  (33 ACB +16 Euroliga)

Chasson Randle     46  (23 ACB + 23 Euroliga)

Gustavo Ayón        44  (26 ACB + 18 Euroliga)

Jonas Maciulis        36 (14 ACB + 22 Euroliga)

Dino Radoncic        31  (24 ACB + 7  Euroliga)

Sergio Llull            18   (14 ACB + 4  Euroliga)

Ognjen Kuzmic       7    (5 ACB  + 2  Euroliga)

Melwin Pantzar       4    (4 ACB)

Mario Nakic            1    (1 ACB)




Como se ve, sólo Carroll, Causeur y Felipe, que apenas han parado por descanso y pequeñas molestias, pueden decir que han vivido una temporada realmente “sana”. Luka Doncic, en un curso absolutamente descomunal, tuvo que parar por una lesión en el bíceps durante un mes tan decisivo como Marzo. El resto es historia conocida. Resultaba desolador acudir al Palacio en invierno y llegar a ver por momentos hasta cinco jugadores de primer nivel lesionados y vestidos de largo apoyando a sus compañeros (así sucedió cuando coincidieron Llull, Taylor, Randolph, Ayón y Kuzmic), y pese a que la llegada de la primavera parecía traer buenas noticias para Laso, aún tuvo que seguir haciendo encaje de bolillos, como cuando el Facu Campazzo (otro que sale reforzado tras una estupenda campaña) tuvo que pasar por el quirófano a finales de Marzo para tratarse de la rodilla al mismo tiempo que Doncic sufría las mencionadas molestias en el bíceps, todo ello unido a que Llull seguía entre algodones. El Real Madrid acaba la liga regular en Las Palmas de Gran Canaria sin ninguno de sus tres bases y dando minutos al adolescente Melwin Pantzar, quien parece contar para la próxima temporada para Pablo Laso en otra demostración de su confianza con los jugadores jóvenes y su capacidad (otra virtud más) para hacerlos progresar. A todo esto un Jonas Maciulis cada vez más residual dejaba el club mediada la temporada en busca de más minutos, dejando al vitoriano sin uno de sus jugadores más espartanos, quien pese a no tener el rol importante de pasadas temporadas su concurso como falso cuatro se antojaba básico dados los problemas en la pintura del equipo madridista.


Pantzar, el último padawan del maestro Laso.





A partir de ahí, una trayectoria en play offs impecable, con ocho victorias y una sola derrota, en el primer partido de las finales ante Baskonia, derrota que de nuevo encendía el nivel de crítica de manera injusta sobre Laso. Unas finales en las que por cierto el equipo blanco anota la brutal cifra de 91.75 puntos por partido. Venganza consumada ante un Pedro Martínez al que no es habitual verle encajar tal cantidad de puntos, y la guinda definitiva a una temporada de prodigios y malabarismos por parte del técnico blanco, capaz de transformar a su equipo tanto en el “juggernaut” defensivo de la granítica eliminatoria ante Panathinaikos en Euroliga como en la apisonadora ofensiva que en semifinales y finales por el título ACB pasa de los 90 puntos por partido con una facilidad insultante. 




El Real Madrid ha finalizado otra temporada gloriosa con Pablo Laso en el banquillo. Un soberbio doblete que lo corona como campeón nacional y continental. Una piedra más en el sólido edificio que comenzó a cimentarse en el verano de 2011 con la llegada de Laso a la casa blanca. Pero más allá de un simple dato numérico para Wikipedia y enciclopedias deportivas, estamos convencidos que escudriñando en el futuro en la particular temporada 2017-18 del baloncesto madridista con todos los contratiempos ya señalados en esta entrada, se recordará como la más meritoria de Pablo Laso, ya leyenda madridista por auténticos méritos propios. 



Sufrir como nunca, ganar como siempre.