jueves, 6 de junio de 2019

ZARAGOZA SE CUELA ENTRE LOS CUATRO MEJORES












Ya tenemos configuradas las semifinales de Liga Endesa que comenzarán este jueves día 6 de Junio. Únicamente el duelo entre Valencia y Unicaja ha necesitado de tercer partido, ya que el resto de las eliminatorias se han solventado por la vía rápida. Tiene su lógica puesto que hablamos de la serie que enfrentaba a cuarto y quinto clasificado, por lo tanto la que podía ofrecer mayor igualdad, lo que ha sido una sorpresa en todo caso es ver al Zaragoza colarse en semifinales después de noquear por 0-2 a un inoperante y desconocido Baskonia que finaliza así una temporada ciertamente decepcionante, después de haber fulminado a Pedro Martínez con sólo ocho jornadas ACB y 7 de Euroliga disputadas buscando dar un salto de calidad con Perasovic. El croata ha cumplido metiendo al Baskonia entre los ocho mejores de Europa, unos cuartos de final donde no pudieron con el campeón, CSKA Moscú. Con la Final Four disputándose en Vitoria, la Euroliga parecía la gran obsesión de Querejeta durante este curso, pero finalmente la competición doméstica, cayendo en el primer partido de la fase final de la Copa del Rey ante Joventut y en primera ronda de playoffs ante Zaragoza, en ambos casos contra pronóstico y frente a equipos y presupuestos claramente inferiores, dibuja una temporada insuficiente para el tercer gran club de baloncesto nacional tras Real Madrid y Barcelona. En el polo opuesto, lógicamente, un Zaragoza gran revelación de la temporada, que accede a semifinales ACB por segunda vez en su historia, repitiendo el hito de 2013 con el recordado José Luis Abós en el banquillo, cuando dejaban en la cuneta al Valencia en cuartos de final en una serie épica con triple prórroga en el segundo partido. Curiosamente el entrenador taronja en aquel momento era el propio Velimir Perasovic. 


El gran héroe maño ha sido, como no, Stan Okoye. No cabe duda de que hablamos de una de las sensaciones de la temporada, justamente reconocido como mejor alero ACB del curso e integrante por tanto del mejor quinteto de la temporada. Y en el momento decisivo de los playoffs también ha respondido, con puntos y triples en los momentos clave de los partidos. A su lado el veterano Seibutis ha sido el otro gran ejecutor zaragozano, mientras que por dentro el cubano Justiz y el montenegrino Radovic han sido capaces de salir airosos de su duelo contra uno de los mejores juegos interiores de la liga como es el de Shengelia, Voigtmann, Poirier y Diop. Llevando la manija el joven Carlos Alocén, quien con son sólo 18 años ha sido capaz de comerle la tostada a todo un Bo McCalebb y ha gozado de la plena confianza de Porfi Fisac en los momentos calientes de los partidos. Ahora les tocará medirse al Barcelona en una eliminatoria en la que no tienen nada que perder y toda la presión y favoritismo recae en los azulgrana. Los de Fisac jugarán con la confianza de que pase lo que pase ya han cumplido sobradamente durante este curso, pero si han dado la campanada ante Baskonia, ¿por qué no pueden darla de nuevo ante los campeones de Copa?  


El Barcelona llega a semifinales más descansado después de solventar su serie en dos partidos. En ambos encuentros Heurtel sacó su lado más “killer” (24.5 puntos por partido), destacando su duelo ante un Laprovittola con aroma a despedida (se da por hecho su fichaje por el Real Madrid para el próximo curso), con ambos bases pasando de los 40 de valoración. Una burrada.   


Por el otro lado del cuadro el Real Madrid no dio opción a un Baxi Manresa del cual hay que reconocer que también han hecho un temporadón, llegando a estos playoffs sin Corey Fisher, Ryan Toolson ni Erick Murphy. Casi nada. Los tres bajas por lesión, con lo cual su serie ante el vigente campeón era sencillamente misión imposible. Con tanta ausencia en el cuadro catalán quien al menos ha sabido aprovechar estos cuartos de final es Cady Lalanne, que después de una buena temporada regular ha sido el mejor del Manresa en la eliminatoria ante el Real Madrid, tanto es así que incluso se le vincula con el equipo de Laso para el próximo curso. Sea como fuere nos alegramos de que jugadores con historias como las del haitiano (tuvo que emigrar del país con su familia viviendo una odisea de mil kilómetros en alta mar en una barca) estén bajo los focos. Laso por su parte aprovechó la facilidad del playoff para dosificar esfuerzos. Ningún jugador blanco pasó de los 25 minutos en ninguno de los dos partidos. Aun así se volvieron a hacer evidentes algunos detalles del actual estado de forma del roster madridista, como el buen momento de Causeur y sobre todo las excelencias en el juego de Campazzo, quien sigue consolidándose como el gran timón de la nave blanca ante la posiblemente peor temporada que se le recuerda a Llull en la era Laso. 


Y por último el Valencia, único equipo que como hemos dicho ha necesitado tres partidos para alcanzar las semifinales. Y suerte que los taronja forzaron el desempate, ya que Unicaja rompió el factor cancha en el primer partido  y encendió las alarmas en el equipo campeón de Eurocup, que se tuvo que poner las pilas en los dos partidos siguientes.  Exhibición de Milosavljevic en el primer partido aparte, con 28 puntos y una tarjeta de 11 de 12 en tiros de campo, incluyendo 6 de 7 en triples, ha sido una serie muy dura, con bajos porcentajes y mucha tensión. A cara de perro. De hecho excepto la incontinencia anotadora del exterior de Unicaja en ese primer partido de La Fonteta, no hay ningún otro jugador que llegue a los 20 puntos de anotación en momento alguno de la serie. 



EL QUINTETO DE CUARTOS DE FINAL: 


F. CAMPAZZO (REAL MADRID): 9.5 pts, 6 rebs. 6.5 asits. y 3.5 robs p. part. 22 valo.
THOMAS HEURTEL (BARCELONA): 24.5 pts y 6 asists. 28.5 valoración.
STAN OKOYE (ZARAGOZA): 16 puntos y 5.5 rebotes. 16 valoración.
VICTOR CLAVER (BARCELONA): 15.5 pts, 4.5 rebs y 2 asists. 20 valoración.
CHRIS SINGLETON (BARCELONA): 12.5 pts, 6 rebts 19 valoración. 


ENTRENADOR:

PORFIRIO FISAC (ZARAGOZA) 



lunes, 3 de junio de 2019

CURRY SALTA EL MURO



Conocida es la afición del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de levantar muros que protejan su país de los extranjeros, a quienes responsabiliza de todos los males. Su principal obsesión es México, los mejicanos, y la vía de entrada que también supone el país centroamericano para toda América latina, una zona del planeta sobre la que ya dejado claro su desprecio en más de una ocasión. No sabemos nada de lo que opina del norte del continente y si en el futuro barajará la idea de cerrar fronteras con la vecina Canadá, pero desde Toronto la franquicia de baloncesto de los Raptors ya se ha adelantado levantando un granítico muro táctico y defensivo en el que Golden State Warriors se estrelló una y otra vez en el primer partido de las finales y durante prácticamente toda la primera parte del segundo, precisamente hasta que apareció Stephen Curry para recordarnos que los vigentes campeones siguen vivos, tan vivos que han roto el factor cancha en el segundo partido y vuelven a poner los pronósticos de su lado.  


Quedaban 3.53 para el descanso, con Toronto mandando claramente diez puntos arriba, cuando por fin hizo acto de presencia el astro de Akron anotando su primera canasta en juego del partido (hasta entonces sólo había sumado cuatro puntos, desde la línea de personal, después de haberse sentido indispuesto en el primer cuarto) Un triple, como no, su distancia favorita. Anteriormente el equipo de Steve Kerr se había mantenido en el partido gracias a un gran primer cuarto de Klay Thompson (11 puntos) y a un DeMarcus Cousins definitivamente de vuelta (7 puntos consecutivos en el segundo acto), dando vida a unos Warriors que veían como Leonard tomaba el mando desde el inicio (los primeros cinco puntos de su equipo llevan su firma) castigando las asignaciones individuales de Kerr. Desde Golden State habían admitido que fue un error centrarse tanto en la defensa a Kawhi (varias defensas de 2 contra 1) liberando a jugadores como Siakam o Gasol, por lo que en el segundo choque Leonard se sintió más liberado (acabó con 34 puntos, 11 más que en el G1… pero con un pobre 2 de 9 en triples), pero fue la aparición de Curry la que dinamitó el partido y encendió las esperanzas de los seguidores de Oakland. Con el #30 viendo aro con su habitual facilidad se abría la posibilidad de remontar el partido. Encomendados a Curry para lo bueno y para lo malo, máxime cuando Klay Thompson, mejor jugador de Golden State en el segundo asalto con 25 puntos y 4 triples letales de 6 intentos, abandona la pista lesionado por un tirón en la pierna que le hace ser duda de cara al tercer partido, ya en el Oracle Arena. Curry por tanto protagonista, anotando 19 puntos entre ese momento ya citado en el que anota su primer triple y su última canasta, también de tres puntos, a 40 segundos del final del tercer cuarto y que ponía a Golden State diez arriba (88-78) Descansa al comienzo del último acto (buenos minutos de Quinn Cook en su ausencia) y vuelve a pista a 7.59 para el final sustituyendo al lesionado Thompson. El marcador registraba un 98-91 para los californianos. Los últimos minutos de Curry son un desastre. Pierde un balón por falta de concentración, acto seguido comete una personal que lleva a Lowry a la línea, y finalmente recibe una técnica por lanzar el balón al techo del pabellón protestando una falta señalada a Cousins, episodio que aboca al partido a un final igualado que minutos antes nadie hubiera previsto dada la superioridad de los visitantes. Y ni siquiera mira aro. Curry para lo bueno… pero también para lo malo.  


La descomposición final de Curry permite a Toronto soñar con la remontada.  Leonard aprovecha el tiro libre de la técnica y los dos de la falta de Cousins para poner a su equipo a cinco puntos, posteriormente Draymond Green pierde la bola ante Marc Gasol, y una vez que los árbitros revisan la jugada dan posesión a los canadienses, que aprovechan con un triple de Danny Green (tras dos rechaces ofensivos de los Raptors) para poner el 106-104 con poco más de una posesión por jugarse. Igoudala recibe totalmente solo (en realidad está solo durante toda esa jugada, con Toronto haciendo dos contra uno a Curry) y sentencia desde el triple quedando poco menos de seis segundos. Había una diferencia de unos tres segundos entre el reloj de posesión y de partido, por lo que muy posiblemente otro equipo y otro jugador hubiera especulado todavía más con el crono pese a tener el tiro claro de Igoudala, con tal de dejarle menos tiempo al rival, pero el MVP de las finales de 2015 sabe que este es un deporte de valientes y su triple puso una distancia de cinco puntos ya insalvable y definitiva. Un 109-104 que no obstante no refleja la superioridad de Golden State a partir del tercer cuarto. El plan de Nurse del primer partido le funcionó a la perfección, pero le duró eso, un partido. Toronto volvió a demostrar limitaciones en ataque, pese a la buena circulación de balón hay jugadores muy timoratos ante el aro. Entre Leonard, Siakam y VanVleet (revulsivo desde el banquillo otra vez con 17 puntos) realizan 55 de los 94 lanzamientos de su equipo. La rotación otra vez corta (sólo ocho jugadores… Kerr llega a utilizar a 13, aunque Bell y Evans apenas unos segundos, pero hay once jugadores que si tienen minutos importantes), y el escaso acierto anotador se refleja en las tristes 17 asistencias repartidas por todo el equipo, número bajísimo para un partido de este nivel (simplemente Cousins, desde el pívot, con seis asistencias reparte más juego ayer que todos los exteriores de Toronto juntos) 
  

Golden State Warriors se encuentra ahora ante la posibilidad de sentenciar las finales en casa. Si Toronto no es capaz de arrancar una victoria en el doble duelo en tierras californianas se quedará sin opciones de fallo. Nadie dijo que fuera fácil. Nunca entierres a un equipo campeón. Sin Durant, con Cousins recién recuperado, con Curry indispuesto, con Thompson ausente casi todo el último cuarto, con Looney lesionado… pero el ADN de este equipo histórico sigue siendo ganador. No hay muro que no puedan salvar. Toronto se llevó el primer duelo demostrando tener más corazón que unos Warriors indolentes, pero los de La Bahía han tirado de orgullo y se han puesto el mono de trabajo en defensa. En el terreno individual, y con sólo dos partidos disputados, particularmente nos quedamos con Draymond Green. Anoche se quedó a una asistencia de su segundo triple-doble consecutivo de las finales, y su quinto consecutivo en playoffs. Su importancia es tal que es el jugador que más minutos ha disputado en Golden State en ambos partidos de la final.  






Una técnica que pudo costar muy cara.




viernes, 31 de mayo de 2019

SIAKAM ENCARNA LA BENDICIÓN CANADIENSE



No pudo conocer mejor debut en unas finales NBA la populosa ciudad de Toronto. El equipo de Nick Nurse pone el 1-0 en las series y prolonga el estado de gracia de la franquicia de Ontario. Cinco victorias consecutivas en post-temporada para un equipo al que literalmente le sale todo. Canastas imposibles tras rebotar varis veces en el aro, triples a tablero, encestes sobre la bocina de posesión… cabe preguntarse si Dios es canadiense, porque lo cierto es que las manos de los jugadores de Toronto parece que han sido bendecidas, con casos tan asombrosos como los de Fred VanVleet, héroe inesperado en las últimas semanas para el club del norte del continente. Aunque si nos ceñimos al primer partido de las finales el gran protagonista no ha sido otro que el camerunés Pascal Siakam, haciendo el partido de su vida en el mejor escenario posible.  




La progresión del espigado jugador africano ha sido evidente durante toda la temporada. De los 7.3 puntos, 4.5 rebotes  y 2 asistencias del curso 17-18, a los rotundos 16.9 puntos, 6.9 rebotes y 3.1 asistencias del presente ejercicio. Números que evidentemente le hacen entrar en todas las quinielas a Most Improved Player (jugador más mejorado respeto a la temporada pasada), galardón al que opta junto a D’Angelo Russell y De’Arron Fox. Y también es cierto que este año le habíamos visto superar la treintena de puntos en alguna ocasión, incluso se fue hasta los 44 ante Washington (tope de su carrera), pero hablamos de una tarjeta de 32 puntos con un descomunal 14 de 17 en tiros de campo, 8 rebotes, 5 asistencias y 2 tapones en un partido de las finales por el título. Como todos los jugadores venidos del continente africano, la historia humana que hay detrás del deportista es digna de ser contada. Y es que el padre de Pascal, alcalde en su momento de la populosa ciudad natal del jugador, Duala, envió a su hijo al seminario con la intención de que se convirtiera en sacerdote. No fue hasta el año 2011, siendo ya Siakam un adolescente de unos 16 o 17 años, cuando tuvo un auténtico primer contacto con el mundo del baloncesto a cierto nivel y con las posibilidades de futuro que le podían otorgar el mundo de la canasta si era capaz de trabajar y aprovechar la materia prima de su físico. Aquellas vacaciones de 2011, justo un año antes de la que debería ser su graduación como sacerdote, Siakam acompañó a unos amigos a un campus NBA perteneciente al programa “Basketball Without Borders”, oficiado por Luc Mbah Moute (por aquel entonces enrolado en Milwaukee Bucks) Fue un tardío despertar para el baloncesto, pero que le haría tomar la decisión de hacer las maletas para viajar a Estados Unidos a labrarse una carrera. El primer colegio en el que jugó en el Nuevo Continente, por cierto, tiene el nombre de God’s Academy (la academia de Dios), ¿alguien duda de que este chaval está bendecido?  



Siakam, su gran noche.





Siakam fue un martillo pilón en el ataque canadiense. Al poste, desde la media distancia, en el triple… lideró un equipo en el que Kawhi Leonard volvió a hacer uno de esos partidos a los que nos tiene tan acostumbrados. De menos a más. Una discreta primera parte (8 puntos, sólo 3 en el primer cuarto), sensación de no estar para finalmente acabar con 23 puntos, 8 rebotes y 5 asistencias, y de nuevo otra paliza impresionante con 43 minutos en pista. Inhumano. Marc Gasol fue la otra pieza del tridente. Steve Kerr sorprendió poniendo a Jordan Bell de inicio, en ese rol de falso pívot titular que venía ocupando Andrew Bogut (ayer no jugó ni un segundo), quizás intentando despistar a Marc, dejándole sin un “cinco” claro de referencia en la zona a quien marcar. Un error, porque el internacional español demostró estar tan fino físicamente como para salir constantemente a todo tipo de ayudas exteriores, además de eso dejó una de sus mejores versiones en ataque yéndose hasta los 20 puntos. En un equipo tan acostumbrado a la circulación exterior Marc ejerció de balanza ejecutando desde la media distancia y jugando de espaldas al aro. Estamos acostumbrados a ver en los últimos años a los ganadores de la NBA jugar prácticamente sin pívot, tendencia que nuestro jugador parece empeñado en querer cambiar. En ese sentido Kerr recupera la baza de DeMarcus Cousins, quien ayer participó ocho minutos, demostrando una evidente y comprensible falta de forma. Veremos si logra encajar en el puzzle californiano, pero en medio de unas finales y teniendo en cuenta la prevalencia del juego exterior en el equipo de Oakland, no parece que vaya a ser un elemento desequilibrante, aunque evidentemente hablamos de un jugador con calidad, puntos en la mano, y buena visión de juego para un interior. Marc, como decimos, fue el punto de equilibrio de un equipo de cuyos nueve primeros ataques en este G1 ocho de ellos fueron intentos triples (dos de ellos del propio Marc) Danny Green, por cierto, está de vuelta. Suyo fue el primer triple del partido y sus 11 puntos finales son oro puro para un equipo que ya lo daba por perdido, y es que hay que recordar que llevaba ocho partidos consecutivos sin pasar de la decena de puntos.




Toronto fue fiel a su estilo de circulación rápida de balón, poco bote y mucho tiro exterior. El orden táctico de Nick Nurse, quien ya ha hecho historia convirtiéndose en el primer entrenador de la historia en disputar finales de la NBA y de la D-League (la liga de desarrollo, algo así como una filial de la NBA), continúa resultando ejemplar, pero eso no impide que el equipo castigue con contras fulgurantes los fallos y pérdidas de balón del rival ni que recurra de vez en cuando al “run and gun”. Paradigmática fue la jugada que en los primeros minutos del tercer cuarto levantó a los espectadores del Scotiabank Arena. Después de una canasta fácil de Draymond Green en penetración Lowry ve adelantado a Siakam, quien recibe la bola cerca del aro para asistir a Leonard, castigando la malísima transición defensiva (uno de los puntos débiles de Golden State anoche) del rival. Ni siquiera cabe hablar de contrataque en el sentido estricto dentro del baloncesto, el que se produce tras fallo rival, ya que los Warriors habían conseguido canasta y por tanto el balón no estaba en juego. Tampoco fue fruto de adelantar las líneas y presionar a toda pista dejando a uno de los rivales adelantado. No, fue simplemente lentitud en hacer la transición. Una jugada que bien haría Steve Kerr en recordar a sus jugadores una y otra vez como ejemplo de la actitud que no deben tener los Warriors si quieren revalidar el títulos de campeones. ¿Se han cansado los de Oakland de, por decirlo en castizo, bajar el culo después de ganar tres anillos en cuatro años?




No nos olvidamos tampoco de nuestro “patito feo” favorito de Toronto. Fred VanVleet continúa su idilio con el aro y finalizó con unos lustrosos 15 puntos. Hay que ver lo que hace la confianza, porque pese a que no mantuvo su escalofriante acierto en el triple de los tres últimos partidos ante Milwaukee (recuerden que acumuló un 14 de 17 en esos encuentros desde la letal distancia) y sólo anotó uno de sus cuatro lanzamientos desde el arco, nos descubrió su faceta de anotador en penetración y en el uno contra uno, yéndose contra los rivales y sacando faltas personales. Nos tiene enamorados.  




En mi opinión los Warriors siguen siendo favoritos. Es muy difícil pensar en una serie fácil para Toronto y que Golden State no alargue las finales, con lo que el factor físico sigue cobrando vital importancia. Kerr continúa manejando más recursos, pese a que ayer Nurse utilizase, ¡por fin!, un noveno jugador en momentos importantes, el base Patrick McCaw, quien dispuso de casi siete minutos en pista ante los problemas de faltas de Lowry. McCaw, por cierto, vive sus terceras finales después de haber vestido la camiseta de Golden State las dos anteriores  temporadas.  Es el caso inverso al jugador de segundo año Alfonzo McKinnie, quien en su año “rookie” fuera miembro de los Raptors. McKinnie fue uno de los siete jugadores de banquillo utilizados ayer por Kerr (en honor a la verdad Jacob Evans jugó sólo tres segundos), es decir, el entrenador tejano puso a sus doce jugadores convocados. Da la sensación de que Kerr se mantiene fiel a un plan en el que la rotación juega un papel fundamental y que a la larga parece mucho más inteligente que la idea de Nurse de exprimir a sus ocho jugadores básicos. También da la sensación, y esto resulta más preocupante, que Golden State está jugando con una marcha menos. Preocupante porque ya han cedido un punto de ventaja, si bien es verdad todos sabemos que los Warriors pueden hacer un baloncesto mucho más efectivo, y por supuesto, evitar que el rival lo haga.   




Veremos que sucede con Kevin Durant y como condiciona su posible regreso el juego del equipo. Hablamos del jugador más desequilibrante de Golden State en este tipo de partidos, como demuestran sus dos galardones de jugador más valioso de las dos últimas finales. Con Durantula en pista los Warriors vuelven a tener ese extraño orden ejercido desde la posición de “point-forward” (el duelo con Leonard puede ser colosal), ataques moderadamente más largos (dentro de la locura ofensiva que suele caracterizar a los de Kerr) y posiblemente menos lagunas en transición defensiva que las vistas en este G1. 





Durant sin uniforme, ¿forzará su regreso para el G2?




jueves, 30 de mayo de 2019

EL REY EN EL NORTE DESAFÍA A LA BAHÍA















Diez días han estado los Golden State Warriors descansando después de conquistar su quinto título de campeones del Oeste de manera consecutiva, y acceder por tanto por quinta vez seguida a las grandes finales. Diez días después de consumar el “sweep” (barrido) a Portland. Incontestable 4-0 pese a que los de Oregon plantaron cara en cada encuentro llegando a mandar en varias fases de la serie… pero sin cerrar ningún partido. De hecho en el último encuentro de la eliminatoria llegaron a estar 17 arriba finalizando el tercer cuarto, para finalmente caer en la prórroga en una especie de “día de la marmota” de cuatro partidos consecutivos ante quienes siguen siendo los grandes favoritos al título pese a las bajas (a las ya consabidas de Cousins y Durant se sumó la de Igoudala en el cuarto choque)  


Curry, Thompson y compañía se enfrentan de nuevo a la deliciosa rutina de llegar lo más lejos posible en el curso. Bendito retraso de las vacaciones si es por la disputa, una vez más, de un título que no hará sino confirmar la evidente hegemonía del mejor equipo de la segunda década del siglo XXI. De hacer buenos los pronósticos se convertirían en el primer club en conseguir un “three-peat” desde los Lakers de principios de siglo de Phil Jackson, Kobe y Shaquille, quienes campeonaron de manera consecutiva en los años 2000, 01 y 02. Claro que es una franquicia que llevaba 12 años sin ganar el anillo, mientras que el equipo de Steve Kerr puede adquirir tintes aún más legendarios teniendo en cuenta que vienen de ser campeones en 2015, con lo que hablaríamos, al estilo del Real Madrid de Zidane en la Europa balompédica, del ganador de cuatro títulos en cinco años. Tendríamos que remontarnos, ahí es nada, hasta los míticos Celtics de los 60 para encontrar un equipo capaz de ganar tantos títulos en menos tiempo (los Bulls de Jordan ganan seis anillos, pero hay un intervalo de dos temporadas entre los dos “three-peat”) En el lado opuesto se encuentra Toronto, pisando por primera vez terreno desconocido, y es que en el primer año de Kawhi Leonard en la franquicia canadiense el alero californiano ya ha hecho historia llevando a su actual equipo a conquistar la conferencia Este por primera vez en el cuarto de siglo de vida de la joven franquicia norteamericana. Tras haber ingresado en la mejor liga del mundo en la expansión de 1995 junto a Vancouver Grizzlies, la marcha de los oseznos a Memphis les dejó como único club que juega en la NBA con sede fuera de las fronteras de Estados Unidos, una condición de “outsiders” que lucen orgullosos como demuestran en su equipación invadida por el lema “We the north”. Ahora los norteños llegan a Desembarco del Rey con la intención de seguir haciendo historia, después de haber coronado como “rey en el norte” a precisamente un californiano, un Kawhi Leonard que protagonizara uno de los últimos grandes culebrones de la NBA con su desencuentro con San Antonio, la franquicia con la que fue campeón y MVP de las finales en 2014, y que le traspasó el pasado verano por DeMar DeRozan, Jakob Poeltl y una primera ronda del draft de este año. Los tejanos se vieron obligados a traspasar a un jugador que ya había manifestado su deseo de no seguir a las órdenes de Popovich, y quien será agente libre una vez finalizada esta temporada, con lo que se avecina un nuevo culebrón que a buen seguro tendrá a Los Angeles Lakers como protagonistas (no olvidemos que Leonard es nativo de Riverside, a unas decenas de kilómetros de L.A.) 


Todas las miradas se posan irremediablemente en Kawhi Leonard como el único argumento posible para mandar a la lona a los explosivos Warriors, sobre todo teniendo en cuenta las limitaciones de Toronto Raptors, acentuadas por el propio entrenador, Nick Nurse, quien ha dejado claro que su roster para playoffs se limita únicamente a ocho jugadores. Lowry y Green como backcourt, con el hándicap del malísimo momento de forma del escolta. Tan sólo 21 puntos en los seis encuentros ante Milwaukee, poco más de 3 por partido, quedándose a cero en los dos últimos. Y lo peor, un infame 1 de 15 en triples acumulado las últimas cuatro noches para un jugador que ha estado toda la temporada lanzando en un 45% desde la distancia más letal. En el alero titular, como no, su ex –compañero en San Antonio y ancla del equipo, Kawhi Leonard, mientras que el interior es para un crecido Pascal Siakam y un Marc Gasol auténtico muro y valladar defensivo. Del banquillo sólo vemos salir habitualmente a Norman Powell, Serge Ibaka, y la gran revelación de la serie ante Milwaukee, un Fred VanVleet bendecido por los dioses en los últimos partidos. En la final de conferencia le ha pasado de todo. Comenzó la serie horrible, con 10 puntos en los tres primeros partidos. Pero despertó en el cuarto juego, justo después de ver nacer a su segundo hijo. Nunca una paternidad transformó tanto a un jugador en tan poco tiempo. De anotar diez puntos en tres partidos, con dos triples anotados de once intentos, tocando fondo la tercera noche con 1 de 8, ha explotado en los tres choques siguientes anotando 13, 21 y 14 puntos respectivamente por partido, y con un estratosférico 14 de 17, léanlo bien, 14 de 17 en triples. Y todo ante un equipo con la defensa de tipos como Middleton o Antetokounmpo y sus interminables brazos. Sí, el gran protagonista de las finales del Este, “the King in the North”, ha sido Kawhi Leonard, quien ya viviera su particular milagro con la canasta ganadora del séptimo partido ante Philadelphia (no sabemos si Melisandre y el Señor de La Luz tuvieron algo que ver) pero la historia de VanVleet en estas series ante Bucks ha sido de esas que tocan la fibra sentimental. Sobre todo si tenemos en cuenta que es uno de los muchos “patitos feos” de la liga, no drafteado en su momento, y a quien le ha costado años de trabajo y sudor hacerse un sitio entre los mejores.   


Kevin Durant sigue siendo duda, pese a que viajará a Toronto (los Raptors tienen factor cancha por haber sumado una victoria más en liga regular que Golden State) con sus compañeros, pero nadie parece atreverse a pronosticar un triunfo canadiense en estas finales, máxime teniendo en cuenta esos diez días de descanso en las piernas de los chicos de Steve Kerr frente a un rival que ya ha jugado 18 partidos de post-temporada (lo cierto es que Golden State lleva 16, habiendo perdido sorprendentemente dos juegos ante Los Angeles Clippers) y especialmente sus rondas ante Philadelphia y Milwaukee han sido de unas dureza y exigencia extremas (curiosamente al revés que los californianos, quienes según pasaban rondas han ido solventando sus series de manera más cómoda)  


Hace once años los españoles nos enganchamos de manera especial a las finales de la NBA, con Los Angeles Lakers de nuestro Pau Gasol jugándose el título ante los Celtics de Pierce, Allen y Garnett. Le acompañamos en la derrota y las dos primaveras siguientes vimos al primer español que conquistaba un anillo de la NBA. Un sueño hecho realidad. Ahora toca volver a engancharse con tres “españoles” en las finales de 2019. Uno de pura cepa, el mediano de los Gasol (hay que recordar que todavía tienen un hermano menor, Adriá, quien no ha sido capaz de llegar a la elite), quien quiere seguir los pasos de su hermano, alcanzando las finales en el mismo año de su traspaso, pero con un final más feliz que Pau (quien como decimos tuvo que esperar al siguiente año para ponerse el anillo), otro, el hispano-congoleño Serge Ibaka, quien ya sabe lo que es jugar unas finales después de que lo hiciera con Oklahoma City Thunder en 2012 (Miami les superó por 4-1), y por supuesto Sergio Scariolo, el dandi italiano de los banquillos a quien le queremos como a un español más y quien no podría preparar el próximo Mundial de 2019 en China de manera más feliz que con un anillo de campeón NBA en su ya brillante palmarés. 


Parece misión imposible, pero ya hemos visto al Rey en el Norte resucitar, aunque fuera en la ficción.