lunes, 7 de junio de 2021

NARRAR LOS PRODIGIOS

 







Para lo que hemos quedado. Ya casi ni celebramos los aniversarios, pero digo yo que cumplir una década bien merece una actualización. Y es que en efecto hace diez años publicábamos la primera entrada de este blog, de modo que aquí estoy cual Cenicienta antes de que me den las doce para cumplir con la obligada celebración.



Aquel 7 de Junio de 2011 comenzaba El Tirador Melancólico con esa fuerza inusitada de los nuevos proyectos. Aquellos primeros años fueron magníficos y prolíficos en cuanto a cantidad y (modestamente creo) calidad de los artículos. Eran otros tiempos. El yugo laboral, la desidia, la perdida de tiempo en debates en redes sociales y posteriormente la pandemia fueron devastando la continuidad de este espacio que no logro recuperar salvo momentos esporádicos.



No me he desenganchado de este deporte, más bien al contrario, disfrutando de una oferta más suculenta que nunca. Precisamente viendo hoy el magazine de Movistar + “Basket al día” y su recuerdo al aniversario del fallecimiento de Drazen Petrovic observé que hoy hacía diez años del comienzo de este blog. No fue premeditado pero quiso la casualidad que abriese fuego el mismo día que se cumplían ya nada menos que 18 años de la desaparición del inolvidable mito de Sibenik. Tenía tan solo 28 años, de modo que muy posiblemente el destino y la carretera nos han privado de los que a buen seguro serían los mejores años de la carrera del astro croata.



Iniciaba el camino del Tirador Melancólico convencido de que el baloncesto vivía un momento realmente excitante y que merecía la pena detenerse a contarlo. Al poco tiempo me di cuenta de que iban a verse superadas todas las expectativas. La llegada de Laso al Real Madrid dotó al basket continental de una fiereza ofensiva que recuperó espectadores para la causa como hacía décadas que no veíamos, mientras que en la NBA Steve Kerr se entregaba a un Stephen Curry decidido a reventar cualquier convencionalismo sobre vías de anotación y capacidad para reventar partidos lejos del aro. Han sido diez años fantásticos, en los que hemos despedido de las canchas a Duncan, Nowitzki o Navarro y en los que hemos saludado las llegadas de los Antetokounmpo, Doncic, Young o Garuba. Mientras tanto no hemos dejado de admirar la resistencia de los LeBron James, Pau Gasol o Felipe Reyes como incombustibles elementos de competitividad impasibles a los cambios de tendencia o modas pasajeras.



En la misma edición de “Basket al día” de hoy el felizmente recuperado Álex Abrines (tremenda su actual campaña como gran exponente nacional hoy día de lo que es un “3&D”) hablaba de su ex -compañero en la NBA Russell Westbrook y como no comprendía a los numerosos “haters” que el multidisciplinar base acumula, reconociendo que por encima de todo su sentimiento hacía ellos era el de lástima porque considerándose fans del baloncesto son incapaces de disfrutar de una era, la actual, plagada de prodigios y a la que el paso del tiempo colocará en el lugar que merece. Es el mismo sentimiento que me ha acompañado a mí cada vez que he intentado abrir los ojos a esos aficionados (más bien ex -aficionados) presos de nostalgia y amargados entre los barrotes de las rejas del pasado. No puede haber nada más triste que pensar que ya has visto los mejores años de tu deporte favorito.



Ese sentimiento figura a la vez como motor y acicate para el humilde cronista que diez años después sigue pensando que su función es la misma, y es que alguien tiene que narrar los prodigios.



Toca volver a coger impulso


jueves, 22 de abril de 2021

LA MISERIA DEL ÚNICO BALÓN

 



En el centro Stankovic (FIBA) y Bertomeu (Euroleague), el cisma controlado.


El fallido (por el momento) intento de la creación de una nueva liga europea de fútbol al margen de la UEFA ha puesto encima de la mesa la comparación con el mundo del baloncesto, porque es cierto que si podíamos encontrar un precedente en este asunto es en el deporte de la canasta a comienzos de este siglo XXI, cuando un buen número de los clubes europeos con mayor pedigrí decidieron plantar a la FIBA y la competición continental que dirimía el cetro europeo bajo los parámetros de la federación internacional de baloncesto.

 

La comparación, por tanto, no es baladí. Lo desolador ha sido comprobar una vez más el absoluto desconocimiento por parte de un sector del periodismo deportivo de todo lo que escape al fútbol, único deporte para la mayoría de personajes del gremio, o al menos para los más “famosos”, lo cual a día de hoy es sinónimo de decir los más ruidosos, fanáticos o vocingleros. Los que ya apenas escriben columnas de opinión o análisis futbolísticos (el único deporte que siguen) pero han encontrado un importante acomodo en tertulias radiofónicas y televisivas cuanto menos moderadas mejor.

 

Obviando el tema Roberto Gómez, un señor que directamente se dedica a decir lo primero que se le pasa por la cabeza e inventarse noticias (el pasado lunes en Radio Marca aseguraba que el gobierno central de Pedro Sánchez apoyaba la Superliga de fútbol para que a los cinco minutos conociéramos el comunicado oficial de Moncloa mostrando su rechazo), en la misma tertulia vespertina de Radio Marca dirigida por Vicente Ortega dos de los participantes (no recuerdo los nombres) competían por ver quien soltaba la mayor boutade sobre el mundo del baloncesto. Uno de ellos deslizaba el nombre de la Euroliga, y claro, lejos de ensalzar las virtudes de una competición tan impresionante como esta (y miren si no la calidad del juego, competitividad y emoción que nos ha dejado esta presente edición cuyos play offs de cuartos de final acaban de comenzar) aseguraba que era un fracaso y que literalmente no interesaba a nadie. Además de tratar a los aficionados de imbéciles asegurando que no sabían que competición se disputaba en cada partido. Desolador. La apuesta subió cuando otro de los contertulios puso sobre la mesa el nombre de la NBA, afirmando que “la NBA siempre ha sido igual, no han conocido otra cosa”. Cuando realmente la historia de la liga de baloncesto profesional estadounidense es una historia de constantes cambios, expansiones y negociaciones entre todos los protagonistas. Poco queda de aquella BAA primeriza, embrión de lo que tres años después se conoció como NBA, con sólo once primeros protagonistas. La agencia libre de jugadores tal y como la conocemos, o el tan manido límite salarial, son conceptos que no entran en vigor hasta mediados de los años 80. Por no recordar que durante prácticamente diez temporadas convivieron dos ligas profesionales como la NBA y la añorada y entrañable ABA, en un sano ejercicio de libre competencia y mercado. Un escenario que se antoja imposible en el fútbol, quizás porque haciendo bueno el dicho de “piensa el ladrón…” hay que dar la razón al contertulio que expresaba la dificultad del aficionado de seguir dos competiciones a la vez, como si la capacidad neuronal del seguidor del balompié tuviese tan serias limitaciones.

 

En estos días tormentosos de furibundo debate alrededor de la idea de la Superliga futbolística hay quien ha esgrimido que no pueden compararse baloncesto y fútbol. Y es cierto. En realidad el fútbol no admite parangón con ninguna otra disciplina, ya que no existe otro deporte con una capacidad tan férrea y cerril para oponerse a cualquier cambio, mejoría o evolución (no hay más que ver la firme resistencia ante una herramienta tan útil como el VAR) El fútbol sigue anclado en un incoherente pensamiento ancestral y atávico que no se corresponde con la realidad ni del deporte ni con la del propio fútbol, y de ahí su incoherencia. Da la sensación de que si fuera por algunos aficionados, Di Stefano no hubiera cruzado nunca el charco, traicionando el fútbol latinoamericano pero ayudando a crecer exponencialmente el fútbol europeo. Un Di Stefano quien por cierto jugaba en Los Millonarios de Colombia, club que adoptó aquel nombre después de que la calle, por influencia de los medios de comunicación, se refiriera a ese club que originalmente había nacido como Juventud Bogotana con el millonario apelativo por el que acabaría pasando a la historia, gracias a sus altos contratos, especialmente a los jugadores extranjeros y especialmente argentinos. Hablamos de mediados de los 40 del pasado siglo, y ya no cabía hablar de romanticismo ni de fútbol de barrio. 

 

Pero no era mi intención hablar de fútbol ni del debate sobre la Superliga, si no expresar mi malestar una vez más por el maltrato al baloncesto por parte de la prensa deportiva de este país. Y digo baloncesto sabiendo bien lo que significa y representa esta palabra, baloncesto. El segundo deporte de equipo más popular de nuestro país, del que hemos sido tres veces campeones de Europa y dos del mundo. El deporte que nos ha dado nada menos que 19 medallas entre Juegos Olímpicos, campeonatos del mundo y de Europa. Esto sólo refiriendo a la selección absoluta senior. En femenino sumamos otras 14 medallas con cuatro campeonatos de Europa ganados. Y si nos pusiéramos a recordar los éxitos de categorías inferiores no tendríamos folios suficientes. Sé muy bien por tanto que significa el baloncesto y como es diariamente fagocitado informativamente por el deporte de equipo que más dinero mueve y genera en el mundo. Sé muy bien también que como aficionado a la canasta no puedo quejarme en comparación con un aficionado al balonmano o al waterpolo, o a tantos otros deportes que son prácticamente invisibles e inexistentes para la prensa deportiva de este país. Porque el fútbol lo devora todo. El espacio para el resto es anecdótico. Por eso escuchar estos días hablar de valores, romanticismo o democratización del deporte, cuando en España se impone una única disciplina deportiva desde los medios de comunicación, resulta cuanto menos curioso. Cuando quienes esgrimen estos argumentos desde sus acomodadas tertulias de vocerío y griterío sólo tienen ojos para un único balón. 



 

viernes, 16 de abril de 2021

JAZZ DE MADRUGADA

 







Por alguna razón que no alcanzo a entender y pese a que me congratulo de no padecer habitualmente problemas de insomnio esta semana me ha costado conciliar el sueño más de lo habitual y conseguir hilar seguidas las necesarias horas de reposo. Esta última madrugada, una vez acabada la programación deportiva nocturna de las principales emisoras de radio nacionales, hice un poco de zapping a través de las ondas consiguiendo un dulce estado de duermevela, lo que estaba buscando, mecerme en el sueño con la voz de un locutor dedicado a algún tema que oscilase en un equilibrio entre resultar instructivo y apasionante como para sacarle algún provecho pero sin demasiado apasionamiento que no haría sino dificultarme todavía más el sueño.

 

Ya sumergido como digo en ese estado de duermevela una melodía de jazz fue introduciéndose cada vez más en mi cerebro hasta el punto de hacerla reconocible y despertarme por completo. Era el “Theme for Kareem” que publicara el trompetista Freddie Hubbard en su álbum “Super Blue” de 1978. El motivo de pinchar aquella canción no era otro que el de celebrar el 74 cumpleaños de una de las mayores leyendas del deporte de todos los tiempos, Kareem Abdul-Jabbar. Reconocido amante del jazz por otro lado (conocida es la historia sobre su colección de discos arrasada en el incendio de su casa de Bel Air), Kareem llegó a definir la trompeta en una de las piezas de Hubbard, “Suite Sioux”, como el equivalente musical a uno de aquellos contrataques con los que sus Lakers honraban el “show time”. 

 

La discusión sobre el mejor jugador de la historia, complementada en los últimos tiempos con la etiqueta del “GOAT” (greatest of all time) me resulta del todo punto absurda y cansina, además de sepultada por una dictadura de pensamiento único que impone a Michael Jordan como el mejor que ha existido nunca y que existiría jamás,  hasta el punto de que todo el baloncesto posterior a MJ es otro deporte para quien practica ese integrismo. En todo caso, y por darle un poco de espacio a las nuevas generaciones, se deja asomar al debate a Kobe Bryant o LeBron James (nunca Tim Duncan con sus cinco anillos y 3 MVP de las finales), y los más nostálgicos se atreven con “Magic” Johnson o Larry Bird. Más atrás de eso no existe nada, como si la NBA comenzase exclusivamente en aquel verano de 1979 en el que los prodigios de Michigan e Indiana oficializasen su desembarco en la mejor liga de baloncesto del mundo (la cual es justo reconocer que ambos astros, “Magic” y Bird, cambiaron para siempre) Pero antes hubo otros jugadores que, parafraseando la autobiografía del propio Kareem, dieron “pasos de gigante” (“Giant Steps”, otro guiño al jazz y a un célebre tema de John Coltrane) para que el baloncesto evolucionase hasta convertirse en ese deporte que muchos tomamos como religión. Gigantes como Chamberlain, Russell o Kareem, que nunca entrarán en el fastidioso debate del “GOAT”, pero sin cuya influencia no podría entenderse la NBA actual.  

 

El palmarés de Kareem en su intergeneracional carrera (llegó a jugar en tres décadas diferentes, algo inaudito en su momento y que con el tiempo igualaría Tim Duncan… o incluso superaría Vince Carter cuyo nombre figura en partidos NBA de cuatro décadas nada menos) habla por si solo. La carta de presentación con la que aterrizaba el número 1 del draft de 1969 (también fue escogido en esa posición aquel mismo año en la ABA) ya resultaba insultante en cuanto a su capacidad dominante. Tres títulos de campeón universitario en la invencible UCLA de John Wooden con medias de 26.4 puntos y 15.5 rebotes, realizando un juego tan tiránico sobre sus rivales que la NCAA llegó a prohibir los mates durante unas diez temporadas, levantando la sospecha de que se buscaba limitar la superioridad del siete pies de Harlem. El argumento oficial sin embargo era el de cuidar el físico de los jugadores y reducir el número de lesiones además de evitar la rotura de tableros (por aquella época eran fijos, no basculantes) La respuesta de Kareem (todavía Lew Alcindor) fue desarrollar el lanzamiento que se convertiría en su mayor seña de identidad: el sky hook. Tres temporadas inolvidables en la universidad angelina, que hubieran sido cuatro de no existir la regla por aquel entonces que distinguía un equipo de jugadores de primer año (freshman) y otro llamado “varsity” en el que se englobaban los del resto de ciclo universitario (entre segundo y cuarto año) Es difícil no pensar de que de no existir aquella norma Kareem hubiera ganado cuatro títulos de la primera división de la NCAA, baste recordar que aquel primer curso 1965-66 se abría con el tradicional partido inaugural entre los dos equipos, de primer año y los “mayores”. Contra todo pronóstico los freshman vencían a los veteranos con 31 puntos, 20 rebotes y 7 tapones de Alcindor…y John Wooden frotándose las manos.

 

En la NBA pocas carreras podrían considerarse más legendarias que la de Jabbar, incluyendo la del intocable Jordan. 20 temporadas jalonadas con 6 anillos, 6 MVP de temporada, 2 de finales, 19 veces All Star y 10 veces incluido en el Mejor Quinteto de la temporada. Y lo que le confiere una mitología especial por encima de todos los demás jugadores, ese título honorífico de mayor anotador histórico de la mejor liga de baloncesto del mundo. Nadie ha hecho tantos puntos ni anotado tantas canastas en semejante escenario, e incluso en estos años de desorbitado volumen anotador preferiblemente sumando de tres en tres sus 38387 puntos siguen resultando una cima inalcanzable para el resto de los mortales, excepto para un LeBron James cuya presencia en el Olimpo y carácter mitológico también estás fuera de toda duda y quien si es capaz de mantenerse sano y a su nivel del pasado curso durante tres temporadas más, o incluso dos, parece el único capaz de derribar un muro tan infranqueable.

 

Pero incluso más allá de los impresionantes números, la figura de Kareem resulta absolutamente imprescindible para comprender la actual NBA y su influencia en la sociedad. Cuando un personaje tan infame como Donald Trump llegó a calificar la liga como una “organización política” está claro que se han seguidos los pasos correctos. El activismo social o la lucha contra el racismo no es una cuestión política, si no humana y valga la redundancia, social. Sólo se intenta contaminar desde un prisma político cuando los enemigos de tales principios se ven sin argumentos y por tanto llevan a ese terreno una batalla en la que sin embargo todos los seres humanos deberíamos estar en el mismo bando. Kareem, junto a otros pioneros (Oscar Robertson, Bill Russell…) fue una de las primeras estrellas en demostrar una enorme conciencia social que perdura hasta nuestros días (actualmente está en plena campaña de concienciación promoviendo la vacunación contra la covid-19) Su sensibilidad en el tema del racismo le llevó a renunciar a los Juegos Olímpicos de 1968 en protesta por la violencia racial cuyo climax supuso el asesinato de Martin Luther King en la primavera de aquel olímpico 68. Hay que recordar que Kareem es hijo del asfalto de Harlem, cuyas calles sufrieron una inusitada ola de racismo y violencia en las décadas de los 40 y 50, especialmente significativo el caso de las revueltas de 1943 en las que seis afroamericanos perdieron la vida.

 

La biografía de Kareem Abdul-Jabbar arroja un irresistible trazado entre lo social y lo intelectual, melómano, escritor, novelista (celebradas son sus novelas basadas en Mycroft Holmes, el hermano del más celebre detective de todos los tiempos)… todo eso complementando a un enorme deportista quien también fue pionero en lo que ahora se conoce como empoderamiento de los jugadores, cuando en 1974 forzó su salida de Milwaukee, donde había sido campeón tres años antes, para volver a Los Angeles donde tan feliz había sido bajo la tutela de John Wooden en sus años universitarios, alegando que culturalmente no se sentía afín a la ciudad del estado de Wisconsin, pero desvelando algo tan simple como que no era feliz en Milwaukee. Como si ser una estrella de la NBA con una generosa cuenta corriente (sin llegar a los sueldos actuales) bastase para obviar lo más importante, la propia felicidad.

 

Con el recuerdo de la en todos los sentidos gigantesca figura de Kareem y bajo los compases del “hard bop” de Freddie Hubbard finalmente concilié el sueño con un objetivo fijado para el día siguiente: escribir esta entrada. 


lunes, 15 de febrero de 2021

ESPLENDOR AZULGRANA, ENFERMERÍA BLANCA

 

 

 


 

 

El Barcelona recupera el cetro copero. Su tercer título en las útimas cuatro temporadas, pero a diferencia de los triunfos de 2018 y 2019 lo hace con una autoridad incontestable, al margen de polémicas arbitrales (al menos en la final, ya que en su partido de cuartos ante Unicaja los de Katsikaris reclamaron que la canasta de Abromaitis que lleva el partido a la prórroga debería ir acompañada de un tiro libre adicional por falta de Davies sobre el forward de Connecticut) y dejando la sensación de que desde el club azulgrana por fin han dado con la tecla de un proyecto ganador. El mismo proyecto ganador y multimillonario de la temporada pasada pero liderado ahora por un entrenador que si tiene una ascendencia sobre sus jugadores superior a la de Pesic. Un Jasikevicius que ingresa en el selecto club de baloncestistas que han sido campeones de Copa tanto en la pista de corto como dirigiendo desde el banquillo. Se une así a los Lolo Sainz, Clifford Luyk, Velimir Perasovic y Pablo Laso (eso sí, Laso puede presumir de ser el único que lo ha hecho siendo MVP del torneo como jugador) 

 

Laso ha vuelto a sufrir la maldición del anfitrión. Las alarmas se encendieron cuando hace una semana la victoria ante el Estudiantes dejaba tocados a Jeff Taylor y Garuba. El sueco finalmente se confirmó como baja, mientras que el madrileño si fue parte de la convocatoria pero con evidentes problemas físicos (no disputó el primer partido ante Valencia), no obstante su enorme derroche y sacrificio defensivo en la final (nada menos que un +15 con él en pista en los 14 minutos que disputó) le hizo recibir los elogios de Laso en rueda de prensa tras perder la final. De hecho la mejor noticia para el equipo madridista en esta Copa hay que encontrarla en la buena respuesta de su núcleo joven (Alocen-Abalde-Garuba) ante un torneo de este calibre, aunque para llegar a la final Laso se encomendó en unos soberbios Deck y Thompkins acompañados de un Causeur recordando al de la Final Four de 2018. La baja a última hora de Rudy Fernández para la final aquejado de una lesión lumbar ya no dejaba lugar a dudas: la maldición del anfitrión existe… y Laso se quedaba sin sus dos mejores defensores exteriores, el sueco y el mallorquín.

 

No hubo final en una Copa que no ha arrojado ninguna sorpresa. En cada uno de los siete partidos disputados el equipo favorito acabó llevándose la victoria. En todo caso si sorprendieron el desarrollo de los mismos, con un Valencia muy desdibujado ante el Madrid pese a llegar enrachado, un Unicaja mostrando la mejor versión de la temporada ante Barcelona (con Brizuela dejando una de las actuaciones individuales de la competición con 33 puntos en una serie de 12 de 17 tiros de campo… aunque sus 9 pérdidas de balón fueron castigadas por el rival) o un Baskonia empequeñecido ante el posterior campeón en semifinales.

 

Primer título por tanto de la era Jasikevicius, y primer título de Mirotic como blaugrana. Todos los focos estaban puestos en el ex –madridista como un aspirante a MVP que finalmente ha recaído en un excelso Cory Higgings (quien hay que recordar no disputó la Supercopa, primer título de la temporada y que se llevó el Real Madrid) El estadounidense refrendó el fantástico momento de forma al que llegaba a este torneo (12 partidos consecutivos en Euroliga sin bajar de los 12 puntos) dejando unas medias de 19 puntos por partido y valoración media de 17,7.

 

Si la Copa de 2012, primer título de la era Laso, significó un cambio de tendencia invirtiendo el dominio del Barcelona de Xavi Pascual a favor del baloncesto madridista, la victoria azulgrana de 2021 apunta a revertir aquel cambio. Aunque en honor a la verdad hay que reconocer una sustancial diferencia. En aquel 2012 el Barcelona era el favorito y el Madrid rompió los pronósticos. Nueve años después se ha cumplido la lógica. Un arrollador Barcelona con estrellas en el mejor momento de su carrera dejando sin opciones a un Real Madrid roto y fatigado al que sólo le queda mirar hacia delante, recuperar jugadores y competir por los dos títulos que quedan en juego. En la filosofía Laso no existe la opción de rendirse y no competir, aunque sea en las circunstancias más adversas.  

 

 

 

lunes, 23 de noviembre de 2020

MARC CIERRA EL CÍRCULO



Se disiparon las dudas sobre el futuro de Marc Gasol, uno de los agentes libres más deseados del mercado y quien al igual que Serge Ibaka recala en la ciudad de Los Angeles, sólo que mientras el hispano-congoleño lo hace en el mejor momento de su carrera volviendo a unir sus fuerzas con Kawhi Leonard, compañero tanto de Ibaka como de Marc en Toronto hace dos temporadas en la que alcanzaron el anillo. Lo volverán a intentar los Clippers poniendo sobre la mesa 19 millones de dólares por dos temporadas (la segunda ejercida a través de “player option” que debe ejecutar el propio jugador) para el ala-pívot de Brazzaville.


El caso de Marc Gasol es distinto. A sus casi 36 años parecen haber pasado sus mejores días al menos en cuanto a rendimiento individual. Aspecto este que el mediano de los Gasol ya ha dejado claro que no es lo que más le importa. Marc buscaba su posible último contrato en la NBA en un equipo ganador donde volver a competir por el anillo, y que mejor escenario que los actuales campeones. Para ello ha tenido que rebajar considerablemente su sueldo que en Toronto rondaba los 25 millones de dólares mientras que en la franquicia angelina se habla de que percibirá el salario mínimo de veteranos, los 2,6 millones de dólares que cobraba Dwight Howard, cuya marcha a Philadelphia junto al traspaso de Javale McGee a Cleveland deja a Marc como la gran referencia angelina en el puesto de cinco, confiando en que de salida Frank Vogel juegue con Davis como cuatro. Aunque la combinación interior con más minutos en los momentos decisivos posiblemente sea la de La Ceja junto a Montrezl Harrell, quien viene de ser elegido como Mejor Sexto Hombre de la NBA la pasada temporada. Lo que está claro es que a estas alturas de su carrera Marc lo único que busca es ganar su segundo anillo e igualar así el palmarés de su hermano Pau, quien precisamente obtuviera ambos en el nuevo club de su consaguíneo, como escudero de Kobe Bryant. El apellido Gasol vuelve a sonar con fuerza en Los Angeles, siendo además la única pareja de hermanos que han jugado para la laureada franquicia oro y púrpura. 


Supone además para Marc cerrar el círculo de su trayectoria NBA, vistiendo por fin la camiseta del club que le escogió en la segunda ronda del draft de 2007 y cuyos derechos cedió a Memphis meses después en el traspaso que llevaría a su hermano Pau a Lakers y resultaría histórico para el baloncesto español con los dos títulos conquistados por el mayor de la saga Gasol. Nadie podía imaginar que aquello que parecía letra pequeña de aquel histórico trade significaría una magnífica carrera de Marc en los Grizzlies, un posterior anillo de campeón con Toronto Raptors, y por fin, 13 hace años después, el desembarco en la franquicia que por primera vez pronunció el nombre de Marc Gasol en la mejor liga de baloncesto del mundo. Curiosos giros del destino.

viernes, 2 de octubre de 2020

ES SÓLO UN PUNTO

 




Spoelstra se queda sin balas.



Si usted no es seguidor de la NBA y no conoce por tanto el calendario de las actuales series finales, bien puede haber pensado leyendo las noticias, foros, o redes sociales entre ayer y hoy que Los Angeles Lakers son los nuevos campeones de la mejor liga de baloncesto del mundo… cuando en realidad sólo han ganado el primer partido de unas series al mejor de siete. Pero cuesta recordar unas finales en las que el primer partido sea capaz de definir tan claramente a un favorito. Los dos casos recientes que se me vienen a la mente ambos tienen como protagonistas precisamente a LeBron James pero siendo víctima y no verdugo, como cuando en 2007 accedió a sus primeras finales para ser barrido por la dinastía de San Antonio Spurs o las finales de 2018 en las que sus Cleveland, ya sin Irving, no tuvieron opciones ante unos Warriors que apuntaban a la mayor dictadura del siglo XXI si Durant no hubiera marchado a Brooklyn (precisamente junto a Irving) Aunque es cierto que en aquel primer partido del 18 los Cavaliers tuvieron opciones de llevarse el partido, dejando la célebre jugada de J.R.Smith renunciando a un último tiro antes de la prórroga que podía haber dado la victoria a los de Ohio. Nada que ver con lo visto en Orlando, donde la trituradora Laker comenzó a funcionar mediado el primer cuarto llegando a alcanzar diferencias hasta de 32 puntos.

 

“Es sólo un partido. Sólo un punto. Todavía tenemos que ganar tres más para ganar el anillo”, no cuesta imaginar a Frank Vogel y LeBron James, como las voces autorizadas del vestuario uno en su papel de entrenador y el otro en el de líder del proyecto, insistiendo en la necesidad de rebajar la euforia que sin duda se ha instalado en el roster angelino viendo la facilidad con la que se llevaron un primer partido que deja tocado a Miami en el resultado y en la enfermería, con Dragic, Butler y Adebayo tocados. Posiblemente sus tres jugadores más importantes.

 

“Es sólo un partido. Sólo un punto. Todavía no hemos perdido las finales y en dos noches tenemos la ocasión de igualar las series” Spoelstra habrá tirado de la lógica de la ilógica del deporte, de que todo es posible y que ningún resultado debe darse por antemano. Sabe lo que es ganar el título, lo ha hecho dos veces, y puede recordar como en 2012, su primer anillo, comenzaron perdiendo las finales contra Oklahoma City para acabar remontando y ganando esas series por un inapelable 4-1. Claro que la situación era bien distinta y a su disposición contaba con el “big three” de LeBron, Wade y Bosh en buena forma, sano y capaz de jugar unos 40 minutos por partido a pleno rendimiento. Todo parece pasar ahora mismo por el estado físico de esos tres puntales que son Dragic, Butler y Adebayo con los que poder plantar con garantías a estos desorbitados Lakers, apabullantes en todo, físico, tamaño, músculos, kilos y centímetros.

 

En ese sentido estos Lakers rompen en cierta manera con la tendencia de los últimos campeones más partidarios del “small ball”, especialmente los Golden State Warrios, pero también los propios Miami de 2012 y 2013, los Spurs de Popovich cuyos mejores minutos en las finales eran con cuatro jugadores abiertos y sólo Duncan dentro, los Cavaliers de 2016, que hacían lo propio sólo con Tristan Thompson en la zona (Kevin Love muy limitado en minutos), jugadores con más perfil de cuatro que de cinco. Sólo Toronto la pasada temporada con Marc Gasol apostó por un cinco puro en la zona durante muchos minutos, aunque tengo en mi recuerdo particular que sus mejores minutos fueron con la pareka Siakam-Ibaka, de nuevo dos perfiles más móviles y abiertos. Pero también puede ser una vía por la que Miami pueda encontrar su mejor juego, como se vio en los primeros minutos del G1.

 

Y es que la puesta en escena de los de Spoelstra desde luego invitaba al optimismo, castigando el formato alto de Lakers con una circulación de balón y unas transiciones rápidas encontrando tiros cómodos, especialmente desde las esquinas,  propiciando un parcial de 23-10 de salida que hizo parar el partido a Vogel. Pese a la supuesta superioridad interior que pudiera plantear el quinteto alto angelino, provocando el marcaje de Crowder sobre Davis, en ese parcial los puntos de Lakers llegaron desde el exterior (dos triples, LeBron y Davis, y una canasta de Caldwell-Pope desde unos seis metros), La Ceja sólo pudo anotar una canasta en la zona después de un reverso ante Crowder. Y en el resto de asignaciones, especialmente los exteriores (Dragic sobre Pope, Robinson sobre Green) los Heat parecían superiores. Hasta que entró Rondo… y es que Vogel aprovechó su tiempo muerto para hacer un doble cambio, uno natural y habitual en el guión del técnico angelino (Kuzma por LeBron) pero otro evidentemente táctico, renunciando al cinco grande (Howard) y jugando sólo con Davis como interior. Curiosamente La Ceja hizo mayores estragos con el marcaje de Adebayo que ante el de Crowder, y la dirección de Rondo nos hizo recordar de nuevo que estamos ante posiblemente uno de los mejores jugadores de play offs de los últimos tiempos. La entrada del campeón con Boston en 2008 se produjo a cinco minutos del final del primer acto, con su equipo 13 abajo y sólo 10 puntos anotados. Finalizaron ganando el cuarto, 28-31, cerrando con un triple desde la esquina de Caruso servido por Davis después de una magnífica circulación de balón angelina. A partir de ahí los Lakers no cederían el mando del partido, excepto tras un pequeño arreón de Herro que devolvió una momentánea ventaja de dos puntos a Miami con dos triples seguidos, 43-41, pero los de Spoelstra se quedarían anclados en ese punto 43 y un parcial de 0-11 ponía en franquía la victoria angelina. Si los 17 puntos de diferencia (48-65) con los que se llegó al descanso ya parecían una losa difícil de levantar (y eso que no subió al marcador la que hubiera sido la canasta de la noche, un mate de LeBron en contrataque tras recoger un rechace de Kuzma), la confirmación de que Dragic no volvería al partido (y veremos si a las finales) convertía el partido en misión imposible para Miami, que a partir de ahí sufriría una carnicería sólo mitigada en un último cuarto de maquillaje que al menos sirvió para que el “desaparecido” Kendrick Nunn recuperara la confianza perdida. Quien fuera uno de los jugadores revelación de la temporada (segundo en las votaciones por el Rookie Of The Year) ha tenido un final de temporada convulso, dando positivo por coronavirus y abandonando hace dos meses la burbuja de Orlando por motivos personales. De sus 29.3 minutos por partido en liga regular a los 12.4 de play offs. Como el día y la noche. Su recuperación parece la única buena noticia a la que pueda aferrarse Miami en una noche aciaga que trasciende más allá del resultado con los ya conocidos problemas físicos que hacen que Dragic (desgarro en la fascia plantar) y Adebayo (hombro) sean seria duda hasta el último momento del G2. El caso de Butler no parece tan grave ya que se da por hecha su presencia a pesar de su esguince en el tobillo. Pero qué duda cabe no lo hará al 100%, y de hecho su carácter guerrero nos inclina a pensar que no se dejará nada fuera de la pista, arriesgándose a agravar una lesión que le puede dejar definitivamente ausente de las series. Los fantasmas de las lesiones de Durant y Klay Thompson en las pasadas finales ente Golden State y Toronto sobrevuelan el vestuario de los Heat. 

 

Sea como fuere la realidad es que el marcador de las series refleja solamente un 1-0, nadie debería dar nada por descontado todavía en ninguna franquicia ni en ningún sentido, ni en el de la euforia angelina ni en el de la tragedia floridense. 


miércoles, 30 de septiembre de 2020

LAS VIDAS CRUZADAS DE RILEY Y LEBRON

 


Dos hombres, un destino... y muchos anillos.



Con las finales NBA a punto de comenzar parece obligado pararse a echar un vistazo a lo que nos puede ofrecer esta final inédita en los más de 70 años de historia de la mejor liga de baloncesto del mundo. Esta naturaleza inédita en gran parte hay que achacarla, claro, a la relativa juventud de Miami Heat como franquicia, ya que son sólo 32 sus años de historia, los cuales evidentemente palidecen ante los 73 años de los Lakers, los 13 primeros en Minneapolis y desde 1960 establecidos ya en la ciudad californiana de Los Angeles, sumando en total 16 títulos de campeones de liga, 32 de conferencia y 34 de división.


En proporción a su corta vida la historia de Miami Heat también puede considerarse exitosa. Tras unos primeros años de modesto transitar, sería precisamente la llegada de una leyenda angelina como Pat Riley en 1995 lo que cambiaría el destino de la franquicia de Florida. Ya bien como presidente o a pie de pista como entrenador, en estos 25 años Riley ha llevado a los Miami a ser una de las potencias del Este, habitual en play offs, ganador de tres anillos, y que ya va a disputar sus sextas finales por el título (lo cual quiere decir que han sido tantas otras veces campeones de su conferencia), siendo en este curso, qué duda cabe, cuando mayor mérito hay que otorgarles. Sin megaestrellas (comienzan la temporada con un solo all star, Jimmy Butler, llegado el verano de 2019 tras un “sign&trade” con Philadelphia en el que también estuvieron implicados Los Angeles Clippers y Portland, dejando marchar los Heat a jugadores esenciales otros cursos como Josh Richardson o Hassan Whiteside), la reconstrucción de Miami está siendo tan espectacular que les coloca de repente ante la oportunidad de luchar por su cuarto anillo, algo por lo que nadie hubiera apostado a comienzo de una temporada en la que su trayectoria ha sido ejemplar finalizando quintos en el Este, ligeramente por encima de unas expectativas que les situaban luchando por las últimas plazas de play offs. Baste este dato para atestiguar la regularidad de Miami durante toda la campaña: su mayor racha de victorias consecutivas fue de cinco… pero la de derrotas de tres. Fiabilidad absoluta. Si hablamos de post-temporada, en los play offs de Orlando ha sido sin ninguna duda el equipo de moda, plantándose en las finales con un espectacular balance de 12 victorias por tres derrotas. Únicamente los jóvenes Boston Celtics fueron capaces de arrancar dos triunfos frente a los de Spoelstra, después de que arrasaran a Indiana (4-0) y Milwaukee (4-1, sólo cayendo tras prórroga) Hay que recordar que hablamos de un equipo que finalizó quinto en su conferencia y que ha batido a tres rivales cuyo balance en liga regular había sido superior, especialmente los Milwaukee del MVP Antetokounmpo, quienes por segundo año consecutivo alcanzaron el mejor registro en temporada para volver a defraudar en el momento decisivo.


En una NBA en la que parece que sólo hay dos tipos de equipos, los aspirantes al anillo y los que están en reconstrucción, el caso de Miami es admirable. Sin haberse planteado nunca la censurable práctica del “tanking”, han ido conjuntando un roster con jóvenes talentos que han llegado a la liga sin demasiado foco previo. Adebayo fue elegido en el número 14 del draft de 2017. Tyler Herro el 13 en 2019. En 2018 no pudieron elegir como parte del “trade” con Phoenix en 2015 para conseguir a Goran Dragic. Duncan Robinson, letal y sorprendente tirador, o Kendrick Nunn, ni siquiera fueron drafteados. Para arropar este joven núcleo que, insistimos, no ofrecía tan altas expectativas, Riley y Spoelstra han mixturado de manera muy sabia el roster con la veteranía de jugadores como Andre Igoudala, llegado en un trade invernal que entre otros movimientos sacrificaba a otro joven valor de Miami como era Justise Winslow. Igoudala, MVP de las finales de 2015 y ganador de tres anillos con Golden State ha vivido en un segundo plano atribuible a sus 36 años, pero a medida que han ido sucediéndose las rondas de play offs su calidad como “factor x” parece ir ganando peso, hasta llegar a sus 15 puntos y 4 de 4 en triples en el sexto partido ante Boston que daba el pase a las finales. Aunque si hay un jugador en Miami que claramente ha dado un paso al frente respecto a la temporada regular es claramente Goran Dragic. De sus 16.2 puntos y 5.1 asistencias en 28.2 minutos por partido de liga regular, en play offs ha subido su anotación hasta 20.9 puntos (más 4.7 asistencias) en 34.6 minutos por encuentro. Spoelstra no ha dudado en dar más galones y presencia en pista a otro de los veteranos, en detrimento del joven Kendrick Nunn que tan buenas sensaciones había dejado en liga regular. Y por supuesto, no hay que olvidarse de Jimmy Butler. Quien fuera estrella emergente en los Chicago Bulls de Tom Thibodeau nunca acabó de encontrar su ecosistema propicio y su fama de jugador conflictivo le ha ido acompañando por cualquier vestuario en el que cayese. Sin ir más lejos mientras Thibodeau sigue alabando su ética de trabajo y profesionalidad en los entrenamientos, Butler no ha dudado en atacar a su ex –técnico por su decepcionante trabajo en Minnesotta, donde llegaron a coincidir. Uno de los grandes méritos de Riley y Spoelstra es sin duda haber logrado centrar a Butler para remar en la misma dirección que sus compañeros sin sus habituales malos gestos o feos detalles hacia los mismos. Es Butler por otro lado un jugador que siendo estelar no juega para la estadística individual, ideal para un equipo ganador, pero una bomba de relojería cuando la victoria no llega. En resumidas cuentas Miami es un ejemplo de que lo importante no es ser un buen equipo NBA, sino una buena franquicia NBA, bien dirigida desde la base y con un respeto ganado que hace que cualquier jugador sepa que es un destino donde puede sentirse cómodo, más allá de las bondades del clima del estado de Florida o sus benevolencias en exenciones fiscales.


El Dragón aún tiene fuego.


En el Oeste vuelven a mandar Los Angeles Lakers. Una década han tardado en volver a ser campeones de su conferencia, desde un 2010 en el que en su roster sobresalían nuestro Pau Gasol y por supuesto el llorado Kobe Bryant, cuyo mito y recuerdo parece sobrevolar toda la trayectoria angelina en estos play offs, con el climax del triple ganador de Anthony Davis en el G2 en las finales del Oeste y su invocación al escolta que conquistase nada menos que cinco títulos con la elástica púrpura y oro de los Lakers. A diferencia de Miami, la franquicia californiana comenzaba la temporada como uno de los claros candidatos al anillo. La insistencia de LeBron James con Anthony Davis ha dado sus frutos y ha dado la razón al titán de Akron. “La Ceja” era la pieza que le faltaba al puzzle que en los últimos dos años han ido conjuntando entre el dimitido “Magic” Johnson y Rob Pelinka en los despachos, y claro, el propio LeBron cuya capacidad de decisión en cualquier franquicia por la que pase sigue siendo patente. No es para menos si tenemos en cuenta que sus primeras finales con el equipo californiano son ya las décimas de su carrera. Sólo Bill Russell y Sam Jones, miembros de los imbatibles Celtics de los 60, y otro mito angelino como Kareem Abdul-Jabbar, han jugado más rondas por el título que “King” James. LeBron es garantía en la lucha por el título y cualquier franquicia NBA lo sabe.


Estos Lakers son un equipo de presente, de “aquí y ahora”, especialmente en el caso de LeBron, camino de los 36 años y sabedor de que cada vez le quedan menos oportunidades para engordar su palmarés con más anillos (pese a que sus números sigan siendo exuberantes y pocas veces vistos en jugadores de su edad… 26.7 puntos, 10.3 rebotes y 8.9 asistencias está firmando en play offs) Davis, a sus 27, afronta sus primeras finales en su primera temporada fuera de Nueva Orleans, franquicia a la que no pudo llevar a la lucha por el anillo. Howard, quien cumplirá 35 en Diciembre, quiere quitarse la espina de las finales de 2009 perdidas precisamente ante su actual equipo, con el que ya intentará el asalto al título en 2013 en aquel proyecto fallido que reunió nombres tan ilustres como los de Kobe Bryant, Pau Gasol, Steve Nash y el propio Howard… San Antonio les barrió en primera ronda. Rondo, con 34, busca convertirse en el segundo jugador en toda la historia en ganar el anillo con los dos franquicias históricas y eternos rivales, Celtics y Lakers, después de Clyde Lovellette en 1962, pero además sería el primero en hacerlo desde que el equipo de los lagos se instaló en Los Angeles, ya que Lovellette ganó el anillo con Minneapolis. Menuda pedazo cita con la historia tiene el talentoso base de Kentucky. Danny Green (33 años) busca su tercer título con tres franquicias distintas. Sería también el tercero de Javale McGee (32), los dos anteriores con Golden State. El volátil J.R.Smith (35 recientemente cumplidos) también sabe lo que es ganar el anillo, lo hizo en 2016 precisamente al lado de LeBron en 2016. Desde luego si de algo no andan escasos estos Lakers es de veteranía y experiencia.


Al menos Miami puede compensarlo desde el banquillo con Spoelstra, ganador de dos anillos y participante en cuatro finales, y por supuesto con Riley, quien comenzara la década de los 80 alcanzando el título como asistente de Paul Westhead en Los Angeles para posteriormente ganar cuatro anillos más al frente de Lakers una vez capitulado Westhead, entre otras cosas por sus desavenencias con “Magic” Johnson. En Miami no sólo ha ejercido magisterio desde el despacho, si no que en 2006 era el entrenador principal en el primer título de la historia de los de Florida tras decidir que el equipazo que había montado en el despacho (Wade, Shaquille, Payton, Mourning, Antoine Walker, Jason Williams...) no podía esperar y cargarse a Stan Van Gundy en un movimiento encubierto como renuncia del bigotudo técnico californiano. Por supuesto tampoco podemos olvidarnos que antes de convertirse en uno de los mejores entrenadores de la historia, Riley ganó el anillo como jugador en 1972 en los Lakers de West y Chamberlain, ante unos Knicks en los que por cierto jugaba otro futuro mito de los banquillos como Phil Jackson. Pese a que Spoelstra cuenta con la total confianza de Riley, cuesta pensar que el neoyorquino sea capaz de resistir la tentación de no asesorar a su pupilo. Riley y Spoelstra, “matrimonio” bien avenido.


Por si fuera poco el favoritismo angelino, los dos únicos enfrentamientos de temporada regular entre ambas escuadras fueron saldadas con sendas victorias de los de Frank Vogel meridiánamente claras. Sobre todo la primera, a principios de Noviembre de 2019 con la temporada echando a andar y los de púrpura y oro arrasando por 80-95 en el Staples de Los Angeles con LeBron y Davis dejando las cosas claras combinándose para hacer 51 puntos, 12 rebotes y 13 asistencias entre ambas estrellas. Mucho más disputado fue el choque del American Airlines Arena de Miami el 13 de Diciembre que acabaría suponiendo la primera derrota en casa de la temporada de los de Spoelstra por un ajustado 113-110, ajustado gracias sobre todo a un formidable segundo cuarto de los locales, pero lo cierto es que a partir del tercero los de Vogel dominaron el partido y desde el 68-65 tras triple de Davis a los pocos minutos de dicho acto los angelinos nunca cedieron la ventaja en el marcador. La exhibición de los dos astros fue todavía superior, con 61 puntos combinados, 19 rebotes y 13 asistencias (12 de LeBron), aunque quizás el dato más sorprendente de ese partido fueran los 4 de 9 en triples de Davis, algunos de ellos realmente decisivos y anotados en momentos claves, demostrando la enorme mejoría en el lanzamiento exterior desarrollada por “La Ceja” en esta campaña (de hecho la primera en su carrera en la que anota más de un triple por partido) No obstante hay un dato para el optimismo en Florida recordando ese partido, y es que estuvo encuadrado dentro de la racha de nueve encuentros que no pudo disputar Dragic por lesión en la ingle.


Hay motivos de sobra por tanto para disfrutar de unas finales NBA que ya cuentan con el primer aliciente de ser inéditas y de que por vez primera se enfrentan dos franquicias que la temporada pasada no llegaron a play offs. Miami puede convertirse en el campeón que parte de una posición más baja de play offs desde los Houston Rockets de 1995. Los Lakers pueden igualar a Boston como franquicia con más campeonatos conquistados en la historia. No tenemos otro capítulo de la eterna rivalidad Celtics-Lakers, pero tenemos a Riley contra los Lakers y a LeBron contra Miami, por lo que de morbo también estamos servidos. Dos de las más grandes leyendas vivas de la NBA, quienes unieron sus caminos durante cuatro temporadas (dos anillos y cuatro finales) ahora enfrentados ante dos de sus franquicias más queridas y a las que contribuyeron a hacer históricas.


Preparen las cafeteras.




Rajon Rondo ante la historia.