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miércoles, 4 de diciembre de 2013

YOU'RE SIMPLY THE BEST


En el fascinante mundo del deporte de alta competición se utiliza muy a menudo el epíteto supremo de “el mejor” con una ligereza de la que quienes buscan un análisis más sosegado de las cosas deben huir como de la peste. ¿El mejor por qué?, ¿en base a qué se mide eso?, ¿por los títulos colectivos?, ¿por los individuales?, primeramente habría que diferenciar por deportes (es decir, ¿por qué es “mejor” Nadal que Pau Gasol o Indurain?), por contexto espacio-temporal (no es lo mismo medirte a Muhammad Ali que a Lennox Lewis), e incluso por las circunstancias personales de cada individuo (donde entrarían sobremanera el factor de las lesiones… imaginemos a un Arvydas Sabonis con sus tobillos al 100%) Luego habría que saber juzgar el papel de cada deportista, su especialidad, y su relevancia para conseguir los éxitos que se plantean como objetivo, o siendo más claros, la “posición” (tanto un Casillas como un Cristiano Ronaldo son absolutamente necesarios para un equipo campeón, aunque su función sea diametralmente tan distinta que nunca debería comparárseles… de igual modo parece una estupidez supina intentar medir por el mismo rasero el juego de un “Magic” Johnson con el de un Bill Russell) En este blog nos da auténtico pavor cada vez que escuchamos o leemos eso de “el mejor” en el ámbito de las canastas, un dogma de fe que parece absolutamente cerrado a cal y canto para mayor gloria de Michael Jordan. Su parcela privada donde nunca nadie podrá jamás entrar, haya hecho mayores méritos individuales (Wilt Chamberlain) o colectivos (Bill Russell) Sin embargo tenemos que rendirnos a la evidencia ante un hecho que ya no parece crear más dudas. Si hablamos de una posición en concreto, la de power-forward, ala-pívot, o “cuatro”, no hay un nombre más impresionante en toda la constelación histórica que ha supuesto el baloncesto profesional estadounidense que el de un jugador que por fortuna aún seguimos disfrutando: Timothy Theodore Duncan. Tim Duncan. La anti-estrella que huye de los focos pero cuya ejemplar carrera jamás deja de sorprender. 

Sus méritos son de sobra conocidos. 4 anillos de la NBA. 5 campeonatos de la Conferencia Oeste. 3 veces MVP de las finales. 2 MVP de temporada regular. 1 MVP del All Star Game. 14 veces incluido en el mejor quinteto de la NBA. 13 veces All Star. ¿Esto es todo?, no. Por si hubiera alguna duda sobre el liderazgo en su posición a lo largo de la historia, hace un par de madrugadas, contando a sus espaldas con 37 años y 221 días, el jugador de las Islas Vírgenes se convirtió en el baloncestista más veterano en superar 20 puntos y 20 rebotes en un partido (23-21) No contento con eso capituló el encuentro con la canasta ganadora para vencer 102-100 a los Atlanta Hawks. Lo dicho, simplemente el mejor. 

Disfruten de Duncan mientras puedan, porque les aseguramos que estamos viendo historia viva del mejor baloncesto de todos los tiempos. Un ejemplo a seguir, capaz de rebajarse el sueldo para seguir ayudando a una franquicia a la que le ha dado todo y a las órdenes de un Gregg Popovich capaz de congelar el tiempo. El eterno último vals de los Spurs no parece llegar nunca. A cada comienzo de curso escuchamos la misma cantinela sobre la edad de sus estrellas, pero la tabla clasificatoria no miente. Los tejanos han comenzado la campaña con un impresionante registro de 15-3, liderando el Wild West junto a los sorprendentes Portland Trail Blazers. Para la posteridad.  

Soy leyenda.



2 comentarios:

  1. No puedo estar, de nuevo, más de acuerdo. Winnig never gets old !!!

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  2. Que contradice a lo que cantaban los Roling: what a dragit is getting old!!

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