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martes, 16 de septiembre de 2014

HEGEMONIA



Top of the world


Estados Unidos conquista el Mundial 2014 por aplastamiento. Es su segundo campeonato de este calibre que obtiene de manera consecutiva, y su quinto en general, igualando en lo más alto con la extinta Yugoslavia. Sin restar ningún mérito al baloncesto de la Europa del Este, la realidad es que si Estados Unidos hubiera decidido llevar sus mejores jugadores NBA a estos torneos desde antes de 1992, muy pocos mundiales se les podrían haber escapado. Hay dos puntos de inflexión en la historia del baloncesto moderno a nivel de selecciones en lo referente al poder hegemónico del país que inventó este deporte. En 1988 la Unión Soviética de Arvydas Sabonis derrota a los Estados Unidos de David Robinson en los Juegos Olímpicos de Seul en semifinales. Además del “Almirante” de los Spurs, aquella selección entrenada por John Thompson contaba en sus filas con jugadores como Dan Majerle, Danny Manning, Hersey Hawkins, Mitch Richmond o Stacey Augmon. Una excelente camada de universitarios, como demostrarían posteriormente en sus carreras NBA, pero no suficiente para derrotar a su némesis soviética. Aquello dolió mucho en el baloncesto yanqui, tratándose de una derrota en la única competición internacional a la que realmente daban valor, y más siendo a manos del “enemigo” comunista. Algo debía cambiar en unos Estados Unidos que veían con recelo el crecimiento europeo, potenciado aún más dos años después en el Mundial de 1990 disputado en Grecia, donde volvieron a acudir con universitarios entrenados por el ya legendario Coach K. Esta vez fue la Yugoslavia de Drazen Petrovic, Divac, Kukoc y Paspalj quien les pasó por encima en semifinales, y peor todavía fue verles sufrir sobremanera para llevarse el bronce ante Puerto Rico, a pesar de que entre aquellos universitarios se encontraban jugadores del calibre de Alonzo Mourning, Christian Laettner, Kenny Anderson, Billy Owens o Doug Smith. Pero aquello no sólo no era suficiente contra los Petrovic o Sabonis de la época, si no que les hacía sensiblemente inferiores. La contundente respuesta, para deleite de los aficionados llegó en los Juegos de 1992 con la mayor reunión de estrellas que un combinado nacional haya reunido jamás (¿hace falta recordarlos?, Jordan, Bird, “Magic”, Pippen, Ewing, Stockton, Malone, Robinson, Barkley…), por cierto, en el banquillo, como asistente de Chuck Daly estaba un tal Mike  Krzyzewski.  


Coach K, a la vera del gran Chuck Daly


El siguiente punto de inflexión nos lleva a 2006, año en el que España se proclama por vez primera campeona del mundo en Japón. Contra todo pronóstico, en la gran final, su rival no es Estados Unidos, si no Grecia, quienes habían dado buena cuenta de la selección de Krzyzewski en semifinales. Visto el roster del que disponía Coach K, la cosa era para ponerse a temblar: Wade, Bosh, LeBron, Anthony, Howard, Joe Johnson, Paul, Brand… independientemente de que algunos jugadores no tuvieran la madurez que poseen ocho años después, hay que admitir que era una constelación de estrellas que debiera haber asegurado el oro para los norteamericanos. No fue así, y dado que la calidad de los jugadores era indiscutible, había que buscar otros factores que explicasen el fracaso de la selección de las barras y estrellas. Palabras clave como “actitud”, “compromiso”, “trabajo” y “preparación”, se hicieron comunes en el ideario del nuevo proyecto USA que a pesar del batacazo seguiría contando, en lo humano, con los dos mismos pilares que habían fracasado en Japón: Jerry Colangelo en los despachos como presidente federativo y Mike Krzyzewski en los banquillos como entrenador y seleccionador. A partir de ahí no ha habido tregua. 63 victorias consecutivas (un total de 75 sobre 76 con Coach K y Colangelo al frente, la única derrota la mencionada frente a Grecia) y lógicamente el oro en cualquier torneo que hayan competido. Sólo una magistral España en los Juegos Olímpicos de 2008 y 2012 hizo tambalear brevemente los cimientos de la hegemonía estadounidense. En esta ocasión no ha habido dudas ni el mínimo lugar para la sorpresa, pese a que hasta 17 jugadores, por motivos de diversa índole, han tenido que ser descartados de los planes iniciales de Coach K. El Mundial 2014 por tanto deja una verdad incontestable por mucho que duela a algunos presuntos “puristas” de este deporte: el baloncesto norteamericano es el mejor del mundo. Puristas que desprecian el juego yanqui argumentando boutades como que lo basan en el físico (algo semejante a atacar a Usain Bolt por tener buenas piernas), o afirmaciones que demuestran su desconocimiento cuando aseguran que en el baloncesto estadounidense no importa la táctica (cuando prácticamente cualquier sistema utilizado por entrenadores europeos ha sido parido previamente en los banquillos yanquis) Que el baloncesto fuera de las fronteras estadounidenses ha crecido de nivel y se ha acercado a los padres de este juego, es una realidad desde que Drazen Petrovic y Arvydas Sabonis les sacaron los colores a sus mejores jugadores de la NCAA, pero que por calidad, potencial e infraestructura Estados Unidos sigue siendo el gigante hegemónico de este deporte, es igualmente otra realidad indiscutible. 

Estados Unidos se lleva este oro además como las grandes selecciones, jugando de menos a más durante el torneo, y dando su mejor versión según se acercaban los compromisos más importantes y los focos prestaban más atención. Si en la primera fase era el juego interior su gran sustento, ante la pasividad de unos exteriores jugando a medio gas, a medida que han ido pasando las eliminatorias hemos asistido a auténticos clinics de tiro y baloncesto ofensivo, destacando el oficiado por Kyrie Irving en la final con su demoledor 6 de 6 en triples (lo que le valió ser elegido MVP del torneo, de manera injusta en nuestra opinión pues en el global del torneo compañeros suyos como James Harden o Kenneth Faried han mantenido una mayor regularidad) Su rival en la final, una meritoria Serbia, jugó unos primeros minutos asombrosos que les llevaron a ponerse 7-15 en el marcador mediando el primer cuarto. Serbia anotaba a velocidad de vértigo con un Teodosic jugando vertical y encontrando siempre compañeros libres de marca en busca del aro. Estados Unidos, lejos de descomponerse, entró en la dinámica del juego rápido y a base de puro “run and gun” le dio la vuelta al marcador. Fue muy sencillo. Subir la bola y tirar. Y meterla, claro. Habrá quien diga que eso no es baloncesto y prefiera complicadísimas jugadas agotando el tiempo de posesión, pero fue una delicia ver a los de Krzyzewski dejarnos esta exhibición de juego de ritmo alto. 

La final no tuvo historia, pero justo es reconocer el torneo de la Serbia de Sasha Djordjevic. Ofrecieron parte del mejor baloncesto del torneo frente a Grecia y Brasil, además de su espectacular primera parte ante Francia. Los galos a punto estuvieron de remontar en el segundo tiempo con un estratosférico Batum (35 puntos), ¡vaya mundial el suyo! Y es que al swingman de los Blazers aún le quedó pólvora para con 27 puntos ayudar a su equipo a ser bronce frente a la Lituania de un magnífico Valanciunas en otro auténtico partidazo en el que los de Kazlaukas mandaron pero en esta ocasión los de Collet si culminaron la remontada que no pudieron culminar frente a Serbia. Lituania, como era de esperar, no tuvo opciones en semifinales frente a Estados Unidos, por lo que se van del torneo con dos derrotas consecutivas, pero han hecho un gran campeonato.     


Irving dio un recital


El balance general del torneo, en nuestra opinión, es bastante positivo. Ha habido grandes partidos (los citados de Serbia, la pelea por el bronce, los seis primeros partidos de España, la primera fase de Grecia, y por supuesto, todo el recorrido de Estados Unidos, nos han dejado momentos de gran baloncesto) y muchas de las grandes estrellas han dejado su mejor versión mientras sus selecciones han seguido vivas en el torneo (Teodosic, Pau Gasol, Scola, Valanciunas, Bjelica, Batum, Diaw, Valanciunas, Goran Dragic… con los yanquis como caso aparte) De modo que creemos que ha sido un buen Mundial, que por otro lado siempre recordaremos con amargura por el fracaso español en cuartos de final, siendo la gran decepción del torneo junto a Brasil. La organización ha elegido como cinco ideal a Teodosic, Irving, Batum, Pau Gasol y Faried como mejor quinteto del torneo. Todos ellos han destacado, pero nosotros hemos realizado otra selección, escogiendo únicamente jugadores que hayan jugado todo el torneo (pertenecientes, por tanto, a los cuatro equipos semifinalistas) y atendiendo a la valoración (eficiencia, en este caso) media en el campeonato.    



Francia, el bronce más trabajado.



EL QUINTETO DEL MUNDIAL: 


KYRIE IRVING (USA)  12.1 ptos, 2.6 rebs, 3.6 asists, 1.9 robos. 60.9% en T3 14.7 Eficiencia por partido. 

JAMES HARDEN (USA) 14.2 ptos, 2.8 rebs, 3.8 asists, 2.1 robos. 15.8 Ef. p.p.

NEMANJA BJELICA (SERBIA) 11.9 ptos, 6.9 rebs, 2.8 asists. 15.1 Ef. p.p.

KENNETH FARIED (USA) 12.4 ptos, 7.8 rebs 63.7% en TC. 17.8 Ef. p.p.

JONAS VALANCIUNAS (LITUANIA) 14.4 ptos, 8.4 rebs, 1 tap., 69.6% en TC.
19.8 Eficiencia por partido. 


ENTRENADOR: 

Ex aequo: Mike Krzyzewski y Alexandar Djordjevic 


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