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jueves, 9 de junio de 2016

CLEVELAND NO NECESITA AMOR




Uno de los míticos primeros 7" de Pagans, en la cara b dejaban claro lo que pensaban del amor.






Comentábamos en nuestra anterior entrada, referente a los dos primeros partidos de las finales NBA que mostraron una enorme superioridad warrior, la escasa aportación de Kevin Love para la franquicia de Ohio. En ataque apenas limitándose a esperar desde la esquina la posibilidad del lanzamiento triple, y, peor todavía, un auténtico coladero defensivo al que tantos los cuatros rivales (Draymond Green) como los cincos (Andrew Bogut) le estaban haciendo un descosido evidente anotando en las mismas narices del ex –jugador de Minnesotta. El equipo de Lue necesitaba una mejor versión del power-forward californiano si quería tener opciones para conquistar un título que se le ha puesto muy cuesta arriba. Ironías de la vida o jugadas del destino, el entrenador de los Cavaliers se ha encontrado con algo que, a tenor del resultado, ha sido todavía más beneficioso que un paso adelante de Love: la ausencia del jugador en el partido, todavía tocado por un golpe en el Game 2. 


Suena cruel, a todas luces injusto, pero la realidad resulta clamorosa. Sin Love los cavs son otro equipo… mejor. La maldición del sobrino de Mike Love se acentúa, un magnífico jugador pero con una pesada losa en forma de etiqueta fluctuante entre gafe y perdedor. Es difícil de explicar esto cuando hablamos de un deportista excepcionalmente dotado, con inteligencia y colocación para el rebote y con una muñeca excepcional, superior a la gran mayoría de los hombres altos de la liga, por no decir a todos ellos. Pero por fortuna la naturaleza de este juego es tan rica y comprende tantos matices que un jugador que promedia 18.3 puntos y 11.5 rebotes en sus ocho años NBA lejos de garantizar el éxito para su equipo, en ocasiones puede ser incluso perjudicial para el mismo. 


En los últimos años hemos visto entrenadores cambiar cursos de las finales cuando se veían abajo en las series modificando la configuración inicial de sus equipos, sacrificando habitualmente hombres altos y buscando un baloncesto más rápido, agresivo a ambos lados de la cancha, y con mayor aprovechamiento de los espacios. Lo hizo Rick Carlisle con Dallas para darles su único anillo hasta la fecha a los tejanos cuando apostó por la fórmula de tres bajitos a la vez en pista (Kidd, Barea y Terry) para morder en defensa a LeBron y sus Heat, lo hizo Popovich sacrificando a Splitter para poner de falso cinco a Boris Diaw igualmente frente a Miami Heat, y lo vimos la pasada temporada con Steve Kerr sentando a Bogut y poniendo a Igoudala de titular para comenzar a remontar las finales. Tyronn Lue ya ha encontrado su “movimiento”… pero ha sido por accidente, y la duda es, ¿se atreverá a apostar por el quinteto de ayer en caso de que Love se recupere?    






Lue se lo piensa



Con un rejuvenecido Richard Jefferson ocupando la plaza de titular que dejaba Love, LeBron pasaba a la presumible posición de cuatro (al fin y al cabo, una de las cinco posiciones en las que puede jugar quien sigue siendo el jugador más completo de la NBA), para mantener un intenso duelo frente a Draymond Green, mejor jugador del segundo partido. LeBron, era presumible, fue muy superior a su par (32 puntos, 11 rebotes, 6 asistencias y 2 tapones), pero Green no se arrugó y el duelo entre los dos jugadores más polivalentes de ambos equipos dejó jugadas de gran intensidad defensiva, con ambos forwards buscándose durante el partido, pero en esta ocasión ni siquiera el eficiente Igoudala pudo frenar a un James en su versión más excelsa.


El 0-9 de salida fue una declaración de principios cavalier, espoleados por la intensidad defensiva de Jefferson, James y un inconmensurable Tristan Thompson (14 puntos y 13 rebotes) El canadiense fue amor y señor de ambos tableros, capturando 7 rebotes en su aro y 6 en el contrario, especialmente dolorosos estos últimos. Pero no fue sólo una victoria basada en el trabajo defensivo, ya que Kyrie Irving exhibió su baloncesto de seda (30 puntos y 8 asistencias) para demostrar a los Warriors que en Cleveland también saben hacer “run and gun”. Ese baloncesto de seda, de manejo de balón endiablado y disparo letal que hemos visto durante toda la temporada en las manos de un Stephen Curry autocrítico y consciente de que sus 16 puntos (ayer hizo 19, su marca más alta en estos tres partidos, pero la mayoría anotados cuando su equipo ya perdía de más de 20 puntos) y 4.3 asistencias por partido en estas finales están muy por debajo de las prestaciones que le llevaron a ser MVP de temporada regular por segundo año consecutivo. No obstante hay razones para el optimismo en Oakland, y es que precisamente con el peor Curry que se recuerda en muchísimo tiempo siguen mandando 2-1 en estas finales y con muy buenas sensaciones, las cuales les siguen otorgando papel de favoritos.
 

Sin Curry (no anotó su primera canasta hasta el minuto 8 del segundo cuarto), pero con buenos minutos de Klay Thompson, los Warriors parecían amainar la tormenta, llegando a ponerse a 7 puntos y dejando la diferencia al descanso en 8, después de que un espectacular triple de J.R.Smith desde medio campo no subiera al marcador por estar fuera de tiempo, pero un parcial de 0-7 de salida volvía a elevar la diferencia a 15 puntos en el tercer cuarto y a partir de ahí los guarismos resultarían tan crueles para los de La Bahía hasta llegar a esos 30 finales (90-120) con los menos habituales disfrutando por fin de minutos. Cleveland no se rinde.  



La sede del condado más poblado de Ohio (Cuyahoga) fue hace décadas un hervidero de la mejor música popular estadounidense, especialmente en las ramas del power-pop y el punk-rock. Bandas como Electric Eels, Pagans o Dead Boys ejemplificaron la rabia callejera de aquel momento cuya actitud buscaba situarse en las antípodas del hipismo y sus reivindicaciones pacifistas y amorosas. Tras lo visto anoche en el Quicken Loans Arena, está claro que lo que necesita Cleveland no es amor.     





Tristan Thompson, el primo de Zumosol para Irving Y LeBron.





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