jueves, 15 de marzo de 2012

LOS IDUS DE MARZO

“¡Acordaos de marzo, acordaos de los idus de marzo! ¿No fue por hacer justicia por lo que corrió sangre del gran Julio? ¿Qué miserable tocó su cuerpo y lo hirió que no fuera por justicia? ¡Qué! ¿Habrá alguno de nosotros, los que inmolamos al hombre más grande de todo el universo porque amparó bandidos, que manche ahora sus dedos con bajos sobornos y venda la elevada mansión de nuestros amplios honores, por la vil basura que así puede obtenerse? ¡Antes que semejante romano, preferiría ser un perro y ladrar a la Luna!”
  (William Shakespeare, “Julio Cesar”)   

Bruto y Cesar, 2000 años después


Hoy es quince de Marzo, decimoquinto día del mes de Martius, lo que se conoce como “Los Idus de Marzo”, la fecha de las intrigas, sospechas, conspiraciones en la sombra y puñaladas traperas, puesto que en tal día del año 44 Antes de Cristo fue asesinado Julio Cesar en su propio Senado y a manos de sus propios senadores, en el magnicidio y conspiración más grande de todos los tiempos. Curiosamente es la fecha elegida este año por la NBA para el “trade deadline”, la fecha final y límite para traspasos y movimientos de jugadores entre las distintas franquicias, por lo que se espera que sea una jornada de auténtico frenesí informativo en la mejor liga del mundo. 

Si hay un protagonista absoluto en esta historia, un personaje que sin duda alguna y como Cesar hace 2056 años ha de cuidarse de los Idus de Marzo, y mirar a su espalda y exclamar un “¡Kobe, tú también hijo mío!”, ese no es otro que nuestro mejor jugador español de todos los tiempos. Los acontecimientos son de sobra conocidos, a principios de temporada Pau Gasol fue traspasado en una operación sorprendentemente vetada por la propia liga. No se trata por tanto de que Pau tenga el cartel de transferible, es que si sigue jugando en los Lakers, es pura y llanamente porque la liga ha querido que sea así, no porque el club así lo desease. Así pues y desde aquel momento el mayor de los Gasol ha estado constantemente en el punto de mira, sonando para mil y un traspasos que no han llegado a consumarse, y con la sensación de estar bailando encima de un campo de minas. A pesar de eso, y por si alguien pudiera tener alguna duda, la temporada de Pau está siendo nuevamente notable, sus 16.6 puntos, 10.4 rebotes y 3.4 asistencias por partido son números sólo al alcance de los auténticos cracks. Llegados a este punto parecería entonces que el de anoche frente a los Hornets haya sido el último partido de Pau con la camiseta angelina. No obstante el tiempo juega a su favor, quedan unas cuatro o cinco horas para el cierre de traspasos, y de momento sigue siendo jugador de la franquicia californiana, y hay una cosa clara: Pau no se irá a cualquier precio. Sigue siendo uno de los cuatro o cinco mejores del mundo en su puesto, y sólo saldría de su equipo si realmente los Lakers consiguen a otro superclase a cambio. 

De puñaladas y traiciones andan muy temerosos en Orlando. Dwight Howard, el gran dominador de las zonas, anda sonando toda la temporada como pieza de traspaso, sin duda la más apetecible del mercado. ¿Cómo es posible si se trata de su jugador franquicia?, es sencillo. La próxima temporada Howard será agente libre, y antes de perderlo por nada, es lógico que jugador y club encuentren la manera de que el descomunal pívot satisfaga sus auténticas aspiraciones de pelear por el anillo y no dejar huérfana la franquicia, al estilo de Cleveland y LeBron James. No obstante el center ha manifestado su deseo de quedarse en Florida. ¿Le valdrá a la franquicia con su palabra o buscarán un último movimiento que les asegure seguir en la elite de la liga? 

Captain Jack, se bebe la vida a grandes tragos.


Quienes si parecen sentir el dolor de una buena puñalada trapera son los sufridos seguidores de Los Locos de la Bahía de Oakland, los Golden State Warriors, quien en el único movimiento realmente interesante hasta el momento han mandado a Milwaukee al “fastest dude” Monta Ellis a cambio de Andrew Bogut y un Stephen Jackson al que aún recuerdan por esos lares como ejemplo de indolencia personificada (una pena, porque el tío es realmente bueno), ¡al menos se han librado de Kwame Brown!, y pensándolo bien, un Bogut sano formando froncourt con David Lee, y por fuera una tripleta con tanto talento ofensivo como Stephen Curry, Dorell Wright y Klay Thompson, pueden significar un quinteto titular que quizás haga devolver la sonrisa a los aficionados de tan singular franquicia. 

¡Nos espera un día de locos! 

miércoles, 14 de marzo de 2012

CUANDO UN CRACK HACE CRACK

"Amor para mi compañero y amigo @rickyrubio. Que te recuperes rápido. Te echaremos de menos" (Kevin Love vía twitter)

Uno de los motivos más recurrentes en este blog, un tópico al que gustamos de aferrarnos en nuestros sufridos debates baloncestísticos, es el del “what if?”, ese escenario ucrónico sobre lo que pudo haber sido y no fue. Algo habitual en el mundo del deporte, un escenario en el que el aficionado tiende a idear, e incluso idealizar, una visión de los acontecimientos en la que el máximo potencial haya podido ser desarrollado sin impedimento ni traba alguna.

La historia del deporte en general y del baloncesto en particular está jalonada de “what if?s”, equipos que podían haber sido dinásticos, entrenadores que hubieran entrado en la historia de haber recibido la confianza y medios necesarios, y por supuesto, jugadores que no llegaron a explotar lo mejor de su juego. Hay muchas razones para explicar porque carreras que parecían destinadas a establecerse como legendarias se quedaron simplemente en buenas, normales, regulares, o incluso en otros casos fueron un fracaso, o yendo más allá en algunos casos más puntuales ni siquiera llegó a haber carrera. La falta de profesionalidad, una cabeza mal amueblada, ser poseedor de una naturaleza adictiva, ausencia de disciplina y de sacrificio, malos hábitos, endeblez mental, falta de ambición… todos estos factores determinarán en mayor o menos medida la brillantez de una trayectoria deportiva, y luego están, por supuesto, las lesiones. 

Al fin y al cabo todos estos factores de los que hemos hablado son perfectamente controlables, o deberían serlo, por el propio sujeto, dueño y señor de su vida y del talento con el que ha sido dotado, y libre de elegir entre sacrificarse para hacerse un hueco en la historia reservado sólo a los más grandes o simplemente tener una carrera que le sirva para vivir, y en la que nunca le faltarán ofertas dada su calidad innata. En ese sentido incluso tendemos a sentir simpatía por los segundos, deportistas más humanizados que como que cualquier hijo de vecino demuestran una tendencia natural al hedonismo, y nos parece comprensible que se dediquen a meter más puntos fuera de los terrenos de juego que dentro de las pistas. Los vemos como unos trasuntos de Curro Romero a los que hay que dejar a su aire, arriesgarse a pagar la entrada, y encontrarte con una faena de dos orejas y rabo (no sé que hago utilizando metáforas taurinas cuando soy contrario a esa “fiesta”) que te deje el alma henchida de gozo y placer para un mes, o encontrarte un espectáculo deplorable simplemente porque al genio no le apeteció ese día ponerse el mono de trabajo, y la caprichosa musa, si no se la entrena un poco, puede volar de una azotea a otra y buscarse acomodo en otro artista con más ganas de mover el culo. Pero en definitiva, ¿acaso hay alguien que no sintiese simpatía por Mágico González? 

Mágico Gonzalez frente a Maradona, paradigmas del genio disoluto.


Las lesiones, sin embargo, escapan por completo al control absoluto por parte de los protagonistas. Está claro que hay factores controlables, determinados hábitos, estar en buenas manos en terrenos fisioterapéuticos, y por supuesto no forzar buscando reapariciones milagrosas que suelen traer recaídas bastante gravosas, más incluso que la lesión original. Y también es cierto que hay físicos más propensos a “romperse” que otros, pero en general tendemos a pensar que el tema de las lesiones suele tener más que ver con el azar que con la propia gestión de su cuerpo, talento y energías por parte del deportista en cuestión. Los infortunios físicos de los que hablamos han producido auténticos calvarios para quienes los han padecido, y también, de un modo más egoísta, han sido mazazos para todos los que amamos este deporte, truncando carreras vertiginosas que nadie podía intuir donde estuviera su límite, privándonos de proezas y hazañas aún mayores de las vistas en el que consideramos el más espectacular de los deportes. En ese escenario improbable de “que hubiera sido”, para mí el caso más doliente es el de Arvydas Sabonis, jugador que posiblemente no llegó ni a demostrar el 50% de todo el baloncesto que podía haber desarrollado, un gigante cojo limitado a jugar prácticamente andando. Aún así desde el comienzo de su carrera hasta el final de la misma dominó toda cancha por la que pasó, pero siempre sin poder hacer un esfuerzo de más y con restricciones de minutos en juego. ¿A dónde hubiera podido llegar un Sabonis sin lesiones?, ¿qué clase de coloso hubiéramos podido presenciar de haber tenido el físico de, pongamos un Wilt Chamberlain (a pesar de que “The Slit”, como muchos gigantes, también sufrió la severidad de las lesiones durante su carrera, pasando prácticamente en blanco su segundo año “laker”)?

No se trata tampoco de hacer un repaso exhaustivo a todos lo que habiendo sido muy grandes, podían haberlo sido todavía más. No hace falta irse muy lejos en el tiempo y el aficionado seguro que podrá recordar casos como los de Grant Hill o Tracy McGrady, quienes han sido de los mejores jugadores de los últimos tiempos, pero, ¿y si las malditas lesiones no les hubieran cortado ininterrumpidamente su progresión, si no hubieran visto minada su moral por culpa de esos percances que les impedían llegar a establecer ese dominio en la mejor liga del mundo para el que parecían haber sido destinados? Reciente está también el caso de Yao Ming, una joya de 229 centímetros de buen baloncesto y fina muñeca quien desde 2005 ha pasado más tiempo en las clínicas que en las canchas, hasta su reciente retirada hace unos ocho meses. Y que decir de Greg Oden, ya prácticamente un ex –jugador de sólo 24 años de edad. Número 1 del draft del 2007, uno de los mejores de los últimos tiempos, y llamado a marcar la nueva era de la NBA junto a Kevin Durant. “Durantula” se ha quedado solo en tal tarea. El caso de Oden además alimenta el mito de Portland Trail Blazers como la franquicia maldita por excelencia, corroborado esta misma temporada con la retirada de Brandon Roy. Con sólo 26 años de edad, quien había sido “rookie” del año en 2007 e integrante del segundo y tercer quinteto ideal en 2009 y 2010 respectivamente, nos decía adiós con la dolorosa confesión de que, sencillamente, con sus rodillas no puede jugar a esto. En estos días hemos recordado el durísimo caso de Mario Bruno Fernandez gracias a una entrevista en la web Nuevo Basket. No hace muchos años se hablaba de él como uno de los bases de moda de nuestro baloncesto, e incluso llego a ser invitado por Pepu Hernandez para la preselección del Europeo 2007. Ahora, a sus 28 años de edad, una malformación en su rodilla no sólo le ha alejado de las canchas de jueg, si no que directamente lucha por poder volver a andar sin necesidad de muletas.  

El duelo por un reinado que nos quedaremos sin vivir.


A estas alturas del texto, y si el sufrido lector ha sido capaz de llegar hasta aquí, ya habrá sido capaz de imaginar de que estamos hablando. Quedaban apenas quince segundos para el final del Minnesota Timberwolves- Los Angeles Lakers, partido intenso y disputadísimo que confirmaba una vez más que si hay un equipo revelación esta temporada en la NBA, una franquicia que haya dado un paso de gigante, esa es la de los lobos grises dirigidos por Rick Adelman. Quedaba como decimos menos de un minuto en la noche del pasado viernes para el desenlace de un choque vibrante cuando Kobe Bryant en esos minutos finales de “kobesistema” se encontraba con la marca de un Ricky Rubio quien estaba volviendo a demostrar su mejor nivel. Kobe y Ricky estaban disputando un duelo realmente apasionante, pleno de intensidad, miradas, “trash talk”, y demás aspectos de esos que nos hacen dudar de la edad de Ricky y su grado de “rookie”, viendo la madurez con la que ha afrontado cada choque con las vacas sagradas de la liga. Era el duelo de la noche y llegaba a su resolución final. El depredador por excelencia de la liga, el devorador de registros, el jugador más seguro en los finales igualados, el rey del “clutch time”, frente al novato descarado que estaba poniendo patas arriba la liga, que estaba volviendo a llevar al baloncesto a los terrenos de la fantasía de donde no debió moverse jamás, que había liberado el juego de las ataduras de los especuladores, de los mezquinos, de los escamoteadores del espectáculo, y de quienes tienen el gris por color predilecto. 

Y entonces… Ricky hizo crack. 

Imagino que muchos de ustedes que, como yo, estarían viendo el partido en directo, enseguida sintieran una súbita preocupación ante la caída, no demasiado aparatosa, pero si con una “doblez” que no anticipaba nada bueno. Preocupación que se confirmó al ver las repeticiones, o al observar los gestos de dolor de Ricky en el banquillo, su incapacidad para andar, o como tuvo que salir de la cancha apoyado en los hombros de miembros del cuerpo técnico de los T-Wolves. Ni siquiera pudo jugar esa última posesión para su equipo, aún con la anestesia que supone para el dolor el tener el músculo caliente tras casi 40 minutos en pista (¿cuántas veces hemos visto jugadores lesionados acabar partidos, engañados por la naturaleza muscular que en caliente les hace pensar que la caída que acaban de sufrir no ha sido nada, para luego en una posterior exploración darse cuenta de lo que tenían?) 

I've been hurt


Y Ricky se rompió, vivió su particular “punto jonbar”, sufriendo la posiblemente peor lesión para un deportista. Rotura de ligamentos. Seis meses como mínimo fuera de las canchas, progresión cortada, y ausencia de lo que hubieran sido sus segundos Juegos Olímpicos con tan solo 21 años. Unos Juegos de los que es el más joven medallista en esta disciplina deportiva, por delante de los genios más precoces de este deporte, incluyendo a Drazen Petrovic o a Arvydas Sabonis. Una medalla de plata que obtuvo tras dirigir como base titular a la selección en aquel histórico partido de Pekín (José Manuel Calderón, otro jugador con infortunios constantes, sobre todo en sus encuentros con la elástica nacional, se había lesionado) y que no podrá refrendar este verano. Si había un jugador en el panorama actual con capacidad para igualar las increíbles marcas de Oscar Schmidt Becerra, Andrew Gaze y Teofilo Cruz con cinco Juegos Olímpicos a sus espaldas, ese era Ricky. Otra proeza que nos tememos ya quedaré en el tintero para siempre.  

La preocupación por la ausencia de Rubio en los Juegos de Londres no es tema baladí. Algunas de las mayores dudas de Sergio Scariolo de cara a configurar sus planteles definitivos para competir con nuestra selección han venido precisamente en la posición de base, no tanto en que jugadores, si no en el número de bases puros. Lo que si tiene claro el italiano (y creo que el 99% de la afición) es que Calderón y Ricky son la pareja de bases segura para nuestra selección. Por lo tanto el debate ya no es si ir con dos bases o tres, como el pasado verano, la ausencia del catalán abre las puertas a otro director de juego. Ahí el panorama (y el debate) es amplio, y ya hablaremos de ello… Raúl López, Sergio Rodriguez, Victor Sada o Carlos Cabezas parten con cierta ventaja, por estatus, nombre, y experiencia con la selección, pero quien sabe si podría ser el momento de que llegasen a la internacionalidad magníficos bases quizás no tan mediáticos pero igualmente brillantes como Javi Salgado o Pedro Llompart. 

La desazón en Minneapolis tampoco se ha hecho esperar. El infortunio de Ricky frena de golpe y porrazo las aspiraciones de los Wolves de arañar una de las siempre caras plazas de POs en el Oeste. Un club que ha pasado de la nada al todo, y ahora tiene que volver a la costumbre de nadar en aguas más ordinarias, una vez que su fantasioso arquitecto se ha quedado en el dique seco. La desgracia del base español puede ser también una vara con la que medir la real importancia del joven genio. Simplemente, veamos cual es el balance que obtiene Minnesota sin Ricky llevando el mando en la pista, y eso puede ayudar al aficionado a hacerse una idea de cual era la importancia real del jugador de El Masnou más allá de sus números individuales.  

Sin perder la sonrisa.


Así pues y con Ricky KO, los aficionados que buscamos disfrutar del baloncesto en su vertiente más imaginativa y estética estamos de enhoramala. Peor lo llevará el propio protagonista, claro, quien lo primero que “tuiteaba” tras su desgracia era su lástima por esa victoria huidiza que tuvieron tan cerca frente a los Lakers, por si alguien tenía alguna duda de que Ricky es uno de esos deportistas para quienes la palabra “equipo” significa mucho más que un montón de cuerpos con cara y ojos que comparten vestuario. Y por supuesto, la sombra de la duda vuelve a planear una vez más sobre el jugador. Un jugador acostumbrado a ser puesto en tela de juicio, cuando tuvo el único mal año de su meteórica carrera y soportó un chaparrón de feroces críticas despiadadas sobre la realidad de su juego y su calidad. Cerró todas las bocas, volvió a llenar las canchas de magia, e inundó de esperanza los corazones de los abnegados aficionados del Target Center de Minneapolis, que tras muchos años de infamia baloncestística en su cancha volvían a ver ganar con cierta frecuencia a su equipo. Ahora vuelven las dudas, y parecen tener su parte de lógica. ¿Volverá a ser Ricky el mismo que antes de romperse los ligamentos?, sinceramente, me cuesta mucho pensar que así sea. Es prácticamente imposible que un deportista vuelva a ser el mismo que antes de una lesión grave. No quiero decir con esto que no volvamos a ver a un Ricky a primerísimo nivel, estoy convencido de que así será, y que su segundo año NBA, su curso “sophomore”, será el de su consagración absoluta. Mejorará sus números individuales, los del equipo, y hará mejores a sus compañeros. Será All-Star y ocupará el vacío dejado por Steve Nash. Así de fuerte apostamos por Ricky. Pero no nos engañemos, de alguna u otra manera no será el mismo. Estamos hablando de la lesión más temida en el mundo del baloncesto, un tabú, un innombrable, lo que es Juán Pardo para los músicos. La lesión del ACL ("Anterior Cruciate Ligament"), la misma que supuso un contratiempo insalvable para un Adam Morrison al que muchos veían como el nuevo Larry Bird, la misma que padeció por dos veces el gran Raül López, jugador llamado a ser un superclase, que supuraba NBA por cada poro de su piel, y así lo demostró cuando el físico se lo permitió cada segundo que vistió la camiseta de los Jazz de Utah, quien finalmente se ha quedado en un brillante jugador FIBA, lo cual no es poco, pero si muy por debajo del potencial verdadero de quien apuntaba a ser posiblemente el mejor base español de todos los tiempos. Por lo tanto sería realmente ilusorio pensar que una lesión de este tipo no vaya a afectar física y mentalmente a un chaval de 21 años, aunque en el segundo aspecto, Ricky ha dado sobradas muestras de poseer una cabeza perfectamente amueblada, de tener la suficiente madurez, y de manejarse en un envidiable equilibro emocional, ese que hace que se nos presente como un chico feliz pese a que por primera vez en su exitosa carrera vive el lado amargo del deporte. Dura prueba la de manejar su primer gran contratiempo (o quizás el segundo si consideramos el primero el notable bajón de juego y forma que experimentó en su último año europeo), pero estoy convencido de que si Ricky no fuese tan equilibrado, maduro e inteligente, no habría sido capaz de recorrer tanto en tan poco tiempo, y quizás hablaríamos de él como claro exponente de los individuos con los que comenzamos esta entrada, esos que no han sabido o no han querido gestionar todo el talento que han recibido. Ricky se siente tan privilegiado por sus facultades y vive tan entregado a la causa de este deporte, que mucho más allá de que se pierda la posibilidad de meter en play-offs a su equipo, o de disputar sus segundos Juegos Olímpicos volviendo a aspirar a medalla y quizás repetir final, mucho más allá de eso, hay algo mucho más simple pero doloroso: Simplemente, no va a poder jugar al baloncesto. Es decir, lo que más le hace feliz en la vida. 

Raúl y las dudas.


Es en este tipo de situaciones, en las que el deporte que tanto nos hace disfrutar nos sacude con un revés inesperado, que uno recurre a la filosofía de andar por casa, esa que habla de ver los vasos medios llenos o medio vacíos, lo que ocurre es que quien es bebedor irremediablemente tiende a verlo medio vacío y a desear más brebaje para saciar su alma. O también es un buen momento para recordar a Carlos Sainz, paradigma del deportista gafe y maldito en nuestro país, una especie de imán andante para las desgracias. Siempre que al piloto madrileño le inquieren sobre su proverbial mala suerte histórica él siempre responde la misma estoica y sosegada manera. Da gracias por todo lo conseguido. Sabe que forma parte del grupo de los privilegiados, de los actores, mientras otros nos conformamos con observar desde debajo del escenario.   

¿Afortunado o maldito?


viernes, 9 de marzo de 2012

REPASO AL SUPERMANAGER

Tenemos muy abandonada nuestra liga del Supermanager ACB (casi tanto como el blog en sí… ya saben, “All work and no play makes Jack a dull boy”, que escribe compulsivamente Jack Torrance en “El resplandor”, aunque aquí lo tradujesen de otra manera), o sea que sin más dilación, aquí tienen lo que ha pasado en las últimas jornadas, y nuestra clasificación general (¡increíble, Marc Rampas ha hecho último en la más reciente jornada finalizada ayer):

Jornada 21





Lopez Vazquezball
gominsky
153,6
Paketes
kontor
145,6
Rudy`s hairdresser
Marc Rampas
134,8
Los Chicos Telepáticos 2
Douggy
133,8
EL TIRADOR MELANCOLICO
Pepe Kubrick
106,2
mcgrady and friends
bishop77
93,6
Condensador de Fluzo
Zaphod42
81,4
Avenida Belmont
gunspector
74,6
Entelequia Israel
nachobsola
74,2
Thunder
dudotop69
72,2

Jornada 22





EL TIRADOR MELANCOLICO
Pepe Kubrick
191,4
Los Chicos Telepáticos 2
Douggy
185,8
Condensador de Fluzo
Zaphod42
170,4
Rudy`s hairdresser
Marc Rampas
156,6
Paketes
kontor
127,8
Thunder
dudotop69
127,4
Lopez Vazquezball
gominsky
118,6
Entelequia Israel
nachobsola
80,8
Avenida Belmont
gunspector
78,2
mcgrady and friends
bishop77
65,6

Jornada 23





mcgrady and friends
bishop77
148
Los Chicos Telepáticos 2
Douggy
122
EL TIRADOR MELANCOLICO
Pepe Kubrick
114,6
Condensador de Fluzo
Zaphod42
109,4
Thunder
dudotop69
91,6
Avenida Belmont
gunspector
91,2
Paketes
kontor
80,6
Entelequia Israel
nachobsola
76,2
Lopez Vazquezball
gominsky
73
Rudy`s hairdresser
Marc Rampas
68,8

Y con todo esto tenemos que en la general, tachan tachan… vaya, sigue mandando el de siempre: 

General





Rudy`s hairdresser
Marc Rampas
3280,2
Los Chicos Telepáticos 2
Douggy
3123
EL TIRADOR MELANCOLICO
Pepe Kubrick
3019,2
Thunder
dudotop69
2863,6
Condensador de Fluzo
Zaphod42
2840
Paketes
kontor
2820,6
Lopez Vazquezball
gominsky
2781
mcgrady and friends
bishop77
2504,2
Avenida Belmont
gunspector
2232,6
Entelequia Israel
nachobsola
1794,8

Aprovechamos la ocasión para anunciaros la gira euskalduna de nuestro segundo clasificado, Nacho Douggy, con sus Telepath Boys el próximo fin de semana… ¡y disfruten del que empieza hoy!:  


miércoles, 7 de marzo de 2012

AULLIDOS

Sí algún seguidor de la NBA durante, pongamos, las últimas 7 u 8 temporadas, que por alguna extraña razón no hubiera seguido el desarrollo de este curso, y hoy abriese la web oficial de la liga, o cualquier página o diario deportivo, y echase un vistazo a la clasificación actual, pensaría muy probablemente que donde se lee “Minnesota Timberwolves 20-19” se trata de una errata, posiblemente se haya bailado algún número, y debería ser, siendo generoso, un 10-29.   

Los lobos de Minnesota por fin aúllan de verdad.


Vaya por delante para el sufrido lector que esta es otra entrada dedicada a uno de los equipos de los que más estamos hablando en este blog, una de nuestras franquicias favoritas en estos momentos en la NBA, uno de esos clubes que nos roba horas de sueño casi a diario. Por tanto me temo que no podemos ser objetivos, ni tampoco lo pretendemos, pero es el momento de decirlo alto y claro: 

Minnesota Timberwolves, equipo revelación de la temporada 2011-12 en la NBA.    

Son varios los motivos que nos llevan a hacer tal afirmación, a considerar al club de Minneapolis como el que está rindiendo más por encima de sus expectativas. Para empezar, no es una franquicia que se haya visto envuelta en trades o movimientos espectaculares. No es el caso de unos Angeles Clippers que han constituido una plantilla lo suficientemente competitiva como para que su actual 22-14, cuarta plaza en el Oeste, parezca algo natural en base a su calidad. Un equipo basado en el poderoso binomio Paul-Griffin, pero rodeado además de jugadores de la calidad y la experiencia de Randy Foye, Caron Butler, Mo Williams, el ahora lesionado Chauncey Billups, o el llegado desde China Kenyon Martin. Jugadores con muchos partidos NBA a cuestas que arropan a la perfección a los jóvenes interiores Griffin y Jordan. Por lo tanto los Clippers están cumpliendo con lo esperado, caminando firmemente hacia play-offs, donde incluso deberían pasar la primera ronda sin excesivos apuros.   

"E.T." Turner, uno de los jóvenes valores de Philadelphia.


Otros equipos que merecen ser considerados equipos revelación esta temporada son esos que sin tener una gran estrella en sus filas, gracias a una extraordinaria labor en conjunto, eso que se hace en llamar “juego coral”, se mantienen en balance positivo y puestos de play-offs. Quizás el ejemplo más claro sea Philadelphia, un joven bloque que ha ido creciendo en torno a su all-star Andre Igoudala y a un asiduo de las enfermerías como Elton Brand. Alrededor de ellos mucha juventud y calidad, Jrue Holliday, Spencer Hawes y Jodie Meeks completando el cinco titular, y una de las mejores segundas líneas de toda la liga, con jugadores como Louis Williams, Thaddeus Young, Evan Turner o Nikola Vucevic. Nombres que quizás no digan demasiado al aficionado no demasiado conocedor, pero todos ellos jugadores que aportan y que cualquiera de ellos puede anotar en dobles dígitos en un buen número de encuentros. En la ciudad del amor fraternal están de enhorabuena, viendo a su equipo en la cuarta posición del Este, con un lustroso balance 22-17. 

Justo detrás de Philadelphia en su misma conferencia encontramos a Indiana en la quinta posición con un balance 23-13, realmente brillante para una franquicia que si bien cuenta con una figura como Danny Granger y se ha reforzado este verano con la llegada de un all-star como David West, resulta llamativo verles por delante de clubes como Boston, Atlanta o New York. La franquicia de Larry Bird es otro de los grandes bloques solidarios de la actual NBA, con jóvenes jugadores en constante progresión como Darren Collison, Roy Hibbert, Tyler Hansbrough (uno de los jugadores más intensos de toda la liga), Paul George, o el recién llegado desde San Antonio George Hill. Al igual que en el caso de Philly, ninguno de estos jugadores forma parte de la elite de la liga (todavía), pero todos aportan y permiten una amplia rotación para el joven entrenador Frank Vogel, quien ya es uno de los técnicos de moda de la NBA.   

Así acababa sus partidos "Psycho-T" en su época "Taar  Heel".


Tras el tremendo embrollo mediático que supuso la marcha de Carmelo Anthony (y Chauncey Billups) a la Gran Manzana mediada la pasada temporada, Denver se convirtió en otro ejemplo paradigmático de lo que significa ser una orquesta bien afinada sin necesidad de un gran solista. En estos momentos marchan séptimos en la siempre complicada y competitiva conferencia Oeste con un 22-17 de balance, y ni un all-star en sus filas. Incluso sufriendo la seria lesión de quien parecía convertirse en su nuevo líder, Danillo Gallinari, recayendo los galones en otro joven jugador. Un joven base de tercer año rápido como una centella e ideal para el estilo de juego que propone George Karl llamado Ty Lawson. Al lado de Lawson, de nuevo un buen número de jugadores generosos y sacrificados por el bien general, la mayoría de ellos sin llegar a los cinco años de experiencia NBA (entre ellos nuestro Rudy Fernández) 

Pero centrémonos ya en Minnesotta, equipo muy querido en este blog como decimos y al que ya hemos dedicado varias entradas. ¿Por qué creemos que los Wolves, actualmente fuera de play-offs, pero con un balance positivo de 20-19, son el equipo revelación de la presente temporada en la NBA? Bien, para empezar, no han realizado ningún trade espectacular ni ha llegado ningún agente libre estelar a sus filas. El nombre más brillante en ese sentido es el de Juan José Barea, quien llega a Minneapolis tras una fantástica serie final la pasada temporada frente a Miami. Pero la auténtica realidad es que el boricua es un jugador que nunca ha llegado a los diez puntos por temporada en toda su carrera, luego en ningún momento se le puede considerar una pieza capaz de reflotar la nave lobezna, si no más bien un abnegado jugador de banquillo con puntuales apariciones en ataque en plan “microondas”. Otra cara nueva es el veteranísimo Brad Miller, quien a estas alturas poco puede aportar y de hecho sólo ha participado hasta la fecha en seis partidos. Aportación absolutamente residual. 

Barea, subiendo el caché.


Por otro lado no son los Wolves, al igual que Indiana, Philadelphia o Denver, un equipo lo que se dice “coral”, ya que un grandísimo porcentaje de su producción se aglutina en un solo individuo: Kevin Love. Al lado del brillante forward californiano encontramos el trabajo sobrio, seguro y regular de Luke Ridnour, el impacto brutal de Ricky Rubio, la explosión de Pekovic en su segundo año en cuanto le han dado minutos y… para de contar. Al menos en lo que a regularidad se refiere. Wes Johnson, Michael Beasley (sangrante en su caso, siendo un jugador con condiciones de auténtica estrella), Webster, Tolliver, Randolph o el rookie Derrick Wiliams son jugadores que no acaban de tener claro su rol en el equipo, la aportación conjunta entre ellos, en algunos momentos, llega a la de medio jugador. En el caso de Milicic además, jugador indolente y voluble donde los haya, la progresión de Nikola Pekovic le ha hecho dar un paso atrás, si es que puede todavía ir más atrás quien ha sido uno de los mayores fiascos de la NBA en los últimos tiempos.  

Y por supuesto, el mayor motivo por que el consideramos a los Wolves equipo revelación hasta el momento en la liga profesional estadounidense es porque hay que ver de donde viene este equipo. Temporada 2004-05: 44 victorias (53,7%), 2005-06: 33 victorias (40,2%), 2006-07: 32 victorias (39%), 2007-08: 22 victorias (26,8%), 2008-09: 24 victorias (28%), y atención a las dos últimas temporadas, 2009-10: 15 victorias (18,3%) y 2010-11: 17 victorias (20,7%) ¿Alguien podía imaginarse que a estas alturas de la temporada 2011-12 pudiesen llevar 20 victorias y estar por encima del 50% en su balance, algo que no recordaban por esos lugares desde las épocas de Stephon Marbury, Sam Cassell o Kevin Garnett?   

Los rivales lo saben: hay que frenar a Ricky.


El mérito es mayor si tenemos en cuenta todo lo mencionado antes, ni grandes movimientos, ni trades mediáticos, ni free agents estelares llegados a la franquicia para devolver la esperanza a los aficionados. Por lo tanto parece claro que el actual éxito de Minnesotta se basa sobre todo en tres factores. Sin duda alguna, sobre las hercúleas espaldas de Kevin Love está recayendo el gran trabajo de levantar la franquicia. La temporada pasada ya obtuvo el MIP (“Most Improved Player”, galardón que designa al jugador que más ha progresado en su rendimiento respecto a su anterior campaña), consolidándose ya en la elite de la liga en sólo su segundo año profesional, pero es que el ala-pivot formado en UCLA no se ha quedado ahí y parece no tener límite en estos momentos. Letal tirador exterior, certero ejecutor a media distancia, y colosal e insaciable reboteador, únicamente debería pulir sus movimientos al poste y mejorar en defensa para no tener respuesta posible en su posición, ni siquiera en el mismísimo Blake Griffin. Por otro lado, otra de las piezas angulares del éxito lobezno está en la sabiduría desde el banquillo de Rick Adelman, entrenador de gran recorrido en la liga, y que sobre todo sabe lo que le conviene a su equipo y a los jugadores que tiene entre manos. Adelman es un técnico de los que se les considera “ofensivos”, de los que apuesta por un ritmo alto de partido y procura no maniatar en exceso a sus jugadores. Yo más bien creo que es un entrenador que busca amoldarse a lo que más favorezca a sus hombres, desde luego no tiene nada que ver el Adelman de Sacramento con el de Houston. Por desgracia muchos entrenadores están convencidos de que su filosofía es la única válida y de que cualquier grupo de jugadores que pase por sus manos ha de adaptarse a su férrea disciplina bajo mano de hierro. No son pocos los técnicos que no hubieran dudado en abroncar a un Drazen Petrovic o un Juan Carlos Navarro al verlos tirarse triples en contrataque sin rebote. Adelman, por fortuna, no está en ese grupo. Y el otro tercer gran responsable del éxito es, como no, Ricky Rubio. Y debemos hablar de Ricky una vez más, precisamente ahora que está sufriendo el temido “rookie wall” al que no es ajeno ningún debutante y su legión de detractores parece verse crecida (aparte del bajón habitual que sufren todos los rookies, en el caso de Ricky desde Minnesota se quejan de excesiva dureza por parte de los rivales para“cortocircuitar” el estilo de juego del español). Pero lo cierto es que la temporada de Rubio está siendo notable, consolidado como la prolongación de Adelman en la pista, y haciendo gala de una envidiable “court vision” que está haciendo a Minnesota rozar la excelencia ofensiva por algunos momentos, como el reciente partido en Portland donde repartió hasta diez asistencias en el primer cuarto (record en un cuarto en toda la temporada) para que su equipo viese la impresionante cifra de 40 puntos en esos primeros 12 minutos del partido. Ricky no es un jugador de números, pero hay quien se empeña en verlo simplemente como un baloncestista de filigranas, cuando como dijo Antoni Daimiel, su filigrana siempre va acompañada de algo beneficioso para el equipo. A ello hay que unirle su innato trabajo defensivo, un espíritu contagioso para el resto de los Wolves que ven como llegan las victorias como no podían ni haber imaginado. Estos son básicamente los ingredientes del éxito de la franquicia de moda en la NBA, un equipo que a buen seguro continuará creciendo. Si Luke Ridnour sigue con su eficiente y silenciosa labor anotadora, Pekovic demostrando IQ baloncestístico sobre el parquet, si Derrick Williams sabe aprovechar sus extraordinarias capacidades atléticas, y Michael Beasley se preocupa más por sacar el crack que lleva dentro que por las bondades del cannabis, los lobos grises de Minnesotta seguirán siendo el equipo revelación de la liga, y pronto otro de esos equipos corales perfectamente orquestados a los que es una delicia ver los 48 minutos del partido, no sólo los instantes en los que juegan los superclase.    

Rick Adelman, trabajando el éxito.

viernes, 2 de marzo de 2012

UN CAMINO DE LUCES Y SOMBRAS

Se consumó la tragedia madridista en Europa. Tragedia que comenzó a gestarse con el mal partido en Madrid frente al Montepaschi, y que se alimentó sobremanera en Miribilla, con ese descalabro que supuso perder el basket average frente a un conjunto bilbaíno que desde la pasada temporada es ya la actual bestia negra del equipo madridista (y curiosa la relación que viven actualmente ambos equipos, con tantos ex-madridistas en filas vizcaínas, señal de lo mal que se han hecho las cosas desde el club blanco en los últimos tiempos, especialmente durante el nocivo curso con Messina-Maceiras al mando haciendo y deshaciendo a su antojo). Todo esto a pesar de finalizar el Top-16 con un buen balance, un 4-2 que habitualmente daría la clasificación (el mismo que por el ejemplo el Panathinaikos, primero en el grupo G), y de despedirse con la tercera mejor marca de la temporada en la máxima competición contintental, sólo por detrás de CSKA y Barcelona. El Madrid ha ganado el 75% de los partidos de esta Euroliga, su mejor balance en 12 años. Aunque parezca increíble y pese a la eliminación, los blancos han hecho un buen torneo. No se trata de poner paños calientes sobre la herida. Para un equipo como el Real Madrid, no llegar a cuartos de final de esta competición es un fracaso, pero es que hasta en el fracaso se puede ser brillante o cicatero, y está claro que el Madrid ha optado por lo primero.  

Partidazo sin premio en Italia.


Con la eliminación del Madrid nos quedamos además sin la propuesta de juego más atractiva, propuesta que ayer volvió a vivir uno de sus momentos álgidos en el partidazo vivido en el PalaEstra de Siena, con dos equipos abocados a un infierno ofensivo sin tregua como si no hubiera mañana y sin dejarse nada de su mejor juego en la reserva. Los blancos, porque llevan toda la temporada haciéndolo y lo han convertido en seña de identidad, los italianos, aceptando la invitación a ese baile salvaje. El de anoche fue uno de los mejores partidos de la temporada, y me atrevería a decir, de los mejores que he visto en los últimos años, tanto es así que volví a ver la repetición de Teledeporte ya bien entrada la noche, degustando uno de esos encuentros que se dan cada cierto tiempo en el que ninguno de los dos equipos se dedica a especular. Ambos equipos a su máximo nivel, una maravilla. A muchos kilómetros de distancia, en Malaga, el Bilbao certificaba su merecido pase en un partido absolutamente opuesto al que se veía en canchas italianas, especulando y excesivamente tensos, los de Katsikaris jugaron con fuego en un encuentro a priori más fácil de lo vivido ayer, y fueron las ráfagas luminosas de Raúl López las que superaron ese comprensible "miedo a ganar" o vértigo que parecían vivir los jugadores del club vasco sabedores de que se encontraban a las puertas de hacer historia. Un Raúl, por cierto, cuyo "buzzer-beater" la pasada semana ante el Siena ya adquiere rango de canasta histórica.

No queremos con esto hacer una crítica al Gescrap Bilbao, su pase a cuartos es merecido y hasta épico. He seguido su trayectoria europea esta temporada y está siendo realmente brillante. En la primera fase llegaron a verse realmente contra las cuerdas, y comenzaron a reaccionar venciendo en la pista de nada menos que el Caja Laboral, y esa épica de la que hablamos alcanzó cotas de excelencia con su victoria en Estambul (y por cierto, vaya descalabro turco, sin ningún equipo clasificado para cuartos) ante el Fenerbahce en quizás su mejor partido de la temporada. Un Estambul con el que sueñan ahora en Bilbao, sede de una Final Four que se antoja casi imposible viendo que se cruza en el camino el auténtico ogro de esta competición, un CSKA que juega cada partido con una marcha superior, pero para estos hombres de negro parece que no hay misión imposible, y cuanto más complicadas se les ponen las cosas, haciendo gala de ADN bilbaíno (a pesar de no contar con ningún vasco en sus filas) es cuando sacan lo mejor de si mismos. Por lo tanto, gran temporada la que está haciendo el conjunto de Katsikaris, a pesar de no haber estado en la fase final de la Copa, como gran temporada es la que están haciendo los muchachos de Laso, campeones de Copa pero eliminados en Europa. En ese sentido se puede decir que ambos equipos están ofreciendo luces y sombras en su camino, demostrando que en el baloncesto actual la competitividad es tal que si estás mal un par de semanas te cuesta la eliminación de cualquier torneo.   

Raul López, una canasta para la historia.


Pero como aquí somos madridistas, permítanme que siga centrándome en el conjunto blanco. Como he dicho, creo que el Madrid ha hecho una buena Euroliga, ha realizado un gran baloncesto, y deja muy buenas sensaciones. ¿Justa o injusta su eliminación?, bueno, tan justa como cuando un equipo que ha hecho una liga regular increíble cae en la primera eliminatoria. No hay más vueltas que darle. Sabíamos como era el Top-16, una "liguilla" muy entre comillas, ya que prácticamente son seis finales, y cada doble enfrentamiento hay que verlo como una eliminatoria a vida o muerte. Y ahí es donde ha fallado el Madrid, no ha tenido un "plan b" para salvar los averages. Ha hecho dos partidos muy buenos contra Bilbao y Siena... pero es que también ha realizado dos encuentros infames, indignos, y bochornosos ante ambos conjuntos. Posiblemente en una temporada como la que viene, en la que el Top-16 se reduce de cuatro a dos grupos, y la liguilla se hace mayor, los blancos pasarían sin problemas ofreciendo este nivel de juego. Por lo tanto no hay que hacer ningún drama de esta eliminación (recordemos por ejemplo como el Panathinaikos hace dos temporadas quedaba fuera de cuartos, para ganar el título la siguiente temporada... o como el CSKA Moscu caía en la primera fase y ni llegaba a estar entre los 16 mejores la pasada temporada, para llegar a este curso arrasando), dejen seguir trabajando a Laso. El Madrid ha encontrado por fín un camino, una identidad, y luces y sombras al margen, ahora lo que hay que hacer es no desviarse de ese camino que desgraciadamente ha costado tanto encontrar. 

Y ya sólo queda felicitar a nuestros dos representantes "vivos" en la competición, Barcelona y Bilbao, y desearles las mayores de las suertes. Desde aquí les estaremos siguiendo y apoyando. Ya saben que aquí no profesamos ningún culto "anti", y desde luego no somos "anti-barcelonistas". Si hay algún madridista que piense que soy menos madridista que él porque no soy anti-barcelonista le digo con todo el cariño que se puede montar ya sabe donde y peladear. Elegí ser como soy, elegi ser libre, y sólo faltaba que el ser seguidor de cierto equipo fuese a condicionar mi forma de ser. No tengo edad para dogmas ni sectas, ni pienso gastar una sola de mis energias en odiar a ningún rival. Simplemente se trata de ser justo, ¿algún aficionado al baloncesto de este país, por muy madridista que sea, prefiere ver levantar el título de Euroliga a Kirilenko antes que a nuestro genio Navarro?, yo desde luego no. No comparto esa filosofía cainita que por desgracia se da tanto en nuestro deporte, a pesar de que tenga que sufrir día sí y día también ridículas y absurdas muestras de anti-madridismo. Anoche el cabreo por la eliminación me duró lo que estuve navegando por redes sociales, foros, o webs deportivas donde los borregos de turno sacan lo peor de si mismo (habitualmente son futboleros, y aparecen por el baloncesto para rebuznar muy de cuando en cuando), ahora, lo que siento de verdad, es alegría porque creo que el Madrid está en el camino correcto, cierto miedo, porque se que este es un club demasiado resultadista y porque a Laso, pese a darnos un título, el primero en cinco temporadas, mucha gente le espera con el cuchillo afilado (es lo que tiene no apellidarse Messina), y muchas ganas de ver los cuartos de final del torneo y apoyar a Barcelona y Bilbao. Ya hablaremos de todo ello, en principio Barça y CSKA parece que tienen eliminatorias francas a su favor, y Panathinaikos-Maccabi y Montepaschi-Siena bien pueden irse a cinco partidos. No hay que perdérselo.   

También es reseñable, como mencioné antes, que ningún equipo turco esté entre los ocho mejores, en una temporada en la que son anfitriones de la final a cuatro, y han sido los grandes animadores del mercado veraniego dando sensación de que tenían el dinero por castigo. Inversiones millonarias que no han dado su fruto. Esperaba también más de un baloncesto italiano que poco a poco resurge de sus cenizas. Sólo el Montepaschi, una vez más, avanza lejos en la competición. Sangrante es el caso del millonario proyecto milanista encomendado a Sergio Scariolo. Después de caer en semifinales de Copa ante un Siena a la postre campeón, y eliminados en Europa, sólo la Lega, donde mantienen la segunda plaza en la tabla detrás de, como no, el equipo de Bo McCalebb, puede ser el bálsamo que calme las heridas de los Fotsis, Bourousis, Cook y compañía.  

El emporio milanista, una de las grandes decepciones.


Buen fin de semana.