viernes, 17 de agosto de 2012

GRUPO SALVAJE

"And now,
the end is near
and so i face
the final curtain"

(Frank Sinatra, "My way")  






Recuerdo perfectamente la situación, hace ya cuatro años. Estaba de doblete con algunos míticos mods madrileños y como pueden imaginar, bastante perjudicado debido al descomunal festín nocturno que habíamos perpetrado y después de la incontrolada ingesta de todo tipo de aquello que Baudelaire llamaba "paraísos artificiales". Era la mañana del domingo 24 de Agosto de 2008, día final y de clausura de los Juegos Olímpicos de Pekín, y jornada destinada para la gran final de baloncesto, protagonizada por segunda vez en la historia entre las selecciones nacionales de Estados Unidos y España.    

Todos ustedes recordarán aquel partido, aquellas sensaciones, aquellas imborrables emociones a flor de piel ante el brutal intercambio de canastas al que sometimos a la mejor selección de baloncesto del mundo. Fue un partido sin miedo al vértigo, o mejor dicho, un partido sin miedo al miedo. El espectáculo fue tan soberbio que volví a mi casa con la piel de gallina convencido de que nos hallábamos ante el mejor partido de baloncesto de toda la historia de los Juegos Olímpicos (así ha sido mayoritariamente reconocido), por lo que lo primero que hice fue encender el ordenador y comenzar a escribir un largo texto de maneras elegíacas sobre aquel "ars moriendi" al que habíamos asistido, aquella gozosa celebración de la muerte y la derrota deportiva, que titulé precisamente como "Grupo salvaje", en homenaje a William Holden y sus compinches, "outsiders" sin miedo a nada y ante nada que mueren matando fieles a si mismo y sus ideales, principios y valores.  Porque si hay una película que dignifica la fidelidad a unos valores (esa palabra que tanto parece chirriar) con todas sus consecuencias, esa es el "Grupo salvaje" con el que Peckinpah homenajea toda una manera de entender la vida. Aquel texto, que intenté recuperar para este blog, finalmente e imperdonablemente ha quedado perdido en el limbo del espacio de internet "gracias" a cierta red social y servicio que maldito sea por siempre por todo mi tiempo y parte de mi vida que se ha llevado. Como digo aquello fue hace cuatro años, mucho antes de que algún "hype" literario tratase de utilizar la imagen peckinpahiana para ensalzar los aspectos más innobles, sórdidos, chabacanos y mediocres del deporte. Cuando observo como desde algunas posiciones aparece la risa floja en cuanto algunos hablamos de "valores" (lo cual me parece muy bien, ya que estamos hablando de algo intangible, como todas las cosas, en mi opinión, buenas de la vida... comprendo y entiendo perfectamente que un alma prosaica o una persona excesivamente pragmática y poco idealista desprecie tal asunto), yo padezco la misma flojera en mi risa cuando me intentan vender eso que llaman "modernidad" en el deporte. Siguiendo con "Grupo salvaje", no hay que olvidar que todo el film es un canto al inconformismo ante al paso de la vida y la llegada de los "tiempos modernos", en ese sentido el gran "leit motiv" de esta obra de Peckinpah (como en tantas otras de la filmografía de este campeón californiano del celuloide) es la confrontación entre los dos personajes principales, interpretados por William Holden y Robert Ryan, antaño compañeros de pillaje y ahora enfrentados debido a que Ryan decidió pasarse "al otro lado" en vista de que había que "estar con los tiempos". "Grupo salvaje" es de esos films de aire crepuscular que celebran "el buen morir" y la fidelidad a uno mismo y a su propia personalidad. No es casual que ese mismo año de 1969 en el que se estrena la cinta, las carteleras ofrezcan la deliciosa "Dos hombres y un destino" ("Butch Cassidy and The Sundance Kid", George Roy Hill), película con evidentes paralelismos con "Grupo salvaje" (sin ir más lejos la estoicidad con la que los protagonistas se enfrentan a un final abrupto), y cuya secuencia más famosa sea posiblemente esa en la que Paul Newman descubre un nuevo invento moderno llamado bicicleta ("te presento el futuro", le dice a Katherine Ross) mientras B.J. Thomas canta aquello de "raindrops keep fallin' on my head" (canción que toda ella es una celebración de vida, y que podría entroncar con aquello que dicen por Galicia de "non choveu que non escampara"), la citada secuencia finaliza, como recordarán los aficionados a esta cinta, con Paul Newman dando con sus huesos en el suelo tras caerse del nuevo vehículo ante la mirada atónita de una vaca, para posteriormente renegar de la bicicleta, el futuro, la modernidad, y mandarlo todo al infierno.
Bueno, al fin y al cabo algún día hay que morir.

Y en esto, que llegamos al baloncesto, y a aquel Grupo Salvaje de Pekín (que no Peckinpah) de hace cuatro años quien de repente vuelve a aparecer ante nuestros ojos hace pocos días con aún mayor furia, rabia, virulencia, brutalidad y pólvora en sus rifles. ¿Cuál ha sido mejor final, la de Pekín o la de Londres?, bueno, habrá opiniones para todos los gustos, yo personalmente me quedaría con la de la capital inglesa, donde las opciones de ganar fueron aún más reales (y ojo a este dato, ha sido la final más igualada y resuelta con menor diferencia de puntos sólo por detrás de la polémica de Munich 72... tal ha sido el abrumador dominio de Estados Unidos en este torneo y este deporte), pero es posible que la de Pekín dejase mayor número de "highlights" para el recuerdo (mención especial para Rudy Fernandez siendo capaz de "posterizar" a todo un Dwight Howard) 

La final de hace unos días en Londres, que por supuesto en principio había que reconocer ya como un éxito y un regalo el mero hecho de sólo estar allí, ofrecía interesantes datos para el debate y el análisis táctico. La singularidad del perfil con el que los estadounidenses acometían el torneo, con escasez de hombres interiores y predominio del juego abierto, permitía pensar que quizás por dentro tuviéramos alguna opción (en ese sentido el partido realizado por Pau Gasol es en todo momento una auténtica lección de hombre alto capaz de leer el juego, haciendo daño al poste, buscando a los tiradores, o encontrando a su otro compañero interior, especialmente Ibaka, cuya conexión nos dio grandes momentos con los que soñar con un oro que de alcanzarse hubiera sido la mayor gesta deportiva de toda la historia de este país), había por tanto quien pensaba en llevar el partido a terrenos groseramente tácticos, esos que en ocasiones ganan partidos y campeonatos, pero acaban echando aficionados de las gradas.  Afortunadamente no fue esa la decisión de Scariolo y sus jugadores, y como el Grupo Salvaje encaminándose hacia una muerte segura en el cuartel del general Mapache, salieron a pecho descubierto, a morir matando, y a que el visceral intercambio de balas dictase sentencia.  El resultado ya lo conocen (y cuando hablo del resultado, no me refiero a ese 107-100 del marcador final, si no a lo visto durante los 40 minutos del partido), un partido (otro partido), para la historia... y ganar la historia es más importante que ganar cualquier partido, medalla o campeonato. 

Pero está claro que para llegar a esa final histórica tuvimos que sufrir mucho, posiblemente más que nunca podamos recordar en esta generación de jugadores, lo cual, hay que insistir en ello, si somos justos debería hacer que valorásemos esta plata todavía muchísimo más. 

Hace ya meses, en pleno curso baloncestístico, cuando echábamos la vista hacia el futuro inminente y los Juegos Olímpicos de Londres no había demasiadas razones para ser optimistas. Una madrugada veíamos como la magia personificada en el dorsal número 9 de los Minnesota Timberwolves se quebraba repentinamente en los instantes finales de un partido contra los Lakers. Nos quedábamos sin uno de nuestros jugadores más decisivos y que mayor plus defensivo exterior nos aporta. Rudy seguía en el dique seco, y Navarro sufría en las canchas con más orgullo y coraje que otra cosa. Todo parecía indicar que íbamos a estar muy justitos por el exterior, aunque las impecables temporadas de Pau Gasol e Ibaka (no se perdieron un partido durante todo el curso, dato tremendamente revelante en la NBA actual plagada de pivots "de cristal") si abrían cierto halo de optimismo. Aún así éramos conscientes de que reeditar final iba a ser tarea hercúlea, y que un bronce sería bien recibido. Llegó la preparación y nos fuimos creciendo, se comenzó a hablar con demasiada ligereza (y falta de respeto a los rivales) de la final USA-España como si no hubiera un arduo camino que recorrer, y ese camino enseguida nos dimos cuenta de que sería mucho más duro de lo que habíamos pensado. Nadie iba a regalar nada.  

Los problemas crecen

 Al igual que en Pekín, China supuso el comienzo de la andadura olímpica, con el recuerdo de la prórroga a la que nos llevaron hace cuatro años. Lo vimos como el típico primer partido de un torneo de este tipo, lo que buscábamos era soltarnos e ir encontrando sensaciones. Poco importaba el intercambio de golpes inicial que los chinos supieron aguantar con las excelencias en el tiro de Yi Jianlian (luego se demostró que realmente estábamos mal en defensa), el paso de los minutos y el peso de una mayor profundidad de banquillo decantó el partido hacia nuestro lado con relativa comodidad. 97-81 final apoyados en unos Pau e Ibaka imperiales (38 puntos y 16 rebotes entre ambos), y algún destello salido de la pizarra de Scariolo (una asistencia desde la línea de 6.75 de Felipe Reyes para Pau Gasol para cerrar el segundo cuarto tras tiempo muerto, jugada realmente brillante) Debut cómodo y tranquilo que tampoco permitía sacar demasiadas conclusiones, y más tratándose de una selección como la nuestra acostumbrada a saber dosificarse en primeras rondas e ir de menos a más en competiciones de este calibre. Por eso saludamos la buena imagen y el paso dado en la segunda jornada frente a Australia. Hablamos ya de un rival ciertamente respetable (y justo es reconocer que los boomers se fueron habiendo realizado un buen campeonato), ante el que ofrecimos nuestra mejor cara de la primera fase, al menos en ataque, y de una manera general durante los 40 minutos de juego. Nuestro partido más completo con un muy entonado Rudy Fernández y los hermanos Gasol y Felipe Reyes batiéndose el cobre por dentro. Navarro guardando fuerzas y cuidando su maltrecho pie.  Victoria final por 70-82
Desgraciadamente todo el buen camino recorrido en esas dos primeras jornadas se vino abajo tras el extraño encuentro ante Gran Bretaña, con un final de partido que nos dejó helados y nos metió el miedo en el cuerpo, haciéndonos vivir un sufrido “deja vu” respecto al Europeo de Polonia en el 2009, donde a punto estuvimos de hacer las maletas antes de tiempo frente a los británicos (finalmente acabamos arrasando en ese torneo con cinco partidos finales absolutamente memorables) Sabíamos que los británicos es una selección habituada a ponernos en problemas, por eso había que celebrar el 24-15 con el que cerrábamos el primer cuarto, pero adquirir ese buen colchón en el marcador, lejos de ayudarnos a jugar más cómodos y sueltos pareció acomodarnos demasiado, tanto que en ningún momento fuimos capaz de cerrar definitivamente el partido. Las diferencias se mantenían alrededor de la decena de puntos con los británicos haciendo lo que en argot ciclista se conoce como “la goma”, y llegamos al último cuarto con una buena renta de 12 puntos arriba. Suficiente para no pasar apuros… o no. Mantuvimos la diferencia hasta los últimos 6 minutos de encuentro (64-52), para a partir de ahí recibir un demoledor parcial de 14-25. ¡Nos hicieron 25 puntos en 6 minutos!, una constante sangría exterior desde el triple que como vimos en los dos partidos siguientes frente a Rusia y Brasil no fue un accidente. 79-78 pidiendo la hora, y con Calderón cerrando el partido desde los tiros libres con aplomo y seguridad (por algo estamos hablando del tipo que ha encestado 87 tiros libres consecutivos sin fallo en la NBA, y que mantiene el actual record de acierto en una temporada, con 151 de 154, 98.1 % ), comenzaron a personalizarse las críticas en algunos jugadores finalmente decisivos a partir de los cruces (Llull, Marc Gasol) y se vislumbraron ciertos e innegables defectos en nuestra selección. Principalmente una excesiva dependencia de los jugadores clave, abuso del juego interior, ausencia de lanzamiento de larga distancia, y preocupante debilidad defensiva, sobre todo en las líneas exteriores. Allí donde antaño habíamos sido una selección presionante, incómoda para el rival, que robaba balones o dificultaba pases, ahora éramos un equipo débil que permitía el acierto exterior con inusitada facilidad para el contrario.    

Me siento seguroooooo...

No parecía el mejor momento para enfrentarnos a la potencia rusa, quienes desde el primer minuto del campeonato habían demostrado una fortaleza y determinación de cara a las medallas. El milagroso triple de Vitaly Fridzon frente a la dura selección brasileña daba al partido frente a los de Blatt rango de final con la primera plaza de grupo como suculenta recompensa. Había ambiente de partido grande por tanto, y ganas de ver como respondíamos ante el primer escollo realmente importante del campeonato. Y lo que vimos durante aquel primer cuarto de aquel partido de sábado matutino realmente fue para frotarnos los ojos, el comienzo perfecto, el partido soñado. Ni en un videojuego se podría haber diseñado mejor. Una canasta de Rudy Fernández tras un difícil escorzo (daba igual, entraba todo), ponía en el luminoso un marcador de ensueño: 2-20 a nuestro favor. En aquel momento nuestros porcentajes de tiro eran del 100% en tiros libres (4 de 4) y del 80% en tiros de campo (8 de 10), increíble, irreal, inhumano. ¿El problema? Quedaban casi 35 minutos de partido. No volveríamos a tener esa diferencia de 18 puntos (aún así acabamos el primer cuarto con 17 de ventaja), y la labor de zapa por parte de la defensa ordenada por Blatt (esa defensa de ajustes “match up”, muy practicada en Estados Unidos por cierto por entrenadores como Mike Krzyzewski) nos fue desgastando poco a poco, principalmente a Pau Gasol, objetivo principal de esa zona basculante que pasaba de 2-1-2 a 2-3 en cuanto nuestro astro de Sant Boi recibía, todo ello unido a asfixiantes “traps” a nuestros pivots mientras que nuestro lanzamiento exterior continuaba desaparecido en combate (3 de 15 desde la línea de 6.75, en concordancia con el torneo que llevábamos hasta la fecha) Nos recortaron 9 puntos en el segundo cuarto, y del 32-40 con el que llegamos al descanso pasamos a un 56-51 en un abrir y cerrar de ojos (parcial 24-11) En esa montaña rusa que habíamos convertido el partido volvimos a tocar el cielo a cuatro minutos y medio para el final, Marc Gasol ponía un 60-69 en el marcador (tras asistencia de un Sergio Rodriguez decisivo para llegar a esos minutos finales con ventaja) después de un sufrimiento que debería habernos hecho aprender la lección sobre el rival que teníamos enfrente. No fue así, el escandaloso parcial de 17-5 (infinitamente mucho más escandaloso que cualquier bobada que puedan seguir diciendo sobre el España-Brasil) nos envió al infierno después de asistir a fallos de todo tipo, incluyendo un tiro libre de Pau que nos hubiera dejado con ciertas opciones. Especialmente doloroso fue el mate sin oposición de Mozgov tras una empanada defensiva de las que hacen época. Si llegábamos al partido frente a Rusia plagados de dudas, salíamos de él con unas cuantas más en la mochila, todo ello después de haber hecho nuestro mejor primer cuarto del torneo. Nos habíamos apoyado bien en Rudy y los gasoles en ataque, pero era la debilidad defensiva la que nos hacía en aquellos momentos irreconocibles. Habíamos perdido una de nuestras señas de identidad, esa que no nos permitía desfallecer en ningún momento por muy cuesta arriba que se pusieran las cosas. Contrariamente a eso nos habíamos convertido en un equipo al que apenas costaba remontarle. Blandos como la mantequilla.   

Pyschedelic Blatt

La derrota ante Rusia nos dejaba en la tesitura de que el encuentro contra Brasil era una final por un segundo puesto que posiblemente no apetecería a nadie, ni a españoles ni a brasileños, pero había que disputarlo. Había que intentar cerrar la fase de grupos con las mejores sensaciones posibles, con sólo una derrota y recuperando crédito. Esa misma tesitura provocó que apareciesen los viejos prejuicios cuando hay partidos de este tipo, dicho de otro modo, fuese cual fuese el resultado, en caso de acarrear una derrota por nuestra parte, aquellos que ya habían prejuzgado un “tongo” iban a acusarnos de habernos dejado perder (¿pensarían lo mismo en caso de victoria, es decir, pensarían en un “tongo” por parte brasileña?, lo dudo), lo cierto es que el partido ante Brasil no fue más que un calco de lo visto y vivido ante Gran Bretaña y Rusia especialmente en los instantes finales. Quien quiera ver cosas raras en ese partido tiene un serio problema. No obstante, y como quien busca al Tirador lo encuentra, tenemos preparada una entrada especial dedicada a analizar detalle por detalle dicho partido desmontando una vez más todos los tópicos y todo el lúgubre acarreo de embustes que se ha vertido reciente e interesadamente desde algunos sectores, por ello no nos detenemos más en tal encuentro. 

De modo que dejamos la fase de grupos con cierto tono grisáceo, un balance de 3-2, derrotas ante los dos equipos fuertes del grupo, sustazo frente a los anfitriones, cumpliendo ante China, y realmente sólo convenciendo ante Australia. Escaso bagaje que nos hacía poner los pies en el suelo. Por mucho que en nuestras camisetas luciese el nombre de ESPAÑA con todo el significado que ello conlleva hoy día en este deporte, o apretábamos el culo en defensa y volvíamos a recordar el significado de la palabra “sufrimiento”, o nuestras horas en este torneo estaban contadas.

Francia esperaba con el cuchillo entre los dientes. La selección de Collet no contaba con encontrarse con su bestia negra tan pronto (que malo es eso de andar haciendo las cuentas de la lechera antes de que comiencen los torneos), y se presentaban en cuartos de final luciendo sus habituales y conocidas armas. Exhuberancia física, defensa granítica, y el talento de Parker y Batum como puñales desgarradores sobre las vísceras de cualquier rival que se topase en su camino. En efecto, los actuales subcampeones de Europa parecían un buen ejército de guerrilleros machete en mano dispuestos a despellejar de una vez a nuestro veterano Grupo Salvaje que tantos infortunios les habían hecho padecer. Los galos pronto llevaron el partido a su terreno, a la guerra de guerrillas donde a nosotros cada canasta nos costaba un mundo. A pesar de irse cargando de faltas personales Francia sabía que sus posibilidades pasaban por desquiciarnos a base de físico, todo ello unido a que en ataque Diaw hacía su mejor partido del torneo, y a la fiesta se unía un invitado de excepción: Florent Pietrus. Los galos, habitualmente romos cuando se les concede espacio y tiro, nos hacían daño desde el triple y su dureza atrás no nos permitía en ningún momento ser capaces de jugar a nuestro ritmo. En un mal partido para nosotros, el único motivo de optimismo era el marcador, que aunque dominado por Francia en todo momento, en ningún momento era definitivo. Estábamos ahí, nos faltaba un empujoncito más. Creo recordar que nuestra primera ventaja no llega hasta a cinco minutos del final con canasta de Llull. El escolta madridista finalmente resulta decisivo jugando los momentos de la verdad como base en detrimento de un Calderón nuevamente indolente en defensa. Es Llull quien se convierte en el jugador clave del partido con su defensa final sobre un Parker al que se le apagó la luz en cuanto un acertado Scariolo ordenó poner al balear sobre el genio francés. Una gran jugada entre los hermanos Gasol culmina con una canasta de Marc que a falta de 45 segundos nos pone con cinco puntos de ventaja, algo que se antojaba impensable minutos antes. Y esta vez sí, para desesperación francesa en esta ocasión supimos cerrar el partido, asegurando los tiros libres tras los malos modos de una selección gala para quienes nos hemos convertido en su peor pesadilla. No jugamos bien, sufrimos lo indecible, y habría que remontarse a la Eurocopa del 2001 para encontrar un partido en el que hubiéramos ganado anotando menos de 70 puntos, pero el primer objetivo estaba cumplido, ¡volvíamos a luchar por las medallas! 

Cualquiera no va a arreglarle las goteras.


La semifinal España-Rusia parecía algo así como un puzzle macabro, un enigma irresoluble tanto para Scariolo como para David Blatt. Los dos maestros llegaban a esta partida de ajedrez con dudas, no tanto sobre sus jugadores y sus posibilidades como sobre el rival. ¿Qué Rusia se encontraría España?, ¿la selección sobre la que bailó salvajemente en los primeros compases de su enfrentamiento seis días antes incapaz de saber por donde le venían los golpes, o el fantástico coro de tiradores y ametralladoras que aparecían desde cualquier posición a partir del segundo cuarto de partido? Asimismo, ¿con qué versión española se encontrarían Kirilenko y compañía?, ¿con la de ese equipo armónico y letal en ataque que les sorprendió en el arranque de su partido previo, o con el puñado de jugadores desorientados y deambulantes que acabó el encuentro totalmente groggy incapaces de explicarse a si mismos como habían dejado escapar aquel partido? Sea como fuere Blatt no quería esperar. Ofreció lo mejor de su táctica de salida, modelando un partido incómodo en el que los puntos llegarían con cuentagotas y en el que nuestros pivots apenas pudieran maniobrar (Pau se fue con su casillero a cero en el primer cuarto), el 20-31 con el que nos fuimos al descanso era bastante elocuente. En un encuentro con ese escaso ritmo anotador, los once puntos de diferencia eran una losa. Difícilmente los rusos permitirían parciales producidos por un juego más veloz o un ritmo más alto. Nos encontrábamos por tanto ante los posiblemente 20 minutos más difíciles que ha tenido que afrontar esta selección durante mucho tiempo. Desconozco que es lo que se dijo exactamente en los vestuarios españoles del O2 londinense, y cual fue la consigna con la que se salió a cancha (aún así y a 1400 kilómetros de distancia hay gente que sin vergüenza ninguna es capaz de asegurar que en tal vestuario o en tal banquillo sucede tal o cual cosa… que les vamos a contar que ya no sepan), por lo que he leído a algunos jugadores, incidieron en recuperar la alegría en el juego, admitiendo la posibilidad de caer en semifinales al menos que fuera muriendo con su estilo, en otras palabras, ATREVERSE a jugar. De modo que en esa segunda parte nuestra selección recuperó dos simples y básicas señas de identidad que les llevan dando triunfos sin cesar desde el Mundial 2006: intensidad defensiva y descaro en ataque. Una receta muy simple, que por supuesto cualquiera puede aplicar (igual que cualquiera puede hacer una tortilla de patatas pero de la que hago yo a la que hace mi madre media una constelación entera) El primero en unirse a la fiesta fue el siempre hiperactivo Rudy, quien entendió perfectamente el mensaje: si iban a quedarse fuera del show, al menos que se viese de lo que eran capaces. Un triple suyo nada más reanudarse el partido enchufó a todo el equipo y a toda la afición que empujábamos detrás. Había que endurecer el partido atrás, y lo hicimos. Si anotasen, que fuese con enorme sufrimiento o a través del tiro libre, no importan las faltas (en la primera parte no les llevamos al 4.60 en ningún momento). Calderón fue otro de los que vio que había que echarle  morro al partido y empezó a tirar…  y lo que es realmente importante, a meter. Un robo de Rudy (una vez más trabajando en toda la pista) fue culminado por otro triple de Pau que nos ponía a 3 puntos. Alternábamos fallos y aciertos a partes iguales, pero, ¿qué más daba?, habíamos recuperado la alegría en el juego y comenzábamos a golpear furiosamente en la puerta de la final. Los rusos notaban nuestro aliento en su cogote y era cuestión de tiempo que llegásemos… y antes de la bocina final del tercer cuarto, Calderón desde el 6.75 ponía un 46-46 para indicarnos que había un partido nuevo. Diez minutos en los que la gloria o el fracaso serían más que nunca esos dos impostores de los que hablaba Kipling. Se trataba por tanto, simplemente y pasase lo que pasase y fuese cual fuese el resultado, de vivir sin miedo, de ser una vez más unos trasuntos de Daredevil disfrazados de jugadores de baloncesto. Consistía, una vez más, en la fidelidad a si mismos, en volver a ser el auténtico Grupo Salvaje sin miedo a la muerte. Jugarse el pase a una final olímpica en sólo diez minutos y no marearte sólo puede entenderse si eres un equilibrista sin red acostumbrado a desafiar el peligro y el vacío. Y en esa tesitura de vivir sin aliento es donde parece encontrarse más cómoda nuestra selección, acostumbrada a dar lo mejor cuando pinta lo peor, y a aplastar con brutal insolencia cualquier atisbo de duda que desde los crueles vendedores de complejos quieran plantear. Volvió a aparecer el criticado Llull, Calderón siguió a lo suyo, Felipe sacó músculo y Marc apuntaló el edificio. Las diferencias comenzaron a moverse en torno a la decena de puntos y todo ello con Pau en el banquillo, y de nuevo acierto de Scariolo al despojar a Blatt de su principal referencia a la hora de ajustar su ya famosa defensa. Pau es nuestro líder, cierto, pero cierto es también que al quitarnos la gigantesca red de nuestro mejor jugador de todos los tiempos por unos instantes durante aquel último cuarto recuperamos de nuevo la coralidad en ataque. Con nuestro mejor hombre en el banquillo el resto de jugadores dio un generoso paso adelante, nunca atrás. Hablando de generosidad, la imagen de Llull recorriendo toda la pista para robar limpiamente un balón por detrás a Fridzon (nuestra pesadilla seis días antes) no dejó lugar a dudas en ese aspecto. Habíamos vuelto. El Grupo Salvaje aún tenía balas en sus fusiles, e iríamos a morir dos días más tarde. En otro final para la historia, como en las mejores películas.    

¿Quién dijo miedo?

jueves, 16 de agosto de 2012

UNOS JUEGOS PARA LA LEYENDA

"Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito."

(Jorge Luis Borges, "Ajedrez")

Respect

 
Estamos de vuelta, reclamando sutilmente la atención del amable lector dando un pequeño golpe de nudillos sobre la puerta entreabierta de la red y la blogsfera. Han sido unos felices días estivales plagados de buena música y mejores amigos, cuyo enorme y colosal remate lo hemos vivido un verano más en el incomparable marco del Reino de Felicia, donde felizmente me encontré y departi con algún lector de este blog, caso por ejemplo de Carlos Rego, grandísimo e infravalorado compositor pop con quien comprobé que mantengo cierta afinidad en cuanto a pensamientos sobre el mundo éste tan a menudo macilento del deporte. Imagino que Rego, como gran francotitrador pop cuyas certeras andanadas sólo han llegado a los oídos de aquellos que procuran tener un cierto nivel de exigencia anímica en sus vidas, comparte con El Tirador cierto solipsismo y melancolía sobre el mundo que les rodea, algo así como quien elige alejarse de los focos para predicar en el desierto y buscar la complicidad en las siempre agradecidas piedras. Un placer volver a disfrutar de las bondades felicianas, recargar las pilas, y por supuesto, a la vuelta hacer un alto para ver la final, esa final, otra final de leyenda que perdurará por siempre en nuestra memoria.

Colofón inmenso a unos Juegos Olímpicos que en su apartado baloncestístico han gozado de una calidad realmente alta, digna de los buenos tiempos que vive este deporte. Sinceramente son los mejores Juegos que recuerdo desde los de Seul 88 en cuanto a ritmo de juego, actuaciones individuales para la historia, y búsqueda de la excelencia con varios equipos buscando su mejor nivel y su más lustrosa cara (ciértamente nosotros sólo la encontramos en la final, y en momentos esporádicos del resto de los partidos), algunos sobreponiéndose a varias dificultades (en ese sentido España si respondió, al igual que Argentina) y exprimiendo hasta el límite sus posibilidades, como se han visto, limitadas, que para eso hablamos de deportistas y seres humanos, no jugadores de la Play Station.

Si el gran colofón fue la magnífica final entre Estados Unidos y España, el remate definitivo llegó con la emocionante imagen de una leyenda de los banquillos como Mike Krzyzewski (en su última participación como entrenador de la selección de las barras y estrellas) tributando un sentido y verdadero respeto a nuestro líder Pau Gasol, recibiendo como epítome de nuestro basket las muestras de ánimo y honor ante el partido disputado por el legendario Coach K y sus jugadores quienes no tuvieron reparos en postergar su celebración por el oro para hacer cola detrás de su entrenador para abrazar a nuestro gigante. Pau recibió aquellos abrazos y reconocimiento de manera individual, pero en el fondo eran extensibles a todo el trabajo de nuestro baloncesto, empezando por nuestro mejor jugador como cúspide de la pirámide pero llegando hasta cualquier chaval que en categorías de formación esté en estos momentos recibiendo algún clinic por parte de nuestros magníficos entrenadores y que posiblemente esté soñando con algún día vivir esa gloria cincelada a brioso pulso por los Pau, Navarro y compañía. ¿Quién nos hubiera dicho a los de mi generación que algún día veríamos a los inventores de este juego, a la mayor fábrica de talentos conocida, rindiendo tal pleitesía y reconociendo que tuvieron que jugar al 100% ante la posibilidad de perder su hegemonía mundial y olímpica ante nosotros?, sí, nosotros, los mismos que ya lo demostramos hace cuatro años lo hemos vuelto a hacer. No es sueño, es una realidad que en este caso si merece la pena vivir.  


LeBron y cia tuvieron que sacar lo mejor para derrotarnos.

Estados Unidos en lo más alto del podio, era previsible, pero para llegar hasta ahí han tenido que trabajar duro y hacer su mejor juego, dentro de las limitaciones de su línea interior, con abuso del lanzamiento exterior, llegando por momentos a dar auténticas exhibiciones de tiro. Han realizado un torneo magnífico, dejan para la historia partidos como el de Nigeria, con unos prácticamente quiméricos 156 puntos (¡29 de 46 en triples!, mención especial para el 10 de 12 de Carmelo Anthony), que dificilmente creo que podamos volver a ver en un torneo de este tipo. Histórico y memorable también poder asistir a un triple-doble (el segundo en la historía de esta competición, después del de Alexander Belov en Montreal 76) como el que se sacó de la chistera LeBron James (¿quién si no?) para tumbar a la correosa Australia. 36 años para poder volver a ver una exhibición de baloncesto total por parte de un jugador... la espera mereció la pena. En definitiva, unos Estados Unidos para el recuerdo, tardaremos en volver a ver un equipo olímpico realizando números de este tipo.  

Les acompañan en el podio una España agridulce, sufridora, exigida hasta el máximo, demasiado exigida cuando la realidad del contexto ha demostrado que no llegabamos a este torneo en nuestro mejor momento. Imposible no sentir la ausencia de Ricky Rubio viendo la lasitud de nuestra defensa exterior y como nos han castigado desde el triple, imposible no darse cuenta de que Navarro ha estado "tocado" toda la competición, y que sólo su enorme carácter y capacidad de sacrificio le ha permitido estar en un torneo que el 99% de los jugadores, en su estado se hubieran saltado, e imposible no percibir que comenzamos a dar peligrosas muestras de excesiva dependencia de nuestras estrellas y que no tenemos una selección tan conjuntada como sin ir más lejos los anteriores Juegos de Pekin (donde, no nos engañemos, tampoco comenzamos realizando un gran torneo y dimos nuestra mejor imagen al final), en la que prácticamente los 12 jugadores aportaban. Hay que corregir esto de cara al futuro y esperar que algunos jugadores den un paso adelante, les toca. Debemos volver a recuperar la coralidad en ataque. Precisamente por todas estas cosas hay que valorar la plata como se merece. En este torneo el mínimo detalle, la menor bajada de brazos, cualquier atisbo de miedo, nos hubiera condenado al desastre. Nuestro balance final de 5-3 no es bueno para una selección de nuestra calidad, pero hay que valorar el camino realizado. Una primera fase dura y poco brillante para pasar a unas eliminatorias aún más duras, y ahí estuvo Francia como paradigma de selección realmente dura en todos los sentidos. Y respondimos. Y ahí estuvo Rusia en semifinales con un nivel de juego en este torneo superior al nuestro. Y respondimos. La plata no hay que saborearla sólo por el magnífico recuerdo que nos deja la colosal final, si no por la dureza y sufrimiento del camino. Esos 11 puntos que se levantan tras el descanso (con un doloroso y paupérrimo 20-31 en el luminoso) frente a los de David Blatt creo que son el mejor ejemplo de que tipo de jugadores estamos hablando. Nunca les den por muertos. No hemos jugador con la frescura y fluidez de, sin ir más lejos, el anterior Europeo que dominamos de principio a fin, pero hemos vuelto a hacer historia. Quizás sea el "ADN ganador" del que habla Scariolo, o quizás, como dirían los argentinos, llegamos a la final, hablando claro, "por huevos", pero llegamos... y sí, echándole huevos, muchos huevos, y hablando en la pista, donde hay que hablar.  


Un Calderón decisivo frente a Rusia se abraza a Pau tras el partido de semifinales.


Completa el podio una Rusia a la que difícilmente se le puede poner tacha alguna. Recordarán los lectores de este blog que antes de los Juegos la situamos tercera en nuestro ranking particular, solamente por detrás de Estados Unidos y España. Y nos dieron la razón. Gran juego y gran dirección una vez más por parte del grandísimo David Blatt (otro que deja el banquillo tras los Juegos), enorme gestionador de recursos, y al que de una vez hay que situarle a la altura de los más grandes de la pizarra. Balance final 6-2 (derrota intrascendente contra Australia y la de semifinales contra España), irreprochable su torneo. No obstante si echa uno la vista atrás... aquel triple de Fridzon para derrotar a Brasil, el incomprensible bajón de España (digamos que aquel partido, más que ganarlo Rusia, es de esos que, sin quitarles ningún mérito a los de Blatt, podemos decir que lo perdimos nosotros), unido al triple de Mills cerrando la fase (evidentemente hablaríamos de un partido distinto si hubiesen perdido contra Brasil y España)... se podían haber metido en un buen lío. Lo que quiero decir con esto es que pese a hacer una gran primera fase, por pequeños detalles hubieran podido quedar terceros o hasta cuartos de grupo. Esos pequeños detalles que nos condenaron a nosotros a la tercera posición (sin estar a nuestro mejor nivel, fíjense que aún así simplemente con tener las tuercas mejor ajustadas contra Rusia y Brasil hubiéramos pasado primeros e invictos y hubiéramos tenido que evitar leer y escuchar alguna chorrada que se ha dicho por ahí por parte de los cuadriculados de turno), sí, pequeños detalles, esos que trazan la delgada línea entre el éxito y fracaso en un torneo de este tipo en el que hasta al menos siete selecciones se podían considerar aspirantes a medallas.  

Y por detrás de esa gloriosa línea que marcan Estados Unidos, España y Rusia como brillantes y merecidos medallistas, hay que situar a Argentina. Se bajan del cajón con respecto a Pekin, donde fueron bronce, pero si ya aquel metal se valoró como trabajada recompensa por parte de una orgullosa selección dispuesta a no rendirse ante el paso de los años y la pujanza de equipos más jóvenes dispuestos a recoger el testigo, ¿qué podemos decir de esta cuarta plaza?, sólo el hecho de que haya habido tres selecciones tan excepcionales como las que han ocupado el podio les han impedido realzar aún más su leyenda con la que hubiera sido su tercera medalla consecutiva en unos Juegos Olímpicos. ¿Lo conseguirá España?

¿Y el resto?, muriendo en cuartos de final, algunos con más pena que gloria, y otros con más luces que sombras. Creo que Francia y Brasil han cumplido. Los de Collet sólo han claudicado ante Estados Unidos y una España que ya es su inalcanzable bestia negra (el furioso puñetazo de Batum a Navarro en los instantes finales creo que es la perfecta imagen que sintetiza toda la frustración de la que posiblemente sea la mejor generación de jugadores galos de la historia, pero que una y otra vez se tropieza con un muro infranqueable de color rojo más duro de escalar que los Pirineos que nos separan a ambos pueblos) Brasil tuvo opciones hasta de ser primera de grupo si no fuera por aquel triple del tirador Fridzon, todo ello después de sufrir muchísimo más de lo esperado ante Gran Bretaña y Australia (así es este torneo), quizás pudiéramos haber esperado algo más individualmente de alguna de sus estrellas NBA, y su juego no ha sido, digamos, de los de enamorar, pero se van con sólo dos derrotas (Rusia, en el último segundo, y Argentina), de modo que no han hecho un mal torneo. Australia cumplió amarrando la cuarta plaza de grupo (enorme su segunda parte contra Gran Bretaña), y dando sensaciones de equipo muy difícil, de hecho sólo Estados Unidos en el último parcial del partido de cuartos de final, y España en el segundo encuentro de la fase de grupos, han sido capaces de dominarles claramente. Al resto han sido capaces de tutearles y hasta ganarles. En el zurrón se llevan un 50% de victorias (Gran Bretaña, China y Rusia... derrotas ante Brasil, España y Estados Unidos), de modo que buen campeonato el suyo. Habría que haber visto si hubieran tenido otro cruce de cuartos, o si hubieran competido en el Grupo A (más difícil, pero por ello precisamente más propicio para dejarte un emparejamiento de cuartos de final más accesible) Y por último, entre los cuartofinalistas, Lituania. Tampoco podían llegar más lejos, nadaron hasta donde podían y hasta donde les dejó una superior y potente Rusia, pero su balance final de 2-4 (sólo han sido capaces de derrotar a Túnez y Nigeria) es pobre bagaje para una de las selecciones que mejor han competido en las últimas ediciones de los Juegos Olímpicos. Les queda el consuelo de su enorme partido frente a Estados Unidos.  


¡Que te pego leche!

Y por último llegamos al vagón de cola, donde hay que reconocer que Nigeria y Túnez han competido y se van con la cabeza bien alta. Han demostrado no ser meras comparsas ni participaciones "exóticas" llegadas por la globalización continental de los Juegos (de hecho recordemos que Nigeria obtiene el billete en el pre-olímpico, con victorias frente a Lituania, Grecia o República Dominicana) Por contra creo que China ha dado un paso atrás respecto a pasadas ediciones (evidentemente y como escribimos en su día en este blog, la sombra de Yao Ming es alargada), y aunque es cierto que la lógica invitaba a pensar que se irían de Londres con su casillero de victorias a cero (como así ha sido), teniendo en cuenta que hablamos de uno de los mayores mercados baloncestísticos mundiales, con una liga doméstica en constante crecimiento económico, y un país potencialmente con muchas posibilidades para este deporte, habría que exigirles cierta imagen competitiva, algún destello corajudo, y alguna muestra de que sean capaces de apretarles las tuercas a algún rival, más allá de asistir a su constante juego anárquico de "llegar y tirar" para que algún jugador se vaya a los 30 puntos.  

Y dejamos para el final a Gran Bretaña, esos "anfitriones sin brillo" de los que hablábamos en este blog. Después de tanto tiempo de espera y de tantos esfuerzos y trabajo por parte de la British Federation para, desde la Division B europea, construir una selección competitiva capaz de plantar cara y ofrecer una digna imagen en sus Juegos, su balance de 1-4, siendo sólo capaces de derrotar a China, hay que considerarlo un fracaso. No es tan mala selección como para ofrecer ese triste bagaje final, y ciértamente podemos dar fe de su competitividad y su capacidad de lucha. Brasil sudó tinta para derrotarles, y contra nosotros a punto estuvieron de protagonizar una remontada histórica. Pero lamentablemente para los de la Union Jack todo esa buena imagen queda sepultada por su debacle en el partido clave que les debiera dar el pase a cuartos de final (para enfrentarse a Estados Unidos con la consiguiente fiesta en las gradas y los camarógrafos enfocando a Beckham y ese tipo de cosas) frente a Australia. Después de irse a los vestuarios en el descanso con un buen colchón de 10 puntos (46-36) que daba la sensación de tenerlo todo encarrilado y controlado por Deng y sus compinches, las gradas del London Arena asistieron a una de las segundas partes más brutales de todos los tiempos en la historia de este deporte. Y eso que no pintaban mal las cosas a la reanudación, con cinco puntos consecutivos de Joel Freeland para poner la diferencia en una quincena que apuntaba a los británicos en cuartos de final, pero a partir de ahí... un demoledor parcial de... ¡21-70!, los dos parciales de la segunda parte lo dicen todo: 14-30 en el tercero, y aún más sangrante, 15-40 en el último, todo ello en el partido decisivo que iba a marcar realmente su papel en los Juegos (quien sabe, quizás es que se dejaron perder, si nos atenemos a ciertas teorías poco fundamentadas de ciertos "conspiranoicos" que parece que no hayan visto un partido de baloncesto en su vida y piensan que estos parciales son imposibles de producirse) En definitiva, una gran labor de remo y muerte en la orilla la protagonizada por el baloncesto británico desde que en 2005 se supieron anfitriones de la gran cita olímpica.

Este es a grosso modo mi resumen de los Juegos, sobre el papel de nuestra selección ya hablaremos y escribiremos más detenidamente. En general y como he expresado creo que hemos asistido a una gran fiesta baloncestística, con buen nivel de juego y muchas estrellas en su mejor versión (Durant, LeBron, Scola, Ginobili, Kirilenko, Pau Gasol...), confirmación de algunas a las que veíamos venir (Patrick Mills, Alexey Shved), y quizás hayamos echado en falta algún jugador revelación (bien podría ser el tunecino Ben Romdhane), y lamentar el descalabro de algún joven "prospect" del que esperábamos mucho más (caso del lituano Valanciunas, claro que su equipo no ha ayudado demasiado)

En definitiva unos Juegos para la leyenda y la historia, y que también nos dejan unas cuantas y significativas despedidas. Por apuntar algunas, señalemos que han sido los últimos Juegos de algunos de los jugadores que más nos han hecho vibrar en los últimos años: Felipe Reyes, Kobe Bryant, Sarunas Jasikevicius, Donatas Songaila y Rimantas Kaukenas. Estos de manera oficial. Quizás también hayan sido los últimos de Prigioni, Ginobili, y quien sabe si hasta Scola. En los banquillos las comentadas despedidas de Coach K y David Blatt, aunque en el caso del israelí-estadounidense dada su juventud es posible que le volvamos a ver en torneos de este tipo, no necesariamente con la selección rusa. Dudas también sobre la continuidad de Scariolo, quien después de cuatro años parece haber cumplido un buen ciclo saldado con dos oros continentales y una plata olímpica. Por si acaso vayan apuntando este nombre: Joan Plaza. ¿Se olería el bueno de Joan que Scariolo tenía en mente dejar el banquillo nacional, y por ello optó por coger las maletas rumbo a Kaunas, para evitar la normativa ACB que prohibe a un entrenador con contrato en dicha liga entrenar una selección nacional?, recordemos una vez más que esta norma nace de la ACB, no de la FEB, ya que es otro tema del que se habla en más de una ocasión sin fundamento ni conocimiento. Sin ir más lejos hace unos meses la ACB abortó la contratación de Jaume Ponsarnau, entrenador del Manresa, como seleccionador de nuestra selección Sub-18.  


¿Morderá Plaza medallas olímpicas?

Este sería mi quinteto ideal de los Juegos:

Aleksey Shved (RUSIA) 11.4 puntos, 5.9 asistencias, 3.1 rebotes por partido.
K. Durant (USA) 19.5 ptos, 5.8 rebs, 2.6 asists, 1.6 robos p.p 52.3% en triples (34/65)
LeBron James (USA) 13.2 ptos, 5.6 rebs, 5.6 asists, 60.3% en tiros de campo (44/73)
Andrei Kirilenko (RUSIA) 17.5 ptos, 7.5 rebs, 1.4 asists, 1.6 robos, 1.5 taps p.p.
Pau Gasol (ESPAÑA) 19.1 puntos, 7.6 rebotes y 2.9 asistencias por partido.

Entrenador: David Blatt (RUSIA)

Como creo que ha habido tan buen nivel en lo individual, no me resisto a realizar un segundo quinteto, que sería este:

Patrick Mills (AUSTRALIA) 21.2 puntos, 4.5 rebotes y 2.2 asistencias por partido.
Manu Ginobili (ARGENTINA) 19.4 pts, 5.4 rbs, 4.1 asts p.p. 44.2% en triples (19/43) 100% en tiros libres (34/34)
Nicolas Batum (FRANCIA) 15.5 ptos, 5.7 rebs, 1.2 asists y 1.5 tapones por partido.
Carmelo Anthony (USA) 16.2 ptos, 4.8 rebs y 1.2 asists p.p 50% en triples (23/46)
Luis Scola (ARGENTINA) 18 puntos, 4.6 rebotes y 2.8 asistencias por partido.

Entrenador: Mike Krzyzewski (USA)

Y mi MVP particular se lo daría a LeBron James, quien ha confirmado que el cetro mundial del baloncesto es totalmente suyo. Por encima de los números ha sabido estar en un segundo plano y delegar la labor anotadora y ejecutora (esa que siempre luce más) en otros, especialmente Durant, y ha aparecido y se ha echado el equipo a la espalda en los momentos en los que el terrorífico tiro exterior yanqui no entraba. Ha dado una lección de liderazgo tranquilo, sin necesidad de acumular posesión de balón, ha trabajado en todos los aspectos del juego y en todas las posiciones, y ha demostrado que no hay faceta de este deporte que no domine. LeBron, pese a que algunos le tratan de ver como un paradigma de baloncestista moderno (y al que despreciar en comparación con los "old school"), en realidad sigue las coordenadas clásicas de jugadores como Oscar Robertson, "Magic" Johnson o Larry Bird, es decir, la de aquellos jugadores que rompen moldes y a los que hay que juzgar más allá de un determinado perfil físico o posición en el campo. En definitiva, la escuela de aquellos elegidos capaces de practicar el baloncesto en toda su complejidad. Si el baloncesto a día de hoy y en el año 2012 ha de tener un nombre, ese es el de LeBron James.  


El año de LeBron

jueves, 2 de agosto de 2012

TÚNEZ: LA SORPRESA AFRICANA


Pese a que ya estamos en plena tercera jornada de los Juegos Olímpicos de Londres, nos quedaba pendiente hablar de la selección tunecina, sin duda alguna el equipo más desconocido del torneo (al menos para mí) y a priori el más débil, y de menor tradición en el deporte de la canasta. Ciertamente su sola presencia, y con plaza directa, en la competición, ya es una gran sorpresa. Esta es su primera participación en unos Juegos, lo cual unido a su también primera presencia mundialista en Turquía 2010, indica que estamos ante una selección y un país creciente en su relación con este juego. Buena noticia. 

El billete directo para la participación en estos Juegos obtenido con su victoria en el pasado Afrobasket ha sido, insistimos, una sorpresa, pasando por encima de las dos grandes potencias africanas habituales: Nigeria y Angola. En el caso de Nigeria, como comentábamos hace unos días, hay que achacarlo a los problemas de continuidad en un mismo bloque. Más sorprendente resulta el caso de haber visto a Angola entregar su hegemonía continental, un país habitual en los Juegos, en algún caso de muy infausto recuerdo para nosotros (caso de Barcelona 92) 

A pesar de ser una selección muy desconocida, en su partido de preparación en España y en estas tres jornadas de los Juegos, hemos visto un equipo muy voluntarioso. Buenas salidas ante Estados Unidos y sobre todo ante Argentina (histórico primer cuarto con 28-14 a su favor, e incluso un lustroso 40-40 al descanso), y una caída muy digna ante una Nigeria a la que le lograron meter el miedo en el cuerpo.    

Se irán con cero victorias, pero con mucho bagaje ganado. Como siempre que se vive una experiencia positiva.  

Romdhane, camino del estrellato


BASES: Kechrid, Knioua y Laghnej. Los tres con bastantes internacionalidades a sus espaldas. Una tripleta sólida y homogénea, pero muy justita de baloncesto. 

ALEROS: El Mabrouk es el jugador con mayor licencia para amenazar desde el exterior del equipo (8 de 15 en triples en estos momentos, ojo), y prácticamente el único tirador puro. El resto, jugadores altos y polivalentes, caso de Rzig, Gaddour, Hadidane, y por supuesto su gran estrella (por delante del pívot Mejri), Makrem Ben Romdhane, un 3-4 de 23 años y 2.04 con una pinta buenísima y que no tardará en salir de Túnez.  

PIVOTS: El techo lo marcan los 214 centímetros de Salah Mejri, jugador de la liga belga que ha estado en la órbita de la NBA después de ser MVP del pasado Afrobasket. El resto, pivots bajos y muy limitados, incluyendo el ex –ACB (jugó en el Joventut) Medí Lebeyrie, ahora apellidado Jamel Hafsi, y actualmente jugando en Francia. 

PLANTILLA: 

4
Radhouane Slimane
Pívot
205
1980
Etoile du Sahel (Túnez)
5
Marouan Laghnej
Base
190
1986
JS Kairouan (Túnez)
6
Nizar Knioua
Escolta
189
1983
Stade Nabeulien (Túnez)
7
Mourad El Mabrouk
Escolta
185
1986
Ezzahra Sport (Túnez)
8
Marouan Kechrid
Base
178
1981
Etoile du Sahel (Túnez)
9
Mohamed Hadidane
Ala-pívot
205
1986
Stade Nabeulien (Túnez)
10
Mehdi Jamel Labeyrie-Hafsi
Pívot
202
1978
As Monaco (Francia)
11
Mokhtar Ghayaza
Pívot
204
1986
ES Rades (Túnez)
12
Makrem Ben Romdhane
Ala-pívot
204
1989
Etoile du Sahel (Túnez)
13
Amine Rzig
Escolta
199
1980
Etoile du Sahel (Túnez)
14
Youssef Gaddour
Alero
203
1990
US Monastir (Túnez)
15
Salah Mejri
Pívot
214
1986
Antwerp (Bélgica)

Posible quinteto titular:                                       Segunda unidad:

Kechrid                                                                Laghnej
El Mabrouk                                                          Knioua
Rzig                                                                     Hadidane
Ben Romdhane                                                    Hafsi
Mejri                                                                    Slimane 

Papel secundario:            Ghayaza y Gaddour 

Aprovecho para deciros que a partir de mañana me cogeré unos días de asueto y vacaciones, ¡ya era hora!, semana y media de descanso en la que evidentemente no pienso desconectar del baloncesto, pero en cierta manera si del blog, aunque mi idea era hacer un seguimiento del torneo jornada por jornada, no puedo asegurar cuantas entradas subiré en los próximos doce días. Sólo les puedo decir una cosa, ¡disfruten del juego! 

miércoles, 1 de agosto de 2012

SEGUNDA JORNADA, RECUPERANDO CRÉDITO


La segunda jornada del torneo olímpico vuelve a moverse dentro de los parámetros de la lógica y sin dejarnos ninguna sorpresa, ni siquiera podemos considerar como tal la victoria de Francia sobre Argentina, ya que se trata de dos selecciones de un nivel parejo y ambas aspirantes a la lucha por las medallas. Si que ha sido una jornada para que algunos equipos que quedaron un poco tocados del primer día, hayan recuperado sensaciones, cierto crédito, y mejorado su imagen. El nivel y la calidad del juego no han sido tan altos como el pasado domingo, sobre todo en cuanto a actuaciones individuales, aunque hay que destacar sobre todo a tres grandes estrellas que están liderando a sus respectivos equipos, los cuales están demostrando ser los más fuertes hasta el momento: Kevin Durant, Andrei Kirilenko y Pau Gasol.   

El que tuvo lietuvo.


GRUPO A:

Lo más interesante sigue discurriendo en este grupo, por algo el más fuerte. Si hablamos de recuperar crédito eso es precisamente lo que han hecho Lituania y Francia. Los primeros afrontaron su choque contra Nigeria sabedores de lo que se jugaban. Una derrota les dejaba prácticamente fuera. No se dejaron sorprender como en el Pre-Olímpico de Caracas y volvieron a echar mano de su vieja guardia (Jasikevicius, Kaukenas) amén de un Kleiza de nuevo importante, para dejar claro que aunque no están entre los favoritos a metales, el mero hecho de llevar bordada la palabra Lietuva en sus camisetas les obliga a ser competitivos y no permitirse imágenes tan pobres como la del domingo ante Argentina. Una Argentina que en su duelo frente a Francia demostró una motivación menor a la de los galos, espoleados por el castigo yanqui de la primera jornada y también necesitados de recuperar crédito y autoestima. Partido igualado, como era previsible, pero con Francia mandando desde el principio. La selección de Collet no quería seguir viéndose con su casillero de victorias en blanco, por mucho que el calendario le obligase a jugar de inicio contra los dos rivales más fuertes del grupo. Estados Unidos se volvió a pasear frente a un Túnez voluntarioso que llegó a mandar en el marcador en los primeros minutos (imagino que le harían una foto al luminoso), y sigue cumpliendo el guión previsto, con un juego cada vez más coral y todos los jugadores aportando (especialmente positivo para sus intereses me parece el hecho de que Kevin Love cada vez vaya adquiriendo un rol más importante dentro del plantel de estrellas, se lo merece) 

De cara a la tercera jornada, tenemos un duelo clave con el Francia-Lituania, que puede confirmar a los Parker y compañía como claros candidatos a la segunda plaza del grupo. Una victoria lituana (difícil, pero posible) pondría el grupo patas arriba, y haría viajar a los de Jasikevicius del infierno al cielo en tan sólo dos jornadas. Argentina y USA, a seguir sumando ante Túnez y Nigeria (una Nigeria que va despertando de su sueño) respectivamente.    

RESULTADOS: 

Lituania 
 Nigeria
Francia 
 Argentina
Túnez 
 Estados Unidos

GRUPO B:

Mucho más claro parece nuestro grupo, donde los de Scariolo siguen invictos junto a una brillante Rusia y un Brasil sufridor. Muy buenas sensaciones por algunos momentos en nuestro partido frente a la correosa (pero calamitosamente anárquica en ataque) Australia, y sin duda nuestra mayor preocupación en estos momentos tiene nombre y apellido: Juan Carlos Navarro. Rusia sigue al ritmo que marcan sus wolves Shved y Kirilenko, y Brasil, pese a sus dos victorias, no acaba de convencer tratándose de una aspirante a la lucha por medallas. Parece claro que Australia y Gran Bretaña pelearán por la cuarta plaza, siempre que no se permitan ningún tropiezo ante China. 

Choque importante el jueves entre Brasil y Rusia, que confirmará quien será nuestro auténtico rival por la primera plaza del grupo, y que debemos aprovechar para asaltar lo alto de la clasificación con una buena victoria sobre los anfitriones británicos (como siempre, nos darán guerra) Australia si quiere seguir teniendo opciones no puede dejar escapar la victoria ante China. 

RESULTADOS: 

China 
 Rusia
Australia 
 España
Gran Bretaña 
 Brasil

EL QUINTETO DE LA JORNADA: 

Sarunas Jasikevicius (LITUANIA)     9ptos, 9 asists, 2 rebs, 2 robos en 20 mins. 16 val.
Nicolas Batum          (FRANCIA)      14 ptos (3/6 triples), 7 rebs, 3 asists. 15 valor.
Kevin Durant            (USA)                13 ptos, 10 rebs, 5 asists en 22 mins. 20 valor.
Andrei Kirilenko       (RUSIA)           16 ptos, 9 rebs, 4 robos, 1 tapón. 22 valoración.
Pau Gasol                  (ESPAÑA)        20 ptos, 4 rebs, 2 asists, 1 tapón. 19 valoración. 

MVP DE LA JORNADA: Andrei Kirilenko y Rudy Fernández

ENTRENADOR DE LA JORNADA: Sergio Scariolo (ESPAÑA)                       

Como en la primera jornada, aunque Rudy Fernández ha hecho mejores números que Batum, metemos el francés en nuestro mejor quinteto por la importancia de su actuación dentro del contexto de su partido.   

Rudy dio el golpe.


EL QUINTETO DEL TORNEO: 

Marcelinho Huertas (BRASIL)  14 ptos y 9 asistencias por partido.
Alexey Shved           (RUSIA)    15 ptos, 9.5 asists y 2.5 robos por partido.
Kevin Durant            (USA)        17.5 ptos, 9.5 rebs, 3.5 asists y 1.5 robos p.p. 11/11 tl.
Andrei Kirilenko      (RUSIA)     25.5 ptos, 6.5 rebs, 3 robos y 2 tapones por partido.
Pau Gasol                 (ESPAÑA) 20.5 ptos, 7.5 rebs y 3 asists por partido.

MVP DEL TORNEO: Andrei Kirilenko (RUSIA)

ENTRENADOR DEL TORNEO: David Blatt (RUSIA)