miércoles, 2 de agosto de 2017

EL CHACHO NO FUE EL ÚNICO



Judas, traidor, mentiroso, mercenario, pesetero… son algunos de los, quizás los más suaves, calificativos que ha recibido en las últimas semanas el base Sergio Rodríguez tras oficializarse su fichaje por el CSKA. Pese a que por activa y por pasiva se ha recordado que el Real Madrid no llegó a presentar ninguna oferta oficial por el jugador, un sector del madridismo sigue considerando que el Chacho no debería, bajo ningún concepto, vestir la camiseta de uno de los grandes rivales europeos del equipo blanco, en una muestra más de un fanático talibanismo que exige obediencia ciega y casi se diría esclavitud ante la entidad madridista obviando lo más maravilloso que puede tener un ser humano: el libre albedrio.


Hemos recopilado una serie de casos, una decena de nombres, más o menos ilustres del reciente pasado madridista (el que alcanzo a recordar), protagonistas también de desencuentros, salidas precipitadas, fugas y demás vicisitudes… al criterio del lector dejo que lo consideren traiciones, o simplemente escenarios naturales del deporte de elite. Juzguen ustedes.



FERNANDO MARTÍN (1981-1986/1987-1989): Uno de los grandes mitos del baloncesto madridista, y sin duda el gran mito de la década de los 80. En 1985 comienza su idilio con el baloncesto profesional estadounidense, probando con unos New Jersey Nets que se habían hecho con sus derechos vía draft. Pospondría su aventura NBA para el verano siguiente, pese al ofertón del Real Madrid (la prensa de la época habla de unos 50 millones de pesetas, el mayor sueldo de Europa en aquellas fechas), empeñado en retenerle para paliar el golpe de efecto del fichaje de Andrés Jiménez por el Barcelona. El Madrid perdió a su jugador franquicia y la selección española a una de sus estrellas, ya que en aquel momento los profesionales NBA no podían jugar competiciones internacionales. Lejos de suponer un trauma o quebranto emocional, la noticia llenó de orgullo al baloncesto nacional y en particular al madridismo. Su carrera en Estados Unidos fue anecdótica, pero para siempre quedará su condición de pionero, de rompedor de moldes establecidos. Volvió al club de sus amores a la temporada siguiente, donde jugó dos temporadas más hasta su desgraciado fallecimiento aquel maldito domingo de Diciembre de 1989.


DRAZEN PETROVIC (1988-1989): Uno de los mayores genios de la historia de este deporte. Vistió la camiseta madridista sólo una temporada, la cual sigue instalada en la memoria del aficionado blanco. Después de que el Barcelona no se decidiese a contratar al jugador de Sibenik, Ramón Mendoza no se lo pensaba para unir a la “bestia negra” madridista que lideraba la Cibona de Zagreb de los 80 a los Martín, Biriukov y compañía, pese a que eran notorias las diferencias con algunos de los pesos pesados del vestuario blanco (Corbalán e Iturriaga prefirieron abandonar la nave antes de compartir equipo con quien les había humillado tiempo antes en la pista, y con Fernando Martín la relación era inexistente, no podía ser de otro modo cuando Drazen había escupido a la cara al ala-pívot madridista después de que éste le tendiese la mano tras un partido en Zagreb) 160 millones por 4 años fue el contrato firmado por el croata. Contrato que rompió el primer año con su fuga a Portland pese a manifestar en la prensa española que no estaba negociando con la franquicia de Oregon. Tras varios dimes y diretes, finalmente a mediados de Agosto de 1989 saltaron las alarmas cuando el jugador no apareció al entrenamiento matutino del equipo. Tras comprobar que tampoco se encontraba en el domicilio, las investigaciones del club blanco confirmaron que junto a su novia y su representante había cogido un vuelo a Estados Unidos a través de la compañía American Airlines. Desde Portland llegó a declarar a Gigantes que volvería al Real Madrid en tres temporadas. Pese a todo, gran parte del madridismo le tiene en un pedestal.    



Los culebrones de Drazen.



ARVYDAS SABONIS (1992-1995): El “Zar” lituano emprendía su particular camino de redención tras su calvario con el talón de Aquiles con su sorprendente y rocambolesco (algún día hablaremos de ello en profundidad) fichaje por el Valladolid. Pese a no llegar a jugar nunca en su carrera al 100% de sus posibilidades (uno de sus médicos llegó a declarar que lo hacía al 30%), su calidad era tan descomunal que incluso un Sabonis mermado podía dominar Europa. Tras la amarga experiencia con Petrovic, Mendoza se lanzó a por la otra gran figura del baloncesto continental. 300 millones de pesetas anuales tuvieron la culpa. Pero no todo eran días de vino y rosas alrededor del lituano. Lorenzo Sanz, por aquel entonces vicepresidente madridista, era partidario de rebajar el sueldo del “Zar”, y compañeros de directiva incluso hablaban de venderlo, dado lo deficitario de la sección de baloncesto. Se encontraron con la firme oposición del llorado Mariano Jaquotot, quien luchó contra viento y marea por mantener el baloncesto madridista. En 1995 Sabonis acabó contrato y con la Copa de Europa bajo el brazo aceptó la mareante oferta de (otra vez) Portland, desestimando la renovación con el Real Madrid. Se despidió entre lágrimas en rueda de prensa y todo el madridismo entendió que el gran Sabonis merecía probar la aventura NBA. Fue un “rookie” atípico que llegó a jugar 7 temporadas en la franquicia de Oregon. Con 39 años se dio el gusto de jugar su última temporada en su casa, en el Zalgiris Kaunas, haciendo aún un baloncesto de escándalo y siendo MVP de la Euroliga.


JOE ARLAUCKAS (1993-1998): Después de despuntar en Málaga y Vitoria, Ramón Mendoza se hacía en verano de 1993 con los servicios de este ala-pívot de gatillo fácil para formar junto a Arvydas Sabonis una de las mejores (aunque de corta vida, sólo dos temporadas juntos) parejas interiores de la historia del baloncesto madridista. Recordado por su Copa de Europa del 95 y por su record anotador de 63 puntos en Euroliga ante el Buckler Bolonia, en 1996 renovó su contrato por tres temporadas más, de las que sólo cumplió dos. A partir del año siguiente comenzaron las desavenencias con el club, al que amenazó con demandar por impago. Desavenencias centradas en la figura del entrenador Miguel Ángel Martín, quien le llegó a apartar del equipo. En 1998 negociaría con el club la rescisión de su contrato para fichar al año siguiente por el Aris griego.   


DEJAN BODIROGA (1996-1998): El polivalente jugador serbio fichó por el Real Madrid en verano de 1996 por dos temporadas, aunque la intención del club después del primer año era ampliar su contrato. No lo lograron y una vez libre de ataduras contractuales aceptó la desorbitada oferta del Panathinaikos (450 millones por dos años, según la hemeroteca) para jugar en Grecia. Volvería a España… para recalar en el eterno rival, un Barcelona con el que lo ganaría todo. 


RAÜL LÓPEZ (2000-2002/2006-2009): Aunque parezca mentira a día de hoy, en aquella espectacular generación de los “Juniors de Oro” que ganaron sendos campeonatos europeo y mundial en 1998 y 1999, la gran estrella no era Pau Gasol (de hecho era suplente, siendo Germán Gabriel y Felipe Reyes la pareja interior titular) Al de Sant Boi se le veían maneras, pero al igual que en fútbol la revolución parecía llegar con los “bajitos”, con una pareja exterior absolutamente espectacular formada por Juan Carlos Navarro y Raül López. Con sólo 20 años el base de Vich era el protagonista del segundo traspaso (tras Milan Gurovic) más caro de la historia de la ACB. 350 millones de pesetas depositaba un recién llegado Florentino Pérez en las arcas del Joventut de Badalona para hacerse con los servicios del joven mago, quien no obstante se presentaba al año siguiente al draft de la NBA para ser elegido en el puesto 24 por Utah Jazz. Cumplió dos años de su contrato de cinco, y una vez pagada su cláusula de salida voló a Estados Unidos con el sueño de convertirse en el sucesor de John Stockton, tarea que no tengo duda hubiera culminado de no haber sido un asiduo visitante de enfermerías y quirófanos. El Madrid se guardaba sus derechos para Europa, pero la realidad era que tres años después el genio barcelonés volvía a la ACB, sí, pero al millonario Akasvayu Girona después de un acuerdo entre el club catalán y el Madrid, a pesar de que el conjunto entrenado por aquel entonces por Maljkovic no tenía base puro (Mous Sonko desempeñaba esa labor) Después de una mala temporada de los blancos, el club iría decididamente a por el base, convirtiéndose en pieza clave del equipo de Joan Plaza hasta que Ettore Messina decidió no contar con sus servicios.


MICKAEL GELABALE (2004-2006): Una de las apuestas de un Boza Maljkovic quien demostraba tener buen ojo con los jóvenes (fue el responsable también de la llegada del belga Hervelle) fue el alero francés fichado por dos años con opción a otros dos más. El club no pudo ejecutar dicha opción ya que el jugador escuchó la llamada de la NBA y dejó que Seatlle Supersonics ayudase a pagar su cláusula de salida de 700000 dólares. Fue uno de los jugadores claves en el mítico final de liga en el Buesa Arena. Aquel increíble parcial de 0-9 en 48 segundos para dar el título a los de Maljkovic se abre precisamente con un triple del francés.   


NIKOLA MIROTIC (2008-2014): Hasta la irrupción de Luka Doncic, se trataba de la gran perla de la cantera madridista. Con sobrada calidad para la NBA, se presentó al draft de 2011, del que salió elegido en el puesto 23 por Chicago Bulls. Pero no manifestaba prisa por emprender la aventura americana. Incluso en una entrevista concedida a Gigantes del Basket dejaba claro que no se iría del Madrid hasta que no ganase la Euroliga. Sin embargo en el tumultuoso verano de 2014, con la amargura de haber perdido las finales de Copa de Europa y Liga ACB, y a pesar de tener contrato en vigor (y de que el propio club le ofrecía una mejora del mismo), hacía las maletas rumbo a Ohio, desde donde se sigue declarando madridista confeso y sigue tanto a las secciones de fútbol como de baloncesto.


MARCUS SLAUGHTER (2012-2015): El “patito feo” del Madrid de Laso. Cuestionado al principio, acabó ganándose el corazón de los aficionados por su entrega y capacidad defensiva en la cancha, y su implicación con la causa madridista (recordada es su presencia en Munich entre los jugadores del equipo de fútbol tras el 0-4 en Champions) Tanto amor por el Real Madrid no le impidió, no obstante, y pese a tener contrato en vigor, aceptar una muy superior oferta del baloncesto turco, prácticamente triplicando su sueldo. Laso aún le echa de menos.   




Slaughter, madridista feliz... en Turquía.




WILLY HERNÁNGOMEZ (2015-2016): Otra joya de la cantera madridista. Aunque sólo jugó una temporada completa con el equipo senior, en la temporada 2012-13 ya debuta con el primer equipo, siendo posteriormente cedido al Cajasol sevillano. No obstante aquel verano de 2013 el club blanco le renovaba hasta 2017. En 2015 volvía a su entidad de origen, pero su impaciencia por jugar en la NBA le hacía no cumplir su último año. Lo cierto es que parece irle mejor al otro lado del charco, de modo que todos contentos. 



Después de refrescarnos la memoria con estos casos conocidos, cada uno de ellos distinto como distinto es el del Chacho, ¿merece realmente Sergio Rodríguez el linchamiento al que está siendo sometido? En mi opinión, en absoluto. ¿Cuál es entonces la diferencia con otros jugadores que abandonaron el club buscando mejorar su carrera profesional, pero siguen siendo queridos por el aficionado madridista? Creo, por un lado, que gran culpa la encontramos en la existencia de las “redes sociales” (que no padecieron jugadores como Martín o Petrovic), en especial una herramienta como Twitter que no pocas veces ha mostrado el peor lado del ser humano. Una red social en la que es norma jalear desgracias ajenas o insultar desde el anonimato, consigue crear una desastrosa tendencia de una fuerza desproporcionada, y es que los energúmenos “tuiteros”, quienes ellos mismos se vanaglorian de ser “haters” o “trolls” de internet, son los menos, pero son los más escandalosos. Hacen mucho ruido y cuales flautistas de Hamelin consiguen finalmente que muchos aficionados más o menos sensatos se sumen al linchamiento, como ese ejemplar padre de familia incapaz de proferir un exabrupto en su casa o en su trabajo, pero que los domingos, enervado por la fuerza grupal y el sentimiento de tribu se sorprende a sí mismo recurriendo a los más gruesos insultos al árbitro o jugador rival de turno en el campo de fútbol. El viejo mito de Jekyll y Hyde o las teorías freudianas del Yo, Ello y Superyo. El uso de la red social y su cobarde ventaja del anonimato para sacar a pasear tu lado oscuro. Por otro, que hablamos de un jugador tan capital que la huella dejada en el baloncesto madridista todavía es muy profunda. Pese a que algunos intenten engañarse a sí mismos hablando de un jugador sobrevalorado o que no tiene cabida en el Madrid actual, lo cierto es que están recurriendo a un “zorra y uvas” de libro. El Chacho es un jugador absolutamente único, y es ese dolor por haber visto marchar su magia lo que hace que algunos aficionados se pasen de frenada en su llanto por la huida del tinerfeño, de un jugador que marcó un estilo propio y hasta se crearon camisetas con su look barbudo. Sólo cabe confiar entonces en que el paso del tiempo ponga en situación de normalidad la relación de la afición con el genio baloncestístico del Chacho, destinado, guste o no, a ubicarse en un lugar privilegiado dentro del panteón de mitos madridistas.     




El Chacho, creando estilo.



martes, 1 de agosto de 2017

EL CLÁSICO DE TODOS LOS VERANOS




España, ahora sin Reyes, se vuelve a enfrentar al campeón de América.



Ya está aquí una de las cosas que más nos alegran el verano. Y es que en estos días de sol, playa y asueto los partidos de preparación de la selección española de baloncesto de Sergio Scariolo son el complemento perfecto para las tardes y noches veraniegas. Disfrutémoslo, porque con el nuevo cambio del baloncesto de selecciones no todos los veranos vamos a poder hacerlo (por ejemplo, el próximo año, en el que no habrá ningún gran torneo de selecciones), con el paso de los mundiales a años impares y el Europeo a celebrar cada cuatro años en vez de dos. Un cambio triste para los que somos grandes aficionados a este deporte y nos vamos a ver privados de estos deliciosos veranos de baloncesto internacional. Pero esa es otra historia. 


Toca ahora disfrutar de nuestra selección dejándose ver por plazas donde no suele ser habitual su presencia, caso de Tenerife, donde por primera vez en la historia la absoluta va a jugar, en un doble enfrentamiento ante Túnez y Bélgica. No faltará el tradicional partido en la capital, Madrid, en este caso frente a la correosa Venezuela, rival al que también nos enfrentaremos en Málaga. Entre medias un partido en Melilla (ciudad que no se visitaba desde hacía 20 años) ante México. La gira finalizará con dos partidos fuera de España, visitando Bélgica y Lituania respectivamente. 


El plan, por lo tanto, es el habitual, similar a años pasados y que tan buen resultados ha dado a un equipo acostumbrado a ir de menos a más durante los grandes torneos. Acercar la selección a los aficionados españoles en distintas ciudades de nuestro país, y apenas un par de partidos en terreno “hostil”. La calidad de los rivales la podemos estimar en una dificultad media/alta (pese a que muchos aficionados, poco profundos en su conocimiento del baloncesto internacional, tildarán a estas selecciones de poco menos que “bandas”), y lo más importante, todos ellos están preparando sus distintos torneos de selecciones, por lo que la seriedad está asegurada. Túnez es sobre el papel el rival más débil, pero recordemos que se trata de una de las selecciones más potentes de África, campeones del Afrobasket en 2011 y en la última edición, la de 2015, siendo medalla de bronce. Son co-anfitriones de la próxima copa de su continente junto a Senegal, por lo que tienen grandes esperanzas en la cita. Acudirán sin una de sus grandes estrellas, el ex –ACB Michael Roll, apartado de la selección debido a su fichaje por el Maccabi Tel Aviv, en una decisión de marcados tintes políticos (las relaciones entre Túnez e Israel, viejos enemigos en los años 80, no son precisamente cordiales), pero si con el ex –madridista y actual jugador de Dallas Mavericks Salah Mejri. Están dirigidos actualmente por Mario Palma, toda una leyenda de los banquillos africanos. 


Respecto a Bélgica, es una de las 24 escuadras participantes en el próximo Eurobasket, e incluso podría ser rival nuestro en los cruces, ya que pese a encontrarse en el mismo grupo que Serbia, Turquía y Rusia, bien podría superar a Gran Bretaña o Letonia y colarse en octavos de final. En su roster encontramos jugadores sobradamente conocidos por el aficionado, ya que muchos han jugado o juegan en nuestra liga. Es el caso de Jonathan Tabu, Sam Van Rossom, Kevin Tumba o Axel Hervelle, además de uno de los grandes tiradores de la Euroliga, como es Matt Lojeski, la metralleta del Olympiacos. Venezuela por su parte es la sorprendente vigente campeona de América, título obtenido en México en 2015, un torneo para cuya preparación también jugaron en nuestro país y a punto estuvieron de derrotarnos (un palmeo sobre la bocina de Felipe Reyes nos dio la victoria) Son un equipo muy sólido y guerrero, bien dirigidos por un entrenador harto temperamental como Néstor “Che” Garcia. El responsable del milagro venezolano emprenderá una nueva aventura tras el verano aterrizando en nuestro país para dirigir al Fuenlabrada. No llegará solo, ya que precisamente uno de sus jugadores clave, el base Gregory Vargas, también jugará en el sur de Madrid. Antes, como hemos dicho, los veremos por partida doble en nuestro país. México también prepara la Copa América 2017, con el español Sergio Valdeomillos como seleccionador, y un equipo en el que destacan Jorge Gutiérrez, un ex –NBA que recientemente ha probado suerte en el baloncesto turco, el nacionalizado jugador del UNICS Kazan Paul Stoll, o la metralleta del Fuenlabrada Francisco Cruz. Sorprende sin embargo la ausencia del gran estandarte del baloncesto mejicano, Gustavo Ayón, de quien Valdeomillos ha declarado que necesita descansar tras el calendario tan cargado que ha vivido con el Real Madrid. 



Sobre Lituania sobra cualquier comentario. El partido amistoso con el que cerraremos la gira frente a ellos será una reedición de la pasada final continental en 2015, y es que Lituania siempre es candidata a medallas. Veteranos como Kalnietis y Maciulis, estrellas consolidadas como Kuzminskas, Valanciunas o Motiejunas, y jóvenes valores como Domantas Sabonis, conforman una de las selecciones a seguir durante el próximo Eurobasket.  




RUTA Ñ 2017:

  • ESPAÑA - TÚNEZ
  • 8/0822.45hTenerife
  • ESPAÑA - BÉLGICA
  • 9/0822.45hTenerife
  • ESPAÑA - VENEZUELA
  • 15/0820.45hMadrid
  • ESPAÑA - MÉXICO
  • 18/0820.45hMelilla
  • ESPAÑA - VENEZUELA
  • 20/0820.00hMálaga
  • BÉLGICA - ESPAÑA
  • 23/0820.30hBruselas
  • LITUANIA - ESPAÑA
  • 25/0820.15hVilnius








lunes, 24 de julio de 2017

BURGOS POR FIN ES ACB





Javi Vega, bastión burgalés.



La Aasamblea General de la ACB del pasado Jueves 20 de Julio bien puede considerarse histórica, y es que con la admisión de Gipuzkoa Basket y Miraflores Burgos como nuevos equipos ACB, confirmando así el descenso de Betis y Manresa (negando la posibilidad de volver a la liga de 18 equipos), asistimos a la primera temporada en mucho tiempo en la que se establece auténtica justicia deportiva. Los dos mejores LEB suben a la ACB y descienden los dos peores del pasado curso en la máxima categoría. 


No se veía tal circunstancia desde 2011, cuando UCAM Murcia y Obradoiro ascendían para ocupar el sitio de los descendidos Menorca Basquet y Granada. La intervención de la Comisión Nacional de Mercados y Competencia ha obligado a la ACB a reducir el importe del canon, facilitando así el ascenso de los equipos LEB. La noticia es particularmente justa con los méritos del club burgalés, quien ya había conseguido hasta cuatro ascensos en la pista en los últimos cinco años que no pudieron ser plasmados de manera administrativa. Uno de los pilares de este último ascenso del Burgos ha sido Javi Vega, jugador que ha sido noticia durante los últimos días al ser convocado por Sergio Scariolo para la España B que actualmente disputa un tour de partidos internacionales y de la que saldrá el decimosegundo jugador que completará el roster definitivo para afrontar el próximo Eurobasket. Es la primera vez en la historia en la que un jugador LEB es convocado para la selección absoluta, de modo que otro dato histórico alrededor del club burgalés.   



Por otro lado, el hecho de que de nuevo volvamos a vivir una liga con número impar de equipos y por tanto con un club descansando al menos dos jornadas durante toda la liga seguro que ha sido bien recibido por los equipos que compiten competiciones europeas, especialmente los que lo harán en la durísima Euroliga, que de nuevo se basará en el formato de “todos contra todos” con nada menos que 30 partidos de liga regular entre los mejores equipos del continente.  

miércoles, 19 de julio de 2017

LA AMENAZA AMARILLA



"Son los chinos, que se han unido,
y no se dan por vencidos.
Han saltado la Muralla,
se están pasando de la raya"

(Los Nikis, "La Amenaza Amarilla", 1981)




Stephon Marbury, el pionero. 



Si hablásemos de una competición a la que de una tacada llegan jugadores como el campeón olímpico y estrella de la selección argentina Luis Scola; el último máximo anotador de la Liga Endesa, Edwin Jackson; el MVP de dicha liga en 2016, Ioannis Bourosis; un miembro del Quinteto Ideal de la Euroliga en 2014 como Keith Langford; un campeón de dicha competición en 2016 y que ha jugado cinco final fours como es Aaron Jackson; un miembro del Quinteto Ideal de la Liga Endesa en 2015 llamado Justin Hamilton; un campeón de la última Eurocup, Kyle Fogg, o una metralleta antigua estrella universitaria que responde al nombre de Sonny Weems, cualquiera pensaría que estamos hablando de alguna de las ligas europeas más potentes y atractivas económicamente ahora mismo, como sucede con la VTB del baloncesto ex –soviético o la actual liga turca, o, como no, una ACB que frente a viento y marea se sigue mostrando como la liga europea más fuerte del continente. Algunos aficionados se sentirán muy sorprendidos, sin embargo, si les decimos que estamos hablando de una liga que responde a las siglas de CBA, y que no tiene nada que ver con la extinta liga profesional norteamericana, si no que se establece en el vasto territorio de la República Popular China. 

En efecto, China se posiciona como una de las grandes potencias económicas del baloncesto actual, capaz de competir con clubes de Euroliga y con la mismísima NBA a la hora de atraer grandes figuras del mundo de la canasta. Habíamos advertido de sus posibilidades hace años, cuando Stephon Marbury, después de una trayectoria NBA que no acababa de enderezar debido a su mala cabeza, llegaba al Shanxi chino y comenzaba a contar dólares. Parecía un caso aislado, otra excentricidad más de un personaje como Marbury al que no puede uno tomarse en serio. Pero muchos NBA comenzaron a seguirle. Gilbert Arenas, Andray Blatche, Al Harrington, Metta World Peace, Jordan Crawford, Miroslav Raduljica, o el oriundo Jianlian Yi siguieron los pasos del base de Brooklyn para darle lustre a una liga en innegable crecimiento. Podía resultar hasta comprensible para estos jugadores, sin posibilidades de ganar el anillo y muy lejos de sus mejores años como deportistas, China les ofrecía un salario jugoso y una liga atractiva, con gran cobertura mediática y legiones de fans que los idolatran. Divertirse haciendo lo que les gusta y seguir cobrando una buena cantidad de dinero. Puede entenderse también el caso de Scola, habiendo ganado casi todo en su carrera, con 37 años, y buscando un último contrato que le deje aún más protegido cuando llegue la jubilación. Pero resulta más inesperado ver a jugadores en los mejores años de sus carreras, como Hamilton o Edwin Jackson, o aún con tanto baloncesto por dar como Bourousis o Sonny Weems, renunciar a la gloria de luchar por títulos en Europa. En estos días en los que se está atacando con tanta saña a Sergio Rodríguez por su fichaje por el CSKA, ¿qué deberíamos decir de estos jugadores? Lo cierto es que se abre un nuevo escenario que el aficionado debe asimilar. Ya no es sólo la NBA con la locura de su nuevo límite salarial, ya no es sólo la liga turca con sus calientes liras, y ya no es sólo el incontestable poder ruso del CSKA (y en menor medida de equipos como Khimki o Unics Kazan), el baloncesto chino es una amenaza real para cualquier equipo de Euroliga. Que nadie piense en un Real Madrid o Barcelona obligados a tener superplantillas y 15 superestrellas en sus rosters. La amenaza amarilla, que cantaban Los Nikis, al menos al nivel de baloncesto, ya es toda una realidad. 





martes, 18 de julio de 2017

EL NUEVO SOLDADO DEL EJÉRCITO ROJO





Sergio y Milos invierten sus caminos.





Sergio Rodríguez vuelve a Europa. Después de su agridulce experiencia en Philadelphia y no conseguir ninguna oferta NBA ,en Europa el CSKA de Moscú apuesta por él para suplir a una de sus grandes figuras, un Milos Teodosic quien emprende el viaje inverso para reemplazar a Chris Paul en la dirección de juego de Los Angeles Clippers. Teodosic va a la NBA con la vitola merecida de ser uno de los mejores bases de Europa, rango que el mismo Sergio Rodríguez ostentaba después de haber deslumbrado en el Real Madrid de Laso, llegando a ser MVP de Euroliga en 2014. Veremos cómo le va al bueno de Milos, pero lo que vuelve a quedar patente tras el pasado curso del Chacho es la enorme dificultad para un base europeo de consolidarse en la actual NBA. En ese sentido resulta sangrante ver como se sigue poniendo en duda la carrera de Ricky Rubio, único europeo en la posición de base junto a Goran Dragic capaz de robar algo de protagonismo a los estadounidenses en esta auténtica edad dorada de la NBA en la posición de base. Si antaño era el pívot ese jugador quintaesencial, esa piedra filosofal sobre la que los equipos buscaban desarrollar su juego, ahora es el base el gran protagonista y un movimiento como el de Chris Paul a Houston Rockets provoca un inevitable efecto dominó a ambos lados del Atlántico. 



Parece el CSKA un equipo a la medida del Chacho. Con un entrenador como Dimitris Itoudis, quien al igual que Pablo Laso gusta de un baloncesto de corte ofensivo y de un ritmo alto en el juego, y evidentemente un equipo aspirante a todo título en juego. En lo económico la oferta resulta sencillamente mareante, de ser ciertos los 10.7 millones de euros por tres temporadas. Esto le convierte directamente en el jugador mejor pagado de Europa, por delante de Alexey Shved, otro jugador realmente genial y capaz de jugar en las posiciones de base y de escolta quien sin embargo también fracasó en la NBA como tantos europeos y de su nuevo compañero Nando de Colo, otro de los “killers” de la actual Euroliga, pero quien también debemos recordar que su paso por la mejor liga de baloncesto del mundo fue bastante discreto. Hablamos en estos tres casos de los únicos jugadores de Europa cuyo sueldo pasa actualmente de los tres millones de euros al año. 



No cabe duda de que Sergio Rodríguez dejó huella en la ACB y en el Real Madrid como presumiblemente lo hará en un CSKA en el que tendrá mando absoluto y será la gran estrella junto al citado De Colo, además de base titularísimo, ya que hay que recordar que además de la salida de Teodosic a la NBA los rusos han visto como su director de juego de rotación, Aaron Jackson, se ha sumado a la lucrativa moda de enrolarse en el económicamente poderoso baloncesto chino (al igual que jugadores como Bourousis, Scola, Langford, u otro Jackson, Edwing, máximo anotador de la última temporada en la ACB), por lo que la importancia del Chacho en el equipo moscovita, qué duda cabe, será todavía mayor que la que tenía en el Madrid de Laso. El aficionado a Euroliga por lo tanto podrá disfrutar de la magia tinerfeña de nuestro base internacional, aunque por desgracia sea en uno de los grandes rivales de nuestros equipos para alzarse con el título continental. Y es que en efecto, Sergio Rodríguez dejó una grandísima huella dentro del Real Madrid, tanto es así que ese pequeño pero ruidoso grupo de aficionados carentes de cultura deportiva pero plagados de fanatismo se han lanzado a las redes sociales para recurrir de nuevo al habitual exabrupto. Si ya el pasado verano su marcha a Philadelphia fue una afrenta (pese a que curiosamente este tipo de aficionados que se califican a si mismos de muy madridistas e intensos, y por tanto enemigos de la parte de la afición a que ven como corriente dañina y dominante y a la que han bautizado como “piperos”, siguen teniendo en un pedestal a Drazen Petrovic como ejemplo de ídolo y mito madridista del mundo de la canasta, cuando en realidad no ha habido jugador que haya protagonizado una jugarreta más sucia con el Real Madrid que el genio de Sibenik cuando huyo a Portland sin despedirse de nadie y a dos días de empezar la temporada), que en su retorno a Europa el Chacho vista el rojo del CSKA y no el blanco madridista ya es el colmo de los agravios. Pero la realidad es que es imposible que Sergio Rodríguez jugase la próxima temporada en el Real Madrid, por mucho que nos duela a los fans, por la sencilla razón de que el Real Madrid no ha intentado en ningún momento su fichaje. 




Jugando a meternos en las cabezas de Laso, Herreros y compañía, la cosa puede tener hasta su lógica. Llull y Doncic, pese a las protestas de los ortodoxos, han funcionado como bases. Es cierto que son jugadores polivalentes, sobre todo el esloveno, capaces de alternar distintas posiciones, pero para Laso son bases. El menorquín no tiene nada que demostrar, sencillamente está en el mejor momento de su carrera, mientras que el joven Luka domina el juego desde la dirección del mismo, en la posición que siempre ha reconocido como su favorita. Con dos jugadores de este calibre no es fácil la convivencia de un tercer base estelar. La situación es muy distinta a la de hace dos temporadas, cuando Doncic esperaba pacientemente aceptando el papel de tercer base. Dontaye Draper no ha aportado las soluciones que Laso esperaba y hace semanas que el club decidió apostar por Facundo Campazzo, jugador en propiedad de los blancos y quien ha realizado dos campañas excelentes en Murcia, como el tercer hombre a la hora de dirigir el equipo. Es cierto que desde la secretaria técnica se vigilaban los movimientos de Sergio Rodríguez, pero no hay constancia de ninguna oferta oficial al jugador y a buen seguro hubiera sido imposible exhibir el músculo monetario de un CSKA que vuelve a demostrar su calidad de club más poderoso económicamente del continente. El retorno del canario al Viejo Continente sólo podía contemplarse en uno de los grandes de Europa, como así ha sido. Es posible que si Llull hubiese decidido el salto a la NBA, o Doncic, por alguna razón, no siguiese la próxima temporada en el Madrid, o incluso si el club no tuviese en la recámara a uno de los mejores bases ACB de los dos últimos cursos, como ha sido el argentino Campazzo, la entidad presidida por Florentino Pérez hubiese echado el resto y hecho el esfuerzo para volver a vestirlo de blanco, como hizo en su momento con el contrato de Rudy Fernández, desistiéndole de jugar en el Barcelona, o como más recientemente ha hecho con la renovaciones de Llull y Ayón. Calificar de “traición” el fichaje del Chacho por el CSKA de Moscú sólo puede entenderse desde el forofismo más recalcitrante. Y es que mientras Sergio Rodríguez mantiene una magnífica relación con los trabajadores del club y con los ex –compañeros con quienes vivió los mejores años de su carrera deportiva (con algunos de los cuales volverá a intentar darnos otra alegría a finales de este verano con otra camiseta roja, en este caso la de la nuestra selección nacional), algunos aficionados siguen empeñados en buscar guerras civiles y emponzoñar el deporte más espectacular y disfrutable del mundo con sus explosiones biliares. Suerte al Chacho en su nueva andadura, porque la magia no conoce de colores, y poco importa que sea blanca o roja, si no que nos siga haciendo estremecer.  


Y por encima de todo debería estar el respeto hacia el deportista, máxime cuando hablamos de uno que ha sido capaz de hacernos disfrutar a todos los españoles durante tantos años con la camiseta de la selección española, y a nivel de clubes tanto a los de Estudiantes como los de Real Madrid como simplemente a quienes disfrutan de buen baloncesto sin forofismos. Por encima de todo el comprender que un ser humano, sea cual sea la disciplina a la que se dedique, tenga la libertad de poder escoger su próximo camino. En ese sentido tan respetable debería ser la decisión de quien prefiere desarrollar su carrera el mayor tiempo posible en el mismo club como la de quien busca constantemente nuevos retos, ¿o acaso alguien pensó que Pau Gasol cuándo dejó aquellos Lakers a la deriva para enrolarse en unos Chicago Bulls en crecimiento era un pesetero, un judas, un traidor y un mercenario, como se está calificando al Chacho?, ¿y cuándo dejó Chicago para ir a San Antonio, donde sus opciones de gloria eran aún mayores y le doblaron el sueldo? Sergio Rodríguez acertará o no en su decisión, pero hay una cosa impepinable: es su decisión, y como tal no compete a nadie más que él. Que nadie nos juzgue por nuestras decisiones, sea cual sea el ámbito en el que las tomamos.  





sábado, 8 de julio de 2017

LA NBA MODERNA Y LA MEMORIA SELECTIVA





Los MVPs unidos jamás serán vencidos



¡Qué no pare la locura! Si el verano pasado Kevin Durant hacía tambalear los cimientos de la NBA con su decisión de enrolarse en Golden State Warriors para convertir a la actual plantilla de Oakland en posiblemente el mejor equipo de la historia conocida (vistas sus series de play offs, el debate es totalmente válido), este año la tendencia parece seguir en aumento. Los propios Warriors añaden a su arsenal a Nick Young, un tirador letal que promedia 18.3 puntos por partido en su carrera NBA y viene de lanzar por encima del 40% en triples en su último curso con los Lakers. Más dinamita para la fiesta ofensiva de Steve Kerr. Stephen Curry, para dejar constancia que sigue siendo el líder de los pistoleros más letales del Oeste, consigue el contrato más alto de la historia del baloncesto, con sus 200 millones a repartir en cinco años. Las cifras marean. ¿Y qué hacen los demás equipos ante esto? Intentan seguir la desorbitada estela de poner dólares encima de la mesa y juntar figuras a tutiplén, dando la sensación de que estemos asistiendo a una liga que, metáfora del mundo en el que vivimos, las desigualdades son cada vez más evidentes. Recurriendo al viejo axioma izquierdista, se podría decir que “los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres” (pese a la presunta apariencia de “nuevos ricos” que puedan tener equipos como los nuevos Timberwolves de Jimmy Butler… o aquellos “experimentos” del estilo de los Brooklyn Nets de Mijail Projorov que fue un fiasco absoluto)  


Chris Paul se va a Houston para junto a James Harden formar el mejor perímetro de la NBA, Paul George en Oklahoma City intentará hacer olvidar a Durant, y junto al MVP y rey del triple-doble Russell Westbrook formar un dueto ambicioso para intentar plantar cara a los todopoderosos Warriors. Los Clippers, ante la salida de Paul, atan a su otra gran estrella, Blake Griffin, con un contratazo de escándalo de 35 millones de dólares al año, mientras confían en Europa para no perder comba con el italiano Gallinari y la llegada, por fin, de Milos Teodosic a la NBA (lo que va a provocar otro efecto dominó en la posición de base en los equipos de Euroliga que habrá que seguir atentamente) Los eternos Spurs se “conforman” con un Rudy Gay venido a menos, pero que sigue siendo un alero de totales garantías para junto a Leonard, Aldridge y Pau Gasol seguir siendo una de las perennes potencias del Oeste.   


¿Y en el Este? Las desigualdades parecen todavía mayores. Sólo Boston parece poder aspirar a derrocar el reinado de Cleveland en su conferencia. Y de qué manera. La contratación de Gordon Hayward, en una decisión que ha tenido en vilo a toda la liga y protagonizada por un jugador que curiosamente hace cinco años parodiaba “The Decision” de LeBron James en un video subido a las redes sociales, les convierte en uno de los equipos más poderosos de la liga. Pero la ambición de Danny Ainge no se detiene aquí y ahora su gran objetivo es Marc Gasol. Isaiah Thomas, Gordon Hayward, Al Horford y Marc Gasol juntos, el sueño de los actuales Celtics.  


Es la NBA de los “superequipos”, una liga que se vanagloriaba de que gracias a su tope salarial y el sistema de draft no se establecían grandes dinastías y un equipo que en un momento dado fuera de los peores de la competición en apenas 5 o 6 años podía convertirse en aspirante al título. Es difícil tener hoy día esa sensación, y lo cierto es que equipos como Brooklyn, Philadelphia, Detroit, Charlotte, Orlando, Sacramento, New Orleans o, quien iba a decirlo, Los Angeles Lakers, parecen hermanos muy muy pobres en la mejor liga del mundo. Pese a tener buenos jugadores y al menos una gran estrella en sus rosters, no pueden competir con las franquicias que han logrado aglutinar a varios jugadores all-star. Como aquellas “superbandas” del pasado, cuando Eric Burdon se juntaba con Steve Winwood, o cuando Bob Dylan, George Harrison, Tom Petty, Jeff Lyne y Roy Orbison se lo pasaban en grande tocando y grabando juntos. 


Todo esto tiene mosca a algunos aficionados, quienes dependiendo de sus particulares fobias buscan culpables en algunos jugadores. Hay quien habla de Durant y su marcha a Oakland, otros de LeBron, por dos veces culpable (primero en Miami con Wade y Bosh, luego en Cleveland con Irving y Love), echando la vista más atrás podríamos hacerlo con Ray Allen y Kevin Garnett uniéndose en Boston con Paul Pierce, o incluso con Gary Payton y Karl Malone buscando el anillo en los Lakers de Kobe y Shaquille. Cada uno de estos movimientos tiene sus matices, evidentemente, no es lo mismo irte a un equipo sin apenas bagaje que busca empezar de cero (cosa que hizo LeBron en su regreso a Cleveland, o incluso en Miami, franquicia que aunque había sido campeona sólo mantenía a Wade como vestigio del pasado exitoso) que a un equipo campeón, o hacerlo, en la recta final de tu carrera, como hicieron Payton y Malone y en menor medida Allen y Garnett que hacerlo en tu plenitud como deportista. En ese sentido, si se trata de hacer un juicio, no me cabe duda que nadie es más “culpable” que Durant, en el mejor momento de su vida deportiva uniéndose a una franquicia que llevaba dos años seguidos dominando el Oeste, que habían ganado el anillo un año antes, y que venían de dejar un registro para la historia con aquel 73-9 en “regular season”. 


El aficionado crítico con la NBA actual y nostálgico del pasado encuentra así otro argumento más para disparar al baloncesto profesional estadounidense. Pero como suele suceder en estos casos no hay nada nuevo bajo el sol, y sólo la memoria selectiva de dicho aficionado hace que olvide que, precisamente la década de los 80, curiosamente la más añorada por el aficionado que desprecia la NBA actual, fue la que mayor desigualdad produjo entre equipos, hablando además de una época en la que había menos equipos y por tanto menos jugadores, con lo cual la concentración de talentos en unas pocas franquicias era más cruenta para el resto de equipos. Se sigue añorando la rivalidad Celtics-Lakers de los 80 como ejemplo de buen baloncesto de aroma “old school” y despreciando la NBA actual, cuando la realidad es que precisamente esa rivalidad se sustentó en la creación de auténticos “superequipos” desde los despachos de ambas franquicias.  




Los Celtics de los 80, ingeniería Auerbach para ganar anillos.



Los “Orgullosos Verdes” de Boston, quienes habían dominado la NBA como nunca jamás se ha vuelto a ver en la historia durante toda la década de los 60 (excepto en 1967 ganaron el anillo todos los años de aquel decenio), resistían en unos años 70 (dos títulos, en el 74 y el 76) cuya segunda mitad de década parecía amenazar cierto declive (retiradas de Don Nelson y John Havliceck, el traspaso de Paul Silas) Había que acertar en el draft (Cedric Maxwell) y tirar de despachos. Así es como llegan nombres ilustres a la franquicia verde del calado de Bob McAdoo, Nate Archibald y Pete Maravich. En 1978 eligen en el número 6 del draft a Larry Bird, pese a que le quedaba un año universitario que cumplió, por lo que no pudieron contar con su mejor jugador de los 80 hasta un año después. Precisamente en 1980 escogían a Kevin McHale con el número 3, un verano en el que llegaría a Boston una de las grandes estrellas de la NBA como era Robert Parish, quien llevaba dos temporadas consecutivas promediando por encima de los 17 puntos y 10 rebotes por partido en Golden State Warriors. Por si fuera poco para reforzar el puesto de base en 1983 llegaba un jugador que había sido cuatro veces All-Star y MVP de unas finales, Dennis Johnson, y como guinda al pastel en 1986 nada menos que Bill Walton, campeón de la NBA con Portland en el 77, MVP de aquellas finales, y MVP de la NBA en 1978. Súmenle a todo eso estrellas como Cedric Maxwell y Nate Archibald (sigue siendo el único jugador en la historia que ha liderado en una misma temporada regular puntos y asistencias) Sólo Danny Ainge, un sorprendente segunda ronda de draft, no tenía vitola de estrella en el núcleo duro de aquellos Celtics de los 80 (vitola que con justicia acabaría adquiriendo, claro) En aquel 1986 ya no están Maxwell ni Archibald, pero con Bird, Johnson, McHale, Parish y Walton hablamos de cinco all-stars, tres MVPs de unas series finales, y dos MVPs de temporada regular. Nada que envidiar en cuanto a concentración de talento a los actuales Golden State Warriors. 


Su némesis por aquellos años, Los Angeles Lakers, no se quedaban atrás a la hora de coleccionar estrellas. Kareem Abdul-Jabbar, uno de los mejores pívots de la historia, ya llevaba tres años cuando se hacen con el número 1 del draft de 1979, el genial “Magic” Johnson. Tres años después se hacen con otro número 1, James Worthy. Al año siguiente consiguen vía trade a un jugador de segundo año que había sido número 4 en 1983, Byron Scott. Por aquellos años recordarán que ya andaba por allí otra estrella como Jamaal Wilkes, fichado en 1977 y Rookie of The Year dos años antes, además de campeón en Golden State Warriors. Los Lakers ganan nada menos que cinco títulos durante los 80, con rosters plagados de números 1 del draft y jugadores All-Star. ¿Les sigue pareciendo tan novedoso lo de los Cleveland o Golden State actuales?   



Es cierto que equipos posteriores como los Detroit Pistons o los Chicago Bulls no se forman con tanta espectacularidad desde los despachos, pero aun así necesitan movimientos claves para convertirse en campeones (el traspaso de Dantley por Aguirre, o el traspaso que lleva a Scottie Pippen a Chicago desde Seattle, donde no llega ni a jugar), y hay que recordar que incluso un jugador como Clyde Drexler no pudo ganar el anillo hasta que unió sus fuerzas con Hakeem Olajuwom en Houston a mediados de los 90.  



Y es que en realidad, como la historia misma de las desigualdades económicas en el mundo, de la riqueza y de la pobreza, la historia de las desigualdades de talento en las franquicias NBA es tan vieja como la misma humanidad.  





Clyde Drexler consiguió en Houston lo que no pudo en Portland




miércoles, 5 de julio de 2017

EL JAZZ IMPROVISADO DE RICKY RUBIO







“El jazz trata acerca de estar en el momento presente”, dijo en una ocasión uno de los mejores músicos de esta disciplina de la historia, el genial pianista Herbie Hancock (aunque a muchos de ustedes el nombre no les diga nada, seguro que han escuchado infinidad de veces sus canciones, o al menos muchos de sus riffs de teclado en samplers de otros artistas) El momento presente lleva a Ricky Rubio, tras varios años de rumores de traspaso, a Salt Lake City, a vestir la camiseta de los Utah Jazz que luciera otro genio español como Raúl López, y tiempo antes aquel maravilloso Pete “Pistol” Maravich con el que tanto asemeja físicamente, a otro equipo joven y en reconstrucción pero que a diferencia de Minnesota si habían conseguido dar con la tecla para el correcto crecimiento (son actuales semifinalistas del Oeste), claro que nada va a ser lo mismo después de conocerse que su gran estrella y agente libre este verano, Gordon Hayward, haya decidido enrolarse en unos Boston Celtics que buscan ser la gran alternativa en el Este a los Cavaliers de LeBron James. La fórmula de Utah pintaba bien, alrededor de una gran estrella como Hayward, equilibrar la experiencia de sobrios veteranos como Joe Johnson o Boris Diaw junto a la pujanza de jóvenes valores como Rudy Gobert, Rodney Hood o Derrick Favors. La llegada de Ricky Rubio, director de juego puro solicitado por el mismísimo Hayward, en detrimento de un base anotador pero de los peores asistentes como George Hill (un pobre promedio de 3.3 asistencias en su carrera NBA), hacía ilusionar enormemente a la afición de los Jazz, pensando en un quinteto explosivo con Ricky Rubio, Rodney Hood, Gordon Hayward, Derrick Favors y Rudy Gobert. La cosa sonaba muy bien, pero definitivamente Ricky parece no tener suerte en su trayectoria NBA, por no hablar del consabido tema de las lesiones.


Deja Rubio seis años en Minnesota en los que si bien no ha logrado llevar a la franquicia a play offs, el crecimiento del equipo ha sido palpable (excepto hace dos temporadas, en las que el “tanking” fue evidente), alcanzando su mejor momento en la 2013-14, con un balance de 40 victorias y 42 derrotas, lo que suponía el mejor registro de los Wolves en nueve años. Curiosamente fue la única temporada en la que Ricky no se perdió un partido, jugando los 82 de la temporada regular, y también curiosamente (o no tan curiosamente) el pésimo curso siguiente coincide con la campaña en la que Rubio está más ausente de las pistas (sólo juega 22 partidos) Lo cierto es que tan sólo seis años han bastado para que Ricky se haya convertido en un jugador histórico de la joven franquicia de Minnesota. De hecho se despide de los Lobos como el máximo asistente por partido (8.5) y recuperador de balones (2.1), e igualmente en estadística avanzada con el mejor porcentaje en asistencias (39.2) y robos (3.4) Es el séptimo jugador que más partidos ha jugado en esa franquicia (353), el sexto en minutos, y ojo, el décimo triplista de la historia de Minnesota (sí, pese a todas las críticas sobre su tiro, sólo 9 jugadores en la historia han anotado más triples que Ricky vistiendo esa camiseta), también es el séptimo que más tiros libres ha anotado, y ojo a este dato, el décimo máximo reboteador defensivo de la historia de los Wolves. También es el segundo máximo asistente que jamás haya vestido la camiseta de los de Minneapolis (y recordamos que es el mejor por partido) y el segundo mayor recuperador de balones de todos los tiempos en Minnesota (y posee el record de mayor número de robos de balón en una temporada) En estadística avanzada también aparece en el Top 10 de varias estadísticas, como en las de los “win shares” (estadística que creó Bill James en béisbol y que refleja la contribución de un jugador cada temporada en relación a sus compañeros) En los “win shares” generales figura el quinto mejor de la historia, y en defensa el cuarto. En otra estadística compleja, el “Value Over Replacement Player”, que estima la contribución del jugador frente a sus suplentes, figura el quinto en la historia. Por último, hay que recordar que deja también un buen número de records en un partido, destacando especialmente el de mayor número de asistencias en un encuentro en la historia de Minnesota, con los 19 pases de canasta que repartió precisamente en la recta final de la pasada temporada, cuando parecía estar jugando el mejor baloncesto de su carrera. No está nada mal con 26 años, después de 6 temporadas en la misma franquicia, figurar en varios de los Top 10 estadísticos por mucho que hablemos de una franquicia no precisamente histórica y en la que Kevin Garnett, no podía ser de otro modo, copa casi todas las categorías.  



Y todo ello asumiendo que no ha sido Ricky Rubio precisamente un jugador al que las cosas le hayan ido de cara. Incluso su salida de Minnesota, que podría entenderse una liberación al dejar una de las franquicias cuyo progreso parece más lento y tortuoso, se produce un verano en el que desde los despachos de los Wolves se ha apostado fuerte con el traspaso que ha llevado a Jimmy Butler al Oeste a cambio de Zach LaVine y Kris Dunn, lo que parecía otorgar plenos poderes a Ricky en la dirección del juego y una muestra de la total confianza de Thibodeau en el español. Nos relamíamos con la posibilidad de un quinteto tan potente como Ricky-Butler-Wiggins-Dieng-Towns cuando días después nos sorprendía el traspaso de Ricky a Minnesota, dejando a los Wolves sin bases. Finalmente el elegido por Thibodeau ha sido Jeff Teague, otro talentoso play-maker, no tan buen director y sin la visión de Ricky, pero con una capacidad anotadora muy superior. Ciertamente los Wolves han conformado un quinteto que sobre el papel es de los más potentes del Oeste y que les debería llevar sin problemas a los play offs. Otra cosa es que funcione la química con tanto jugador que mira aro (habrá que ver cuantos tiros le dejan al pobre Giorgi Dieng), pero esa es una lucha que ya no nos interesa. Ahora nuestra intención se centra en ver cómo le sienta a Ricky la llegada a su nuevo club. Siguiendo con frases de jazz, decía George Gerwhin que tanto en la vida como en el jazz lo mejor era improvisar. Con la marcha de Gordon Hayward, a Ricky y sus nuevos compañeros no les toca otra que improvisar y esperar que la melodía suene afinada. De momento no podrían tener mejor director en la batuta del jugador español. Ahora queda ver cómo responden los solistas.