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miércoles, 2 de agosto de 2017

EL CHACHO NO FUE EL ÚNICO



Judas, traidor, mentiroso, mercenario, pesetero… son algunos de los, quizás los más suaves, calificativos que ha recibido en las últimas semanas el base Sergio Rodríguez tras oficializarse su fichaje por el CSKA. Pese a que por activa y por pasiva se ha recordado que el Real Madrid no llegó a presentar ninguna oferta oficial por el jugador, un sector del madridismo sigue considerando que el Chacho no debería, bajo ningún concepto, vestir la camiseta de uno de los grandes rivales europeos del equipo blanco, en una muestra más de un fanático talibanismo que exige obediencia ciega y casi se diría esclavitud ante la entidad madridista obviando lo más maravilloso que puede tener un ser humano: el libre albedrio.


Hemos recopilado una serie de casos, una decena de nombres, más o menos ilustres del reciente pasado madridista (el que alcanzo a recordar), protagonistas también de desencuentros, salidas precipitadas, fugas y demás vicisitudes… al criterio del lector dejo que lo consideren traiciones, o simplemente escenarios naturales del deporte de elite. Juzguen ustedes.



FERNANDO MARTÍN (1981-1986/1987-1989): Uno de los grandes mitos del baloncesto madridista, y sin duda el gran mito de la década de los 80. En 1985 comienza su idilio con el baloncesto profesional estadounidense, probando con unos New Jersey Nets que se habían hecho con sus derechos vía draft. Pospondría su aventura NBA para el verano siguiente, pese al ofertón del Real Madrid (la prensa de la época habla de unos 50 millones de pesetas, el mayor sueldo de Europa en aquellas fechas), empeñado en retenerle para paliar el golpe de efecto del fichaje de Andrés Jiménez por el Barcelona. El Madrid perdió a su jugador franquicia y la selección española a una de sus estrellas, ya que en aquel momento los profesionales NBA no podían jugar competiciones internacionales. Lejos de suponer un trauma o quebranto emocional, la noticia llenó de orgullo al baloncesto nacional y en particular al madridismo. Su carrera en Estados Unidos fue anecdótica, pero para siempre quedará su condición de pionero, de rompedor de moldes establecidos. Volvió al club de sus amores a la temporada siguiente, donde jugó dos temporadas más hasta su desgraciado fallecimiento aquel maldito domingo de Diciembre de 1989.


DRAZEN PETROVIC (1988-1989): Uno de los mayores genios de la historia de este deporte. Vistió la camiseta madridista sólo una temporada, la cual sigue instalada en la memoria del aficionado blanco. Después de que el Barcelona no se decidiese a contratar al jugador de Sibenik, Ramón Mendoza no se lo pensaba para unir a la “bestia negra” madridista que lideraba la Cibona de Zagreb de los 80 a los Martín, Biriukov y compañía, pese a que eran notorias las diferencias con algunos de los pesos pesados del vestuario blanco (Corbalán e Iturriaga prefirieron abandonar la nave antes de compartir equipo con quien les había humillado tiempo antes en la pista, y con Fernando Martín la relación era inexistente, no podía ser de otro modo cuando Drazen había escupido a la cara al ala-pívot madridista después de que éste le tendiese la mano tras un partido en Zagreb) 160 millones por 4 años fue el contrato firmado por el croata. Contrato que rompió el primer año con su fuga a Portland pese a manifestar en la prensa española que no estaba negociando con la franquicia de Oregon. Tras varios dimes y diretes, finalmente a mediados de Agosto de 1989 saltaron las alarmas cuando el jugador no apareció al entrenamiento matutino del equipo. Tras comprobar que tampoco se encontraba en el domicilio, las investigaciones del club blanco confirmaron que junto a su novia y su representante había cogido un vuelo a Estados Unidos a través de la compañía American Airlines. Desde Portland llegó a declarar a Gigantes que volvería al Real Madrid en tres temporadas. Pese a todo, gran parte del madridismo le tiene en un pedestal.    



Los culebrones de Drazen.



ARVYDAS SABONIS (1992-1995): El “Zar” lituano emprendía su particular camino de redención tras su calvario con el talón de Aquiles con su sorprendente y rocambolesco (algún día hablaremos de ello en profundidad) fichaje por el Valladolid. Pese a no llegar a jugar nunca en su carrera al 100% de sus posibilidades (uno de sus médicos llegó a declarar que lo hacía al 30%), su calidad era tan descomunal que incluso un Sabonis mermado podía dominar Europa. Tras la amarga experiencia con Petrovic, Mendoza se lanzó a por la otra gran figura del baloncesto continental. 300 millones de pesetas anuales tuvieron la culpa. Pero no todo eran días de vino y rosas alrededor del lituano. Lorenzo Sanz, por aquel entonces vicepresidente madridista, era partidario de rebajar el sueldo del “Zar”, y compañeros de directiva incluso hablaban de venderlo, dado lo deficitario de la sección de baloncesto. Se encontraron con la firme oposición del llorado Mariano Jaquotot, quien luchó contra viento y marea por mantener el baloncesto madridista. En 1995 Sabonis acabó contrato y con la Copa de Europa bajo el brazo aceptó la mareante oferta de (otra vez) Portland, desestimando la renovación con el Real Madrid. Se despidió entre lágrimas en rueda de prensa y todo el madridismo entendió que el gran Sabonis merecía probar la aventura NBA. Fue un “rookie” atípico que llegó a jugar 7 temporadas en la franquicia de Oregon. Con 39 años se dio el gusto de jugar su última temporada en su casa, en el Zalgiris Kaunas, haciendo aún un baloncesto de escándalo y siendo MVP de la Euroliga.


JOE ARLAUCKAS (1993-1998): Después de despuntar en Málaga y Vitoria, Ramón Mendoza se hacía en verano de 1993 con los servicios de este ala-pívot de gatillo fácil para formar junto a Arvydas Sabonis una de las mejores (aunque de corta vida, sólo dos temporadas juntos) parejas interiores de la historia del baloncesto madridista. Recordado por su Copa de Europa del 95 y por su record anotador de 63 puntos en Euroliga ante el Buckler Bolonia, en 1996 renovó su contrato por tres temporadas más, de las que sólo cumplió dos. A partir del año siguiente comenzaron las desavenencias con el club, al que amenazó con demandar por impago. Desavenencias centradas en la figura del entrenador Miguel Ángel Martín, quien le llegó a apartar del equipo. En 1998 negociaría con el club la rescisión de su contrato para fichar al año siguiente por el Aris griego.   


DEJAN BODIROGA (1996-1998): El polivalente jugador serbio fichó por el Real Madrid en verano de 1996 por dos temporadas, aunque la intención del club después del primer año era ampliar su contrato. No lo lograron y una vez libre de ataduras contractuales aceptó la desorbitada oferta del Panathinaikos (450 millones por dos años, según la hemeroteca) para jugar en Grecia. Volvería a España… para recalar en el eterno rival, un Barcelona con el que lo ganaría todo. 


RAÜL LÓPEZ (2000-2002/2006-2009): Aunque parezca mentira a día de hoy, en aquella espectacular generación de los “Juniors de Oro” que ganaron sendos campeonatos europeo y mundial en 1998 y 1999, la gran estrella no era Pau Gasol (de hecho era suplente, siendo Germán Gabriel y Felipe Reyes la pareja interior titular) Al de Sant Boi se le veían maneras, pero al igual que en fútbol la revolución parecía llegar con los “bajitos”, con una pareja exterior absolutamente espectacular formada por Juan Carlos Navarro y Raül López. Con sólo 20 años el base de Vich era el protagonista del segundo traspaso (tras Milan Gurovic) más caro de la historia de la ACB. 350 millones de pesetas depositaba un recién llegado Florentino Pérez en las arcas del Joventut de Badalona para hacerse con los servicios del joven mago, quien no obstante se presentaba al año siguiente al draft de la NBA para ser elegido en el puesto 24 por Utah Jazz. Cumplió dos años de su contrato de cinco, y una vez pagada su cláusula de salida voló a Estados Unidos con el sueño de convertirse en el sucesor de John Stockton, tarea que no tengo duda hubiera culminado de no haber sido un asiduo visitante de enfermerías y quirófanos. El Madrid se guardaba sus derechos para Europa, pero la realidad era que tres años después el genio barcelonés volvía a la ACB, sí, pero al millonario Akasvayu Girona después de un acuerdo entre el club catalán y el Madrid, a pesar de que el conjunto entrenado por aquel entonces por Maljkovic no tenía base puro (Mous Sonko desempeñaba esa labor) Después de una mala temporada de los blancos, el club iría decididamente a por el base, convirtiéndose en pieza clave del equipo de Joan Plaza hasta que Ettore Messina decidió no contar con sus servicios.


MICKAEL GELABALE (2004-2006): Una de las apuestas de un Boza Maljkovic quien demostraba tener buen ojo con los jóvenes (fue el responsable también de la llegada del belga Hervelle) fue el alero francés fichado por dos años con opción a otros dos más. El club no pudo ejecutar dicha opción ya que el jugador escuchó la llamada de la NBA y dejó que Seatlle Supersonics ayudase a pagar su cláusula de salida de 700000 dólares. Fue uno de los jugadores claves en el mítico final de liga en el Buesa Arena. Aquel increíble parcial de 0-9 en 48 segundos para dar el título a los de Maljkovic se abre precisamente con un triple del francés.   


NIKOLA MIROTIC (2008-2014): Hasta la irrupción de Luka Doncic, se trataba de la gran perla de la cantera madridista. Con sobrada calidad para la NBA, se presentó al draft de 2011, del que salió elegido en el puesto 23 por Chicago Bulls. Pero no manifestaba prisa por emprender la aventura americana. Incluso en una entrevista concedida a Gigantes del Basket dejaba claro que no se iría del Madrid hasta que no ganase la Euroliga. Sin embargo en el tumultuoso verano de 2014, con la amargura de haber perdido las finales de Copa de Europa y Liga ACB, y a pesar de tener contrato en vigor (y de que el propio club le ofrecía una mejora del mismo), hacía las maletas rumbo a Ohio, desde donde se sigue declarando madridista confeso y sigue tanto a las secciones de fútbol como de baloncesto.


MARCUS SLAUGHTER (2012-2015): El “patito feo” del Madrid de Laso. Cuestionado al principio, acabó ganándose el corazón de los aficionados por su entrega y capacidad defensiva en la cancha, y su implicación con la causa madridista (recordada es su presencia en Munich entre los jugadores del equipo de fútbol tras el 0-4 en Champions) Tanto amor por el Real Madrid no le impidió, no obstante, y pese a tener contrato en vigor, aceptar una muy superior oferta del baloncesto turco, prácticamente triplicando su sueldo. Laso aún le echa de menos.   




Slaughter, madridista feliz... en Turquía.




WILLY HERNÁNGOMEZ (2015-2016): Otra joya de la cantera madridista. Aunque sólo jugó una temporada completa con el equipo senior, en la temporada 2012-13 ya debuta con el primer equipo, siendo posteriormente cedido al Cajasol sevillano. No obstante aquel verano de 2013 el club blanco le renovaba hasta 2017. En 2015 volvía a su entidad de origen, pero su impaciencia por jugar en la NBA le hacía no cumplir su último año. Lo cierto es que parece irle mejor al otro lado del charco, de modo que todos contentos. 



Después de refrescarnos la memoria con estos casos conocidos, cada uno de ellos distinto como distinto es el del Chacho, ¿merece realmente Sergio Rodríguez el linchamiento al que está siendo sometido? En mi opinión, en absoluto. ¿Cuál es entonces la diferencia con otros jugadores que abandonaron el club buscando mejorar su carrera profesional, pero siguen siendo queridos por el aficionado madridista? Creo, por un lado, que gran culpa la encontramos en la existencia de las “redes sociales” (que no padecieron jugadores como Martín o Petrovic), en especial una herramienta como Twitter que no pocas veces ha mostrado el peor lado del ser humano. Una red social en la que es norma jalear desgracias ajenas o insultar desde el anonimato, consigue crear una desastrosa tendencia de una fuerza desproporcionada, y es que los energúmenos “tuiteros”, quienes ellos mismos se vanaglorian de ser “haters” o “trolls” de internet, son los menos, pero son los más escandalosos. Hacen mucho ruido y cuales flautistas de Hamelin consiguen finalmente que muchos aficionados más o menos sensatos se sumen al linchamiento, como ese ejemplar padre de familia incapaz de proferir un exabrupto en su casa o en su trabajo, pero que los domingos, enervado por la fuerza grupal y el sentimiento de tribu se sorprende a sí mismo recurriendo a los más gruesos insultos al árbitro o jugador rival de turno en el campo de fútbol. El viejo mito de Jekyll y Hyde o las teorías freudianas del Yo, Ello y Superyo. El uso de la red social y su cobarde ventaja del anonimato para sacar a pasear tu lado oscuro. Por otro, que hablamos de un jugador tan capital que la huella dejada en el baloncesto madridista todavía es muy profunda. Pese a que algunos intenten engañarse a sí mismos hablando de un jugador sobrevalorado o que no tiene cabida en el Madrid actual, lo cierto es que están recurriendo a un “zorra y uvas” de libro. El Chacho es un jugador absolutamente único, y es ese dolor por haber visto marchar su magia lo que hace que algunos aficionados se pasen de frenada en su llanto por la huida del tinerfeño, de un jugador que marcó un estilo propio y hasta se crearon camisetas con su look barbudo. Sólo cabe confiar entonces en que el paso del tiempo ponga en situación de normalidad la relación de la afición con el genio baloncestístico del Chacho, destinado, guste o no, a ubicarse en un lugar privilegiado dentro del panteón de mitos madridistas.     




El Chacho, creando estilo.



jueves, 25 de junio de 2015

PABLO LASO Y LA CUADRATURA DEL CÍRCULO



Pablo Laso y sus trece estrellas, un equipo para la historia.




Hay que frotarse los ojos a la hora de escribir esta entrada. Y es que no, no estamos soñando, la perfección existe, el curso soñado, la cuadratura del círculo, única manera posible para que el mejor proyecto de baloncesto madridista en los últimos 25 años gane, esperemos, de una vez el crédito necesario para no ser discutido ni torpedeado por un presidente con una peligrosa querencia por cortar cabezas, y por ende, por una parte de la afición (cada vez más pequeña, afortunadamente) que a imagen del líder de la secta vive instalada en una constante amargura incapaz de reconocer los méritos de los héroes madridistas y para la que nunca la vale nada (y para quienes esta temporada histórica no pasará de ser una anécdota y ya estarán exigiendo la décima Copa de Europa, como si fuera tarea fácil)


Duele ahora recordar todas las zancadillas que sufrió Laso el pasado verano por parte de ese presidente que ahora correrá a hacerse fotos con los títulos, duele recordar como desde que llegó el vitoriano atrapó a una gran parte de los aficionados apostando por un juego que hacía décadas no veíamos en el basket blanco mientras el sector resultadista disparaba los cañones negando la evidencia de que el baloncesto madridista iniciaba con Laso un camino que sólo podía conducir al éxito si se dejaba madurar la apuesta y crecer la confianza. Están en su perfecto derecho de celebrar los triunfos de esta temporada y subirse al carro de los que siempre creímos, faltaría más, en todo caso admito que me dan pena ya que se han perdido la alegría que hemos vivido transitando por este camino. Un camino de mucho trabajo,pero de incontable disfrute y diversión, y es que el baloncesto de Laso, por encima de resultados, convierte nuestro deporte favorito en la mejor fiesta posible que puede verse en los últimos cuatro años en el baloncesto FIBA (y en ese sentido recordamos que el juego de la pasada temporada, esa que los resultadistas calificaron de “fracaso”, ha sido hasta el momento la sublimación del juego blanco)


Antes de entrar a analizar estas finales resueltas de un plumazo por la exuberante maquinaria blanca, hay que seguir acordándose de los padres de esta idea. Siempre Laso por encima de todo, soberbio jugador en su momento, magnífico entrenador hoy día. Arquitecto de una ideología baloncestística basada en algo de “run&gun”, en baloncesto de ritmo alto, y en otorgar libertad a los jugadores en ataque (cuestión agradecida sobre todo por jugadores como los sergios, Rudy, o Carroll), pero también con un estupendo trabajo defensivo no lo suficientemente reconocido, y es que sin defensa no puede haber contrataque. En ese sentido aportaciones propias como la defensa “en diamante” o el convertir a Slaughter en un perro de presa capaz de hacer presión en todo el campo al base rival serían un par de buenos ejemplos de que Laso es un técnico maravillosamente anárquico cuando sus jugadores tienen la bola pero minucioso y detallista a la hora de preparar una defensa esculpida en el ferviente deseo de recuperar cuanto antes ese balón que los Sergio Rodríguez o Sergio Llull saben domar hasta conducirlo a besar las redes del aro contrario.


Pero no sólo en Laso se encuentran las claves del Real Madrid 2015, equipo que ha conseguido aunar de manera insultante calidad, confianza y testiculina (ésta última podrían sustituirla por una palabra más vulgar, con lo que podríamos hablar del Madrid “de las tres ces”) El deporte de alta competición necesita de un trabajo coral y no fundamentado en una sola opinión. Contra quienes mantienen que el entrenador debe tener poder absoluto y libertad para confeccionar rosters a su gusto, contratando y despidiendo a su antojo (tal y como sucedió con Messina en este mismo club), está la creencia (que personalmente defiendo) de que la puesta en común de distintas opiniones nacida desde la dirección deportiva enriquece la creación del equipo. En ese sentido recordemos que Laso pedía la renovación de Darden, eficiente profesional cuya entrega fue reconocida por los asistentes del Palacio, pero que ha sido superado claramente por un K.C.Rivers cuyas ráfagas anotadoras han sido absolutamente claves durante algunos de los momentos más importantes de la temporada. La llegada de Maciulis, al volver a ceder a Dani Díez, también se ha demostrado un acierto. La ausencia de Mirotic dejaba un vacío difícil de llenar, y cubrirla con un Nocioni entrado en años sembraba alguna duda entre los aficionados, quienes miraban de reojo y con envidia la contratación de Justin Doellman (uno de los mejores jugadores de la pasada temporada militando en las filas del Valencia y sin duda el mejor en su puesto) por el Barcelona, dudas resueltas de un plumazo cuando el argentino se consagraba como MVP de la Final Four europea. También había que capear la marcha de un jugador como Dontaye Draper, cuya calidad merecía más minutos que los que recibía como tercer base en el Real Madrid. En ese sentido la llegada de Facundo Campazzo no ha supuesto un salto de calidad en la plantilla, más bien al contrario, pero ha “liberado” al técnico vitoriano de repartir minutos entre tres bases de primer nivel, otorgando mayor protagonismo al Chacho y sobre todo a un Sergio Llull que a sus 27 años parece no conocer techo. El trabajo de los denostados Sánchez y Herreros en los despachos ha dado sus frutos, con la guinda de un Gustavo Ayon que ha tardado en demostrar su calidad y aún con todo lo gris que puede resultar el trabajo de un pívot en este Real Madrid diseñado para correr y lucimiento de los exteriores ha sido otro acierto y pieza básica en la rotación de Pablo Laso. Sánchez y Herreros han sido capaces de analizar las virtudes del pasado año en el que el juego del Real Madrid maravilló a toda Europa y pulir los defectos por los cuales “sólo” se coronó campeón de Supercopa y Copa del Rey, perdiendo la final de Euroliga ante un inferior Maccabi Tel Aviv (después de haber realizado uno de los mejores partidos de la era Laso en una descomunal semifinal ante un Barcelona fagocitado desde el minuto 1) Los directores deportivos del Real Madrid han otorgado al equipo actual de un colmillo fundamental para que Laso, cuadrando de nuevo el círculo, haya sido capaz de mantener un estilo de juego de gran valor estético pero con una madurez competitiva que le hace vivir imbuido de una confianza brutal en sus posibilidades. Da la sensación que cada vez que un jugador como Sergio Llull encara el aro rival lo hace sin que la palabra miedo haya figurado jamás en su diccionario, y es que como decíamos el Real Madrid 2015 es el Madrid “de las tres ces”. Calidad, confianza, y co...



Herreros y Sánchez, algo habrán hecho bien.


El rotundo 3-0 con el que los blancos despachan a su eterno rival, ese que parecía haberse reforzado mejor el pasado verano con Satoransky, Doellman y Pleiss, es la guinda perfecta a una temporada que debiera ya ser inolvidable para el aficionado (sobre todo inolvidable porque difícil será volver a vivirla) Una final resuelta de un plumazo. 120 minutos en los que habría que echar la cuenta de cuantos de ellos ha visto al equipo blanco liderar el marcador. Pocas veces se ha visto un dominio tan aplastante. Y eso que el primer punto se ganó en un partido que anticipaba mayor igualdad de la vista posteriormente. El Real Madrid dominaba en un sensacional primer cuarto para después mantener a duras penas las diferencias ante un Barcelona peleón que a pesar de verse once abajo (66-55 a falta de 6 minutos) se reenganchó al equipo gracias a un Hezonja demostrando porque la web nbadraft.net le sitúa como en séptima posición de cara al draft de esta noche. Una vez demostrado que el valiente y arriesgado “run&gun” de Laso se imponía, una vez, más al frío y cerebral academicismo de Pascual, el alero croata decidió deshacerse del corsé táctico y con tres triples seguidos lideró un parcial de 4-13 para poner a su equipo a dos puntos. Pero a este Madrid no le entra el miedo, y el Chacho se sacaba de la chistera una bandeja imposible para volver a pasar la presión al rival. El Madrid no cedería el mando y se llevaría el primer punto por 78-72, dando buenas sensaciones y con un gran Rudy (17 puntos y 4 rebotes), pero sin poder imaginar ni por asomo lo que acontecería dos días después.


Y es que en el segundo partido de las series finales el Madrid de la era Laso volvió a dejar otro partido para el recuerdo frente su rival histórico, otro match para las videotecas que acompañar a exhibiciones como la final de la Copa del Rey 2012 (74-91 en el primer título de la era Laso), o la semifinal continental de la Final Four 2014 (62-100 para los blancos) El 100-80 final es el reflejo de lo que se vivió desde el salto inicial. Un Real Madrid desbocado y liderado por ese potro llamado Sergio Llull, quien entre rumores de su marcha a la NBA se despachó con 24 puntos y 5 asistencias que cimentaron su candidatura a un MVP de las finales que de hecho consiguió (también lo hubiera merecido un Rudy Fernández muy regular durante los tres partidos) Sus cinco triples en el primer cuarto fueron la clave para ese 31-10 con el que finalizó el acto inicial del segundo partido. Un parcial del que el Barcelona no supo sobreponerse, evidenciando la incapacidad de Pascual para improvisar ante un baloncesto que le supera, el de velocidad de crucero que propone Laso. Y es que ante la libertad fabulosa con la que se exhiben los tiradores blancos, el técnico culé ha estado empeñado en seguir con su baloncesto arcaíco de balones al hombre alto, limitando las posibilidades de su magnífico juego exterior, a pesar de la ausencia de Juan Carlos Navarro, una vez más lastrado por su fascitis plantar crónica.


Con tres días de descanso, que tanto trabajo técnico como psicológico necesitaba por lado barcelonista, llegó el tercer y a la postre definitivo partido. Buena salida de un Barcelona empujado por un Palau buscando el milagro, pero un Real Madrid tranquilo y confiado en sus posibilidades no sólo no se descomponía si no que comenzaba a mandar en el marcador y en un gran segundo cuarto con protagonismo ofensivo de Carroll (ocho puntos en el segundo acto) estiraba la diferencia hasta los 14 puntos (34-48) Tras el paso por los vestuarios se vio al mejor Barcelona de toda la serie, maniatando en defensa a su rival y volando en ataque con un Abrines viendo el aro como una piscina. El tirador que Pascual necesitaba (la pregunta es, ¿se empeñó en buscarlo?) Una vez más, cuando el equipo azulgrana se veía perdido, un jugador decidió saltarse rigores tácticos y, simplemente, intentar meter puntos. Los de Pascual llegaron a anotar 33 puntos en el tercer cuarto ante un Real Madrid que se quedaba en 14 a punto de cerrar el acto. El 67-62 con el que parecía se iba a llegar al último cuarto era un botín extraordinario para un Barcelona que había visto esfumarse toda opción diez minutos antes. Pero no se pueden hacer cuentas cuando un tal Sergio Rodríguez está en la pista, y un triple imposible desde medio campo y a tablero dejaba un 67-65 que ponía las espadas en todo lo alto, como suele decirse. El Real Madrid había superado el mejor momento azulgrana, a Abrines se le agotó la pólvora, Pascual volvió al academicismo (balones a Tomic) y Carroll sacó el fusil para sentenciar, con canastas tan asombrosas como su palmeo a rebote ofensivo, con su 1.88 de estatura delante de un jugador como Justin Doellman (2.08) y ante la atenta mirada del siempre indolente en defensa Ante Tomic y sus 217 centímetros de calidad y desidia a partes iguales, o la canasta que ponía un ya insalvable 83-88 a pase de un trastabillado Felipe Reyes y después de otra exhibición de bote para buscarse el tiro propia de genios como Stephen Curry. Una canasta que sentenciaba el partido y la final y tenía el mismo efecto que la de Lampe el pasado año para darle la liga al Barcelona. Un Lampe, por cierto, desaparecido durante estas finales (en el tercer partido no llegó a disputar ni un minuto)


El Real Madrid cierra una temporada redonda en la que la coralidad ha sido una de las señas de identidad del equipo. Con Llull protagonista al principio y al final de la misma (MVP de Supercopa, primer torneo de la temporada, y de las finales de Liga), con Rudy MVP de la Copa del Rey, Nocioni MVP de la Final Four de la Euroliga, y Felipe Reyes MVP de la temporada regular. Nombres propios en una plantilla de, como bien dice Laso, trece estrellas. Y es que todos los jugadores han tenido su importancia y protagonismo. La evolución de Ayon, las exhibiciones anotadoras de Carroll, la magia del Chacho, no al nivel descomunal de la pasada temporada pero aún así decisivo, el trabajo sucio de Maciulis, las apariciones inesperadas de Rivers. Y personalmente quiero destacar la temporada de un jugador enamorado del escudo que defiende y que ha demostrado ser fundamental para Laso. Marcus Slaughter comenzaba un curso difícil, con Campazzo ocupando plaza de extracomunitario y dejándolo fuera del comienzo de temporada. Se le tramitó plaza “cotonou” (algo totalmente legal, consideraciones éticas al margen, y que de hecho el Real Madrid ha sido de los clubes que menos ha utilizado tal triqiñuela en comparación con el resto de equipos ACB) para la Copa del Rey, se la revocó posteriormente al tener por error el mismo expediente que Andy Panko (ya ven que lo de los pasaportes “cotonou” lo hacen por igual clubes grandes que pequeños), y volvió a ocupar plaza de extracomunitario, pero en esta ocasión por delante de Campazzo. Slaughter es uno de los elementos claves para un Laso que tiene en su cuarteto nacional (sergios, Rudy y Felipe) el fuerte de su guardia pretoriana. No vamos a entrar en polémicas, pero duele ver que en ausencia de Navarro el único jugador español y seleccionable con el que ha jugado el Barcelona los dos últimos partidos de la final haya sido Alex Abrines.    



Sergio Llull, ¿un MVP rumbo a Houston?



Loor y gloria para Laso después del injusto vapuleo al que era sometido a estas alturas de la pasada temporada, cuando parecía que el ahora defenestrado Pascual le había dado un repaso (eso tan socorrido para los resultadistas de “repaso táctico”), obviando que el principal error del Real Madrid la pasada temporada fue una mala planificación física que se notó en las finales ACB, además de algún posible “incendio” en el vestuario después de la decepción de perder la Euroliga ante el Maccabi. Tanto Laso como Pascual son magníficos entrenadores y han sido con grandísima diferencia los mejores técnicos de sus clubes en los últimos tiempos. Y esto no es una opinión, es una realidad que se constata echando un vistazo al palmares de uno y otro. En un análisis más sosegado si soy de la opinión de que a Xavi Pascual le puede el academicismo y la ortodoxia. Esa ortodoxia que nos sigue vendiendo el mantra de la necesidad de un pívot dominante para triunfar en el baloncesto de alta competición. Si así fuera, este Barcelona de las grandes torres Tomic y Pleiss hubiera arrasado en este curso recién concluido, en vez de finalizar, por vez primera en muchos años, sin un título nuevo que añadir a las vitrinas. Por contra este Real Madrid desbocado al ritmo que impone su caballo pura sangre Sergio Llull pasará ya a la historia como uno de los mejores equipos europeos de todos los tiempos. Casi nada.



Pablo Laso llegó al Real Madrid en verano de 2011. Enseguida dotó al equipo de una personalidad propia que atrajo a los aficionados que comenzaron a llenar el Palacio de Los Deportes como hacía tiempo que no se veía en el a menudo tan dejado de la mano de Dios (y de los directivos) baloncesto blanco. Ganó la Copa de 2012 con un partido inolvidable en Barcelona, recuperando un título que no se ganaba desde 1993, casi 20 años después, y llevó al equipo a las finales ACB donde compitieron contra el Barcelona como no había sido capaz de hacerlo en la era Messina. Para algunos no era suficiente y le pidieron más. Al curso siguiente se llevó la Supercopa y la Liga y se llegó a una final europea, escenario que no se pisaba desde 1995. Seguía sin ser suficiente y la espada de Damocles florentiniana, ese monstruo insaciable, pedía más. Se volvió a ganar Supercopa y Copa y se volvió a disputar una final europea, cosa que no se veía (repetir final continental), desde la época de Pedro Ferrándiz (años 67 y 68) Seguía sin valer. Ya sólo faltaba pedirle a Pablo Laso la cuadratura del círculo. Aquí la tienen. Ahora vuelvan a esconder el monstruo de donde nunca debió salir y dejen que el baloncesto siga su curso. Porque este curso nos puede llevar muy lejos... si le dejan, claro.     



Laso, de jugador a entrenador con ADN madridista y camino del mito.



viernes, 18 de abril de 2014

SEMANA SANTA REAL MADRID 2014


Este es nuestro particular homenaje a la sección de baloncesto del Real Madrid, que tanto nos está haciendo disfrutar en esta temporada histórica a los amantes del buen basket, y especialmente a los que somos seguidores de este equipo, ahora que se acercan los momentos decisivos de la temporada y viven su particular semana de pasión frente al vigente campeón continental Olympiacos. De momento han conseguido la Supercopa y la Copa y van a por Euroliga y Liga, independientemente de que lo consigan o no ya se han asegurado un lugar en la memoria del buen aficionado por un estilo de juego que nos hace felices. Tras tanto años de imposiciones tácticas, mamporrerismo bajo el eufemismo de "deporte de contacto", y entrenadores especuladores que nos robaron el espectáculo con el pretexto de que sólo les valía ganar, Pablo Laso nos deja este regalo con este grupo de jugadores y esta filosofía de juego. Sea cual sea el resultado, a muchos de nosotros ya nos han ganado.  



"Lázaro, levántate y anda" Hace tan sólo tres años muchos daban al mago tinerfeño por muerto. En estos tres años su resurrección ha sido la resurrección del baloncesto espectáculo en territorio FIBA.


Ben-Hur. Nadie le gana en una carrera de cuádrigas.


JC, esperando a la Pascua y Resurrección. Se espera que este lunes Laso ya pueda contar con él.


San Dimas, El Buen Ladrón, crucificado junto a JC, su ausencia deja a Laso sin uno de sus grandes "stoppers" para frenar al base rival.
Moisés, nada más y nada menos que el hombre elegido para llevar al madridismo a la tierra prometida.



El Hijo Pródigo. De vuelta a casa para aportar defensa y trabajo.



El Buen Samaritano. Ayudando a que el camino al Calvario sea más fácil.


Barrabás. El malhechor indultado por Semana Santa.

Un clásico de las pantallas en estas fechas: Espartaco.

San Nicolas, Pero éste no espera a navidades para hacernos regalos en forma de baloncesto de muchos quilates.




San Marcos, apóstol del espectáculo.


San Pedro, el dueño de las llaves del cielo.


Y por supuesto, San Pablo.

Nos faltan los "malos" de la película, los Herodes, Pilatos, Caifás, y por supuesto, Judas. Esos que parecen empeñados en crucificar a este Real Madrid pese a la exuberancia del juego desplegado. Quienes al mínimo arreón del Olympiacos ya están diciendo que con Laso no vamos a ningún lado. Quienes decían que nuestro capitán era un cáncer para el equipo, quienes llamaban al Chacho "el chocho" o a Laso "losa". Ellos ya saben quienes son. Nosotros también. Que sigan añorando el baloncesto rácano de victorias a 60 puntos, ya que parece ser que son incapaces de apreciar lo que está haciendo este grupo de jugadores. No obstante, bienvenidos sean si quieren subirse a esta apuesta, pero no vale hacerlo a favor de resultado. Esto es una filosofía de vida y de baloncesto. No admite dudas.    


miércoles, 16 de octubre de 2013

EL REAL MADRID, PRIMER LÍDER


El equipo de Pablo Laso comienza la temporada como terminó la pasada: arrollando. Con su victoria por 34 puntos a un débil y muy renovado Valladolid se encarama a lo más alto de la tabla y demuestra de nuevo su candidatura al título. Si Barcelona y Real Madrid se presentan como claros favoritos para levantar el título final, los de Laso cuentan con la ventaja de apenas presentar variaciones más allá de los retoques en el juego interior respecto al pasado curso. 

En su estreno liguero el conjunto blanco volvió a evidenciar su potencial en la rotación utilizando a sus doce jugadores por encima de los diez minutos de juego, todos anotando y todos valorando en positivo. En ese sentido la estadística de la valoración global es absolutamente demoledora: 128 a 18. Nikola Mirotic, actual MVP de la competición, necesitó sólo de 18 minutos para irse a los 16 de valoración (10 puntos y 5 rebotes), Felipe Reyes en su línea, sin llegar a 16 minutos se fue a los 14. Y que decir de Marcus Slaughter, quien fue capaz de producir una valoración por encima de su minutaje en cancha (valoró 13 jugando menos de 12 minutos) Partido plácido para el campeón a la espera de viajar a Kaunas, donde le espera un ambiente caldeado y dos viejos amigos de Rudy Fernández.  


La orquesta de Laso comienza muy afinada.


EL QUINTETO DE LA JORNADA: 

Nicolás Richotti (CB Canarias) 14 ptos, 6 rebs, 3 asists y 3 robos. 24 valor.
Fernando San Emeterio (Laboral Kutxa) 18 pts, 3 asists, 2 rebs y 2 robos. 25 v.
Álex Mumbrú (Bilbao Basket) 18 ptos, 8 rebs, 6 asists y 2 robos. 30 valoración.
Rasmus Larsen (La Bruixa d’Or) 21 ptos, 13 rebs y 7 faltas recibidas. 37 valor.
Giorgi Shermadini (Cai Zaragoza) 20 ptos (8 de 8 en tiros de campo), 7 rebs y 2 asists. 29 valoración. 

ENTRENADOR: 

Pedro Martínez (Herbalife Gran Canaria) 



martes, 18 de junio de 2013

DE VUELTA AL DIVÁN


¿No hay quinto malo?


Se veía venir. La cosa tiene su lógica. La final entre Real Madrid y Barcelona admite tantas similitudes con la disputada el pasado curso que a nadie debería pillar por sorpresa que el desenlace requiera de un definitivo quinto partido. Tiempo, una vez más, para que Pascual y Laso trabajen la psicología de sus jugadores, terreno donde el azulgrana parece cobrar ventaja. El Barcelona siempre se levanta, y lo hace además cuando más tocado parece. 

Tocado vuelve a Madrid el conjunto de Pablo Laso, que repite errores del pasado, y cuando mejor imagen había conseguido transmitir (en el tercer partido, al igual que el pasado año, aunque no de manera tan contundente como entonces) se empapa de dudas sobre su competitividad y mentalidad ganadora en los momentos decisivos. El Barcelona crece en juego y confianza. Pascual vuelve a dar una lección de gestión de plantilla, y ya nadie puede dudar de la calidad de un banquillo azulgrana absolutamente decisivo en estas series finales. 

Pocos equipos hay en Europa con la capacidad de salir a jugar con el cuchillo entre los dientes como el club azulgrana. Cuando el asunto cobra cariz de vida o muerte, este grupo de jugadores parece moverse con mayor soltura que en momentos irrelevantes. Les gusta jugar con presión. Comenzaba el partido con Begic sacando una falta a Tomic y posteriormente anotando la primera canasta del partido. Fue un espejismo. En cuanto el balón llegó en ataque al ex del Real Madrid el croata comenzó su particular recital. Hasta 14 puntos anotó en su soberbio primer cuarto con una serie perfecta, 7 de 7. Un martillo pilón apoyado además en un Barcelona que salió al rebote ofensivo como no se le había visto todavía en esta serie. Por el Madrid respondía un buen Rudy (seis puntos sin fallo en los tiros de dos… aunque, como no, fallaba su intento triple) para evitar que el mejor Barcelona del play off hiciera todavía mayor sangre (23-17 al cierre del primer cuarto)   


Tomic dio las primeras ventajas a los suyos.


El Real Madrid, como viene siendo habitual en estas finales, no encontraba su baloncesto fluido de otras ocasiones. La diferencia respecto a los tres partidos anteriores era que en esta ocasión el Barcelona sí, y su ataque superaba la defensa blanca (y cuando no, ahí estaba el rebote ofensivo) En el segundo acto la presencia interior de Slaughter y Felipe Reyes dotaba al equipo de Laso de mayor empaque defensivo y cerraba con más seguridad su rebote. El partido se mantenía en una diferencia de 3-5 puntos y un triple final de Sergio Rodríguez estrechaba el marcador al descanso. 34-32. Sólo dos puntos arriba para un Barcelona con una sensación de superioridad mucho más abrumadora que lo que daban a entender las ajustadas cifras del luminoso.  

Buenos minutos de un Draper que va a más durante la serie tras el descanso. Incluso un triple suyo pone a los blancos por delante (34-35) Son los mejores momentos del Madrid durante el partido, con la sobriedad del base de Baltimore y un voluntarioso Rudy a los que se suma Mirotic. El encuentra entra en un intercambio de canastas en el que los blancos no pierden la cara. Pero las mejores sensaciones se siguen viendo de lado azulgrana. Hasta Huertas parece recuperar su mejor nivel en unas finales en las que apenas está apareciendo. Navarro y Oleson se conjuran para estirar el marcador. Un triple del de Alaska pone seis puntos de ventaja (45-39) mediado el tercer cuarto. El Madrid se vuelve a atascar en ataque, pero acciones esporádicas como un robo de Draper sobre Jasikevicius y el posterior contrataque culminado por el paisano y amigo de Carmelo Anthony siguen metiendo al Madrid en el partido. 49-45 a 1.13 del final del tercer cuarto. Nadie vuelve a anotar. Carrusel de errores. Nervios, imprecisiones. Lo ya visto en los otros tres partidos. Poco buen baloncesto.

Para la puesta final del partido Pascual dejaría intuir su apuesta por el músculo y su gusto por el baloncesto de guerrilla. Pero antes el Madrid ofrece unos breves destellos de si mismo: defensa y contrataque. Darden y Draper ponen muñeca y piernas respectivamente para llevar la última igualdad al marcador (49-49) Partido nuevo con nueve minutos por disputarse, pero un solo color sobre la pista: el blaugrana. Una canasta de Mavrokefalidis y un triple de un renacido Huertas tras fallo de Felipe Reyes estiran el marcador para los locales (54-49) Pascual lo tiene claro. La ventaja, aunque corta, puede valer, pero hay que cerrar el aro. La defensa del Barcelona adquiere visos de lo que se suele llamar “karate press” para desquiciar a un Real Madrid que es incapaz de encontrar un solo recurso ofensivo, y sólo conseguirá ir sumando puntos desde el tiro libre. Mavrokefalidis (buen trabajo durante toda la serie) y Rabaseda se erigen en factores clave con su intensidad defensiva. Emergen Llull y Felipe para mantener opciones frente a un Barcelona que sufre la ausencia de Navarro, dolido por un tirón en los isquiotibiales. Darden, tras otra buena anticipación defensiva pone el 63-61 a dos minutos para el final. El Madrid se encuentra con opciones de repente y el Barcelona enfrentado a la presión de asegurar el triunfo para forzar el quinto partido. Lorbek anota dos tiros libres para poner 4 arriba a los suyos. Los blancos mueven bien la bola pero el triple de Darden no entra. Jugada clave, y el equipo de Laso una vez más condenado por su escaso acierto exterior (quien lo iba a decir, cuando durante toda la temporada parecía su mejor arma) Oleson en tiros libres pone tierra de por medio después de que a Tomic se le botase claramente el balón en su pierna acabando la pelota saliendo por el fondo mientras los árbitros asombrosamente daban posesión a los de Pascual. Seis puntos a poco más de un minuto. Los visitantes volverían a fallar en otra jugada clave. Con Sergio Rodríguez en la línea de los tiros libres, El Chacho fallará el segundo para que el rebote caiga en manos de un Mirotic que no se atreve a jugársela bajo el aro y saca el balón de nuevo a un Chacho que regala la bola y definitivamente la posibilidad de triunfo de su equipo. La técnica a Rudy Fernández ejemplifica la crispación y frustración madridista, llevados al terreno del fango al que les empujó un Pascual quien de nuevo orquestó un encuentro desagradable e incómodo para el rival. Con un Tomic disuelto como un azucarillo en los minutos finales, un Lorbek lejos de su mejor momento, y sin Navarro durante más de un cuarto. Sin sus hombres más importantes, y aún así Pascual, el a veces denostado Pascual, volvió a levantar a su equipo cuando más hundido parecía. Veremos que tal le sienta el diván a los muchachos de Laso, porque parece claro que sus rivales disfrutan mucho más cuanto mayor es el precipicio al que se asoman.   


Mavrokefalidis, emergente Factor X de las finales.



A continuación, y llegados a estas alturas de la final, dejo algunos datos estadísticos sobre los cuatro partidos anteriores que creo pueden ser interesantes: 

-Llull, Felipe y Rodríguez lideran al Real Madrid en puntos, rebotes y asistencias, respectivamente con 12 puntos, 5.2 rebotes y 3.2 asistencias por partido. 

-Por parte blaugrana, Navarro con 15.2 puntos, Tomic con 6.5 rebotes y Huertas con 2.2 asistencias, son los más destacados en las tres estadísticas individuales principales.   

-El Real Madrid, mejor en el rebote. Dominó esta faceta en los tres primeros partidos y lleva 129 rebotes por 119 de los azulgrana. Claro que en el cuarto partido se produjo la mayor diferencia reboteadora a favor de un equipo (más 13 para los de Pascual), ¿cambio de tendencia?, ¿cansancio en los pívots blancos?

-El fallo en el lanzamiento exterior es una constante. El Barcelona ha anotado 25 triples de 71 intentos. Aún así su estadística no está nada mal, de hecho es fabulosa si se compara con el sangrante 20 de 80 del Real Madrid. Un triste 25% para el equipo que más triples y con mejor porcentaje había anotado durante la liga regular (325 de 816, 39.83%... y casi 10 triples por partido) 

-Rudy personaliza mejor que nadie la ignominia de los tiradores en esta final. Su marca de 0 de 16 intentos habla por si sola. Cuesta encontrar a un exterior por parte madidista que alcance al menos el 50% en sus lanzamientos, y lo hallamos en Darden, aprovechando sus 13.5 minutos por partido para anotar 5 puntos por choque con unas series de 2 de 2 en tiros libres, 6 de 10 en tiros de dos, y 2 de 4 en triples. 

-Claro que si hablamos de aprovechar los minutos, pocos jugadores lo hacen mejor que Mavrokefalidis. El griego se convierte en el factor clave del banquillo azulgrana jugando 14 minutos por partido en los que promedia 6 puntos, 3 rebotes y 1.25 robos por partido. 


-El Madrid echa de menos al MVP. De su 16.2 de valoración en liga regular a promediar 8 en estas finales. Nikola Mirotic ha descendido su rendimiento por debajo de la mitad.  

lunes, 10 de junio de 2013

LA ÉPICA COMO RECURSO


La furia

Intenso primer partido de las series finales de la Liga Endesa entre Real Madrid y Barcelona el disputado ayer en el Palacio de Los Deportes. Los dos colosos de nuestro baloncesto parecen empeñados en revivir la mítica rivalidad de los 80 cuando aquellas inolvidables plantillas dirigidas por Lolo Sainz y Aito García Reneses nos regalaban encuentros para el recuerdo. De modo que para inaugurar las actuales finales y a falta de baloncesto de gran calidad (sobre todo por parte del Real Madrid, cuyo triunfo ofrece poco brillo) tuvimos uno de esos choques de los que se puede decir que tuvo de todo: alternativas, lucha, intensidad, emoción, polémica y hasta tangana (sin que la sangre llegase al río afortunadamente)   

Salió muy serio el equipo de Laso, sobre todo atrás. Tanto que aún jugándose a un ritmo en principio favorable al Barcelona el Madrid estaba cómodo. Viendo aro con relativa facilidad, sobre todo por medio de Rudy, y desactivando el ataque de un Barcelona donde sólo Huertas llevaba puntos al casillero azulgrana (suyos fueron los seis primeros tantos de su equipo) Suárez y Begic ofrecían sobriedad defensiva mientras Tomic y Wallace se diluían. En los compases finales de ese primer acto comenzaron a definirse aspectos que marcarían el devenir posterior del encuentro. La entrada de Sada por Huertas lejos de mermar al Barcelona le dio alas. Mavrokefalidis ofreció más solvencia que un Tomic al que le vino bien “leer” un poco el partido desde el banquillo, y Sergio Rodríguez por parte blanca no fue capaz de cambiar el ritmo del partido como en otras ocasiones (el partido de Final Four entre estos mismos equipos sin ir más lejos) Evidentemente hay que considerar que este Barcelona es superior al cuadro azulgrana que se presentó en Londres. El pívot griego Mavrokefalidis ofrece relevo de calidad para Tomic (recordemos que en la cita continental Jawai llegó lesionado, jugando un solo minuto y lesionándose para el resto de temporada) y Brad Oleson es una pieza mucho más valiosa que la que puede suponer Tremmell Darden en el bando blanco. Aún así los de Laso cerraron el primer cuarto con una ventaja de siete puntos (21-14) gracias a dos últimos triples de Sergio Rodríguez agotando posesión y de Llull sobre la bocina del acto. El Madrid ganaba, incluso con cierta comodidad, pero comenzaba a dar síntomas de sufrimiento. 

En el segundo cuarto Sada inició su recital, aparte de dar muestras una vez más de su impecable trabajo defensivo tanto sobre un inoperante Carroll como sobre un desconcertante Rodríguez demasiado viciado en amasar la bola. Un triple del badalonés ponía por primera vez por delante a los blaugranas (23-25), y a partir de ahí vino el vendaval. Hasta 31 puntos llegaron a anotar los de Pascual durante este parcial. Navarro y Sada hacían daño por fuera y Tomic empezaba a hacerse notar. Lorbek, sin estar fino en su tiro, también sumaba metiéndose en la zona ante un Mirotic al que parece que las finales le siguen quedando grandes. El Chacho Sergio Rodríguez pese a no encontrar su habitual facilidad para el pase mantenía con cierta vida a su equipo gracias a su acierto en el triple, y con ello el Madrid no acababa de desaparecer por completo del partido. Pese a todo el marcador con el que se llagaba al descanso era concluyente. Diez puntos arriba para los de Pascual (35-45) con un parcial demoledor en el segundo acto (14-31) El Barcelona le había dado un fenomenal repaso a un Real Madrid que cogía el camino a los vestuarios tocado y hundido. Le habían pasado por encima.   


Sada en versión killer.


No cambió mucho el panorama en la reanudación, el Barcelona se seguía mostrando superior y la diferencia se movía en una horquilla de entre 8 y 12 puntos para los de Pascual. Sada se disfrazaba de Navarro y lograba ejercer de pesadilla para los blancos, inoperantes en ataque y sin ser capaces de mostrar la dureza de su rival atrás. En ese sentido hay que felicitar nuevamente a Xavi Pascual, su trabajo de mentalización y capacidad para dotar de competitividad a sus jugadores esté quien esté en pista es encomiable. Ha conseguido convertir a purasangres ofensivos como Joe Ingles o C.J.Wallace en guerrilleros para la causa y especialistas defensivos. La importancia de Pascual en los éxitos de este grupo de jugadores es mucho mayor de lo que generalmente se le reconoce. Las sensaciones que transmitía el partido eran desalentadoras para el conjunto local, que recurría a ramalazos de coraje de Llull y Rudy para que el partido no se les fuera completamente. Bajo ese prisma hay que admirar a los blancos, pese al mal partido realizado, se advertía la fe instalada en el cuerpo de algunos de sus jugadores (los citados Llull y Rudy más El Chacho, Felipe Reyes o Marcus Slaughter) Si no iba a ser por baloncesto, había que intentarlo por testiculina. Pero parecía remar para morir en la orilla. Huertas tomaba el relevo de Sada y el Barcelona seguía anotando con facilidad. Un triple de Ingles a minuto y medio del final del cuarto volvía a poner una losa de 12 puntos de diferencia entre ambos finalistas. Cuatro puntos consecutivos de Llull y la impresionante actitud defensiva de Slaughter mantenían con vida al equipo de Laso al cierre del acto. Incluso el resultado pudo acortarse aún más de no haber fallado increíblemente Felipe Reyes una canasta completamente sólo bajo el aro prácticamente sobre la bocina, a pase de un Sergio Rodríguez que volvía a recobrar su versión mayestática de excelso director de juego. 50-58 para comenzar el cuarto definitivo. Un Madrid voluntarioso sólo había sido capaz de recortar dos puntos de diferencia tras el descanso. La cosa seguía pintando fea. 

Y Navarro la ponía peor con un triple al inicio del último acto. De nuevo por encima de la decena de puntos. Carroll respondía con otra canasta desde más allá del 6.75 en una de sus escasas aportaciones. A partir de ahí diferencias entre7 y 10 puntos con cierta comodidad para el Barcelona. Pero enfrente había un rival con fe, mucha fe, y piernas para no desfallecer. Encomiable Slaughter, hemos de insistir en ello. Presionando a media cancha y en ocasiones cancha entera. Retrasando la subida del base rival para que el inicio de su ataque estático ya comience comprometido. Esos diez segundos que le quitaba a Sada en esas subidas de balón fueron oro para la defensa del Madrid. Un elemento de estas características es tan valioso que permite a Laso manejar defensas alternativas que empiezan y acaban en el jugador californiano, capaz de subir a presionar a todo el campo y “bajar el culo” poco después para pegarse con Tomic. El propio jugador croata ponía por última vez una ventaja de una decena de puntos para su equipo (55-65) a falta de menos de siete minutos para el final del partido. Parecía encarrilado, pero el Madrid seguía trabajando atrás, y los dos sergios comenzaban a correr. Si el equipo blanco iba a perder el partido, al menos que no fuera ni por lucha ni por piernas. Un parcial de 6-0 dejaba el marcador en 61-65 a falta de cuatro minutos y medio. Había partido. Xavi Pascual pedía tiempo muerto, y en la siguiente jugada su equipo perdía la posesión. El entrenador catalán arriesgaba y decidía parar nuevamente el partido agotando sus tiempos. La duda se comenzaba a instalar en el bando azulgrana. El Madrid se crecía gracias a su inquebrantable fe. Fe en un estilo y en una manera de entender el baloncesto. Y aquí permítanme hacer una digresión en torno a la figura de Sergio Rodríguez. Cuando volvió del baloncesto profesional estadounidense después de una aventura NBA en la que no pudo demostrar toda su clase, fue señalado por un mal curso a las órdenes de un Ettore Messina que no creía en él. Aquí creímos en él. Al comienzo de la temporada siguiente, la primera de Laso como entrenador blanco, encabezó nuestro ranking de bases a seguir para el curso entrante. El Chacho estaba por aquel entonces defenestrado para una parte de la afición que argumentaba que era casi un ex –jugador de baloncesto de 25 años. En este blog escribimos literalmente: “Sí, lo sabemos. Lo de Sergio Rodríguez sólo se puede explicar desde el punto de vista de la fe. O crees o no crees. Y yo si creo.El pie de foto que ilustraba la estampa del jugador reflejaba un grito de guerra: “Believe in El Chacho” Y esa fe en el jugador significa apostar por él en los buenos y en los malos momentos. Significa no desesperarse porque pierda un par de balones seguidos ni señalarle públicamente gritándole mientras lo mandas al banquillo delante de toda una afición y de las cámaras de televisión para que quede claro quien manda en el equipo. Al Chacho no se le pueden cortar las alas. Cerramos digresión, volvemos al domingo. Dejábamos el partido con 61-65 con Sergio Rodríguez comenzando a volar sobre la defensa rival. Otra canasta suya y una asistencia que culmina Rudy en mate pone el empate en el marcador y el delirio en las gradas. Pero las remontadas se cumplen cuando te pones por encima en el luminoso. El Madrid aún no lo había hecho. Partido caliente, tenía que aparecer Navarro. Inteligentemente saca falta a Felipe sobre la línea de 6.75. En los tiros libres no perdona. 65-68.Al Madrid le entran entonces las prisas. El Chacho falla el siguiente ataque. Huertas hace lo propio desde el triple. Vuelve a aparecer Navarro, primero en defensa robando balón sobre un apático Mirotic, y regresando al tiro libre tras falta de Rudy. 65-70 y dos minutos y medio por jugarse. Navarro parecía poner las cosas en su sitio, por si fuera poco Mirotic certificaba su ausencia del partido fallando dos tiros libres seguidos tras una lucha en el rebote después del fallo en el triple de un precipitado Rudy. Pero ya saben lo que tenían enfrente, fe. Y eso dicen que mueve montañas. El Chacho se sacó de la manga un 2+1 frente al gigante Tomic para que nadie se olvidase que allí había un jugador que quería ganar el partido. Huertas, el verdugo del Madrid en el primer partido de la final del pasado curso, responde con una canasta que significaría el 68-72 a 1.45 para el final del partido. El Barcelona no volvería a anotar. En apenas cinco segundos otro triple de fe de, quien si no, El Chacho, pone el 71-72. Oleson falla en el ataque siguiente y el partido llega a esos momentos de pura taquicardia. Emerge entonces la figura del gran capitán, Felipe Reyes, primero capturando un rebote en ataque tras fallo de Rodríguez que el ala-pívot cordobés transforma en el 73-72. ¡El Madrid se ponía por delante por primera vez en más de 20 minutos, y lo hacía en el último minuto del encuentro! A Navarro se le cruzan los cables en el posterior ataque y regala la bola ante la defensa de Mirotic. Posesión blanca a unos 50 segundos del final. Rudy se precipita de nuevo buscando el triple, ¡y vuelve a aparecer Felipe en el rebote para asegurar otra posesión madridista! Llull se equivoca finalizando ese ataque en una penetración suicida ante las torres azulgranas y es turno para la jugada de la polémica. La contra barcelonista se salda con un dudoso saque de banda para los de Laso. A estas alturas ya todo el mundo habrá visto la acción repetidas veces. Sada cruza la cancha como un rayo y cuando encara el aro rival se encuentra con Llull a su izquierda y Rodríguez a su derecha malogrando la jugada. El balón sale despedido por línea de fondo y los árbitros conceden posesión para los blancos. A partir de ahí caben múltiples versiones. Lo triste es que la mayoría de ellas sean de modo interesado según el forofismo de cada cual. Cabe la posibilidad de falta de Llull, cabe la posibilidad de falta del Chacho, cabe la posibilidad de que no haya ninguna falta, cabe la posibilidad de un fuera a favor del Barcelona o un fuera a favor del Madrid. El entrenador y video-blogger Piti Hurtado, habituado a hacer un magnífico trabajo en jugadas de este tipo, es incapaz de mojarse al respecto y al ciento por ciento, aunque si parece advertir que no hay falta personal. No valen fanatismos en este caso. El propio Piti analizó hace días una jugada tan dudosa como el 2+1 con el que, otra vez, Sada, sentenciaba el segundo partido de semifinales contra el Gran Canaria. En esa ocasión el citado analista se inclinaba a pensar que la canasta del base catalán estaba dentro del tiempo. Por tanto huyamos del forofismo y del análisis sesgado por unos colores. En mi opinión también parece difícil que haya falta personal, después de ver la jugada repetidas decenas de veces. Bastante más probable es que sí fuera posesión barcelonista, pero con menos de tres segundos parece muy aventurado asegurar que el Barcelona se hubiera llevado el partido. Lo que si tengo claro es que si el partido se hubiera jugado en cancha azulgrana el desenlace arbitral hubiera sido otro y favorable a los intereses de los de Pascual (y al partido contra Gran Canaria me remito), como tampoco dudo de que a lo largo de la serie habrás más jugadas polémicas y dudosas y la balanza en la próxima ocasión se decantará del lado blaugrana. Suele suceder. Pero que este tipo de cosas no saquen lo peor de lo que rodea al deporte, los forofismos y talibanismos y los que ven el juego como una oportunidad para ondear la bandera del “anti” más que para disfrutar con el espectáculo del deporte y las evoluciones de sus equipos. Tras la polémica, saldada con una técnica a un Navarro perdiendo los papeles, Sergio Rodríguez anotó sólo uno de los dos tiros libres pero aún así Rudy capturaba de nuevo el rebote ofensivo para dejar de nuevo en evidencia la falta de ambición blaugrana a la hora de proteger el tablero en los minutos finales del partido. Eso, y no la jugada de Sada, fue lo que les costó el partido.   


El capitán siempre da la cara.



En resumén un choque vibrante en el que como sucediera en el primer partido de la final de la pasada temporada no ganó el mejor ni quien hizo mejor baloncesto, si no quien mejor templó sus ánimos en los momentos finales y tuvo más fe. El Madrid, pese a llevarse el primer punto, deja muchas dudas. Laso fue superado por Pascual durante varias fases del encuentro. Cuesta entender la desaparición de Carlos Suárez después de su magnífico trabajo en el primer cuarto. Preocupante que a Mirotic se le siga encogiendo la mano cuando llegan estos envites. Y los otros dos líderes naturales del equipo, Llull y Rudy, mantienen ese exceso de hiperactividad adrenalínica que en ocasiones les lleva a tomar decisiones equivocadas (el Madrid jugó muy mal ese último minuto después de ponerse por delante) Toca por tanto hacer autocrítica en el vestuario blanco (el mismo Mirotic según aseguran en Onda Cero acudió ayer por la tarde al Palacio a hacer sesiones individuales de tiro por su propia cuenta) para recuperar su mejor baloncesto, ese que le ha llevado a firmar hasta el momento un impresionante balance de 36 victorias por tan sólo 4 derrotas en sus partidos de Liga Endesa entre liga regular y play offs. Claro que eso no sirve de nada si no se levanta el cetro final. Y ahí es donde el Madrid necesita mayores argumentos que el de la épica, por mucha fe que acumule ese genio barbudo llamado Sergio Rodríguez.    


Keep the faith.