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jueves, 22 de marzo de 2012

MALOS TIEMPOS PARA LA LÍRICA

En 1983, Germán Coppini al frente de sus Golpes Bajos que conformaban su segunda aventura musical en nuestro país tras su paso por los incendiarios Siniestro Total hacía suyas las palabras de Bertolt Brecht para instalar en nuestra memoria colectiva eso de “malos tiempos para la lírica”… no sé si los de ahora son peores o mejores que cuando el literato alemán escribió el poema de dicho título, allá por la primera mitad del pasado siglo, o peores o mejores que cuando Coppini golpeaba a través de sus palabras en los efervescentes y luminosos 80 españoles, pero lo que si es cierto es que la frase ha quedado como un lema recurrente al que asirse cuando vemos que a nuestro alrededor impera sobremanera el valor de la productividad, el materialismo más atroz, y las ambiciones capitalistas más desmedidas, para desgracia de los aspectos más anímicos y espirituales del ser humano. Aspectos que se sostienen precisamente gracias a esos alimentos para el alma que son la música, la lírica y la poesía. La poesía, por cierto, celebraba ayer su “Día Mundial”, para hacernos saber que pese a los disgustos que no deja de darle este nuevo hombre digital cada vez más alejado de sus raíces humanas cuyo amanecer estamos presenciando (y formando  parte de él), y que pese a que como pronunció hace dos décadas el gran Juan Carlos Mestre, “ha caído en desgracia”, pese a todo ello ayer nos recordó que, quizás débil y achacosa, pero sigue viva, aunque quizás y precisamente ayer nadie tuviera ojos para ella, demasiado preocupados por la enésima salida de tiesto de ciertos “rebeldes” multimillonarios empeñados en echar por tierra los valores históricos de algunos deportes, de algunos clubes legendarios, de algunos escudos y camisetas que antaño representaban orgullo, dignidad, y gallardía tanto en la victoria como en la derrota, y ahora parecen en manos de tipos con espíritu de feriantes de los coches de choque, todo dentro de un grandísimo espectáculo de “palo y zanahoria” para tener al populacho ocupado con sus apasionantes disquisiciones sobre si El Anticristo es portugués o de Sant Pedor (al menos pudimos contemplar un pase de gol de tacón que eso sí fue pura poesía)  

Bertolt Brecht, fumador activo empedernido.


Ahora es cuando al consternado lector tengo que recordarle eso de “no se ha equivocado, esto sigue siendo El Tirador Melancólico, y sigue siendo un blog de baloncesto”… simplemente hacía tiempo que no pasaba por aquí, y un blog, al igual que el amor, o la poesía, es una planta que hay que regar todos los días. Únicamente quería disculparme por no poder actualizar en las últimas jornadas, y la exculpación tiene una base desgraciadamente muy sólida y que sin duda entenderán: el trabajo. La segunda quincena de Marzo, la de los Idus, es una época habitualmente muy dura en mi trabajo, y apenas puedo dedicarme a este pequeño hobby. 

Y como para reconciliar a uno con ciertas cosas, esta mañana leía en el número de esta semana de la inasequible al desaliento publicación “Gigantes del Basket” una pequeña entrevista en la sección “Vicios pequeños” a Joan Tomás, hermano menor de Pere Tomás, el joven alero que con sólo 22 años ya es capitán de uno de los clubes más emblemáticos de nuestro baloncesto, y que ahora lucha por superar una tendinitis rotuliana que está cortando de raíz la progresión de quien debía ser uno de nuestros más firmes valores de cara al futuro inmediato. El propio Joan también es una de nuestras apuestas de futuro, internacional en distintas selecciones de formación y medalla de oro en el Europeo sub-20 del pasado verano en Bilbao que con tanta atención seguimos por aquí. Pues bien, fue una gratísima sorpresa leer sobre las inquietudes del joven Joan, quien se confesó sin ningún tapujo como un gran aficionado a la literatura, además de escritor y poeta en sus ratos libres, cosa que afirma hacer desde los 12 o 13 años. También fueron muy interesantes sus reflexiones sobre las nuevas tecnologías, a las que acusa, no sin razón, de ser tremendamente perjudiciales para las relaciones humanas, por lo que encierran de aislamiento y de embrutecimiento. También se mostró muy contrario al “libro electrónico”, y en definitiva, sus respuestas parecían absolutamente anacrónicas para una publicación editada en Marzo de 2012. Me hizo recordar que hubo un tiempo en el que la mayoría de los veinteañeros que habían recibido una educación y unos estudios podían ser perfectamente como Joan Tomas, unos apasionados entregados a un deporte cual fuese, pero a la vez seres humanos con la suficiente sensibilidad e inquietud para procurar enriquecerse de todos esos placeres estéticos y sensoriales de los que estamos rodeados y a los que hemos renunciado para atrincherarnos en nuestro ciber-embrutecimiento. Esos placeres, que, como la lírica, parecen vivir malos tiempos, pero siguen floreciendo en ciertos árboles para aquel que, tan sencillo como esto, de repente sienta hambre en su alma.      

Joan Tomás, retrato del artista adolescente.

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