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miércoles, 9 de mayo de 2012

CRÓNICA DE UN DESCENSO... ¿ANUNCIADO?


La noticia baloncestística del fin de semana tiene un claro protagonista, intérprete de un titular que nunca le hubiera gustado encabezar. El del drama de un pabellón, el Palacio de los Deportes de Madrid, de una afición incansable, y de un club histórico, asistiendo al descenso de categoría por vez primera en su historia.

En efecto, el Estudiantes, junto al Real Madrid y al Joventut de Badalona, eran hasta este pasado domingo los únicos tres clubes que habían jugado siempre en la máxima categoría del baloncesto español desde que tal concepto existe (el Barcelona jugó en la segunda división en los años 60), de modo que estamos ante un descenso, se mire como se mire, histórico. Siempre y cuando en caso de consumarse, ya que su presidente, Juan Francisco García, ya ha asegurado que hará todo lo posible porque el club se mantenga en la máxima categoría aunque sea a costa de que alguno de los dos equipos ascendidos (uno el brillantísimo Iberostar Canarias, sobre quien algún día le dedicaremos una entrada como se merece, otro, el que salga del durísimo play-off jugándose en LEB estos días) no pueda pagar el aval correspondiente. 

El descenso de categoría siempre es un drama, el lado más amargo del deporte. En niveles de intensidad la tristeza siempre es superior a la alegría. De modo que el pasado domingo permanece como el día más triste en la historia de este club de 64 años de historia, por muchos y brillantes éxitos obtenidos en un pasado no tan lejano (hace apenas ocho años este club estaba jugando nada menos que la final de la ACB llegando a forzar cinco partidos ante un Barcelona inmenso ganador del triplete la anterior temporada), ¿cómo es posible pasar de ser un equipo modélico dentro y fuera de las canchas, un club perfectamente consolidado dentro de un engranaje sólido y fuerte, a convertirse en una especie de club fantasma casi sin identidad e incapaz de reconocer en él las señas que le convirtieron en alternativa al poder establecido no hace tanto tiempo? 


Foto de archivo del club. Formando de pie, segundo por la izquierda, con el número 11, Antonio  Diaz Miguel.

Realmente creo que el acontecimiento del Estudiantes como club LEB es una pésima noticia para el baloncesto español, no sólo para el madrileño, que queda muy tocado con esto. No voy a entrar en ese tipo de valoraciones sobre la diferencia de un club y un sentimiento, ya que todo ello es subjetivo, y eso queda para los aficionados y seguidores del conjunto colegial. Al fin y al cabo cada uno siempre tiende a pensar que su mierda es la que mejor huele, y por eso se llega incluso al disparate de pensar que ser seguidor de un determinado equipo condiciona tu personalidad, como si ser aficionado a cierto club te convierte en una bellísima persona y serlo a otro en un malnacido. Un sinsentido en el que no vale la pena ni pararse un segundo (aunque hay gente que realmente lo cree, hay cabezas para todo). Por lo tanto mi punto de vista como no seguidor del Estudiantes (aunque un poco simpatizante) es totalmente objetivo en ese sentido. Lo que si pienso es que si hay dos clubes de baloncesto, digamos, “especiales”, en nuestro país, esos son el Estudiantes de Madrid y el Joventut de Badalona, la mítica Penya. Dos entidades deportivas con una manera de trabajar muy definida, con unas características muy marcadas, y una serie de valores (por mucho que esa palabra ya no tenga casi sentido y hay quien hasta se atreva a decir que tal cosa en deporte no existey sólo importa ganar, ¡cuándo precisamente el deporte nace por reivindicar esos valores!, gracias Mourinho) muy definidos. Quizás los valores, como las grandes cosas de la vida, como el amor, la imaginación, o incluso la inteligencia, sea algo abstracto, y quizás se trate de que lo que es abstracto, lo que no se puede palpar, pero si sentir, para algunas cabezas es imposible de comprender. 

El caso es que el baloncesto español le debe mucho, muchísimo, al club del Ramiro de Maeztu. Esa línea de trabajo buscando el forjar jugadores que mantengan una identidad consolidada y reconocible para el aficionado por encima de los éxitos esporádicos o el triunfo inmediato y pasajero, que también lo han tenido (tres copas del rey jalonan sus vitrinas como éxitos más reconocibles, además de cuatro subcampeonatos de liga), esa filosofía única (en todo caso, comparable, como decimos a la Penya) ha sido un estímulo constante del que otros equipos (muy especialmente el Real Madrid) y por supuesto el equipo de todos (la selección) se han beneficiado. Estamos hablando de un trabajo de club y de cantera que ha dado al baloncesto español deportistas como Antonio Diaz-Miguel, Vicente Ramos, los hermanos Sagi-Vela, los Martin, Alfonso del Corral, Antunez, Azofra, Alberto Herreros, Carlos Jiménez, Alfonso y Felipe Reyes… el número de entorchados nacionales de estos nombres nos hacen darnos cuenta de que estamos hablando de auténtica historia del baloncesto en nuestro país. No sólo eso, algunos de los extranjeros que más han contribuido a hacer grande nuestra liga y elevar el nivel de competitividad de nuestra competición han pasado por el club de Magariños. Estrellas norteamericanas del calibre de John Pinone, David Russell, Ricky Winslow, o tiradores de muñeca de seda como Danko Cvjeticanin perduran en el recuerdo del buen aficionado estudiantil y de todos los que hemos crecido disfrutando del baloncesto en este país.  

El Oso Pinone, un yanqui de Connecticut que pervive como uno de los mayores símbolos estudiantiles.


De modo que es fácil entender que no estamos hablando de un descenso más, si no de una página de nuestro baloncesto que nadie hubiera podido prever hace un tiempo, cuando el club estudiantil era un referente de nuestro deporte, acostumbrado a luchar por el título y plantar cara a los grandes, aspirante a la Copa del Rey, e incluso habitual representante español en Europa. Pero no hay más cera que la que arde ni baloncesto que es el que se juega en la pista, y el descenso colegial es la consecuencia de una temporada en la que el demérito ha sido norma. Un curso baloncestístico desastroso en el que apenas nadie puede salvarse, con un cuerpo técnico incapaz de motivar ni enchufar a los jugadores en la competición, una directiva que lleva demasiado tiempo envuelta en dudas, sombras y críticas y que fracasa estrepitosamente en los fichajes que deberían sostener al equipo durante la temporada (mención especial para Antoine Wright del que todos recordarán su “magnífico” -19 de valoración contra el Barcelona con el que se ha asegurado un lugar en la historia de nuestra liga), y un cuadro de jugadores en el que se lleva tiempo creyendo y esperando su “paso adelante” sin que se haya producido, un grupo de jugadores jóvenes que no resisten la comparación ni por asomo con los más recientes canteranos del equipo desde los tiempos de Herreros hasta Carlos Suárez pasando por Jiménez. Sólo Jayson Granger parece haber mostrado una evolución satisfactoria, y a quien apunta a nueva perla estudiantil y una de nuestras futuras estrellas nacionales, Jaime Fernández, esto le ha pillado demasiado pronto. De modo que muy poquitas cosas se pueden salvar de la temporada estudiantil y apenas nadie debería sentirse contento por su trabajo realizado. Sólo Germán Gabriel y Carlos Jiménez, es decir, los veteranos, han tenido la vergüenza torera que se le pide a este club y han dado la cara en todo momento y luchado lo indecible para que esto no sucediera. Y por supuesto, la afición, un valor seguro al que incluso le deben no haber registrado un peor balance que el de las once victorias finales gracias a su aliento incansable (recuerdo remontadas contra el Lagun Aro o Real Madrid, por ejemplo, fraguadas en gran parte desde el empuje en la grada) 

Pese al descenso, Germán Gabriel acaba firmando una temporada notable en lo individual.


Pero no sería justo pensar que el descenso del Estudiantes se deba, simplemente, a una mala temporada en la que no han salido las cosas o se ha sesteado más de la cuenta. No. El devenir del club madrileño en las últimas temporadas ofrecía un panorama no muy afortunado camino de un rumbo equivocado que no se ha sabido enderezar, hasta llegar a esto. Como hemos recordado al comienzo de esta entrada, en la temporada 2003-04 el club alcanzaba el subcampeonato de la ACB, frente al todopoderoso Barcelona de Pesic que un año antes había reinado en Europa, y que en sus filas contaba con nombres como los de Navarro, Bodiroga, Fucka, Dueñas o Illieski. Claro que aquel Estudiantes tampoco era manco. Jugadores como Azofra, Corey Brewer, el gran "Pancho" Jasen, Carlos Jiménez, Iker Iturbe o Felipe Reyes conformaban una plantilla sólida y sobre todo muy luchadora dirigida brillantemente por un Pepu Hernandez que un par de veranos más tarde haría historia con la selección española consiguiendo el primer oro mundial para nuestro país. ¡Cómo enamoraba aquel equipo a cualquier aficionado independientemente del equipo que fuera! Aquel Estudiantes era un equipo que llevaba años creciendo, tomando el relevo de los finalistas de la Korak del 99 (precisamente ante el Barcelona) y campeón de Copa del año 2000. De hecho llevaban dos temporadas consecutivas siendo semifinalistas, y aún tras la hazaña de llegar a aquella final, la temporada siguiente volverían a estar entre los cuatro mejores, eliminando al Barcelona vigente campeón en cuartos de final y cayendo en semifinales ante el a la postre posterior campeón Real Madrid. Y a partir de ahí... caída en picado. La llegada de Juan Francisco García a la presidencia, con el club ya tocado económicamente, no sólo supuso el revulsivo esperado, si no que el equipo estudiantil comenzó a acostumbrarse a coquetear muy peligrosamente con los puestos de descenso, mientras se suceden las "caras" en la presidencia (García, Bermudez, Tejedor...) en una peligrosa inestabilidad y líos institucionales. Las temporadas 07/08 y 08/09 apenas hay momentos de alegría para el aficionado, especialmente la 07/08 en la que llegaron a jugarse la permanencia en la última jornada en aquel mítico partido en León con el club fletando plazas de la Renfe para una afición que una vez más volvió a responder. El equipo respondió a base de casta y coraje y orgullo por la camiseta.    

Los guerreros de Pepu, los últimos buenos tiempos.


La apuesta por Luis Casimiro en el banquillo parecía que podría volver a meter al Estudiantes entre la zona noble de la tabla y entre el grupo de equipos capaces de dar algún disgusto a los grandes. Una temporada 09/10 con clasificación para la Copa del Rey y el play off por el título parecía lanzar un aviso: Estudiantes había vuelto. Fue un espejismo. La temporada siguiente, es decir, la pasada, se volvieron a las andadas. Cinco derrotas consecutivas encendieron las alarmas. El equipo se puso las pilas y reaccionó para no volver a pasar aquellos apuros y malos momentos tan recientes que les habían llevado a vivir con el agua al cuello en las últimas jornadas. No obstante el daño ya estaba hecho. Se había instalado en la plantilla un nada estimulante conformismo que no ayudaba a crecer a quienes se confiaba volvieran a reverdecer viejos laureles para el club a base de apostar por ellos y trabajar con paciencia, hablamos de los Granger, Clark, o el más reciente caso de Driesen. Los problemas económicos, que obligaban a técnicos y directivos a tener que hilar muy fino en el tema de los fichajes, sobre todo extracomunitarios, hicieron el resto. Quizás si esta última reacción con Trifón Poch en el banquillo hubiera llegado antes, quizás si se hubiera apostado desde el principio por jugadores de un perfil más generoso con el equipo y el juego colectivo como Tariq Kirksay en vez de los Flores o Wright... demasiados quizás para un equipo que no supo hacer los deberes a tiempo. Y demasiados cambios sobre la marcha tratando de enderezar el rumbo de un barco demasiado a la deriva. El último movimiento desesperado con la contratación del otrora excelso Louis Bullock tampoco se ha acabado de entender, llegando tocado físicamente para jugar los tres últimos partidos (7, 15 y 6 minutos respectivamente) en decrimento de jugadores que todavía estaban adaptándose y comenzando a enchufarse al equipo (Lofton o Deane) Tremenda manera de emborronar el historial de quien ha sido uno de los más brillantes jugadores ACB de los últimos tiempos.  

Claro que si hablamos de historiales, nada es comparable a la situación que ha tenido que vivir el gran capitán Carlos Jiménez. Un jugador con 17 temporadas ACB a sus espaldas, 12 de ellas en el Estudiantes, 170 veces internacional con la selección española absoluta con la que ha sido seis veces medallista y ganador del último título del club colegial (la Copa del 2000), ve terminada su carrera con un último partido que supone el descenso del club de su vida. No, la vida a veces no es justa.     

El final que no merecía.


Personalmente, y para finalizar este requiem por el club estudiantil en el que hemos querido incidir en el hecho de que este descenso no obedece a una mala y puntual temporada si no que se ha tratado de una lenta y progresiva caída hacia el abismo, yo opino como la Demencia, quienes ya se han pronunciado sobre el hecho de que el club trate de ganar en los despachos lo que no ha conseguido en las canchas. Creo que por muy doloroso que sea, esto tiene que ser una oportunidad para el histórico club de enfrentarse a una necesaria regeneración que les reencuentre con las señas de identidad que le convirtieron, más allá de un club "simpático", peculiar, y todo lo que se quiera, en un equipo grande, luchador, orgulloso y con capacidad de sacrificio para medirse a clubes más poderosos sin perder nunca la cara. No obstante, y pase lo que pase, ¡suerte toreros, os estaremos esperando!    

El eléctrico Jaime Fernandez, la piedra sobre la que debe construirse el nuevo Estudiantes.


PD: Comencé a escribir esta entrada anoche, y hoy me levanté con una noticia que no podemos dejar pasar por alto, aunque no tenga que ver con el mundo del baloncesto, pero si con los estudiantes, y en este caso, los de verdad. En vísperas de una serie de justas protestas que comienzan mañana contra unos recortes en educación en absoluto necesarios para cualquiera que eche unas simples cuentas sobre fraude fiscal, indemnizaciones multimillonarias de grandes directivos, sueldos políticos y demás sinvergonzonerías que hemos consentido entre todos en este país, un periódico ha decidido traspasar una línea peligrosa que les convierte en auténticos cómplices, responsables y partícipes de toda la situación en la que vivimos, poniendo en la diana de la opinión pública a cinco jóvenes con rostros, nombres, apellidos, y datos personales y contribuyendo a desviar la atención sobre los auténticos problemas que vive el ciudadano medio de este país, dándole una puñalada trapera además al código deontológico periodístico que en su artículo 13 punto 1 dice:  


 "El/la periodista respetará en su trabajo informativo la intimidad y 

la dignidad de las personas, al tiempo que eludirá proporcionar datos que 
identifiquen a los/las protagonistas  de la información cuando puedan 
ocasionarles daños morales, tanto en su esfera personal como en su entorno 
familiar y social."  

Triste día por lo tanto para quienes aún creemos en algo de lo que hemos hablado en esta entrada: valores. Principios, ética, integridad, moral.  

Nada de eso importa hoy día, nunca pude intuir un panorama tan triste para el ser humano, por dentro y por fuera.  

  




7 comentarios:

  1. Que pena joder, aunque hace años que no sigo el baloncesto, cuando jugaba y me gustaba más el baloncesto era del estudiantes. La verdad que me encantaba ir al palacio de los deportes, menuda emoción cada vez que iba!

    saludos

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  2. El espíritu del Estu siempre sobrevivira, ya sea en la ACB, EBA, con el femenino, donde sea y eso es lo importante. Es paradójico, pero andaba muy ilusionado con este año: volvía Pepu, se contaba con la cantera, yankees de supuesta calidad...y luego fíjate.

    Pdt. Nunca me he tomado muy en serio a la Razón, no es más que el Jueves de la derecha; pero se han psado de la ralla.

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  3. De nuevo un gran post con el que estoy totalmente de acuerdo. Lo del Estu es la crónica de un descenso anunciado, pero no necesariamente eso es algo malo.
    En este tipo de cosas yo soy bastante pragmático, el hecho de haber visto desaparecer a mi equipo (Gijón Baloncesto) y ser testigo año tras año de las miserias del Sporting me hacen ver las cosas de otra manera.
    No hay que hacer un drama. En LEB con esa masa social estarán arriba, disfrutando de buen baloncesto, y es cuestión de tiempo que regresen a ACB. Incluso el hecho de estar en una categoría inferior puede dar más protagonismo a la cantera y oportunidades a chavales para los que dar el paso directamente a la ACB puede quedarles grande. Si es cierto que a priori y sobre el papel, lo tenían todo para hacer un año más que decente, pero creo que a Pepu se la escapó el vestuario (dicho esto con el respeto que me merece un campeón del mundo y grande del baloncesto español)y la solución llegó tarde. Ascender en los despachos sería peor que estar en LEB, de eso estoy seguro.
    En cuanto al otro gran protagonista, Carlos Jiménez, poco más se puede decir de este fenómeno. Tan solo que espero poder estrechar su mano dentro de unos días y darle las gracias personalmente por todo lo que nos ha dado a los aficionados al baloncesto nacional, ya que estará en un campus al que asistirá mi hijo (si, estoy más nervioso que el, los crios de hoy en día se saben de memoria la alineación de los Heat de Miami, pero de ba-lon-ces-to poquito....).
    Nada más y lo dicho, gran post. Te sigo leyendo.

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  4. Evidentemente Pepu es un tipo que no se merece ni un reproche por todo lo que ha hecho por este deporte, pero es cierto que esta temporada, por lo que fuera, ni acertaba con la tecla ni lograba transmitir ni nada... él mismo se dio cuenta, recordad que ya en navidades presentó la dimisión y no se la aceptaron... fue un error.

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  5. Que bueno lo de tu hijo, Marcos, vas a disfrutar tú más del campus que él por lo que veo.

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  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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