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miércoles, 13 de mayo de 2015

EUROPA BUSCA NUEVO MONARCA (II)



Laso, en otra Final Four



Tiempo para analizar el segundo partido de la Final Four, que enfrentará el viernes a las nueve de la noche al anfitrión, un Real Madrid que ha disputado dos finales consecutivas, y un Fenerbahce que se convierte en el primer equipo turco en llegar a una final a cuatro, después de haber fabricado a golpe de talonario algunas de las plantillas más poderosas de Europa en los últimos años pero que fracasaban a la hora de la verdad en la cita continental. Tenía que ser Obradovic, quien si no, el hombre encargado de llevar al baloncesto de clubes turco a subir ese peldaño que tanto se les resistía. Y no ha sido tarea fácil, ya que el pasado curso Zeljko contaba a su disposición con una plantilla tan deslumbrante o más incluso que ésta, con cestistas del nombre y la calidad de Bo McCalebb, Linas Kleiza o el ahora jugador de Brooklyn Nets Bojan Bogdanovic. Incluso nos dejaron un poco “huérfana” la ACB al llevarse a quien era el jugador más valorado hasta el momento, Blagota Sekulic, en vísperas de una histórica participación en Copa del Rey del Iberostar Tenerife, para paliar las bajas por lesión de sus interiores Vidmar y Zoric. Y es que para las liras turcas en el baloncesto de clubes europeo de hoy día nada parece imposible. Por eso no puede calificarse si no como fiasco que el pasado curso no avanzasen más allá del Top 16, fase en la que cayeron después de ganar sólo 6 partidos de los 14 disputados, con una dolorosa última derrota en Vitoria ante el Baskonia por más de 20 puntos. Hasta Obradovic en ocasiones conoce las hieles del fracaso.

Tocaba intentarlo de nuevo, y no iba a ser por falta de presupuesto. ¿Qué se va Bojan Bogdanovic?, vamos por Bogdan, exterior serbio que a menudo es confundido (y es comprensible) con el alero croata. La batuta del equipo se le da esta temporada a un base tan experimentado como Nikos Zisis (aunque comenzó el curso con el Unics Kazan), quien ya sabe lo que es ganar Euroliga (2008, vistiendo la camiseta del CSKA) Los tentáculos turcos llegan hasta la NBA, donde un Jan Vesely desencantado por sus pocos minutos en la mejor liga del mundo (aun así llega a jugar una media de 15 minutos por partido, que ya quisieran muchos europeos de su edad) se pone a las órdenes de Obradovic en un club que libera los 3.3 millones de euros que cobraba el lituano Kleiza, a la sazón el jugador mejor pagado de Europa la pasada temporada. Ricky Hickman, campeón de Europa en 2014 con el Maccabi, es otro de los deseos hecho realidad del técnico serbio. Otro jugador experimentado y ya clásico en el basket continental con capacidad para jugar de base o de escolta, y cuya baja actualmente por lesión ha trastocado en cierta manera los planes de Obradovic. Pero la dinamita de verdad llegó con Andrew Goudelock. Uno de esos americanos con capacidad insultante para anotar y en cuya primera aparición europea, la pasada temporada con el Unics Kazan, le vimos convertirse en MVP de la Eurocup gracias a sus 18.8 puntos por partido. Una pesadilla para cualquier defensa. Si los aficionados madridistas aún sufren pesadillas recordando a Tyrese Rice en la final de Milán deberían prepararse para lo que les espera con Goudelock. No en vano hablamos del tercer máximo anotador de la competición por detrás de Rochestie y Marjanovic. Aunque quien se ha convertido en el hombre clave de los turcos es un viejo conocido de la ACB como Nemanja Bjelica, jugador mejor valorado del cuadro turco con 18.30 de index rating. A sus 27 años recién cumplidos y sin haber alcanzado aún su techo, se trata simplemente de uno de los jugadores más completos de Europa, y capaz de jugar en cualquier posición en la pista con sus 2.09 de estatura. 

Ciertamente, la versatilidad parece la gran baza del Fenerbahce y lo que hace que el Real Madrid se enfrente a un rival realmente complicado de defender, debido a su capacidad para hacer daño por muy distintos caminos, pero todos ellos efectivos. En nuestra anterior entrada nos referíamos a Kirilenko como el jugador más completo de la Euroliga por su capacidad para aportar en todas las facetas del juego, y lo incluíamos en un pequeño listado de jugadores de estas características, citando al propio AK-47 además de Bjelica, Vesely, Preldzic, Khryapa y Rudy Fernández. De este sexteto de jugadores “totales” tres tienen algo en común (Bjelica, Vesely y Preldzic): visten la camiseta del Fenerbahce. Polivalencia en estado puro. ¿Cómo defiendes a tres aleros que son tan capaces de subir el balón como de dirigir el ataque estático, correr contrataques, jugar al poste, o incluso jugar por encima del aro (caso de Vesely y su impresionante salto vertical)? Un auténtico rompecabezas para Laso, y una bendición para Obradovic.   


Bjelica, Vesely y Goudelock, al servicio del MIT


No sabemos si Zeljko Obradovic, ganador de ocho euroligas, y recordado sobre todo por sus cinco obtenidas con un Panathinaikos de leyenda, es el mejor entrenador de Europa. Procuramos huir de ese tipo de enunciados categóricos que no hacen si no distraer un análisis mucho más certero sobre este deporte. Si algo nos ha enseñado la historia es que dependen muchos factores, tales como el contexto, la situación, rivales y plantilla (y por encima de todo la veracidad de que los entrenadores están en manos de los jugadores) Ettore Messina es el mismo entrenador  poseedor de los mismos conocimientos que lleva a la gloria al CSKA y fracasa con estrépito en el Real Madrid, por poner un ejemplo de técnico capaz de vivir dos realidades absolutamente opuestas en cuanto es cambiado de un contexto a otro. Pero si hay algo que admiramos de Obradovic es su capacidad para amoldarse y sobrevivir en un baloncesto cambiante, actualmente de ritmo más rápido que aquel juego espeso con el que consiguió sus primeros títulos y comenzó a forjar su leyenda. El no ser prisionero de un único estilo es lo que hace a Obradovic, en nuestra opinión, superior a técnicos como Maljkovic o Messina, triunfadores en su momento pero que se han visto superados cuando (gracias a Dios) los jugadores decidieron que podían jugar a esto mirando el aro rival y no el cronómetro. Si con el Joventut es capaz de ganar una Copa de Europa anotando menos de 60 puntos, en sus mejores años en Atenas nos deja finales como la de 2007 cuando derrota al CSKA en un partido para el recuerdo resuelto por 93-91. 

Cabía preguntarse por tanto, en vista de la capacidad permeable de Obradovic, si este Fenerbahce es un equipo hecho a su medida, o ha sido el entrenador serbio quien ha sabido adaptarse a una plantilla tan versátil. Lo que si tenemos claro es que hablamos de un equipo que por calidad de roster merece máxima consideración como uno de los favoritos claros a ganar el cetro europeo. Los roles bien definidos de Zisis en la anotación y Bogdanovic y sobre todo Goudelock (jugador con licencia para saltarse la pizarra de Zeljko) en la anotación, y un juego interior clásico con dos torres como Erden y Savas y la calidad de movimientos y juego de pies de Zoric. A todo esto súmenle el juego total de los mencionados Vesely, Prelzdic y Bjelica, y comprenderán el miedo que nos provoca el equipo turco, máxime sabiendo que superan a los blancos en el rebote (36,26 por 34,89), diferencia que se hace más dolorosa en el ofensivo (11,33 por 10,64)  que en el defensivo, donde casi son parejos (24,93 los de Obradovic por 24,25 los de Laso) Parece claro que una de las claves para los anfitriones pasa por cerrar su rebote, aspecto que no está siendo precisamente su fuerte durante esta campaña. 

El Real Madrid se encomienda a la magia del Palacio, escenario donde maneja un elevado porcentaje de victorias (esta temporada sólo ha perdido un partido como local en Euroliga y ninguno en ACB, la única derrota que ha sufrido en su cancha ha sido contra el Estudiantes, pero jugando como visitante, en competición doméstica, y frente el Unics Kazan en primera ronda de la liga europea), pero donde se ha acostumbrado también peligrosamente a la épica y a las remontadas, ganando demasiados partidos de manera muy ajustada. Luego está la presión añadida del anfitrión, una condición nada favorable si nos atenemos a la historia de los grandes torneos (y no hay más que recordar el pasado Mundial de baloncesto celebrado en nuestro país) Un arma de doble filo para un club instalado en la urgencia e incapaz de gestionar aspectos como el favoritismo y saber traspasarlo a sus rivales, quienes en este caso manejan mayores presupuestos que el que dedica la entidad blanca a su sección de baloncesto. Jugar una tercera Final Four consecutiva es un éxito rotundo, y sin embargo da la sensación de que no vale de nada si no se consigue el título, pese a que durante muchos años y hasta la llegada de Laso el Real Madrid había perdido condición de elite europea y las finals four sólo se veían por la tele. Esa presión excesiva con la que carga siempre esta plantilla, empezando desde un presidente con la guillotina preparada si hay el mínimo error hasta parte del aficionado de a pie incapaz de valorar el éxito que supone simplemente la presencia en una Final Four, parece lastrar en ocasiones el potencial de un equipo acongojado por el miedo frente a escuadras que jugaban liberadas de presión al no ser favoritos, caso del Olympiacos de hace dos temporadas (por mucho que fueran vigentes campeones en aquel momento) o el Maccabi Tel Aviv el año pasado.


Obradovic levantado títulos, una imagen muy habitual


No tiene el Real Madrid 2015 el brillo fulgurante de la pasada temporada, cuando era un highlight constante y cada partido era un auténtico espectáculo. A cambio ha reforzado su músculo y endurecido su carácter. El ejemplo más claro es la llegada de Nocioni tras la marcha de Mirotic, cansado de luchar por la Euroliga, a la NBA. El Chapu es un jugador muy alejado de aquel intenso forward que llevara al Baskonia a codearse con los mejores equipos de Europa a mediados de la década pasada, pero su garra está fuera de toda duda. Es el cambio más significativo, el más indicativo de una nueva tendencia, en un roster que esta temporada contaba con hasta cinco caras nuevas (el citado Nocioni, Maciulus, Campazzo, Rivers y Ayon) Casi medio equipo, algo habitual en la mayoría de equipos europeos, pero más llamativo dentro de un proyecto que parecía tener clara su identidad y filosofía. Afortunadamente la base del estilo Laso sigue presente, con una guardia pretoriana formada por el cuarteto nacional que conforman los dos sergios, Rudy Fernández y Felipe Reyes. Ambos bases siguen gozando de libertad para imprimir velocidad de crucero y jugar a campo abierto. Rudy, en su madurez, ejerce de jugador franquicia, quizás demasiado precipitado e individualista en algunos ataques, pero se le perdona viendo su hiperactividad en defensa y rebote. Felipe Reyes por su parte vive una extraordinaria segunda juventud y está en uno de los mejores momentos de su carrera, una trayectoria ejemplar a la que le sigue faltando levantar la copa de campeón de Europa.   

Sabemos que el Real Madrid es un equipo con muchas opciones de victoria cuando les acompaña la inspiración desde el perímetro, pero también que sufren demasiado cuando no entran los triples. El Fenerbahce se mueve en un porcentaje similar a los blancos en el acierto exterior (un 37%), pero con una sustancial diferencia, y es que el Real Madrid (con un partido más) ha lanzado unos 150 triples más que los turcos durante todo el torneo. Nadie ha lanzado tanto desde fuera esta temporada en Euroliga como el conjunto blanco. Otro arma de doble filo ante un equipo que de dos también presenta un porcentaje muy parejo al madridista (54,26 los turcos por 53,82 los españoles) Haría bien el Madrid en preparar posibles “planes b” si no entran los triples, más allá del juego al poste de Felipe y Nocioni (el argentino, con los años, cada vez menos en esa zona y más acostumbrado a lanzar desde fuera, es decir, a pelear menos) o esporádicos alley oops para Ayon y Slaughter. Veremos cómo está la cabeza de Bourousis, jugador totalmente apático durante esta temporada. 

Acierto en el triple y cerrar el rebote (ante un rival con una media de centímetros muy superior), parecen dos mandamientos casi obligados para los de Laso si quieren superar a un contrincante tan fuerte como el Fenerbahce. Pero insistimos que el peligro turco de verdad, su gran baza, y por la que son un candidato tan claro a campeón de Europa, es en su trío de aleros capaces de jugar en cualquier posición: Prelzdic-Bjelica-Vesely, con sus 2.06, 2.09 y 2.10 de estatura respectivamente, y la dificultad para los Rudy, Maciulis y Rivers de defender a estos jugadores. En ese sentido parece que la batalla táctica ya la tiene ganada Obradovic de antemano. 


En el recuerdo la Final Four de 1967 (segunda de la historia y última hasta que en 1988 se retomó el formato) disputada en Madrid en el antiguo Pabellón de la Ciudad Deportiva del Paseo de La Castellana, donde el club blanco se coronó campeón de Europa por tercera vez en su historia tras derrotar primero a un clásico como el Olimpija Ljubljana y posteriormente al mítico Simmenthal Milán del legendario Cesare Rubini. Era el Madrid de Emiliano, Luyk, y, como no, el maestro Pedro Ferrándiz en el banquillo. Aquel Real Madrid empezaba a forjar una gloriosa leyenda. La misma que quiere labrar un Fenerbahce que con una plantilla impresionante y el entrenador más laureado del continente supone la prueba de fuego más dura que el equipo de Laso ha tenido hasta el momento en sus participaciones en finales a cuatro.   


Dos mitos, Luyk y Ferrándiz, celebrando la copa del 67.

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