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lunes, 18 de mayo de 2015

LA CONSAGRACIÓN DE LA PRIMAVERA




Laso, como Stravinsky, contra los críticos




El Real Madrid es campeón de Europa por novena vez en su historia. La novena sinfonía de Pablo Laso, el Beethoven de los banquillos. El temperamental técnico vitoriano entra definitivamente en el olimpo madridista. Ya nadie le podrá reprochar que su idea baloncestística es vistosa pero no gana títulos (como si no hubiera ya ganado unos cuantos) Va a resultar tentador escribir sobre la gesta blanca en términos beethovenianos cuando se ha conseguido la novena copa de Europa, pero nosotros vamos a utilizar una pieza metafórica más moderna que la novena sinfonía compuesta por el tormentoso músico alemán a principios del siglo XIX. 

En 1913 el ruso Igor Stravinsky epataba los inmovilistas y conservadores círculos de la música culta con la presentación de su revolucionaria obra “La consagración de la Primavera”, un alegato estético y vanguardista que buscaba romper con lo establecido hasta la fecha. La pieza causó un enorme revuelo y polémica, pero a día de hoy nadie duda que se trata de una de las cumbres de la música modernista. 

En 2011 Pablo Laso, quien fuera vertiginoso base ACB durante las décadas de los 80 y 90, se hacía cargo del banquillo del Real Madrid, club cuya camiseta ya defendiera como jugador y que acababa de vivir una de sus etapas más desastrosas con el fiasco que supuso la contratación de Ettore Messina, técnico que desmanteló el equipo anterior de Joan Plaza, dilapidó millones de euros, y no llevó ningún título a las vitrinas blancas. La llegada de Laso, no podía ser de otra manera, vino envuelta de polémica, por no hablar directamente de falta de respeto (Pablo “Losa” le llamaban algunos) La falta de palmarés, único argumento baloncestístico que parecen concebir algunos aficionados, le incapacitaba para una tarea tan ardua como la de reverdecer viejos éxitos para la entidad más laureada de Europa. El nuevo técnico blanco tuvo claro desde un principio que al margen de títulos y resultados quería una identidad propia para su equipo, basada en la preeminencia del baloncesto ofensivo y la recuperación del ritmo de juego rápido sin especulación con el crono, estilo que se había perdido durante gran parte de los 90 y la primera década del nuevo siglo debido a la tendencia creada por entrenadores exitosos en lo resultadista pero que estaban alejando peligrosamente al aficionado de las canchas de juego. “Lo único que importa es ganar”, decían. Laso, viejo romántico de las canastas, vino a dejar claro que para él no importaba sólo ganar, si no el camino emprendido para ello. Desde la misma pretemporada del curso 2011-12 implantó las señas de identidad de este Real Madrid. La sublimación de su idea nos llevó al éxtasis con su primer título, una Copa del Rey obtenida en Barcelona, en la plaza del eterno rival en una inolvidable final ante el equipo blaugrana que poco antes nos pasaba por encima en cada partido. Aquella exhibición de baloncesto ofensivo (74-91 para los blancos) producida sólo unos pocos meses después de la llegada del vitoriano suponía el comienzo de una serie de partidos inolvidables dentro de la reciente historia del baloncesto madridista. Durante aquella primera temporada Europa fue la asignatura pendiente del equipo de Laso. Se quedaron fuera de los cuartos de final tras un triple empate en la fase anterior de grupos (de aquella el Top 16 se repartía en cuatro grupos de cuatro equipos) con Bilbao y Siena, pese a haber tenido el tercer mejor balance de la competición. 

A partir de entonces, el Real Madrid de Laso ha sido el equipo más regular y que mejor baloncesto del continente ha practicado, con tres finales de Euroliga consecutiva. Dos previas en las que el equipo fue cogiendo ese “callo” necesario para citas de este tipo, y una tercera en la que la magia del Palacio (121 victorias en 135 partidos con Laso como entrenador) ha empujado al equipo local a coronarse como el nuevo monarca continental. Ya no es sólo una cuestión estética. Ahora además hay un título que lo avale. La consagración de Pablo Laso, nadie debería dudar ya de su idoneidad para el cargo.


En la próxima entrada analizaremos con detalle las semifinales y final de esta Final Four, pero queríamos dedicar unas líneas en exclusiva al hombre que ha cambiado a una sección de baloncesto demasiado errática hasta su llegada y que por fin ha encontrado su identidad. Pablo Laso es el arquitecto del Real Madrid. Se le ha negado su valía y su trabajo ha sido puesto bajo sospecha en muchas ocasiones. Es la hora de las reivindicaciones.  

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