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miércoles, 20 de abril de 2016

EL REAL MADRID FINALIZA SU CALVARIO EUROPEO



“Al éxito y al fracaso, esos dos impostores, trátalos siempre con la misma indiferencia” (Ruyard Kipling) 





Amarga despedida


Amarga despedida europea del equipo que aún es vigente campeón de la máxima competición continental. El Fenerbahce de Obradovic se venga de la Final Four de la pasada temporada y certifica una temporada para olvidar en Euroliga para el conjunto madridista. Ha sido un transitar durísimo para los de Laso, desde una primera fase en la que tras un comienzo que se podría calificar de normal (perder en Moscú y Estambul ante Khimki y Fenerbahce y victorias como local ante Estrella Roja y Bayern Munich), tres derrotas consecutivas en Estrasburgo, Belgrado y en el Palacio ante Khimki, obligaban a los blancos a jugar sin red en los partidos siguientes. No fallaron. Fenerbahce y Estrasburgo mordían el polvo en Madrid, y en Munich los de Laso compensaban la derrota sufrida en casa ante el Khimki, en un estratosférico partido de Gustavo Ayon (22 puntos, con 80% en tiros de campo, 9 rebotes, 4 asistencias, 6 robos y 3 tapones, para un 41 de valoración… esto para los que dicen que Laso no sabe sacar provecho a sus pívots) El campeón sufría pero seguía vivo. 


Y se llegó a un Top 16 absolutamente infernal. Encuadrado con el presupuesto más alto de Europa y gran favorito según las casas de apuestas para ganar el título a principio de temporada (CSKA Moscú, un equipo que ha estado en 13 de las últimas 14 final fours), el doble campeón de 2012 y 2013 y finalista en 2015 Olympiacos, el multimillonario Khimki de Alexey Shved que había derrotado a los blancos en los dos partidos de la primera fase, dos potencias ACB como Barcelona y Baskonia y la sensación alemana del momento, el Brose Basket de Bamberg, líder destacado de su liga, actual campeón, y ganador de cinco de las últimas seis ligas germanas. Tan sólo el otrora laureado Zalgiris Kaunas parecía, como así fue, un rival claramente por debajo de estas siete potencias europeas. Por si fuera poco el equipo blanco se ve obligado a padecer una extraña configuración de calendario que le obliga a jugar cinco de los primeros seis partidos en casa, cuatro de ellos de manera consecutiva, lo cual obligaba lógicamente a padecer un final de grupo con desplazamientos de la máxima dificultad.


Se cumple en el primer partido con una victoria sufrida ante un Brose que daría mucha guerra posteriormente para luego caer en Moscú ante el CSKA. Sin alarmas. Una derrota que podía entrar en lo previsto. Se encara entonces el carrusel de cuatro partidos consecutivos como locales ( Zalgiris, Barcelona, Olympiacos y Baskonia) Se cumple ante los lituanos, pero frente al Barcelona llegaría uno de esos pequeños detalles que pueden marcar una trayectoria europea. El “buzzer beater” de Doellman comienza a poner las cosas difíciles a los de Laso, una canasta de la que es imposible no acordarse (y que finalmente ha marcado la diferencia entre enfrentarte al Fenerbahce y a un rival más asequible como Lokomotiv Kuban) No se falla frente a los griegos, pero un Baskonia en un excelente estado de forma toma el Palacio para dejar a los blancos en una situación muy complicada. El balance no parece preocupante (3-3), pero si el hecho de que de esos seis partidos, cinco han sido ya jugados en casa. El Real Madrid vuelve a verse en el alambre y obtiene dos victorias consecutivas muy meritorias visitando al Khimki y al Brose. El panorama se clarifica, aunque una nueva derrota como local, esta vez frente al potente CSKA, vuelve a complicar las cosas y a obligar al equipo madridista a seguir sumando alguna victoria fuera. Llegará en la jornada siguiente, en la cancha más propicia para ello: Kaunas. Era la primera de las cuatro salidas consecutivas que esperaban al campeón. Las tres siguientes se saldaron con derrota. Primero Barcelona, en un extraño partido con un histórico primer cuarto de 25-4 en contra de los blancos, que logran remontar el partido y llegan a ponerse por delante comenzado el último acto para finalmente no saber cerrar el partido y dejarse la victoria en el Palau. Después en Atenas ante un Olympiacos que se jugaba la vida y estaba todavía más presionado que el Real Madrid. Los griegos realizaron esa tarde su mejor partido del Top 16, aunque finalmente no les llegaría para pasar a cuartos. Toca viajar a Vitoria jugándose la vida para no depender de terceros resultados en la última jornada. En el recuerdo la derrota de la ida, además de la visita en ACB saldada igualmente con victoria baskonista. Pero también el recuerdo del triunfo madridista en semifinales de Copa del Rey. Los de Laso hacen un buen partido y con cinco arriba en el último minuto (82-87) parecen tener encarrilada la victoria, pero no saben cerrar el encuentro. Ayon falla una canasta relativamente fácil que hubiera sentenciado el partido y el Baskonia se mete en el partido a base de tiros libres. Precisamente un tiro libre de Sergio Rodríguez, después de fallar el primero, sería lo único que sumaría el Real Madrid en ese último minuto, para dejar una desesperada última posesión a los de Perasovic que sentenciarían con un triplazo increíble de Bertans (tras pasos) Otra vez un pequeño detalle condenaba al Real Madrid. 


Ya sólo quedaba una bala. Una final en toda regla frente a un Khimki quien también se jugaba seguir en Europa o quedar eliminado en ese partido. Mucha presión para un equipo que después de haber dominado Eurocup en los últimos años se había configurado para asaltar la Euroliga con un roster plagado de estrellas (Shved, Rice, Monia, Koponen, Davis, Augustine, Zoran Dragic… algunos de los sueldos más altos de Europa) El Palacio responde y revive la magia de las grandes noches. Poco importaba la cuarta plaza y quedar emparejado con Fenerbahce. Después de tanto sufrimiento el Madrid se había ganado el derecho a soñar. Había sido una trayectoria sufrida y empedrada, un auténtico camino de espinas. Irregularidad y momentos de desconexión durante muchos partidos. En el aspecto positivo, se percibía una tendencia ascendente, además de la demostración de que el gen competitivo seguía intacto. Pese al número de derrotas el equipo había dado la cara en todos los partidos, ningún rival le había echado de la cancha a excepción de un soberbio Olympiacos en Atenas. Incluso la derrota en Moscú ante el CSKA (por 14 puntos, igual que ante los griegos) no había dejado mala imagen, con el equipo con opciones hasta prácticamente mediado el último cuarto. Había que aferrarse a la esperanza. 


Se esperaba por tanto una eliminatoria espectacular entre dos equipos llamados a enfrentarse en todo caso en una Final Four, no en unos cuartos. Una serie disputada, y posiblemente llevada al quinto partido. No fue así. Eliminatoria resuelta en 120 minutos en los que el equipo de Obradovic ha estado por delante durante el 90% del tiempo jugado. Una superioridad basada en un baloncesto muy antagónico al que suele practicar el equipo de Laso y que devuelve el juego a sus peores momentos de esta competición, a los partidos en los que se ganaba castigando más el fallo del rival que premiando el arrojo y la valentía que conduce al acierto propio. Los pequeños detalles que tanto habían condenado al Madrid en este transitar de Euroliga parecieron amplificarse. Un equipo capaz de facturar pequeños parciales a favor durante escasos minutos, pero con enormes lapsos de tiempo sin anotar. Los malos porcentajes en el triple han sido otro lastre sorprendente en un equipo que en ACB firma un brutal 44,59% desde esa distancia, para bajar a un 34,79% en Euroliga. ¿Pero cómo renunciar al triple un equipo con la batería de exteriores que tiene a su disposición Pablo Laso? Sería tan absurdo como pedirle a la España futbolística de Xavi e Iniesta que se hubieran dedicado a jugar al pelotazo en vez del pase corto. Por otro lado, y pese al tópico de la fragilidad del juego interior madridista, ha sido Gustavo Ayon (enorme temporada la suya) quien más ha mantenido al equipo. Los detractores de Laso ahora hablarán con total desverguenza de la ineficacia de un estilo que ha llevado al Real Madrid a una temporada histórica hace tan sólo unos meses, criticarán el abuso en el lanzamiento triple de un equipo que tiene algunos de los mejores tiradores del continente, y recurrirán al tópico del “plan b”. Una entelequia deportiva a la que se recurre sin saber realmente lo que se quiere decir. El Real Madrid no tiene “plan b” como no lo tiene ninguno de sus rivales cuando ve a los de Laso pasarles por encima. Como no lo tuvieron Fuenlabrada ni Gran Canaria ni sobre todo un fortísimo Baskonia en la reciente Copa del Rey conseguida (por tercer año consecutivo) por el Real Madrid. Tampoco vimos ningún “plan b” en Obradovic en la última Final Four cuando el Madrid le cosió a triples, y no creo que nadie pueda dudar de la capacidad táctica de Zeljko. No hay planes “a” ni “b” ni “c” ni trucos de magia que valgan cuando el rival es superior. Hay baloncesto, juego, estados de forma, canastas que entran y canastas que no entran, rebotes que se escapan y balones que se pierden, y rivales superiores, en mejor estado de forma, y que te pasan por encima. Así de sencillo.   




Obradovic, esta vez si dio con la tecla.



En medio de este calvario europeo, que finaliza ya para centrarse en la Liga Endesa, el Madrid deja muy malas señales con constantes quejas arbitrales y de calendario, que independientemente de la razón que se pueda tener (esos pasos de Bertans en el triple ganador en Vitoria, que con un “instant replay” hubieran dado la victoria al Madrid… o la facilidad con la que Laso es castigado con técnica cada vez que pisa levemente la línea en comparación con otros técnicos que parecen seguir teniendo más nombre pese a todo lo ganado ya por el entrenador madridista) muestran que esta temporada, Europa no era para los blancos, buscando explicaciones y culpables exteriores cuando las piernas no van. Este no era el año. 


Los seguidores madridistas quedamos tocados, porque nos hubiera gustado ver alargarse la serie, y porque creemos que un equipo con esta impresionante reciente trayectoria europea merecía algo más (recordemos que Laso nos ha llevado a tres finales continentales consecutivas), pero toca levantarse y luchar por la liga. A ese respecto los jugadores agradecerán el descanso, aunque su orgullo de campeones les debe estar haciendo pasar las horas más duras de la temporada. Toca cambiar el chip y luchar por la liga. En ese sentido la respuesta del Palacio, ovacionando al equipo pese a la eliminación europea, es el primer paso para la búsqueda del título liguero. La comunión entre equipo y (la mayoría de) la afición sigue intacta. El proyecto Laso sigue vivo. 



En otro orden de cosas, hay que felicitar al Laboral Kutxa, que ya ha obtenido su billete para la Final Four de Berlín. Su rival será precisamente el Fenerbahce de Obradovic, que tras su exhibición ante el Real Madrid se convierte posiblemente en el principal favorito para el triunfo final, con permiso de un CSKA también en Berlín por la vía rápida tras eliminar al Estrella Roja de Belgrado (auténtico equipo revelación de este curso de Euroliga) Los moscovitas se medirán o bien al Lokomotiv, en duelo fraticida, o con más posibilidad al Barcelona de Xavi Pascual que manda en su serie 2-1.  




Eliminados pero ovacionados. La afición fue justa con sus héroes.




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