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miércoles, 11 de junio de 2014

RODILLO TEJANO


Exhibición de los Spurs en el tercer partido de las series finales. Como en la temporada pasada, cuando los tejanos deshacían el empate a uno en un espectacular partido en el que arrollaban a sus rivales por una diferencia de 36 puntos. Anoche fueron “sólo” 19 puntos, gracias a que los de Florida se pusieron las pilas tras el descanso, pero la cosa apuntaba a debacle mayúscula. 

Hasta el momento las finales se habían desarrollado dentro de unos parámetros de bastante igualdad, pero con los Spurs dando sensación de tener más recursos, más equipo. Por Miami el “big three” había funcionado bien, además de un gran Ray Allen y un renacido Rashard Lewis. Por San Antonio se instalaba la certeza de que algunos hombres podían y debían dar mucho de sí, especialmente el llamado a ser nueva estrella de los Spurs: Kawhi Leonard. 

Inoperante en defensa y discreto en ataque en los dos primeros encuentros de las series, el alero de Riverside se desquitó anoche con su mejor partido como profesional hasta la fecha, alcanzando su tope anotador con 29 puntos y una soberbia serie de 10 de 13 en tiros de campo, sólo falló 3 de sus 6 intentos triples, sus 7 lanzamientos de 2 acabaron dentro, y en tiros libres se quedó en un notable 6 de 7. Fue la punta de lanza de un ataque tejano en versión rodillo. Los Spurs comenzaron anotando a una media prácticamente de 5 puntos por minuto. Una locura. LeBron salió al rescate para con dos triples seguidos cerrar levemente una herida que sería definitiva. A los de Popovich les salía todo, y un triple sobre la bocina contra tablero de Manu Ginobili cerraba un primer cuarto de videoteca para los tejanos en el que dejaban en su marcador nada menos que 41 puntos anotados en 12 minutos de juego. Un vendaval.

Apretaron en defensa los Heat a partir del segundo cuarto para bajar la anotación visitante a “sólo” 30 puntos, dejando al descanso un espectacular marcador de 71-50 (hay que remontarse a 1987 cuando los Lakers anotaron 75 puntos ante los Celtics para encontrar un equipo que se fuera al descanso con más de 70 puntos anotados al descanso en unas finales). Pero no sólo eso. Había que frotarse los ojos para ver la estadística sobreimpresionada que nos ofrecía la retransmisión televisiva según la cual San Antonio había lanzado con un 76% en tiros de campo. Auténtica ciencia ficción, y máxime si tenemos en cuenta que lo hacían frente a uno de los mejores equipos en defensa del mundo. Pero es que además Miami lo había hecho con un 56%, lo que habitualmente es un magnífico porcentaje de tiro, pero que en esta ocasión le suponía sucumbir por 21 puntos.    

No iban a entregar la cuchara tan pronto los actuales campeones. Lo bueno de cuando te están dando tanta cera que no ves ni por donde te vienen los golpes, es que celebras cualquier mínima reacción y te vienes arriba en cuanto el rival deja de encadenar dos puñetazos seguidos. De modo que dos jugadas de 3 puntos consecutivas (un 2+1 de Wade y un triple de Bosh) encendían las gradas del American Airlines Arena, y eso que aún perdían de 15 puntos. Llegaban los mejores momentos de Miami, que en este tercer cuarto llegaban a recortar diferencias hasta ponerse a 7 puntos (81-74), con Norris Cole, Ray Allen y Chris Andersen aportando desde la segunda unidad. Boris Diaw, quien fue el elemento sorpresa de Popovich saliendo de titular en detrimento de Splitter (buscando el técnico Spur un quinteto de perfil similar al de su rival, sin pívot puro), anotaba la última canasta del tercer cuarto para dejar el marcador en un 86-75 que resultaría suficiente para que el tercer punto viajara a San Antonio. En el último acto Miami siguió intentándolo pero lo máximo que pudo acercarse fue a diez puntos (90-80) tras triple de Ray Allen. Kawhi Leonard volvió a tomar el mando de las operaciones y los últimos minutos fueron finalmente plácidos para los visitantes, que como la temporada pasada se ponen 2-1 y con mejores sensaciones que Miami. Spoelstra tiene mucho que trabajar para que las finales no se le vayan, especialmente en el puesto de base, donde Mario Chalmers comienza a ser señalado tras sus malas actuaciones en estos tres primeros partidos. Si la pasada temporada promedió 10.5 puntos en los siete partidos por el título ante San Antonio, en éstas apenas está anotando tres puntos por encuentro. El jueves noche, más. 


 
Leonard hizo el partido de su vida.


lunes, 9 de junio de 2014

NBA FINALS: GAME 1 & 2


TOO MUCH HEAT FOR THE HEAT 

No deja de resultar paradójico que un equipo apellidado “calor” fuese el más perjudicado de la batalla de la sauna del AT&T Center de San Antonio, donde el auténtico protagonista fue el aire acondicionado, o mejor dicho, la ausencia del mismo por avería, lo que obligó a los jugadores a disputar el choque bajo un calor de más de 30 grados centígrados, pagándolo sobre todo un LeBron James castigado por calambres y prácticamente inmóvil sobre el parquet tras anotar su última canasta (92-94), a partir de ahí coser y cantar para los tejanos, que con un parcial de 16-3 se aseguraron el primer punto de las series finales. 

El partido hasta aquel momento de dolorosa abdicación del King James se había jugado en términos de absoluta igualdad, con ambos equipos utilizando sus mejores armas. Parece que Spoelstra apuesta por Lewis como complemento de Bosh en el falso juego interior de los Heat, circunstancia que Popovich tiene claro como aprovechar. Buscar a Splitter siempre que sea posible. Por no hablar de un Tim Duncan a quien no es necesario buscarle. El baloncesto siempre le encuentra, cada movimiento del mejor cuatro de la historia sobre una cancha de baloncesto es una lección de fundamentos y sobriedad. Con 21 puntos y 10 rebotes empezó a presentar su candidatura para su cuarto MVP de unas finales. Miami, dirigidos por un errático Chalmers (horrible partido el suyo) pronto empezó a ceder la batuta a un LeBron que tardó en entrar en juego pero acabó siendo, una vez más, el mejor de su equipo. A pesar de la igualdad en el marcador los Spurs daban la sensación de ofrecer siempre un poquito más que su rival, cosa que se hizo evidente cuando las segundas unidades de ambos rosters hicieron acto de presencia. El banquillo de San Antonio es superior al de los de Florida, sobre todo si hay por medio un nombre propio como el de Manu Ginobili. El argentino clavó sus tres primeros intentos triples (dos en contrataque, y otro en cuanto recibió un primer pase, y es que en los metódicos Spurs también hay sitio para la inspiración individual y las genialidades anárquicas) Boris Diaw se mostraba como mejor antídoto contra James que Leonard, y el banquillo tejano hacía daño para compensar el mal partido de Danny Green y Kawhi Leonard, quienes sólo aparecieron en los minutos finales y con viento a favor. Pero Spoelstra también encontraba recursos en un Ray Allen jugando a un nivel altisimo (16 puntos, 5 robos y 3 asistencias desde el banquillo) y en un Chris Andersen siempre voluntarioso y efectivo en defensa. 

Y llegó la jugada clave. James había comenzado a dar síntomas de problemas físicos, viendo parte del último cuarto desde el banquillo, lo que aprovechaba San Antonio para tomar pequeñas ventajas en el marcador. Con 90-94 el alero Heat no quiso esperar más a pesar de su estado y volvió a cancha. Anotó fácil en penetración pero tras dejar el balón en las redes tejanas se encendieron todas las alarmas. The King se quedó clavado en la banda. Tuvo que retirarse con la ayuda de sus propios compañeros y de un Spoelstra al que se le venía el mundo encima. El 92-94 con el que dejó el marcador fue su último acto de servicio del partido. Los Spurs arrollaron a partir de ese momento y Green y Leonard, ausentes hasta el momento, se unieron a la fiesta. Marcador abultado y engañoso que no hace justicia a los méritos de uno y otro equipo, pero el primer punto se quedaba en San Antonio.    


El Tío Calambres



NO CABREES AL REY 

La imagen del primer partido, más que la victoria de los Spurs, estaba en el colapso físico sufrido por LeBron, auténtica vitamina para los haters. Hasta Gatorade decidió sumarse al escarnio, haciendo bromas en twitter sobre el problema del alero de Miami. Nunca cabrees a un jugador así. No provoques su ira. No quieras ver su mejor versión. Puede hacerte añicos, puré, papilla. Y es que LeBron dejó una exhibición en el segundo partido de las finales que los asistentes al AT&T Center de San Antonio tardarán en olvidar. 

Todo ello a pesar de fallar sus tres primeros lanzamientos a canasta, en un primer cuarto marcado por la formidable defensa tejana. LeBron se fue al banquillo tras algo más de 9 minutos de juego en los que anotó una canasta de cuatro lanzamientos, capturó un rebote, y perdió tres balones. Pero a partir de ahí se desató la tormenta. En los tres cuartos siguientes anotó 33 puntos, en una serie de 13 de 18, incluyendo los tres lanzamientos triples que intentó. Capturó diez rebotes más para acabar con once, y destrozó por igual a Leonard, Diaw, y cualquiera que se le pusiera por delante. Lanzamientos desde media distancia, triples en llegada, penetraciones. En definitiva dominar un partido de unas finales NBA como no se veía desde el mejor Michael Jordan. 


Del mismo modo que en el primer encuentro, la igualdad fue la tónica dominante del partido, pese a un gran arranque de San Antonio. La consigna de Popovich para los primeros minutos de estos partidos es clara, hacer daño dentro. Sacando el máximo rendimiento a Splitter y disfrutando de la eterna juventud de Tim Duncan (18 puntos y 15 rebotes, 7 de ellos en ataque) Que espectáculo ver a un jugador de 38 años rebañar balones en el aro rival de esta manera. Los locales cerraron el primer cuarto mandando de siete, y comenzaron el segundo alcanzando una máxima diferencia de once puntos (19-30), hasta que LeBron comenzó su exhibición. Bien secundado por un Ray Allen vital para Spoelstra y un Rashard Lewis aspirante a “factor x” de estas finales. Un parcial de 9-0 para Miami estrechó un marcador que ya no conocería grandes ventajas. Los Heat supieron templar mejor los ánimos en los minutos finales, mientras que San Antonio se precipitó con un triple lejano de Ginobili que puso más cerca la victoria visitante. Chris Bosh, tantas veces criticado como la pata más coja del “Big Three” de los de Florida resultó clave con un triple y una asistencia picada dejando completamente solo a un Wade que ponía un 98-93 insalvable para los tejanos. Ginobili estrechó el marcador con un triple sobre la bocina pero los de Spoelstra conseguían su objetivo. Se llevan un punto de sus dos primeros partidos en el AT&T Center, escenario que vivirá como mínimo un quinto partido. Ojala sean siete. El baloncesto lo merece. Y si es para brindarnos espectáculos como el de anoche, más todavía.        


Tuvo su revancha.



miércoles, 19 de junio de 2013

UNA HISTORIA DE REDENCIÓN


El Big Three de Pops


Tenemos muy abandonadas las formidables finales de la NBA entre Miami Heat y San Antonio Spurs que alcanzan ya su séptimo partido. Hemos tardado en engancharnos. Sólo he visto los tres últimos partidos, pero la sensación general (y eso que en esos tres partidos ha habido dos victorias de los de Florida) es que el conjunto de Popovich ha sido superior, manejando un vocabulario baloncestístico más amplio, y, quien iba a decirlo, incluso más atractivo que su rival. Pase lo que pase en el séptimo partido creo que ambos equipos habrán realizado unas finales enormemente dignas ganándose el aplauso de los buenos aficionados (por mucho que de producirse una derrota Heat los “Lebron Haters” emergerán cargados de razones para disparar sin piedad contra el cuatro veces MVP) 

Y desde luego, quien iba a decirnos que estos Spurs de Popovich iban a ser tan ensalzados como equipo quintaesencial con aroma “old school”, cuando mientras fueron una dinastía ganadora de anillos las críticas arreciaban y se les tildaba de practicar el baloncesto más aburrido (aunque más práctico) de toda la NBA. Y no hace falta remontarse demasiado. No hace falta irse a finales de los 90, cuando Duncan y compañía inauguraban una nueva era en la mejor liga del mundo derrotando en una de las finales más soporíferas que pueda recordar a los New York Knicks en cinco partidos. Ha llovido. Tanto que el viejo Duncan es ya historia siendo el único jugador de todos los tiempos capaz de haber jugado finales en tres décadas distintas (veremos si además de eso, ganar anillos en ellas) No puede haber debate sobre la importancia de la figura del jugador de las Islas Vírgenes en el universo NBA. Simplemente, el mejor ala-pivot que haya existido nunca. Donde si hay debate es en la transformación de la franquicia tejana. Del rocoso y compacto baloncesto de granito de hace años a su actual juego sedoso con fluidez ofensiva y demoledor juego exterior. Esta temporada han anotado 103 puntos por partido (102.9 han conseguido los Heat), sólo por detrás de Denver, Houston y Oklahoma. La historia de Popovich y sus muchachos es la de una redención con los aficionados. Y empezando por el propio entrenador. Gregg Popovich, el hombre que lleva 16 temporadas consecutivas manteniendo a los tejanos por encima del 60% de victorias en liga regular. Los Spurs no entienden de ciclos. Sólo les vale uno: el ganador. Popovich demuestra cuanto mejor es un entrenador que sabe amoldarse y cambiar que aquel quien se aferra con estúpida cabezonería a su libro de estilo. Si Popovich hubiera seguido basando el juego de su equipo en la deconstrucción del rival por encima de la brillantez propia difícilmente los Parker, Ginobili y Duncan estarían disputando una nueva final. 

No hace mucho, como decimos, los Spurs eran el equipo más odiado de la NBA. Claro que como receptor de odio no hay nadie hoy día como LeBron James. El más grande, el más odiado. Los aficionados recordarán aquellas series de play offs contra equipos antitéticos como los Phoenix de Suns de Mike D’Antoni en los que los de Arizona se veían frenados por lo civil o lo criminal, que diría Luis Aragonés. Steve Nash llegó a acabar con roturas de nariz y ceja cuando se enfrentaba a los de Popovich. Eran los Spurs de Duncan, Parker y Ginobili (quienes por cierto, tampoco se han cortado un pelo nunca a la hora de “repartir”, sobre todo en el caso del argentino, a quien ayer le vimos soltar el brazo contra LeBron), pero también los de Bruce Bowen o Robert Horry. No había equipo más duro y sucio en la NBA que San Antonio, dejando incluso a los Bad Boys de Detroit de finales de los 80 como un grupito de colegialas. Quien le iba a decir a Boris Diaw, víctima del hormigón armado de San Antonio en sus mejores años NBA, que iba a estar a punto de ganar un anillo con la escuadra tejana.    


La pesadilla de Steve Nash


La amabilidad con la que se ve ahora a San Antonio sorprende, y más todavía si se ejemplifica en algunos jugadores. Es sintomático el caso de Manu Ginobili, quien está protagonizando unas series finales bastante desastrosas solamente salvadas por un magnífico quinto partido. Un gran partido y cinco pésimos (ayer llegó a perder hasta 8 balones), pero simplemente ese buen partido le valió para recibir un excesivo foco mediático para el trabajo que está haciendo en estos play offs, como ejemplo de profesional intachable y jugador decisivo. Todo ello, por supuesto, para ahondar en el desprecio a LeBron, al que desesperadamente se le sigue buscando tachar de “loser” a toda costa. Los datos que arrojaron ayer los comentaristas del Canal Plus, Antonio Sánchez y Antoni Daimiel son esclarecedores en este sentido y dicen todo lo contrario. James es el jugador en toda la historia con mejores números cuando se enfrenta a un match ball en contra, promediando 30 puntos y 10 rebotes cada vez que su equipo está al borde de la eliminación. Anoche, para ser fiel a la estadística, firmó su enésimo triple-doble. 32 puntos, 10 rebotes, 11 asistencias. 

LeBron ganará o perderá estas finales, pero nadie puede dudar de su capacidad para morir en la cancha cuando su equipo se desangra. A veces da la sensación de que es el único jugador de los Heat, incluyendo los bases, con capacidad para jugar con criterio. A su lado Dwyane Wade sigue con su juego suicida (otro argumento para atacar a LeBron por parte de los “haters”, Wade era “el bueno” del equipo, el que sabía jugar en equipo… un comentario así no merece ni réplica, baste con ver cualquier partido del equipo de Miami para darse cuenta cual de las dos estrellas mueve más la bola para los compañeros), creyendo que todavía es el “Flash” de las finales de 2006. Crish Bosh, uno de los “power-forwards” con mejor mano de la liga, está muy por debajo de su presumible nivel (por no hablar de su inexistente defensa sobre Duncan) y con una rotación muy limitada, Erik Spoelstra ha tardado en darse cuenta de la importancia de un jugador como Chris Andersen si quiere tener la posibilidad de que su equipo mantenga una dureza acorde a la exigencia que le plantea el equipo de Popovich. Spoelstra es un entrenador aún joven y con sobrada capacidad para manejar equipos campeones, pero la experiencia se nota. Si hace dos temporadas sufrió ante un técnico mucho más consolidado como Rick Carlisle en la final contra Dallas, comprenderán que lo de Popovich resultan palabras demasiado mayores. Con todo ello el mejor apoyo que está encontrando LeBron es la “resurrección” de Mike Miller, cuyo magnífico 13 de 17 en lanzamientos triples (ayer anotando uno sin zapatilla) está siendo una de las mejores noticias en Florida. Aún así demasiado poco para frenar el arsenal de los Parker, Green (ya máximo triplista en unas finales superando a Ray Allen), Leonard, Neal, Duncan… y un Ginobili en el que pese a todo Popovich no pierde la fe (así debe ser) Y no olvidemos a un Boris Diaw creciendo en importancia en la serie y con una muy buena actividad defensiva sobre LeBron.   


LeBron acabó sin cinta.



LeBron, Popovich, Miller, Andersen, Ginobili, Diaw… varios nombres buscando una historia de redención con un deporte que es su vida.