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miércoles, 16 de julio de 2014

CABALLERO LEBRON





"Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.
 Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies.
 Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta;
porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse." (Parábola del Hijo Pródigo, Lucas 15:11-32)




LeBron en casa



LeBron James vuelve a casa. Volverá a lucir la camiseta de los caballeros de Cleveland, el club cuyo logo luce un florete, arma blanca y refinada donde las haya con la que los nobles del siglo XVII se batían en duelo para tratar esos asuntos del honor que tanto preocupan a los de alta cuna. “The Decision 2.0” no ha conocido el revuelo mediático de hace cuatro años, cuando el 8 de Julio de 2010 James anunciaba su fichaje por Miami Heat en un show televisado que recaudó seis millones de dólares (que en gran parte fueron donados a obras de caridad, principalmente a The Boys and Girls Clubs of America, una asociación filantrópica que lucha por ayudar a los chavales de las calles estadounidenses a que no caigan en lo peor que pueden ofrecer algunas de esas calles y barrios: drogas, prostitución, o bandas callejeras) Parece que la legión de “haters” de LeBron anda un tanto apaciguada, cuando podrían estar sacando pecho tras la  tercera final perdida por The King (una con Cleveland, dos con Miami, una frente a Dallas, dos contra San Antonio) Aquel Julio de 2010 veía a España proclamarse campeona del mundo de fútbol, mientras que la noticia del retorno de LeBron a Ohio nos ha pillado en vísperas de la justa coronación de la Alemania de Joachim Low como herederos del fútbol preciso, precioso y preciosista que nos consagrara a nosotros hace cuatro años, como si el alero de Akron fuese seguidor de que “la vida es eso que pasa entre mundial y mundial” y midiese sus ciclos vitales alrededor del mayor acontecimiento deportivo del mundo después de unas olimpiadas. 

Cuatro años al calor de Miami, donde ha ganado dos anillos de campeón y cuatro títulos de la Conferencia Este. No es mal bagaje, aunque con The Chosen One todo parece poco, sobre todo teniendo en cuenta el arrojo con el que el alero prometió ganar “no uno ni dos ni tres ni cuatro ni cinco ni seis ni siete…” anillos en su presentación como Heat, anunciado una dictadura en la mejor liga del mundo junto a sus amigos Dwayne Wade y Crish Bosh. Contrasta todo aquello con sus declaraciones actuales una vez decidido a retornar al Cleveland en el que jugó su primera final por el título (en 2007 ante San Antonio Spurs): “No prometo anillos porque ahora sé lo duro que es lograrlo”. Un LeBron más maduro, más humilde, más humano. Como si quisiera despojarse de la regía condición de monarca de la canasta que le lleva acompañando desde prácticamente la adolescencia para rebajar su rango al de simplemente caballero, que para eso se enfunda de nuevo la zamarra Cavalier. La carrera de James es asombrosamente brillante, pero para quien estaba destinado a marcar la época más triunfal y dominante desde Jordan ha sido una dura pelea el luchar por todos los títulos posibles y haber ganado “sólo” dos. Cleveland puede ser un buen destino para seguir engordando su palmarés. A pesar de las exageradas muestras de desazón y el linchamiento al “traidor” LeBron (escenas que estos días ahora vemos en Florida) traducido en quema de camisetas, pancartas insultantes, y hasta en el ridículo de Dan Gilbert, presidente de los Cavs, profetizando que LeBron nunca ganaría un campeonato tras su salida de Cleveland y colgando en la web del equipo una infame carta en la que insultaba públicamente a James (carta que ha estado disponible en la página oficial del club hasta hace pocas fechas, en las que apresuradamente la han retirado, como si no hubiera pasado nada, como si nunca hubiera existido odio ni resentimiento hacia el hijo más ilustre de Akron, ciudad de la que también son originarios los vanguardistas nuevaoleros Devo, la cantante Chrissie Hynde, o el también estrella de la NBA Stephen Curry, y que se encuentra a apenas 40 minutos de Cleveland en coche), a pesar de todo el desafecto expresado por la comunidad Cavalier hacía el posiblemente mejor jugador que haya vestido su camiseta lo cierto es que desde un punto de vista frívolo el periplo de James en Florida no ha sido un mal negocio para ambas partes. El jugador ha ganado dos títulos de campeón NBA (y cuatro del Este, insistimos en esto porque aunque en Europa no recibe apenas importancia, en Estados Unidos ser campeón de Conferencia es un título oficial que tiene su correspondiente trofeo para poblar las vidrieras de los clubes y ser conmemorado en los banners que cuelgan de los techos de los pabellones), además de sus reconocimientos oficiales como MVP tanto de las finales como de temporada regular (años 2012 y 2013, y en el caso de MVP de la temporada añadidos a sus dos conseguidos en Cleveland en 2009 y 2010) La franquicia de Ohio, por otro lado, al verse sumida en el pozo de la clasificación ha podido obtener buenas posiciones para los últimos drafts (consiguiendo tres primeras elecciones en 4 años con una suerte que ni Carlos Fabra con la Lotería Nacional), adquiriendo así jugadores como Kyrie Irving y Tristan Thompson en 2011 (números 1 y 4 del draft respectivamente), Dion Waiters en 2012 (número 4), Anthony Bennett en 2013 (número 1 del draft de ese año), y el canadiense Andrew Wiggins este mismo año, también con el número 1. Si bien es cierto que lo de Bennett pudiera apuntar a gatillazo (dentro de un draft que no pasará a la historia), Cleveland ha ido forjando un grupo joven y talentoso que con la llegada de LeBron se convierte de inmediato en uno de los grandes favoritos para el título. Buen material humano para un David Blatt que a quien en su primera aventura NBA parece haberle tocado la lotería, ya que la sola presencia de Irving y LeBron le garantiza ganar un buen puñado de partidos, claro que por otro lado añade presión a un técnico que quizás no buscase recibir tantos focos ni manejar tantas expectativas como las que provoca el tener en su plantilla al mejor jugador del planeta y el baloncestista más diferencial del momento.   


42 millones de dólares por dos temporadas es el nuevo contrato de King James en Cleveland, club que recibe a uno de sus socios en los dos anillos conquistados en Miami: Mike Miller.  Una pieza más para un puzzle de David Blatt que apunta a ganador, con la veteranía de Miller y Varejao, el insultante talento de Irving, la progresión de Waiters, Thompson, o Dellavedova (quien puede ser para Blatt lo que Patrick Mills para Gregg Popovich), la confianza en un Bennett trabajando bien en la liga de verano, y por supuesto el retorno del rey pródigo, un rey que ahora sabe cual es el camino para llegar a la cima. Volver a ser un caballero y ser el primero en el campo de batalla.  

Pronósticos al margen, sigue siendo absolutamente fascinante la capacidad de la NBA para mudar su escenario de la noche a la mañana y convertirse en una liga absolutamente imprevisible. Nadie en su sano juicio hace tan sólo un mes se hubiera atrevido a pronosticar que íbamos a hablar de los Cavaliers como el gran favorito y el equipo a seguir. Y es que la NBA da espectáculo hasta en verano.  



¿Y ahora qué hacemos?

miércoles, 19 de junio de 2013

UNA HISTORIA DE REDENCIÓN


El Big Three de Pops


Tenemos muy abandonadas las formidables finales de la NBA entre Miami Heat y San Antonio Spurs que alcanzan ya su séptimo partido. Hemos tardado en engancharnos. Sólo he visto los tres últimos partidos, pero la sensación general (y eso que en esos tres partidos ha habido dos victorias de los de Florida) es que el conjunto de Popovich ha sido superior, manejando un vocabulario baloncestístico más amplio, y, quien iba a decirlo, incluso más atractivo que su rival. Pase lo que pase en el séptimo partido creo que ambos equipos habrán realizado unas finales enormemente dignas ganándose el aplauso de los buenos aficionados (por mucho que de producirse una derrota Heat los “Lebron Haters” emergerán cargados de razones para disparar sin piedad contra el cuatro veces MVP) 

Y desde luego, quien iba a decirnos que estos Spurs de Popovich iban a ser tan ensalzados como equipo quintaesencial con aroma “old school”, cuando mientras fueron una dinastía ganadora de anillos las críticas arreciaban y se les tildaba de practicar el baloncesto más aburrido (aunque más práctico) de toda la NBA. Y no hace falta remontarse demasiado. No hace falta irse a finales de los 90, cuando Duncan y compañía inauguraban una nueva era en la mejor liga del mundo derrotando en una de las finales más soporíferas que pueda recordar a los New York Knicks en cinco partidos. Ha llovido. Tanto que el viejo Duncan es ya historia siendo el único jugador de todos los tiempos capaz de haber jugado finales en tres décadas distintas (veremos si además de eso, ganar anillos en ellas) No puede haber debate sobre la importancia de la figura del jugador de las Islas Vírgenes en el universo NBA. Simplemente, el mejor ala-pivot que haya existido nunca. Donde si hay debate es en la transformación de la franquicia tejana. Del rocoso y compacto baloncesto de granito de hace años a su actual juego sedoso con fluidez ofensiva y demoledor juego exterior. Esta temporada han anotado 103 puntos por partido (102.9 han conseguido los Heat), sólo por detrás de Denver, Houston y Oklahoma. La historia de Popovich y sus muchachos es la de una redención con los aficionados. Y empezando por el propio entrenador. Gregg Popovich, el hombre que lleva 16 temporadas consecutivas manteniendo a los tejanos por encima del 60% de victorias en liga regular. Los Spurs no entienden de ciclos. Sólo les vale uno: el ganador. Popovich demuestra cuanto mejor es un entrenador que sabe amoldarse y cambiar que aquel quien se aferra con estúpida cabezonería a su libro de estilo. Si Popovich hubiera seguido basando el juego de su equipo en la deconstrucción del rival por encima de la brillantez propia difícilmente los Parker, Ginobili y Duncan estarían disputando una nueva final. 

No hace mucho, como decimos, los Spurs eran el equipo más odiado de la NBA. Claro que como receptor de odio no hay nadie hoy día como LeBron James. El más grande, el más odiado. Los aficionados recordarán aquellas series de play offs contra equipos antitéticos como los Phoenix de Suns de Mike D’Antoni en los que los de Arizona se veían frenados por lo civil o lo criminal, que diría Luis Aragonés. Steve Nash llegó a acabar con roturas de nariz y ceja cuando se enfrentaba a los de Popovich. Eran los Spurs de Duncan, Parker y Ginobili (quienes por cierto, tampoco se han cortado un pelo nunca a la hora de “repartir”, sobre todo en el caso del argentino, a quien ayer le vimos soltar el brazo contra LeBron), pero también los de Bruce Bowen o Robert Horry. No había equipo más duro y sucio en la NBA que San Antonio, dejando incluso a los Bad Boys de Detroit de finales de los 80 como un grupito de colegialas. Quien le iba a decir a Boris Diaw, víctima del hormigón armado de San Antonio en sus mejores años NBA, que iba a estar a punto de ganar un anillo con la escuadra tejana.    


La pesadilla de Steve Nash


La amabilidad con la que se ve ahora a San Antonio sorprende, y más todavía si se ejemplifica en algunos jugadores. Es sintomático el caso de Manu Ginobili, quien está protagonizando unas series finales bastante desastrosas solamente salvadas por un magnífico quinto partido. Un gran partido y cinco pésimos (ayer llegó a perder hasta 8 balones), pero simplemente ese buen partido le valió para recibir un excesivo foco mediático para el trabajo que está haciendo en estos play offs, como ejemplo de profesional intachable y jugador decisivo. Todo ello, por supuesto, para ahondar en el desprecio a LeBron, al que desesperadamente se le sigue buscando tachar de “loser” a toda costa. Los datos que arrojaron ayer los comentaristas del Canal Plus, Antonio Sánchez y Antoni Daimiel son esclarecedores en este sentido y dicen todo lo contrario. James es el jugador en toda la historia con mejores números cuando se enfrenta a un match ball en contra, promediando 30 puntos y 10 rebotes cada vez que su equipo está al borde de la eliminación. Anoche, para ser fiel a la estadística, firmó su enésimo triple-doble. 32 puntos, 10 rebotes, 11 asistencias. 

LeBron ganará o perderá estas finales, pero nadie puede dudar de su capacidad para morir en la cancha cuando su equipo se desangra. A veces da la sensación de que es el único jugador de los Heat, incluyendo los bases, con capacidad para jugar con criterio. A su lado Dwyane Wade sigue con su juego suicida (otro argumento para atacar a LeBron por parte de los “haters”, Wade era “el bueno” del equipo, el que sabía jugar en equipo… un comentario así no merece ni réplica, baste con ver cualquier partido del equipo de Miami para darse cuenta cual de las dos estrellas mueve más la bola para los compañeros), creyendo que todavía es el “Flash” de las finales de 2006. Crish Bosh, uno de los “power-forwards” con mejor mano de la liga, está muy por debajo de su presumible nivel (por no hablar de su inexistente defensa sobre Duncan) y con una rotación muy limitada, Erik Spoelstra ha tardado en darse cuenta de la importancia de un jugador como Chris Andersen si quiere tener la posibilidad de que su equipo mantenga una dureza acorde a la exigencia que le plantea el equipo de Popovich. Spoelstra es un entrenador aún joven y con sobrada capacidad para manejar equipos campeones, pero la experiencia se nota. Si hace dos temporadas sufrió ante un técnico mucho más consolidado como Rick Carlisle en la final contra Dallas, comprenderán que lo de Popovich resultan palabras demasiado mayores. Con todo ello el mejor apoyo que está encontrando LeBron es la “resurrección” de Mike Miller, cuyo magnífico 13 de 17 en lanzamientos triples (ayer anotando uno sin zapatilla) está siendo una de las mejores noticias en Florida. Aún así demasiado poco para frenar el arsenal de los Parker, Green (ya máximo triplista en unas finales superando a Ray Allen), Leonard, Neal, Duncan… y un Ginobili en el que pese a todo Popovich no pierde la fe (así debe ser) Y no olvidemos a un Boris Diaw creciendo en importancia en la serie y con una muy buena actividad defensiva sobre LeBron.   


LeBron acabó sin cinta.



LeBron, Popovich, Miller, Andersen, Ginobili, Diaw… varios nombres buscando una historia de redención con un deporte que es su vida.  

viernes, 14 de septiembre de 2012

CAMPEONES Y FAVORITOS







Hace unas entradas tratábamos de analizar a unos remodelados Los Angeles Lakers quienes parten como unos de los favoritos para la conquista del anillo, saliendo desde una imaginaria “pole position” junto a los pujantes Oklahoma City Thunder, y, como no podía ser de otra forma, los actuales poseedores del título, los Miami Heat de LeBron James, a los que de hecho consideramos como los máximos candidatos por delante de sus dos potentes rivales en la otra conferencia. De modo que hoy vamos a detenernos en las posibilidades de la franquicia entrenada por Erik Spoelstra de alcanzar el “back-to-back”. 


A pesar de que históricamente se ha demostrado que no es nada fácil repetir título (entre 1970 y 1987 ningún campeón logró revalidar título), hay una tendencia natural a considerar al vigente ganador del anillo, al actual poseedor de la gloria, como el máximo favorito la temporada siguiente, salvo que haya habido un cambio de fisonomía demasiado pronunciado en su roster, o hablemos de un campeón contra pronóstico que haya dado la campanada sin que nadie hubiera dado un centavo por ellos a comienzos de temporada. 


No es el caso de Miami, tras quedarse a las puertas de la gloria hace dos temporadas frente a unos Dallas Mavericks quienes si ganaron el anillo de manera sorpresiva (y por tanto no eran favoritos la temporada siguiente), el pasado curso sólo tenían un objetivo en mente que no era otro que el anillo. Ya no había excusas. Había pasado el periodo de adaptación de sus nuevas figuras, tenían la experiencia de las anteriores finales, y un aún verde Spoelstra vapuleado tácticamente por Rick Carlisle sin duda habría sacado enseñanzas positivas para el segundo asalto al título de los Miami Heat de la era LeBron James. Así fue, y aunque durante la temporada regular James y compañía se tomaron las cosas con relativa calma (balance 46-20, por detrás de San Antonio, Chicago y Oklahoma), en cuanto sonaron los tambores de guerra de los play-offs la locomotora de South Beach se puso en marcha imparable hacia el triunfo final, solventando sin excesivos apuros sus eliminatorias frente a unos blandos Knicks en primera ronda, los sorprendentes Pacers en semifinales de conferencia, y prácticamente no dando ninguna opción a unos Oklahoma que aunque ganaron el primer partido a partir de ahí no pudieron superar el martillo pilón golpeando sin piedad de un LeBron James en su mejor versión. En ese camino hacia el título de post-temporada hemos omitido como habrán comprobado la final de conferencia, ya que merece comentario aparte. Eliminatoria épica e histórica a siete partidos con el nombre propio de Rajon Rondo, luchador incansable e inasequible al desaliento empeñado en poner al mismísimo King James contra las cuerdas con actuaciones como la del segundo partido con 44 puntos, 10 asistencias y 8 rebotes, sin un segundo de descanso en el banquillo y todo ello con el añadido de una prórroga (“Magic” Johnson llegó a decir que posiblemente era el mejor partido de un jugador exterior que había visto nunca en play-offs)… por cierto, Miami ganó ese partido. 


LeBron y Rondo, ambos en su mejor versión, representaron una final de conferencia para la historia.


Por tanto, habiendo cumplido las expectativas creadas hace dos veranos en torno a la estelar colaboración entre D-Wade, Chris Bosh y King James, los Heat de Miami se establecen como el astro más brillante de toda la galaxia NBA. En una pretemporada plagada de espectaculares movimientos los de Florida no han necesitado de demasiada atención mediática, eran los demás los que tenían que reforzarse. Aún así, y teniendo claro que lo principal era mantener el bloque campeón del pasado año, se diría que los Heat son aún más fuertes y poderosos que el anterior curso, gracias a la contratación de dos nombres con el suficiente brillo como para satisfacer a los aficionados que pueblan las gradas del American Airlines Arena. Un Ray Allen que buscará su segundo anillo de campeón como ya hiciera con su aterrizaje en Boston en verano de 2007, y el siempre dudoso Rashard Lewis, atípico power-forward con tanta calidad como indolencia. Echemos un vistazo a lo que parece ser el roster con el que los campeones afrontan la temporada 2012-13 en la mejor liga del mundo. 


En la dirección del juego la batuta la seguirá llevando la pareja Chalmers-Cole. Sólo dos bases puros, lo cual puede parecer escaso para una liga como la NBA de 82 partidos solamente en regular season, y que para un equipo aspirante al título alcanza casi con total seguridad el centenar de encuentros durante toda la temporada. Ningún problema si tenemos en cuenta que tanto Wade como James pueden ocupar esa posición con total solvencia, por lo que Spoelstra cuenta hasta con cuatro opciones para llevar el ritmo del partido. Chalmers disfruta ahora de la gloria para la que parecía predestinado cuando fue campeón de la NCAA con los Jayhawks de Kansas siendo elegido MVP de la Final Four, pero no ha sido fácil su camino hasta llegar a ser consolidado base titular de un equipo campeón de la NBA. En la extraordinaria reunión de talentos que supuso el draft de 2008 (Derrick Rose, O.J. Mayo, Russell Westbrook, Kevin Love, Michael Beasley…) tuvo que esperar hasta la segunda ronda para escuchar su nombre seleccionado por los Minnesota Timberwolves. Una pequeña decepción que posiblemente se viese un tanto mitigada cuando supo que su destino final sería Miami donde intentaría devolver a la gloria a la franquicia que había sido campeona sólo dos años antes junto al por aquel entonces líder indiscutible Dwayne Wade y un Michael Beasley que llegaba con aureola de auténtica estrella y sobre quienes se centraron los primeros focos en la calurosa ciudad de Florida. Sin embargo el pequeño base de Anchorage demostró desde el principio que no le iba a ir a la zaga a Beasley, número 2 de aquel draft, y que iba a hacer notar la injusticia de que entre uno y otro jugador hubiera nada menos que 32 puestos de diferencia. Tanto es así que cuando Miami acometió la empresa de hacer espacio salarial (y de egos y roles) ante la llegada de LeBron y Bosh, no hubo dolor alguno en librarse de un Beasley que ya había agotado la paciencia de dirigentes, técnicos y aficionados debido a su constante falta de disciplina y escasa profesionalidad, sin embargo Chalmers debía ser la batuta que guiase a tan brioso trío, al estilo (salvando las distancias) de la confianza depositada en Boston sobre un tal Rajon Rondo para dirigir a su trío estelar reunido en el verano de 2007. En el caso de Cole, hablamos de uno de los jugadores revelación la pasada temporada. La primera elección de Miami en el draft del 2011, en realidad elegido por Chicago, se ha mostrado como un base valiente y descarado sin problemas para atacar el aro rival y con cierta predilección por el juego de ritmo alto. Buenas noticias para un equipo como Miami que un jugador elegido en un puesto 28 muestre tal adaptación inmediata a la liga. Precisamente cuando escribo estas líneas leo la noticia de que han renovado a Terrell Harris como decimosexto jugador de momento del equipo (el roster definitivo no puede pasar de 15 hombres), veremos si se queda como tercer base. En caso de que sea así no pasará de ser un jugador muy residual, a pesar de que sus 14 minutos por partido en 22 encuentros la pasada temporada con la elástica Heat no son despreciables. Harris, junto a Mickell Gladness y Jarvis Varnado, buscará una plaza para la temporada durante los inminentes training camps.


Chalmers y Beasley, sólo pudo quedar uno.



De modo que en el apartado directivo del juego se puede decir que Miami no debería tener problemas y lo tiene bien cubierto. En el caso de los aleros, decir que es una posición bien cubierta sería quedarnos cortos. Difícilmente podemos encontrar un equipo en toda la NBA con mayor cantidad y calidad de pólvora que la que atesoran los aleros Heat. Wade y LeBron se bastarían por si solos para elevar a la categoría de candidatos a todo título en juego a cualquier equipo al que prestasen sus servicios. En el caso de LeBron estamos hablando de un baloncestista que ya ha roto moldes y ha escapado a la limitación de su puesto. Sencillamente, el mejor y más completo jugador del mundo hoy día. Al lado de estas dos grandes estrellas un Ray Allen que a pesar de sus 37 años sigue siendo posiblemente el mejor tirador puro del baloncesto profesional. Será el sexto hombre del equipo, y la primera referencia ofensiva los minutos que no coincida en cancha con James, Wade o Bosh. Al lado de tanta estrella, siempre es necesario contar con jugadores de perfil quizás más bajo, capaces de ponerse el mono de trabajo y realizar con eficiencia el siempre duro y sacrificado trabajo oscuro. En el caso de Miami esta función recae en dos jugadores absolutamente contrastados en la liga como Shane Battier y Mike Miller, buenos complementos de equipos de abnegada labor defensiva y buena mano para hacer daño en ataque en momentos esporádicos (y como no recordar en ese sentido la memorable serie de 7 de 8 en triples de Miller en el quinto y definitivo partido de las últimas finales) Por si fuera poco y muy al fondo del banquillo, Spoelstra cuenta con el especialista tirador James Jones, campeón del concurso de triples del All Star Weekend en 2011, y al que habitualmente veremos agitando toallas, aunque si Miami es capaz de poner el modo apisonadora desde el principio de la temporada sin duda habrá mucho descanso para los titulares y hombres importantes y Spoelstra podrá disponer de una rotación amplia y una dosificación envidiable de cara a los de momento muy lejanos play-offs por el título. Como ven absoluta dinamita en las alas, a la que hay que sumar la que podría aportar Rashard Lewis si se incorpora a la posición de tres en algún momento.  

Afortunadamente para los rivales y para la competición, la continuación del análisis sobre Miami una vez llegada al juego interior no ofrece tan buenas noticias. Vuelve a ser su único punto débil y pequeño talón de Aquiles, sin ningún pivot realmente imponente y sólo Chris Bosh como jugador estelar. Un Bosh que por otro lado tiene como mayor virtud su lanzamiento de media/larga distancia y no destaca precisamente como un gran defensor o compulsivo reboteador. Esto no quiere decir que Miami vaya a ser un equipo inofensivo en ambas zonas, debido al descomunal aporte que puede realizar una vez más, lo han adivinado, LeBron James, absolutamente indefendible al poste y capaz de cubrir cualquier posición atrás. Pero es cierto que en el centro de la zona Heat se observa un gran vacio. Lewis, como back up de Bosh, al igual que el tejano destaca sobre todo por su exquisita muñeca (a pesar de su heterodoxa mecánica de lanzamiento), y a su habitual alergia a la zona hay que sumar las incognitas que siempre han rodeado a su rendimiento en los últimos tiempos desde su estratosférico contrato con Orlando Magic, lo cual le hizo entrar de pleno derecho en aquello que el bueno de Andrés Montes llamaba el club de los "se dejaba llevar". El resto de interiores conforman un conglomerado de cuerpos extraños que sumados todos ellos apenas llevan a sumar un solo pivot de calidad. No obstante merecería cierta indulgencia Udonis Haslem, uno de los líderes espirituales del equipo (nativo de Miami, lo cual le da una especial implicación con el equipo de su ciudad en una competición en la que tal cosa no se estila especialmente), y jugador clave en el primer anillo de la franquicia obtenido en 2006. Haslem es uno de esos jugadores con talento limitado, pero la cabeza lo suficimiente amueblada como para saber donde están sus carencias y defectos, y como explotar sus escasas virtudes frente a interiores mucho más brillantes. Pese a sus escasos 203 centímetros ofrecerá muchas más dosis de pelea bajos los tableros que Bosh y Lewis, por tanto se antoja fundamental. El canadiense Joel Anthony volverá a ser el especialista defensivo y saldrá de cinco titular (uno de los peores pivots titulares de la liga, dicho sea de paso) El rookie de ascendencia croata Justin Hamilton puede entrar en la rotación como segundo cinco natural por detrás de Anthony, sinceramente para mí su rendimiento es una incognita, aunque con la escasa competencia (en calidad, que no cantidad) en el puesto bien puede ser una de las sorpresas de la temporada al igual que Cole como base el pasado curso. El voluminoso Dexter Pittman intentará superar el bajísimo listón de sus dos primeras temporadas NBA (37 partidos en el total de ambos cursos, sin pasar de los 8 minutos por partido), pero todo apunta a que nuévamente su aportación será totalmente esporádica. Anteriormente citamos a Mickell Gladness y Jarvis Varnado como jugadores a prueba en busca de la plaza definitiva junto al base Harris. De Varnado sabemos que es el máximo taponador de la historia de la NCAA, pese a lo cual hasta el momento no ha encontrado sitio en la liga profesional estadounidense y le hemos visto jugando por Europa. Gladness no ha pasado de tener contratos temporales entre Miami y Golden State y muy dificilmente le veremos en el roster con el que los Heat afronten el comienzo de la temporada en la que deben revalidad el título.        


Udonis loves Miami


Con todo y una vez puesta la balanza, el lector ha de coincidir conmigo en que las virtudes superan claramente a los defectos en el equipo de Spoelstra. Con un presumible quinteto titular Chalmers-Wade-LeBron-Bosh-Anthony y una rotación comprendiendo a Cole, Allen, Battier, Miller, Lewis, Haslem y la incognita Hamilton, hablamos de hasta doce jugadores capaces de aportar algo en el grupo, bien en ataque, defensa, o intangibles, y por encima de todo un rey ya coronado que una vez llegado a la cima del triunfo colectivo que se le resistía y con unos saludables 28 años en su carnet de identidad apunta a seguir siendo el dominador del baloncesto mundial durante los próximos años. Veremos si por fin ha llegado la hora de los jóvenes Thunder, o si los glamourosos veteranos Lakers son capaces de impedirlo, pero dentro de la tripleta de favoritos, justo es colocar un peldaño, por pequeño que sea, a estos actuales campeones.