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martes, 17 de junio de 2014

LOS VIEJOS NUEVOS SPURS





San Antonio Spurs vuelve a reinar en la NBA. Es su quinto anillo de campeón, y llega 18 años después de que Gregg Popovich se hiciese cargo de la dirección del equipo desde el banquillo, 17 desde que Tim Duncan se enfundase la elástica tejana tras ser elegido en el número 1 del draft de 1997, 15 desde que ganaran su primer campeonato y 7 desde que se alzarán con el último.

Son los viejos Spurs, los de siempre. Los de Popovich, Duncan, Parker y Ginobili. Los de la química del vestuario, los del colectivo por encima de las individuales. Pero son los nuevos Spurs. Los de Kawhi Leonard, MVP de unas finales con tan sólo 22 años (sólo “Magic” Johnson le supera en precocidad en ese aspecto), los de una ONU baloncestística donde todos aportan, y los de uno de los mejores juegos ofensivos del planeta. La evolución es clara. Si en 1999 San Antonio inauguraba su dinastía derrotando en unas plomizas finales a los New York Knicks del ahora comentarista Jeff Van Gundy anotando 424 puntos en 5 partidos (una media de 84.8 por encuentro), 15 años después, igualmente en 5 partidos, han acumulado una cifra de 526, 20 puntos más por partido (105.2 de media) 

¿Cómo era el mundo en 1999? El convulso siglo XX, el de las dos grandes guerras mundiales, llegaba a su fin. Se cernía la amenaza tecnológica del “efecto 2000” que finalmente no fue tal. En España aún pagábamos con pesetas. El saxofonista Bill Clinton ocupaba la Casa Blanca, y el Cid Campeador Aznar hacía lo propio en La Moncloa. Por supuesto, Jordi Hurtado conducía “Saber y Ganar”. En los cines, la saga “Star Wars” reventaba las taquillas con la primera de sus precuelas, Bruce Willis trataba de ayudar a un niño que en ocasiones veía muertos, “American Pie” volvía a poner de moda el sub-género de las comedias universitarias y “American Beauty” arrasaba en los Oscars de Hollyood. Britney Spears y Backstreet Boys arrasaban en los charts musicales (Justin Bieber tenía 5 añitos) Haciendo un guiño a Eduardo Galeano y su magnífico ensayo “El fútbol a sol y sombra”, podríamos decir también aquello de que “fuentes bien informadas desde Miami avisaban de una inminente caída del régimen de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas”. Siguiendo en Miami, los Heat contaban con once años de vida tan solo en aquel año de 1999, y a pesar de eso ya eran habitual equipo de play offs, liderados por jugadores como Tim Hardaway y Alonzo Mourning. En la mejor liga de baloncesto del mundo, Jordan se había tomado se segundo descanso, y todavía podíamos disfrutar de los últimos años de leyendas como Charles Barkley y Hakeem Olajuwom. El desaparecido Fernando Martín seguía siendo por entonces el único español en haber jugado en la NBA, y ni locos podíamos imaginar hasta donde iba a llegar nuestro baloncesto en unos pocos años. 

Y aquí están, quince años después, de nuevo en lo más alto. Si aquel 1999 Tim Duncan asumía el liderazgo como relevo de un David Robinson quien se retiraría cuatro temporadas más tarde, ahora es Kawhi Leonard quien adquiere los galones. Ejemplo del ojo clínico en los despachos de San Antonio, fue seleccionado en el número 15 de la primera ronda del draft de 2011, posición que correspondía a Indiana pero que tras la operación que dio con George Hill en los Pacers pasa a ser de los Spurs. Hay que recordar que por delante de Leonard salieron jugadores que están muy lejos todavía de haber triunfado en la NBA, como Jan Vesely o Bismack Biyombo. Acertaron con este alero con cierto aire de “all around player” que pudiera evocar lejanamente a un Scottie Pippen del siglo XXI. Muy discreto en los dos primeros partidos (9 puntos y 2 rebotes en cada uno de ellos)  jugados en San Antonio, ha sido el hombre clave para las tres victorias consecutivas que han acabado dando el título a los de Popovich, promediando 23,6 puntos, 10 rebotes, 2 asistencias, 2 robos y 2 tapones por noche. Mucho más que un “Anti-LeBron”. 

Miami acudía al quinto partido intentando remedar las costuras de un traje de campeón hecho trizas. Como el Príncipe Oberyn en “Juego de Tronos” habían anunciado a través de las redes sociales que el domingo no era el día en que morían, trasladando a los aficionados la esperanza de alargar la serie. Y parecían cumplir su amenaza jugando su mejor cuarto de las finales. Serios en defensa y con un gran LeBron (17 puntos en este acto), los Heat se comportaban por fin como el ganador de los últimos títulos NBA. A ello se sumaba el desacierto Spur personificado en jugadores como Parker o Duncan, fallando algunos tiros abiertos sin demasiada oposición, ¿iban a volver a sufrir vértigo a las alturas, tras llegar tan arriba, y dejar pasar otra ocasión como la pasada temporada?, para revivir viejos fantasmas Spoelstra ponía además de inicio a Ray Allen en detrimento de un muy señalado Mario Chalmers. Sin base y sin pívot, pero eran los mejores momentos de Miami en toda la serie. 29-22 hasta que sonó la bocina. 

Cuatro puntos consecutivos de, quien si no, Kawhi Leonard, estrechaban el marcador para que los de Popovich comenzasen a oler sangre en su rival, y eso que Parker seguía fallando para alimentar las esperanzas de unos Heat que abusaban una vez más del exceso de minutaje de sus figuras mientras en San Antonio comenzaba el desfile habitual de jugadores y lo que es más importante, la contribución coral del equipo. El trabajo defensivo de Diaw, la sobriedad de Duncan, y siempre Leonard, daban sus frutos y con un triple del MVP de las finales los locales adquirían la primera ventaja del partido ante la locura de los asistentes al AT&T Center, que intuían el resquebrajamiento moral de sus víctimas. San Antonio ya no volvería a abandonar el liderazgo del partido, estirando el marcador al descanso a siete de diferencia y pasando por encima de Miami a partir del tercer periodo. Sin historia. 

Una pena que unas finales NBA no hayan tenido mayor competitividad y emoción. Soñábamos con un séptimo partido, una fiesta del baloncesto el próximo viernes noche, pero la temporada de San Antonio ha sido tan brillante que no ha dado opción a sus rivales. Popovich ha encontrado la fórmula, después de varios años dosificando a unos jugadores que le dieron la gloria a principios de siglo, y haciendo crecer a un batallón de ilustres secundarios. Esperemos que no se haga demasiada sangre con el gran LeBron James (aunque lo damos por imposible), tengan en cuenta que estos viejos nuevos Spurs han tenido que esperar nada menos que siete años para volver a alcanzar la cima, y finalmente han vuelto. El Rey también lo hará. 

Gloria a San Antonio, respeto para Miami. 




lunes, 9 de junio de 2014

NBA FINALS: GAME 1 & 2


TOO MUCH HEAT FOR THE HEAT 

No deja de resultar paradójico que un equipo apellidado “calor” fuese el más perjudicado de la batalla de la sauna del AT&T Center de San Antonio, donde el auténtico protagonista fue el aire acondicionado, o mejor dicho, la ausencia del mismo por avería, lo que obligó a los jugadores a disputar el choque bajo un calor de más de 30 grados centígrados, pagándolo sobre todo un LeBron James castigado por calambres y prácticamente inmóvil sobre el parquet tras anotar su última canasta (92-94), a partir de ahí coser y cantar para los tejanos, que con un parcial de 16-3 se aseguraron el primer punto de las series finales. 

El partido hasta aquel momento de dolorosa abdicación del King James se había jugado en términos de absoluta igualdad, con ambos equipos utilizando sus mejores armas. Parece que Spoelstra apuesta por Lewis como complemento de Bosh en el falso juego interior de los Heat, circunstancia que Popovich tiene claro como aprovechar. Buscar a Splitter siempre que sea posible. Por no hablar de un Tim Duncan a quien no es necesario buscarle. El baloncesto siempre le encuentra, cada movimiento del mejor cuatro de la historia sobre una cancha de baloncesto es una lección de fundamentos y sobriedad. Con 21 puntos y 10 rebotes empezó a presentar su candidatura para su cuarto MVP de unas finales. Miami, dirigidos por un errático Chalmers (horrible partido el suyo) pronto empezó a ceder la batuta a un LeBron que tardó en entrar en juego pero acabó siendo, una vez más, el mejor de su equipo. A pesar de la igualdad en el marcador los Spurs daban la sensación de ofrecer siempre un poquito más que su rival, cosa que se hizo evidente cuando las segundas unidades de ambos rosters hicieron acto de presencia. El banquillo de San Antonio es superior al de los de Florida, sobre todo si hay por medio un nombre propio como el de Manu Ginobili. El argentino clavó sus tres primeros intentos triples (dos en contrataque, y otro en cuanto recibió un primer pase, y es que en los metódicos Spurs también hay sitio para la inspiración individual y las genialidades anárquicas) Boris Diaw se mostraba como mejor antídoto contra James que Leonard, y el banquillo tejano hacía daño para compensar el mal partido de Danny Green y Kawhi Leonard, quienes sólo aparecieron en los minutos finales y con viento a favor. Pero Spoelstra también encontraba recursos en un Ray Allen jugando a un nivel altisimo (16 puntos, 5 robos y 3 asistencias desde el banquillo) y en un Chris Andersen siempre voluntarioso y efectivo en defensa. 

Y llegó la jugada clave. James había comenzado a dar síntomas de problemas físicos, viendo parte del último cuarto desde el banquillo, lo que aprovechaba San Antonio para tomar pequeñas ventajas en el marcador. Con 90-94 el alero Heat no quiso esperar más a pesar de su estado y volvió a cancha. Anotó fácil en penetración pero tras dejar el balón en las redes tejanas se encendieron todas las alarmas. The King se quedó clavado en la banda. Tuvo que retirarse con la ayuda de sus propios compañeros y de un Spoelstra al que se le venía el mundo encima. El 92-94 con el que dejó el marcador fue su último acto de servicio del partido. Los Spurs arrollaron a partir de ese momento y Green y Leonard, ausentes hasta el momento, se unieron a la fiesta. Marcador abultado y engañoso que no hace justicia a los méritos de uno y otro equipo, pero el primer punto se quedaba en San Antonio.    


El Tío Calambres



NO CABREES AL REY 

La imagen del primer partido, más que la victoria de los Spurs, estaba en el colapso físico sufrido por LeBron, auténtica vitamina para los haters. Hasta Gatorade decidió sumarse al escarnio, haciendo bromas en twitter sobre el problema del alero de Miami. Nunca cabrees a un jugador así. No provoques su ira. No quieras ver su mejor versión. Puede hacerte añicos, puré, papilla. Y es que LeBron dejó una exhibición en el segundo partido de las finales que los asistentes al AT&T Center de San Antonio tardarán en olvidar. 

Todo ello a pesar de fallar sus tres primeros lanzamientos a canasta, en un primer cuarto marcado por la formidable defensa tejana. LeBron se fue al banquillo tras algo más de 9 minutos de juego en los que anotó una canasta de cuatro lanzamientos, capturó un rebote, y perdió tres balones. Pero a partir de ahí se desató la tormenta. En los tres cuartos siguientes anotó 33 puntos, en una serie de 13 de 18, incluyendo los tres lanzamientos triples que intentó. Capturó diez rebotes más para acabar con once, y destrozó por igual a Leonard, Diaw, y cualquiera que se le pusiera por delante. Lanzamientos desde media distancia, triples en llegada, penetraciones. En definitiva dominar un partido de unas finales NBA como no se veía desde el mejor Michael Jordan. 


Del mismo modo que en el primer encuentro, la igualdad fue la tónica dominante del partido, pese a un gran arranque de San Antonio. La consigna de Popovich para los primeros minutos de estos partidos es clara, hacer daño dentro. Sacando el máximo rendimiento a Splitter y disfrutando de la eterna juventud de Tim Duncan (18 puntos y 15 rebotes, 7 de ellos en ataque) Que espectáculo ver a un jugador de 38 años rebañar balones en el aro rival de esta manera. Los locales cerraron el primer cuarto mandando de siete, y comenzaron el segundo alcanzando una máxima diferencia de once puntos (19-30), hasta que LeBron comenzó su exhibición. Bien secundado por un Ray Allen vital para Spoelstra y un Rashard Lewis aspirante a “factor x” de estas finales. Un parcial de 9-0 para Miami estrechó un marcador que ya no conocería grandes ventajas. Los Heat supieron templar mejor los ánimos en los minutos finales, mientras que San Antonio se precipitó con un triple lejano de Ginobili que puso más cerca la victoria visitante. Chris Bosh, tantas veces criticado como la pata más coja del “Big Three” de los de Florida resultó clave con un triple y una asistencia picada dejando completamente solo a un Wade que ponía un 98-93 insalvable para los tejanos. Ginobili estrechó el marcador con un triple sobre la bocina pero los de Spoelstra conseguían su objetivo. Se llevan un punto de sus dos primeros partidos en el AT&T Center, escenario que vivirá como mínimo un quinto partido. Ojala sean siete. El baloncesto lo merece. Y si es para brindarnos espectáculos como el de anoche, más todavía.        


Tuvo su revancha.



lunes, 2 de junio de 2014

ABDICAR O SEGUIR REINANDO



El Rey ante su más difícil todavía: tripitir anillo.


Habemus finales. Miami Heat y San Antonio Spurs repiten como finalistas, y por tanto como campeones de sus respectivas conferencias (lo cual, no nos cansamos de repetir, es un título, aunque en Europa no se valore como tal) Para los de Florida es su quinto campeonato del Este en sus 26 años de vida como franquicia, y el cuarto consecutivo. Cuatro finales seguidas desde la llegada de LeBron. San Antonio Spurs suma 47 temporadas entre NBA y ABA, y 6 veces ha sido campeón del Oeste, todas ellas desde que Gregg Popovich maneja el banquillo tejano. Hasta el momento Miami ha jugado cuatro finales y ganado tres, un 75% de efectividad. San Antonio ha participado en cinco y ganado cuatro, 80% de acierto. La única final perdida por Popovich, precisamente contra los Miami Heat a los que ven ahora con ánimos de revancha por la ocasión perdida la pasada temporada (aquel triple de Ray Allen) Los Spurs cuentan además con factor cancha, a diferencia del anterior curso, en el que se llegó al séptimo partido y los de Spoelstra remontaron la eliminatoria ganando sus dos últimos encuentros como locales. La serie se jugó con el formato 2-3-2. San Antonio golpeó primero, ganando el primer choque en Miami. Los Heat empataron la serie en el segundo. Las finales viajaron a Texas, donde los Spurs aplastaron a su rival en el tercer partido (36 puntos de diferencia) LeBron y compañía se repusieron en un gran cuarto encuentro y volvieron a empatar la serie. San Antonio ganó el quinto, disponiendo entonces de dos match balls para conseguir el anillo que no aprovechó, teniendo la mejor ocasión en un sexto partido que parecía ganado y Ray Allen llevó a la prórroga. En resumen, en los cuatro partidos jugados en Miami, los locales ganaron tres. En los tres disputados en tierras tejanas, dos. Ambos equipos, como visitantes, lograron arrancar una victoria en feudo ajeno, pero el factor cancha se mantuvo. Esta temporada se vuelve al formato clásico 2-2-1-1-1, en teoría mejor para el equipo con campo a favor, ya que juega el quinto partido (decisivo, porque en caso de no suponer un 4-1, es decir, el título, en todo caso sería un 3-2, lo cual viene a ser ganar dos bolas de partido en argot tenístico) como local.   

Personalmente deseamos que la serie se alargue y se decida en el séptimo partido. Sobre quien deseamos que gane, no lo tenemos tan claro. Ya saben que en este blog somos de unos Pistons que no levantan cabeza y esta temporada volvieron a defraudar. Nunca nos han gustado mucho los Spurs, que comenzaron a ganar anillos con un estilo demasiado defensivo y rocoso y poco atractivo para el aficionado (sí, ya sabemos que los Pistons se basaban en eso también, pero cuando uno “es” de un equipo entran en juego componentes emocionales que no entienden de coherencia argumental), pero hay que admitir que Popovich ha sabido evolucionar y los San Antonio de las últimas temporadas son un monumento al buen baloncesto. Uno de los equipos más anotadores de la liga, con mayor fluidez ofensiva y mejor circulación de balón. Nada que ver con el equipo casi barriobajero que todo el mundo odiaba y que si hacía falta hasta le partía la nariz a Steve Nash. Los actuales Spurs nos han ganado a todos, y pase lo que pase en estas finales ya han hecho historia. Quince años después de su primera vez Popovich y Duncan vuelven a unas finales. Posiblemente el mejor binomio jugador-entrenador desde los tiempos de Auerbach-Russell (y sobre que Duncan es el mejor “cuatro” de la historia no creo que exista debate) Pero por otro lado en este blog somos muy de LeBron, jugador al que se le ha vilipendiado injustamente en infinidad de ocasiones y con una legión de “haters” a su alrededor inexplicable cuando hablamos del mejor jugador que ha conocido este deporte desde Michael Jordan. De modo que como diría aquel, tenemos el corazón “partío”. Lo que tenemos claro es que van a ser unas grandísimas finales y que gane quien gane habrá hecho méritos y disfrutaremos de ver como las grandes leyendas siguen creciendo. Puede ser el three-peat de LeBron y el cuarto anillo de Wade, o el quinto de Pops y Duncan, una pareja para la historia. Veremos.   


Una pareja que cambió la NBA


Se habla de dos estilos muy diferenciados, ensalzando la coralidad de San Antonio y despreciando a unos Miami más basados en sus estrellas que en su juego de conjunto (y cuando se hace un análisis tan simplista, nos dan ganas de ir con los Heat) Es cierto que lo de Popovich es auténtica artesanía a la hora de dosificar su plantilla. Establecer el mejor balance de la temporada en la mejor liga de baloncesto del mundo (62-20) sin que ningún jugador haya llegado a los 30 minutos de media (Parker, el más utilizado, 29.4) es una auténtica hazaña y habría que tirar de hemeroteca para ver si en alguna otra ocasión se produjo algo igual. En play offs han tenido que subir el minutaje, pero no demasiado. Tim Duncan es quien más permanece en pista, con 32.6 minutos por partido, promediando 16.5 puntos y 8.9 rebotes a sus 38 años. Un mito viviente y en activo. En Miami (balance en liga regular 54-28) su “big three” acumula más minutos (LeBron 37.7, Wade 32.9 y Bosh 32 en temporada, 38.3, 34.7 y 33.6 en play offs) y casi todo pasa por LeBron, que promedia números muy similares tanto en liga regular como en series por el título. 27 puntos por partido, casi 7 rebotes. 6.3 asistencias en liga regular, 5 en play offs. Un extraterrestre.  

San Antonio sigue con su buen ritmo anotador en play offs (106.6 puntos por partido, por 99.1 de Miami), en rebotes también están más fuertes (43.2 por 34.6 de los de Florida), y en asistencias (21.3 por 19.3) ¿Cómo están de cara al aro? Los dos muy bien, ligeramente mejor Miami (49.7% en tiros de campo por 48.2% San Antonio), en tiros libres también muy parejos (79.2% Miami, 77.3% San Antonio) y en triples más igualdad todavía (39.5% los Heat, 39.2% los Spurs, y lanzando un poco más los de Miami, 23.6 intentos triples por choque por 21 los tejanos) Echando un vistazo a todos estos datos y al transcurso de la temporada se diría que el equipo de Popovich llega un poco más fuerte a unas finales que no obstante parecen lo suficientemente igualadas e inciertas como para concitar toda la atención posible. Veremos si van surgiendo esos pequeños detalles que, por imprevisibles, pueden decantar la balanza y acabar siendo decisivos. Uno de ellos puede ser el tobillo de Tony Parker, en estos momentos lesionado y del que se desconoce si llegará a tiempo al inicio de las finales (el jueves) y en que estado podrá jugar. Problemas para Pops, ya que el base galo, además de ser el jugador clave para su equipo junto a Duncan, es posiblemente el baloncestista más difícil de defender para Miami.   


El tobillo de Parker enciende las alarmas.


Sin duda alguna nos encontramos ante unas finales que lo tienen todo para enganchar al aficionado que quiera disfrutar sin prejuicios de dos equipos que practican un baloncesto moderno, dinámico y versátil. Dos franquicias que han apostado claramente por un juego ágil, desterrando la importancia casi dinosáurica ya de jugar con un “cinco” dominador (la posición en la que más cojean ambos equipos), y por un baloncesto abierto en el que suele haber hasta cuatro jugadores por fuera esperando para el lanzamiento o la penetración. Bien es cierto que los tejanos ejemplifican un baloncesto más de vieja escuela, con las posiciones más definidas y constante bloqueo y continuación, mientras que en Miami LeBron se erige como el más claro “all around player” del siglo XXI, capaz de jugar en cualquier posición. Pero tanto Popovich como Spoelstra son entrenadores que buscan un baloncesto total en sus equipos y exigen trabajo a ambos lados de la cancha. En unas finales siempre surgen duelos individuales que no permiten al aficionado ni pestañear. El hiperactivo LeBron tratará de frenar a la estrella emergente que es Kawhi Leonard, pero seguro que le vemos ayudando en la defensa a Tim Duncan, quien tendrá mucho que decir ante un par “blando” como es Chris Bosh. Chalmers tendrá una difícil papeleta con Parker (insistimos no obstante en las dudas sobre su tobillo), mientras que por San Antonio Danny Green sufrirá con las penetraciones de un kamikaze llamado Dwyane Wade. Hemos dicho que en el puesto de pívot es donde más debilidad plantean ambos equipos, y precisamente por eso es la posición por donde los dos técnicos buscarán recrudecer más los partidos sin importarles el desgaste ni cargar a sus hombres altos de faltas. Miami directamente juega sin cinco, con Battier y James como aleros y Bosh como único interior (un interior que vive mayormente de su tiro de media distancia), o con Udonis Haslem, un cuatro que se pega con quien haga falta. Con ese panorama cobra importancia la figura del veterano Chris Andersen, lo más parecido a un pívot puro (Greg Oden y sus 5 minutos en todos los play offs al margen), cuyo duelo con Splitter puede hacer saltar chispas. Rashard Lewis, más de lo mismo, otro cuatro abierto. Veremos también defensas zonales (permitidas en la NBA desde hace más de diez años, para los despistados), pero menos, ya que ambos equipos cuentan con muy buenos tiradores (ya no funciona lo de flotar a LeBron, 40% y 38% en triples en las dos últimas y respectivas temporadas) y no parece que a Popovich le pueda funcionar como a Rick Carlisle hace tres temporadas con Dallas Mavericks en las primeras finales de los Heat de la “era LeBron”. Aún así es posible que “Pops” recurra a ello para evitar tanto desgaste de sus jugadores, mientras que Spoelstra sabe que cuando LeBron y Wade muerden por fuera son dos de los mejores defensores exteriores del mundo. Belinelli, Green, Ginobili… muñecas demasiado peligrosas como para dejarles un milímetro. 


Curiosamente, hoy conocemos la noticia de la abdicación del Rey… ¿señal de la caída de LeBron James en estas finales?, la respuesta, a partir del jueves. 

miércoles, 26 de marzo de 2014

MIRACLE MAN


Corrían los primeros compases de la temporada 1996-97 en la NBA, cuando los San Antonio Spurs presentaban un triste balance de tan sólo 3 victorias en los primeros 18 partidos. Gregg Popovich, por aquel entonces general manager de la franquicia, decidía prescindir de los servicios del primer entrenador Bob Hill para hacerse cargo personalmente de la dirección técnica del equipo, pese a su falta de experiencia como head coach (aunque había sido asistente de Larry Brown y Don Nelson) Tardó menos de tres años en hacerlos campeones de la NBA.

Finales de Marzo de 2014. Un vistazo a la tabla clasificatoria de la mejor liga de baloncesto del mundo presenta al cuadro tejano en lo más alto de su conferencia y de toda la NBA con un balance de 54 victorias por 16 derrotas (un 77,1% de triunfos)       


Los primeros éxitos


Entre medias de todo esto,  más de década y media manteniendo a su equipo en lo más alto. La regularidad más asombrosa jamás vista en decenios en el baloncesto profesional estadounidense, teniendo en cuenta la fluctuación de ciclos habitual en esta competición conseguida, sobre todo, por el sistema de draft. Ni Lakers, ni Celtics, ni Heat, ni Mavericks, ni Pistons, ni Bulls, ni Rockets ni ninguno de los campeones en los últimos 20 años han sido capaces de mantener una trayectoria semejante de porcentaje de victorias tanto en liga regular como en post-temporada. Después de aquella infausta primera temporada en la que Pops tuvo que lidiar con las lesiones de David Robinson (“out for the season” tras jugar tan sólo seis partidos), Sean Elliott, Chuck Person y Vinny Del Negro, los tejanos, con el marine en el banquillo, no han bajado del 61% de victorias en temporada regular durante nada menos que 17 temporadas consecutivas, y lógicamente ya podemos hablar de que la racha se extiende a 18. En medio de todo esto, claro, 4 títulos de campeón, 5 títulos de conferencia y 8 finales del Oeste. Una auténtica dinastía. Y resulta que aquí estamos un año más, con los play offs en lontananza y hablando de lo mismo, buscando nuevos calificativos porque se nos han agotado todos. Ya hemos perdido la cuenta de los años que llevamos recurriendo al romántico tópico del “último baile”, o más prosaicamente afirmando que a los Spurs se les acaba la gasolina. Ya no es la excelencia de un “big three” que parece eterno (Paker y Ginobili se han perdido ya 12 partidos esta temporada), cuando en realidad Mills (único jugador que ha disputado los 70 partidos de esta temporada), Belinelli y Diaw se han vestido de corto en más ocasiones que las estrellas tejanas. Es sacar rendimiento a jugadores que en otros rosters parecerían del montón, caso del citado Mills, Splitter, Danny Green, Cory Joseph (hermano del verdinegro jugador de la Penya Devoe) o sobre todo Kawhi Leonard, un número 15 del draft sobre cuyas espaldas se debe asentar el futuro de las espuelas, siendo ya uno de los aleros más completos de la liga con reminiscencias a Jerome Kersey o Scottie Pippen. Hablamos de una franquicia con nada menos que nueve jugadores nacidos fuera de los Estados Unidos: Parker y Diaw (Francia), Duncan (Islas Vírgenes), Belinelli (Italia), Splitter (Brasil), Ginobili (Argentina), Mills (Australia), Joseph (Canadá) y Baynes (Nueva Zelanda), y porque traspasaron a De Colo a Toronto a cambio de Austin Daye, ya que si no hablaríamos de la decena, en una liga donde la extranjería muchas veces ha sido un handicap para los jugadores, al menos hasta hace pocas décadas. El séptimo equipo más anotador de la NBA (105.3 puntos por partido) se sigue basando en una coralidad cincelada con mano sabia por Popovich, donde ningún jugador llega a los 31 minutos por partido (Parker, el más utilizado, está precisamente en 30.3, el resto por debajo de los 30), con cinco jugadores anotando en dobles dígitos (Parker, Ginobili, Duncan, Leonard y Belinelli) y dos más rozando la decena (Mills, 9.8 y Diaw 9.4) El equipo más generoso en su juego, con 25.2 asistencias por partido, curiosamente tiene como base titular a uno de los menos pasadores (Parker, 6.1 por partido), lo cual sirve para hacernos una idea del concepto de baloncesto global que predica Popovich. Hablamos de un técnico capaz de evolucionar desde un baloncesto más físico que químico, rocoso, bronco, e incluso desagradable para el espectador crítico (aquellas célebres eliminatorias contra unos Phoenix Suns que representaban la antítesis baloncestística de San Antonio) a un juego fluido y de buen ritmo ofensivo y anotador. Un entrenador capaz de reinventarse y adaptarse, testarudo ante la idea del deporte de elite de cumplir ciclos y de que el suyo haya llegado (quizás tenga que ver el haber sido discípulo de técnicos tan dispares como Larry Brown y Don Nelson) Y en efecto aquí estamos, un año más, con los Spurs de Popovich en las alturas… 


No son los favoritos para llevarse el anillo, y posiblemente sucumban en el intento, una vez que LeBron James vuelva a ejecutar el discurso del rey, o en cuanto Durant, llamado a ser el heredero al trono, de muestras de hambre e impaciencia y no quiera esperar más por una gloria para la que parece destinado, o incluso parecen poseer menos opciones que el modélico ejército que lidera Paul George en Indiana. Pero lleguen hasta donde lleguen en play offs, ya lo han vuelto a hacer. No sabemos que lugar en la historia le corresponderá a Popovich, ya que difícilmente podrá llegar a los once títulos de Phil Jackson o los nueve de Red Auerbach como entrenadores, pero no nos cabe duda de que en esta nueva edad de oro del mejor baloncesto del mundo, Gregg Popovich ha establecido ya un punto y aparte. Tardaremos muchísimo, si es que llegamos a verlo alguna vez, en contemplar una franquicia capaz de con el mismo técnico mantener un balance tan positivo durante 18 temporadas consecutivas. Y llegados a este punto sólo queda pensar que quizás no sea la última.   


El legado de Pops.

jueves, 29 de noviembre de 2012

INVASIÓN O VICTORIA






Hace diez días salió a la venta el libro “Invasión o victoria. Extanjeros en la NBA”. Escrito a cuatro manos entre Gonzalo Vázquez y Máximo José Tobias (al que muchos conocerán por su alias en multitud de blogs, foros y webs de basket como “meej”), éste último también merece ser sin duda reseñado por la autoría de su obra “Michael Jordan. El rey del juego”, dedicada, como pueden imaginar, al genio depredador de North Carolina. Sobre Vázquez, por otro lado, lo tenemos claro (y si han seguido este blog lo sabrán): es sencillamente el mejor en esto. Gonzalo no parece un periodista deportivo especialmente dotado para la literatura, más bien yo lo veo directamente como un literato al que, por suerte para todos nosotros, le apasiona el baloncesto y en concreto la NBA. Pero por encima de todo es un escritor. Eso se tiene o no se tiene. El don de la palabra, en este caso escrita. Pero también de la palabra oral, ya que en las (por desgracia pocas) ocasiones que he escuchado a Gonzalo también me ha parecido un comunicador extraordinario, pausado, reflexivo, y a la vez vigoroso. En definitiva, transmite. Y sobre el arte de domar y domesticar palabra y verbo hace ya tiempo que vengo pensando que no sólo obedece a un gran talento (en parte innato y en otra parte aún más grande cultivado con cierta disciplina), si no a una correcta conjunción entre uno mismo y sus ideas. Dicho de otro modo, escribir bien es pensar bien. Lo cual nos lleva a la terrible conclusión de que en un mundo en el que la tendencia hacia la escritura se encamina cada vez más hacia lo grotesco (y ya no hablemos del ámbito deportivo), nuestras mentes parecen cada vez más unos enormes campos absolutamente yermos ajenos a cualquier siembra que procure una futura y enriquecedora cosecha. 

Por ello para un fanático de la NBA su alimentación no debe basarse sólo en el visionado de partidos, si no que ha de complementarse con textos como el que proponemos hoy, que ayuden a que precisamente ese intelecto hambriento del mundo de la canasta adquiera ese orden necesario para que del yermo campo de nuestra mente, al fin, broten los mejores frutos. 

575 páginas de puro placer son las que me aguardan al enfrentarme a esta obra, que nos saluda desde una preciosa portada con Dirk Nowitzki, majestuoso, ejecutando su ya famoso “fade away a la pata coja” frente a nuestro Serge Ibaka (posiblemente en las extraordinarias finales de Conferencia Oeste de hace dos temporadas, donde el alemán sembró el caos y la destrucción en todas y cada una de las líneas de unos Oklahoma City Thunder que cambiaban el marcaje sobre el rubio teutón en vano tratando de que alguno de sus efectivos pudiera minimizar el efecto aniquilador del Robin Hood tejano) y se cierra con ese hombre de goma por el que no pasan los años llamado Manu Ginobili taponando sobre los interminables brazos de Kevin Durant (quizás se trate, igualmente, de una imagen de la final de la Conferencia Oeste, en este caso del pasado curso) Dos magníficos ejemplares de la “invasión” tratada en este libro, ganadores de títulos, all-stars, y por encima de todo capaces de elevar a cotas de calidad aún mayores a la mejor liga de baloncesto del mundo. 

Ya les contaré que tal se me ha dado el banquete.  

jueves, 19 de julio de 2012

ARGENTINA: EL ÚLTIMO TANGO EN LONDRES


Bailar pegados es bailar...



Muchos españoles entraditos en años recordarán aquella famosa película de Bernardo Bertolucci prohibida en nuestro país debido a sus escenas subiditas de tono entre un maduro Marlon Brando y una jovencita y psicalíptica Maria Schneider, especialmente aquel número protagonizado por una pastilla de mantequilla utilizada para usos más placenteros que los puramente culinarios (o en todo caso, depende del sentido que le quieran dar a la palabra "culinario") y que no vamos a reproducir aquí en previsión de la edad de alguno de nuestros lectores. Aquello fue todo un acontecimiento social que hizo que el español medio reprimido por el franquismo cruzase los Pirineos en busca de alguna sala francesa, preferiblemente en Perpignan, que proyectase tan osado celuloide.  

No en París, si no en Londres, algunos de los más ilustres jugadores del baloncesto internacional de la última década acuden en busca de lo que puede ser definitivamente su último tango, y esperan bailarlo agarrados a la gloria. Efectivamente, no hace falta ni mirar el resto de las plantillas, Argentina es la selección más veterana y con una media de edad más alta de las que acuden a los Juegos. Prigioni 35 años, los mismos que cumplirá Ginobili al comienzo del torneo. Jasen y Leo Gutiérrez 34, Nocióni, Scola, Kammerichs y Leiva 32, Delfino casi 30. Siguiendo con los símiles cinematográficos, se podría decir que Argentina, al menos en el caso del baloncesto, “si es país para viejos”. Esto puede parecer un serio handicap en una competición tan dura y con esfuerzos concentrados en tan poco tiempo (unos 8 partidos en dos semanas), pero lo mismo decían de los Spurs este año en la NBA y todos vimos lo que hicieron. La edad, más que una desventaja, parece una poderosa aliada para los Ginobili y cia., grandísimos competidores que saben medir perfectamente los tiempos y los esfuerzos y dosificarse con sabiduría. Lo que si parece un problema, media de edad al margen, son las pocas garantías de su rotación. Dependerán en exceso de sus 6 o 7 jugadores principales, y no se intuye que pueda aparecer algún factor sorpresa que les pueda sacar las castañas del fuego en los momentos más complicados. Vista la configuración de los grupos no es nada descartable que sus rivales en cuartos sean Rusia o incluso puede ser que nosotros, de modo que su camino a las medallas no asemeja nada claro. Una gloriosa selección que ha sido campeona olímpica, continental, y subcampeona mundial, y que sigue desafiando el inevitable paso del tiempo. No estamos hablando de la mejor selección argentina de la historia, cosa que no ofrece duda, si no de una de las mejores de todos los tiempos y que se ha asegurado ya un lugar en los libros de historia sobre todo con su oro en Atenas 2004 imponiéndose en semifinales a unos Estados Unidos con jugadores como Tim Duncan, Emeka Okafor, Dwyane Wade, Allen Iverson, Stephon Marbury, Lamar Odom, Shawn Marion, Amarè Stoudemire…  y los ya emergentes LeBron James y Carmelo Anthony, y todo ello dirigido por un entrenador con fama de duro como Larry Brown, y derrotando a Italia ya en la final tras la hazaña anterior. Esta selección también ha sido la primera en derrotar a los USA desde que han llevado jugadores NBA, lo hicieron dos años antes y en su casa, en el mundial de Minneapolis, donde pudieron también haber ganado el campeonato de no caer en un polémico final de partido contra Serbia y Montenegro. Lo dicho, llevan diez años instalados en un cielo del que no se quieren bajar. Sus dos únicas medallas olímpicas han sido de manera consecutiva en Atenas 2004 y Pekín 2008, si continúan bajando dos peldaños en esta progresión descendente no les veremos más allá del quinto puesto en el que les situamos en nuestro ranking particular. Independientemente de cual sea su resultado final, no dejen de disfrutar de lo que puede ser el último tango de una serie de jugadores irrepetibles. 

¡La concha de su madre!  




BASES: Sólo dos bases puros, y 14 años de diferencia entre ambos. Una locura. El seleccionador Lamas juega con fuego en esta posición y exprimirá una vez más al máximo a un “jovencito” de 35 años que después de este verano debutará en la NBA enrolado en los New York Knicks. A su lado el joven Facundo Campazzo intentará arañar los minutos que le deje un Prigioni que es el base sudamericano más “europeo” que he visto nunca. Veremos si el “Narigón” Ginobili e incluso el “Cabezón” Delfino no tienen que echar una mano en la dirección. 

ALEROS: Un nombre propio resplandece con luz propia sobre todos los demás, un triple campeón de la NBA, sexto hombre del año en 2008, dos veces All Star, y que por si fuera poco antes de iniciar su aventura en la mejor liga del mundo ya había ganado la Euroliga. Ginobili, Manudona, el “Narigón”, o cualquiera de los mil motes que quieran utilizar para este genio inmortal que parece mejorar su juego con los años. Si Pau Gasol cambió el curso de los acontecimientos para el baloncesto español, Ginobili hizo lo propio con el argentino. Ausente del Mundial 2010 para dedicarlo a su familia y al descanso (y a agradecer a San Antonio la renovación que le brindó, firmando después de aquel verano su mejor temporada a nivel individual), nadie más que él sabe de la importancia de esta cita para el baloncesto de su país, como posible canto de cisne para una generación que se antoja irrepetible. Al lado del gran astro albiceleste dos enormes satélites como Delfino y Nocioni, el primero ejercerá como gran desatascador ofensivo con su facilidad de muñeca, y el “Chapu” aportará su habitual intensidad a ambos lados de la cancha. Por si fuera poco, el “Pancho” Jasen es el mejor complemento posible para su línea exterior, un jugador que funciona como “pegamento” en cualquier grupo, esa clase de tipo que quieres tener siempre a tu lado, y ese baloncestista que todo entrenador sabe valorar independientemente de su productividad en números. El alero del Peñarol Marcos Mata le ha ganado la partida a Paolo Quinteros como último exterior en la rotación, aunque sin un perfil tan definido de tirador. Kammerichs jugará más de 4 que de 3.   

PIVOTS: No tienen un gran cinco dominante, de ahí que vuelvan a echar mano de otro veterano como Martín Leiva para paliar el déficit en la pintura a base de centímetros y kilos. Por contra, en la posición de cuatro tienen un filón. Scola sigue siendo uno de los interiores más finos y elegantes en el juego de pies, con un letal tiro de media distancia, y practicante del mejor “pick&roll” que se ha visto en FIBA al lado de su socio Prigioni, todo ello sin renunciar a la dureza habitual de su juego. Los dos Gutiérrez, Juan y Leo (no son hermanos) se complementan el primero con un juego más interior y el segundo como cuatro abierto, aunque recordemos que “Juampi” en la ACB siempre ha sido uno de los interiores con mejor mano de la liga. El “Yacaré” Kammerichs es otro viejo conocido de nuestro basket, muy destacable en su versatilidad y polivalencia que siempre se ha movido a caballo entre las posiciones de alero y ala-pivot. En definitiva un juego interior poco interior, que hace más daño a media o larga distancia, y que compensará la ausencia de grandes cincos con la habitual agresividad argentina en las grandes citas.   

Enemigos para siempre.


PLANTILLA: 

4
Luis Scola
Ala-Pívot
206
1980
Phoenix Suns (NBA)
5
Manu Ginóbili
Escolta
198
1977
San Antonio Spurs (NBA)
6
Marcos Mata
Alero
201
1986
Peñarol (Argentina)
8
Pablo Prigioni
Base
191
1977
New York Knicks (NBA)
9
Juan Gutiérrez
Pívot
205
1983
Obras Sanitarias (Argentina)
10
Leo Gutiérrez
Ala-Pívot
200
1978
Peñarol (Argentina)
12
Facundo Campazzo
Base
179
1991
Peñarol (Argentina)
13
Andrés Nocioni
Alero
203
1979
Caja Laboral (Liga Endesa)
14
Hernán Jasen
Alero
199
1978
Banca Cívica (Liga Endesa)
15
Federico Kammerichs
Ala-Pívot
203
1980
Regatas Corrientes (Argentina)
-
Carlos Delfino
Escolta
198
1982
Milwaukee Bucks (NBA)
-
Martín Leiva
Pívot
210
1980
Peñarol (Argentina)

Posible quinteto titular:                            Segunda unidad: 

Prigioni                                                    Campazzo
Ginobili                                                    Delfino
Nocioni                                                     Jasen
Scola                                                         Kammerichs
J. Gutiérrez                                               L. Gutiérrez 

Papel secundario:     Mata y Leiva  

miércoles, 4 de julio de 2012

LOS ANILLOS DE STERN


Histórica edición extra del Marca a las 7 de la mañana para recoger la final olímpica de Los Ángeles



A poco menos de un mes del comienzo de los Juegos Olímpicos de Londres, es decir, una edición más del mayor evento deportivo (al menos para mí), observo preocupado el debate que ha instalado David Stern sobre la participación del baloncesto en dicha competición. 

Vaya por delante que considero a la NBA y al propio Stern ejemplos de organización modélica y ejemplar a la hora de cuidar su producto y saber venderlo al gran público. En eso son los mejores. Por eso la NBA es la competición por clubes más grande del globo terráqueo. Pero, y de esto creo que ya hemos hablado en alguna ocasión por aquí, el negocio no puede estrangular de una manera tan descarada lo que deben ser los valores esenciales del deporte, esos que hacen que los niños sueñen y que los mayores aplaudan. Siempre he insistido en que debe haber un equilibrio entre lo que es puramente el mercado y lo que significa el deporte desprovisto de la citada mercadotecnia.

Por ello la idea de David Stern de restringir la edad de los baloncestistas olímpicos me parece una puñalada a la historia y grandeza de la competición olímpica. Es querer desahuciar al deporte de la canasta del acontecimiento deportivo más grande con el que puede soñar cualquier deportista sea de la disciplina que sea, y asemejarlo al fútbol, el único deporte que va por su propio camino apartado de los demás. En el balompié la mayor gloria es el mundial de selecciones, pero en baloncesto no. En baloncesto es sin duda los Juegos Olímpicos, y ahí es donde se han concentrado las mayores gestas, hazañas y épica a nivel de selecciones. Rebajar el nivel del baloncesto olímpico al del fútbol es un disparate y una puñalada trapera a este deporte. Fíjense que incluso el fútbol en los Juegos siempre comienza unos días antes de la ceremonia inaugural, es como si estuviese al margen. Escuchaba a Luis Milla decir ayer que casi con toda probabilidad ni él ni sus chavales van a poder acudir a la ceremonia de inauguración, ya que se encontrarán ya en plena competición a 500 kilómetros de distancia de Londres (en Newcastle), por favor, no hagan esto con el baloncesto.

Hablar de baloncesto olímpico es hablar de Oscar Schmidt, Epi, Petrovic o Sabonis. Fue el zar lituano precisamente quien humillando a David Robinson en los Juegos de Seúl 88 provocó la aparición del llamado “Dream Team” en Barcelona 92, ese regalo irrepetible para los aficionados. Arvydas Sabonis mancilló el honor de la selección que más veces había conquistado el oro olímpico, los Estados Unidos, quienes nunca habían necesitado de llevar a sus jugadores profesionales y se habían bastado con sus jóvenes talentos llegados desde el “college”… hasta la aparición de Sabonis. La afrenta fue tan grande que el baloncesto estadounidense reaccionó mandando sus fuerzas más ilustres a recuperar aquella gloria perdida… y con ello salimos ganando todos los aficionados.  

Andrew Gaze jugó nada menos que cinco Juegos Olímpicos, alguno de infausto recuerdo para nosotros.


Como muchos aficionados de mi generación, mis primeros recuerdos baloncestísticos los asocio a 1984 y los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, aquella selección que todos conocemos de memoria (Corbalán, Solozabal, Llorente, Beirán, Epi, Sibilio, Itu, Margall, Jiménez, Arcega, Romay y De La Cruz), y conquistó la plata después de ganar a la Yugoslavia de Aza Petrovic, Dalipagic, Knego, Sunara, y por supuesto un jovencísimo Drazen Petrovic que ya comenzaba a hacer estragos en el baloncesto internacional, para caer en la gran final ante una selección USA en la que había una serie de jugadores que años más tarde, simplemente, se convirtieron en históricos (Pat Ewing, Alvin Robertson, Chris Mullin, Wayman Tisdale... por citar unos nombres… y por supuesto, claro, un tal Michael Jordan) 

Cuatro años más tarde permanecen aún más nítidos los recuerdos de Seúl. Tengo viva en la memoria la imagen de levantarme casi de madrugada para ver a nuestra selección enfrentarse a la Australia del magnífico cañonero Andrew Gaze (nuestro ejecutor en aquel torneo) o contra aquel magnífico Brasil de los Oscar y Gerson. Aquellos fueron como decimos los juegos del gran Sabonis, los juegos que cambiaron todo, y que elevaron aún más el nivel de los Juegos Olímpicos, donde años más tarde hemos asistido a enormes exhibiciones de baloncesto de jugadores como Sarunas Jasikevicius, Manu Ginobili, Vince Carter, Yao Ming o Pau Gasol, o ver imágenes tan maravillosas como la de Dirk Nowitzki como abanderado olímpico de su país. Todo eso lo quiere eliminar Stern, consternado por el hecho de que las grandes estrellas NBA, bien sean estadounidenses o internacionales, puedan acudir a un torneo que a los deportistas les reporta tanto espiritualmente, pero a su competición no repercute ningún beneficio, más bien ha de lidiar con la preocupación de las franquicias que ven a sus jugadores deseosos de acudir al evento más bonito para cualquier atleta, como si los únicos anillos que importasen fuesen los de campeón de la NBA, y no los mucho más universales anillos olímpicos.   

Manudona y la gloria olímpica.