miércoles, 21 de septiembre de 2011

THE DIRTY DOZEN

En 1967 el inmenso Robert Aldrich llevaba a las pantallas un clásico del cine bélico que ha perdurado como una de sus obras más famosas y uno de los filmes de acción más entretenidos de finales de los 60. Una película que aún hoy se sigue viendo con gran agrado gracias a la magnífica labor detrás de la cámara del maestro Aldrich y a un grupo de actores realmente carismáticos, entre los que se encuentran Lee Marvin, Donald Shuterland, Robert Ryan, George Kennedy, John Cassavetes (siempre eficaz a ambos lados de la cámara) o incluso el cantante Trini López, que en esta ocasión no deseaba empuñar su famoso martillo, si no metralletas y fusiles de asalto. No es que queramos comparar al duro Mayor Reisman interpretado por Lee Marvin con Sergio Scariolo, ni que consideremos que la misión de traernos el oro de Lituania sea algo semejante a la misión suicida que afrontan los militares convictos de la película de Aldrich (de hecho pensamos que lo que han hecho nuestros jugadores es muchísimo más difícil y meritorio que hacer volar un cuartel general del Wehrmacht nazi), simplemente es un tópico recurrente junto al de utilizar otra brillante película, “Doce hombres sin piedad” de Sydney Lumet basada en el espléndido texto de Reginald Rose, el de usar estos símiles cinematográficos a la hora de hablar de algún grupo de personas que conforman numéricamente una docena, y ya que consideramos que de piedad estos muchachos andan sobrados (aunque en la cancha no toman prisioneros), nos hemos decantado por el símil con los protagonistas de la cinta de Aldrich, demostrando por otro lado nuestra absoluta falta de originalidad. 

Otro tópico habitual una vez concluido un campeonato de este tipo es repartir las “notas”. Dentro de una actuación global sobresaliente, lógicamente el peso se ha sostenido más en algunos jugadores que en otros, y prácticamente la vieja guardia de la selección española sigue dando la cara y llevando el peso. Así hemos visto a nuestros jugadores desde este blog.  

Cassavettes, míreme a los ojitos, y tal.




Pau Gasol: 

Sigue siendo el auténtico líder y el referente absoluto de la selección. Nuestro máximo anotador, reboteador y taponador. El más regular, en todos los partidos ha cumplido con creces. En prácticamente todos los apartados estadísticos del torneo aparece mínimo como un Top 5. Desde el primer día frente a Polonia con 29 puntos y 7 rebotes, no tuvo ninguna actuación mediocre y jamás bajó de los 10 puntos, para, al igual que Navarro, guardarse lo mejor para el final y acabar con tres dobles-dobles seguidos, en los partidos más importantes, los cruces. Ha sumado en todo y ha hecho daño en todas partes de la cancha, ahí queda su extraordinario 7 de 11 en triples entre otras cosas.

10 partidos. 20.1 puntos, 8.3 rebotes, 1.7 asistencias, 1.7 tapones, 1.1 robos. 53.8% en tiros de campo, 63.6% en triples (7 de 11), 26.2 minutos de media. 

Calificación: 9.5


Rudy Fernandez:   

El torneo de Rudy hay que verlo más allá de lo puramente estadístico, forzado a jugar en una posición que no es su natural, ha tenido que adaptarse a lo que ha pedido el entrenador, y en ocasiones vérselas en defensa con jugadores muy difíciles de marcar para un escolta nato, o con las estrellas rivales, caso de Luol Deng. Finalmente esa temida posición de 3 en la que nos podían hacer daño no ha hecho aguas gracias al generoso trabajo de un Rudy menos brillante en ataque que en otras ocasiones, pero más comprometido en defensa y en la circulación del balón para los pivots (Navarro y él han sido nuestros mejores pasadores) Además en sus dos partidos contra Francia se soltó en ataque. 

11 partidos. 8.2 puntos, 3.4 rebotes, 3 asistencias, 1.5 robos. 50% en tiros de campo. 25.4 minutos de media.  

Calificación: 8


Ricky Rubio: 

Un Ricky ya decidido a dar el salto a la NBA, con lo que parecía haberse quitado una carga de encima, y que comenzó la preparación con la selección volviendo a demostrar esa chispa especial suya que tanto nos gusta y que le da otro aire al equipo, nos auguraba un campeonato a seguir respecto a su juego. Lamentablemente no ha sido así. Buen trabajo en defensa y en rebote, pero nuevamente la sensación de cierto agarrotamiento en su juego ofensivo. Una pequeña decepción, aquí ya saben que somos fanáticos de Ricky, y que seguimos creyendo que es un prodigio baloncestístico, por lo tanto debemos juzgarle en base a esas exigencias. No obstante muy buen trabajo ante Macedonia en semifinales, y buenos minutos también ante Alemania.

11 partidos. 1.5 puntos, 2.5 rebotes, 2.1 asistencias, 1.4 robos. 15.5 minutos por partido.   

Calificación: 5


Juan Carlos Navarro: 

Merecido MVP del campeonato, pese a no ofrecer números demasiado extraordinarios en el global del torneo, pero las tres exhibiciones finales en las eliminatorias quedarán para el recuerdo de todos los aficionados y le confirman como uno de los genios del baloncesto europeo de todos los tiempos. Dos actuaciones desafortunadas (ante Gran Bretaña y Turquía) no empañan un torneo sobresaliente en el que como los grandes capitanes ha acudido al rescate cuando el equipo lo requería. Con el paso de los años su tiro es cada vez más indefendible, y su deseo de ganar no decrece. Escribir sobre su palmarés nos llevaría páginas y páginas de blog, aunque algún día lo haremos. 

11 partidos. 18,7 puntos y 3 asistencias por partido. 34 de 76 triples (44.7%), 90.5% en tiros libres (38 de 42) en 27.1 minutos.  

Calificación: 9  

Uno de los pocos galardones individuales que le faltaban a La Bomba.


José Manuel Calderón:

El base de Toronto ha sido un jugador tan castigado por el infortunio con la selección, que hacía cuatro años que no jugaba una final con esta camiseta, desde aquella derrota en el último instante frente a Rusia en el Europeo de Madrid, (recordemos que aunque fue plata olímpica en Pekín, no disputó la final por lesión), de modo que podemos imaginar el gustazo que se dio este pasado domingo. Sin poder brillar demasiado en una selección en la que los bases apenas retienen balón, mostró algunas sombras preocupantes recordando al Calderón que ha perdido el potencial que tenía en las que eran quizás las mejores piernas de un base europeo, pero afortunadamente también han aparecido las luces, esas que le alumbran como un base capaz de dar al equipo lo que necesite en cada momento, sea dirección, anotación, o defensa. Precisamente cuando más protagonismo ofensivo tuvo (partido contra Lituania y final contra Francia) coincidió con los mejores momentos de la selección. 

11 partidos. 5.9 puntos, 3.2 rebotes, 2.7 asistencias, 1.6 robos. 54.8% en tiros de campo. 19.4 minutos por partido.    

Calificación: 6.5


Felipe Reyes: 

Difícil torneo para un Reyes que tres días antes del comienzo perdía a su padre, y que ha visto además como su rol ha sido mucho más secundario que en otras ocasiones. Lo que no ha cambiado un ápice es su generosidad con el equipo y entrega en la cancha. Lleva en el ADN pelear por cada balón como si le fuera la vida en ello. En un ejercicio de lógica aplastante ha visto como su importancia se reducía cada vez más (dos minutos acumuló entre semifinal y final) en proporción a la que iba ganando Ibaka. No obstante muy pocos jugadores hay en el mundo, y menos con un estatus de estrella del baloncesto, de ofrecer un rendimiento tan bueno en tan corto espacio de tiempo como el que ha disfrutado Felipe, demostrando una profesionalidad y una concentración admirables.


11 partidos. 5 puntos y 2.8 rebotes. 54.8% en tiros de campo. 9.7 minutos por partido. 

Calificación: 6


Victor Claver:     

Otro jugador para quien no ha sido un torneo fácil desde el punto de vista emocional. Tercer verano consecutivo para un jugador privilegiado por entrar en este equipo, pero que tiene que ir creciendo dentro del grupo. Seguimos pensando que potencialmente está a la altura de los mejores 3-4 de Europa. Su escasa participación haría lógico que no entráramos a calificar su actuación, pero como integrante del grupo se merece por lo menos el aprobado.

7 partidos. 2 puntos por partido en 4.7 minutos.   

Calificación: 5


Fernando San Emeterio:  

Pese a lo complicado de “rascar bola” y conseguir minutos teniendo por delante a jugadores como Navarro, Rudy o Llull, el MVP de nuestra liga ha dado un pequeño paso adelante y ha jugado prácticamente un minuto más que en su anterior participación en la selección, en el pasado mundial de Turquía, y se ha hecho notar en el Europeo. En los momentos decisivos sigue sin ser un jugador fundamental, pero sus 18 minutos en pista ante Eslovenia en el primer cruce demuestra que ya goza de la confianza de Scariolo por pleno derecho (aún así en semifinales no dispuso de un segundo), su mejor encuentro fue ante Alemania donde en los momentos de mayor espesura en nuestro ataque fue la vía que encontramos con una serie de penetraciones que le llevaron hasta los 12 puntos.

9 partidos. 2.9 puntos, 1.4 rebotes y 1.3 asistencias. 12.8 minutos por partido.  

Calificación: 6  

No, amigos, aunque lo parezca no es Jim Carrey en "La máscara".



Sergio Llull:

El base-escolta menorquín fue una de las grandes apuestas en el primer verano de Sergio Scariolo en la selección, en el Europeo de 2009, entrando por el lesionado Berni Rodríguez, buscando el seleccionador italiano en él un duro “stopper” que apretase a los exteriores rivales en algunos momentos complicados de los partidos. Dos años después y convertido en la gran referencia ofensiva de su club, le ha costado volver a adaptarse a ese rol especialista tan concreto. Su mejor aportación, en semifinales cuando junto a Ricky Rubio formaron una excelente pareja de perros de presa para desarmar a unos Ilievsky y McCalebb cuya facilidad anotadora nos estaba haciendo muchísimo daño.

11 partidos. 2.8 puntos y 2 asistencias por partido. 14.8 minutos por partido.           

Calificación: 5  


Marc Gasol: 

Quien iba a decir que aquel pívot cargado de kilos que sufría en el Barcelona a las órdenes de Ivanovic y que empezó a asomarse tímidamente en el Mundial de Japón de la mano de Pepu Hernandez, cinco años después iba a ser uno de los pivots puros más dominantes de todo el planeta baloncestístico. En Lituania ha refrendado ese caché que se ha ganado en unos Memphis que gracias a él han dejado de ser un equipo perdedor, y ha dejado en este Europeo auténticas pinceladas de superclase y de pívot evolutivo que cada vez entiende mejor el juego, capaz de hacer daño también por fuera y distribuir juego desde la zona (llegando a exhibiciones en ese sentido como frente a Gran Bretaña o Macedonia, yéndose a cinco asistencias por partido, o Lituania con cuatro) Su mejor partido fue frente a Serbia, con un lustroso doble-doble de 20-10 que nos puso en franquicia el pase a cuartos de final.

11 partidos. 13.3 puntos, 7.3 rebotes, 2 asistencias. 50% en tiros de campo. 27.6 minutos por partido.   

Calificación: 8


Serge Ibaka: 

El último en llegar a este grupo junto a Victor Sada, y un jugador que será absolutamente fundamental en el futuro a medio plazo de la selección. Claro ejemplo de la evolución del equipo y del “menos a más” generalizado, a partir de los cuartos de final se fue convirtiendo en pieza clave. Deja unos cuantos highlights en su trabajo defensivo, especialmente esa marca histórica de cinco tapones en 3:43 minutos de partido en la final, que han de perdurar en la memoria de este torneo. 

11 partidos. 7.1 puntos, 3.9 rebotes y 1.2 tapones por partido. 56.6 % en tiros de campo. 17.2 minutos por partido.   

Calificación: 7

"Air Congo" sobrevuela París. 


Victor Sada: 

Desde su primera contribución en el campeonato en el partido inaugural frente a Polonia quedó claro algo que eliminaba cualquier atisbo de debate: Sada debía estar, y ha sido un acierto llevar tres bases. Su rol ha sido claro, el tercero de los directores al ser un recién llegado a un grupo ya formado, pero ha demostrado que su extraordinario momento de forma del final de la temporada pasada no fue una casualidad. Sada, al igual que San Emeterio, por fijarnos en otro jugador internacional de su misma quinta (84), es uno de esos jugadores nacionales que en otras épocas llevaría ya muchísimas internacionalidades más a sus espaldas, pero le ha tocado vivir entre el apogeo de la generación del 80 y la explosión de algunos jóvenes genios veinteañeros, no obstante su momento actual de madurez le convierte en jugador muy aprovechable para la selección, y así lo ha demostrado volviendo a ser un ejemplo de derroche e intensidad en el juego, sobre todo en defensa, en los minutos que ha disputado.

9 partidos. 1 punto, 2 rebotes y 1 asistencia por partido. 7.8 minutos por encuentro.  

Calificación: 6 

Por supuesto tampoco podemos olvidarnos de todo el cuerpo técnico, médico, fisioterapeutas, etc, que conforman una selección campeona. Sobre los técnicos, con Scariolo a la cabeza (pero magníficamente acompañado por Jenaro Diaz, Orenga y Ricard Casas), en este país seguimos siendo muy injustos, y apenas se valora la figura del entrenador como se merece. El balance con el técnico italiano en la selección en tres años es de dos oros europeos (que recordemos, jamás habíamos ganado) y un sexto puesto mundial en el que un triple desde ocho metros nos aparta de las medallas y sin Pau Gasol ni Calderón. No es sólo el hecho de esas dos máximas medallas continentales, si no como se han conseguido, ¿o acaso les parece lo más normal del mundo ganar finales con 98 puntos, por mucho talento que tengas en tu equipo?, creemos que hay algunas cosas criticables en el trabajo de Scariolo, que debemos empezar a pensar en trabajar con aleros altos, que Sada, Felipe Reyes, Claver o San Emeterio no deberían haber tenido un papel tan marginal en algunos momentos, y que no se debería abusar tanto del juego interior, pero siendo justos, el balance que nos deja el trabajo táctico es realmente meritorio. Una selección que gana el oro con una media anotadora de 85.2 puntos y repartiendo 19.2 asistencias por partido, sólo un analfabeto baloncestístico podría pensar que está mal dirigida desde el banquillo. El juego de la selección ha sido por momentos una armonía, una orquesta perfectamente afinada con una fluidez asombrosa con el justo bote de balón (lo volvemos a repetir, demasiado bote es un mal vicio) y la participación de todas sus líneas. A excepción de las genialidades de Navarro, no se ha abusado de individualidades, a diferencia de otros equipos, y el magnífico trabajo anotador de nuestros pivots ha venido precedido de una estupenda circulación de balón, luego hay que admitir que la pizarra ha funcionado. Creemos que el trabajo de Scariolo, Jenaro, Orenga y Casas, se merece por lo menos un notable.    

Ricard Casas, Sergio Scariolo y Juán Antonio Orenga, triunvirato ganador.

lunes, 19 de septiembre de 2011

HEART OF GOLD

“Keep me searching for a heart of gold
You keep me searching for a heart of gold
And I'm getting old.
I've been a miner for a heart of gold” 

(Neil Young, “Heart of gold”)

¡Pura vida!


No cabe duda. Esta selección tiene un corazón de oro. Ese oro europeo que tanto se nos resistía, y que en tan solo dos años hemos sido capaz de ganar dos veces, de retener el cetro continental, y entrar, más si cabe, en la leyenda de las grandes selecciones míticas de la historia de este deporte. Para llorar de la emoción y que se le pongan a uno los pelos como mostachos de baloncestista soviético de principios de los 80. Una vez más volvemos a ser el centro, el orgullo, y la envidia del baloncesto mundial. No es sólo la victoria, es como se produce. Es una brillantez en el juego de equipo, un orden táctico cuidadoso y una disciplina y sacrificios en defensa y en trabajos más oscuros, pero igualmente necesarios. Una final que se gana con casi 100 puntos, que borra de un plumazo los malos recuerdos de aquellas finales de un baloncesto infumable que se ganaban con 60 puntos y con la filosofía de destruir más que crear. Esta selección es un regalo, ya no sólo para los aficionados españoles, si no para cualquiera que ame este deporte y disfrute con este juego, que cuando se interpreta con la afinación de este combinado nacional, es un plato para auténticos gourmets deportivos. 

Y por supuesto, y más allá de lo estrictamente deportivo (o dentro de ello, si consideramos, como debiera ser, el deporte como un campo para el desarrollo y crecimiento moral y vital del ser humano), vuelven a ponerse de manifiesto ciertas actitudes de este entorno de jugadores que nos demuestran una vez más su unidad como grupo humano, lo que comúnmente entendemos como “valores”. Unos principios como seña de identidad que hacen que nos podamos sentir más orgullosos de esta selección todavía, no sólo como campeones y buenos jugadores, si no además como buenos deportistas y estandartes de ese espíritu que implica que no vale ganar de cualquier manera, y que la victoria tampoco te otorga ningún privilegio especial para no regirte por un comportamiento honorable. Curioso tema este el de los valores, en un país que se congratula de vivir su época dorada en lo deportivo, gracias a una generación majestuosa de deportistas posiblemente ejemplarizados sobre todo en Pau Gasol y Rafa Nadal, que al margen de sus éxitos deportivos, que son notables, fuera de las pistas muestran una educación y respeto no demasiado habitual en los deportistas de elite. Curioso, como digo, que nos enorgullezcamos de este tipo de figuras patrias que más que como deportistas admiramos como personas, y que han llevado a este país a cotas de éxito jamás soñadas, pero luego seamos capaces de vivir en la esquizofrenia deportiva de defender otro tipo de personajes que hacen bandera de la ruindad, la mala educación, el exabrupto, la falta de respeto, y toda la antítesis que uno pueda imaginar de un Rafa Nadal. ¿Acaso alguien duda que a Nadal lo que le pedía el cuerpo realmente el pasado lunes tras la final del US Open no era cagarse alegremente en las muelas de Nole Djokovic?, sin embargo, como gran deportista que es, se tragó sapos y culebras, volvió a demostrar un ejercicio de profesionalidad, y lo primero que hizo fue felicitar al rival y mantener el tipo como un señor, demostrando que siempre hay que ser deportista y mantener un código de conducta en la victoria y en la derrota. Ensalzamos a este Nadal caballeroso en todo momento como modelo de conducta, pero luego no tenemos reparo en aplaudir las salidas de tono de cualquier otro personaje de modos macarras, simplemente porque lleve la camiseta de nuestro equipo, o se siente en un determinado banquillo de futbol. Incomprensible. 

Rafa Nadal, orgullo y ejemplo español, pero modelo que algunos no quieren para su club.


Pero volvamos al baloncesto, BA-LON-CES-TO, como remarcaba el gran Pepu tras el oro de Saitama, dorado climax de esta generación que se sigue prolongando como un orgasmo dulce y cálido que parece no tener fin, baloncesto que hay que poner en mayúsculas cuando se practica con la precisión y eficacia de este grupo plagado de talento y de humanidad. Humanidad puesta nuevamente de manifiesto con los detalles mostrados hacia Victor Claver y Felipe Reyes, para quienes ha sido un verano muy difícil por las perdidas de sus padres, de los progenitores que les vieron crecer y meter sus primeras canastas, mientras ellos crecían hacia la gloria deportiva que ahora disfrutan. El alero del Valencia perdía a su padre víctima de una larga enfermedad a finales de Mayo, mientras que el pundonoroso capitán madridista recibía el mazazo de la repentina e inesperada perdida del suyo con la concentración y preparación del equipo ya comenzadas. Ambos son dos grandísimos ejemplos para el grupo siendo dos jugadores cuyo rol no ha sido protagonista. Victor porque sigue sin gozar de la confianza y minutos de Scariolo y se mantiene como una bala en la recámara a la espera de que nuestro glorioso núcleo duro vaya bajando las prestaciones en veranos venideros por los lógicos ciclos de la vida, mientras que Felipe ha visto como su importancia en la selección ha sufrido el lógico bajón debido al grandísimo momento de Marc Gasol, su extraordinaria conjunción con su incuestionable hermano, y la llegada de un descomunal Ibaka. Ambos han entendido a la perfección su papel en la actual selección, ni una mala palabra, ni un mal gesto, se han sentido parte del grupo y el grupo les ha correspondido. La visión ayer de Felipe levantando el trofeo soltando una furibunda descarga de adrenalina, es la imagen de un guerrero que a pesar de todo lo conseguido sigue con hambre de victorias y de conquistas deportivas, que aunque no sea tan importante para el equipo en la pista, sigue sintiendo como suyo ese vestuario impecable que no sólo da oportunidad de engordar su palmarés a los jugadores, si no que les colma en lo espiritual como siempre sucede cuando uno tiene la ocasión de estar rodeado de buenos amigos y sentirse enriquecido por su presencia. En el caso del bravo ala-pivot cordobés, su buena prestación en los pocos minutos que ha jugado, esa relación minutos/productividad, confirma que mantiene intacto su deseo de ganar. 

El tópico dice que lo difícil no es llegar, si no mantenerse, y estoy de acuerdo. No es fácil mantener una tensión ganadora cuando ya lo tienes todo y has llegado a lo más alto. Volvemos a incidir en el mérito enorme de lo conseguido en este Europeo, si alguien tiene alguna duda, sólo tiene que repasar los últimos campeonatos y verá la imposibilidad de que haya habido selecciones que hayan sido capaces de mantener un ciclo ganador continuado. España se sigue manteniendo como la referencia baloncestística y modelo a imitar del siglo XXI. Dusan Ivkovic, que de esto sabe un poco, no ha tenido reparos en afirmar que este ha sido el Europeo más duro de la historia. Por otro lado el nivel de juego ha sido alto y la calidad ha estado muy presente, y a pesar de las reticencias que pudiera plantear el hecho de haber 24 selecciones en liza, y la presencia de tanto equipo, a priori, “menor”, la realidad es que prácticamente todos los equipos han competido muy dignamente, en un torneo que ha dejado mucha sangre por el camino y en el que los más fuertes, en lo deportivo, en lo psicológico, y en lo humano, han sobrevivido.   

Presidente y seleccionador, una colaboración que vuelve a dar sus frutos.


Mañana espero hacer un pequeño análisis individualizado y estadístico de los doce héroes de Lituania. Por lo demás, ha sido un placer poder asomarme estos días a este blog a comentar algunas de las cosas que más interesantes y reseñables me iban pareciendo de un Eurobasket que creo que debiera ser inolvidable para todos los aficionados.    



domingo, 18 de septiembre de 2011

MUCHO MÁS QUE PARKER

A unas horas de nuestra tercera final consecutiva de un Eurobasket, si, han leído bien, tercera final consecutiva, algo que ninguna selección conseguía desde la URSS de finales de los 70 dirigida por el mítico Alexander Gomelski (quien tuvo la suerte de ser seleccionador nacional de baloncesto en un país serio que no buscaba atacar a su entrenador en base a los litros de gomina usados para su cabello), creo que puede ser un buen momento para analizar la final que nos espera, e investigar en las entrañas de ese rival que nos ha tocado en suerte (o desgracia), una Francia que hoy por hoy, es mucho más que Parker. 

El "Zorro Plateado", maestro de los banquillos, e historia viva de este deporte.


Para empezar y hablando de números de equipo, Francia está por debajo de nosotros, llegamos a la final con un magnífico balance 83.9-70.4 (el mejor ataque y la sexta mejor defensa si nos atenemos a la frialdad de los números), mientras que ellos están en un 79.1-74.5 de media (tercer mejor ataque y desastrósamente décima mejor defensa del campeonato, aunque las sensaciones y apariencias sean otras) Se ha hablado mucho de la capacidad reboteadora de Francia, algo en lo que realmente dan miedo, con jugadores como Noah, Seraphin, Traore, o incluso exteriores tan físicos como Batum, pero la realidad es que, siguiendo con los números, nosotros estamos en 38.7 capturas por partido (tercer mejor equipo reboteador del torneo) por 34.2 rechaces de los franceses (décima posición en el ranking), un dato siempre importante el del rebote, aunque viendo que el mejor equipo en esa disciplina es una Lituania que ni se ha metido en semifinales (39 rebotes por partido), se te destrozan todos los argumentos al respecto.


El hombre tranquilo, o como hacer fácil lo imposible.


Si somos el mejor equipo en ataque de todo el torneo, parece lógico que seamos también los líderes en asistencias y pases de canasta, y así es (19.5), por tan solo 12.3 de nuestro rival. 

Vayamos por tanto a las cuestiones defensivas, tan fundamentales para colgarse la medalla de oro en un campeonato de este tipo. Tenemos la sensación de que Francia es un equipo fortísimo en defensa (que lo es), viendo a Batum (2.1 robos por partido, segundo mejor ladrón del torneo detrás de Kirilenko) y a De Colo (increíblemente sólo un robo por partido en estadísticas, a pesar de su intensidad defensiva), pero la realidad es que es otro aspecto en el que les superamos, somos el segundo equipo que más robos por balón consigue, 8.1 por partido, empatados con Macedonia y sólo por detrás de Rusia (8.2), Francia por su parte están en un notable 7.8. Por nuestra parte destaca un Rudy capaz de ponerse el mono de obrero liderando este apartado con 1.6 recuperaciones por partido, y los muy eficientes Calderón y Ricky con 1.4 (y luego dirán que nuestros bases no hacen nada) Si nos vamos al otro aspecto estadístico que habla sobre la identidad defensiva, los tapones, volvemos a salir bien parados. Colocamos 3.2 gorros por partido por 2.4 de Francia. Números todos estos que sin duda invitan al optimismo. 

Sin embargo sabemos que estos números, a la hora de encarar la final de dentro de unas 12 horas, no significan nada. Francia no tiene nada que ver con ninguno de los rivales que nos hemos enfrentado hasta la fecha, ni siquiera tiene nada que ver con la propia Francia que reservó a Parker y Noah en nuestro duelo de segunda fase. Los galos presentan un conjunto rocoso al que llevamos años viéndole crecer y avanzar, pese a que la liga francesa es muy menor hoy día en Europa poseen una envidiable cantera de jóvenes jugadores en los últimos años (Batum, De Colo, Diot, Westermann, Fournier... una generación de jugadores que es difícil que no se empiecen a colgar medallas más pronto que tarde), y por supuesto, de Parker, Diaw, y el recién llegado Noah mejor no hablemos ya que son estrellas consagradas en la NBA. Francia sigue teniendo un handicap en su juego en estático, excesiva dependencia anotadora de Parker, y falta de lustre desde la dirección del banquillo. Sus grandes armas siguen siendo el músculo, la defensa, y una capacidad para rebotear que hace que siempre vayan a estar dentro de cualquier partido y tener al menos segundas opciones de ataque. Mal rival para jugarte un oro... pero peor rival es España.  


Nico Batum, one step beyond.


Lo grande de esta Francia es el hecho de que la mayoría de jugadores hayan dado un paso adelante, jugadores en principio menores, como Traore (7.4 puntos por partido) o Kevin Seraphin (una mala bestia de 21 añitos) son sintomáticos de que Vincent Collet ha construído un equipo que va mucho más allá de Tony Parker. 

Si nos paramos a analizar las armas de uno y otro conjunto, empezando por la dirección técnica, nadie puede negar que Sergio Scariolo está muy por encima de Collet. En las líneas exteriores, y centrándonos en los bases, un superclase como Parker no puede desequilibrar la balanza ante una tripleta formada por Calderón, Ricky, y el infravalorado Sada. Tchicamboud es un elemento extraño en esta selección (está en el equipo por la lesión de Antoine Diot, éste posiblemente el mejor base puro de Francia hoy día), y ha sido capaz de robarle minutos al joven Albicy que tanto daño nos hizo el año pasado en Turquía. 

En las alas, Francia empieza a mostrar esa exhuberancia física tan temible que les ha llevado hasta donde están. El Europeo de Batum es la mejor noticia para este combinado. Es un jugador deslumbrante al que le ha costado adaptarse a una selección que (equivocadamente) dependía en exceso del excelso base de San Antonio Tony Parker. De Colo como escolta está siendo de los mejores defensores de la primera linea de pase del torneo, y Kahudi es otro de esos "elementos extraños" de Francia que están rindiendo por encima de lo esperado y han contribuído a llevar a los galos a la final. No obstante tampoco parece una linea en la que nos puedan superar, si Rudy sigue en su faceta de todoterreno (tremendo Europeo que está haciendo, y que haya quien lo critique sólo porque no meta puntos...) y Navarro sigue mandando a la lona a los rivales a base de puñetazos certeros (y por cierto, tirando de media distancia como jamás en la vida le he visto, ya conocíamos sus "bombas" y sus triples imposibles, pero esos tiritos desde la bombilla no solían aparecer en su repertorio... un arma más para nuestro auténtico dinamitador de guiones establecidos, nuestro anarquista que no necesita táctica, técnica, físico, ni etcetera, simplemente un talento descomunal para ver como el balón besa la red y suben los puntos a nuestro marcador), si a eso le sumamos los arrojos corajudos de Llull o San Emeterio, tampoco parece que debamos temer a nuestro rival de la final en las posiciones de aleros. 

Respecto al juego interior, ese del que tanto hemos abusado a lo largo del torneo y que se ha mostrado imparable en casi todos los partidos, me preocupa realmente que seamos capaces de controlar el rebote ante un equipo tan físico. Tampoco creo que debamos cargar demasido el juego en ataque en esas lineas, por mucho que a Scariolo (y hay que admitir que le ha salido muy bien) le parezca siempre nuestra mejor opción... con un Navarro a este nivel es de locos no pensar en buscar un equilibrio entre juego interior y exterior. 

Hoy me comentaba mi amigo Marcos Prieto (le pueden seguir en su blog Defensa Ilegal o en sus colaboraciones para Basket4us), que le preocupaba el tobillo de Pau. Sinceramente a mí no me preocupa demasiado, porque sé que un Pau al 70% es superior a la mayoría de jugadores en su posición al 100%. Pau es tan jodidamente bueno que somos incapaces de valorar todo lo que hace, parece demasiado fácil que se vaya a los dobles-dobles sin pestañear, cuando la realidad es que es objeto constante de un "karate-press" que entronca con un lema baloncestístico atribuído al gran Aíto García Reneses, una filosofía e idea que corre por los mentideros de los banquillos españoles (y que demuestra que Aíto ha sido realmente el gran Maquiavelo de nuestro baloncesto), esa regla no escrita de que si haces 20 faltas personales, te pitarán 20 faltas personales, pero si haces 200 faltas personales, igualmente te pitarán 20 faltas personales... por lo tanto, haz 200 faltas personales. Pau es guapo, rico, y es muy bueno en lo suyo, y jamás le verán quejarse (por mucho que haya tenido que sufrir críticas injustificadas por "blando" y demás cosas que no se sostienen... un tío que se comió a Dwight Howard en unas finales de la NBA, ¡por favor!)   


¡Y los muchachos del barrio le llamaban blando!


Respecto a dirección técnica, sin duda Scariolo está muy por encima de Collet, sobre banquillo y "fondo de armario", ahí puedo tener alguna duda, ya que me ha sorprendido gratamente el paso adelante dado por algunos jugadores franceses de banquillo, concretamente el mejor De Colo que hemos visto nunca, y Traore y Seraphin como "fondo de armario", pero literalmente además, porque vaya par de armarios y vaya manera de rebotear... incluso estirando más y siendo generosos, Charles Kahudi es otra sorpresa, ¿es este jugador mejor o peor que un San Emeterio o un Claver?, no lo sé, lo único que sé es que su entrenador si confía en él y le da minutos, pero esa es otra historia. 

Finalizo esta entrada pidiendo a España lo único con lo que creo que se ganan los partidos, la única ideología baloncestística en la que realmente creo: dejarse la testiculina en defensa, y ser atrevidos en ataque, y en este orden (ningún compañero te reprochará nada ni te echará la bronca porque te tires un triple en contrataque y sin rebote, si ve que en defensa te estás dejando la piel) 

Pase lo que pase en unas horas, seguiremos defendiendo esto... keep the faith, brothers and sisters... always searching for the young soul rebels...

viernes, 16 de septiembre de 2011

CAN YOUR PUSSY DO THE DOG?

Primer objetivo cumplido. Billete directo para los Juegos Olímpicos de Londres, y como mínimo la medalla de plata. Ya es un preciado botín que merece ser valorado como merece, hace días analizamos la dureza y dificultad que supone un torneo de estas características, recordando las últimas ediciones del Eurobasket, esas en las que vimos como los seis últimos campeones dos años después eran incapaces siquiera de subir al podio, tal es la dificultad de mantener un ciclo continuado de éxitos hoy día en un baloncesto europeo muy igualado en el que prácticamente una décena de países son capaces de llevar selecciones con aspiraciones de medallas. Por lo tanto hay que congratularse ante nuestra selección que es capaz de mantener ese estatus privilegiado en lo más alto demostrando una ambición y un hambre que aún no parece estar saciado. Es fantástico ver a jugadores como Navarro o Pau Gasol, ya superada la treintena, y habiendo ganado todo y habiéndolo sido todo en este deporte, mantener esa ilusión juvenil de seguir escribiendo páginas gloriosas para nuestro baloncesto y para su propio palmarés que les sitúa ya como estandartes de una de las mayores generaciones europeas de todos los tiempos. A ese imaginario colectivo al que siempre recurrimos recordando el baloncesto con el que crecimos evocando las mágicas Yugoslavia de Drazen Petrovic o la URSS de Sabonis, entra ya por pleno derecho la España de Gasol y Navarro. En el futuro así será recordada, no cabe duda.  

¡Capi, lo has vuelto a hacer!


Sobre Navarro sinceramente ya poco podemos añadir que no sea caer en los tópicos de siempre, hemos agotado el vocabulario, no quedan adjetivos para describir sus estratosféricas exhibiciones, sus ramalazos de genio y episodios de locura anotadora, se ponga quien se ponga por delante. Una obsesión asesina y canibal en sumar y la sensación de que si esta fuese una selección más pequeña y necesitasemos que anotase 50 o 60 puntos, no hay duda, lo haría. 

Hace sólo dos entradas ya le señalamos como justo héroe nacional apareciendo en el momento clave ante Eslovenia para dinamitar el partido y meternos en la lucha por las medallas. La exhuberante exhibición del miércoles, vista ahora, palidece incluso ante lo hecho en este último partido de semifinales donde fue capaz de dar otro paso más y reventar cualquier atisbo de lógica, esa lógica que habla de lo posible y lo imposible y que contempla la certidumbre del fallo. Escenario que Navarro decide no pisar nunca. Su seguridad causa auténtico pavor, es un Guillermo Tell con quien no dudarías en que apuntase a una manzana colocada sobre tu cabeza. Un lanzador de cuchillos del que no te importaría ser pareja bajo la carpa de un circo y soportar pacientemente sus puñaladas, seguro de que jamás alcanzarían tu piel.   

Es tanto ya lo dicho sobre nuestro capitán que hoy quiero detenerme sobre todo en el trabajo de dos "secundarios", quienes mientras Navarro destrozaba la moral de la fortísima Macedonia, se pusieron el mono de trabajo para lograr que la sangría producida por el genial McCalebb y el frío Ilievski llegase a su fín. Es de justicia hacerlo además porque no se está analizando, en mi opinión, con la justicia debida el trabajo de los jugadores que no brillan en lo estadístico en este equipo. Para empezar, y de esto ya hemos hablado, hay que ver el contexto actual de la selección de Scariolo, el tipo de juego que está proponiendo, la busqueda de los pivots como primera opción ofensiva, y el escasísimo tiempo que retienen el balón nuestros bases. Eso ha llevado a la equivocada conclusión de que nuestros bases están haciendo un "mal" campeonato, cuando la realidad es que están haciendo lo que se les está pidiendo. Apenas tienen posesión una vez superada media pista. Seamos justos con eso y analicemos su trabajo a partir del contexto propuesto por el seleccionador. Y por supuesto, seamos justos también con ese seleccionador que por muy mal que caíga a una parte de la afición, hay que admitir que ha dotado a la selección de una fluidez en el juego que hace que apenas ningún jugador tenga que amasar la bola demasiado tiempo, que ha logrado que tengamos un juego entre pivots no muy habitual de ver en ninguna selección (y no hablo sólo de la propia calidad de estos pivots, si no de como juegan entre ellos, y como son capaces incluso de bloquerse entre ellos), y ha logrado acabar con el sambenito de que los hermanos Gasol no podían ni debían concurrir juntos en pista porque se "estorbaban" entre ambos.  


Los dobermans de Scariolo.


Pero como digo quiero centrarme en el trabajo oscuro hoy de dos hombres que resultó fundamental para la victoria. Mediado el tercer cuarto, ese cuarto que una vez más volvió a ser nuestro punto de inflexión, como está siendo en los últimos partidos, Scariolo, después de haber visto como fracasaba la defensa zonal que sin embargo tan bien funcionó ante Eslovenia, hizo coincidir en pista a una pareja exterior formada por Ricky y Llull, dos jugadores que cuando han coincidido en este campeonato han demostrado cierto atolondramiento ofensivo y no han sido capaces de complementarse en sus ataques, pero había que intentar algo (quizás ese fuera el "plan B" del que había hablado Scariolo antes del partido), siempre hay que intentar cosas y no quedarse de brazos cruzados. Volviendo a Rick Carlisle, del que tanto hemos hablado en este blog por sus brillantes planteamientos en las finales de la NBA, Scariolo optó por un trío de "bajitos" (recordando a los Mavericks que tuvieron sus mejores momentos en las finales cuando hicieron coincidir a Kidd, Barea y Terry en pista... incluso recordando los Pistons bicampeones de Chuck Daly con Thomas, Dumars, Aguirre y Johnson, todos ellos por debajo de los dos metros, coinciendo en muchos minutos tres de ellos formando una trinchera exterior con el cuchillo entre los dientes que no dejaba pasar ni las balas) con Ricky y Llull mordiendo atrás como furibundos perros de presa y Navarro liberado en ataque. El base-escolta madridista se situó encima de Ilievski, el base macedonio encargado de subir la bola, y Ricky se pegó como un chicle sobre el genio McCalebb que apenas rascó bola en los momentos en los que sufrió el marcaje del pegajoso prodigio de El Masnou. Así empezamos a certificar el pase a la final, y gracias a, como ya hemos dicho, esa portentosa exhibición ofensiva de un Navarro con quien van a soñar en Macedonia durante mucho tiempo. Buena noticia la labor defensiva de estos jugadores que por fín han encontrado su auténtica aportación en el equipo, junto a un Ibaka que también hay que juzgarlo como debe. El día de la final cumple tan solo 22 años, lleva un par de meses conociendo a este grupo, y no se le puede exigir ser un referente de esta selección desde el primer día, pero lo será, no lo duden. También creemos que hoy Sada podría haber sido de gran utilidad en esos ajustes defensivos, siendo posiblemente el mejor base español en trabajo físico hoy día. Sea como fuere lo importante es que estamos en la final, ante una Francia que nos recuerda, como no, aquella magnífica exhibición defensiva de Ricky en cuartos de final en Polonia 2009. Tony Parker llegaba como máximo anotador del torneo, y ante la marca de Rubio sólo fue capaz de anotar una canasta en juego en todo el partido. La defensa ha sido una de las grandes señas de identidad de este equipo. El gran Pepu Hernandez nos dotó de un ADN defensivo y velocidad y libertad en ataque. Hemos perdido parte de esa identidad, aunque hemos ganado (insisto, por mucho que pese a los detractores de Scariolo) fluidez ofensiva en estático, donde más sufríamos antaño cuando no nos dejaban correr. Si queremos colgarnos el oro debemos recuperar el equilibrio de un buen trabajo en ambos lados de la cancha. Momento para que los Ricky, Llull o Ibaka, jugadores que quizás no brillen en lo estadístico, pero comprenden perfectamente la importancia de que el rival respire con dificultad cuando tiene la posesión, den un paso al frente.  


No eran los más altos, ni tampoco los más fuertes, pero pocos backcourts en la historia hcieron tanta sangre.


El domingo tenemos una cita con la gloria, esperemos llevar puestas las mejores galas, esas que nos muestran como una selección brillante a la hora de atacar el rival, pero que no deja que nadie le arrugue el traje. Pongamos la señal de "ceda el paso" en nuestra zona, y en ataque sigamos tranquilos mientras tengamos a Navarro y a Pau a este mayestático nivel. Pero valoremos el trabajo de nuestros dobermans cuando Scariolo decide sacarlos a pasear. Al fin y al cabo no todos los gatos, por muy elegantes y estéticos que nos resulten, pueden hacer el trabajo de un perro. 


jueves, 15 de septiembre de 2011

OCHO RAYOS DE SOL







Todo torneo de las características de un Eurobasket tiene su propia gesta. El del 2011 nos deja una GESTA. Así, en mayúsculas. No se puede calificar de otra manera lo vivido anoche en Kaunas con el doblegamiento de los poderosos anfitriones ante un pequeño grupo de valientes guerreros macedonios. La fecha del 14 de Septiembre del 2011 sin duda pasará a la historia de la pequeña república balcánica de apenas dos millones de habitantes de población, pero también ha de pasar a la historia del baloncesto en general, y del Eurobasket en particular, como uno de esos grandes momentos en los que la épica trasciende fronteras y todo el mundo del deporte en su generalización mira hacia un mismo sitio señalando la grandeza del triunfo obtenido a base de un trabajo encomiable.    

Heaven and hell.

Con el tiempo se recordará la victoria macedonia de ayer como el “maracanazo” baloncestístico más impactante de los últimos tiempos. Pongámonos en situación. Un país en el que el baloncesto es religión, como Lituania. Un nuevo y reluciente pabellón construido expresamente para el evento, el Zalgiris Arena, con menos de un mes de vida, con capacidad para más de 15.000 personas, lleno hasta la bandera, autoridades locales, míticos ex -jugadores, el Zar Sabonis… el mayor ambiente de gala que uno pueda imaginarse en un torneo de este tipo para gozo de una buena selección lituana que había ofrecido posiblemente junto a España los mejores momentos de baloncesto de ataque de la competición. El equipo hasta el momento máximo anotador del campeonato con 85 puntos por partido y uno de los mejores también en asistencias, ritmo de juego y fluidez de balón. Una selección que parecía haber encontrado un perfecto equilibrio entre viejas estrellas como Jasikevicius y Kaukenas y sus jóvenes talentos representados en Valanciunas. Un equipo sustentado en sus jugadores de la generación del 86 (Kalnietis, Pocius…), que parecían por fin llegar a un torneo de estas características con la madurez necesaria para aspirar a lo máximo y refrendar la fantástica medalla de bronce obtenida hace un año en el Mundial de Turquía. Lituania volvía a estar en el mapa baloncestístico mundial, y su segunda gran ciudad en población y extensión, pero primera en lo deportivo, su capital baloncestística, la ciudad donde nacieron Arvidas Sabonis o Sarunas Marciulonis, esperaba ser excepcional testigo del retorno de uno de los países que más vive este deporte a la auténtica elite del mundo de la canasta. 

Un jugador sin ningún Pero.


Enfrente el equipo revelación del torneo, un conjunto modesto, justito de fuerzas, que lleva sobreviviendo gracias al sustento en un hercúleo trío formado por su exquisito backcourt, que se está mostrando como el mejor del torneo, Ilievski y McCalebb, dos jugadores con ciertas similitudes en su perfil, bases con facilidad anotadora y que necesitan tener el balón. La compenetración, a priori nada sencilla, entre estos dos exteriores tan protagonistas y que pudieran solaparse el uno al otro, es una de las grandes claves del éxito macedonio. Junto a ellos emerge la colosal figura de Pero Antic, ese pívot con cierto parecido al jugador de Chicago Carlos Boozer y quien cercano a los 30 años ve como su nombre comienza a sonar con fuerza en media Europa. Actualmente en el emergente Spartak de St. Petesburgo, ya es pretendido por varios equipos de la Liga Endesa, y se está mostrando en este torneo como un fajador con buena muñeca, un bailarín al que no le importa mancharse en el barro. A Ilievski ya le conocemos de su paso por el Barcelona, y en menor medida por el Baskonia, aunque la mayor parte de su carrera la ha repartido entre Italia y Eslovenia (tiene la doble nacionalidad, macedonia y eslovena), y sobre el pequeño McCalebb ya hemos hablado también por aquí, ya que sin duda alguna es uno de nuestros jugadores favoritos desde hace un par de temporadas, cuando le descubrimos. En esa temporada 2009-10, aparte del lógico seguimiento a los equipos españoles, y por encima de todo a nuestro Real Madrid (del que ya hemos comentado que en este blog somos seguidores… y a nuestro pesar, añadiría, dado los tiempos que corren de desastre absoluto a la hora de gestionar esta sección deportiva antaño victoriosa), el Partizan de Belgrado de aquella temporada nos gustaba especialmente, nos transmitía, nos hacía vivir ese tipo de sensaciones de buen baloncesto añejo, sin necesidad de presupuestos multimillonarios de los CSKA, Maccabi, Barcelona o Panathinaikos de turno que han expoliado el baloncesto europeo de una manera atroz sin capacidad de respuesta por parte del resto de los equipos, configurando una elite tan destacada que entre estos equipos y algún otro (Olympiakos, Sienna…) se han repartido prácticamente todas las participaciones en las Final Four de los últimos años. Un club selecto en el que nadie podía parecer aspirar a entrar ya.    

Ilievski en nuestra liga.


Allá por Enero de 2010, mis más allegados recordarán que comencé a apostar seriamente por la posibilidad de que el Partizan de Belgrado se colase en la F4 que aquel año se disputaba en Paris. Me tomaron por loco (no quiero decir con esto que ahora no me tomen por tal cosa) y comencé a coleccionar embudos con los que adornar mi cabeza. Pero yo estaba convencido. Aquel equipo me subyugaba. Tenía ese viejo orgullo plavi de lucha, de no dar ningún partido por partido. Guerreros en defensa, fuertes en el rebote, con un tipo de jugadores versátiles y capaces de realizar todo tipo de trabajos sobre la cancha. Lógicamente nos comenzó a llamar la atención ese nuevo joven alero del que todo el mundo hablaba, Jan Vesely, la tortuga ninja checa, un desgarbado jugador de 2,10 que jugaba por fuera y hacía unos mates descomunales. Recordamos, por supuesto, a Dusan Kecman, hijo pródigo que regresaba del Panathinaikos (a donde había ido, por cierto, Uros Tripkovic, uno de los pilares de la temporada anterior, quien junto a Velickovic, Lasme y Tepic habían emigrado a ligas y equipos de mayor potencial, o eso pensaban ellos), el Kecman de aquel año era una cosa increíble, con actuaciones como su partido en Tel Aviv con siete triples de nueve intentos para una victoria colosal de su equipo que empezaba a encarrilar así su pase a la Final Four, o el milagroso triple final en Zagreb con el que ganó la Liga Adriática frente a la Cibona para el Partizan. Que decir de Aleks Maric, quien parecía no valer para el Granada y en Belgrado destapó el potencial de estrella que llevaba dentro. Y por supuesto, que decir de aquel pequeño base americano que dirigía con la velocidad de un rayo aquel grupo salvaje. Aquel Bo McCalebb que enseguida nos hizo recordar a otro grandísimo base que dignificó tremendamente el baloncesto europeo con su llegada: el Tyus Edney del Zalgiris Kaunas. 

Haciendo diabluras desde Nueva Orleans hasta Belgrado.


Pero sobre el Partizan de Belgrado ya hablaremos en más ocasiones, ya que sin duda méritos volverán a hacer para ello, o sea que sigamos centrándonos en este milagro macedonio. Como digo, Ilievski, McCalebb y Antic son la columna vertebral del equipo, tres jugadores que superan ampliamente los 30 minutos por partido (ningún español llega a esa cifra), en el caso del base nacido en Macedonia, lidera la clasificación de minutos por partido con más de 37, mientras que el pequeño base de Nueva Orleáns no le anda a la zaga y supera los 34. Excesiva batalla en las piernas para los líderes de una selección demasiado dependiente de estos jugadores y con poca profundidad de banquillo. Poco importa ya, la hazaña, pase lo que pase mañana contra nuestra selección española, es ya mayúscula, un puesto en semifinales, la posibilidad de luchar por medalla, y el pasaporte a un pre-olímpico donde seguir soñando con la gloria para un país con apenas 20 años de existencia y cuyos "pioneros" serían jugadores aún tan latentes en el recuerdo como Vrbica Stefanov o el mítico Petar Naumoski. Absolutamente nadie podía haberlo predicho cuando en su debut caían derrotados ante Montenegro por cinco puntos. A partir de ahí, una agónica victoria frente a Croacia (que acabaría quedándose fuera en primera ronda) para seguir con vida, y posteriormente el comienzo del milagro. Una victoria contundente frente a Grecia les ponía en franquicia el pase a la segunda fase, el cual consumaron venciendo a una también sorprendente Finlandia con muchos apuros, y con mayor convicción frente a Bosnia. Ya en la segunda ronda, con dos victorias de colchón, apretaron para ganar a Georgia, derrotaron a Eslovenia demostrando que ya eran más que un equipo revelación, y en la jornada que cerraba el grupo acariciaron la primera plaza con la punta de los dedos hasta que el triplazo de Monya les despertó bruscamente. Toda Lituania sonreía frente al rival que le había tocado en suerte. Francia, por que no decirlo, también veía como sus previsiones y cuentas de la lechera (esas que una vez más se vuelven a romper por no tener los pies en el suelo y no hablar JAMÁS sobre resultados futuros que no se han producido) se iban cumpliendo… hasta lo de anoche.   


Stefanov, nombre ilustre del pasado reciente.


Lo de anoche, que ya es historia de nuestro deporte. Uno de esos momentos por los que merece la pena amar el baloncesto. Póngale ustedes los calificativos que quieran. 

Lo único que pido mañana a mis compatriotas, por favor, es el máximo respeto a esos tíos de la camiseta con la bandera de los ocho rayos de sol. Se lo han ganado donde hay que hacerlo. En la cancha, no en una cabina de comentaristas.  

Macedonia de piña

miércoles, 14 de septiembre de 2011

EL CAPITÁN MUESTRA EL CAMINO

¡Estamos en semifinales!, es cierto que lo único que hemos hecho es cumplir los pronósticos y que de momento no hemos ganado nada (en todo caso, asegurarnos el pre-olímpico, que no es poco, y ya quisieran Turquía, Alemania, Italia o Croacia poder decirlo), pero ya que nuestra naturaleza habitual respecto a nuestra selección es la de la precaución, justo es que celebremos este nuevo éxito. La ventaja que tenemos quienes nunca damos nada ganado de antemano, es que cualquier victoria nos parece digna de ser elogiada y celebrada. El mérito de esta selección española es enorme, estamos hablando de siete campeonatos de Europa de selecciones consecutivos llegando como mínimo a semifinales, desde Paris 99 (donde perdimos la final contra Italia), son siete hermosas veces luchando por las medallas, y sólo en 2005, con aquella canasta de Nowitzki que nos alejó de la final, nos quedamos fuera del podio en aquel desdichado partido por el bronce contra Francia en el que prácticamente ni competimos. Las seis ediciones anteriores, por tanto, se saldan con un oro, tres platas, un bronce, y el mencionado cuarto puesto de hace seis años. Datos que confirman que hemos sido la potencia europea dominante, y que pese a la dificultad de mantenerse en lo más alto (lo difícil no es llegar, si no mantenerse), hemos mantenido un gran nivel de concentración, exigencia y ambición. Por lo tanto celebremos este primer paso dado hacia las medallas.   

La plata del 99, ¡quién nos iba a decir que era sólo el principio!


Un camino hacia el podio que como hemos visto hoy no va a ser ni mucho menos una alfombra roja por la que transitar tranquilamente mientras los rivales arrojan pétalos de rosas a nuestro paso, al contrario. Eslovenia, sabedora de su inferioridad, ha salido con el cuchillo entre los dientes, han hecho sufrir a nuestros pivots, han logrado descentrarnos y que sintiésemos la incomodidad de este tipo de encuentros. Lo hemos pasado mal… hasta que el capitán tomó el mando.   

Abriendo paso hacia las medallas.


Lo que nos gusta del baloncesto es que en pocos deportes encontramos tanto lugar para el elogio del equilibrio, esa virtud aristotélica que seguimos reivindicando y que debe ser la aspiración del ser humano. Ya hemos hablado largo y tendido sobre la conveniencia del análisis equilibrado, ese que nos permita discernir cual es la auténtica realidad dentro de las dos caras de la misma moneda, de los dos extremos de un mismo ente, ser, persona, o equipo de baloncesto. Dicho de una manera simple y fácilmente entendible: ni eres tan bueno cuando ganas, ni tan malo cuando pierdes. Sobre todo tratándose de un deporte en el que el éxito o el fracaso muchas veces depende de que entre por el aro una caprichosa pelotita que por un milímetro se puede ir fuera, dar en el hierro de atrás, rebotar y volver a salir fuera (sobre todo en este Europeo de aros duros), etc, etc… 

Yendo más allá en nuestro elogio del equilibrio, nos gustan las plantillas compensadas. El equilibrio entre los sensatos veteranos curtidos en mil batallas y los jóvenes hambrientos que saltan a la arena dispuestos a hacer sangre y comenzar a escribir páginas de gloria. El equilibrio entre el jugador cerebral que domina cada situación y se convierte en la prolongación del entrenador en la cancha, y el alocado anarquista capaz de dinamitar cualquier partido y romper los guiones preestablecidos. Por supuesto alabamos el equilibrio en lo que es el puro juego. El equilibrio entre la defensa y el ataque. Entre el juego exterior y el interior. Entre el ritmo alto y la velocidad y la pausa en el juego. Cuanto mayor sea esa capacidad de equilibrio, mayor será el repertorio que pueda manejar el equipo en concreto, y por tanto mayores sus garantías de cara al éxito final. La posibilidad de elección de armas, y el ser ducho en el manejo de todas ellas, siempre ha de ser algo bienvenido en este juego. 

Bien, dicho todo esto, estábamos echando en falta en la selección cierto tipo de equilibrio en nuestro ataque. Una excesiva dependencia anotadora de nuestros pivots, la constante búsqueda de los hombres altos, estaba siendo un condicionante que situaba un contexto quizás injusto para el resto de líneas de nuestra selección. Los ataques usados por Scariolo se están basando mayormente en la ofensiva al poste con nuestras torres, iniciándose con unos bases que apenas tienen posesión de balón y buscan a nuestros aleros, saliendo al corte, quienes finalmente buscarán a nuestro hombre alto. Las combinaciones que más estamos utilizando son base-escolta-pivot. Este contexto del que hablamos hace que nuestra tripleta de bases, siendo de las mejores del campeonato, apenas esté destacando en números, y nuestros alas titulares, Navarro y Rudy, siendo dos pura sangres ofensivos no están viendo aro con la facilidad y asiduidad que nos tenían acostumbrados, pero por contra si están viendo elevada su producción pasadora. Por un lado esto nos gusta, ya que muestra una selección con una buena fluidez en su juego y un baloncesto en ataque estático muy superior, aunque le pese a los críticos con Scariolo, al que hemos tenido en otras ocasiones en las que abusábamos del tiro exterior y no sabíamos hacer circular el balón dentro de la zona. Pero por otro lado, como defensores del equilibrio que somos, echábamos en falta las exhibiciones anotadores de antaño de nuestros exteriores. Además del lógico peligro que supone el incidir demasiado en un mismo tipo de juego, que los rivales acaban neutralizando si no eres capaz de alternarlo con otros movimientos.   

Hoy es cierto que en un partido que se nos presentó muy duro y trabado de inicio, incómodo de jugar, la búsqueda de nuestros jugadores interiores (sobre todo Pau), que no lograban anotar ante las durísimas defensas eslovenas, nos mantuvo con vida gracias al desgaste que hicimos sobre los pivots rivales. Fue la manera de empezar a abrir el camino hacia la victoria, pero necesitábamos algo más, necesitábamos un guía que nos señalase cual era el sendero por el que debíamos transitar camino a las semifinales. 

Aunque no lo parezca, es un jugador de baloncesto... y de los buenos, de los muy buenos.


Y entonces apareció él, nuestro capitán, ese jugador que nos ha guiado al éxito en tantas ocasiones. Ese cestista de vieja escuela, poco físico, y enorme talento. Nuestro coleccionista de medallas y depredador de títulos, el mejor palmarés del baloncesto español en un jugador en activo. Con esa tranquilidad y pachorra habitual que muestra La Bomba en cualquier situación, que no sabes si se está jugando un oro olímpico o una pachanga con los colegas (aunque por dentro seguro que él si lo nota y si mantiene esa tensión), comenzó a coger las riendas del encuentro. Primero con una serie de buenos lanzamientos desde media distancia, desde la cabeza de la bombilla, donde le estamos viendo aparecer constantemente en este torneo para asistir a los pivots, pero en esta ocasión Navarro quiso ser “egoísta”, por el bien de todos, y suavemente fue martilleando la canasta eslovena., lo que unido al buen trabajo atrás nos fue dando las primeras ventajas importantes, sobre la decena de puntos. Eso fue el principio. Como si se tratara de un boxeador experimentado, aquellas canastas fueron simplemente unos puñetazos con los que ir minando la resistencia del rival. En su cabeza estaba buscar el K.O., y así fue, en cuanto comenzó a conectar sus lanzamientos triples, el contrario fue enviado a la lona sin piedad. En total 26 puntos en 26 minutos, para recordarnos que el Navarro de muñeca caliente sigue entre nosotros, por mucho que la selección actual le pida otras cosas. Ni siquiera necesitó ir a la línea de tiros libres en ningún momento, no le hizo falta buscar el cuerpo a cuerpo, ese uno contra uno donde también es brillante y resulta imparable. Encontró el camino desde fuera, ante una defensa asfixiante cerrada sobre nuestros pivots, y señaló el camino de las semifinales, y quien sabe si el camino sobre una muestra más de un equilibrio entre nuestro juego interior y exterior, que, en la medida que seamos capaces de explotarlo, pondrá en muchísimas más dificultades a las defensas rivales y nos acercará más hacia el objetivo, dificilísimo objetivo del triunfo final. 

A descansar, y disfrutar hasta el viernes.    

El genio y su papada.

martes, 13 de septiembre de 2011

MARTES Y TRECE

“La sangre aún me hierve,
cuando pienso en mi mala suerte,
y cuando me levanto
en el jergón
os maldigo” 

(“Desde el jergón”, Los Enemigos) 

Jorge Garbajosa, el rey de las manías, con una célebre pitonisa ucraniana en una playa  de Malibú.


Hoy es Martes y 13, el día en que más apetece comerse una buena empanadilla de Móstoles. Tenemos jornada de descanso en el Europeo, mañana empieza lo bueno, los cruces a vida o muerte, los partidos a cara de perro.

Parece por lo tanto un buen momento para realizar una entrada ligerita, nada de comernos la cabeza con la densidad de las estadísticas (que por otro lado, ¿qué haríamos los aficionados sin esos banquetes aritméticos que tanto nos gustan para seguir analizando cualquier partido horas y días después?), y detenernos en algo siempre presente en cualquier equipo, vestuario, o jugador de este deporte: los rituales y las supersticiones, las manías antes de cualquier partido o cita importante. 

El baloncesto, como deporte de seres fabulosos que es, supone terreno abonado para las más variopintas costumbres y ritos. Difícil es el jugador que en su rutina pre-partido no tenga una galería de tics mentales, o de lo que se conoce como TOC (trastorno obsesivo compulsivo), un ceremonial personal e intransferible con el que recubrirse ante el vértigo de enfrentarse a un deporte en el que la bola muchas veces es caprichosa y el desenlace de los encuentros en ocasiones obedece al azaroso y travieso destino, que juega con nosotros como Dios tirando los dados sobre el tapete del universo. 

Las manías y supersticiones son de la más diversa índole, según la complejidad de la personalidad del protagonista. Los hay quienes necesitan escuchar una determinada canción antes de un partido, entrar en la cancha con un determinado pie delante, llevar unos calcetines o medias en concreto, no ducharse, ducharse dos veces, etc, etc… el catálogo es variado, hay mucho donde elegir. Hay quien tiene tanto celo y vela tanto por la pureza de su mejor arma, que no permite que nadie toque ni estreche su mano, caso de Louis Bullock. El excelso y dulce tirador americano y tantos años afincado en España, jamás contacta su palma derecha con nadie antes de un partido, ni siquiera con sus compañeros, manías de una de las mejores muñecas que hemos visto en nuestra liga en los últimos tiempos.

¿Choca esas cinco?


Un personaje tan peculiar en todos los sentidos como el gran Jorge Garbajosa, evidentemente es otro de los grandes maniáticos de este deporte. Todo Jorge es una enorme superstición, una suerte de combinaciones con los cordones de las zapatillas, toallas, etc, su habitual salida a la presentación con la boca llena de agua… quien por momentos parecía que pudiera ser su relevo natural en nuestro baloncesto, como exponente de cuatro abierto y tirador, Pablo Aguilar, también parece seguir el relevo del de Torrejón en el tema de las manías, quien siempre tiene que ser el último a la hora de salir del autobús, o el último también en vendarse. Evidentemente si hablamos de Garbajosa, a todo el mundo le viene a la cabeza su especie de rezo antes de lanzar cada tiro libre, un mantra particular que a día de hoy sigue sin querer confesar, y que ha sido objeto de numerosos debates, sobre si el bueno de Jorge recita un rosario de puteadas al más puro estilo Tano Pasman, o realmente, como parece ser, le dedica unas palabras a su mujer Ainhoa.  

Rick Barry y unas cucharas más célebres que las de Uri Geller.


Claro que si nos metemos en el terreno de los tiros libres, la cosa nos daría para varias entradas. Es sin duda el momento del juego donde más claramente se ven todas las manías, rarezas y supersticiones de los jugadores. Cualquier aficionado podría nombrar sin ningún problema decenas de jugadores con mecánicas y gestos muy característicos a la hora de afrontar un tiro desde el 4,60. Personalmente uno de mis primeros recuerdos de tipo realmente maniático hasta el paroxismo en la línea de libres es el de Adrian Dantley, cuando comencé a seguir la NBA, allá por el ya lejano 1986. Dantley era un fantástico anotador proveniente de Utah Jazz que había recalado en el que ya era mi equipo favorito, los Detroit Pistons. Dentro de su facilidad para la producción anotadora destacaba también la asiduidad con la que visitaba la línea de tires libres, y ahí verlo era realmente un espectáculo., rozando continuamente los 10 segundos establecidos para lanzar, y limpiándose constantemente las toneladas de sudoración que caían por su rostro. Los aficionados recordarán también mecánicas muy curiosas, como Steve Trumbo y sus ojos cerrados, Rick Barry y su tiro “a cuchara”… caso curioso y no muy habitual es el de los jugadores que no botan el balón y lanzan directamente según han recibido del árbitro, era el caso del “matraco” Margall, o más recientemente Alberto Herreros. Y si hablamos de botes, todos recordarán al malogrado Drazen Petrovic y sus bajísimos botes de balón que finalizaban con su resoplido con el balón a la altura de la cintura antes de lanzar. Gilbert Arenas es otro de los míticos maniáticos en el tiro libre con sus pases de balón alrededor de su propia espalda, y por supuesto, mi favorito, Jason Kidd y su famoso beso hacia canasta. Tan romántico gesto decía que lo hacía dedicado a su familia… claro que como muchos recordarán, “Mr. Triple-Doble” tuvo hace cuatro años una separación que se puede calificar de cualquier cosa menos de amistosa.   

Soltando aire.


En fin, como pueden ver, manías para todos los gustos. Todo vale para relajarse, motivarse, o en definitiva sentirse mejor y saber que, por lo menos momentáneamente, el cielo no se va a desplomar sobre nuestras cabezas. Ya que hemos hablado de tantas manías famosas, les confesaré la mía. Siempre que piso una cancha de baloncesto no puedo abandonarla hasta que no he convertido un triple más o menos desde el medio campo.   

Va por ti, mala pécora.