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miércoles, 14 de septiembre de 2011

EL CAPITÁN MUESTRA EL CAMINO

¡Estamos en semifinales!, es cierto que lo único que hemos hecho es cumplir los pronósticos y que de momento no hemos ganado nada (en todo caso, asegurarnos el pre-olímpico, que no es poco, y ya quisieran Turquía, Alemania, Italia o Croacia poder decirlo), pero ya que nuestra naturaleza habitual respecto a nuestra selección es la de la precaución, justo es que celebremos este nuevo éxito. La ventaja que tenemos quienes nunca damos nada ganado de antemano, es que cualquier victoria nos parece digna de ser elogiada y celebrada. El mérito de esta selección española es enorme, estamos hablando de siete campeonatos de Europa de selecciones consecutivos llegando como mínimo a semifinales, desde Paris 99 (donde perdimos la final contra Italia), son siete hermosas veces luchando por las medallas, y sólo en 2005, con aquella canasta de Nowitzki que nos alejó de la final, nos quedamos fuera del podio en aquel desdichado partido por el bronce contra Francia en el que prácticamente ni competimos. Las seis ediciones anteriores, por tanto, se saldan con un oro, tres platas, un bronce, y el mencionado cuarto puesto de hace seis años. Datos que confirman que hemos sido la potencia europea dominante, y que pese a la dificultad de mantenerse en lo más alto (lo difícil no es llegar, si no mantenerse), hemos mantenido un gran nivel de concentración, exigencia y ambición. Por lo tanto celebremos este primer paso dado hacia las medallas.   

La plata del 99, ¡quién nos iba a decir que era sólo el principio!


Un camino hacia el podio que como hemos visto hoy no va a ser ni mucho menos una alfombra roja por la que transitar tranquilamente mientras los rivales arrojan pétalos de rosas a nuestro paso, al contrario. Eslovenia, sabedora de su inferioridad, ha salido con el cuchillo entre los dientes, han hecho sufrir a nuestros pivots, han logrado descentrarnos y que sintiésemos la incomodidad de este tipo de encuentros. Lo hemos pasado mal… hasta que el capitán tomó el mando.   

Abriendo paso hacia las medallas.


Lo que nos gusta del baloncesto es que en pocos deportes encontramos tanto lugar para el elogio del equilibrio, esa virtud aristotélica que seguimos reivindicando y que debe ser la aspiración del ser humano. Ya hemos hablado largo y tendido sobre la conveniencia del análisis equilibrado, ese que nos permita discernir cual es la auténtica realidad dentro de las dos caras de la misma moneda, de los dos extremos de un mismo ente, ser, persona, o equipo de baloncesto. Dicho de una manera simple y fácilmente entendible: ni eres tan bueno cuando ganas, ni tan malo cuando pierdes. Sobre todo tratándose de un deporte en el que el éxito o el fracaso muchas veces depende de que entre por el aro una caprichosa pelotita que por un milímetro se puede ir fuera, dar en el hierro de atrás, rebotar y volver a salir fuera (sobre todo en este Europeo de aros duros), etc, etc… 

Yendo más allá en nuestro elogio del equilibrio, nos gustan las plantillas compensadas. El equilibrio entre los sensatos veteranos curtidos en mil batallas y los jóvenes hambrientos que saltan a la arena dispuestos a hacer sangre y comenzar a escribir páginas de gloria. El equilibrio entre el jugador cerebral que domina cada situación y se convierte en la prolongación del entrenador en la cancha, y el alocado anarquista capaz de dinamitar cualquier partido y romper los guiones preestablecidos. Por supuesto alabamos el equilibrio en lo que es el puro juego. El equilibrio entre la defensa y el ataque. Entre el juego exterior y el interior. Entre el ritmo alto y la velocidad y la pausa en el juego. Cuanto mayor sea esa capacidad de equilibrio, mayor será el repertorio que pueda manejar el equipo en concreto, y por tanto mayores sus garantías de cara al éxito final. La posibilidad de elección de armas, y el ser ducho en el manejo de todas ellas, siempre ha de ser algo bienvenido en este juego. 

Bien, dicho todo esto, estábamos echando en falta en la selección cierto tipo de equilibrio en nuestro ataque. Una excesiva dependencia anotadora de nuestros pivots, la constante búsqueda de los hombres altos, estaba siendo un condicionante que situaba un contexto quizás injusto para el resto de líneas de nuestra selección. Los ataques usados por Scariolo se están basando mayormente en la ofensiva al poste con nuestras torres, iniciándose con unos bases que apenas tienen posesión de balón y buscan a nuestros aleros, saliendo al corte, quienes finalmente buscarán a nuestro hombre alto. Las combinaciones que más estamos utilizando son base-escolta-pivot. Este contexto del que hablamos hace que nuestra tripleta de bases, siendo de las mejores del campeonato, apenas esté destacando en números, y nuestros alas titulares, Navarro y Rudy, siendo dos pura sangres ofensivos no están viendo aro con la facilidad y asiduidad que nos tenían acostumbrados, pero por contra si están viendo elevada su producción pasadora. Por un lado esto nos gusta, ya que muestra una selección con una buena fluidez en su juego y un baloncesto en ataque estático muy superior, aunque le pese a los críticos con Scariolo, al que hemos tenido en otras ocasiones en las que abusábamos del tiro exterior y no sabíamos hacer circular el balón dentro de la zona. Pero por otro lado, como defensores del equilibrio que somos, echábamos en falta las exhibiciones anotadores de antaño de nuestros exteriores. Además del lógico peligro que supone el incidir demasiado en un mismo tipo de juego, que los rivales acaban neutralizando si no eres capaz de alternarlo con otros movimientos.   

Hoy es cierto que en un partido que se nos presentó muy duro y trabado de inicio, incómodo de jugar, la búsqueda de nuestros jugadores interiores (sobre todo Pau), que no lograban anotar ante las durísimas defensas eslovenas, nos mantuvo con vida gracias al desgaste que hicimos sobre los pivots rivales. Fue la manera de empezar a abrir el camino hacia la victoria, pero necesitábamos algo más, necesitábamos un guía que nos señalase cual era el sendero por el que debíamos transitar camino a las semifinales. 

Aunque no lo parezca, es un jugador de baloncesto... y de los buenos, de los muy buenos.


Y entonces apareció él, nuestro capitán, ese jugador que nos ha guiado al éxito en tantas ocasiones. Ese cestista de vieja escuela, poco físico, y enorme talento. Nuestro coleccionista de medallas y depredador de títulos, el mejor palmarés del baloncesto español en un jugador en activo. Con esa tranquilidad y pachorra habitual que muestra La Bomba en cualquier situación, que no sabes si se está jugando un oro olímpico o una pachanga con los colegas (aunque por dentro seguro que él si lo nota y si mantiene esa tensión), comenzó a coger las riendas del encuentro. Primero con una serie de buenos lanzamientos desde media distancia, desde la cabeza de la bombilla, donde le estamos viendo aparecer constantemente en este torneo para asistir a los pivots, pero en esta ocasión Navarro quiso ser “egoísta”, por el bien de todos, y suavemente fue martilleando la canasta eslovena., lo que unido al buen trabajo atrás nos fue dando las primeras ventajas importantes, sobre la decena de puntos. Eso fue el principio. Como si se tratara de un boxeador experimentado, aquellas canastas fueron simplemente unos puñetazos con los que ir minando la resistencia del rival. En su cabeza estaba buscar el K.O., y así fue, en cuanto comenzó a conectar sus lanzamientos triples, el contrario fue enviado a la lona sin piedad. En total 26 puntos en 26 minutos, para recordarnos que el Navarro de muñeca caliente sigue entre nosotros, por mucho que la selección actual le pida otras cosas. Ni siquiera necesitó ir a la línea de tiros libres en ningún momento, no le hizo falta buscar el cuerpo a cuerpo, ese uno contra uno donde también es brillante y resulta imparable. Encontró el camino desde fuera, ante una defensa asfixiante cerrada sobre nuestros pivots, y señaló el camino de las semifinales, y quien sabe si el camino sobre una muestra más de un equilibrio entre nuestro juego interior y exterior, que, en la medida que seamos capaces de explotarlo, pondrá en muchísimas más dificultades a las defensas rivales y nos acercará más hacia el objetivo, dificilísimo objetivo del triunfo final. 

A descansar, y disfrutar hasta el viernes.    

El genio y su papada.

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