sábado, 8 de julio de 2017

LA NBA MODERNA Y LA MEMORIA SELECTIVA





Los MVPs unidos jamás serán vencidos



¡Qué no pare la locura! Si el verano pasado Kevin Durant hacía tambalear los cimientos de la NBA con su decisión de enrolarse en Golden State Warriors para convertir a la actual plantilla de Oakland en posiblemente el mejor equipo de la historia conocida (vistas sus series de play offs, el debate es totalmente válido), este año la tendencia parece seguir en aumento. Los propios Warriors añaden a su arsenal a Nick Young, un tirador letal que promedia 18.3 puntos por partido en su carrera NBA y viene de lanzar por encima del 40% en triples en su último curso con los Lakers. Más dinamita para la fiesta ofensiva de Steve Kerr. Stephen Curry, para dejar constancia que sigue siendo el líder de los pistoleros más letales del Oeste, consigue el contrato más alto de la historia del baloncesto, con sus 200 millones a repartir en cinco años. Las cifras marean. ¿Y qué hacen los demás equipos ante esto? Intentan seguir la desorbitada estela de poner dólares encima de la mesa y juntar figuras a tutiplén, dando la sensación de que estemos asistiendo a una liga que, metáfora del mundo en el que vivimos, las desigualdades son cada vez más evidentes. Recurriendo al viejo axioma izquierdista, se podría decir que “los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres” (pese a la presunta apariencia de “nuevos ricos” que puedan tener equipos como los nuevos Timberwolves de Jimmy Butler… o aquellos “experimentos” del estilo de los Brooklyn Nets de Mijail Projorov que fue un fiasco absoluto)  


Chris Paul se va a Houston para junto a James Harden formar el mejor perímetro de la NBA, Paul George en Oklahoma City intentará hacer olvidar a Durant, y junto al MVP y rey del triple-doble Russell Westbrook formar un dueto ambicioso para intentar plantar cara a los todopoderosos Warriors. Los Clippers, ante la salida de Paul, atan a su otra gran estrella, Blake Griffin, con un contratazo de escándalo de 35 millones de dólares al año, mientras confían en Europa para no perder comba con el italiano Gallinari y la llegada, por fin, de Milos Teodosic a la NBA (lo que va a provocar otro efecto dominó en la posición de base en los equipos de Euroliga que habrá que seguir atentamente) Los eternos Spurs se “conforman” con un Rudy Gay venido a menos, pero que sigue siendo un alero de totales garantías para junto a Leonard, Aldridge y Pau Gasol seguir siendo una de las perennes potencias del Oeste.   


¿Y en el Este? Las desigualdades parecen todavía mayores. Sólo Boston parece poder aspirar a derrocar el reinado de Cleveland en su conferencia. Y de qué manera. La contratación de Gordon Hayward, en una decisión que ha tenido en vilo a toda la liga y protagonizada por un jugador que curiosamente hace cinco años parodiaba “The Decision” de LeBron James en un video subido a las redes sociales, les convierte en uno de los equipos más poderosos de la liga. Pero la ambición de Danny Ainge no se detiene aquí y ahora su gran objetivo es Marc Gasol. Isaiah Thomas, Gordon Hayward, Al Horford y Marc Gasol juntos, el sueño de los actuales Celtics.  


Es la NBA de los “superequipos”, una liga que se vanagloriaba de que gracias a su tope salarial y el sistema de draft no se establecían grandes dinastías y un equipo que en un momento dado fuera de los peores de la competición en apenas 5 o 6 años podía convertirse en aspirante al título. Es difícil tener hoy día esa sensación, y lo cierto es que equipos como Brooklyn, Philadelphia, Detroit, Charlotte, Orlando, Sacramento, New Orleans o, quien iba a decirlo, Los Angeles Lakers, parecen hermanos muy muy pobres en la mejor liga del mundo. Pese a tener buenos jugadores y al menos una gran estrella en sus rosters, no pueden competir con las franquicias que han logrado aglutinar a varios jugadores all-star. Como aquellas “superbandas” del pasado, cuando Eric Burdon se juntaba con Steve Winwood, o cuando Bob Dylan, George Harrison, Tom Petty, Jeff Lyne y Roy Orbison se lo pasaban en grande tocando y grabando juntos. 


Todo esto tiene mosca a algunos aficionados, quienes dependiendo de sus particulares fobias buscan culpables en algunos jugadores. Hay quien habla de Durant y su marcha a Oakland, otros de LeBron, por dos veces culpable (primero en Miami con Wade y Bosh, luego en Cleveland con Irving y Love), echando la vista más atrás podríamos hacerlo con Ray Allen y Kevin Garnett uniéndose en Boston con Paul Pierce, o incluso con Gary Payton y Karl Malone buscando el anillo en los Lakers de Kobe y Shaquille. Cada uno de estos movimientos tiene sus matices, evidentemente, no es lo mismo irte a un equipo sin apenas bagaje que busca empezar de cero (cosa que hizo LeBron en su regreso a Cleveland, o incluso en Miami, franquicia que aunque había sido campeona sólo mantenía a Wade como vestigio del pasado exitoso) que a un equipo campeón, o hacerlo, en la recta final de tu carrera, como hicieron Payton y Malone y en menor medida Allen y Garnett que hacerlo en tu plenitud como deportista. En ese sentido, si se trata de hacer un juicio, no me cabe duda que nadie es más “culpable” que Durant, en el mejor momento de su vida deportiva uniéndose a una franquicia que llevaba dos años seguidos dominando el Oeste, que habían ganado el anillo un año antes, y que venían de dejar un registro para la historia con aquel 73-9 en “regular season”. 


El aficionado crítico con la NBA actual y nostálgico del pasado encuentra así otro argumento más para disparar al baloncesto profesional estadounidense. Pero como suele suceder en estos casos no hay nada nuevo bajo el sol, y sólo la memoria selectiva de dicho aficionado hace que olvide que, precisamente la década de los 80, curiosamente la más añorada por el aficionado que desprecia la NBA actual, fue la que mayor desigualdad produjo entre equipos, hablando además de una época en la que había menos equipos y por tanto menos jugadores, con lo cual la concentración de talentos en unas pocas franquicias era más cruenta para el resto de equipos. Se sigue añorando la rivalidad Celtics-Lakers de los 80 como ejemplo de buen baloncesto de aroma “old school” y despreciando la NBA actual, cuando la realidad es que precisamente esa rivalidad se sustentó en la creación de auténticos “superequipos” desde los despachos de ambas franquicias.  




Los Celtics de los 80, ingeniería Auerbach para ganar anillos.



Los “Orgullosos Verdes” de Boston, quienes habían dominado la NBA como nunca jamás se ha vuelto a ver en la historia durante toda la década de los 60 (excepto en 1967 ganaron el anillo todos los años de aquel decenio), resistían en unos años 70 (dos títulos, en el 74 y el 76) cuya segunda mitad de década parecía amenazar cierto declive (retiradas de Don Nelson y John Havliceck, el traspaso de Paul Silas) Había que acertar en el draft (Cedric Maxwell) y tirar de despachos. Así es como llegan nombres ilustres a la franquicia verde del calado de Bob McAdoo, Nate Archibald y Pete Maravich. En 1978 eligen en el número 6 del draft a Larry Bird, pese a que le quedaba un año universitario que cumplió, por lo que no pudieron contar con su mejor jugador de los 80 hasta un año después. Precisamente en 1980 escogían a Kevin McHale con el número 3, un verano en el que llegaría a Boston una de las grandes estrellas de la NBA como era Robert Parish, quien llevaba dos temporadas consecutivas promediando por encima de los 17 puntos y 10 rebotes por partido en Golden State Warriors. Por si fuera poco para reforzar el puesto de base en 1983 llegaba un jugador que había sido cuatro veces All-Star y MVP de unas finales, Dennis Johnson, y como guinda al pastel en 1986 nada menos que Bill Walton, campeón de la NBA con Portland en el 77, MVP de aquellas finales, y MVP de la NBA en 1978. Súmenle a todo eso estrellas como Cedric Maxwell y Nate Archibald (sigue siendo el único jugador en la historia que ha liderado en una misma temporada regular puntos y asistencias) Sólo Danny Ainge, un sorprendente segunda ronda de draft, no tenía vitola de estrella en el núcleo duro de aquellos Celtics de los 80 (vitola que con justicia acabaría adquiriendo, claro) En aquel 1986 ya no están Maxwell ni Archibald, pero con Bird, Johnson, McHale, Parish y Walton hablamos de cinco all-stars, tres MVPs de unas series finales, y dos MVPs de temporada regular. Nada que envidiar en cuanto a concentración de talento a los actuales Golden State Warriors. 


Su némesis por aquellos años, Los Angeles Lakers, no se quedaban atrás a la hora de coleccionar estrellas. Kareem Abdul-Jabbar, uno de los mejores pívots de la historia, ya llevaba tres años cuando se hacen con el número 1 del draft de 1979, el genial “Magic” Johnson. Tres años después se hacen con otro número 1, James Worthy. Al año siguiente consiguen vía trade a un jugador de segundo año que había sido número 4 en 1983, Byron Scott. Por aquellos años recordarán que ya andaba por allí otra estrella como Jamaal Wilkes, fichado en 1977 y Rookie of The Year dos años antes, además de campeón en Golden State Warriors. Los Lakers ganan nada menos que cinco títulos durante los 80, con rosters plagados de números 1 del draft y jugadores All-Star. ¿Les sigue pareciendo tan novedoso lo de los Cleveland o Golden State actuales?   



Es cierto que equipos posteriores como los Detroit Pistons o los Chicago Bulls no se forman con tanta espectacularidad desde los despachos, pero aun así necesitan movimientos claves para convertirse en campeones (el traspaso de Dantley por Aguirre, o el traspaso que lleva a Scottie Pippen a Chicago desde Seattle, donde no llega ni a jugar), y hay que recordar que incluso un jugador como Clyde Drexler no pudo ganar el anillo hasta que unió sus fuerzas con Hakeem Olajuwom en Houston a mediados de los 90.  



Y es que en realidad, como la historia misma de las desigualdades económicas en el mundo, de la riqueza y de la pobreza, la historia de las desigualdades de talento en las franquicias NBA es tan vieja como la misma humanidad.  





Clyde Drexler consiguió en Houston lo que no pudo en Portland




miércoles, 5 de julio de 2017

EL JAZZ IMPROVISADO DE RICKY RUBIO







“El jazz trata acerca de estar en el momento presente”, dijo en una ocasión uno de los mejores músicos de esta disciplina de la historia, el genial pianista Herbie Hancock (aunque a muchos de ustedes el nombre no les diga nada, seguro que han escuchado infinidad de veces sus canciones, o al menos muchos de sus riffs de teclado en samplers de otros artistas) El momento presente lleva a Ricky Rubio, tras varios años de rumores de traspaso, a Salt Lake City, a vestir la camiseta de los Utah Jazz que luciera otro genio español como Raúl López, y tiempo antes aquel maravilloso Pete “Pistol” Maravich con el que tanto asemeja físicamente, a otro equipo joven y en reconstrucción pero que a diferencia de Minnesota si habían conseguido dar con la tecla para el correcto crecimiento (son actuales semifinalistas del Oeste), claro que nada va a ser lo mismo después de conocerse que su gran estrella y agente libre este verano, Gordon Hayward, haya decidido enrolarse en unos Boston Celtics que buscan ser la gran alternativa en el Este a los Cavaliers de LeBron James. La fórmula de Utah pintaba bien, alrededor de una gran estrella como Hayward, equilibrar la experiencia de sobrios veteranos como Joe Johnson o Boris Diaw junto a la pujanza de jóvenes valores como Rudy Gobert, Rodney Hood o Derrick Favors. La llegada de Ricky Rubio, director de juego puro solicitado por el mismísimo Hayward, en detrimento de un base anotador pero de los peores asistentes como George Hill (un pobre promedio de 3.3 asistencias en su carrera NBA), hacía ilusionar enormemente a la afición de los Jazz, pensando en un quinteto explosivo con Ricky Rubio, Rodney Hood, Gordon Hayward, Derrick Favors y Rudy Gobert. La cosa sonaba muy bien, pero definitivamente Ricky parece no tener suerte en su trayectoria NBA, por no hablar del consabido tema de las lesiones.


Deja Rubio seis años en Minnesota en los que si bien no ha logrado llevar a la franquicia a play offs, el crecimiento del equipo ha sido palpable (excepto hace dos temporadas, en las que el “tanking” fue evidente), alcanzando su mejor momento en la 2013-14, con un balance de 40 victorias y 42 derrotas, lo que suponía el mejor registro de los Wolves en nueve años. Curiosamente fue la única temporada en la que Ricky no se perdió un partido, jugando los 82 de la temporada regular, y también curiosamente (o no tan curiosamente) el pésimo curso siguiente coincide con la campaña en la que Rubio está más ausente de las pistas (sólo juega 22 partidos) Lo cierto es que tan sólo seis años han bastado para que Ricky se haya convertido en un jugador histórico de la joven franquicia de Minnesota. De hecho se despide de los Lobos como el máximo asistente por partido (8.5) y recuperador de balones (2.1), e igualmente en estadística avanzada con el mejor porcentaje en asistencias (39.2) y robos (3.4) Es el séptimo jugador que más partidos ha jugado en esa franquicia (353), el sexto en minutos, y ojo, el décimo triplista de la historia de Minnesota (sí, pese a todas las críticas sobre su tiro, sólo 9 jugadores en la historia han anotado más triples que Ricky vistiendo esa camiseta), también es el séptimo que más tiros libres ha anotado, y ojo a este dato, el décimo máximo reboteador defensivo de la historia de los Wolves. También es el segundo máximo asistente que jamás haya vestido la camiseta de los de Minneapolis (y recordamos que es el mejor por partido) y el segundo mayor recuperador de balones de todos los tiempos en Minnesota (y posee el record de mayor número de robos de balón en una temporada) En estadística avanzada también aparece en el Top 10 de varias estadísticas, como en las de los “win shares” (estadística que creó Bill James en béisbol y que refleja la contribución de un jugador cada temporada en relación a sus compañeros) En los “win shares” generales figura el quinto mejor de la historia, y en defensa el cuarto. En otra estadística compleja, el “Value Over Replacement Player”, que estima la contribución del jugador frente a sus suplentes, figura el quinto en la historia. Por último, hay que recordar que deja también un buen número de records en un partido, destacando especialmente el de mayor número de asistencias en un encuentro en la historia de Minnesota, con los 19 pases de canasta que repartió precisamente en la recta final de la pasada temporada, cuando parecía estar jugando el mejor baloncesto de su carrera. No está nada mal con 26 años, después de 6 temporadas en la misma franquicia, figurar en varios de los Top 10 estadísticos por mucho que hablemos de una franquicia no precisamente histórica y en la que Kevin Garnett, no podía ser de otro modo, copa casi todas las categorías.  



Y todo ello asumiendo que no ha sido Ricky Rubio precisamente un jugador al que las cosas le hayan ido de cara. Incluso su salida de Minnesota, que podría entenderse una liberación al dejar una de las franquicias cuyo progreso parece más lento y tortuoso, se produce un verano en el que desde los despachos de los Wolves se ha apostado fuerte con el traspaso que ha llevado a Jimmy Butler al Oeste a cambio de Zach LaVine y Kris Dunn, lo que parecía otorgar plenos poderes a Ricky en la dirección del juego y una muestra de la total confianza de Thibodeau en el español. Nos relamíamos con la posibilidad de un quinteto tan potente como Ricky-Butler-Wiggins-Dieng-Towns cuando días después nos sorprendía el traspaso de Ricky a Minnesota, dejando a los Wolves sin bases. Finalmente el elegido por Thibodeau ha sido Jeff Teague, otro talentoso play-maker, no tan buen director y sin la visión de Ricky, pero con una capacidad anotadora muy superior. Ciertamente los Wolves han conformado un quinteto que sobre el papel es de los más potentes del Oeste y que les debería llevar sin problemas a los play offs. Otra cosa es que funcione la química con tanto jugador que mira aro (habrá que ver cuantos tiros le dejan al pobre Giorgi Dieng), pero esa es una lucha que ya no nos interesa. Ahora nuestra intención se centra en ver cómo le sienta a Ricky la llegada a su nuevo club. Siguiendo con frases de jazz, decía George Gerwhin que tanto en la vida como en el jazz lo mejor era improvisar. Con la marcha de Gordon Hayward, a Ricky y sus nuevos compañeros no les toca otra que improvisar y esperar que la melodía suene afinada. De momento no podrían tener mejor director en la batuta del jugador español. Ahora queda ver cómo responden los solistas.  


viernes, 30 de junio de 2017

UN ANILLO PARA JAVALE






No sabemos lo que deparará el futuro, pero lo que nadie puede dudar es que los Golden State Warriors del periodo 2015-2017 pertenecen por derecho propio a los libros de historia. Un trienio mágico traducido en dos anillos de campeón, tres campeonatos del Oeste, el mejor balance en liga regular de la historia (73-9) y el mejor balance en play offs jamás conocido (16-1), pero también nos deja un dato llamativo e incluso podríamos decir que histórico, dentro de cierto bizarrismo o frikismo, más allá de la pura calidad del juego. Y es que el bueno de JaVale McGee tiene un anillo de campeón.


Posiblemente no haya en toda la NBA un jugador al que el calificativo de “extraño elemento” le haga más justicia. Sus anécdotas son variadas y de todo tipo, le hemos visto tropezarse, caerse, correr en sentido contrario, y hasta anotar en su propia canasta creyendo que era la del rival. Eso dentro de la cancha. Fuera de ella tampoco se queda corto. Dormir con sábanas estampadas con el cuerpo de un astronauta, pseudo-disfrazarse de ninja, o martirizar a base de bocinazos a sus vecinos son algunas de las ocurrencias con las que ha deleitado a sus fans en las redes sociales. Todo esto en un pívot del que Hakeem Olajuwom llegó a declarar en 2012 que dominaría la NBA en el futuro. El nigeriano se equivocó, como se equivocaron muchos que vieron en aquel jugador de 2,16 que llegaba con apenas 20 años a la NBA tras el draft de 2008 (uno de los más talentosos que se recuerda, con Derrick Rose, Westbrook, Kevin Love, Gallinari, Eric Gordon, O.J.Mayo, Michael Beasley, Brook Lopez, Ibaka, Batum o Ryan Anderson) en el próximo gran dominador de las zonas.  


Desde entonces una carrera errática sin llegar a cumplir en ningún momento las expectativas, vistiendo las camisetas de Washington, Denver, Philadelphia y Dallas, hasta que el verano pasado unos Golden State Warriors que buscaban reforzar su banquillo con los mejores retales posibles tras la reconstrucción obligada por el esfuerzo de hacerse con Kevin Durant sorprendían dándole una oportunidad a un jugador dudoso hasta en lo físico, pues sus 62 partidos en las tres campañas anteriores no invitaban al optimismo.


Y lo cierto es que McGee ha cumplido con creces en Oakland. Ha hecho sus mejores números desde 2014 y ha alcanzado su tope en porcentaje de tiros de campo, pero es que además lo ha hecho jugando menos minutos que nunca, en una enorme demostración de rendimiento proporcional a minutos en pista. Una cualidad que alcanzó su cenit en los magníficos play offs realizados por el jugador de Michigan. En la primera ronda ante Portland rozó los 10 puntos y más de 4 rebotes y 2 tapones por partido jugando apenas unos 12 minutos por noche. 5 rebotes y 3 rebotes ante Utah en 10 minutos por partido. 6,2 puntos ante San Antonio en poco más de 8 minutos por partido, haciendo además uno de los partidos de la temporada en el tercer choque de esas finales del Oeste, cuando alcanzó 16 puntos en tan solo 13 minutos de juego. Contra Cleveland ni siquiera jugó el quinto y definitivo partido, pero en los cuatro anteriores sumó 22.28 minutos en pista que aprovechó para contribuir al anillo con 11 puntos, 10 rebotes, 3 asistencias, 2 tapones y un robo. En realidad su media de los play offs es magnífica: 5.9 puntos, 3 rebotes y 2.2 tapones por partido. Una mediocridad, pensarán ustedes… ¡pero es qué sólo ha necesitado 9.3 minutos por noche para hacerlo! Tirando de proporción, si hubiera jugado 45 minutos por encuentro hablaríamos de 30 puntos, 15 rebotes y 12 tapones por noche.


Cuando se recuerde a los campeones de 2017 todo el mundo se acordará de Durant, Curry, Thompson, Green, o un Igoudala quien llegó a disculpar las torpezas de su actual compañero afirmando que el problema de McGee era su inteligencia e hiperactividad mental, lo cual le hacía estar con demasiadas cosas en la cabeza cuando estaba en la cancha. Tampoco se recordará a JaVale como uno de los mejores jugadores de la NBA, sino más bien como uno de los más decepcionantes. Se recordarán sus caídas, tropiezos y errores garrafales. Sin embargo, escrudiñando en sus estadísticas, nos encontramos a uno de los jugadores con mejor rendimiento en periodos cortos en la cancha. Como hemos dicho al principio de esta entrada, un “extraño elemento” con todas las letras. 



Imposible no sentir simpatía por este particular “patito feo” de la mejor liga del mundo. JaVale bien se merecía este anillo.  






miércoles, 28 de junio de 2017

LA RENOVACIÓN PUEDE ESPERAR









No ha habido sorpresas en la lista de Sergio Scariolo para el próximo Eurobasket que se celebrará de nuevo en distintas sedes y países y a nosotros nos llevará en una atractiva primera fase a Rumania. Esta selección no tiene secretos, el núcleo duro ha logrado una continuidad que pese a las críticas de algunos aficionados que miran el DNI de nuestros jugadores, es una de las claves del éxito del equipo. Scariolo lo tiene claro. La máxima continuidad posible. Sólo José Calderón, quien anunciara su retirada del combinado nacional tras los pasados Juegos Olímpicos, Víctor Claver, lesionado, y Felipe Reyes y Rudy Fernández, renunciando a este campeonato para recuperarse físicamente tras una durísima temporada para los blancos, serán los rostros que el aficionado pueda echar de menos respecto a los últimos veranos. El propio Scariolo había confirmado hace unos días en un campus de la revista Gigantes ante los chavales presentes y con total naturalidad que ya tenía once jugadores fijos: Ricky, Chacho, Llull, Navarro, Abrines, San Emeterio, Mirotic y las parejas de hermanos Gasol y Hernangómez.   


Queda por tanto sólo una plaza libre para quien tenga el honor de intentar revalidar el título conseguido hace dos años en Francia, y se la disputarán nada menos que 16 jugadores. La FEB busca con ello involucrar al máximo número de jóvenes jugadores que supuestamente irán entrando en las próximas selecciones absolutas. No obstante se encuentran nombres veteranos como Pau Ribas, Quino Colom, Xavi Rabaseda o Dani Díez. Otros, más jóvenes, ya están sobradamente fogueados en ACB, caso de Jaime Fernández, Pierre Oriola, Alberto Abalde, Víctor Arteaga,  Guillem Vives, Ilmane Diop, Joan Sastre, Alberto Díaz, Nacho Llovet u Oriol Paulí. Y también dos jugadores de la liga universitaria estadounidense como son los interiores Sebas Saiz y Rubén Guerrero. Estos 16 jugadores se concentrarán en Málaga a mediados de Julio, mientras que los once que tienen plaza fija lo harán a finales de dicho mes en Madrid.


En general creemos que hay razones para el optimismo y volver a considerar a España candidata a metales (dejémoslo ahí, y no hablemos de oro, si de luchar por medallas) La madurez de Marc Gasol, el final de curso de Ricky Rubio, el momento de forma de Sergio Llull, la rápida adaptación de los Hernangómez y Abrines a la NBA, y por supuesto, la presencia del eterno Pau Gasol, son argumentos sobrados para que el aficionado espere esta cita veraniega con la misma ilusión que años anteriores, o incluso más (desde luego el roster ofrece mayores garantías que en 2013, por ejemplo) Sabemos que va a haber una enorme polémica con un nombre propio: Juan Carlos Navarro. Sus continuas molestias físicas y su fascitis plantar crónica hace plantearse si su plaza (con un rol en principio muy secundario) no estaría mejor destinada a algún joven jugador que necesite ir adquiriendo experiencia en la selección (aunque lo cierto es que tampoco se nos ocurren demasiados jóvenes escoltas ahora mismo llamando a las puertas de la absoluta) Su presencia obedece sin duda a cuestiones de ascendencia en el vestuario y liderazgo antes que a lo que pueda ofrecer en la cancha, pero también es justo reconocer que en los pasados Juegos, estando en un segundo plano, respondió perfectamente a lo solicitado por el entrenador, desatascando el ataque ante una correosa Nigeria y en labores más facilitadoras que anotadoras en partidos como los de Lituania y Francia, en los que repartió 5 asistencias en cada uno y cuya presencia en pista se tradujo en un +26 ante los lituanos y +14 ante los franceses. No se le ha olvidado jugar al baloncesto. Personalmente soy de la opinión de que Navarro ya no está para la selección, pero como soy consciente de que las críticas hacia su convocatoria van a ser lo más cruentas posibles, desde este blog no vamos a sumarnos al linchamiento. Ya hay demasiado aficionado que sólo busca el lado negativo. Nosotros seguiremos confiando al 100% en jugadores y cuerpo técnico. 



Por otro lado y por mucha crítica que se quiera hacer al combinado nacional y a la labor de Scariolo y la FEB, lo cierto es que si se ha ido trabajando en una renovación tranquila y normal, una dulce transición, que diría Del Bosque, en cuanto las piernas de viejas vacas sagradas han dejado de funcionar con el brío habitual. Recordemos que Abrines y los hermanos Hernangómez están por debajo de los 24 años, y que en realidad de los once fijos de Scariolo sólo cinco jugadores (los hermanos Gasol, Navarro, Sergio Rodríguez y Fernando San Emeterio) pasan de los 30 años de edad actualmente. Con seis jugadores por debajo de la treintena, difícilmente puede hablarse de una selección entrada en años.  

martes, 27 de junio de 2017

REINAS DE EUROPA









El Eurobasket “express” (apenas 9 días de competición) disputado en Chequía en este mes de Junio ha tenido el más feliz de los desenlaces para la selección española. Oro incontestable, la decimoprimera medalla de este siglo para el combinado absoluto, igualando por el momento al masculino (a la espera de lo que hagan los hombres de Scariolo en su campeonato de este año) y reflejando de manera contundente la evolución que ha experimentado nuestro baloncesto de chicas en este país. 


La sensación de superioridad tan aplastante que ha mostrado al final de campeonato no se intuía ni al comienzo del mismo ni en la gira de preparación. Recordemos sin ir más lejos que España perdía su último partido de dicha gira precisamente ante Francia, en la localidad gala de Mulhouse, por 65-56 en un partido en el que llegaron a perder hasta de 16 puntos. En la primera fase del torneo, después de no dar opciones ni a Hungría ni a Ucrania, la derrota ante las anfitrionas checas volvía a generar dudas, pese a la intrascendencia del resultado debido a que la primera plaza estaba garantizada. Sin embargo a partir de cuartos de final las jugadoras de Mondelo demostraron su mejor versión, en un ejemplo de gestión de esfuerzos y de capacidad para crecer dentro de un campeonato, arrasando a Lituania, Bélgica y finalmente Francia en la final, con una superioridad sorprendente tratándose de dos selecciones de un nivel parejo. Los duelos entre españolas y francesas en los últimos años han sido apasionantes, y en el recuerdo aún perduraba nuestra derrota en semifinales del Eurobasket 2015. Claro que en aquella ocasión no pudimos contar con Sancho Lyttle, elemento diferencial para el salto de calidad definitivo de la selección de Mondelo. Tanto es así que hasta Evan Fournier ha saltado a la palestra de manera muy desafortunada para criticar que la nativa de San Vicente y Granadinas vista la camiseta de nuestro país, acrecentando la habitual polémica deportiva con nuestro país vecino y que no sirve si no para alimentar el patrioterismo más barato y casposo, de modo que tampoco queremos darle mayor importancia.


Lyttle, como no, ha sido decisiva durante todo el torneo y la mejor jugadora de la final con unos números de escándalo: 19 puntos, 8 rebotes, 2 asistencias, 4 robos y un tapón para 28 de valoración, y superando claramente en su duelo particular a la francesa Endene Miyen. Sin embargo la MVP del torneo ha sido Alba Torrens, espectacular todo el campeonato con 17.8 puntos por partido, 6.3 rebotes y 3.3 asistencias por partido. Camino de sus 28 años, la mallorquina lidera el actual baloncesto femenino español, un baloncesto en el que ya no cabe hablar de una generación concreta y dorada, ya que encontramos incluso exponentes de nacidas a principios de los 80, o incluso a finales de los 70, como es el caso de Laia Palau, la jugadora más histórica de nuestra selección y que pese a que en Septiembre cumplirá 38 años no hay visos sobre una inminente retirada del combinado nacional. Ha vuelto a ser una de las claves para Mondelo, con sus 21 minutos por partido en pista y liderando las estadísticas en asistencias con 3.5 por partido. Y aunque el núcleo de la selección actual son jugadoras que como en el caso de Torrens han nacido a finales de los 80 o principios de los 90, el futuro parece asegurado con jugadoras como Leticia Romero o María Conde, quienes siguen acumulando experiencia (en el caso de Conde este Europeo era su debut con la absoluta) y aprendiendo al lado de las Torrens, Cruz, Nicholls y compañía.


Y al frente de todo esto imposible no reconocer la labor de un entrenador absolutamente histórico y legendario como Lucas Mondelo. El tipo que deslumbrase ganando todo lo posible en Salamanca a principios de esta década con el Perfumerías Avenida continúa siendo un gestor de recursos humanos y deportivos excepcional, alternando de igual modo la importancia del trabajo táctico con las oportunas teclas psicológicas y filosóficas, y es que en el caso de Mondelo hablamos casi más de un “autor” que de un entrenador, en el sentido de que logra impregnar a su equipo de su particular filosofía de juego y de vida. Su palmarés comienza a resultar sencillamente abrumador, pero más allá de los resultados nos encontramos con un personaje fascinante al que merece la pena acercarse para escuchar lo que tiene que decir. 



martes, 20 de junio de 2017

HISTÓRICO VALENCIA, HISTÓRICA ACB







Y a la tercera fue la vencida para Pedro Martínez. Tras perder las finales de Copa del Rey y de Eurocup, se desquitó, y de qué manera, precisamente ante su verdugo en la Copa y en las semifinales por el título ACB la pasada temporada. Es la primera liga en la historia del club taronja, y sin duda es el mayor éxito obtenido hasta la fecha por una entidad cuyo equipo había sido campeón de Copa y de Eurocup, máxime en el contexto del baloncesto actual y en una competición tan disputada y con tanta calidad como la ACB. De hecho en el camino hacia el título el Valencia ha ido superando a los tres equipos que este año competían en Euroliga: Barcelona, Baskonia y Real Madrid respectivamente. El dato tomado desde otro punto de vista nos deja una reflexión, y es que parece claro que la dureza y calendario del nuevo formato euroliguero ha pasado factura a estos tres grandes. Un formato que el propio Valencia conocerá la próxima temporada, junto al Unicaja, como campeón de la Eurocup. Con nuestros cinco mejores equipos disputando la máxima competición continental el próximo curso, se prevé de nuevo una gran igualdad en la tabla clasificatoria y posibilidades para que equipos más modestos sigan dando la campanada, caso del Tenerife de este año. Aunque ya habrá tiempo de hablar de eso. 



El Valencia se lleva las finales por 3-1, rompiendo el factor cancha en el segundo partido y dando dos exhibiciones en La Fonteta. Se recordará el maravilloso juego desplegado por los de Pedro Martínez y como han volado sobre su rival a partir del segundo cuarto del tercer partido y en el segundo acto del cuarto y definitivo encuentro, pero justo es recordar también una canasta que puede ser considera punto de inflexión de estas series finales. Era el segundo partido en Madrid, el que podía poner el 2-0 y dejar al Valencia sin margen de fallo. El choque se movía en unos parámetros de igualdad similares a los del primer encuentro, abocado a uno de esos finales en el alambre en los que tan a gusto se sienten los funambulistas de Laso con Llull a la cabeza. Pero en esta ocasión no fue el Aeroplano de Mahón quien se sacó de la chistera una genialidad con la que los espectadores se llevasen las manos a la cabeza. El montenegrino Bojan Dubjlevic, a la sazón MVP de las finales, anotaba una canasta increíble encontrando un hueco imposible entre la defensa de Nocioni y Hunter rompiendo el empate del luminoso a falta de un minuto para el final. Una canasta que finalmente vale una liga. 


Dubjlevic ha sido justo MVP de las finales con sus 14 puntos y 7 rebotes por partido (pese a su pobre 25% en el triple), pero la hazaña valencianista ha tenido unos cuantos nombres propios más. Destacadísimo San Emeterio, con 13 puntos, 3 rebotes y 3 asistencias por choque, y además con un demoledor 67% en triples, pero por encima de todo se ha erigido como auténtico guía espiritual y líder del grupo taronja, pese a llevar sólo dos años en este club. Nadie puede dudar ya de que estamos ante uno de los mejores jugadores españoles de la historia, y sólo el haber coincido en la misma generación que los Gasol, Reyes, Navarro y compañía hace que no seamos del todo conscientes de la magnitud de su juego. Junto a ellos, Pedro Martínez ha encontrado su “factor x”, ese héroe inesperado con el que nadie contaba, en Will Thomas. De unos discretos 6 puntos y 4 rebotes, para 9 de valoración en liga regular, en estas finales ha pasado a 13 puntos y 3 rebotes y una valoración media de 13.75, anotando desde todas las posiciones y con porcentajes por encima del 50%. Antoine Diot ha sido otro de los jugadores claves para Pedro Martínez, sin Van Rossom y con Guillem Vives aquejado de problemas físicos, se ha tenido que multiplicar en la pista. Joan Sastre por otro lado, campeón de Europa Junior en 2011, se instala definitivamente en la élite del baloncesto español. El gran capitán Rafa Martínez parece no haber brillado tanto como en otras ocasiones, pero su defensa ante el juego exterior madridista, especialmente frente a Jaycee Carroll (triste 3 de 15 en lanzamientos triples, cuando ante Unicaja había anotado nada menos que 9 de 15), es clave para entender el triunfo levantino.


En el polo opuesto un Real Madrid en el que, como suele ser habitual alrededor de este club, se dispara el nivel de crítica hasta niveles absolutamente insoportables. El principal señalado es un Pablo Laso que lleva seis años poblando de títulos las vitrinas blancas pero se le coloca en la diana en cuanto llega algún tropiezo. Se le critica haber fundido a la plantilla, cuando en realidad sus rotaciones durante toda la temporada han sido modélicas. El único jugador excesivamente utilizado ha sido Sergio Llull con 26 minutos por partido en liga regular (lo cual tampoco es una barbaridad), precisamente el hombre que en mejor forma ha acabado el curso. El resto de jugadores habituales se han movido entre los 12 minutos de Nocioni y los 21 de Rudy y Ayón. Al Real Madrid se le ha hecho larga la temporada, es cierto, pero no ha sido culpa de la mano de Laso. La dureza del nuevo formato de Euroliga con 30 partidos de la máxima exigencia no ofrece dudas ¿Es culpable Laso de la difuminación de Randolph, de la aparición nuevamente de la versión más temerosa de Doncic, de la indolencia reboteadora de Hunter (3 rebotes en 47 minutos en los tres primeros partidos… ahora ya saben porque no Laso no le hace saltar a la cancha en el cuarto) o de la sequía anotadora de Carroll? Para mí sinceramente la gran diferencia en estas finales ha sido algo sumamente sencillo: un equipo con un núcleo sólido llegando en su mejor momento de forma de la temporada, frente a un equipo en el que lo que se presuponía una de sus mayores virtudes, el fondo de armario, ha sido un lastre. Con varios pesos pesados en su peor versión de la temporada, a Laso sólo le han respondido Llull, Ayón y Felipe Reyes. El escandaloso segundo cuarto del último partido (29-11 de parcial para Valencia) llega con un quinteto formado por Doncic, Carroll, Maciulis, Nocioni y Randolph, una segunda unidad que cualquier equipo desearía para sí. Pero increíblemente esos jugadores vieron como el Valencia les pasaba por encima una y otra vez en cada ataque taronja, mientras que en el otro lado de la pista se estrellaban una y otra vez contra la muralla naranja. ¿Alguien se sigue preguntando porque Doncic y Randolph no jugaron un minuto en toda la segunda parte? Vuelvan a ver ese segundo cuarto y no me digan que no hubieran actuado como Laso. 


En definitiva triunfo histórico del Valencia dentro de una temporada igualmente histórica para el baloncesto ACB. Nada menos que cinco campeones distintos hemos conocido este curso. El Gran Canaria sorprendió haciéndose con la Supercopa, allá por finales de Septiembre de 2016. El Real Madrid en Febrero fue fiel a su asombrosa fiabilidad en Copa del Rey para alzarse con su cuarto título consecutivo. A principios de Abril Joan Plaza se consagraba ganando la Eurocup con el Unicaja, y a finales de ese mismo mes Txus Vidorreta (por cierto, próximo entrenador taronja tras la negativa de Pedro Martínez a renovar) hacia lo propio con el Tenerife y la Champions League. Y finalmente la campanada valencianista en Liga para demostrar que la ACB goza de una salud excelente.



Qué la campaña próxima sea cuanto menos tan excitante como la recién finalizada. 


lunes, 19 de junio de 2017

LA MELANCOLÍA DE LOS PRIMEROS BAÑISTAS




Hay un poema magistral de Manuel Vilas, dentro de su colección de 2010 “Amor. Poesía Reunida”, titulado Los Últimos Bañistas, posteriormente utilizado por una banda murciana del mismo nombre para dar rienda suelta a su música eléctricamente nostálgica. Precisamente por tierras murcianas he estado la última semana, anticipando el verano en la llamada Costa Cálida, y recordando ese recurrente poema de Vilas. Tiene su gracia comenzar el verano tan pronto para un melancólico atroz como yo. En este caso esa melancolía de los últimos bañistas, de quienes aprovechan hasta el último rayo de sol y exprimen la luz del día junto al mar, se ha convertido en la de los primeros, disfrutando de una playa casi vacía y virginal, calma preludio de la interminable algarabía que vendrá después, como describe Vilas en su poema.


Estos días de asueto nos han hecho desatender el blog, pese a que nuestras dos últimas entradas, la dedicada al primer partido de las finales ACB y al cuarto de las de la NBA ya fueron realizadas en el citado periodo vacacional. En un apartamento sin wifi, y con la tentación soleada de la playa a escasos metros, la desconexión finalmente fue total. Lo cual no quiere decir que no estuviéramos al tanto de lo sucedido alrededor de nuestro deporte favorito. He estado al corriente de los últimos movimientos en los banquillos ACB, asistí al certificado de equipo histórico de estos Golden State Warriors, he visto el comienzo del Eurobasket femenino (un Eurobasket express y comprimido en apenas una semana), y por supuesto he sufrido con la derrota del Real Madrid en las finales ACB. 


Todo esto lo iremos contando en las próximas entradas, siempre que el tiempo nos lo permita, ya que el trabajo aprieta. Sólo queríamos decirles que estamos de vuelta. Además en unos días nos escapamos de nuevo, en esta ocasión al Fuengirola Pop, en su ya nada menos que décima edición. Uno de esos festivales pequeños, familiares, donde todo el mundo se conoce y el fenomenal paisaje humano se une al marco natural de la Costa del Sol, con un puñado de bandas de lo más granado del pop nacional e internacional y un buen número de pinchadiscos entre los que se encuentra este humilde Tirador en su encarnación de Pepe Kubrick. Y por supuesto empapados de playa y mar. 



Seguiremos alimentando la melancolía.    





Próxima parada: Fuengirola Pop