jueves, 20 de junio de 2019

TREY EJECUTA PERO NO REMATA



Habrá cuarto partido. No hubo “barrida” y el Barcelona sigue vivo, dando el primer paso hacía lo que sería una histórica remontada ante un Real Madrid que dio la sensación de poder finiquitar las finales en el Palau. Todo ello a pesar de que se sigue imponiendo (y en mi opinión, para desgracia del espectáculo) el juego que prefiere Pesic. Un ritmo lento, casi de otra época, sin apenas contrataque ni canastas rápidas, excepto en momentos puntuales, precisamente los mejores del partido. Ahí reside el mérito del Madrid, capaz de sobrevivir (e incluso ganar) en unos partidos con mucho ataque estático, cinco contra cinco, defensas formadas y posesiones casi al límite. 


Salió brillante el Real Madrid. Dispuesto a no caer en ninguna trampa de Pesic y sin corsé táctico de Laso, el quinteto habitual en las finales (Facu-Rudy-Deck-Randolph-Tavares) recuperaba su mejor versión de la mano de un gran Rudy que con dos triples en los primeros minutos ponía a su equipo 5 arriba mediado el primer cuarto (8-13) El problema del mallorquín serían las faltas (enseguida tiene que irse al banco al cometer la segunda en esos primeros instantes) Pesic introducía un cambio respecto a los dos primeros partidos, entrando Kuric por un Ribas que acabó inédito sin jugar un solo segundo (¿nuevo caso Seraphin?) Se repuso el Barcelona con las entradas de Heurtel y Hanga, y sobre todo encontrando a un Tomic que constantemente conseguía premio en la zona. El pívot croata por fin realizó un partido acorde a su categoría (11 puntos y 4 rebotes) y se impuso por vez primera en estas finales a su par madridista, Walter Tavares. De hecho con dos tiros libres del croata el Barcelona finalizó el primer cuarto con mínima ventaja (19-18) 


En el segundo cuarto el Barcelona fue superior de salida. Atacando el aro rival con un juego muy físico y yendo a la línea constantemente. El propio Laso en el descanso, lejos de quejarse del arbitraje y la diferencia de faltas y tiros libres (el Madrid no tuvo sus primeros lanzamientos desde la línea hasta que habían transcurrido 17 minutos) se congratulaba de que la defensa de su equipo apenas había dejado anotar canastas en juego a los locales (sólo ocho canastas de campo en la primera parte), pero lo cierto es que el Barcelona lograba estirar el marcador a seis puntos (27-21) A partir de ahí entre el final del segundo cuarto y comienzo del tercero el Real Madrid encadena sus mejores minutos y llega a establecer un tremendo parcial de 11-28. En efecto, a 7.48 para el final del tercer cuarto los blancos consiguen la máxima diferencia 38-49, espoleados sobre todo por un grandísimo Thompkins, letal en el lanzamiento. Laso se la juega con Randolph y el citado Thompkins como pareja interior, dos cuatros, sin cinco puro. Y la jugada le sale bien, desconcertado a un Barcelona incapaz de neutralizar el juego abierto y el constante pick&pop madridista. El cuadro local parece tan desquiciado que incluso Heurtel sufre un cruce de cables y en su pelea con Rudy (otro de los duelos calientes de estas finales, al igual que el de Hanga y Campazzo) comete una antideportiva por la que puede sentirse agradecido, ya que la acción era tan flagrante que bien pudiera haberle costado la descalificante y no volver a pisar la cancha. Pero el Madrid se queda anclado en el punto 49. Los de Laso sufren un colapso ofensivo que les deja cuatro minutos sin anotar, circunstancia que es aprovechada por el Barcelona para ponerse por delante con un parcial de 12-0. Un triple “made in Llull” estira levemente la ventaja de nuevo para el bando visitante (50-54) pero Heurtel, saltándose cualquier sistema en estático empata el partido con dos penetraciones fulgurantes. Carroll volvería a dar cuatro de ventaja con otro triple, reducidos a dos tras canasta de Smits, para llegar al acto final con un incierto 56-58 para los de Laso.  




Heurtel, duro ante Rudy.



Liderado por un gran Campazzo, recuperando su versión del primer partido (firma ayer 18 puntos y 4 asistencias para 26 de valoración) el Madrid manda iniciando el último cuarto (63-68 a falta de 5.32) Intercambio de golpes y los blancos entran en los últimos dos minutos y medio elevando la diferencia a 6 (71-77) No volverían a anotar. Si en el segundo partido en los dos últimos minutos lograron anotar nada menos que 16 puntos, en esta ocasión no vuelven a encontrar anotación. El Barcelona reacciona rápido (triple de Kuric) y tras fallo en el triple de Rudy, Heurtel se vuelve a sacar un canastón para poner al Barcelona a un punto. Quedaba un larguísimo minuto y medio, con el equipo de Pesic sin entrar en bonus y posibilidad de hacer faltas sin mandar al Madrid a la línea. Hanga hace una muy rápida sobre Campazzo y el ataque siguiente es una posesión madridista larga, de las que no le gustan a Laso. Se la acaba jugando Llull sin éxito y en el posterior ataque azulgrana Tomic se hace con un rebote ofensivo a fallo de Hanga que acaba valiendo el partido, una vez que Singleton aprovecha la segunda jugada para anotar en penetración., yéndose con todo y contra todo frente al aro madridista (posible falta en ataque sobre Ayón) Quedaban 29 segundos. Llull encara penetrando por la zona pero su intento de bandeja no tiene éxito. El rebote cae de lado azulgrana pero Hanga no logra controlar la bola y regala un saque de fondo al Real Madrid con diez segundos en el crono. La penetración de Campazzo no es buena, pero el rebote acaba cayendo en las manos de Thompkins quien a medio metro del aro tiene una posibilidad excelente para anotar y sentenciar el partido y las finales y dar el título de liga al Real Madrid. El forward de Georgia estaba realizando un partido excelente, sublime en ataque con 18 puntos, con una serie de 4 de 8 en triples y 3 de 5 en tiros de dos. Canastas lejanas, algunas con el defensor encima… y el lanzamiento posiblemente más fácil del todo el partido no encuentra diana, soltando la bola timoratamente en una especie de tiro a tablero. Qué fácil es verlo desde nuestras casas pero sólo los protagonistas saben lo que se puede llegar a sentir o lo que pasa por la cabeza en un momento así. 


El Barcelona de Pesic sobrevive. Logra desactivar al rival, que no encuentra su mejor ritmo de juego en ningún momento. Pero precisamente por eso el Madrid esgrime superioridad. Todas las cartas parecen estar encima de la mesa. El Barcelona buscará un cuarto partido de nuevo trabado y de ritmo lento y los de Laso castigar con canastas rápidas en las pocas ocasiones que el rival permita ese tipo de transición. Pero al final todo estará en manos de jugadores como Trey Thompkins que demuestran lo difusa que puede llegar a ser la línea que separa el éxito del fracaso.  






Thompkins falló la que parecía más fácil.





martes, 18 de junio de 2019

LA FE DE LOS CLÁSICOS




El Real Madrid se lleva el segundo punto de las finales de Liga Endesa en un increíble desenlace de partido que pasará a la historia como uno de los momentos ACB más maravillosos. Uno de esos momentos que distinguen a este deporte por épica y belleza y que hará que a buen seguro que los chavales a los que todavía no les han llegado las vacaciones de verano intenten repetir el fi
nal del partido en los patios de los colegios españoles desde el Cabo de Gata hasta Finisterre. 

Una jugada que ya es historia de este deporte, y cuyo visionado, especialmente para el seguidor madridista, resulta hipnótica y no puede dejar de ver en bucle (quizás también el barcelonista más masoquista) Quedaban 9.4 para el final del partido y Sergio Llull lanzaba un segundo tiro libre tras anotar el primero. No tenemos constancia de que lanzase a fallar, y desde luego no da la sensación de que así fuera. El Tortuga Deck (ahí que citarlo pues es clave en la jugada y apenas se le ha mencionado) pugna por el rebote incrustado entre Claver y Smits, llegando a palmear el balón lo justo para que lo recoja un Rudy Fernández en versión “el más listo de la clase” quien sale de la zona para buscar a un Llull con ventaja sobre Pangos y que parece tener opción para un tiro lateral que lleve el partido a la prórroga. Pero uno de los más grandes “clutch players” europeos de los últimos años después de mirar el aro decide sacar el balón fuera a Jaycee Carroll. El mormón está solo aunque Claver atento sale a su tiro. El escolta de Wyoming con una frialdad asombrosa hace la típica finta de tirador sin preocuparse del crono, Claver cae en el engaño y salta antes de tiempo. Sin perder la frialdad Jaycee da un bote, se levanta y con la tranquilidad de quien tira un lanzamiento libre anota un triple limpio a 1.9 del final que significaría el 2-0 en las finales. Una locura. Y ojo que todavía Hanga dispuso de un lanzamiento desde su campo que llega a tocar el hierro de atrás.  





Carroll en éxtasis. Una canasta para la historia.



Una locura mayúscula sobre todo repasando un partido que el Barcelona parecía tener ganado, especialmente cuando a falta de 1.44 para el final del partido los de Pesic mandaban 65-74. 9 puntos de ventaja y 104 segundos tan sólo en el crono, pero es que en esos 104 segundos un Real Madrid absolutamente neutralizado por la defensa azulgrana anota nada menos que 16 puntos, incluyendo dos triples de Randolph (sus únicos puntos del partido), otro de Llull, y por supuesto el ganador de Carroll. Si el primer partido, resuelto con una contundente victoria blanca por 20 puntos, significaba un duro golpe moral por la superioridad de los de Laso, el G2 puede suponer una bofetada todavía mayor en la estima azulgrana. El Barcelona fue superior durante gran parte del partido, impuso su ritmo, y Pesic volvió a evidenciar que es el entrenador que mejor ha sabido jugarle a Laso en esta brillante era del baloncesto madridista, pero la vieja guardia acudió al rescate y en la retina queda la maravillosa triangulación entre Rudy, Llull y Carroll que hace añicos la exhibición de músculo azulgrana. 


Ambos entrenadores repitieron quinteto titular. Campazzo, Rudy, Deck, Randolph y Tavares por los locales. Pangos, Ribas, Claver, Singleton y Tomic por el bando visitante. Quintetos altos con treses que pueden hacer de cuatro, y los grandes pívots en cancha (Tavares otra vez superior a Tomic) Pesic se dejaba a su “killer” Heurtel en el banquillo, y Laso a su mejor defensor, Taylor. Asimismo el técnico azulgrana también se guardaba la bala de un Hanga consagrado a labores tan oscuras que su ficha presenta un -6 de valoración. El jugador con peores números del partido, y sin embargo clave para entender la superioridad visitante durante gran parte del partido, y es que Pesic sacrificó a quien estaba llamado a ser uno de los pilares del nuevo proyecto culé con el objetivo de neutralizar al hombre del primer partido, Facu Campazzo. Y lo consiguió. El Facu, puro talento, es también un jugador con facilidad en caer en batallas personales. Picó el anzuelo lanzado por Pesic con el alero húngaro, y un Campazzo más preocupado en buscarse las cosquillas con Hanga acabó desquiciado y desquiciando a su equipo. Sólo pudo anotar desde el tiro libre, y en sus 18 minutos con 48 segundos en pista el equipo recibió un parcial de -22. Le toca resetear de cara a un tercer partido en el que el Barcelona buscará de nuevo llevarlo al fango. Para compensar el desastre del argentino Llull volvió a encarnarse en el espíritu madridista. Sus números no son especialmente brillantes (13 puntos, con 3 de 11 en tiros de campo, y 5 asistencias para una valoración de 11), pero el +24 con el que finaliza en el balance +/- indica que con él en pista el Madrid hizo sus mejores minutos. Llull volvió a abrir el camino de la fe, de nunca dejar de creer,  y encontró en Carroll al ejecutor de dicha fe.


La salida azulgrana, no podía ser de otra manera, fue radicalmente distinta a la del primer partido (pese a que los protagonistas iniciales fueran los mismos) Pesic tenía claro que había que endurecer el partido a toda costa. Las canastas, sobre todo las madridistas, llegaban con cuentagotas. Como si de repente hubiésemos retrocedido a un baloncesto de hace 20 años el ritmo se hacía lento y pesado. Y en este escenario se destapó el inagotable talento de Heurtel. La receta azulgrana estaba clara: músculo y la magia del base francés. Con su entrada a cancha y demás movimientos de banquillo el Barcelona alcanzaba las primeras diferencias significativas. Un triple de Smits (muchos minutos ayer por mor de las faltas personales de sus compañeros) ponía el 7-17 a 42 segundos del final del primer cuarto. Sobrevivía el Real Madrid con una canasta de Ayón y dos tiros libres de Llull tras falta de un Hanga como decimos consagrado a la destrucción del juego rival. 11-17 en el primer cuarto, y los de Laso que sólo habían conseguido anotar cuatro canastas en juego en todo el parcial. El plan de Pesic daba resultado. 


Heurtel tiraría de repertorio al inicio de segundo cuarto para mantener las diferencias en torno a los 6-8 puntos. Su vuelta al banquillo coincidió con la explosión de Carroll, quien lideró un parcial de 10-0 para poner por delante (29-27) a los locales. Pero el Barcelona siguió fiel a su plan. Posesiones largas, encontrando dentro a Tomic y Claver, para retomar el mando del partido. El propio alero valenciano cerraba con un triple desde la esquina un parcial de 0-7 para poner el 29-34 con el que se llegaba al descanso. El Madrid, eso sí, mejoraba respecto al primer cuarto. 18 puntos, por debajo de lo habitual en el equipo de Laso, pero muy por encima de los pírricos del primer acto.  


No cambió el panorama tras el paso por los vestuarios. Pasaron más de dos minutos hasta que se movió el marcador (mate de Tavares) El Barcelona seguía serio atrás y encomendado a Heurtel en ataque, quien con un triple ponía una máxima diferencia de once (33-44) a poco más de seis minutos de final de cuarto. Todo pasaba por el base francés, hasta que dos triples blancos (Rudy y Llull) logran ajustar un poco el marcador (50-55) para acabar el cuarto con un esperanzador 53-59. Había partido, todo ello después del mejor cuarto del partido, resuelto por 24-25 a favor de los de Pesic y por fin con un ritmo ofensivo adecuado para un partido de esta categoría.


Carroll y Llull acercan a su equipo a dos puntos comenzado el último cuarto. Responde Heurtel, quien si no. Carroll, excelso, llegaría a empatar el partido a 62 a 7.27 para el final. Pero el Madrid no sabe culminar la remontada. Un parcial de 0-7, aprovechando dos pérdidas de Ayón, vuelve a poner en franquía el partido para los visitantes. Cuando una bandeja de Pangos pone el 65-74 a 2.50 para el final parece claro que el segundo punto va a volar a Barcelona, máxime cuando pasa un minuto sin que se mueva el marcador. Y llegamos a esos 104 segundos finales de locura. Antes Campazzo ya ha sido eliminado después de cometer su quinta falta personal. El partido del argentino, ya lo hemos comentado, fue una losa para su equipo. Laso se la iba a jugar con su vieja guardia exterior: Llull-Carroll-Rudy. Primero despierta el menorquín, con un triple que obliga a Pesic a solicitar tiempo muerto. Heurtel recibe falta de Randolph penetrando en el ataque siguiente, y con su habitual fiabilidad convierte los dos tiros para poner 8 de ventaja a 88 segundos del final. El Madrid necesitaba algo similar a lo de Vitoria en 2005 (la liga del triple de Herreros) Se la volvió a jugar Llull, quien marró el triple, pero apareció Tavares cogiendo el rebote y recibiendo falta de Hanga. Visto lo sucedido después ese rechace valió oro. El caboverdiano, que está lanzando en un 69% desde la personal esta temporada, anotó sólo el primero. Siete abajo y 75 segundos. El Barcelona buscó una posesión larga, que acabó con un triple de Claver errado. Todo lo contrario que el Real Madrid, quien en pocos segundos miro aro. Anthony Randolph llevaba un infame -10 de valoración y había fallado sus seis lanzamientos anteriores. Pero a 44 segundos para el final no le tembló el pulso y dibujó un 72-76 en el electrónico que inquietaba a Pesic, aunque el Barcelona lo seguía teniendo en su mano. El propio Randolph cometió falta sobre Claver transcurridos sólo seis segundos de la posesión azulgrana. El valenciano falló el segundo y el Madrid dirigía un ataque cinco abajo a 38 segundos para el término del encuentro. Llull se la volvió a jugar en contrataque sin acierto y el balón acabó en manos azulgranas tras un instant replay que decretó que él último en tocar la bola después del rebote fuese Rudy Fernández, bola que acaba fuera de banda. Pesic pide tiempo y el Barcelona saca en campo rival. Jugada clave, ya que a Pangos se le hace de noche y agota los cinco segundos de saque de banda, devolviendo la posesión al Real Madrid. Llull fuerza la falta de Oriola, sin llegar a levantarse para el triple. Dos tiros libres que acaban dentro. 74-77 y unos 24 segundos por jugarse. Lo que duraría una posesión en caso de agotarse. Falta rápida de Randolph sobre Heurtel. El francés no falla, alcanzando la treintena de puntos y poniendo a su equipos unos en principio inalcanzables cinco puntos arriba a falta de 21 segundos. Laso para el partido para dibujar un ataque con Llull, Carroll, Rudy, Thompkins y Randolph en pista. Todo tiradores, su mayor arsenal ofensivo. Trey postea y saca el balón a Randolph. El nacionalizado esloveno la vuelve a clavar desde el triple. 77-79 y 18 segundos. Randolph de nuevo no pierde tiempo con una falta rápida sobre Claver sin que apenas corra el crono. Le cuesta la expulsión, pero el internacional español sólo anota el primero y deja al Madrid a tiro de tres con 15 segundos en el reloj. Llull sube la bola y le frena Hanga en cuanto amenaza aro. El escolta madridista pide tres tiros pero la falta es abajo. El resto es historia, con una de las jugadas más extraordinarias para ganar un partido que se recuerdan. 


El Madrid pone el 2-0 en la eliminatoria y deja al Barcelona contra las cuerdas. Nunca en la historia de la ACB se ha remontado esta desventaja, pero ya saben que las estadísticas están para romperlas. Lo que sí es cierto es que el equipo de Laso ha sido capaz de conseguir la victoria en dos partidos diametralmente opuestos. Volaron el sábado y supieron sufrir el lunes. Pesic llevó el partido a donde quería, pero no contaba con el enorme corazón y la fe de los blancos. Una fe depositada en las piernas y sobre todo en las muñecas de unos jugadores que ya son leyendas, y que no han llegado a donde lo han hecho porque se lo hayan regalado. Laso incidía en rueda de prensa posterior en la dureza del choque y en lo poco atractivo que resulta este tipo de baloncesto para el aficionado. Es cierto. Tanto como que Pesic, por delante incluso de entrenadores como Obradovic e Itoudis al frente de trasatlánticos como Fenerbahce o CSKA Moscú, es el técnico que más ha sabido desactivar el habitualmente eléctrico juego madridista. Ayer era otro ejemplo. Pero no contaban con la fe de los clásicos. 





Heurtel, partidazo sin premio.









domingo, 16 de junio de 2019

EL MADRID SE QUITA LOS COMPLEJOS





Campazzo, el hombre del partido.



Dice el dicho que quien da primero da dos veces. Ojala fuera cierto pensarán los madridistas, pero la realidad es que el próximo lunes cuando a las nueve de la noche el árbitro lance de nuevo el balón al aire de nada habrán servido los 20 puntos de diferencia con los que los de Laso aplastaron a su rival en el primer partido de las finales. El Barcelona de Pesic sigue teniendo una bala para romper el factor cancha en las finales, pero para ello deberán dar una cara bien distinta a la ofrecida en el arranque de la serie. Todo lo contrario que el Real Madrid, que de golpe y plumazo disipa muchas dudas sobre el estatus de Pesic de “bestia negra” del Madrid de Laso. Y es que desde la llegada del veterano técnico serbio al banquillo culé el balance entre Pesic y Laso es (era, hasta anoche) de 6-2 a favor del de Novi Sad, en concreto 4-1 durante el presente curso. De modo que aunque el resultado tiene tanto valor como haber ganado de un punto, y de hecho y con toda lógica es preferible ganar dos partidos en unas finales por un punto que ganar uno de 20 pero perder el siguiente, el equipo de Laso demuestra que no hay “bestia negra” que valga y dan un golpe encima de la mesa prolongando su actual gran estado de forma.



Tampoco llegaban los de Pesic en mal momento a estas finales, aunque con todos los respetos no es la misma exigencia a la que te obliga el Zaragoza que todo un campeón de la Eurocup como el Valencia. Pero ambas escuadras habían solventado las semifinales por la vía rápida, sin haber perdido todavía un partido en todos los playoffs y con algunos nombres propios (Campazzo, Causeur, Randolph, Ayon, Heurtel, Singleton, Claver...) brillando y realizando grandes actuaciones individuales. Uno de estos nombres propios, Anthony Randolph, fue el encargado de abrir el marcador con un triple desde la esquina acompañado de falta personal que convirtió en un punto más desde el tiro libre. Tomaría el relevo un sublime Campazzo con cinco puntos consecutivos. 9-0 en un suspiro. El Barcelona tardaría casi cuatro minutos en anotar, por medio de Pau Ribas, pero en un par de minutos logró cuatro canastas que unido al desacierto exterior del Madrid (sólo anota Campazzo en una penetración) ajustaba el marcador en 11-8. Los de Pesic debían endurecer el partido, y la hiperactividad de Hanga en ambos lados de la pista, llegando a encararse con Ayon en un ataque barcelonista, no tardó en hacer acto de presencia. Pero el Madrid no perdió el mando del partido. Llull, con 2 triples seguidos, demostraba que llega a las finales superando su mal momento de los últimos meses y los blancos cerraban el primer cuarto con un 22-17 y una evidente sensación de superioridad.


No podría tener mejor arranque el equipo de Laso en el segundo acto. Una canasta de Randolph y una recuperación de Rudy sobre Kuric finalizaba con un triple precisamente del mallorquín. Los blancos se iban de diez con un 5-0 en 64 segundos. Eran grandes momentos para Rudy, que aun ampliaría la ventaja a once con otro triple. Mediando este segundo cuarto las diferencias se movían en torno a la quincena de puntos, y aunque una pequeña reacción barcelonista les ponía a once, un nuevo triple de Campazzo ponía el 44-30 a 1.20 del descanso. Otra canasta de tres del argentino, a la pata coja y al filo de la posesión pondría un definitivo 47-32 en la primera parte, después de que Pangos desperdiciara el último ataque barcelonista agotando la posesión y finalmente perdiendo la bola. Quince puntos de diferencia en unos 20 minutos sin más color que el blanco.




Llull, buscando recuperar su mejor versión.



Quiso insinuar reacción el Barcelona tras el descanso, abriendo el marcador con un triple de Singleton, uno de los interiores con mejor mano de la ACB (se ha movido esta temporada en un tremendo 50% desde el triple) A diferencia de los dos cuartos anteriores, ahora el Barcelona era el primero en anotar. Pero la diferencia seguía siendo importante. Un intercambio de canastas hasta el primer tiempo del cuarto dejaba el marcador en 54-41. La reacción auzlgrana no llegaba y Tavares hundía la bola ante Singleton para poner una máxima diferencia de 16, 60-44. Los triples de Pangos y Oriola hicieron que los de Pesic no se fuesen definitivamente del partido. Se cerraba el tercer cuarto con 63-52. Pese a que el Barcelona no lograba bajar de esa barrera psicológica que se sitúa en la decena de puntos, una diferencia de once con todo un cuarto por delante significaba que aun había partido (sobre todo con el recuerdo de que en la última final de Copa del Rey los blancos mandaban 60-46 al comienzo del último cuarto)


Pero esta vez no hubo remontada azulgrana y el Madrid siguió con su seriedad defensiva y eficacia en ataque. Pese a que Kuric, por fin, bajaba la diferencia por debajo de los diez puntos (63-54), el nunca bien valorado Taylor (11 puntos con un solo fallo en el tiro libre) sofocaba la rebelión visitante con un triple desde la esquina. El propio Taylor anotaría de nuevo y un triple de Causeur (otra vez rentabilidad absoluta, 9 puntos en 15 minutos) estiraba la diferencia a una nueva máxima, 71-54, a poco más de 7 minutos. El bravo jugador bretón encendía las gradas del WiZink con una preciosa canasta a la media vuelta ante Kuric desde el 6.75. Tras el tiempo muerto azulgrana el propio Causeur castigaría el fallo barcelonista en una contra que valía 2+1 para poner 20 arriba a los de Laso. Quedaban 6.46 y el Barcelona intuía la posibilidad de sacar bandera blanca y rendirse. Su compatriota Heurtel no estaba por la labor. Cinco puntos seguidos para el mejor jugador azulgrana de la temporada ponían al campeón de Copa a 15. Apareció Hanga y con cuatro puntos más puso el 74-63 a 4.34. Llull, ya lo hemos comentado, ha experimentado una esperanzadora mejoría respecto a meses pasados, pero ante sus dos últimos fallos en el tiro Laso no espero más para volver a darle el mando del partido a Campazzo. El de la Córdoba argentina dejó claro que no hay jugador más en forma (con permiso de Heurtel, ayer de nuevo máximo anotador azulgrana con 14 puntos pese a las buenas defensas madridistas, especialmente de Taylor) en la ACB ahora mismo. Cuatro puntos desde el tiro libre, peleándose por dentro y por fuera (primero recibe de Taylor debajo de canasta tras atravesar la zona frenado por Pangos en falta, luego le saca personal a un Tomic mal en su ayuda exterior) vuelven a estirar la diferencia, para que Taylor, el otro hombre clave en el gran partido madridista de ayer ponga el 81-65 con un triple. Sentenciado. Quedaban menos de dos minutos que fueron un paseo en el que sólo Claver, desde el tiro libre, anotó por el Barcelona, mientras que el “Tortuga” Gabriel Deck cerraba el marcador desde el triple. Rotundo 87-67.


Laso habló en posterior rueda de prensa de “demostrar credenciales”. El 6-2 previo entre Pesic y el vitoriano, y el 4-1 de la temporada actual hecho añicos. El Real Madrid hacía uno de los mejores partidos de la temporada en nada menos que unas finales ACB. No hemos tenido esta temporada tanto tiempo como otros cursos para hablar de este Real Madrid de Pablo Laso, que sigue siendo una de nuestras grandes debilidades, pero es digno de admiración como ha planificado una durísima y larguísima temporada para llegar a estas alturas de campaña en este momento de forma. Ya exhibían un buen estado en la Final Four de Vitoria, pese a que no pudieran con un grandísimo CSKA, pero su final de temporada regular y comienzo de playoffs, especialmente semifinales ante Valencia dejaban claro que la planificación es irreprochable. Por otro lado no creemos que el Barcelona esté tan por debajo como indican los 20 puntos finales del partido de ayer. Desde luego si ambos equipos mantienen el nivel visto en el G1 no vamos a tener finales. El Madrid fue superior en todo y desde el minuto 1. Siempre estuvo por delante en el marcador y fue superior en todos los aspectos, excepto en el rebote (41 a 31 para los de Pesic, enorme Claver con 12), pero con los brutales 42% en triples y 58% en tiros de dos exhibidos por los de Laso poco importa. El Real Madrid fue superior además en prácticamente todos los duelos individuales, especialmente en los que se esperaban más significativos. La pareja Campazzo-Llull fue muy superior a Pangos-Heurtel, Tavares minimizó a Tomic, Rudy y Causeur se comieron a Ribas y Kuric, incluso el infravalorado Taylor hace un partido superior al de Hanga, quien recordemos ha sido uno de los, otro más, fichajes estrellas del Barcelona en los últimos años... sólo en los “forwards” abiertos, con Oriola, Singleton y Claver, frente a un Randolph discreto y un Thompkins inoperante (único jugador que valora en negativo para Laso) parecieron superiores los visitantes ayer. En las pizarras Laso también superó a Pesic. Aprendió de errores pasados y en ningún momento permitió una reacción azulgrana. En los constantes cambios defensivos, entre zona y individual, los blancos siempre superiores, con el habitual “diamante” de Laso con Taylor como punta de lanza neutralizando la dirección de juego azulgrana, y (no tan) pequeños detalles como la buena defensa inicial de Campazzo, en individual ante Pangos, dando una lección de como superar los bloqueos directos de todo un pívot de 2,18 como Ante Tomic.


El Madrid pone el 1-0 en las finales. Lo hubieran puesto tanto ganando de 20 como de 1. No vale de nada ganar de 20 si el Barcelona rompe el factor cancha en el G2. Será otra historia. Pero ya nadie va a recordarle a Laso su 6-2 ante Pesic. El Madrid da primero, no da dos veces. Simplemente ha dado muy fuerte.




Laso, compañero del Metal, no hay "bestia negra" que valga.







viernes, 14 de junio de 2019

LOS ODIOSOS OCHO





Con ocho basta para Nick Nurse.





El último partido de la historia del Oracle Arena no pudo ser, precisamente, más histórico, pese a que fuera contra los intereses de sus inquilinos. Y es que el ya legendario pabellón californiano en sus quintas finales consecutivas ha servido de escenario para la coronación de Toronto Raptors como nuevos campeones de la NBA, siendo la primera vez en la historia que un equipo no estadounidense consigue tal éxito. Todo un hito para una franquicia fundada que ni siquiera llega al cuarto de siglo de vida. No es algo nuevo para la ciudad de Toronto, ya que a principios de la década de los 90 su equipo de baseball, Toronto Blue Jays, consiguió dos ligas americanas y dos series mundiales.


El final del quinto partido, que ambos equipos finalistas habían tenido tanto ganado como perdido planteaba muchos interrogantes sobre el estado anímico con el que saldrían los protagonistas a la cancha. La mayoría de las críticas canadienses se centraban en el mismo hombre, el base Kyle Lowry, uno de los pilares absolutos del crecimiento del club en las últimas temporadas pero cuyas malas decisiones en los minutos finales, además de haber protagonizado el lanzamiento final que podía haber finiquitado las finales, le habían revestido de jugador endeble ante la presión (pese a su ya famosa respuesta sobre tal tema antes del quinto partido) Pero la respuesta de Lowry ante las críticas fue sencillamente impresionante, y aunque con justicia la mayor gloria recaerá sobre Leonard, el pequeño base se reivindicó como el auténtico segundo espada del equipo (sin olvidar a Pascal Siakam, recuperando un nivel estelar casi similar al de su estratosférico primer partido de las series) Lowry anotó los primeros once puntos de su equipo, sin fallo, incluyendo tres triples, además de ejercer buena defensa sobre Thompson. Su primera asistencia acabó con los primeros puntos no anotados por el base, un triple de Siakam que tomaba el relevo con dos lanzamientos desde el 6.75 que hacían diana. Los visitantes doblaban en el marcador (17-8) a su rival gracias a la efectividad de los dos escuderos de Leonard una vez más discreto en su arranque de partido. El despertar de un Thompson estelar, con 10 puntos en un suspiro, estrechó el marcador (22-20) y Draymond Green llegaría a poner por delante a su equipo (26-27) a unos dos minutos para el final. Volvió a aparecer Lowry, intercambiando golpes con Curry, y llegamos al final de un maravilloso primer cuarto en el que los ataques primaron sobre las defensas con los Raptors mandando por un punto (33-32)


Un triple de VanVleet estiró levemente el marcador para Toronto (43-38) cerca del ecuador del segundo cuarto. No volverían a tener una renta tan amplia los de Nurse en este acto del partido. De hecho Golden State reaccionó con un parcial de 0-8 sustentado en las canastas de Igoudala y la visión de juego de un Draymond Green que a esas alturas de partido ya oteaba un nuevo triple-doble. El marcador se movería en parámetros de igualdad hasta el descanso, pese a que un 2+1 de Leonard abría de nuevo una pequeña brecha para Toronto (58-54) El propio Leonard cometía falta en el intento triple de Thompson, quien era el mejor de los de Kerr (18 puntos al descanso) Al paso de los vestuarios el marcador reflejaba un incierto 60-57 para la franquicia canadiense, con un duelo individual muy marcado entre Lowry y Thompson, que se empeñaban en echarse sus respectivos equipos a las espaldas.


En el tercer cuarto más de lo mismo. Igualdad y reparto de golpes, e igualmente pequeños arreones de Toronto para intentar romper el partido, alcanzando una máxima de 6 (66-72) puntos a 7.51 para el final del cuarto, con buenas acciones de VanVleet y Leonard. Pero volvió a aparecer Igoudala, a quien se sumaron Curry, y como no, el excelso Thompson. Un triple del escolta angelino consumaba la remontada warrior, empatando el partido a 76 a falta de cinco minutos. Eran los mejores minutos de Golden State, mientras que Toronto comenzaba a errar sus lanzamientos, especialmente desde el triple. Thompson seguía con su exhibición. Su cuarto triple (de seis intentos) sumaba su punto número 28 y ponía a los locales cuatro arriba quedando 3.18 para el final del cuarto. Y entonces a Golden State le cayó otra losa encima, la enésima desgracia. A 2.22 para llegar al último cuarto Danny Green frenaba el contrataque rival con una falta sobre la penetración de Klay Thompson. La caída resultó calamitosa para el escolta, quien tuvo que abandonar la cancha después de anotar los dos tiros libres para llegar a la treintena de puntos y poner el 85-80 en el marcador. Golden State perdía a su mejor hombre en el partido. Uno de los actuales “hombres de hierro” de la liga, quien apenas ha sufrido lesiones a lo largo de su carrera y ha jugado prácticamente todas las noches de todas las temporadas excepto en los habituales descansos programados, se enfrenta al terrible ACL. Rotura de ligamentos. Entre seis y ocho meses de baja. Las finales de la NBA no toman prisioneros. Es la mejor competición baloncestística del planeta, pero también (o debido a eso) la que más lleva al límite el físico de sus protagonistas. No sabemos qué hubiera pasado de haber seguido Klay en pista, desde ese momento al final del cuarto Golden State sobrevivió con un triple de Igoudala para afrontar el último cuarto con una ligera ventaja (88-86), pero los números no mienten. Thompson jugó 32 minutos absolutamente bestiales, firmando 30 puntos con unos porcentajes descomunales para un jugador exterior. 8 de 12 en tiros de campo (4 de 6 en triples) y 10 de 10 en libres. Además sumó 5 rebotes y 2 robos de balón. Su balance +/- en pista fue el mejor de su equipo, +5. El parcial desde que abandona la cancha lesionado es 34-25 a favor de Toronto.



Klay Thompson y el maleficio warrior de estas finales.



En el cuarto definitivo el equipo de Nick Nurse salió oliendo sangre. Se trataba de meter una marcha más ante un equipo que, pese a estar mejor dosificado, se había convertido en una orquesta de secundarios bajo la batuta de Curry. Lo comentábamos en el cuarto partido. Nos gusta la idea de Kerr de utilizar a todos sus jugadores, pero le ha salido cara la apuesta. La presencia de Quinn Cock volvió a dejar un enorme agujero en la defensa y una tremenda incapacidad en el ataque. Ojo a este dato, el suplente warrior jugó 12 minutos y 30 segundos en los que el parcial fue un -16 para su equipo. Frente a él Fred VanVleet engrandecía su figura. Es otro de los triunfadores de las finales, y cerró las series a lo grande, con 22 puntos, 12 de ellos en el último cuarto. Increíble historia para este patito feo convertido en cisne después de ver como en el draft de 2016 (el mismo que el de su compañero Siakam) su nombre no era elegido por ninguna de las 30 franquicias de la NBA mientras si obtenían tal honor jugadores de momento intrascendentes como su ahora compañero Patrick McCaw, quien puede decir que ya tiene tres anillos de campeón sumando el conseguido en Toronto a los dos con la camiseta de Golden State. El bravo VanVleet puso por primera vez por delante a su equipo en el cuarto final con un triple que suponía el 104-101 a 3.44 para el final. Recordemos que entre los dos bases canadienses, Lowry y VanVleet, sumaron nada menos que 48 puntos, pero es que además hablamos de dos bases que ninguno pasa del 1.83. Al estilo de los Detroit Pistons de Chuck Daly de finales de los 90 a los que tanto me recuerdan estos Raptors, con bases dominantes por debajo del 1.90.


No soltaría el mando ya Toronto. Draymond Green, enorme una vez más tuvo aun así un error garrafal en el siguiente ataque perdiendo un pase y devolviendo la bola a los visitantes. VanVleet, totalmente “on fire” se la jugó en un triple aprovechando un “mismatch” que le dejaba emparejado con Cousins. Erró el tiro, pero de los cielos apareció el majestuoso Ibaka para capturar el rebote ofensivo y anotar con un elegante gancho poniendo el 106-101 a 3 minutos para el cierre. Esto también lo hemos dicho, pero hay que repetirlo. Es imposible cuantificar la valía del hispano-congoleño en estas finales. 15 puntos saliendo desde el banquillo con un 58% en tiros de campo en el partido definitivo. Después de que Cousins sólo aprovechara uno de sus dos tiros libres en la siguiente posesión californiana, Lowry demostraba que aun le quedaba pólvora anotando un canastón decisivo (y un tanto afortunado tras rebotar en el aro) para estirar todavía más la diferencia. 108-102 y sólo 2.12 por jugarse. Una buena circulación de balón de Golden State habilitó un tiro de Draymond Green absolutamente solo. El espartano jugador de Michigan no falló y puso a los de Kerr a sólo tres puntos. Un pequeño carrusel de tiros libres por ambos lados llevó el partido a un 109-106 a poco más de un minuto para el final. Leonard quiso sentenciar pero falló su intento triple y en un deslabazado ataque DeMarcus Cousins lograba anotar en penetración. 109-108 y 46 segundos por disputar. Siakam volvería a poner a Toronto tres arriba en otra entrada marcando perfectamente los pasos, y dejaba a Golden State sin margen de error a falta de 22 segundos. Los de Nurse no quisieron arriesgar con la posibilidad del triple de los locales y mandaron a Curry a la linea de libres, asegurándose la última posesión. A Stephen no le tembló el pulso y puso a su equipo a un punto con 18 segundos por jugarse. La buena defensa de Golden State, en concreto de Draymond Green sobre el otro Green, Danny, provocó que el desaparecido escolta neoyorquino intentase un pase horrible sobre Siakam que acabó en pérdida, y por tanto posibilidad de un tiro ganador para los de Oakland. Se la jugó quien se la tenía que jugar. Curry buscó uno de esos triples que tantas veces le hemos visto anotar, rápido, sin necesidad de apenas armar el brazo, pero en esta ocasión falló el tiro bajando aún más sus porcentajes (ha hecho 23 de 67 desde el arco, muy por debajo de su acierto habitual) El rebote ofensivo acabó en manos de Draymond Green, quien sorprendéntemente pidió tiempo muerto pese a que a su equipo ya no le quedaba ninguno (a lo Chris Webber) Leonard sentenciaría desde el tiro libre, primero castigando la técnica a Green por el “excess timeout”, y luego tras una falta de Igoudala revisada por los árbitros en la que Kawhi pedía una canasta que hubiera sentenciado ya el choque sin necesidad de los libres.


Nick Nurse nos ha tapado la boca a quienes creíamos que en el baloncesto de hoy día, con el ritmo actual, era imposible ganar el campeonato de la NBA con ocho jugadores. Los odiosos ocho. Nurse convertido en el Tarantino de los banquillos. En aquel western los protagonistas sufrían una nevada que les obligaba a encerrarse en una fonda y convivir entre ellos. La nieve ha llegado también a Oakland. El norte está lleno de frío. Toronto gana el anillo con la rotación más corta que recuerdo en el baloncesto moderno. A todo ello además hay que sumarle el extraño caso de Danny Green, desaparecido en su particular agujero negro ofensivo. Anoche se volvió a quedar en blanco. Casi sucede lo mismo con Marc Gasol, quien sólo sumó desde el tiro libre. En realidad sólo cinco jugadores de Toronto fueron capaces de anotar en juego. El dato es demencial, casi diríase que contranatura baloncestística.


Sea como fuere nos alegramos mucho del éxito de estos “Spanish Raptors”. El triunfo de Marc Gasol, Ibaka y Scariolo, es un poco nuestro. Esperemos analizarlo más en profundidad en próximas entradas, así como la figura del metódico pero no por ello menos incendiario Kawhi Leonard, tercer jugador en ganar dos MVPs de finales con dos camisetas después de Kareem Abdul-Jabbar y LeBron James.


Pero no queremos despedir estas crónicas de las finales sin reconocer el coraje de unos Golden State más warriors que nunca pese a no haber campeonado. Que nadie dude que este equipo de las cinco finales NBA consecutivas es uno de los mejores de todos los tiempos. Con su mejor hombre lesionado y sólo presente en once maravillosos minutos, con su tirador más efectivo ausente todo un partido y el cuarto decisivo de otro, con el fichaje estrella de la temporada lesionado casi todo el curso y llegando fuera de forma a las finales, con otro de sus mejores elementos del banquillo (Kevon Looney) jugando con la clavícula fracturada... con todo ello han sido capaces de ganar dos partidos y de tener posibilidades reales de ganar un tercero (el de ayer) La gloria es para Toronto, pero que nadie le discuta el honor a Golden State. Pueden despedirse del Oracle con la cabeza bien alta.



Spanish Raptors






martes, 11 de junio de 2019

SUPERVIVIENTES




No estamos hablando de la Pantoja ni de su infame vástago, ni del resto de vergonzosa y vergonzante recua de la sociedad española, de la cual afortunadamente no conozco ni un solo nombre más allá de la folklorica y su bobalicón hijo technobacaluti. Hablo de unos Golden State Warriors ante los que no cabe otra cosa que rendirse y olvidarse de filias y fobias y “haterismos” (de igual modo que había que hacerlo con los ejercicios de resistencia ofrecidos por LeBron James los últimos años con Cleveland) Un equipo construido para ejercer un dominio autoritario sin parangón en los últimos tiempos, la Armada Invencible de la actual NBA, sólo podía ver naufragar su proyecto por culpa de los incontrolables elementos, que diría Felipe II. Los problemas físicos a los que se ha tenido que enfrentar en estas finales el equipo de un Steve Kerr al que como se suele decir, sólo le falta quedarse embarazado, han sido de todo tipo. Cousins, Thompson, Looney… y por encima de todo Kevin Durant. No había ningún farol ni se trataba de ninguna estrategia. Las informaciones que llegaban desde Oakland (principalmente la ESPN había sido muy clara a este respecto) eran ciertas. Durantula no estaba listo para jugar. El 3-1 con el que Toronto regresaba al Scotiabank Arena ha sido el único motivo por el que el MVP de las últimas dos finales se ha vuelto a vestir de corto arriesgando su físico y su futuro, frente a un verano en el que vuelve a ser agente libre y que podía cambiar la fisionomía de la NBA. El alero de Maryland decidió arriesgar callando a quien le acusaba de falta de compromiso con su actual franquicia, e igualmente arriesgó Steve Kerr sin tener en cuenta las condiciones en las que llegaba su mejor jugador al partido. No había idea de dosificación ni de tenerlo entre algodones, pese a que la entrada de Livingston a 5.50 del final del primer cuarto es el segundo cambio que ordena el entrenador tejano. Descansa un par de minutos y vuelve a pista, donde permanece hasta romperse. En total juega 11.57 minutos de una excelencia tal que merece la pena detenerse en la cronología de los que desgraciadamente han sido los últimos minutos en mucho tiempo para uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.




Durant sale en el quinteto titular, junto a los habituales Curry, Thompson, Igoudala y Green. Los Hamptons Five juntos de nuevo. Cousins como gran damnificado. Kerr apostando de nuevo por el baloncesto sin pívot, el que mejor réditos le ha dado. Con KD y Green como falso juego interior, el de Maryland se emparenta con Siakam. El camerunés comete pasos en su primera jugada ante Durant después de pivotar en exceso ante los inabarcables brazos de su rival que no le ofrecen espacio alguno para encontrar aro en el corazón de la zona, ahí donde Toronto no ha parado de hacer daño en estas series. La importancia de Durantula en defensa perfectamente reflejada en los primeros 15 segundos del partido. Dos triples consecutivos de KD ponen cinco arriba a Golden State. Entre medias comete falta sobre Marc Gasol, demostrando actividad defensiva buscando tanto a Siakam como al español. Es sustituido por Livingston dejando a su equipo con ventaja de tres (19-16) Vuelve a pista con el marcador empatado a 23. Captura el rebote en su tablero al fallo en el triple de Lowry. Se marca un “air ball” pero en la jugada siguiente se desquita sacando falta a Ibaka y anotando los dos tiros libres. Un triple fallado por Norman Powell le permite capturar su segundo rebote que traduce en un triplazo en contrataque. Comete falta sobre VanVleet con quien se encara, después de que el pequeño y bravo jugador de los Raptors intentara penetrarle en la zona. En la primera jugada del segundo cuarto falla su lanzamiento de dos, y posteriormente llega la jugada que hiela la sangre y congela el aliento de todo Oakland. Intentando un reverso ante Ibaka pierde la bola abriéndose de piernas y yendo al suelo, con evidentes gestos de preocupación para un jugador que llegaba a este partido claramente lesionado. La reacción es clara. No puede seguir. Todo el banquillo californiano se teme lo peor, especialmente su entrenador, Steve Kerr, y también un Stephen Curry al que las cámaras captan en el banquillo con su cabeza cubierta por una toalla y gesto funerario, una mezcla de tristeza y frustración en un jugador cuya filosofía de ganar colectivamente por encima de sus propios números fue clave para que en el verano de 2016 Durant pusiera patas arriba la NBA llegando a La Bahía. El alero dejaba el partido con 39-34 para su equipo, pero herido de muerte en lo anímico. La respuesta en la cancha de Curry, como veríamos después, fue sencillamente brutal.



La peor imagen de la noche. Durant lesionado camino del vestuario.



Otro jugador con el que las cámaras se estaban recreando especialmente, aunque por distintos motivos, era DeMarcus Cousins. La gran apuesta frustrada de esta temporada en la franquicia californiana y el gran sacrificado la noche de ayer con el regreso de Durant. Su rostro serio y circunspecto era uno de los principales objetivos de la retransmisión, cuando ya se encarrilaba el segundo cuarto y Kerr seguía sin poner en pista a un cuatro veces All Star. Con el abandono de KD el técnico tejano ordenó un doble cambio, entrando McKinnie y Cousins por Durant y Bogut. El voluminoso pívot de Alabama se convirtió entonces en el ancla de los visitantes, impidiendo que los negros nubarrones que se cernían sobre su equipo al ver encarrilar los vestuarios a Durantula hundiesen definitivamente al todavía vigente campeón. Siete puntos consecutivos de “Boogie” levantaron la moral de las tropas californianas que se vieron once arriba en un abrir y cerrar de ojos. La baja de Durant era un golpe duro, pero no había ninguna razón para pensar que los Warriors no pudieran tener opciones de ganar el partido y seguir vivos en las finales. Los de Kerr se mantuvieron en unas ventajas en torno a la decena de puntos, hasta que el “héroe” Cousins volvió al banquillo (en seis minutos dejó una producción de 9 puntos y 5 rebotes, impresionante) y Toronto aprovechó para ponerse a uno, pero Curry con un triple marca de la casa y Looney en un rebote ofensivo volvieron a abrir una pequeña brecha de seis puntos con la que irse al descanso, mientras que Leonard y Green fallaban sus respectivos intentos triples. 62-56.



Nada sabemos de cómo transcurrió la charla entre Kerr y sus hombres en el vestuario para afrontar una segunda parte en la que ya no había margen de error. Todo lo que no fuera ganar significaría el fin de la temporada y del sueño del “three-peat”. Y lo cierto es que Golden State tuvo una puesta en escena en la reanudación a la altura de un equipo campeón. Los triples de Curry, Thompson e Igoudala estiraban el marcador y una canasta de Looney ponía la máxima diferencia del partido, 14 puntos (77-63) mediado el tercer cuarto. A Nurse no le dio tiempo ni de parar el partido. VanVleet, otro jugador para quien no parece existir la palabra miedo, respondió con un triple para iniciar un parcial de 0-10 que volvía a meter a Toronto en el partido. La fe del pequeño jugador de Illinois dio vida a un equipo en el que Leonard había desaparecido. La estrella de los Raptors sólo pudo sumar un punto desde el tiro libre a su cuenta anotadora, fallando sus tres tiros de campo, además de perder dos balones. Tiene mérito que Toronto se fuera sólo seis abajo (84-78) al último cuarto, después de que Cousins anotase los últimos cuatro puntos de su equipo y siguiese engordando sus cifras.



Kawhi Leonard ya nos tiene acostumbrados a esto. Desapariciones inexplicables para resurgir en los momentos decisivos con exhibiciones tan descomunales como la del último cuarto de este quinto partido. Pero hasta que decidió explotar la batalla se decidía entre unos Golden State encomendados a Curry y unos Toronto que se sostenían por un gran Lowry y un consistente (una vez más) Ibaka. La conexión entre estos dos últimos ajustaba el marcador (92-89) a 8 minutos para el final. El partido ya llevaba minutos instalado en el puro espectáculo que impide pestañear (canastones de Curry, triplazos de Lowry…) Y entonces comenzó el show Leonard. Canasta tras rebote ofensivo al fallo de Danny Green en el triple (92-91) El otro Green, Draymond, responde desde el triple para poner el 95-91. Leonard falla en el siguiente ataque, y Draymond comete dobles por Warriors. Kawhi lo vuelve a intentar y se encuentra con el robo de Igoudala. No enfades a un tipo como Leonard, Iggy. Un triple fallado por Thompson acaba en rebote ofensivo de Kawhi, que corre la contra para encontrar a Powell quien hace el mate de las finales para encender las gradas del Scotia. 95-93. El siguiente fallo de Igoudala acaba con el balón de nuevo en manos de Leonard que anota un triple en contrataque y definitivamente las gradas se vienen abajo… y quedaba mucho más. Estamos 95-96, Toronto recobra el mando y el fallo de Curry lo castiga Leonard con un nueva canasta, esta vez a tabla. 95-98. Green vuelve a anotar para Golden State y Leonard en absoluto éxtasis anotador responde otra vez desde el triple (97-101) Igoudala vuelve a fallar y Leonard a anotar. 97-103 a falta de 3.28 y Toronto que comienza a soñar con el anillo. Curry falla de nuevo y a falta de 3 minutos Nurse pide tiempo muerto. Visto ahora no parece que fuera una decisión acertada el haber parado el partido con Golden State contra las cuerdas a tres minutos para el final. Detengámonos aquí para analizar los últimos minutos de Kawhi Leonard. Anota el 92-91 a 6.54 para el final y su punto número 26 lo consigue a 3.28 de sonar la bocina. En ese intervalo de 3 minutos y 26 segundos el alero de Riverside suma 12 puntos, 3 rebotes y 1 asistencia. Demencial.



Pero como decimos el tiempo muerto de Nurse parece enfriar a la estrella canadiense. Falla su intento de “fadeaway” (buena defensa de Thompson) en el siguiente ataque y el propio Thompson pone el 100-103 con un triple (y una mala defensa de Kawhi)… y aún quedaban más de dos minutos por jugarse. Lowry se queda liberado en la posesión siguiente para lanzar un cómodo triple… que no entra y Curry busca uno de esos triples lejanos tras bloqueo (de Cousins en este caso) que tanto le gustan. No acierta, el balón se queda corto rebotando en el aro pero la bestia de Alabama llega desde atrás para hundir la bola. Los árbitros piden “instant replay” y finalmente anulan la canasta por un “goaltending” que yo sinceramente no veo, ya que en ningún momento DMC toca el aro antes de hacer el mate. Hubiera sido el 102-103 con dos minutos por disputar. Nueva bola para Toronto que acaba con una grotesca pérdida de balón después de que Lowry, casi agotada la posesión, saque hacia fuera un balón imposible para Marc Gasol (decimos Marc porque era el jugador más cercano a esa bola, nos tememos que Lowry no sabía ni a quien pasaba o intentaba pasar), devolviendo la posesión a Golden State. Con casi medio minuto menos, eso sí. Curry hace el típico “carretón” para empatar el partido con un triple tras recibir de Igoudala. Otra de sus especialidades. Partido nuevo y sólo 82 segundos en el crono. El siguiente ataque local pasó, como no, por Leonard. Quedando mínimo tres posesiones no tenía sentido especular con el reloj. Kawhi se la jugó frente a Thompson desde el triple y falló. Tampoco es que fuera precisamente el mejor de los ataques posibles, y menos en un equipo tan dado a la circulación como Toronto. Curry se hizo con el rebote y cruzó la pista al viejo estilo de Golden State, buscando el aro rival antes de que la defensa esté formada. Penetró por la derecha y buscó a Igoudala, quien vio fuera a Green el cual soltó la bola sin bote encontrando a Thompson. La metralleta angelina se zafó de Leonard con una simple finta y… ¡diana! 106-103. Cuatro jugadores, tres pases, dos botes, 15 segundos y un triple. Pura filosofía Steve Kerr. Los Splash Brothers habían resucitado a su equipo con un parcial de 9-0. Como escribía anoche Piti Hurtado en su cuenta de Twitter, estos tíos pueden ganar o perder, pero ya son leyenda. Quedaba poco menos de un minuto y los Raptors buscaron un pick&roll de toda la vida entre Lowry y Gasol. No el “Spain pick&roll” del que hablábamos en la anterior entrada, el cual implica a un tercer jugador de ataque haciendo bloqueo ciego. Ese fue el error. Cuando Marc se fue hacia el aro se encontró emparedado entre Cousins e Igoudala quienes le negaron el camino al aro. Quedaba tiempo al menos para dos jugadas y Nurse ordenó presión a media pista. Funcionó, con Green pisando su cancha una vez que había traspasado media pista ante la defensa de Danny Green. Recuperaba bola Toronto, con Lowry buscando de nuevo a Marc y su bloqueo en línea de triple, pero en esta ocasión no hubo continuación y el base canadiense encaró el aro encontrándose con un Cousins cuyo tapón fue considerado ilegal. 106-105. Sería el marcador definitivo, ya que el propio Cousins cometería una falta en ataque que otorgaba a Toronto una última posesión que podía valer un anillo. La tuvo Lowry desde la esquina en un tiro que parecía librado. Thompson e Igoudala se fueron con Leonard, quien recibió de VanVleet. Curry y Livinsgton no perdían de vista a Green y VanVleet respectivamente, mientras que Draymond Green se quedaba en la zona con Marc Gasol. Una zona por la que cruzó Lowry aprovechando el 2x1 que recibía Leonard para recibir solo en la esquina y ejecutar un tiro al que Green llega lo suficiente como para desviar la trayectoria de la bola. No era una mala decisión, y creo que hay que darle más mérito a la acción defensiva de Green que al error de Lowry, por mucho que el base de Toronto no estuviera acertado en unos minutos finales en los que varios jugadores (Cousins, Leonard…) parecían vivir en un carrusel de desaciertos.



Green, la acción defensiva del partido.




Golden State sigue vivo después de un extraordinario ejercicio de supervivencia. Se aseguran al menos volver a Oakland, despedir el Oracle Arena para siempre y seguir atisbando una remontada épica. Es lo mínimo que se merecen.



El G6 se presenta apasionante, en unas finales con las fuerzas justas y en las que vemos cómo va subiendo el nivel de dureza. Psicológicamente ambas escuadras tienen mucho que rumiar para sus adentros. Toronto tuvo el partido ganado y deben estar dándole vueltas a todo lo que sucedió después de pedir ese tiempo muerto que acabó favoreciendo al rival, pero Golden State estuvo a punto de dilapidar una ventaja de 14 puntos. Igualmente a nivel individual un jugador como Kawhi Leonard después de hacer una exhibición portentosa en tres minutos y medio acaba tomando malas decisiones en ataque y resultando inútil en defensa. ¿Le estará entrando el vértigo a Toronto? Lo mejor para el baloncesto, que sigue habiendo batalla. Lo peor, que perdemos a uno de los mejores jugadores del mundo para todo un año.




Los Splash Brothers no han dicho su última palabra.