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viernes, 19 de agosto de 2011

DEAR PRUDENCE

“Dear Prudence, won't you come out to play
Dear Prudence, greet the brand new day
The sun is up, the sky is blue
It's beautiful and so are you
Dear Prudence won't you come out to play” 

(The Beatles, “Dear Prudence”) 



Cuentan que John Lennon escribió “Dear Prudence”, una de las fantásticas canciones que pueblan el majestuoso “album blanco” de los Beatles, para Prudence Farrow, hermana de la famosa actriz Mia Farrow, cuando coincidieron juntos en uno de esos retiros espirituales en la India tan de moda a finales de los años 60. Al parecer la muchacha vivía tan ensimismada en si misma y sus pensamientos, que no quería salir en ningún momento a la calle, a contemplar el mundo exterior que la rodeaba, por lo que el bueno de John compuso este tema en el que la invita a salir a disfrutar de las cosas maravillosas que nos ofrece la vida, el sol, el cielo azul, y demás rasgos bucólicos en la más honda lírica pop.     

Háganle caso a Lennon


Para nosotros también Prudence es alguien muy querido, porque no se puede caminar con buen paso por el mundo del deporte si no es de la mano de esa querida prudencia. 

Anoche llegó la primera derrota de la selección española en sus partidos de preparación, en una difícil plaza como es Kaunas, en esas tierras lituanas donde nos vamos a jugar el merecido oro que obtuvimos en Polonia hace dos años. Una derrota dolorosa y que deja dudas, ya que llegamos con la selección al completo y en buena forma, a diferencia de la ocurrida en la preparación de hace dos veranos. 

Lo único bueno que podemos extraer de tal derrota es que puede suponer un pequeño toque de atención y sobre todo una cura de humildad, no al grupo de jugadores, que al fin y al cabo son los que se baten el cobre en la pista y saben de la dificultad de la alta competición, si no a todo el entorno mediático de nuestra selección que muy peligrosamente otorga un exagerado favoritismo a nuestro equipo, como si se fuese a ganar sin necesidad de bajar del avión, o como si esto no fuera nada más que un trámite de once partidos y rivales que nos vamos a merendar en un santiamén, sin oposición por parte de unos timoratos y asustadizos adversarios que sucumbirán sin remedio a la furia roja de los muchachos de Scariolo. 

Una vez más observo en el tratamiento al deporte que se hace en nuestro país que se incurre en el frecuente error de no saber darle realmente el mérito que merecen las victorias, mientras que por otro lado cuando llega la derrota no se es capaz de hacer análisis y se cae en la crítica injusta. O somos los mejores, o la mayor mierda sobre la faz de la Tierra. No hay término medio, no hay gama de grises. 

Siempre pongo como ejemplo (lo hice hace unas entradas en este blog) el caso del gran Miguel Indurain (quien curiosamente tiene un hermano llamado Prudencio, por cierto). Prototipo de deportista que dominó con guante de hierro su disciplina durante los años en los que era el mejor, obteniendo un impresionante ramillete de triunfos en el que sobresale por encima de todo esos cinco tours de Francia ganados de manera consecutiva. Era tal su dominio y superioridad sobre el resto de los ciclistas en este tipo de grandes rondas, que apenas nadie era capaz de reconocer su enorme esfuerzo y entrega sobre la bicicleta. Simplemente ganaba porque era el mejor, y punto. ¡Cómo si no tuviese que trabajar y pedalear como el resto! Esta injusticia a la hora de reconocer el mérito del trabajo del brillante deportista navarro, llevaba incluso al disparate de afirmar que Miguel “no sufría” para ganar aquellos tours. Y sufría, ¡vaya si sufría!, sobre todo en la alta montaña, terreno para el que nunca estuvo dotado, pero en el que su calidad unida a, precisamente su capacidad de sufrimiento, le hacía salir vivo de allí donde no era su habitat natural, sin que ningún rival lograse hacerle daño.   

Indurain y su máxima: A todo lo que da.


En baloncesto nuestra selección vive también en esa injusticia pendular de, cuando gana, hacerlo simplemente por calidad (como si no hubiera un trabajo táctico detrás por parte de los técnicos y una entusiasta entrega de generoso baloncesto por parte de los jugadores), y cuando pierde, hacerlo siempre por propio demérito; quizás es que cobran demasiado, que se han cansado de ganar, que les pesa el bolsillo, o más fácil todavía, porque Scariolo es un inútil que de baloncesto tiene muchísima menos idea que cualquier aficionado que acaba de ver el partido dormitando en el sofá cerveza en mano. Un ramillete de estúpidas argumentaciones para no reconocer que los rivales no eran tan malos como habíamos pensado, y que en el baloncesto europeo (y mundial) de hoy día, impera una gran igualdad que imposibilita pensar siempre en favoritos claros, ni siquiera aunque hablemos de nada menos que Estados Unidos (y así se ha demostrado)    

Jasikevicius se las sabe todas.


A Lituania vamos como actuales campeones y como uno de los claros favoritos al máximo metal, pero no los únicos. Los citados lituanos, como anfitriones, y con un plantel en el que conjugan la veteranía de algunas de sus míticas estrellas (Jasikevicius, Kaukenas) con la pujanza de sus nuevos genios (Valanciunas), sólo tienen el oro entre ceja y ceja. Serbia no deja de crecer bajo la sabia dirección de Ivkovic. Turquía, actual subcampeona del mundo, volverá a demostrar que es el país que mejores jugadores altos ha “fabricado” en los últimos años. El enorme potencial físico y técnico de Francia explotará en cualquier momento, en cuanto encuentren la manera de poner todo su talento individual al servicio del colectivo (¿más galones para Diot y menos para Parker, quizás?) Grecia ofrecerá su habitual competitividad. Rusia siempre es una especialista en ir de “tapada” y salir desde atrás para acabar pasando rondas y luchando por metales. Eslovenia también vive expectante la llegada del momento en el que el país europeo que más jugadores lleva aportando a la NBA en el siglo XXI (increíble teniendo en cuenta que hablamos de un país de dos millones de habitantes) de el “petardazo”. Y no olvidemos que la decisión FIBA de ampliar el torneo a 24 selecciones nos trae alguna “trampa” por el camino como esa Italia que busca reverdecer (no tan) viejos laureles. Por lo tanto bien haríamos desde España en considerar que no es bueno que carguemos sobre nuestras solitarias espaldas todo el favoritismo, y pensemos que formamos parte de un grupo de selecciones en torno a la decena que son las que estarán luchando por las medallas. Tan posible es ganar el oro como quedar séptimos u octavos, aunque sea un análisis que los medios prefieren obviar. 

Por lo tanto… Dear Prudence.    



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