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martes, 4 de abril de 2017

EL ÚLTIMO TANGO EN MADRID








Ayer nos sorprendió la noticia de la retirada del “Chapu” Nocioni, confirmada por el propio jugador en una carta reflejo de su carácter, emotiva pero plena de humor y sin caer en el sentimentalismo barato. Tiempo habrá de repasar la carrera de un jugador legendario, tercer mosquetero de la irrepetible Generación Dorada, quien junto a Ginobili y Scola entre otros llevó a su país a cotas anteriormente no conocidas, de igual manera que ha sucedido en nuestro país con los Gasol, Navarro, o sus actuales compañeros de equipo Felipe Reyes y Rudy Fernández. Esta entrada viene condicionada por la reacción vivida ayer dentro del mundo del madridismo ante la retirada de un jugador con rol secundario en lo deportivo pero claramente primario en lo emocional, y es que Andrés Nocioni no ha necesitado siquiera tres años para convertirse en uno de los favoritos de las gradas del Palacio de Los Deportes, todo ello dentro de un equipo plagado de grandísimas figuras y jugadores mediáticos, lo que da un valor añadido al hecho de que el “Chapu” haya logrado esa trascendencia y ascendencia en vestuario y graderío. Sin ser el jugador más talentoso de los que han estado al servicio de Laso, ni el más vistoso, estético y elegante en su juego, sí que encontramos en Nocioni el paradigma de una de las grandes características de esta era esplendorosa de baloncesto madridista: la de la inquebrantable comunión entre equipo y afición (o al menos entre la mayor parte de ella) forjada a través de una férrea fe en las posibilidades de un equipo que nunca deja de competir, dejando el puro resultadismo al margen. 


Pero incluso si nos atenemos a lo puramente deportivo, no sólo no se pueden entender los éxitos deportivos de este equipo, especialmente en la cima que supuso la “perfect season” en la temporada 2014-15, sin la presencia del “Chapu”, sí no que precisamente fue su llegada la pieza que le faltaba al puzzle de este histórico Real Madrid de Laso, Herreros y Sánchez. 



Lo hemos comentado en muchas ocasiones. El Real Madrid de la 2013-14 fue la máxima expresión de belleza baloncestística que se ha visto en mucho tiempo en Europa. Un constante “highligh” durante todo el invierno y parte de la primavera. A velocidad de crucero, el equipo de Laso batía records (31 victorias consecutivas), destrozaba rivales y reventaba los marcadores de cualquier cancha sobre la que sus jugadores pusieran sus pies. Con el sabor amargo de la derrota en Londres ante un más competitivo y experto Olympiacos todavía en el paladar, la Final Four de Milán se presentaba como la particular consagración de la Primavera de Laso. La puesta en escena ante Barcelona dejó un partido para las videotecas, una de las muchas obras maestras de Laso. Un 62-100 al eterno rival. Cien puntos en el torneo que años antes muchos equipos habían dominado a base de hormigón armado y no de talento, ofreciendo al aficionado marcadores exiguos y un tipo de baloncesto gris y plomizo que el Real Madrid de Laso estaba dispuesto a convertir en un mal recuerdo del pasado. No contaban con las trampas tácticas de David Blatt y el estado de gracia de un diabólico Tyrese Rice. El Maccabi Tel Aviv cercenó el sueño continental y volvió a dejar en evidencia la falta de colmillo de los blancos para los momentos decisivos. Dos finales de Euroliga consecutivas para un equipo que jugaba de ensueño, pero no lograba levantar la Copa en el domingo de Mayo más importante para el baloncesto de clubes. Habían crecido respecto a final de Londres, pero seguía faltando un plus de competitividad que otros equipos si poseían. Saber combinar la excelencia en el juego con la guerrilla subterránea de codos y “trash talking” era la asignatura pendiente. La derrota en Milán fue el comienzo de un pequeño pero tortuoso periplo para Pablo Laso representado en la inaudita imagen de su expulsión del Palau en silla de ruedas, lesionado de su talón de Aquiles. Tocaba afrontar un duro verano, con constantes rumores sobre la salida del vitoriano del club, y el gran mirlo blanco, Nikola Mirotic, de quien se señalaba su falta de entendimiento con un Laso que le exigía más mordiente en la pista, emprendiendo rumbo a la NBA a lucir la camiseta de los Chicago Bulls, precisamente el club que supusiera en su momento la primera aventura estadounidense de quien iba a ser su sucesor en el Real Madrid (y protagonista de esta entrada), Andrés Nocioni. 


No nos engañemos. La llegada de Nocioni (como la de Laso en su día) no suponía especialmente un estímulo para la afición madridista. Se iba un jugador con aroma a posible estrella NBA como Mirotic, cuyo techo aún es desconocido, y llegaba un veterano de 35 años quien posiblemente ya había vivido sus mejores días como jugador de baloncesto y que no parecía la primera opción para reforzar una posición que quedaba huérfana con la salida del hispano-montenegrino. Y es que una vez conocida la salida de Niko, las miradas se posaron sobre quien por aquel entonces se convertía en MVP de Liga Endesa, el valencianista Justin Doellman, pretendido por media Europa y quien finalmente acabaría firmando por el Barcelona. La llegada del “Chapu” acompañada de jugadores sin excesivo cartel como K.C.Rivers o Jonas Maciulis, más las dudas sobre los problemas físicos de Gustavo Ayón, no invitaban al optimismo en el entorno madridista, temores refrendados durante un invierno insoportable en el que el ruido originado desde las trincheras menos analíticas y críticas con Laso amenazaba con echar por tierra un proyecto maravilloso que no sólo no estaba acabado si no que apenas estaba comenzando a andar. Por suerte para todos los amantes del buen baloncesto, a partir de Febrero de 2015 el equipo experimentó una mejoría hasta el punto de acabar haciendo historia ganando todos los títulos en juego. Una historia en la que tuvo muchísimo que ver el “Chapu”… 


Imagino que Pablo Laso debió intuir un brillo especial en la mirada de aquel jugador que con 35 años largos jugaba su primera Final Four de Euroliga. Nocioni quizás había perdido la agresividad en ataque de antaño para pelearse en la zona rival (lo cual como otros grandes supervivientes ha ido compensando con una destacable evolución en su tiro, siendo el Nocioni actual uno de los triplistas más fiables al servicio de Laso), pero donde no dudaba en dejarse ni un ápice de su alma era en la propia. La intensidad defensiva del argentino se convirtió en una de las armas predilectas de Laso, un factor X que no sólo se limitaba a la propia actividad del jugador sobre sus rivales, si no que contagiaba a un equipo que no dudaba en seguir a su compañero a la guerra como quien sigue a un loco maravilloso, como quien nada hacia la catarata, y por supuesto activaba la grada. Sólo Llull puede compararse al “Chapu” en esa capacidad para poner en ebullición al Palacio. Su tapón a Goudelock en el partido de semifinales ante Fenerbahce sigue siendo la jugada más recordada de una Final Four inolvidable para el madridismo. Mientras otro de los discutidos, K.C.Rivers, desatascaba el ataque a base de triples, “Chapu” cerraba el aro y le espetaba un “not in my house” nunca mejor dicho al equipo de Obradovic. Finalizaba el partido con 12 puntos y 6 rebotes en casi 27 minutos. 18 de valoración. No había alcanzado tales cifras en toda la temporada, excepto en la victoria en Nizhny Novgorod, de la cual hacía ya cinco meses, cuando le endosaba 15 puntos y 9 rebotes a los rusos. Repetía valoración en la gran final ante Olympiacos, pero con cuatro minutos menos en pista, para convertirse en justo MVP en la primera Final Four de su vida. El buen vino se guarda para las grandes ocasiones, y Laso descorchó su mejor botella en aquel Mayo de 2015. Un gran reserva argentino criado en Santa Fe y madurado en Vitoria. El maridaje perfecto para el plato del título continental.


Nocioni no tenía el tiro de Mirotic, ni sus movimientos, ni su calidad técnica, ni la capacidad de progresión. Sin embargo no fue casualidad que tras dos intentos infructuosos en la tercera oportunidad se alcanzase el cetro europeo coincidiendo con la llegada del argentino y su MVP. Si quieres ganar títulos pon un “Chapu” en tu vida. Volvió a responder en los momentos decisivos con unos fantásticos play offs de Liga Endesa, volviendo a contagiar al equipo en defensa y con un estratosférico 14 de 24 en triples en todos los partidos por el título y clavando tres triples como tres puñales en el corazón azulgrana en el Palau para impedir la remontada culé y cerrar las finales con un rotundo 3-0 a favor de los blancos. El Real Madrid capitulaba la temporada perfecta y Nocioni se ganaba un sitio en el olimpo del equipo más laureado de Europa. Laso, Herreros y Sánchez habían acertado. Hasta la llegada del argentino su equipo era una hermosa criatura de una belleza espléndida y exuberante pero que a la hora de morder mostraba la ausencia del colmillo. Nocioni se convirtió en el colmillo de Laso, la pieza necesaria para poder masticar los alimentos más duros. Otra prolongación más en la pista del técnico vitoriano, en este caso la emocional, la que iba a ser el punto de ignición para la grada.   


Otro doblete la temporada pasada vino a confirmar la importancia del “Chapu” en el roster madridista. Pese al sufrido camino europeo, rematado con la ejecución a manos de un Fenerbahce cobrándose la ventaja del curso anterior, Nocioni seguía dejando muestras de buen baloncesto, bailando sus últimos tangos con exhibiciones como su partido en Kaunas con un fastuoso 6 de 6 en triples. Seguía siendo decisivo. En la Copa de 2016 finaliza con unos porcentajes de ensueño: 3 de 4 en tiros libres, 7 de 10 en tiros de dos, y 5 de 11 en triples. La madurez de un jugador que sigue dejándose la piel en defensa pero en ataque sabe seleccionar perfectamente las mejores opciones. El pasado curso acaba con un demoledor 58 de 118 en triples, entre ligar regular y play offs. Prácticamente un 50%.


Esta temporada, con un año más en las piernas, y una competencia brutal en las posiciones interiores, la dosificación del jugador está siendo mayor que nunca. Ley de vida en un deporte que no obstante ha evolucionado hasta el punto de que jugadores por encima de los 35 años aún puedan seguir rindiendo a un magnífico nivel, como ha sido el caso del “Chapu”. Se despide, como hemos dicho, con una carta que define perfectamente la personalidad del deportista: un tipo al que no te quieres enfrentar en una cancha de baloncesto, pero con el que te irías a tomar unas cañas acabado el partido. 



Hace años me hubiera costado imaginar que un jugador con sólo tres temporadas en la sección de baloncesto del Real Madrid fuese capaz de aglutinar tantas muestras de respeto y cariño en el momento de anunciar su retirada, y que incluso el presidente del club blanco le acompañase en un anuncio oficial cediéndole el palco de honor del Santiago Bernabeu. Una muestra más de que las cosas han cambiado para bien en el basket madridista, que vive una auténtica edad dorada desde la llegada de Pablo Laso, un entrenador que no ha dejado de crecer y de mejorar y que ha sido capaz de encontrar la pieza que le faltaba para encajar el puzzle en un corajudo “forward” argentino que venía de ser leyenda en equipo de la ciudad del propio Laso. Y es que quedará para siempre en el recuerdo que después de haber vestido las camisetas de Racing, Olimpia, Independiente, Baskonia, Manresa, Chicago, Sacramento, Philadelphia, Peñarol y selección argentina, el último tango de este potro salvaje se haya bailado en Madrid. 




lunes, 20 de febrero de 2017

DONDE NINGÚN HOMBRE HA LLEGADO JAMÁS





El Hombre Tranquilo



Pablo Laso lo ha vuelto a hacer. Su quinto título de Copa en seis años, su cuarto consecutivo, le sitúa en un terreno desconocido hasta la fecha en la era ACB. Lo ha hecho fiel a su estilo, dirigiendo a un equipo de marcadores desorbitados, canastas imposibles, juego sin red y una capacidad de sufrimiento que nos ha hecho recordar a la España del Eurobasket 2015, y es que cada vez parece más claro que una de las razones del actual éxito madridista ha sido impregnarse de parte del ADN de la mejor selección española de la historia, con el añadido además de una gota de la Generación Dorada argentina representada en un “Chapu” Nocioni que vuelve a resultar decisivo cuando hay títulos en juego. 


Ha sido sin duda alguna la Copa más sufrida de la era Laso, necesitando dos prórrogas antes de la gran final y poniendo a prueba los corazones de los aficionados, tanto madridistas como de sus rivales en unos partidos que pasarán ya por derecho propio a la historia de este deporte. Historia estuvo a punto de hacer el MoraBanc Andorra de Joan Peñarroya, una especie de Paco Jémez del baloncesto. Romántico e idealista, coetáneo de Laso en sus días de jugador, reivindica al igual que el vitoriano el baloncesto de ritmo alto, sin respiro, pese a no manejar una rotación tan larga como el entrenador madridista. Los del Principado realizaron un partido sencillamente soberbio minando la moral de un Real Madrid impreciso en ataque (tardaron 3.16 en anotar su primera canasta, un mate de Taylor) e incapaz de frenar a Shermadini en defensa. Ni Ayón, ni Randolph ni Hunter (éste último, desaparecido durante toda la Copa) pudieron con el gigante georgiano, quien volvió a dejar otra de esas exhibiciones con las que nos viene obsequiando jornada tras jornada en la Liga Endesa, traducida en esta ocasión en 27 puntos y 7 rebotes. De hecho la mejor noticia para los blancos es que le dejaron en un 50% en tiros de campo (8 de 16), no está mal si tenemos en cuenta que durante la temporada está promediando un 64%. Fue precisamente la actitud defensiva, la capacidad de sacrifico y la lucha por el rebote lo que mantuvo con vida a un equipo blanco que se frotaba los ojos cuando un triple de Burjanadze abría la máxima brecha en el marcador (21-37, a 3.49 para el descanso) Se esperaba reacción madridista a partir del tercer cuarto, pero no llegaría de inmediato, si no a partir del minuto 27, cuando Llull comienza a tomar el mando de las operaciones (8 de sus 22 puntos finales llegan en los últimos tres minutos y medio del tercer acto, para dejar el marcador en un incierto 56-59 con el que afrontar el parcial definitivo) Los andorranos no estaban dispuestos a echar por tierra su magnífico trabajo de 30 minutos, y pese a que un triple de Nocioni (decisivo en la remontada blanca, +16 con él en pista en los 10 minutos que permaneció en pista) ponía por primera vez a los de Laso en ventaja (64-63 a 8.49 para el final) los de Peñarroya aún sacaron fuerzas de flaqueza para con sus secundarios volver a estirar el marcador, y es que un triple del austriaco Schreiner ponía un 75-82 que parecía definitivo para el desenlace del encuentro a falta de sólo 2.21 para el final. Nocioni no se arrugó y respondió con otra canasta de tres que intentó contrarrestar Albicy sin acierto en la jugada siguiente. Ayón no perdonaba en la contra finalizando tras capturar él mismo el rebote defensivo. Los campeones se ponían a dos a falta de 1.24 para el final. Laso metía a Taylor por Carroll para defender a Albiciy, pero el base francés sacaba una falta al sueco que le llevaba a la línea y poner el 80-84 a 1.19. El marcador tardaría en moverse tras el fallo de Llull en el tiro y los pasos (polémicos, pero bien señalados) de Shermadini. Quedaban 44 segundos y el Real Madrid estaba obligado a anotar. Llull volvió a fallar pero capturó el rebote para que Doncic también errase, esta vez de tres, pero la lucha hasta el paroxismo por el balón de los blancos dio sus frutos ya que la tercera captura consecutiva en aro rival (Nocioni en esta ocasión) sirvió para que Jaycee Carroll (quien había vuelto a entrar a pista por Taylor, en una inteligente gestión de recursos de Laso con cambios “de balonmano”) pusiese a su equipo a un punto a falta de 16 segundos. Había que hacer falta y tener la última posesión. Los blancos sólo dejaron pasar dos segundos para mandar a Albicy al tiro libre. El francés no falló. Al Madrid le quedaban 14 segundos para mandar el partido a la prórroga. Fue entonces cuando llegó la jugada que ya forma historia de la Copa. Llull conduce el balón y ante la defensa andorrana retrocede a media pista para encontrar a Randolph libre y aprovechar el dos contra uno que está sufriendo. El espigado jugador germano-americano no falla. Empate a 86 y el partido a la prórroga. Nadie, absolutamente nadie, reclamó nada, porque nadie, absolutamente nadie, vio nada ilegal. Posteriormente la repetición televisiva y la cámara lenta evidenciarían que Llull pasó sobre la línea de medio campo cometiendo campo atrás. Prácticamente imposible de ver en directo, pero que desgraciadamente ha servido para que los intoxicadores de turno hayan querido convertir una de las mejores ediciones de Copa de todos los tiempos en “la Copa del campo atrás”. 


Sonaron las doce en el reloj de la cenicienta andorrana, desfondado en la prórroga ante un Real Madrid que llego a ganar hasta de once puntos en el tiempo extra con Llull estelar, anotando 8 de los 13 puntos de su equipo. Los otros cinco se los repartieron entre un imperial Randolph (finalizó con 25 puntos, 6 rebotes, 2 tapones y 2 robos) y Doncic (rozó el triple-doble con 12 puntos, 10 rebotes y 7 asistencias) El nuevo “Big Three” de Laso a pleno rendimiento. Un auténtico partidazo, pero nada comparado con lo que nos quedaba por ver. 



Andorra, la derrota con la cabeza más alta de la Copa.



Para proseguir con su particular “más difícil todavía” aparecía el Baskonia en el horizonte, un equipo con el que los blancos siempre tienen cuentas pendientes. Los de Sito Alonso habían derrotado a su rival de semifinales en Liga Endesa y en el partido de ida de Euroliga, pero todavía escocía el gran partido de Doncic en el Buesa Arena, quien acabó siendo hasta ovacionado por la afición vitoriana, y sobre todo en el recuerdo la semifinal copera del pasado año con los ocho puntos de Llull en minuto y medio para llevar a los blancos a otra final que acabaría suponiendo la tercera copa consecutiva, en aquella edición de 2016 en Coruña. Los anfitriones se habían deshecho de un Iberostar Tenerife que pese a su magnífica campaña y sorprendente segunda posición en la tabla evidenciaron que todavía no están a la altura de poder pelear por un título. Grigonis y Bogris dieron una exhibición (41 puntos, 10 rebotes y 8 asistencias entre ambos), pero adolecieron de una mayor regularidad en el tiro exterior, con jugadores tan fundamentales como Davin White y Aaron Doornekamp absolutamente negados al aro. Entre el exterior y el forward sumaron un desastroso 4 de 18 en tiros de campo. Por ahí comenzó a hacer agua el juego tinerfeño, que al menos recibió la buena noticia del retorno de Nico Richotti, quien apenas disputó poco más de tres minutos tras su larga lesión. Los vascos por su parte ofrecían una muy buena imagen, efectivos en el tiro (11 de 24 en triples) y con Larkin (26 puntos y 8 asistencias) y Hanga (16 puntos y 4 rebotes) como puntas de lanza de su ataque.


Si un equipo crece a través del sufrimiento, el Real Madrid llegaba a las semifinales con todas las condiciones para despegar, cuchillo entre los dientes, hacia una nueva final. La primera parte de los blancos fue espléndida, guiados por un Doncic de nuevo estelar en la ciudad que vio nacer a su entrenador. Curiosamente los mejores momentos madridistas coincidieron con la peor versión de Llull, errático en el tiro con 1 de 5 en tiros de campo y retirándose al vestuario con valoración negativa, pero su equipo 9 arriba (35-44) Bat-Man había dejado que fuese Robin quien llevase el peso de las operaciones en esa primera parte, y es que Luka Doncic firmaba un segundo cuarto prodigioso con 13 puntos, 3 rebotes y una asistencia. 


¿Alguien dudaba que el Baskonia, ante más de 15000 gargantas, en su mayoría locales, iba a meterse en el partido? A pesar de que Maciulis estiraba la diferencia hasta los 13 (35-48 a 9.07 del final del tercer cuarto), el diabólico juego exterior del Baskonia comenzaba a activarse y a base de penetraciones y triples entre Larkin, Beaubois y Hanga conseguían un parcial de 13-2 que hacía rugir el pabellón. Los anfitriones se desataban, pero el Real Madrid salvaba el primer momento delicado del partido con un Llull que comenzaba a aparecer y Rudy firmaba un triple que volvía a estirar la diferencia para los campeones (52-61 a 3.23 de acabar el tercer acto) A partir de ahí un pequeño intercambio de golpes que debía favorecer al Madrid, pero un palmeo en rebote ofensivo de Budinger a seis segundos de la bocina final cerraba en 64-68 el cuarto. Los blancos no habían llegado a desconectarse, pero el Baskonia definitivamente comenzaba a estar enchufado. Beaubois abría el marcador con un triple en el acto definitivo avisando que iba a ser su momento. Anotó 11 puntos en ese cuarto, incluyendo tres triples. Voigtmann llevaba el delirio a las gradas hundiendo el balón en el aro madridista para poner por delante a los suyos (73-72, a 7.35) Comenzaban las imprecisiones en los blancos. Acostumbrados a jugar en el alambre, parecía que no les importaba ver a su rival volar sobre la pista mientras ellos se negaban de cara al aro. Los triples baskonistas no encontraban respuesta, y después de Beaubois y Larkin el siempre presente Adam Hanga clavaba otro puñal desde el 6.75 con la posesión al límite. El Real Madrid tocado y hundido. Posiblemente el momento más crítico y en el que más eliminado se encontró en toda la Copa, en un fin de semana plagado de situaciones a vida o muerte para el equipo de Laso. Quedaban 3.21 para el final del partido y el Baskonia olía a finalista. 


Pero Vitoria es una ciudad propicia para los milagros madridistas (aquel triple de Herreros…) Laso volvió a encomendarse a la garra de Nocioni y a la defensa de Taylor (enorme trabajo sufriendo los bloqueos ciegos de los hombres grandes baskonistas), una buena defensa del sueco provocó una pérdida de Larkin. A Voigtmann le pudo la presión y perdió incomprensiblemente dos balones consecutivos. A todo esto Llull y Randolph insuflaban vida a los suyos en ataque. Sólo Beaubois volvía a encontrar aro por los anfitriones. Después de casi tres minutos sin anotar, el Baskonia respiraba con una penetración de su mejor hombre en semifinales (27 puntos, 2 asistencias, e incluso 2 tapones, uno de ellos inesperado ante Ayón), que ponía el 89-86 a falta de 52 segundos para el final. Absolutamente cualquier cosa podría pasar en el desenlace de un partido que ya había obtenido categoría de histórico. Nocioni no se arrugó para jugarse el siguiente ataque desde el triple, pero no hizo diana. Entonces emergió la figura de ese Wonder Boy jugando su último torneo sin ser mayor de edad para capturar un rebote frente a las torres baskonistas y darle vida a su equipo. De nuevo el rebote, la pelea, la seña de identidad blanca. Llull no perdonó esa segunda oportunidad y puso el empate a 89 definitivo, una vez que tanto Larkin y el propio Llull errasen sus últimos lanzamientos, uno para cada equipo. 


Ni en el más retorcido de sus pensamientos podían imaginar los aficionados madridistas que el camino a la final fuese a convertirse en un guión que hubiera firmado el mismo Alfred Hitchcock. Otra vez remontando, otra vez al tiempo extra. Otra vez asomados al precipicio y manteniendo el equilibrio de manera milagrosa. La conexión Llull-Ayón y el “efecto Nocioni” desequilibraron en la prórroga. Un limpio robo de balón del mejicano a Tillie, demostrando una vez más su habilidad de manos, con cuatro arriba y poco más de un minuto por jugar, fue decisivo, ya que el Madrid aprovechó esa posesión para que Llull desde la línea de personal estableciese una diferencia de seis, que a 1.02 para el final dejaba a los locales sin margen de error. Randolph, con otro tiro libre, estiraría aún más la diferencia y Beaubois cerraría el marcador con un nuevo triple ya intrascendente. Laso alcanzaba su decimoséptima final como entrenador madridista. Lo que estuviese pensando desde casa su cardiólogo es otra cosa.      




¡Ciudadanos de Gotham! ¡Bat-Man y Robin han vuelto!



En la final esperaría el Valencia (una final pronosticada por este humilde escribano en el podcast de la web El Mundo Madridista, grabado hace una semana, y donde auguré también el MVP para Llull) Los taronja llegaban en un momento de forma francamente bueno a esta cita, como demostraron desde el primer momento dejando sin opciones al Gran Canaria. Dubljevic viajaba a Vitoria con aroma a MVP y sentenciaba a los insulares con 22 puntos y 11 rebotes, dentro de un equipo que demostraba un apreciable equilibrio entre defensa y ataque y con un punto de madurez otorgado por veteranos con hambre (Rafa Martínez, San Emeterio…), veteranos que nunca han perdido el hambre (Sato) y jóvenes buscando establecerse definitivamente en la elite del baloncesto español (Vives, Sastre, Oriola…), todo ello bajo la batuta de un entrenador muy de “vieja escuela” como Pedro Martínez. ¿Candidatos al título?, por supuesto. 


El Barcelona tampoco supuso gran esfuerzo para los levantinos. Los de Bartzokas cumplieron dejando en la cuneta a un nuevamente decepcionante Unicaja, a base de tesón defensivo y los triples de Rice y Eriksson, pero no les daba para más, máxime cuando para seguir fieles a la negra tradición que están viviendo esta temporada perdían a Stratos Perperoglou, lesionado en el tobillo. Parece increíble decir esto tratándose de un club como el Barcelona, pero sinceramente y viendo con lo que tuvo que enfrentarse al Valencia, creo que han cumplido simplemente llegando a semifinales. Incluso en un gran segundo cuarto parecían tener posibilidades de llegar a la gran final y volver a ofrecernos un clásico en una final copera, pero ese equilibrio taronja ya referido se hizo patente tras el paso por los vestuarios. Un parcial de 13-30 en el tercer cuarto reflejaba a las claras las diferencias actuales entre uno y otro equipo, con un monumental Tomic (17 puntos y 15 rebotes) como un islote desierto en medio del desastre azulgrana frente a la orquestada coralidad naranja y cuatro jugadores anotando en dobles figuras, destacando un serio San Emeterio con 16 puntos y 4 rebotes. 


La final estaba servida. Los dos mejores equipos del torneo, los que habían realizado las rotaciones más largas y dosificado mejor a sus jugadores, pero con un desgaste físico y emocional más acusado en los de Laso, con diez minutos más de tiempo extra en sus piernas y sin apenas un solo momento de calma durante una Copa que les estaba costando sangre, sudor y lágrimas. El Real Madrid aparecía en la final como ese gigante al que llevan esperando derribar largo tiempo. El Valencia, huelga decirlo, también andaba sobrado de cuentas pendientes (dos últimas semifinales ligueras contra el Madrid) frente a los de Laso.


No obstante podría decirse que fue el partido más cómodo de la Copa, dentro del Calvario baloncestístico sufrido por el equipo blanco estos cuatros días, para el 27 veces ganador del título. No hubo que llamar a rebato ni buscar una remontada para la historia. Tras unos primeros minutos de “toma y daca” un parcial de 7-0 comenzaba a poner en franquía el título para los blancos. Dubljevic desde el 6.75 frenaba la sangría y Randolph ponía el definitivo 22-16 para cerrar el primer acto. El Real Madrid se movería alrededor de los diez puntos de ventaja durante el segundo cuarto, hasta que en los dos minutos finales de dicho periodo la lucha de San Emeterio y Oriola impidió que el conjunto de la capital de España rompiese el partido. Un palmeo del alero cántabro ponía un 47-45 impensable durante los minutos anteriores visto el nivel de juego blanco. Ganaba el espectador, ya que si el Valencia lograba meterse en la lucha no era tanto por demerito del Madrid como por la demostración de que el equipo de Pedro Martínez comparecía a este torneo como uno de los favoritos. No obstante el Real Madrid llevó el mando del partido durante toda la segunda parte y nunca se vio rebasado por el Valencia. Si los de Laso no pudieron cerrar el partido fue precisamente por el aspecto que más vida le había dado en los dos choques anteriores: el rebote. La superioridad taronja fue abrumadora (39 a 23) y la sangría se hizo más evidente en el tablero madridista, donde los de Laso vieron como su rival capturaba hasta 19 rebotes ofensivos que significaban lógicamente otras tantas nuevas oportunidades. Difícilmente puede ganarse un partido con tal déficit reboteador, pero el acierto en el tiro en la final por parte madridista fue escalofriante, con canastas de todas las facturas y desde todas las distancias. Llull, merecido MVP (como también lo hubiera sido Randolph, o incluso Doncic o Ayón) parecía dinamitar el partido y el título con ocho puntos consecutivos en un minuto para poner un 95-87 que a falta de 1.36 amenazaba con sepultar las esperanzas taronja. Pero a los blancos les va la marcha. Si llegaron hasta la final a base de remontadas ahora querían darle vida a su rival. Llull por fin fallaba y Dubljevic y San Emeterio se echaban el equipo a la espalda para acercarse en el marcador. Los de Laso sentían el aliento del rival en el cogote con 95-92 a falta de 20 segundos. Final de tiros libres. Y Llull no perdonaba. 97-92 a falta de 14 segundos. El Valencia necesitaba un milagro, máxime cuando Ayón taponaba el intento de penetración de San Emeterio, pero el rebote de nuevo daba vida a Valencia y Oriola se hacía con la bola para que el propio San Emeterio, quien se había quedado libre de marca al quedarse en el suelo tras el tapón del pívot mejicano, clavase a un triple fintando al propio Ayón a falta de un solo segundo. Un segundo. Al Real Madrid prácticamente le bastaba con sacar de fondo y ver el cronómetro ponerse a cero. Eso debía pensar Randolph, con un inexplicable y arriesgado pase al jugador más adelantado de su equipo, Llull. Joan Sastre adivinó las intenciones (el pase era, como vulgarmente se dice, “telegrafiado”) para recuperar un balón que, caprichos del destino, parecía susceptible de campo atrás. No fue así y el Valencia dispuso de unas desesperadas nueve décimas en las que San Emeterio ni siquiera logró lanzar dentro del tiempo ante la defensa de un Taylor ya imprescindible para Laso. Un Laso que llega donde ningún entrenador ha llegado jamás. 


Las explosiones anotadoras de Llull en los momentos más calientes de los partidos decantaron su nominación como MVP del torneo. Aquella dimensión de juego de los Spanoulis o Navarro, jugadores dotados para ajusticiar con las canastas ganadoras, pertenece ahora a este jugador al que en este blog designamos como el mejor nacional de 2016 y que va camino de repetir este año. 25.6 puntos, 4 rebotes y 5.3 asistencias por partido con una valoración media de 23. Una burrada. Y aun así no fue el madridista que hizo mejores números, ya que hay que quitarse el sombrero ante los 21.6 puntos (con porcentajes brutales, como sus 9 triples de 14 intentos), 5.6 rebotes y 2 tapones de un estratosférico Randolph, quien promedió 26 de media. Los 14.6 puntos, 6.6 rebotes y 5.3 asistencias con las que Doncic ha despedido su minoría de edad en un gran torneo (cumple 18 años el día 28) también son a tener en cuenta, y el MVP de la pasada edición, Gustavo Ayón, sin llegar a la excelencia del pasado año también se ha dejado notar con 10.3 puntos, 3.6 rebotes,  3.3 asistencias y 1.6 robos por partido, para valorar 17.6 de media. Decisivo, y dejando gestas como sus 8 asistencias ante el Baskonia, máximo asistente del partido. No está mal para un pívot. El Real Madrid de Laso sigue rompiendo moldes. 


Y Nocioni, claro. Es como esa botella de tu licor favorito que guardas celosamente en tu bodega. Ya le has dado tus mejores tragos, pero aún de vez en cuando la descorchas y disfrutas de sus esencias. Apenas ha jugado algo más de 7 minutos por partido… pero es que con él en cancha su equipo ha sumado un total de 35 puntos que el rival. 


La final más anotadora (sin prórroga) de los últimos 30 años ha sido el colofón a cuatro días espectaculares, una de las mejores ediciones de la historia con un nivel de juego altísimo, especialmente propuesto por este entrenador valiente y sensato a partes iguales. Este ex –base que maravillaba con su juego eléctrico vistiendo las camisetas de Baskonia y Real Madrid y ahora hace historia con la hegemonía de un equipo que no cree en imposibles. Sigo manteniendo que el Real Madrid de la temporada 2013-14 fue la máxima expresión estética que ha conocido este deporte en Europa en mucho tiempo, pese a que aquel verano y posterior invierno Laso estuvo más fuera que dentro del club blanco tras perder finales de Euroliga y Liga Endesa y comenzar con malos resultados la que finalmente fue temporada perfecta, ganando todos los títulos en juego. Desde entonces el equipo de Laso no ha perdido de vista sus principios básicos de ritmo alto y búsqueda del aro rival antes de que la defensa esté formada, pero con el añadido de una mayor garra y más fuerte músculo, y una química cada vez más evidente entre todos los jugadores. La obra de Laso sigue sin estar acabada. El proyecto continúa vivo, pese a sus (en buena lógica, cada vez menos) detractores. 



Chapu y Thompkins, haciendo piña.



Para complementar la fiesta blanca, los infantiles de la Minicopa se han hecho con el título por quinta vez consecutiva, con el búlgaro Kostadinov como MVP. El primer título de este particular repoker se inició en 2013, curiosamente también en Vitoria, y con un chaval esloveno de nombre Luka Doncic como mejor jugador del torneo. 



Y otro hombre es doblemente feliz dentro del madridismo, y es que la misma madrugada antes de la gran final Felipe Reyes, el gran capitán del equipo blanco, era padre por segunda vez. Enhorabuena.





Lo que viene detrás. 





martes, 30 de agosto de 2016

MÁS MÚSCULO, MENOS MAGIA




Laso pierde su prolongación en la pista.




La sexta temporada de Pablo Laso al frente del Real Madrid supone, en la medida de lo posible, una apuesta por la continuidad. Parece lo más consecuente tratándose de un equipo que en la etapa con el vitoriano al frente ha ganado una euroliga, tres ligas, cuatro copas, tres supercopas y una intercontinental, además de haber disputado prácticamente todas las finales posibles. Dominador absoluto del baloncesto nacional y consolidado entre los grandes de Europa. Con la tranquilidad del trabajo bien hecho durante estos cinco años y sin cargarse de presión alguna por muy Real Madrid que sea, se ha podido incluso apostar por darles otra oportunidad a jugadores como Jeff Taylor o Trey Thompkins, quienes no tuvieron el impacto previsto en su primer año de blanco. Los nuevos fichajes llegan para cubrir las salidas, alguna no deseada, como la de Sergio Rodríguez, rumbo a la NBA con una suculenta oferta de Philadelphia 76ers bajo el brazo. Su puesto lo ocupará un viejo conocido como Dontaye Draper. En las alas la continuidad es casi absoluta, excepto por la salida de K.C.Rivers y la llegada de Alex Suárez. Las otras dos caras nuevas las encontramos en el juego interior. Con Willy Hernángomez saltando el charco al igual que el Chacho para enrolarse en los Knicks de New York y Lima cedido al Zalgiris Kaunas (además de la baja del “parche”, con todos los respetos, que fue el fichaje de Ndour, quien compartirá vestuario con Willy en New York), y después de lo ardua que resultó la renovación de Gustavo Ayón, la secretaria técnica del club blanco buscó reforzarse por dentro con dos fichajes de relumbrón: Anthony Randolph y Othello Hunter.   


Cinco bajas y cuatro altas en una plantilla que aún sin oficializarse el fichaje de Hunter (30 años) era la más veterana de la próxima Liga Endesa según una estadística publicada por el diario Marca el pasado fin de semana. Aunque siempre gusta ver sangre joven en el equipo, no debería inquietar este dato al aficionado madridista, sabedor del magnífico trabajo de cantera que se está haciendo en la entidad blanca y el ramillete de figuras que vienen detrás, las cuales deberían ir entrando poco a poco en el sistema de Laso aun siendo conscientes de que la exigencia de un club ganador en ocasiones acaba fagocitando el talento debido a la falta de paciencia y esa exigencia en resultados inmediatos. No obstante, obviando temas generacionales, un primer vistazo al nuevo roster blanco arroja la sensación de que nos encontramos una plantilla con menos capacidad para el ritmo alto (seña de identidad de Laso), la velocidad, las transiciones ofensivas, y más física y granítica que en temporadas pasadas. Pablo Laso ha hecho un trabajo extraordinario sabiendo sacar las mejores virtudes de unos jugadores dotados para un baloncesto alegre y vertical que buscaba el aro rival antes de que el equipo contrario formase su defensa. Es en ese aspecto donde el nuevo Real Madrid puede ofrecer más dudas, al perder al Chacho Rodríguez, prolongación de Laso en la pista junto a un Llull que se queda solo como base revolucionario. En su anterior etapa al servicio de Laso Draper fue el tercer base del equipo, especializado como “stopper” ante bases rivales y jugando escasos minutos, normalmente en el inicio de los terceros cuartos. Verá incrementada su presencia en pista notablemente, la pregunta es, ¿será capaz de adaptarse a la velocidad de crucero del gusto de Laso, o será el entrenador quien pida al equipo bajar revoluciones cuando el nativo de Baltimore esté en pista? La perla eslovena Luka Doncic también debería ver aumentado su número de minutos con la salida del Chacho. Es uno de los favoritos de la grada (ya decimos que al público siempre le gusta ver sangre joven), y aunque su físico pueda seguir albergando dudas sobre si su puesto ideal es el de base, Laso ya demostró con Llull su capacidad para derribar prejuicios sobre una posición que el entrenador vitoriano dominó a la perfección en su época de jugador. Lo cierto es que se va a echar de menos a Sergio Rodríguez y su varita mágica, pero debemos seguir pensando en un Real Madrid tremendamente descarado en ataque a partir del arrojo de sus bases. 


En los aleros como decimos apenas hay cambios. Rivers no llegó a enamorar como en su anterior paso por el equipo blanco y no parece que se le vaya a echar mucho de menos. Suárez llega para cumplir cupos nacionales, tratará de aprovechar cualquier ocasión que se le presente, y seguirá buscando progresar y definir su juego entre las posiciones de 3 y de 4. El peso en las alas realmente lo seguirán llevando Rudy Fernández, aportando en todas las facetas y rezando para que su espalda deje de martirizarle, Jaycee Carroll, envejeciendo como el buen vino (el año pasado dejó un brutal 53% en triples en liga regular, el mejor porcentaje de su carrera), y Jonas Maciulis, “la tanqueta de Kaunas”, que diría Lalo Alzueta, haciendo honor a su apodo. Pegamento para el equipo. Y Llull, claro, que seguirá teniendo sus minutos como escolta. Taylor no convenció en líneas generales al aficionado la pasada temporada, pero Laso confía en él y sabe de sus prestaciones defensivas, tan necesarias en un equipo que busca correr y no puede hacerlo si no muerde atrás (parece mentira pero todavía hay que explicar a algunos que acusan a equipos con esta filosofía de no defender, de que el contraataque nace precisamente de la defensa)    


Jaycee Carroll, el tiro nunca se deja de mejorar.



En los hombres altos es donde más ilusionante se presenta el Real Madrid de Laso 6.0. Una batería de hombres temible, necesariamente bien dosificados (Felipe Reyes está en 36 años, Nocioni en Noviembre cumplirá 37) Cantidad y calidad. Ayón seguirá siendo la pieza angular. No hay un pívot en Europa que se pueda adaptar mejor a lo que pide Laso. Capacidad para aprovechar los espacios e incluso correr la pista, manos rápidas y buena defensa de anticipación. La pasada temporada le vimos ampliar su repertorio defensivo robando constantemente balones exteriores. Tendrá que rotar en ACB con Thompkins y Randolph, al ser los tres extracomunitarios (no así en Euroliga donde podrán ir convocados todos ellos), pero no cabe duda de que dentro de esta terna es el favorito para Laso. Se lo ha ganado. Cómo se ha ganado Felipe Reyes seguir siendo uno de los pesos pesados del equipo, no sólo por su ascendencia como capitán dentro del vestuario, si no por su rendimiento fuera de dudas en la pista. Si estamos viviendo la cuesta abajo de su carrera, la lentitud con la que se está produciendo hace que tengamos Felipe para rato. El Chapu Nocioni compensa su falta de piernas con su enorme corazón competitivo, y siempre aparece cuando se le espera. Quizás dormite durante el invierno pero con los títulos en juego impondrá la baza de la veteranía. Othello Hunter llega como un nuevo Marcus Slaughter, pero con mejor mano. Al igual que el actual jugador del Darussafaka, su anterior experiencia ACB fue en Valladolid, y como el bueno de Marcus, su solo nombre impone. Si Slaughter significa “masacre” o “matanza”, en Hunter tenemos a todo un “cazador”, y con nombre shakesperiano. Es un clásico de la Euroliga, tras disputarla con el Siena y el Olympiacos. Su pasaporte liberiano (cotonou) es otro gran punto a su favor. Anthony Randolph era posiblemente el jugador más deseado de este verano tras su exitosa campaña en el Lokomotiv Kuban, recordando a aquel proyecto de estrella que vimos en la NBA a principios de la década (llegó a compartir vestuario con Ricky Rubio en Minnesotta) El Madrid no lo dejó escapar previendo una posible salida de Ayón. En principio rotará con Thompkins, siendo dos jugadores con ciertas similitudes, exquisita técnica individual y buena mano, pero no especialmente agresivos en su juego y con cierta alergia a la zona. No obstante no descartemos que Laso, el técnico de la heterodoxia, sea capaz de hacer jugar juntos a estos dos talentos. Sería auténtico encaje de bolillos. Tanto Trey como Randolph garantizan peligro de cara al aro rival, pero será necesario compensarlo con las dotes de testiculina necesarias cuando tengan enfrente al Epke Udoh de turno. Ahí es donde entrarán de nuevo en juego los corajudos Felipe o Nocioni, y por supuesto un Gustavo Ayón por quien seguirá pasando todo el juego interior del equipo de Laso. 



En definitiva, optimismo para el campeón, que ha compensado sus bajas de la mejor manera posible. Hay más física pero se mantiene la química. No hay obsesión por sustituir al Chacho por una sencilla razón: la magia es insustituible. Era imposible encontrar heredero del talento tinerfeño emigrado a Philadelphia. Nos hallamos por tanto ante un Madrid menos elástico pero más musculoso, más fuerte, pero sobre todo continuista con la arquitectura baloncestística de un Pablo Laso que tras cinco años llenando las vitrinas del club de trofeos se presenta como el mayor aval para una nueva temporada de baloncesto en el Palacio de Los Deportes de la Comunidad de Madrid.     




Randolph en los Warriors, iba para estrella NBA.







martes, 5 de enero de 2016

LOS MEJORES DE 2015: JUGADORES INTERNACIONALES



STEPHEN CURRY:   El nombre propio del baloncesto hoy día se llama Stephen Curry, y así ha sido durante todo un 2015 en el que ha llenado el ojo del aficionado con su baloncesto de seda, su bote de balón fluido, su capacidad para generarse sus propios tiros, y sobre todo su interminable capacidad para perforar los aros rivales una y otra vez. Más allá del goce estético de contemplar al que ya puede ser considerado mejor tirador de todos los tiempos, están los méritos objetivos, y no son pocos. MVP de la temporada regular por primera vez en su carrera con 23.8 puntos, 4.3 rebotes, 7.7 asistencias y 2 robos por partido, donde asusta de verdad es en el tiro. 91.4% en el libre y rozando el 50% en tiros de campo (48.7%), una burrada para un jugador que no vive en las inmediaciones del aro. Pese a llevarse Igoudala la gloria del MVP de las finales, sus 28.3 puntos, 5 rebotes y 6.4 asistencias por partido durante todos los play offs muestra la dimensión de un jugador capaz de crecerse en los momentos decisivos. En la finalísima ante Cleveland dejó 26 puntos por partido en los seis choques para ganar su primer anillo, por mucho Dellavedova y su guerra de guerrillas que le pusieran delante. La nueva temporada la comenzó de nuevo haciendo historia, llevando a sus Warriors a registros de record y con actuaciones legendarias. Antes de acabar el 2015 le hemos visto llegar como mínimo a los 40 puntos en siete ocasiones en el nuevo curso, marcando su tope con los 53 a los Pelicans el 31 de Octubre. Leyenda.     





Curry, baloncesto de etiqueta.



LEBRON JAMES: Pese a que pueda parecer que para un jugador de la magnitud de LeBron verse superado, tanto a nivel individual como colectivo, por un Stephen Curry que tiene el mundo del baloncesto a sus pies, lo cierto es que el genio de Akron (curiosamente la misma cuna de Curry) ha vuelto a regalarnos un grandísimo año de baloncesto. Y eso que sus 25.3 puntos por partido con los que acabó la temporada pasada es la segunda marca anotadora más baja de su carrera después de su año de debut (a esos niveles se mueve este coloso), acompañado, eso sí, de 6 rebotes, 7.4 asistencias y 1.6 recuperaciones que demuestran que siguen siendo el jugador más polivalente del mundo. Pero hay algo por lo que sin duda creemos que The King debe ser recordado durante el 2015, y es que siendo un jugador tan acostumbrado a convivir con la figura del “hater”, incapaz de reconocerle sus méritos, la imagen de James acalambrado, deshidratado y con las energías justas en sus piernas tras el extenuante esfuerzo de luchar con unos muy mermados Cavaliers ante unos pletóricos Warriors ha hecho que incluso sus más acérrimos detractores se hayan rendido ante la evidencia de que hablamos de un jugador que destila puro baloncesto por cada poro de su piel. Para la historia quedan sus 32.5 puntos, 11.5 rebotes, 8.8 asistencias y 1.3 robos por partido durante las finales, que abrieron el debate sobre si James debería recibir el MVP pese a estar en el equipo perdedor, por segunda vez en la historia tras Jerry West en el 69 (curiosamente, el primer año que se otorgaba este galardón) Sí, Curry manda, pero la insobornable resistencia de LeBron le da, si cabe, aún más mérito.     



LeBron contra el mundo





ANDRES NOCIONI: Teníamos claro que el tercero de la lista debía ser un jugador del Real Madrid, no podría ser de otro modo dado el fastuoso año blanco. Teníamos tres opciones: Ayón, Maciulis y Nocioni. Los tres fueron hombres clave para Laso, y los tres brillaron en verano con sus selecciones integrando los quintetos ideales de sus respectivos torneos continentales de naciones. Ayón era quien menos nos convencía, pese a ser un baluarte madridista que se convirtió en el máximo reboteador del Torneo de Las Américas en la edición de 2015, y que ha tenido un buen comienzo de temporada dentro de un dubitativo equipo blanco. Teníamos sin embargo muchas ganas de meter a Maciulis, ya que aún recordamos su impresionante exhibición aquel domingo noche ante Georgia en octavos de final, echándose a toda Lituania a las espaldas para firmar 34 puntos y 6 rebotes que significaron seguir vivos para finalmente alcanzar la plata. Pero tras deliberaciones varias, el “Chapu” Nocioni ha sido nuestro elegido, y es que ese MVP de la Final Four es sin duda un argumento de peso. Con 35 años al argentino jugaba la primera final a cuatro europea de la historia, y lo hacía con la ilusión de un veinteañero a punto de comerse el mundo. Sus números ante Fenerbahce y Olympiacos no es que fueran especialmente refulgentes (12 puntos y 6.5 rebotes por partido, 18 de valoración media), pero su intensidad a ambos lados de la cancha y sus ganas saliendo desde el banquillo contagiaron a sus compañeros. En el momento decisivo y más deseado por todos los madridistas, el Chapu hizo olvidar completamente a un Mirotic al que siempre se le reprochó, precisamente, esas dosis de coraje en partidos de ese pelaje. Para el recuerdo sus impresionantes “gorros” a Goudelock o Bjelica que encendieron las gradas del Palacio de Los Deportes durante aquel inolvidable fin de semana en Madrid. Por si fuera poco se colgó otra medalla con su selección, una plata en el Torneo de Las Américas que significa billete directo a los Juegos de Río.   






Nocioni, héroe en Madrid.



martes, 19 de mayo de 2015

Y EL MADRID INTERPRETÓ SU NOVENA




¡Campeones de Europa!



A la tercera fue la vencida, en una Final Four apasionante y con un nivel de juego más que aceptable teniendo en cuenta que en estas citas, por desgracia, el miedo a perder atenaza en exceso a los equipos y se suele practicar un baloncesto a cara de perro no demasiado agradable para el espectador. El Real Madrid, tras sus dos anteriores intentos frustrados, demostró en esta ocasión que sin perder de vista su estilo ni identidad, ya tiene el callo suficiente para saber pelearse en estas lides ante un rival tan experimentado en finales a cuatro como el Olympiacos. 

Y es que hay que hablar también del conjunto griego, un más que digno finalista que apeó de la gran final a un CSKA que una vez más y con la vitola de favorito a cuestas fracasó en la final a cuatro, demostrando que Europa definitivamente se le resiste pese a contar, año sí y año también, con el presupuesto más alto de la Euroliga. Itoudis, quien ganara cinco títulos continentales como asistente de Obradovic ha sido incapaz de insuflar alma a un equipo ruso cuya apatía en los momentos decisivos, personalizada sobre todo en sus dos grandes estrellas, Teodosic y Kirilenko, ha sido la actitud más opuesta posible a la de un siempre enchufado, combativo y peleón Olympiacos. Poco le importó al equipo de Sfairopoulos el mal partido de su estrella Spanoulis, quien falló sus once primeros tiros de campo. Sostenidos por un gran Printezis (14 puntos y 8 rebotes), los helenos no le perdían nunca la cara al partido. La máxima diferencia para los rusos no llegaba más allá de los 8 puntos (47-39 en el minuto 27) coincidiendo con los buenos minutos de Nando De Colo (18 puntos y 4 asistencias) Un parcial de 2-8 metía a los del Pireo nuevamente en el partido. El CSKA volvía a estirar el chicle, y a falta de cuatro minutos se volvía a la renta de ocho puntos (59-51) e incluso una canasta de Kaun ponía un 61-52 que en el minuto 37 parecía ya insalvable. Sloukas, en tiros libres, y De Colo, anotaban dos puntos para cada equipo, con lo que se mantenían los nueve de diferencia (63-54) Fue entonces cuando el tres veces MVP de la Final Four, Vassilis Spanoulis, se transformó de nuevo en el Demonio de Larissa. Su primer triple fue sólo un anticipo de lo que se avecinaba. Llevaba hasta el momento únicamente dos puntos anotados en tiros libres. Finalizaría el partido con 13 después de anotar 11 en los tres últimos 3 minutos, con 3 triples y una canasta de 2. Finalizó con un discretísimo 3 de valoración, por culpa de su 4 de 11 en tiros de campo… y sin embargo fue el héroe del partido. Otro episodio épico del club ateniense en Euroliga, y otro capítulo más en la excepcional carrera del genio llamado Spanoulis. Definitivamente enemigo número 1 de un CSKA que no pudo tomarse la revancha de la mítica final del 2012 

Con la satisfacción del deber cumplido veíamos al base-escolta griego en las gradas del Palacio asistiendo al segundo partido de la Final Four. Habitual estampa familiar con su mujer y sus hijos. Ella, embarazada, lo cual hacía encender las alarmas de los rivales. Y es que se da la curiosa circunstancia de que sus anteriores vástagos vinieron al mundo en 2009, 2012 y 2013, justo después de que su padre se coronase campeón de Europa y MVP de la Final Four. Pero en el Real Madrid no estaban para cábalas inseminatorias, bastante tenían con solventar la dificultad de enfrentarse a un Fenerbahce plagado de recursos y centímetros.     


La maldición del inseminador


Obradovic demostraba respeto de salida, dando la titularidad a un jugador secundario en su rotación como es el joven escolta Sipahi, encargado de frenar a los exteriores blancos, especialmente Llull. Carroll, por su parte, demostraba su evidente evolución defensiva con un magnífico trabajo frente a un Goudelock quien pese a acabar con 26 puntos no fue tan determinante como se esperaba, ya que en los primeros compases apenas vio aro gracias a la defensa del mormón, y la mayoría de sus puntos llegaron con el partido ya muy inclinado para los blancos. Quien sí mortificaba al equipo de Laso era Vesely. Con sus 8 puntos en un primer cuarto favorable para los turcos (20-21) demostraba la dificultad que supone para cualquier equipo defender a un siete pies que juega de alero. Y eso que no había aparecido Bjelica, quien finalmente no sería lo decisivo que su equipo hubiera deseado, incluso perdiendo las formas y siendo descalificado por una técnica en el último cuarto. Triste papel para el jugador que ha sido elegido MVP de la fase regular del torneo.  

El segundo cuarto vio al Real Madrid desplegar los mejores minutos de toda la Final Four, una exhibición de diez minutos que encarriló la victoria madridista con un salvaje parcial de 35-14. De hecho los blancos sólo ganaron ese cuarto, pero les fue suficiente para llegar a la final. Y fue la segunda unidad la responsable, además de un titánico Gustavo Ayon (llevaba 24 de valoración al descanso) Nocioni, Maciulis, Rivers y el citado Ayon, con Sergio Rodríguez llevando la batuta, obraron el despegue madridista. El lituano se vació en defensa, el pívot mejicano convertía en canastas todo lo que tocaba, el Chapu Nocioni ponía el carácter y el Chacho, en la dirección, conectaba una y otra vez con la pareja interior en vista de su buen rendimiento. Era un Madrid granítico que negaba el aro al rival, el Fenerbahce no lograría su primera canasta en juego hasta mediado el cuarto. Pero lo mejor aún estaba por llegar. K.C. Rivers llevó el éxtasis a las gradas con cuatro triples que desataban la tormenta perfecta sobre las filas del cuadro de Estambul. El Real Madrid cogía velocidad de crucero y se marchaba a los vestuarios con un incontestable 55-35. 20 puntos de ventaja y un dato asombroso: ni una sola perdida de balón durante los dos primeros cuartos.

El botín era suculento, pero había que cerrar el partido y erradicar una posible rebelión turca tras el descanso. Dos triples, uno de Llull y otro de Rudy, en los dos primeros ataques del tercer cuarto estiraban aún más la diferencia con un solo minuto del acto transcurrido. Jaycee Carroll se uniría a la fiesta con otra canasta desde esa distancia. El marcador comenzaba a recordar a la paliza del pasado año infligida al Barcelona en las semifinales de Milán. Igualmente la duda se instalaba en el imaginario madridista: “¿estaremos gastando hoy todas las balas?” Sin embargo, de ahí al final, el partido no iba a ser el paseo imaginado. Obradovic no estaba dispuesto a que la primera participación de un equipo turco en una final a cuatro ofreciese una imagen tan pobre. El Fenerbahce, pese a lo descomunal de la diferencia, iba a luchar hasta el final. Bogdanovic primero y Goudelock después se echaron el equipo a la espalda para hacer más decoroso el marcador hasta reducirlo a los nueve puntos de diferencia final. Pero la realidad es que no parecieron inquietar a los madridistas, a pesar de los problemas en faltas personales de los interiores blancos. Con Slaughter, Reyes y Ayon eliminados Laso tuvo que recurrir a un Bourousis que sigue mentalmente fuera del equipo (aunque el domingo ofreciera buenos minutos) Por otro lado, de no haberse desatado el infierno ofensivo del segundo cuarto, el encuentro no hubiera sido tan plácido para el Real Madrid en su segunda parte. De modo que el choque dejaba razonables dudas. El equipo de Laso había ofrecido un baloncesto de muchísimos quilates… pero sólo durante un cuarto. 

Dos días después la fiesta continuaba con CSKA y Fenerbahce cumpliendo el trámite de jugar el intrascendente partido por el tercer puesto. Los turcos parecían no estar por el asunto, yéndose a los vestuarios con un contundente 24-48 en contra. Llamada al orden de Obradovic y el Fenerbahce que reaccionó en la segunda parte, llegando incluso a empatar el partido a 77 a falta de tres minutos para el final. No culminaron la remontada y el CSKA, sin Teodosic (y sin comunicación oficial sobre su ausencia, se habla de posibles molestias musculares), cierra el podio continental, gracias a De Colo (17 puntos) y Aaron Jackson (12 puntos y 6 asistencias) El galo y el ex del Unicaja han sido de lo más positivo de un equipo ruso en el que vuelve a quedar señalado el mencionado Milos Teodosic, jugador de una calidad indiscutible pero con una preocupante facilidad para evaporarse en las grandes citas. Vuelve a sonar como futuro fichaje de relumbrón madridista. Espero que en la entidad blanca se lo piensen. Bjelica, a pesar de las dos derrotas, se quitó la espina del viernes dejando una soberbia actuación individual (18 puntos, 10 rebotes, 3 asistencias y 3 robos)  

Y llegó el momento esperado por todo el madridismo, desde la derrota en Londres en la final de 2013 ante el mismo rival que les esperaba en Madrid, y desde la siguiente oportunidad perdida en Milán frente al Maccabi Tel Aviv. Pablo Laso y su roster han trabajado muy duro con el objetivo de volver a asaltar el cetro continental. Era su tercera final consecutiva. Algo histórico y que deja a las claras la regularidad del proyecto Laso, pero que necesitaba de una vez consagrarse con un título que pudiese eliminar cualquier etiqueta de perdedores para un grupo de jugadores que llevaban largo tiempo esperando este momento, con el capitán Felipe Reyes a la cabeza. El  tercer grande de la Generación del 80 tras Pau Gasol y Juan Carlos Navarro ya tiene el título que le faltaba. Lo merecía. 

El Olympiacos buscaba el más difícil todavía. Después de Estambul en 2012 (final ante CSKA) y Londres 2013 (final ante Real Madrid), volver a tumbar al ganador de ocho copas de Europa en una finalísima en su propio feudo suponía un reto extraordinario para cualquier equipo que no tuviese en sus filas a ese hacedor de milagros llamado Spanoulis. Los griegos se certificaban como pesadilla y bestia negra para el CSKA Moscú. Quedaba por ver si sucedería lo mismo con el Real Madrid, por mucho que la pasada temporada los blancos les eliminasen en cuartos de final tras una intensa serie a cinco partidos.  

No hubo sorpresas en los cinco titulares, repitiendo de salida los jugadores que comenzaron las semifinales. La vieja guardia griega (Spanoulis, Mantzaris y Printezis) junto al fajador Dunston y el “falso” titular Darden (suele salir de inicio pero luego apenas cuenta para Sfairopoulos) por un lado, y Llull, Rudy, Ayon, Felipe y Carroll por los locales. El escolta de Laramie, como en semifinales, era el hombre asignado por Laso para defender al mejor anotador de los helenos, como sucediera con Goudelock en semifinales. Carroll ha tenido una actuación muy notable durante esta Final Four tanto en defensa como en ataque y ha sido uno de los hombres clave para la consecución del título. Hay que reconocer que de salida el Olympiacos logró imponer un ritmo más propicio para sus intereses, llevando el partido a terrenos duros y físicos, especialmente en la zona, donde el Madrid se estrellaba una y otra vez en cada ocasión que intentaba meter un balón interior. Por tanto el 6-1 de inicio, tras un espectacular mate de Rudy al alcanzar un rebote ofensivo fue una ilusión pronto disipada por el buen trabajo griego, eficiente atrás y encontrando en Matt Lojeski a su revulsivo ofensivo. 10 puntos anotó el belga en un primer cuarto que finalizaba 15-19 para Olympiacos.   

Como sucediera ante Fenerbahce, el segundo acto fue clave para el devenir del partido, sólo que en esta ocasión sin el brillo ofensivo de las semifinales. El Madrid se puso el mono del trabajo, y en unos minutos en los que a ambos equipos anotar les costaba un mundo hacía falta la aparición de algún héroe inesperado que liberado de presión arrojase luz en un partido demasiado trabado y oscuro. Esa figura la encarnó Jonas Maciulis. Dos triples frontales sacados desde muy arriba evitando el punteamiento del defensor metieron a su equipo definitivamente en el partido e incluso permitieron las primeras ventajas del cuarto. El lituano anotó ocho puntos en ese segundo parcial, cerrado por otro triple de Rivers que demostraba que aún se había guardado alguna bala tras su exhibición del viernes. El marcador de aquellos diez minutos había sido 20-9, lo que ponía un resultado total de 35-28. A partir de la defensa y los triples de Maciulis el Real Madrid encontraba el camino. 

Nos hemos referido durante esta temporada en varias ocasiones a lo bien que sienta al equipo de Laso el paso por los vestuarios, realizando terceros cuartos soberbios en los que suele encarrilar sus victorias. No fue así en esta ocasión, de hecho el tercer periodo ofreció los mejores momentos de los griegos. Y eso que un parcial de 5-1 (canasta de Llull y triple de Rudy, por un tiro libre de Mantzaris) estiraba la diferencia hasta once puntos (40-29) Pero si hay un equipo al que nunca puedes dar por muerto es el Olympiacos, siempre llamado a épicas remontadas para el recuerdo. Con un parcial de 0-10 se pusieron por delante (40-41) llevando el delirio a los aficionados griegos y la congoja a los locales. Sloukas se echaba el equipo a la espalda, Lojeski seguía demostrando su facilidad anotadora, y en ausencia de Spanoulis, siempre bien vigilado, aparecía su fiel escudero Printezis. En el ambiente se comenzaba a respirar cierto “deja vu”. Una película que ya habíamos visto. Uno de los púgiles, el griego de calzón rojo, se iba varias veces a la lona pero en ningún momento recibía el KO, para recuperarse y en un emotivo final acabar alzando los brazos como campeón. Era una lucha contra la historia reciente, contras los propios fantasmas que han azotado el basket madridista en las tres últimas temporadas. Se necesitaba, una vez más, alguien que sintetizase una mezcla de fe y ausencia de miedo, de decisión y de inconsciencia, tal y como hiciera Maciulis antes del descanso. Alguien, en definitiva, a quien no le temblase el pulso. Con Jaycee Carroll en la cancha, ya pueden imaginar quien decidió arrogarse tal papel.   

Su primer triple llegaría tras fallo del Chacho y rebote ofensivo de Ayon. Acto seguido otro a pase de Slaughter, demostrando la importancia del juego dentro-fuera, y aún otro posterior escorándose para zafarse de la defensa de un impotente Spanoulis que ponía en pie al rey Felipe VI incrédulo ante la exhibición del tirador de Laramie. Aún anotaría otra canasta más, de dos puntos, y robaría un balón a un Spanoulis al que le ganó claramente la partida, para servir un contrataque claro a Sergio Rodríguez. La magia de Carroll dejó las cosas como estaban antes del descanso, ya que se cerraba el cuarto con el Real Madrid siete arriba de nuevo, 53-46. Carroll, el héroe que había sofocado la rebelión, y una nueva reivindicación de la figura del tirador, ese jugador a veces loco y anárquico capaz de poner de los nervios a sus propios aficionados, pero igualmente capaz de reventar partidos.     


Jaycee destapó las esencias


El cuarto definitivo se abría con un triple de Nocioni que ponía los diez puntos de ventaja. El argentino anotaría otro que volvía a poner la decena a tres minutos del final y que ya, sin ninguna duda, le hacía acreedor de un merecídisimo MVP de la Final Four. En general el Real Madrid no pasó apuros durante el último parcial, manteniendo siempre unas distancias entre 6 y 10 puntos, suficientes para controlar el partido, pero también indicadoras de que no cabía la relajación y había que cerrar el partido. Finalmente los griegos parecieron bajar los brazos y Sergio Rodríguez campó a sus anchas para establecer una rotunda diferencia final de 19 puntos. El Real Madrid, con toda justicia, campeón de Europa. 

Se dice que la victoria tiene muchos padres y la derrota es huérfana. La cita se refiere a lo fácil que nos colgamos medallas, pero lo igualmente rápido que nos lavamos las manos y declinamos responsabilidades cuando vienen mal dadas. No así el juicio exterior, que siempre encuentra culpables y suele ser en la figura más débil. Tenemos muy claro que de haberse producido una nueva derrota en esta final todas las miras irían en la misma dirección: Pablo Laso. También tenemos claro que aun habiendo perdido Laso seguiría siendo un magnífico entrenador para el Real Madrid con un gran trabajo realizado. Jugar tres finales de Copa de Europa consecutivas es una absoluta barbaridad. No obstante, aquellos quienes piensen que Laso hubiera sido máximo responsable de la derrota, en un ejercicio de coherencia deben considerarlo igualmente máximo responsable de la victoria. Para nosotros así es y por eso ayer quisimos dedicarle la primera entrada post-Final Four. Pero en este caso sí que es cierto que es una victoria con muchos padres. Hay que acordarse de Herreros y Juan Carlos Sánchez, a los que se les ha atizado sin piedad por haber construido un equipo campeón. Nocioni, Ayon, Maciulis y Rivers, cuatro jugadores fichados esta temporada, han resultado decisivos en la máxima cita continental. Se ha fichado bien, y sin perder las señas de identidad del equipo se ha apuntalado los defectos que quedaron al trasluz, sobre todo en cuanto a dureza mental, en las dos finales perdidas anteriormente. Hay que felicitar a los jugadores, del primero al último. Todos ellos generosos en la cancha independientemente del minutaje concedido. Los dos sergios han dirigido bien y aunque no han tenido tantos focos como en otras ocasiones han sabido buscar a los compañeros más calientes en cada momento. En las alas Carroll, Rivers y Maciulis han sido fundamentales tanto en ataque como en defensa. Rudy no ha sido todo lo estelar que se podría esperar en una cita como ésta, pero precisamente hay que valorar como ha sabido estar en un segundo plano pese a ser, mediáticamente, la estrella del equipo. Felipe Reyes, el gran capitán, ha jugado dos de sus peores partidos de su larga carrera, pero en ningún momento ha antepuesto su participación individual al éxito colectivo. Slaughter ha vuelto a responder a la confianza de Laso. Su intensidad y defensa le convierten en un seguro para este equipo. Ayon deslumbró en semifinales, y Nocioni ha sido el mejor por juego y carácter. Hasta Bourousis ha parecido aparcar su apatía habitual para aportar con los pocos minutos que ha tenido. Tampoco hay que olvidarse de Facundo Campazzo, empujando desde el banquillo y haciendo piña, ni de Salah Mejri, que aunque descartado para esta Final Four es otro campeón de Europa con todas las letras. Laso, arquitecto e ideólogo de este equipo de ensueño, demuestra su madurez como técnico. Cada vez mejor entrenador, más versátil, y capaz de ir solucionando cada problema que se le presenta (Felipe Reyes se cargó con dos faltas personales en el primer minuto de semifinales, por poner un ejemplo) Ha logrado tener enchufado a todo el grupo sin caer en la sobreexcitación. Es el triunfo de un baloncesto deslumbrante en la pista, pero humilde y tranquilo en las formas. Es el éxito del buen juego, desacomplejado, rápido y abierto, por encima de sesudas y plomizas tácticas que asfixian el talento de los jugadores. Como los mejores directores de cine, Laso ha dejado que lo bueno sea lo que vemos delante de la cámara.   

Se dice que lo difícil de verdad no es llegar, si no mantenerse. El reto ahora para Laso y sus jugadores es conservar el hambre una vez que se ha alcanzado lo máximo a lo que se puede aspirar a nivel de clubes. Se les va a exigir en base al listón actual, lo cual llegará un momento en el que no sea del todo justo, simplemente porque hay que entender que en la vida hay que cumplir ciclos, y eso implica que alguno de esos ciclos sea un ciclo perdedor, por mucho que le cueste aceptarlo al madridismo. Esa será otra historia, sin duda, ahora toca disfrutar y celebrar en la medida de lo posible en un club con tan poca memoria y para el que lo conseguido ayer ya no importa al día siguiente. Después de 20 años de la última conquista del cetro europeo, bien harían en saber valorarlo como se merece y no volver a cargar a este grupo de urgencias que no hacen sino lastrar las auténticas posibilidades de un equipo para la historia.     

Enhorabuena también al equipo junior igualmente campeón del torneo con un Luka Doncic (elegido MVP) de quien asusta pensar donde puede estar su techo.  



El Madrid y sus dos mvps, Doncic y Nocioni




EL QUINTETO DE LA FINAL FOUR: 

SERGIO RODRÍGUEZ (REAL MADRID) 12 ptos y 5.5 asists por partido. 12 valor.
ANDREW GOUDELOCK (FENERBAHCE) 25 pts, 4 rebs y 3.5 asists p.p. 24 valor.
NEMANJA BJELICA (FENERBAHCE) 14.5 pts, 7.5 rebs, 2.5 asists y 2 robs. 19 valor.
ANDRES NOCIONI (REAL MADRID) 12 pts, 6.5 rebs y 1.5 asists. 18 valoración.
GEORGIOS PRINTEZIS (OLYMPIACOS) 12.5 pts, 5 rebs y 3.5 asists. 16.5 valorac. 


ENTRENADOR: 


PABLO LASO (REAL MADRID)