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miércoles, 28 de octubre de 2015

CUATRO LÁGRIMAS





Dawkins, en su etapa en New Jersey, y Malone, en Philadelphia, batiéndose el cobre. Dos colosos que nos dejaron este año.




La actualidad baloncestística va tan deprisa que hay noticias sobre las que muchas veces pasamos de puntillas, noticias, además, que son las que menos nos gusta dar. Por eso preferimos reflejar el lado más vitalista del baloncesto, pero desde luego no podemos descartar su lado más humano, el cual a veces resulta el más amargo, ya que como todo lo relacionado con lo humano, la muerte juega un papel siempre presente. Por eso hoy queremos dedicar esta entrada a rendir nuestro pequeño homenaje a cuatro grandes nombres del deporte de la canasta que nos han dejado en recientes fechas. Van por ellos estas cuatro lágrimas. 


Primero nos dejaba un jugador muy especial. El 27 de Agosto fallecía el mítico Darryl “Gorila” Dawkins (también conocido como "Chocolate Thunder", apodo que le puso Stevie Wonder) tras fallarle su corazón a los 58 años. Dawkins se hizo famoso por su contundencia a la hora de machacar los aros rivales, llegando incluso a destrozar el tablero en más de una ocasión. Pero además de eso fue durante los primeros años de su carrera profesional uno de los mejores pívots NBA de finales de los 70 y primeros de los 80. Su mejor temporada la firmaría en New Jersey en la 1983-84, con 16.8 puntos, 6.7 rebotes y 1.7 tapones por partido. Lastrado por las lesiones, emprendió finalmente su aventura europea, jugando en clubes italianos siendo la más recordada su participación en el Olimpia Milano, con quienes jugó la Final Four de 1992. Sus 19 rebotes (record en un partido de Final Four) en semifinales no bastaron para derrotar a un Partizan que posteriormente ganaría el título europeo en la final al Joventut de Badalona, comenzando la leyenda de Obradovic. Posteriormente siguió vinculado al baloncesto como entrenador, no en grandes categorías (equipos femeninos de instituto, y en una liga ya desaparecida conocida como la IBA) Pero sobre todo será recordado por ser un jugador descomunal a la hora de atacar el aro anticipando el espectáculo de los grandes matadores posteriores. Un pionero en ese sentido.     




Dawkins, el terror de los tableros.





Mucho mayor es la leyenda de Moses Malone. Figura evocadora para los de mi generación de aquella primera NBA que comenzábamos a seguir “cerca de las estrellas”. Un tipo cuyo nombre ya resulta irresistiblemente “cool”, y que fue una de las grandes estrellas de su época. Comenzó su carrera en la mítica ABA, y después de ser dos años MVP de temporada regular vistiendo la camiseta de Houston Rockets recaló en Philadelphia en la temporada 1982-83 (justo en la que Darryl Dawkins dejó el equipo de la ciudad del amor fraternal) Con los 76ers alcanzaría la gloria de ser campeón en un inolvidable equipo junto a jugadores como Maurice Cheeks o Julius Erving. En total ganó 3 MVP de temporada regular, 1 MVP de finales, 1 anillo de la NBA, y fue 12 veces All Star. Directamente uno de los mejores de la historia, y por supuesto miembro del Hall of Fame. A lo largo de su amplia carrera como profesional (jugó hasta los 40 años de edad) dejó unas medias de 20,6 puntos y 12,2 rebotes por partido. Ahí es nada. El 13 de Septiembre nos dejaba tras sufrir un ataque al corazón con 60 años de edad. Descanse en paz, mito y leyenda.     
  



El Dr. J y Mo Malone, aquellos 76ers... 






 Especialmente doloroso ha sido el adiós a Nate Huffman, por lo prematuro de su muerte (tan sólo 40 años) y por su vinculación con el baloncesto de nuestro país, ya que en la temporada 1998-99 pudimos disfrutar de su calidad en Fuenlabrada, donde dejó unas medias de 12,5 puntos y 8,2 rebotes por partido, para una valoración media de 18,1. Numerazos con los que dio el salto al Maccabi Tel Aviv. A finales de Septiembre conocíamos que padecía un cáncer avanzado con metástasis en hígado, pulmones y riñones. El 15 de Octubre fallecía. Durísima noticia especialmente sentida en Fuenlabrada y Tel Aviv.     




Huffman, llorado en España e Israel



Y el maldito cáncer también se ha llevado a un grande de los banquillos. Flip Saunders padecía un linfoma de Hodgkin, debido al cual sabíamos que no entrenaría la presente temporada a su equipo, los Minnesota Timberwolves. Lo que no esperábamos era un desenlace tan rápido y cruento, y es que el pasado domingo 25 de Octubre conocíamos la noticia de su fallecimiento, a los 60 años y todavía con muchísimo magisterio que regalar, sobre todo ahora que tenía en sus manos una plantilla tan joven y con tanto diamante por pulir como los actuales Timberwolves. Ha sido la franquicia de Minneapolis a la que más vinculado ha estado, ya que ha estado sentado en su banquillo como entrenador jefe nada menos que durante once temporadas. Una primera etapa, de 1995 a 2005, en la que llegó a disputar las finales del Oeste de 2004, y esta actual que desgraciadamente sólo ha durado un curso. Entre medias pasó por Detroit y Washington, siendo sus tres años en la MoTown de buen recuerdo para los aficionados al equipo de la ciudad del motor, ya que llevó a los Pistons a tres finales de conferencia consecutivas, y en la temporada 2005-2006 consiguió el record de victorias en temporada regular de la franquicia, con un balance de 64-18 (superando el 63-19 que poseían los Bad Boys de la 1988-89 dirigidos por el mítico Chuck Daly) Uno de los grandes. Descanse en paz, también, el bueno de Flip Saunders.     




Los jóvenes lobos pierden a su maestro.




Cuatro hombres de baloncesto, con carreras distintas e impacto diferente en la historia de este deporte, y cuyos fallecimientos nos dejan a los aficionados un poquito huérfanos. El balón sigue botando, pero hoy queríamos recordarlos. Que pervivan siempre en nuestra memoria.  



lunes, 19 de mayo de 2014

EL CALLO



So fucked up



El sueño madridista de levantar la novena copa de Europa tendrá que esperar, al menos, una temporada más. El histórico Maccabi Tel Aviv de David Blatt vuelve a reinar en el Viejo Continente, con un técnico que ya es campeón de Europa de selecciones y de clubes, y que demuestra una vez más que los favoritismos no sirven de nada en esta competición. 

Hace poco más de un mes, el pasado 16 de Abril, el flamante campeón de Europa visitaba un Mediolanum Forum de Milán que para siempre será ya una cancha talismán en la historia del conjunto hebreo. Abría su serie de cuartos de final contra un Emporio Armani que contaba a favor con el factor cancha, así mismo como con la presión añadida de ser anfitriones de cara a la final a cuatro. En un espectacular partido, prórroga incluida, los de Blatt ponían el 0-1 en la eliminatoria y rompían el factor cancha a las primeras de cambio. Tyrese Rice, nuevo héroe macabeo, contribuía con 17 puntos a la victoria visitante, pero era Ricky Hickman, espectacular con 26 puntos y 36 de valoración quien se llevaba los máximos honores. Los de Blatt sólo habían necesitado cinco rebotes ofensivos para conseguir tumbar al Milán. Ayer al Real Madrid les birlaron 19 rechaces en su propio aro.  

La maldición del anfitrión se consumaba una vez más (Madrid 2008, Barcelona 2011, Estambul 2012…) y el Maccabi se metía entre los cuatro aspirantes al título. Ya teníamos cenicienta, convidado de piedra, perita en dulce, como lo quieran llamar. El equipo que ya bastante había hecho con llegar ahí y viajaba a la cita definitiva sin presión, pero con el peso de una camiseta histórica y con una afición incansable detrás, imbuyendo a los jugadores de una fe en sus posibilidades a la postre decisiva para no sólo no ser echados en ningún momento de la pista por dos escuadras tan poderosas como los actuales CSKA Moscú y Real Madrid, si no para incluso acabar levantando contra pronóstico la copa de campeones. Otra vez contra pronóstico, como el Olympiacos durante las dos últimas temporadas.   

¿Se imaginan a Ettore Messina viendo como a una de los mejores plantillas que ha tenido en los últimos tiempos le remontan 15 puntos de ventaja en poco más de un cuarto? Sucedió en el partido que abría la final a cuatro. El CSKA llegaba a mandar por 55-40 a punto de finalizar el tercer acto y parecía tener encarrilado su pase a la finalísima. No contaban con la muñeca de un veterano como David Blu (anteriormente conocido como David Bluthental) quien en la que ya ha anunciado que va a ser su última temporada en activo como jugador profesional de baloncesto decidió vestirse de héroe para asestar cinco triples como puñaladas mortales en el corazón de un equipo moscovita incapaz de responder ante la furia amarilla. El milagro Blatt, ese entrenador que rompe los pronósticos constantemente y sigue engordando un palmares de leyenda sin realmente haber estado al frente de los mejores equipos ni presupuestos, se producía de nuevo, encarnado esta vez en la figura de un loco sin miedo llamado Tyrese Rice, quien inscribe su nombre para siempre en la historia de la mejor competición del baloncesto continental. El exterior virginiano se lanzaba hacia la canasta rusa aprovechando la perdida de Khryapa (y precisamente Khryapa, el jugador más simbólico del actual CSKA) para certificar otra remontada histórica que quedará en los anales de una competición acostumbrada en los últimos tiempos a descubrirse ante hazañas de este tipo y épicas remontadas. Se llama dar el callo, un callo que tienes que tener trabajado después de muchas comparecencias en estas citas entre los mejores. El Maccabi, que duda cabe, lo tiene.     


El fin de semana de Rice. Primero cargándose al CSKA.


Saltaba la sorpresa y el duelo fraticida entre los dos representantes españoles cobraba mayor calidad de final anticipada que nunca. El Barcelona salía dispuesto a darnos la razón a quienes habíamos asegurado que llegaban en un mejor momento de forma que los blancos. Un espejismo. El Real Madrid de Pablo Laso dejaba un partido para la historia. Uno de esos encuentros que habrá que enseñar a las generaciones posteriores para demostrarles a que jugaba este equipo. Es cruel pensar que un partido así no haya servido para nada. Nos negamos a pensar así. El equipo blanco dio una exhibición de buen baloncesto, juego colectivo y sacrificio colectivo, en el que aún así había que centrarse en algunos nombres propios, especialmente Sergio Rodríguez, demostrando porque era el MVP de la temporada en Euroliga, y Nikola Mirotic, reivindicándose en el mejor escenario posible. Como digo, partido para las hemerotecas y que con el tiempo será recordado como merece, pese a suponer la antesala de otra decepción madridista, y no de la reconquista europea. El Real Madrid había arrasado a todo un Barcelona, a un equipo que había visitado cinco de las últimas seis finales a cuatro (sólo se había notado su ausencia precisamente en la edición disputada en la Ciudad Condal en 2011), al equipo de Navarro, el devorador de títulos, de Lorbek, de Huertas, de Tomic, de Nachbar, o de Papanikolau, hombre clave en los dos últimos entorchados del equipo griego de Olympiacos. Y aún así la estadística dejaba un dato preocupante para los blancos, más allá del número, plasmado en una sensación que ya hemos comentado alguna vez en este blog cuando hemos analizado las (escasas) fisuras que puede presentar un equipo tan exuberante como este Real Madrid de Pablo Laso: la dificultad del equipo madridista para cerrar su propio rebote. Una debilidad a la postre definitiva en el partido final. 

Ettore Messina y Xavi Pascual. Uno en su décima Final Four, otro en su quinta participación en este evento. El italiano, con cuatro títulos a sus espaldas, el español, triunfador en 2010 dejando en la cuneta precisamente al CSKA Moscú en semifinales. Dos entrenadores con gen ganador. No se merecían el castigo de ese partido por el tercer puesto que la Euroliga debería pensar seriamente en suprimir. Aún así, había que pasar el trago, con un Barcelona quitándose la espina y Navarro (20 puntos en 17 minutos) recuperando sensaciones. Triste adiós de Messina en su CSKA (y quien sabe si en el baloncesto europeo) cerrando su participación como el peor equipo de los cuatro contendientes.     


El horror, el horror.


“Ganamos seguro”, decía Miguel Ángel Paniagua en Tiempo de Juego de la cadena COPE minutos antes de comenzar la gran final, con el consiguiente tembleque sufrido por vuestro amigo El Tirador, temeroso siempre de vender ninguna piel del oso antes de cazarlo y supersticioso hasta la médula (ni que decir tiene del horror producido ante la visión de Ana Botella e Ignacio González arropando a Florentino Pérez en el graderío italiano, tras su desastre olímpico, empeñados en alimentar el gafe) Y lo cierto es que el Madrid era muy favorito para ganar este partido. Tan favorito que la presión sobre las espaldas de los jugadores se podía pesar con una balanza. Laso y los suyos, no obstante, parecían cautos. El equipo de David Blatt había demostrado de lo que era capaz remontando heroicamente ante el CSKA y el Madrid sabía que para ganar había que dar el callo, que no iban a echarlos de la pista como si hicieron con un Barcelona desangelado. Rudy, generoso en el esfuerzo con un dedo roto, mostraba el camino hacia la gloria con cinco puntos consecutivos. Soltando los nervios. Los tres primeros lanzamientos del equipo blanco (excepto dos tiros libres de Rudy) venían desde más allá del 6.75 (sólo anotando Rudy, en la primera jugada del partido). La tendencia estaba clara. Los de Laso habían obtenido un descomunal 14 de 29 en triples frente al Barcelona dos jornadas antes. Nadie criticó aquel día el exceso de juego exterior del equipo de Laso, pero ahora se hace hincapié en la dependencia de ese tipo de lanzamiento por los blancos. Lo cierto es que el Maccabi comenzaba mejor el partido, repuestos del impacto inicial de Rudy, estiraban el marcador hasta un 7-13 que hacía ver a los blancos que aquello no iba a ser fácil (ya saben, el callo) Rudy seguía echándose el equipo a la espalda a pesar de su lesión y Felipe Reyes comenzaba su pequeño recital de lucha, coraje, puntos, rebotes, y callo, mucho callo. En un mal primer cuarto el Madrid se reponía gracias a un par de minutos de velocidad y de entrega por parte de su capitán.16-15.     


Horas antes del duelo.


Rudy volaba sobre el Maccabi para machacar el aro tras fallo de Felipe, así se abría un segundo cuarto en el que el Real Madrid jugaría sus mejores minutos y mostraría méritos para lucir un traje de campeón de Europa que le sigue esperando en los armarios de la historia del baloncesto. Slaughter, hundiendo el balón tras un alley-oop con el omnipresente Rudy, ponía la máxima diferencia en el marcador: 26-15. El Madrid, tímidamente, parecía que de nuevo iba a poner velocidad de crucero sobre el Mediolanum Forum, dirigido por el MVP Sergío Rodríguez y con dos jugadores que llevaban tiempo esperando esta cita como Rudy y Felipe. El gran capitán volvía a estirar la diferencia a 11 (33-22, minuto 17) El Maccabi sobrevivía gracias a los tiros libres y aparecía David Blu, otra vez él. Un impresionante triple sobre la bocina ajustaba el marcador a sólo dos puntos de diferencia, cerrando un parcial de 2-11 que metía a los de Blatt, exultante en la banda tras el triplazo de su jugador, en el partido. El técnico judío sabía del mazazo anímico que suponía aquello para los de Laso. El Madrid había sido muy superior en el segundo cuarto y sólo se llevaba dos puntos de renta a su paso por los vestuarios. 

El comienzo del tercer acto mostraba al Madrid mandando tímidamente, y a un Maccabi que comenzaba a tirar de sus mejores armas. Agotado el coloso Schortsanitis, los exteriores Hickman y Smith se hacían cargo de las operaciones. Fueron los teloneros de un Tyrese Rice que al poco comenzaría su espectáculo. Los macabeos sabían de la indolencia defensiva madridista cerrando su aro, y comenzaron un recital de penetraciones que, en caso de no obtener éxito, acababan en palmeos o rebotes ofensivos para un Alex Tuys engrandecido ante el agujero interior blanco. El partido estaba en el alambre. El Madrid no estaba cómodo, pero le bastaba para no perderle la cara a la final. El Maccabi no se descomponía. Era el momento de demostrar que se tenía callo en este tipo de partidos. 

El tercer cuarto finalizaba con un parcial de 20-20 que era fiel reflejo de la igualdad existente. La tensión a esas alturas era, sencillamente insoportable. Rice comenzaba a transmutarse en pesadilla blanca, con canastas como un triple que entra tras quedarse corto y botar en la parte frontal del aro. Era su día. No obstante parecía que los de Laso podían encarrilar el partido y vestirse de campeones. Sin lugar para las alegrías, y con el mono de trabajo puesto en ambos equipos (el callo, amigos, el callo), los triples de Mirotic y Sergio Rodríguez y una canasta de Darden abrían una pequeña brecha, un leve resquicio por el que se veía el sol, con 67-63 a falta de sólo tres minutos para el final. Era posible. Maccabi seguía recurriendo a lo mismo, penetraciones de Hickman y Rice. El base titular de Blatt recibía el tapón de un Mirotic por fin metido en el partido, pero recuperaba la bola (una constante durante todo el partido, los balones sueltos y sin dueño que acababan en manos hebreas) y no fallaba a la segunda oportunidad. Si lo hacía el ala-pívot montenegrino en el ataque siguiente, y Rice, quien si no, empataba el partido a 67. Un exhausto Rudy se unía a la serie de errores madridistas fallando su lanzamiento. Rice seguía lanzado hacia el aro rival, y aunque fallaba su ocasión ahí estaba Tyus en el rebote ofensivo para poner el 67-69. Zozobra blanca. Mirotic volvía a empatar el partido a 69. Blu ponía de nuevo por delante a los amarillos. Mirotic se la volvía a jugar. Fallaba. Rice no. 69-73 en el último minuto. El sueño se desvanecía. Pero el Chacho buscaba el milagro. Dos tiros libres suyos tras falta de Rice metían a los de Laso en el choque. El entrenador vitoriano se la jugaba en defensa (Darden y Slaughter por Chacho y Mirotic), y le salía bien, con Hickman errando y Rudy haciéndose con el rebote. El propio Rudy fallaría el ataque siguiente pero el rebote ofensivo, esa losa aplastante que acabaría sepultando al Madrid en esta ocasión le daba la vida, con Bourousis como héroe, sacando una falta personal a falta de 21 segundos. El griego hizo gala de nervios de acero para poner el 73-73 en el luminoso, y a sufrir en defensa. Que larga se hizo la posesión israelí, finalizada con un lanzamiento de Rice y Tyus, de nuevo, rozando el palmeo. El crono llegaba a cero y el Madrid seguía vivo. El baloncesto le daba una segunda oportunidad. Se jugaba la Euroliga en cinco minutos. 

Dicen que en una prórroga parte con ventaja el equipo que venía de atrás, espoleado anímicamente por llevar un partido que tenía perdido al tiempo extra. Quien formuló esta teoría no debía conocer a Tyrese Rice. Su enésimo triple volvía a poner por delante al Maccabi después de que Mirotic abriese el marcador en el tiempo extra. Bourosis volvía a responder desde el tiro libre, convertido ya en tabla de salvación madridista. Rice contestaba eliminando a Slaughter del partido, y castigando una perdida de Mirotic con otro triple. El propio jugador montenegrino volvía a anotar desde la línea de personal para dejar la desventaja en dos puntos. Turno para el Maccabi, lo cual era lo mismo que decir turno para Rice, quien viéndose defendido ante otra amenaza de penetración encontró un alley-oop para Tuys que volvía a poner cuatro arriba al Maccabi. La exhibición del base-escolta ampliaba sus registros, ya no sólo anotando si no asistiendo a los compañeros de manera letal. 79-83 y dos minutos por disputarse, con un Real Madrid cada vez con menos margen de error. Rudy se la jugó de tres, alguien tenía que hacerlo, y a partir de ahí la final se acabó para el equipo blanco. El Maccabi seguiría anotando en un carrusel de tiros libres dejando la diferencia final en unos doce puntos que suponían un castigo excesivo para un Real Madrid que sólo se descompuso en los dos últimos minutos. Maccabi, justo campeón. Desde aquel 16 de Abril en el que ponía el 0-1 en la serie de cuartos de final frente al Emporio Armani Milán en esa misma cancha lo suyo ha sido el triunfo de la fe… y del callo. 



Rice contra el mundo. Perdió el mundo.


Resulta difícil explicar porque al Real Madrid se le escapa por segundo año consecutivo un éxito para el que parecía destinado por calidad de plantilla y trabajo realizado durante toda la temporada. El pasado año hacíamos hincapié en la falta de experiencia blanca en este tipo de competiciones. El Madrid ha estado lejos de ser un habitual en las finales de cuatro, y esa falta de callo, que no sufre el Maccabi, una vez más ha sido decisiva. La imagen del equipo de Laso ha sido mucho más madura en esta final que en la de Londres. Pese a no encontrar su juego habitual, el Real Madrid ha estado prácticamente dentro del partido en todo momento, y pese al mal partido de algunos de sus mejores jugadores (especialmente Sergio Llull) ha demostrado que podía vencer al Maccabi sin tener que recurrir a su mejor versión. Si hubiera que buscar alguna clave, un detalle sustancial que haya apartado al conjunto madridista de su más preciado sueño, creo que ningún otro ha pesado tanto como el de no saber cerrar su rebote. Y eso si que es cuestión de callo. 


El proyecto de Pablo Laso, generoso con el espectáculo, necesitaba este triunfo para rubricar una apuesta que será despellejada sin piedad por los resultadistas. Una autentica lástima. El Real Madrid se consolida como uno de los grandes de Europa, pero vuelve a tropezar a la hora de subir el peldaño definitivo. No es poca cosa haber dominado el baloncesto nacional con la autoridad y el baloncesto desplegado por los blancos, pero falta ese puñetazo definitivo que mande de una vez a la lona a todo el baloncesto grisáceo y plomizo de los dictadores de la pizarra, esos que nos robaron la diversión argumentando que para ganar títulos sólo valía asfixiar la alegría del juego. Mientras el Madrid no aseste ese puñetazo la apuesta de Laso seguirá siendo una cuestión de fe para unos cuantos locos y enamorados de esto. Permítannos decir que nosotros estamos entre ellos. Seguimos creyendo en este equipo, en esta apuesta, y en este entrenador. El hombre que nos ha devuelto la ilusión y al que, a este paso, también le saldrá callo.     


Levántate y anda. Creemos en ti. 

viernes, 16 de mayo de 2014

MILAN CORONARÁ AL NUEVO REY DE EUROPA


La hora de la verdad para los cuatro finalistas.


Y en efecto, será nuevo, ya que el Olympiacos, campeón continental durante los dos últimos años de manera consecutiva, quedó apeado en cuartos de final tras una durísima eliminatoria contra el Real Madrid. No obstante y sea cual sea el resultado ninguno de los cuatro contendientes se estrenará como rey europeo, ya que todos ellos saben lo que es acceder al máximo cetro del continente. El Real Madrid en ocho ocasiones, el CSKA Moscu en seis, el Maccabi Tel Aviv en cinco (una de ellas en el 2001, cuando hubo dos campeones de Europa ya que hubo dos competiciones, Suproliga y Euroliga) y el Barcelona en dos, han levantado la copa más deseada. El equipo blanco es quien más tiempo lleva sin hacerlo (desde 1995), mientras que el Barcelona es el más reciente (2010) Estos son los dos partidos de los que saldrán los finalistas absolutos del domingo:


CSKA MOSCU-MACCABI TEL AVIV: Favoritismo claro para los de Messina frente al histórico equipo hebreo que ha sido el único capaz de romper el factor cancha en cuartos de final acabando con las aspiraciones de quien sería anfitrión Emporio Milán. Luego la ciudad italiana parece dársele bien al conjunto de David Blatt, un magnífico técnico al que le falta rubricar su palmares con un título de campeón de Europa de clubes (ya lo ha sido de selecciones, con Rusia en 2007) No sólo vemos favorito al equipo ruso para este partido, si no que nos parece el máximo candidato a campeón, ya que llega más fresco que sus rivales (la escasa exigencia de sus torneos domésticos se lo permite) y contará con mayor descanso de cara al domingo en caso de derrotar a los macabeos. Messina quiere despedirse del equipo con el que mayores logros ha conseguido en su carrera con otro título continental, después de anunciar que dejará el equipo rojo al final de temporada.


CSKA, A FAVOR:

-La experiencia de Messina, cuatro veces campeón y que disputa nada menos que su décima final four. Su hábitat natural.

-La plantilla más completa de Europa, con todos los puestos bien cubiertos y especialistas de distinto perfil.

-La escasa exigencia en número de partidos y calidad de rivales en competición doméstica les hace llegar en buen estado físico.


EN CONTRA:

-La presión de ser favoritos.

-Precisamente la poca exigencia en sus torneos caseros, pese a hacerlos llegar más frescos, les hace llegar menos experimentados ante las dificultades.


ATENCIÓN A:  

-Las defensas que ordene Messina (¿zona 3-2 match up?)

-Nenad Krstic, líder del equipo sin llegar a 20 minutos por partido. En Milán deberá subir minutos y prestaciones en pista.

-Victor Khryapa, el alma del equipo y el todoterreno de Messina.

-Sonny Weems, el único jugador con libertad para saltarse la pizarra de su técnico si su equipo necesita un golpe de efecto.

-Milos Teodosic, un genio con fama de perder finales. Sale de una lesión y muchas miradas estarán sobre él. 


MACCABI, A FAVOR:

-David Blatt. Siempre se "inventa" algo para sacar el máximo rendimiento a plantillas en apariencia inferiores.

-La falta de presión. Nadie cuenta con ellos y llegan como la cenicienta de la final a cuatro.

-Como el CSKA, su liga doméstica es un paseo.


EN CONTRA:

-Hombre por hombre, muy inferiores al CSKA.

-Al igual que le sucede al CSKA, la falta de exigencia en casa les hace estar menos preparados para las adversidades.


ATENCIÓN A:

-Ricky Hickman, motor del equipo en dirección y anotación.

-Schortsanitis y su pick and roll.

-El juego exterior, con grandes tiradores como Ingles, Smith, Rice y los viejos rockeros Blu y Pnini.  


El Chacho ha puesto la magia en esta Euroliga.




BARCELONA-REAL MADRID: El clásico de nuestro baloncesto, por segundo año consecutivo en una final a cuatro europea. Dinámicas contrapuestas. El Real Madrid ha hecho una temporada espectacular en juego y resultados, pero han evidenciado un bajón de forma en las últimas fechas. Por contra, el Barcelona ha ido de menos a más. Los de Pascual, en nuestra opinión, llegan mejor que los de Laso y los vemos favoritos para este choque. Sergio Rodriguez jugará como flamante MVP de la presente edición de la Euroliga.  


BARCELONA, A FAVOR:

-Muchísima experiencia. Quinta final four en los últimos seis años.

-Llegan en el mejor momento de la temporada. 


EN CONTRA: 

-Sinceramente no encontramos ningún hándicap para el Barcelona de cara a esta cita, más allá de la dificultad del rival, obviamente.      


ATENCIÓN A: 

-Juán Carlos Navarro. El jugador con más tablas de todo el torneo, nacido para este tipo de retos. Llega entre algodones.

-Ante Tomic. Elegido como el mejor pívot del torneo, afronta su tercera final four, segunda ante su ex –equipo. Momento de demostrar que no es sólo jugador de números, si no de títulos (y ante un equipo madridista que flojea en la defensa interior) 

-Kostas Papanikolau. Llega en un gran momento de forma a una competición que pese a su juventud conoce a la perfección. Puede ganar su tercera euroliga consecutiva.


REAL MADRID, A FAVOR:

-Tres años con Laso, sabiendo a lo que juegan, manteniendo el mismo bloque, y cada año subiendo un peldaño más en el juego.

-Hambre de gloria. Ningún jugador blanco ha ganado este título. Su técnico tampoco. 


EN CONTRA: 

-Pese a no llegar en su mejor momento y más allá de análisis como los de este blog, mediáticamente se le da como favorito para ganar el torneo. Presión añadida (e innecesaria)

-Falta de experiencia respecto a sus rivales.

-Físicamente llegan bastante justos.

-Draper sigue de baja. Un elemento menos en la rotación para Laso.

-Endeblez defensiva interior. 



ATENCIÓN A: 

-Sergio Rodríguez, MVP del torneo, Rudy Fernández, elegido en el quinteto ideal, y Sergio Llull. Posiblemente la mejor tripleta exterior del continente.  

-Pablo Laso y sus “inventos” defensivos (aleros altos sobre bases, Slaughter presionando a medio campo…), le suelen funcionar.


-Nikola Mirotic y los rumores sobre su marcha a la NBA. ¿Su última Euroliga? No llega en su mejor momento.    







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viernes, 5 de abril de 2013

TRES DE OCHO


Tres de ocho es el magnífico balance de nuestro baloncesto español en Euroliga. Tres equipos, Barcelona, Real Madrid y Caja Laboral, los cuales tratarán de acceder a la Final Four de Londres junto a las dos habituales escuadras griegas (Olympiacos y Panathinaikos), dos habituales en estas lides como Maccabi Tel Aviv y CSKA Moscú, y un Anadolu Efes salvando el honor turco. Un baloncesto el otomano que una temporada más ha visto como sus millonarias inversiones y fichajes de campanillas no les han garantizado el éxito, especialmente en el caso del Fenerbahce, la gran decepción de este Top-16, que se queda fuera de cuartos de final cuando desde muchos rincones del mundo del baloncesto (no ha sido nuestro caso) les daban como los grandes favoritos para levantar el cetro continental este curso. Analicemos un poco las distintas eliminatorias: 


BARCELONA-PANATHINAIKOS: Dos habituales de las últimas finales a cuatro que ven sus caminos cruzarse antes de lo deseado. El Barcelona, con factor cancha y un balance absolutamente escalofriante, 9-1 en la primera fase y 13-1 en el Top-16. Un total de 22-2 en Euroliga. Para meter miedo. La trayectoria de los griegos ha sido más “humana”, 6-4 en primera ronda y 9-5 en segunda. 15-9 en total. Aún así no será fácil para los hombres de Pascual, aquejado de numerosos problemas en su juego de aleros. Conocida la ausencia de Pete Mickeal para lo que queda de temporada, y sin Brad Oleson inscrito en Euroliga, suma a todo ello la baja por tres semanas de Xavi Rabaseda. Y luego los sempiternos problemas de Navarro, claro, que ayer mismo volvió a resentirse de la fascitis plantar y es duda para el partido de esta jornada en ACB. Del estado de forma del capitán blaugrana dependerá en gran medida el signo de esta eliminatoria, y las posibilidades de los Diamantidis, Schortsanitis y compañía de asaltar el Palau. Duelos vitales: Huertas vs. Ukic, Navarro vs. Diamantidis y Tomic vs. Schortsanitis. Lorbek puede ser clave ante forwards tan físicos pero inferiores en técnica como Gist y Lasme. Ojo a la aportación del “tapado” Tsartsaris en los griegos, veterano curtido en mil batallas, muy duro y rocoso en defensa y con buena mano para hacer daño en momentos puntuales en ataque. En definitiva, eliminatoria mucho más igualada de lo que pudiera parecer por trayectoria de uno y otro conjunto.    


Spiderman vs. La Bomba



CSKA-CAJA LABORAL: El equipo de Messina actualmente puede ser considerado el máximo favorito para el título. Sin presentar los números del Barcelona, su progresión en los últimos meses ha sido evidente. Llega a los cruces con seis victorias consecutivas y con su triángulo estelar, Teodosic-Weems-Krstic, en el mejor momento de la temporada. Los dos serbios son posiblemente los mejores del baloncesto FIBA hoy día en sus respectivos puestos, y cuentan con jugadores como Kaun o Khryapa guardándoles las espaldas y sabiendo estar en un segundo plano. Por si fuera poco, la llegada de Papaloukas a finales de año permite a Messina volver a disponer de su jugador fetiche y con quien formó un exitoso binomio en la anterior etapa del siciliano en el banquillo moscovita. El balance 20-4 es bastante elocuente sobre la fortaleza de los rusos (9-1 en primera fase, 11-3 en Top-16) El Baskonia llega a cuartos clasificado en la última jornada, con un balance negativo de 4-6 en primera ronda y 8-6 en segunda. Un total de 12-12 para un equipo que ha alternado luces con sombras y no parece tener demasiadas opciones ante los rusos. De hecho creo que todo lo que sea ganar más de un partido en esta serie para el equipo de Tabak podría considerarse una sorpresa. Lógicamente deseo equivocarme.   


Nocioni frente a Khryapa, gran duelo de aleros altos.



OLYMPIACOS-EFES PILSEN: El actual campeón, al igual que la temporada pasada, no parece contar demasiado en las quinielas de cara al título, pero debería al menos estar entre los cuatro mejores. Accede a cuartos de final tras una brillante primera fase (8-2) y un más discreto Top-16 (9-5), para un total de 17 victorias y 7 derrotas. Los turcos, acostumbrados a estar en el alambre. 5-5 en primera fase, y 9-5 en segunda, donde fueron capaces de encadenar una tremenda racha de siete victorias haciendo morder el polvo a equipos como Panathinaikos, Real Madrid o CSKA, si bien es cierto sus últimos tres partidos se han contado por derrotas. Su total es de 14-10. Ambos equipos se enfrentaron en primera ronda, con sendas victorias locales ambas muy abultadas. Los griegos se llevaron una auténtica paliza en su visita a Estambul (98-72) en una actuación estelar de Jordan Farmar, rozando el triple-doble (25 puntos, 8 rebotes y 9 asistencias) y con 36 de valoración, y los griegos se desquitaron en el Pabellón de la Paz y la Amistad de la capital helena (75-53) con un gran partido de su joven figura Kostas Papanikolau. Eliminatoria bastante equilibrada en la que debe decidir el factor cancha. Los focos se centrarán en el duelo Spanoulis-Farmar. El griego, un genio. El yanqui, a intentar imponer su baloncesto eléctrico. Posible serie larga, llegando a un quinto partido.     


Spanoulis quiere más.



REAL MADRID-MACCABI TEL AVIV: Los blancos vuelven a soñar con acceder a una Final Four tras hacerlo hace dos temporadas después de una durísima eliminatoria resuelta en cinco partidos frente al Valencia entrenado por aquel entonces por Svetislav Pesic. Tiene la oportunidad de vengarse de precisamente su verdugo en aquella final a cuatro, el histórico Maccabi Tel Aviv. El Madrid europeo no muestra la intratable solvencia doméstica, pero aún así sus números son estimables. 7-3 en primera ronda, 10-4 en segunda. Total de 17-7. Además hablamos del equipo más reboteador de la competición, dato siempre a tener en cuenta. Por otro lado el conjunto macabeo es el más taponador, o sea que no perdamos detalle de las batallas en la pintura. Los israelíes se mostraron muy fuertes en la primera ronda (8-2) y pasaron más apuros en el Top-16 (8-6), lo que da un total de 16-8, trayectoria muy similar a la del equipo madridista. No obstante hay que tener en cuenta que antes de su última derrota en el Palau Blaugrana frente al intratable Barcelona, encadenaron seis victorias consecutivas, entre ellas su visita a Atenas frente al actual campeón Olympiacos. Luego llegan en un gran momento de forma. Hickman, Logan y Smith son una tripleta exterior de muchos quilates. Tres jugadores por debajo de los dos metros que coinciden muchos minutos en pista. Podría parecer una circunstancia beneficiosa para el Real Madrid, acostumbrado a sentirse cómodo en partidos de ritmo alto, “small ball”, y mucho juego exterior, pero muy al contrario. En el banquillo hebreo está un especialista en desactivar juegos rivales como David Blatt, que tratará de imponer un ritmo lo más espeso posible. Ojo a jugadores poco dados a recibir foco mediático como Guy Pnini, uno de esos tipos sin marchamo de estrella pero que puede destrozar un partido en cualquier momento si tiene la muñeca caliente. Si por parte de los de Laso el triángulo clave Llull-Rudy-Mirotic está a su mejor nivel, los blancos deberían certificar su pase a Londres. Pero si las estrellas no funcionan, Blatt sacará petróleo y puede conducir de nuevo a su equipo al éxito, tratándose además el Maccabi de un conjunto acostumbrado a manejarse en eliminatorias de este tipo y con más experiencia en este campo que el actual Real Madrid. Eliminatoria muy dura.      


Llull y el Madrid, a por su particular revancha europea.  


viernes, 8 de marzo de 2013

PARADOJAS


El partidazo que nos regalaron a los aficionados ayer tarde Zalgiris Kaunas y Real Madrid deja varios detalles para el análisis. Aquí nos vamos a centrar en uno, ligado a otras dos acciones similares, las tres relacionadas con el Real Madrid y con los dos entrenadores que ayer se vieron las caras, y que demuestran lo bonito del baloncesto y como no existe una verdad absoluta sobre como ganar y cerrar partidos, por mucho que para los aficionados, ajenos a la responsabilidad de tomar decisiones, nos resulte fácil hablar y criticar, sobre todo una vez que conocemos el resultado final.

La primera de las tres acciones ya la hemos comentado por aquí en alguna ocasión. Hace cinco años, en Marzo de 2008, un Real Madrid entrenado entonces por Joan Plaza recibía en Vistalegre al Maccabi Tel Aviv en un partido clave del Top 16 de Euroliga. Con 3 arriba y prácticamente una última posesión para los hebreos, Plaza no ordenó falta personal para llevar al Maccabi y se lo fió todo a una buena defensa exterior para frenar un triple milagroso que diese una prórroga al Maccabi. Yotam Halperin se sacó de la manga ese milagro y llevo el partido al tiempo extra, donde el equipo israelí se acabó llevando la victoria. El Madrid finalmente fue incapaz de acceder a Cuartos de Final de esa edición en una temporada que la final a cuatro se disputaba en la capital española. Plaza fue señalado como culpable por su decisión, e incluso la revista Gigantes abrió un debate sobre si en jugadas de ese tipo se debía hacer falta personal o no, encuestando a distintos técnicos sobre la conveniencia de la falta (he intentado buscar aquel número para contrastar las opiniones de nuestros entrenadores, pero en mi habitual desorden doméstico no la he encontrado... creo recordar que no había unanimidad, aunque ligeramente la balanza se inclinaba a favor de llevar al rival a los tiros libres... y creo recordar que algún técnico sensato, quizás fuera Aito, decía que dependía del rival, momento, sensaciones, etc) A la semana siguiente el equipo blanco definitivamente se quedaba fuera de la Euroliga perdiendo en Atenas con el Olympiakos y se volvía a incidir en el fallo de Plaza por no ordenar falta en aquella fatídica jugada.  

La segunda es muy reciente. En el espectacular partido que abría la presente edición de la Copa del Rey española, en la primera prórroga el Madrid había sido capaz de remontar seis puntos a dos minutos para el final (que en una prórroga es mucho remontar), y una vez que logró ponerse por delante en el marcador, con tres arriba llevó por dos veces al Barcelona a la línea de tiros libres, evitando por todos los medios un triple blaugrana que igualase el partido. En la primera ocasión le costó la eliminación de Felipe Reyes. En la segunda, sería Mirotic quien cometiera la quinta falta. Poco importaba, pues Laso en esta ocasión se lo jugaba todo a no dejar al Barcelona a tiro de tres. En esa falta personal que dejaba a Nikola eliminado, el Barcelona, por medio de Lorbek, tiraba a fallar el segundo lanzamiento tras anotar el primero, surgiendo la figura de Tomic en el rebote para volver a dejar el balón al ala-pivot esloveno del Barcelona quien con uno de sus habituales suaves lanzamientos de media distancia ponía el empate en el marcador. Nos íbamos a otra prórroga, y con ella, la victoria de los de Pascual.  

Y más reciente todavía, ayer pudimos ver una jugada similar. Con 84-81 para el Zalgiris y última posesión madridista, Popovic realizó falta personal sobre Sergio Rodríguez con una premura que parecía indicar que aquello estaba ya interiorizado dentro del equipo lituano. Que la norma ahora para Plaza es llevar el rival a los tiros libros cuando está a tiro de tres, y cerrarle la posibilidad de un triple salvador. El Chacho anotó el primero, falló el segundo (y sinceramente, no tengo claro si tiró a fallar), y ahí apareció un inmenso Mirotic capturando el rebote ofensivo y sufriendo una nueva y desesperada falta personal por parte de los lituanos. El hispano-montenegrino no perdonó (anotó 18 de 18 ayer desde esa distancia, record de la Euroliga), y llevó al equipo blanco a una prórroga que finalizó con victoria madridista y deja al equipo de Laso en una magnífica posición para consolidar una de las dos primeras plazas de su grupo para tener factor cancha en Cuartos de Final, mientras que los lituanos quedan muy tocados y con pocas opciones para pasar a la siguiente ronda. Prácticamente deben ganar los cuatro partidos restantes y esperar que sus rivales no sumen victorias.   

Paradojas del destino. ¿Es tan claro entonces que Plaza se equivocó en aquel partido contra el Maccabi? ¿O fueron Laso, y ayer de nuevo Plaza, quienes se equivocaron llevando a sus rivales a la línea de tiros libres? ¿Qué "accidente" tiene más posibilidades de producirse, el de un triple lejano y desesperado, o el de un rechace ofensivo en medio del maremagnum que siempre supone la lucha por un rebote en la zona? Afortunadamente, no hay una verdad absoluta, aunque insisto en que a toro pasado a los aficionados nos es muy fácil y señalar a los culpables de las amargas derrotas, como la que ayer le tocó vivir a la afición del Zalgiro Arena.    


Plaza y la crueldad de las paradojas