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viernes, 1 de julio de 2011

EL COLOR DEL DINERO


Los Pinzones griegos flanqueando al Dragón Yannakis.


Ustedes habrán escuchado alguna vez eso de “es tan rico que sólo tiene dinero”, aplicado a millonarios y demás seres perversos que amasan cantidades ingentes de parné y coleccionan enormes y vergonzantes fortunas en este materialista mundo. Algo parecido se puede decir de nuestros protagonistas de la entrada de hoy, los hermanos Angelopoulos, Panayiotis y George, que llegaron al mundo del baloncesto dispuestos a ponerlo a sus pies, y lo único que han logrado es soltar millonadas exacerbadas para acabar tirando la toalla y retirarse por la puerta de atrás. 

Mucho lirili, y poco lerele.


En una un tanto estrambótica y en cierta medida patética nota de despedida (que enlazo de manera integra, ya que sé que una gran parte de mis lectores practican el griego) hablan de la retirada del mundo del baloncesto en base a la imposibilidad de competir contra un Panathinaikos favorecido por ayudas arbitrales y estamentos federativos. Vergonzosamente ensalzan el "fair play" y los valores del deporte (después de que en las finales de la liga griega su jugador Teodosic tirase una botella contra el público, o Bourousis, quien ya había dado la nota afirmando que no volvería a la selección griega como protesta por los arbitrajes, haya sido descubierto dentro de una trama de dopaje deportivo), en definitiva toda una serie de disparates con un tono mourinhista de negación de la realidad y de no saber aceptar las derrotas. Una realidad que habla de una pareja de hermanos millonarios que llegan al Olympiakos bajo la tutela del "capo", Socratis Kokkalis, otro personaje ciertamente llamativo, magnate de las telecomunicaciones y una de las 500 personas más ricas del mundo según Forbes, en su biografía encontramos aspectos de su vida, por decirlo de un modo suave, "oscuros", como los claros indicios de su pertenencia a la Stasi. Con Kokkalis a los mandos del club, y la dirección de Dusan Ivkovic desde el banquillo, el club de El Pireo se convirtió en los 90 en un rodillo arrollador, ganándolo prácticamente todo en Grecia, y llegando a dos finales europeas (años 94 y 95) para finalmente en el 97 alcanzar el cetro continental en un equipo en el que encontramos jugadores como Sigalas, Tomic, David Rivers, Eddie Johnson, o el mítico Fassoulas. Pero a partir de ese mágico 1997 comienza un ciclo perdedor para los atenienses, en el que sólo luce en su palmarés la copa griega del 2002, hasta la llegada de los citados hermanos Angelopulos, quienes en poco más de un lustro acometen los mayores gastos jamás vistos en el baloncesto europeo (en 2008 se llega a hablar de un presupuesto de... ¡70 millones de euros!)

Josh Chldress: "¿yo?, ¡del Olympiakos de toda la vida!"


 Así, este moderno Titanic de la canasta comienza a soltar chorros verdes en forma de generosos billetes, y empiezan a aparecer lustrosas figuras vistiendo la elástica rojiblanca. El caso más impactante es el de Josh Childress, jugador consolidado como el sexto hombre de unos crecientes Atlanta Hawks. No era ninguna estrella en decadencia, ni un colegial que juega en Europa para evitar la universidad (caso de Brandon Jennings), si no un jugador absolutamente consagrado, quien firma por tres temporadas un contrato de 20 millones de euros. Pero Childress es sólo un nombre más en una larga nómina de figuras y figurones: Von Wafer, Papaloukas, Halperin, Vujcic, Schortsanitis, Teodosic (además de vanagloriarse de establecer contactos con Michael Finley o Chris Webber)... la recuperación de Ivkovic para el banquillo tras el fracaso de Yannakis... y la temporada pasada el golpe de efecto brutal que supone arrebartarle al Panathinaikos a Spanoulis (algo similar a si el Real Madrid fichase a Juán Carlos Navarro), una pléyade de nombres ilustres y de millones gastados para finalmente conseguir lo mismo que se había conseguido desde el 97 a nivel de títulos: una Copa, la de 2010. Si bien es cierto que Olympiakos ha sido uno de los equipos fuertes en los últimos años en Europa y la pasada temporada rozó la gloria ante el Barcelona en la final continental (un Barcelona que precisamente había perdido aquella final del 97 que consagró al club heleno en Europa), la realidad es que un equipo en el que, esta temporada sin ir más lejos,  encontramos la posiblemente mayor tripleta de genios de Europa (Teodosic-Spanoulis-Papaloukas), es inconcebible que sólo haya sido capaz de ganar un título (y en cierta manera menor) en estos últimos años. Un equipo que ha ofrecido muestras de una esquizofrenia pocas veces vista en este deporte, como esa eliminación esta temporada jugándose el pase a la Final Four a manos de un Sienna al que derrotan en el primer partido por un marcador casi de ciencia-ficción, 89-41(con un histórico 47-9 al descanso), para acabar quedando eliminados siendo incapaces de ganar ninguno de los tres partidos siguientes en una de las eliminatorias más extrañas y kafkianas de la historia.   

Sigalas y Fassoulas mandando en Europa, eran otros tiempos.


Todo el desastre del club de El Pireo, resulta aún más sangrante en una sociedad griega asfixiada por la acuciante crisis que todo el mundo está padeciendo (el Panathinaikos tampoco tiene motivos para estar feliz, con el club actualmente en venta debido a problemas económicos), una vez más nos encontramos ante una muestra de como equivocadamente se intenta vivir por encima de las posibilidades reales, de como se permite a alguna gente, clubes, etc, una capacidad de endeudamiento (aquel viejo dicho que lo que importa no es lo que tengas, si no lo que seas capaz de endeudarte) que crea una especie de dinero volátil, no tangible, que no se ve, pero que al final hay que pagar (Olympiakos debe cinco meses de sueldo a su plantilla), algo que desgraciadamente también hemos visto en España con algunos empresarios. No pretendemos que esto no sea otra cosa que un sencillo blog de baloncesto, pero noticias como el batacazo de los Angelopoulos en Grecia (por mucho romanticismo que le quieran poner en su despedida), nos hace nuevamente pensar, que sea lo que sea ese "sistema" del que tanto se habla, lo que está claro es que ha tomado el camino equivocado.  

Un poco de macarrismo "made in Hellas"

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