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domingo, 24 de julio de 2011

LEBRON VS. LEBRON (II)

"En mi principio está mi fin" (T.S. Eliot, "East Coker", "Cuatro cuartetos")


Admito que he sido incapaz de releer mi anterior entrada, sinceramente no me atrevo. Miedo es la palabra. El moverse en estados jekyll&hydeanos para una persona que como es mi caso tiene una afición compulsiva por juntar letras sobre folios en blanco, a menudo conduce a la esquizofrenia de no estar seguro de saber lo que has escrito, lo que estás escribiendo, y peor todavía, lo que escribirás, sobre todo a ciertas horas de la madrugada de un sábado. Por otro lado creo que todo en el ser humano es paradójico, y que el baloncesto, como actividad humana, no escapa a tal naturaleza contradictoria. Es decir, es un juego de equipo en concepto y apariencia simples, y cuanto más se mueva en terrenos de sencillez más eficaz será su ejecución, pero por otro lado es un deporte tan fascinante que permite retorcer pensamientos, ideas, conceptos y análisis hasta el paroxismo. Ese es uno de los objetivos de este blog. El baloncesto me fascina tanto que no puedo reducirlo a una cuestión de un partido y un marcador, por eso trato de exprimir las sensaciones que me puede producir hasta el más mínimo de los detalles, de las jugadas, de los lanzamientos, y de los botes del balón sobre el parquet. Por ello la entrada, o las entradas mejor dicho, sobre mi pensamiento respecto al LeBron James actual del 2011, aunque era algo de lo que me apetecía escribir hace tiempo, encontró un estímulo acelerado en el campeonato que está realizando la selección U20 en Bilbao. Se puede ganar de muchas maneras, y al final lo único que importa es estar en lo alto del cajón en el momento del cierre, pero cuando un equipo ha ganado ocho partidos en diez días, con unos registros asombrosos y una evidente brillantez en el juego sin apenas fisuras y con muy contados momentos de "crisis", está claro que hay algo más. De ahí que siga dándole a Mirotic el mérito que creo que merece su ambición por la victoria. No basta con saberte bueno, por mucha calidad que tengas, una actitud pasiva va a significar que dependas una y exclusivamente de tu calidad, que en algunos casos puede bastar, pero la busqueda de ese "algo más" que está demostrando España en Bilbao es lo que marca la diferencia entre llegar a una final de un modo renqueante y duditativo, o llegar con toda la majestuosidad y brillo con los que nos plantamos esta tarde en la lucha por el oro. 

Dicho todo esto, de nada vale este camino dorado de estos diez dias si no nos echamos el oro al cuello, para que nos vamos a engañar. Todo lo demás es palabrería de un tirador melancólico que pasa el rato tecleando sus obsesiones sobre el mundo de la canasta en vez de dedicarse a otros quehaceres típicos de una tarde de domingo, como desalar moscas en la habitación o hacer ejercicios de papiroflexia con los rollos de papel higiénico.  


La que liaron con la portadita.


Y volvamos al tema LeBron. Ser "el elegido" supone también ser "el señalado". Todo lo que se mueve alrededor de LeBron escapa a la lógica del resto de análisis que se hacen con los otros participantes de este enorme show que es la NBA. Ceremonias rituales antes de los comienzos de partido, apariciones públicas, o bautizarse a si mismo con algún apodo más o menos afortunado, son "tics" habituales en todas las estrellas de la NBA, parte del circo, ingredientes del espectáculo. Sin embargo todo movimiento de LeBron es juzgado con una severidad injusta que no conoce parangón en la historia de esta liga, ni con Chamberlain, ni con Thomas, con nadie aguanta la comparación el "pensamiento único" que lleva a considerar a LeBron no sólo un jugador a odiar, si no una especie de enemigo de la natura del baloncesto, como si los éxitos de James supusiesen una puñalada a un romanticismo que tiene más de mito que de realidad. Simplemente basta comparar los sueldos de la pasada temporada de Dallas y Miami, con un gasto de más de 20 millones de dolares por parte de los tejanos (segundo equipo con mayores sueldos de la liga sólo por detrás de los Lakers) sobre el gasto de la franquicia de Florida, o analizar los movimientos durante diez años por parte de Mark Cuban fichando todo lo que se le ponía a tiro para darse cuenta de que no hay tal lucha entre romanticismo y mercadotecnia, ni entre talento puro y billetera. No obstante, sobre el sesgo sociológico que rodea a la figura de LeBron recomiendo la lectura de los artículos a tal efecto publicados por Gonzalo Vazquez en su blog de la ACB "El punto G", especialmente el cuarto y (hasta el momento) último episodio. Citamos una vez más a Gonzalo Vazquez como referente, por la calidad literaria que siempre acompaña sus textos, y por ser uno de los pocos periodistas y analistas que se rebela contra la imposición del anti-lebronismo que se ha instaurado en la NBA y en la sociedad estadounidense con la misma fuerza con la que Darryl Dawkins rompía tableros a principios de los 80. 

Si la biografía de LeBron James se ha escrito bajo tales miradas de jugador señalado desde que a los 17 años Sports Illustrated le bautizara como "el elegido" (y un año más tarde Nike pusiera toda su maquinaria en marcha para preparar la llegada del nuevo Jordan, jugador con quien ni siquiera comparte posición en la pista), la temporada 2010-11 fue un constante examen y disección de su figura desde que en una libre decisión escogiera irse a Miami una vez cumplido su contrato con Cleveland. La temporada de LeBron fue buena, con la lógica bajada de prestaciones al compartir liderazgo con otro superclase como Wade, se movió en unos muy brillantes números de 26,7 puntos, 7,5  rebotes, 7 asistencias y 1,6 robos por partido, además de lograr sus mejores porcentajes en tiros de campo de su carrera (51%), en realidad muy parejos a sus números en Cleveland. En nuestro país publicaciones como la Gigantes no tuvieron reparos en señalarlo como uno de los grandes triunfadores del curso baloncestístico en temporada regular, y Miami, pese a las lógicas dudas que pudiera plantear un equipo descompensado con el talento demasiado concentrado en unos pocos jugadores, y que comenzaba proyecto nuevo con los necesarios ajustes que requieren su tiempo, se plantaba en play-offs con todas las opciones de ganar el anillo. La post-temporada muestra a unos Heat sólidos, graníticos en defensa, y con LeBron en su buena línea de la temporada. Solventan sus series contra Philadelphia, Boston y Chicago en cinco partidos y se alzan como justos y brillantes campeones de la Conferencia Este (que aunque desde la perspectiva europea no parece tener importancia, en realidad es un título, como bien se encargó de recordarnos Pau Gasol cuando conquistó su primer título del Oeste en su llegada a Los Angeles), incluso en el primer partido de las finales ante Dallas, James es el mejor jugador del partido. Y a partir de ahí... fundido en negro.  


El rito del rey. Lebron James tiene un polvo.


Las finales de la pasada temporada en la NBA ya fueron analizadas en su momento en este blog primeramente de un modo general, y luego diseccionado cada uno de los seis partidos por separado, para el lector que quiera repasar como sucedieron los acontecimientos. Los Heat fueron de más a menos, Carlisle se sacó unos cuantos conejos de la chistera, y Nowitzki se quitó la espina de las finales del 2006 (en las que injustamente le colgaron el mismo cartel que ahora luce LeBron: "loser"), alcanzando una merecida gloria que una vez más se demuestra más accesible cuando un jugador está en la madurez, y esto en la NBA suele ser por encima de los 30 años. Sigo pensando que en la mala actuación de LeBron influyó el exceso de minutaje que le arrebató frescura física y mental en los momentos decisivos (una temporada regular de 82 partidos con 38,8 minutos de media, más unos play-offs rondando los 45 por encuentro, pasan factura por muy superatleta que seas), pero también el jugador de Akron fue víctima de su propia indecisión sobre la dimensión de su juego, de su nulidad a la hora de saber donde sacar ventajas (que sin duda son muchas en un jugador de sus características), y su pasividad a la hora de tener que buscar lo mejor para su equipo. Por eso reitero que ejemplos como los de la selección U20, y concretamente el caso de Mirotic, muestran esa diferencia entre "tener calidad" y "aprovechar la calidad".  



Evidentemente las finales fueron una perfecta excusa para que el jugador más odiado de la NBA volviese a estar en el centro de la diana. Humillación y escarnio para finalizar lo que parecía una brillante temporada, un curso que se tuerce en el momento decisivo y una vertiginosa vuelta a la tortilla por la cual LeBron pasa de ser considerado uno de los triunfadores del año al mayor derrotado en el planeta baloncestístico mundial. El gran perdedor. Y todo ese cambio en tan solo unos días. No hay término medio. No puede haberlo con un jugador como LeBron. Ciértamente yo era reacio a considerar a Miami como los grandes favoritos al anillo al comienzo de la temporada, como si se quería hacer creer desde algunos medios con exceso de precipitación analítica y poca capacidad para detenerse en los detalles y matices que marcan la diferencia entre un "aspirante" y un "favorito". Para empezar, un proyecto ganador no se hace de la noche a la mañana, es un proceso que lleva tiempo, y ese tiempo implica también perder finales. Con LeBron en 26 años, Bosh en 27, y Wade en 29, no parece que existan suficientes razones como para no creer que estos actuales Heat seguirán jugando finales, y posiblemente ganando alguna. Si precipitado era pensar que esta temporada el anillo llevaría grabado el nombre de Miami, igual de precipitado es asegurar que el proyecto ha fracasado, cuando, repetimos, acaba de empezar a andar. No obstante las circunstancias de play-offs si invitaban al optimismo. Con Lakers en la cuneta y trás hacer besar la lona a otras dos escuadras aspirantes al título como Boston y Chicago, parecía evidente apostar por un triunfo Heat una vez llegadas las finales. En mi opinión eran los favoritos, y LeBron ha fracasado en su empeño de conquistar su primer anillo con su nueva camiseta. No se pueden poner paliativos a tal hecho.  


Donde hace daño.


Con otro intento frustrado por parte de "El Rey" de obtener la corona verdadera, no la que te otorgue un alias, surgen los debates y las dudas sobre quien lleva una década cargando con la presión de ser "El elegido". Cuestiones como: ¿es James un bluf?, ¿no tiene calidad?, ¿está sobrevalorado? Sinceramente no creo que merezca ni pararse un segundo a intentar convencer de lo contrario a quien piense así. Simplemente bastaría con echar un vistazo a sus estadísticas en sus ocho temporadas NBA para darse cuenta de que estamos ante un jugador superlativo que está destrozando todos los registros de precocidad en cifras históricas. Cuestionar la calidad de un jugador siete veces All-Star (dos veces MVP), rookie of the year en su debut, y dos veces MVP de temporada regular, entre otros logros, parece hasta un insulto. Al margen de números y distinciones es un jugador casi perfecto, domina todas las facetas del juego. Anota, rebotea, defiende, tapona, asiste, roba (es el alero que más asistencias ha dado en una temporada, superando los registros de Larry Bird, con los 8,6 de su increíble temporada 09-10, y es el único jugador en la historia junto a Jason Kidd que nunca ha bajado de los 100 robos por temporada, por citar dos datos incontestables)... no hay apartado estadístico en el que no sea capaz de sumar, unido todo ello a su impresionante capacidad atlética y su excelente coordinación física. Descartada por tanto la idea de que no sea el jugador estelar que anunciaban, las dudas toman otros derroteros. ¿Es un perdedor?, ¿no tiene caracter?, ¿se arruga en los momentos decisivos?, ¿sólo vale para hacer números individuales pero no hace mejores a sus compañeros ni al equipo?, este argumento podría parecer algo más acertado, pero sólo en parte. Recordemos que James llega a una franquicia que llevaba diez temporadas consecutivas sin pasar una primera ronda de play-offs, y cinco sin siquiera clasificarse, y en cuatro años la convierte en campeona del Este y finalista de la NBA. En su primera temporada en Cleveland los de Ohio suman 18 victorias más respecto a la campaña anterior, y la primera temporada de los Cavs sin "The King" se salda con 42 derrotas más que el anterior curso, luego el impacto en el equipo resulta más que evidente. Sus siete años en la ciudad de los Dead Boys se cifran en cinco participaciones en play-offs, y un campeonato y subcampeonato del Este y un subcampeonato de la NBA. No está nada mal para un equipo que venía del pozo de la liga y el año antes de su llegada había firmado un paupérrimo 20% de victorias. Y su reciente primera temporada en Miami se salda con el campeonato del Este y subcampeonato NBA. Yo diría que mal no les va a los equipos por donde pasa James. En cuanto a su falta de caracter ganador o de tino en los momentos cruciales, tampoco parece demasiado preocupante en un jugador de 26 años. Si tenemos en cuenta que el considerado mejor jugador de todos los tiempos (otro "pensamiento único" que aquí, cuanto menos, discutimos) ganó su primer anillo a los 28, parece que el llegar a conquistar títulos requiere su tiempo para este tipo de jugadores franquicia, y que incluso se diría que el camino de LeBron se mueve dentro de cierta lógica histórica en la liga. 

Entonces, ¿cuál es la razón por la que uno de los jugadores más extraordinariamente dotados de la historia y destinado a marcar época no acabe de subir el peldaño definitivo a la gloria? En mi opinión LeBron tiene un problema, un problema que les parecerá un disparate, y sin duda tendrán razón (pero que se iban a esperar de un tipo cuyo principal hobby actualmente es escribir interminables artículos sobre baloncesto que posiblemente no sean leídos ni por Stevie Wonder) El problema de LeBron es que es demasiado bueno.  

Ciertamente, al ser LeBron James el jugador más completo de la historia desde Oscar Robertson (por cierto, jugador este que se retiró sin anillo, aviso para navegantes) y dominar todas las facetas del juego, se podría decir que LeBron son cinco jugadores en uno. En LeBron cohabitan un base, un escolta, un alero, un ala-pivot y un pivot. Esa enorme dimensión totalitaria de su juego, a su vez, lo limita mentalmente y en la toma de decisiones. Cuando en tu mesilla de noche guardas una Magnum 44, un Colt 45, una Luger Parabellum y un cuchillo apache, al abrir el cajón para sacar un arma te pueden entrar ciertas inquietudes sobre la elección. Si sólo guardas un Smith & Wesson, no tendrás dudas sobre con que vas a disparar. En definitiva, LeBron James no acaba de definir su juego, de saber cual es su arma, precisamente porque sus armas son todas. Evidentemente ser demasiado bueno no es ningún problema, "Magic" Johnson era otro ejemplo de 5 en 1 que si encontró el camino de su juego, definiéndose claramente como base. LeBron debería definirse como lo que es realmente y de un modo natural, un alero. A veces da la sensación de que para demostrar a sus detractores todo su enorme repertorio, LeBron se empeña en jugar de base y alejarse del aro, perdiendo su enorme pegada cuando postea. Espero que entiendan ahora porque las últimas exhibiciones de Mirotic me llevan a estas reflexiones sobre LeBron. Escribía en mi anterior entrada que Mirotic es superior al resto de los ala-pivots del Europeo U20, pero esto no basta si no eres capaz de aprovechar esa superioridad. Como comentaba Marcos Prieto (Basket4US, Defensa Ilegal) ayer vía facebook, Mirotic "abusa" de sus rivales en este campeonato.  

En la NBA LeBron es superior al resto de los aleros de la liga, no hay jugador en su puesto con condiciones para pararle si James quiere buscar esa superioridad, ese "abuso" que explotó sobre todo en su penúltima temporada en Cleveland con un baloncesto, efectivamente, abusivo sobre sus defensores y un juego que era plena exhuberancia física, por mucho que haya quien critique tal cosa (¿y cuándo no ha sido el baloncesto un deporte de exhuberancia física?), el resultado fue que los Cavs fueron el mejor equipo en regular season con un balance 66-16, ganando el 80% de los partidos. A partir de ahí se ha ido notando una evolución, que yo más bien llamaría obsesión, por parte del jugador, como intentando convencer a quienes le critican el hecho de ser un hercúleo coloso de que su juego es mucho más que el de un martillo pilón en ataque y una bestia incansable en defensa. LeBron no debería tener miedo de abusar del juego para el que está más dotado y del que puede sacar mayor ventaja. Por eso creo que el mayor enemigo de James es si mismo, sus constantes dudas sobre que tipo de arma sacar del cajón.    


LeBron repartiendo juego. ¿Evolución u obsesión?


Una de las imágenes que más me exasperó en las pasadas finales de la NBA fue esa en la que se contemplaba a una auténtica locomotora como es LeBron jugando a cinco por hora. Aprovecho una vez más para reivindicar el baloncesto de ritmo alto. Este es un deporte en el que el ritmo de transiciones es mucho mayor que en otros juegos de equipo, donde uno de los contendientes puede estar minutos acumulando la posesión de la pelota y estar en juego de ataque, mientras el rival puede vivir comodamente (o sufriendo, depende del rival, claro) instalado en disposición defensiva. En el baloncesto el ataque y la defensa están presentes en todo momento para ambos equipos, y cuan mayor sea la velocidad con la que ejecutes tus acciones de ataque, más dificultoso será para el rival poder armarse en defensa. Hay que desterrar el mito de que los equipos que hacen posesiones largas y exprimen el tiempo de posesión saben jugar mejor en estático. De hecho es habitual ver a los equipos que se empeñan en alargar sus posesiones sin sentido alguno, simplemente por una cuestión táctica de no querer jugar rápido, acabar sus posesiones de manera patética, con un tiro desde ocho metros, o con el loco de turno pidiendo un aclarado para entrar él solo contra el mundo, o peor aún, escuchando el sonido de la bocina que marca el final de la posesión. 

Run run run... ya lo decían los Who. 

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