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viernes, 16 de septiembre de 2011

CAN YOUR PUSSY DO THE DOG?

Primer objetivo cumplido. Billete directo para los Juegos Olímpicos de Londres, y como mínimo la medalla de plata. Ya es un preciado botín que merece ser valorado como merece, hace días analizamos la dureza y dificultad que supone un torneo de estas características, recordando las últimas ediciones del Eurobasket, esas en las que vimos como los seis últimos campeones dos años después eran incapaces siquiera de subir al podio, tal es la dificultad de mantener un ciclo continuado de éxitos hoy día en un baloncesto europeo muy igualado en el que prácticamente una décena de países son capaces de llevar selecciones con aspiraciones de medallas. Por lo tanto hay que congratularse ante nuestra selección que es capaz de mantener ese estatus privilegiado en lo más alto demostrando una ambición y un hambre que aún no parece estar saciado. Es fantástico ver a jugadores como Navarro o Pau Gasol, ya superada la treintena, y habiendo ganado todo y habiéndolo sido todo en este deporte, mantener esa ilusión juvenil de seguir escribiendo páginas gloriosas para nuestro baloncesto y para su propio palmarés que les sitúa ya como estandartes de una de las mayores generaciones europeas de todos los tiempos. A ese imaginario colectivo al que siempre recurrimos recordando el baloncesto con el que crecimos evocando las mágicas Yugoslavia de Drazen Petrovic o la URSS de Sabonis, entra ya por pleno derecho la España de Gasol y Navarro. En el futuro así será recordada, no cabe duda.  

¡Capi, lo has vuelto a hacer!


Sobre Navarro sinceramente ya poco podemos añadir que no sea caer en los tópicos de siempre, hemos agotado el vocabulario, no quedan adjetivos para describir sus estratosféricas exhibiciones, sus ramalazos de genio y episodios de locura anotadora, se ponga quien se ponga por delante. Una obsesión asesina y canibal en sumar y la sensación de que si esta fuese una selección más pequeña y necesitasemos que anotase 50 o 60 puntos, no hay duda, lo haría. 

Hace sólo dos entradas ya le señalamos como justo héroe nacional apareciendo en el momento clave ante Eslovenia para dinamitar el partido y meternos en la lucha por las medallas. La exhuberante exhibición del miércoles, vista ahora, palidece incluso ante lo hecho en este último partido de semifinales donde fue capaz de dar otro paso más y reventar cualquier atisbo de lógica, esa lógica que habla de lo posible y lo imposible y que contempla la certidumbre del fallo. Escenario que Navarro decide no pisar nunca. Su seguridad causa auténtico pavor, es un Guillermo Tell con quien no dudarías en que apuntase a una manzana colocada sobre tu cabeza. Un lanzador de cuchillos del que no te importaría ser pareja bajo la carpa de un circo y soportar pacientemente sus puñaladas, seguro de que jamás alcanzarían tu piel.   

Es tanto ya lo dicho sobre nuestro capitán que hoy quiero detenerme sobre todo en el trabajo de dos "secundarios", quienes mientras Navarro destrozaba la moral de la fortísima Macedonia, se pusieron el mono de trabajo para lograr que la sangría producida por el genial McCalebb y el frío Ilievski llegase a su fín. Es de justicia hacerlo además porque no se está analizando, en mi opinión, con la justicia debida el trabajo de los jugadores que no brillan en lo estadístico en este equipo. Para empezar, y de esto ya hemos hablado, hay que ver el contexto actual de la selección de Scariolo, el tipo de juego que está proponiendo, la busqueda de los pivots como primera opción ofensiva, y el escasísimo tiempo que retienen el balón nuestros bases. Eso ha llevado a la equivocada conclusión de que nuestros bases están haciendo un "mal" campeonato, cuando la realidad es que están haciendo lo que se les está pidiendo. Apenas tienen posesión una vez superada media pista. Seamos justos con eso y analicemos su trabajo a partir del contexto propuesto por el seleccionador. Y por supuesto, seamos justos también con ese seleccionador que por muy mal que caíga a una parte de la afición, hay que admitir que ha dotado a la selección de una fluidez en el juego que hace que apenas ningún jugador tenga que amasar la bola demasiado tiempo, que ha logrado que tengamos un juego entre pivots no muy habitual de ver en ninguna selección (y no hablo sólo de la propia calidad de estos pivots, si no de como juegan entre ellos, y como son capaces incluso de bloquerse entre ellos), y ha logrado acabar con el sambenito de que los hermanos Gasol no podían ni debían concurrir juntos en pista porque se "estorbaban" entre ambos.  


Los dobermans de Scariolo.


Pero como digo quiero centrarme en el trabajo oscuro hoy de dos hombres que resultó fundamental para la victoria. Mediado el tercer cuarto, ese cuarto que una vez más volvió a ser nuestro punto de inflexión, como está siendo en los últimos partidos, Scariolo, después de haber visto como fracasaba la defensa zonal que sin embargo tan bien funcionó ante Eslovenia, hizo coincidir en pista a una pareja exterior formada por Ricky y Llull, dos jugadores que cuando han coincidido en este campeonato han demostrado cierto atolondramiento ofensivo y no han sido capaces de complementarse en sus ataques, pero había que intentar algo (quizás ese fuera el "plan B" del que había hablado Scariolo antes del partido), siempre hay que intentar cosas y no quedarse de brazos cruzados. Volviendo a Rick Carlisle, del que tanto hemos hablado en este blog por sus brillantes planteamientos en las finales de la NBA, Scariolo optó por un trío de "bajitos" (recordando a los Mavericks que tuvieron sus mejores momentos en las finales cuando hicieron coincidir a Kidd, Barea y Terry en pista... incluso recordando los Pistons bicampeones de Chuck Daly con Thomas, Dumars, Aguirre y Johnson, todos ellos por debajo de los dos metros, coinciendo en muchos minutos tres de ellos formando una trinchera exterior con el cuchillo entre los dientes que no dejaba pasar ni las balas) con Ricky y Llull mordiendo atrás como furibundos perros de presa y Navarro liberado en ataque. El base-escolta madridista se situó encima de Ilievski, el base macedonio encargado de subir la bola, y Ricky se pegó como un chicle sobre el genio McCalebb que apenas rascó bola en los momentos en los que sufrió el marcaje del pegajoso prodigio de El Masnou. Así empezamos a certificar el pase a la final, y gracias a, como ya hemos dicho, esa portentosa exhibición ofensiva de un Navarro con quien van a soñar en Macedonia durante mucho tiempo. Buena noticia la labor defensiva de estos jugadores que por fín han encontrado su auténtica aportación en el equipo, junto a un Ibaka que también hay que juzgarlo como debe. El día de la final cumple tan solo 22 años, lleva un par de meses conociendo a este grupo, y no se le puede exigir ser un referente de esta selección desde el primer día, pero lo será, no lo duden. También creemos que hoy Sada podría haber sido de gran utilidad en esos ajustes defensivos, siendo posiblemente el mejor base español en trabajo físico hoy día. Sea como fuere lo importante es que estamos en la final, ante una Francia que nos recuerda, como no, aquella magnífica exhibición defensiva de Ricky en cuartos de final en Polonia 2009. Tony Parker llegaba como máximo anotador del torneo, y ante la marca de Rubio sólo fue capaz de anotar una canasta en juego en todo el partido. La defensa ha sido una de las grandes señas de identidad de este equipo. El gran Pepu Hernandez nos dotó de un ADN defensivo y velocidad y libertad en ataque. Hemos perdido parte de esa identidad, aunque hemos ganado (insisto, por mucho que pese a los detractores de Scariolo) fluidez ofensiva en estático, donde más sufríamos antaño cuando no nos dejaban correr. Si queremos colgarnos el oro debemos recuperar el equilibrio de un buen trabajo en ambos lados de la cancha. Momento para que los Ricky, Llull o Ibaka, jugadores que quizás no brillen en lo estadístico, pero comprenden perfectamente la importancia de que el rival respire con dificultad cuando tiene la posesión, den un paso al frente.  


No eran los más altos, ni tampoco los más fuertes, pero pocos backcourts en la historia hcieron tanta sangre.


El domingo tenemos una cita con la gloria, esperemos llevar puestas las mejores galas, esas que nos muestran como una selección brillante a la hora de atacar el rival, pero que no deja que nadie le arrugue el traje. Pongamos la señal de "ceda el paso" en nuestra zona, y en ataque sigamos tranquilos mientras tengamos a Navarro y a Pau a este mayestático nivel. Pero valoremos el trabajo de nuestros dobermans cuando Scariolo decide sacarlos a pasear. Al fin y al cabo no todos los gatos, por muy elegantes y estéticos que nos resulten, pueden hacer el trabajo de un perro. 


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